“Háblame de ti,
cuéntame, de tu viiida…” La chica trans imitadora de Rocío Durcal avanzaba
hacia nuestra mesa, portaba un vestido de olanes a la española y flores en su
pelo, era un poco burda en su arreglo artificial al tratar de recrear la
ilusión de que era quien imitaba, pero a nadie le importaba eso, más bien, era
el tipo de canción que, a todos los que teníamos ya bastantes tragos encima,
nos llegaba al fondo de los sentimientos, que a esa hora de la noche estaban a
flor de piel, sentimientos que durante el día tenemos controlados y que en ese
momento y gracias al alcohol, sacábamos a grito abierto cantando junto con la
Rocío que, con micrófono en mano, se movía entre una mesa y otra, todos éramos
una sola voz, un solo grito que cantaba “no cabe duda que es verdad, que la
costumbre es más fuerte que el amor…”, y de alguna forma yo me sentí aludido.
Llevaba varios años en
una relación de pareja con Salvador, una relación que había empezado muy bien
pero con el paso del tiempo se había venido desgastando, al inicio cada uno
mostró una forma de ser ideal que parecía distar mucho de lo que realmente
éramos, lo malo de convivir mucho con alguien es que te das cuenta de las cosas
buenas… y también de las cosas malas, de esos aspectos negativos que uno
siempre se esfuerza en ocultar, de las cosas que no se hablan en público, de lo
que nadie quiere mostrar, pero cuando se da el trato en persona, todas esas
cosas van apareciendo aunque no se quiera, así que con el tiempo fue inevitable
que nos viéramos tal como verdaderamente éramos y eso hacía que ya no
estuviésemos satisfechos con la relación que teníamos, aunque no lo
expresábamos con total claridad. Cuando veo las parejas que conozco del FB, no
puedo evitar recordar los días buenos, esa etapa inicial que tuve con mi
pareja, íbamos de viaje, visitábamos lugares turísticos y disfrutábamos de
nuestra compañía en hoteles, pero cuando comenzamos a vivir juntos las cosas
cambiaron, aparecieron esos detalles desagradables de nuestras personalidades
en la vida cotidiana y la relación ya no fue tan buena como lo fue al inicio.
Esa noche habíamos ido
al bar y nos acompañaba un amigo muy cercano, Servando. Lo conocimos cuando
buscábamos quien nos fuera a hacer unas reparaciones en casa, hacía ya algún tiempo y resulto que
sabía de varios oficios, así que a esos primeros arreglos en casa siguieron
otros detalles que siempre iban saliendo para mejorar la casa y finalmente se
hizo cargo de parte de un proyecto de negocio que estábamos iniciando,
terminamos siendo muy buenos amigos y cada fin de semana nos acompañaba
haciendo el trabajo que le tocaba en nuestro negocio. Servando había visto
mucho de nosotros, se daba cuenta que nosotros teníamos personalidades e
intereses muy distintos y era como si ambos jaláramos la cuerda de la relación
hacia puntos opuestos tensándola, podría romperse en cualquier momento, pero
por alguna razón eso no pasaba. Ambos vivíamos juntos, nos repartíamos las
actividades de la casa, parecíamos funcionar bien, pero no era así, hacía
tiempo que ya no teníamos intimidad, evadíamos tocarnos, y sin embargo
seguíamos juntos, quizá era por costumbre, como cantaba la Rocío, la inercia
por mantener algo que ya no había, éramos compañeros, amigos, pero en la
práctica ya no éramos una pareja. Los besos que nos dábamos en público frente a
otros no pasaban ya en la privacidad, sólo seguíamos juntos por mantener la
imagen de la pareja perfecta, pero era tan solo la imagen, la realidad era que
ambos buscábamos otra cosa, pero no lo decíamos.
Servando se daba bien
cuenta de todo eso que pasaba en mi relación con Salvador, con frecuencia
discutíamos frente a él y de hecho varias veces hablo con nosotros de esos
problemas que teníamos, era buen consejero, varias veces nos dijo que quizá lo
mejor sería que ya cambiáramos nuestra relación, porque como pareja ya no
parecíamos funcionar muy bien, y nos decía que sería muy triste que
termináramos mal y nos separáramos porque había muchas cosas buenas entre
nosotros y nos enumeraba las cosas buenas que teníamos y que se perderían si
optábamos en algún momento por terminar como pareja de forma abrupta, de hecho
nos habló de otros amigos que mejor cambiaron su relación de pareja, por una de
amigos y seguían viviendo juntos en la misma casa, compartiendo gastos y
vivencias como excelentes amigos, eso nos dijo que era una buena opción para
nosotros. Yo veía eso como algo bueno, pero Salvador solo se callaba, parecía
que a él no le parecía una buena opción, quizá era porque él quería otra cosa.
Y yo solo seguía atrapado ahí, en esa relación que no me llevaba a nada bueno,
no estaba a gusto, pero de alguna manera ya estaba acostumbrado a eso y tampoco
quería lastimar a mi pareja, que a pesar de todo lo negativo que hubiera en él,
yo me sentía con la responsabilidad de cuidar sus sentimientos y su bienestar a
costa de los míos, eran años de compartir vivencias tristes, alegres y me
parecía doloroso terminar algo así, sabía bien que él no aceptaría que solo
fuésemos amigos, de alguna manera también me sentía culpable, pues también
había cometido errores en la relación.
Y ahí estábamos con
Servando en el bar, no era la primera vez que lo invitábamos, casi siempre nos
acompañaba, se había convertido en un amigo muy cercano, quizá demasiado
cercano para mí. Al inicio él se mostró como alguien que no creía en que una
relación de pareja funcionara entre dos hombres, decía que el interés principal
por el cual dos hombres estaban juntos era el sexo, pero eso es algo que
siempre pasa, que se va perdiendo, y entonces se comienzan a buscar otras
experiencias sexuales, lo que inevitablemente lleva al rompimiento de la
relación. Decía que el mayor tiempo que alguien le había interesado eran seis
meses, después de eso perdía el interés y buscaba a alguien más. Y el fracaso de nosotros como pareja parecía
confirmar lo que pensaba.
Pero conforme fui
conociendo a Servando fui encontrando temas en común, intereses, cosas en las
cuales comenzamos a coincidir, y eso me agradó mucho, demasiado, platicábamos
de libros, películas, viajes, de cosas
interesantes, mientras mi pareja permanecía distante, y solo se interesaba en
nuestra conversación cuando hablábamos de sexo, era como si Servando y yo nos
pusiéramos de acuerdo sin hablarlo, lo estimaba, y la estimación iba dando
forma a otro sentimiento, algo que yo no quería reconocer, algo que me daba
miedo expresar, pues tenía un compromiso con quien formalmente era mi pareja. Y
encontraba yo que tampoco le era indiferente a Servando. Había roces, abrazos
que prolongábamos, toques por debajo de la mesa, pero no podía entablar una
relación con él, pues los intereses que tenía con Salvador como pareja pesaban
mucho en mi vida. Así iba pasando el tiempo, en una complicada trama de
apariencias donde nada era lo que parecía ser. Y Servando era el amigo
que siempre iba a estar ahí… Creo que Salvador se daba cuenta de esa afinidad
entre Servando y yo, pero era cauteloso, no demostraba sus celos, pero cuando
Servando no estaba presente me decía cosas que de alguna manera lo
desacreditaban, sabía que yo tenía una muy buena imagen de él y trataba de cambiarla,
de ensuciarla, para que de alguna manera yo me decepcionara de él, pero nunca
lo logro.
Rocío continuaba con
otra canción, “pues mira tú, como te ríes como juegas tu…” ¿quién no conoce la
letra de sus canciones? ¿quién no se acuerda de algún amor imposible con una de
sus canciones?. Levanté mi cerveza para
brindar con Servando una vez más con un sentimiento de amargura y entonces me
di cuenta que alguien más levantó su cerveza en la mesa que estaba detrás de
mí, a mis espaldas, desde hacía rato alguien más estaba brindando con él y
siempre correspondía.
Las luces del bar
iluminaban el centro de la pista donde Rocío cantaba, alrededor las mesas donde
todos la acompañaban cantando, ¿quién era el que acababa de brindar con su
cerveza con Servando? Lo vi mejor, era alto, bigote poblado, vestía una camisa
de manga larga a cuadros arremangada, pantalón vaquero ajustado, estaba con dos
más que parecían ser sus amigos, se veía ya algo tomado y nos observaba
continuamente, parecía agradable, atractivo, vi como alzó su cerveza para
brindar con Servando y él le correspondió, algo en mí se movió. Entonces
Servando se levantó y fué hacia su mesa, lo saludó y se sentó a acompañarlo, su
nuevo amigo le brindo una amplia sonrisa, parecía estar muy contento de que se
hubiera acercado, ambos comenzaron a platicar, yo no supe de qué, pero lo
supuse. Al ver eso Salvador sonrió y me dijo que Servando ya había ligado,
parecía complacido y a la vez molesto, su expresión facial era una mezcla de
emociones dispares.
Servando se levantó
para bailar con su nuevo amigo, el cual sabía bailar muy bien. La noche iba pasando, toda mi atención estaba
puesta en Servando y su nuevo amigo, al cabo de un tiempo ambos se levantaron y
se acercaron a nosotros, nos lo presentó, se llamaba Mateo, le dijo que
nosotros éramos sus amigos, luego nos dijo mientras me veía a los ojos que se
iba a ir con él, Mateo se hospedaba en un hotel cercano, no era de ahí, estaba
de visita y lo invitaba a pasar la noche con él, así que se despedía de nosotros.
Salvador le dijo que estaba bien, yo no sabía que decir, no quería que Servando
se fuera con él, un nuevo sentimiento que no conocía surgió en mí, sentí celos,
pero no podía decirle nada, no podía reclamarle nada cuando yo tenía una
relación que no había podido resolver. Creo que mi expresión cambió, lo abracé
y le dije al oído que no se fuera, pero él me dijo que quería ver a dónde
llevaba esa situación nueva para él, Mateo también nos abrazó al despedirse y
yo solo le dije al oído “cuídalo mucho”, me miró con extrañeza y me dijo que
así lo haría, luego ambos se retiraron abrazados del bar.
Salvador y yo quedamos
en silencio, al cabo de un rato salimos de ahí hacia el hotel. Entonces
Salvador me dijo, que Servando era un ingrato porque había llegado con nosotros
y nos había plantado por irse con su ligue, algo que nunca nos había hecho, se
notaba molesto, pero creo que en realidad quería saber que pensaba yo. No dije
nada, solo iba serio, me costaba trabajo disimular lo que sentía, lo mucho que
me había afectado que Servando se hubiera ido con otro, me sentía traicionado y
al mismo tiempo sabía que no tenía derecho a sentirme así, yo no le había
ofrecido nunca nada a Servando y hasta entonces él siempre había estado ahí sin
esperar nada, sin pedirme nunca nada, sin haberse entrometido nunca en mi
relación con Salvador, solo había estado ahí siempre, hasta esa noche. Nunca
había sentido tan solas y frías las calles que llevaban al hotel, Salvador y yo
las caminábamos en silencio, ambos metidos en nuestros propios pensamientos.
Esa noche nos acostamos juntos pero no nos tocamos, yo dormía a ratos, Servando
estaba presente en mi pensamiento, no sabía sí estaba bien, y no sabía lo que
pasaría al día siguiente. Quizá lo mejor sería que yo me decidiera a poner fin
a mi relación, quizá estaba enamorado de Servando, quizá no era tarde aún…
Al día siguiente
Servando no había llamado, teníamos que dejar el hotel y le llamamos, su número
parecía apagado, no sabíamos que hacer, estábamos en el lobby entregando el cuarto
cuando llegó Servando acompañado de Mateo, ambos se veían contentos, él nos
preguntó por su mochila y nos dijo que se iba a quedar ese día con Mateo, que
después se iría por su cuenta. Yo no le dije nada, no podía verlo, le di la
espalda e ignoré a Mateo, mientras Salvador le entregaba su mochila. Luego nos
fuimos al estacionamiento y no supe más de Servando. Esa noche en la soledad de
mi casa pensé muchas cosas, en mi relación con Salvador, en Servando, en saber
cuáles eran realmente mis sentimientos, y tuve que reconocer lo que todos ya
sabíamos, que Salvador y yo hacía mucho ya no éramos pareja, que ambos teníamos
que intentar rehacer nuestras vidas, y que yo amaba a Servando.
Tomé mi teléfono
celular y le llamé, le dije lo que pensaba, lo que sentía, le dije que por fin
me había dado cuenta de lo que él representaba para mí, de que estaba enamorado
de él, le dije que iba a terminar con la farsa de la relación que tenía con Salvador,
le dije que sabía que no le era indiferente, que sabía que él también sentía
algo por mí, le dije todo lo que hasta entonces había callado, él me dejó
hablar y entonces me dijo que había esperado mucho tiempo para escuchar lo que
yo le estaba diciendo, que había esperado tanto para que yo me diera cuenta de
lo que él sentía por mí, que nunca había querido entrometerse en mi relación
con Salvador y que esperaba que yo solo me diera cuenta de las cosas y que
volteara a verlo de otra forma, me dijo que había esperado tanto tiempo por
este momento, pero que llegaba tarde.
Me habló de Mateo, del
ser humano que había conocido, que era una persona sencilla y agradable, que
encontró una gran afinidad con él, que también era una persona necesitada de
cariño, legítimo, me habló que vivía en provincia y que quería intentar algo
con él, yo me quedé frío, ahora que había decidido dar fin a mi relación para
ser libre y estar con él era tarde. Sí, Servando había conocido a Mateo y ambos
estaban por iniciar algo, una relación sin un tercero, sin una persona egoísta
que pretendía amar a uno y estar con otro. Llegaba yo tarde, me dijo, él había
esperado mucho tiempo esto y ahora lo encontraba, pero no conmigo. Se despidió
de mí deseándome lo mejor y que pudiera resolver mi situación con Salvador, me
dijo que no iba a volver a vernos y que evitara hablarle en adelante, porque a
partir de ese día para él sólo había una persona en su vida, Mateo. Y todo
había empezado la noche anterior en el bar mientras Rocío cantaba “pero te
extraño, como te extraño, no cabe duda que es verdad que la costumbre es más
fuerte que el amoooooor…”.
Por: Martín Soloman
No hay comentarios:
Publicar un comentario