2 de febrero de 2017

Costumbres

“Háblame de ti, cuéntame, de tu viiida…” La chica trans imitadora de Rocío Durcal avanzaba hacia nuestra mesa, portaba un vestido de olanes a la española y flores en su pelo, era un poco burda en su arreglo artificial al tratar de recrear la ilusión de que era quien imitaba, pero a nadie le importaba eso, más bien, era el tipo de canción que, a todos los que teníamos ya bastantes tragos encima, nos llegaba al fondo de los sentimientos, que a esa hora de la noche estaban a flor de piel, sentimientos que durante el día tenemos controlados y que en ese momento y gracias al alcohol, sacábamos a grito abierto cantando junto con la Rocío que, con micrófono en mano, se movía entre una mesa y otra, todos éramos una sola voz, un solo grito que cantaba “no cabe duda que es verdad, que la costumbre es más fuerte que el amor…”, y de alguna forma yo me sentí aludido.

Llevaba varios años en una relación de pareja con Salvador, una relación que había empezado muy bien pero con el paso del tiempo se había venido desgastando, al inicio cada uno mostró una forma de ser ideal que parecía distar mucho de lo que realmente éramos, lo malo de convivir mucho con alguien es que te das cuenta de las cosas buenas… y también de las cosas malas, de esos aspectos negativos que uno siempre se esfuerza en ocultar, de las cosas que no se hablan en público, de lo que nadie quiere mostrar, pero cuando se da el trato en persona, todas esas cosas van apareciendo aunque no se quiera, así que con el tiempo fue inevitable que nos viéramos tal como verdaderamente éramos y eso hacía que ya no estuviésemos satisfechos con la relación que teníamos, aunque no lo expresábamos con total claridad. Cuando veo las parejas que conozco del FB, no puedo evitar recordar los días buenos, esa etapa inicial que tuve con mi pareja, íbamos de viaje, visitábamos lugares turísticos y disfrutábamos de nuestra compañía en hoteles, pero cuando comenzamos a vivir juntos las cosas cambiaron, aparecieron esos detalles desagradables de nuestras personalidades en la vida cotidiana y la relación ya no fue tan buena como lo fue al inicio.

Esa noche habíamos ido al bar y nos acompañaba un amigo muy cercano, Servando. Lo conocimos cuando buscábamos quien nos fuera a hacer unas reparaciones en  casa, hacía ya algún tiempo y resulto que sabía de varios oficios, así que a esos primeros arreglos en casa siguieron otros detalles que siempre iban saliendo para mejorar la casa y finalmente se hizo cargo de parte de un proyecto de negocio que estábamos iniciando, terminamos siendo muy buenos amigos y cada fin de semana nos acompañaba haciendo el trabajo que le tocaba en nuestro negocio. Servando había visto mucho de nosotros, se daba cuenta que nosotros teníamos personalidades e intereses muy distintos y era como si ambos jaláramos la cuerda de la relación hacia puntos opuestos tensándola, podría romperse en cualquier momento, pero por alguna razón eso no pasaba. Ambos vivíamos juntos, nos repartíamos las actividades de la casa, parecíamos funcionar bien, pero no era así, hacía tiempo que ya no teníamos intimidad, evadíamos tocarnos, y sin embargo seguíamos juntos, quizá era por costumbre, como cantaba la Rocío, la inercia por mantener algo que ya no había, éramos compañeros, amigos, pero en la práctica ya no éramos una pareja. Los besos que nos dábamos en público frente a otros no pasaban ya en la privacidad, sólo seguíamos juntos por mantener la imagen de la pareja perfecta, pero era tan solo la imagen, la realidad era que ambos buscábamos otra cosa, pero no lo decíamos.

Servando se daba bien cuenta de todo eso que pasaba en mi relación con Salvador, con frecuencia discutíamos frente a él y de hecho varias veces hablo con nosotros de esos problemas que teníamos, era buen consejero, varias veces nos dijo que quizá lo mejor sería que ya cambiáramos nuestra relación, porque como pareja ya no parecíamos funcionar muy bien, y nos decía que sería muy triste que termináramos mal y nos separáramos porque había muchas cosas buenas entre nosotros y nos enumeraba las cosas buenas que teníamos y que se perderían si optábamos en algún momento por terminar como pareja de forma abrupta, de hecho nos habló de otros amigos que mejor cambiaron su relación de pareja, por una de amigos y seguían viviendo juntos en la misma casa, compartiendo gastos y vivencias como excelentes amigos, eso nos dijo que era una buena opción para nosotros. Yo veía eso como algo bueno, pero Salvador solo se callaba, parecía que a él no le parecía una buena opción, quizá era porque él quería otra cosa. Y yo solo seguía atrapado ahí, en esa relación que no me llevaba a nada bueno, no estaba a gusto, pero de alguna manera ya estaba acostumbrado a eso y tampoco quería lastimar a mi pareja, que a pesar de todo lo negativo que hubiera en él, yo me sentía con la responsabilidad de cuidar sus sentimientos y su bienestar a costa de los míos, eran años de compartir vivencias tristes, alegres y me parecía doloroso terminar algo así, sabía bien que él no aceptaría que solo fuésemos amigos, de alguna manera también me sentía culpable, pues también había cometido errores en la relación.

Y ahí estábamos con Servando en el bar, no era la primera vez que lo invitábamos, casi siempre nos acompañaba, se había convertido en un amigo muy cercano, quizá demasiado cercano para mí. Al inicio él se mostró como alguien que no creía en que una relación de pareja funcionara entre dos hombres, decía que el interés principal por el cual dos hombres estaban juntos era el sexo, pero eso es algo que siempre pasa, que se va perdiendo, y entonces se comienzan a buscar otras experiencias sexuales, lo que inevitablemente lleva al rompimiento de la relación. Decía que el mayor tiempo que alguien le había interesado eran seis meses, después de eso perdía el interés y buscaba a alguien más.  Y el fracaso de nosotros como pareja parecía confirmar lo que pensaba.

Pero conforme fui conociendo a Servando fui encontrando temas en común, intereses, cosas en las cuales comenzamos a coincidir, y eso me agradó mucho, demasiado, platicábamos de  libros, películas, viajes, de cosas interesantes, mientras mi pareja permanecía distante, y solo se interesaba en nuestra conversación cuando hablábamos de sexo, era como si Servando y yo nos pusiéramos de acuerdo sin hablarlo, lo estimaba, y la estimación iba dando forma a otro sentimiento, algo que yo no quería reconocer, algo que me daba miedo expresar, pues tenía un compromiso con quien formalmente era mi pareja. Y encontraba yo que tampoco le era indiferente a Servando. Había roces, abrazos que prolongábamos, toques por debajo de la mesa, pero no podía entablar una relación con él, pues los intereses que tenía con Salvador como pareja pesaban mucho en mi vida. Así iba pasando el tiempo, en una complicada trama de apariencias donde nada era lo que parecía ser. Y Servando era el amigo que siempre iba a estar ahí… Creo que Salvador se daba cuenta de esa afinidad entre Servando y yo, pero era cauteloso, no demostraba sus celos, pero cuando Servando no estaba presente me decía cosas que de alguna manera lo desacreditaban, sabía que yo tenía una muy buena imagen de él y trataba de cambiarla, de ensuciarla, para que de alguna manera yo me decepcionara de él, pero nunca lo logro.

Rocío continuaba con otra canción, “pues mira tú, como te ríes como juegas tu…” ¿quién no conoce la letra de sus canciones? ¿quién no se acuerda de algún amor imposible con una de sus canciones?.  Levanté mi cerveza para brindar con Servando una vez más con un sentimiento de amargura y entonces me di cuenta que alguien más levantó su cerveza en la mesa que estaba detrás de mí, a mis espaldas, desde hacía rato alguien más estaba brindando con él y siempre correspondía.

Las luces del bar iluminaban el centro de la pista donde Rocío cantaba, alrededor las mesas donde todos la acompañaban cantando, ¿quién era el que acababa de brindar con su cerveza con Servando? Lo vi mejor, era alto, bigote poblado, vestía una camisa de manga larga a cuadros arremangada, pantalón vaquero ajustado, estaba con dos más que parecían ser sus amigos, se veía ya algo tomado y nos observaba continuamente, parecía agradable, atractivo, vi como alzó su cerveza para brindar con Servando y él le correspondió, algo en mí se movió. Entonces Servando se levantó y fué hacia su mesa, lo saludó y se sentó a acompañarlo, su nuevo amigo le brindo una amplia sonrisa, parecía estar muy contento de que se hubiera acercado, ambos comenzaron a platicar, yo no supe de qué, pero lo supuse. Al ver eso Salvador sonrió y me dijo que Servando ya había ligado, parecía complacido y a la vez molesto, su expresión facial era una mezcla de emociones dispares.

Servando se levantó para bailar con su nuevo amigo, el cual sabía bailar muy bien.  La noche iba pasando, toda mi atención estaba puesta en Servando y su nuevo amigo, al cabo de un tiempo ambos se levantaron y se acercaron a nosotros, nos lo presentó, se llamaba Mateo, le dijo que nosotros éramos sus amigos, luego nos dijo mientras me veía a los ojos que se iba a ir con él, Mateo se hospedaba en un hotel cercano, no era de ahí, estaba de visita y lo invitaba a pasar la noche con él, así que se despedía de nosotros. Salvador le dijo que estaba bien, yo no sabía que decir, no quería que Servando se fuera con él, un nuevo sentimiento que no conocía surgió en mí, sentí celos, pero no podía decirle nada, no podía reclamarle nada cuando yo tenía una relación que no había podido resolver. Creo que mi expresión cambió, lo abracé y le dije al oído que no se fuera, pero él me dijo que quería ver a dónde llevaba esa situación nueva para él, Mateo también nos abrazó al despedirse y yo solo le dije al oído “cuídalo mucho”, me miró con extrañeza y me dijo que así lo haría, luego ambos se retiraron abrazados del bar.

Salvador y yo quedamos en silencio, al cabo de un rato salimos de ahí hacia el hotel. Entonces Salvador me dijo, que Servando era un ingrato porque había llegado con nosotros y nos había plantado por irse con su ligue, algo que nunca nos había hecho, se notaba molesto, pero creo que en realidad quería saber que pensaba yo. No dije nada, solo iba serio, me costaba trabajo disimular lo que sentía, lo mucho que me había afectado que Servando se hubiera ido con otro, me sentía traicionado y al mismo tiempo sabía que no tenía derecho a sentirme así, yo no le había ofrecido nunca nada a Servando y hasta entonces él siempre había estado ahí sin esperar nada, sin pedirme nunca nada, sin haberse entrometido nunca en mi relación con Salvador, solo había estado ahí siempre, hasta esa noche. Nunca había sentido tan solas y frías las calles que llevaban al hotel, Salvador y yo las caminábamos en silencio, ambos metidos en nuestros propios pensamientos. Esa noche nos acostamos juntos pero no nos tocamos, yo dormía a ratos, Servando estaba presente en mi pensamiento, no sabía sí estaba bien, y no sabía lo que pasaría al día siguiente. Quizá lo mejor sería que yo me decidiera a poner fin a mi relación, quizá estaba enamorado de Servando, quizá no era tarde aún…

Al día siguiente Servando no había llamado, teníamos que dejar el hotel y le llamamos, su número parecía apagado, no sabíamos que hacer, estábamos en el lobby entregando el cuarto cuando llegó Servando acompañado de Mateo, ambos se veían contentos, él nos preguntó por su mochila y nos dijo que se iba a quedar ese día con Mateo, que después se iría por su cuenta. Yo no le dije nada, no podía verlo, le di la espalda e ignoré a Mateo, mientras Salvador le entregaba su mochila. Luego nos fuimos al estacionamiento y no supe más de Servando. Esa noche en la soledad de mi casa pensé muchas cosas, en mi relación con Salvador, en Servando, en saber cuáles eran realmente mis sentimientos, y tuve que reconocer lo que todos ya sabíamos, que Salvador y yo hacía mucho ya no éramos pareja, que ambos teníamos que intentar rehacer nuestras vidas, y que yo amaba a Servando.

Tomé mi teléfono celular y le llamé, le dije lo que pensaba, lo que sentía, le dije que por fin me había dado cuenta de lo que él representaba para mí, de que estaba enamorado de él, le dije que iba a terminar con la farsa de la relación que tenía con Salvador, le dije que sabía que no le era indiferente, que sabía que él también sentía algo por mí, le dije todo lo que hasta entonces había callado, él me dejó hablar y entonces me dijo que había esperado mucho tiempo para escuchar lo que yo le estaba diciendo, que había esperado tanto para que yo me diera cuenta de lo que él sentía por mí, que nunca había querido entrometerse en mi relación con Salvador y que esperaba que yo solo me diera cuenta de las cosas y que volteara a verlo de otra forma, me dijo que había esperado tanto tiempo por este momento, pero que llegaba tarde.

Me habló de Mateo, del ser humano que había conocido, que era una persona sencilla y agradable, que encontró una gran afinidad con él, que también era una persona necesitada de cariño, legítimo, me habló que vivía en provincia y que quería intentar algo con él, yo me quedé frío, ahora que había decidido dar fin a mi relación para ser libre y estar con él era tarde. Sí, Servando había conocido a Mateo y ambos estaban por iniciar algo, una relación sin un tercero, sin una persona egoísta que pretendía amar a uno y estar con otro. Llegaba yo tarde, me dijo, él había esperado mucho tiempo esto y ahora lo encontraba, pero no conmigo. Se despidió de mí deseándome lo mejor y que pudiera resolver mi situación con Salvador, me dijo que no iba a volver a vernos y que evitara hablarle en adelante, porque a partir de ese día para él sólo había una persona en su vida, Mateo. Y todo había empezado la noche anterior en el bar mientras Rocío cantaba “pero te extraño, como te extraño, no cabe duda que es verdad que la costumbre es más fuerte que el amoooooor…”.

               


Por: Martín Soloman



No hay comentarios: