- Me gusta ir a ese
antro en las afueras de la ciudad porque siempre van chacalillos muy guapos.
- Es cierto, el otro
día conocí uno que me gustó mucho. Tenía una herramienta como de 20 cm, espero
que la próxima vez que vaya, lo vea de nuevo. Solo tuve que invitarle los
tragos esa noche.
- Yo prefiero los que
son delgados, pero que tienen pinta de machos y que sean bien entrones, pero la
última vez que fuí conocí uno gordito que se veía bien machote y se le notaba
un bulto muy grande, pero yo no le guste, se fue con una jota bien fea.
Todos en el ambiente
homosexual, hablan de lo que es un chacal, como si fuera una especia de raza
especial, con ciertas características definidas y casi siempre como si se
tratase de un platillo exótico, algo que se desea pero que al mismo tiempo
causa cierta repulsión, sin embargo es la fantasía de casi todos los
homosexuales, aunque la mayoría lo niegue, sobre todo los más refinados, los más
nice, los que están al tanto de la moda, del restaurante de lujo, de sus
maravillosos viajes, son los que más buscan al chacal, pero frente a sus amigos
siempre lo negarán o ni siquiera lo mencionaran, pero bien que se pasearan en
su carro por las zonas de su ciudad donde se sabe que pueden encontrarles.
¿Quiénes entran en la
categoría de un chacal? ¿Cuáles son sus características? Primero recurramos a
Carlos Monsivais, él lo define de esta forma: “El chacal es el joven proletario
de aspecto indígena o recién mestizo, ya descrito históricamente como Raza de
Bronce (o sea morenazo). El chacal es la sensualidad proletaria, el cuerpo que
proviene del gimnasio de la vida, del trabajo duro. Es la friega cotidiana y no
el afán estético que decide esbeltez. El chacal tiene por hábito sentirse
ampliado, deseado así nadie lo contemple. El chacal no mira para no regalar su
mirada, pero se deja mirar para ascender en su autoestima. Las camisetas
entalladas, los jeans ajustados y convenientemente rotos, las gorras de
béisbol, el perfeccionamiento de la mirada hostil o indiferente que sin embargo
invita, de ningún modo el prostituido, en modo alguno el inaccesible…”.
Algunos adjetivos
atribuidos al chacal son que es un producto del mestizaje, aspecto indígena, de
clase trabajadora, mirada hostil, de mataputos, lenguaje proletario, poco
educado, un macho inaccesible, no se reconoce como gay, la palabra gay le
choca, es sinónimo de afeminados, pero él mismo no se reconoce como chacal, a
él no le importa toda la tinta que los intelectuales escriben en torno a él, es
machista, misógino, se supone sexualmente activo por naturaleza, él no ama, no
quiere a otros hombres, solo se los coge, los usa para su placer momentáneo, no
aspira a tener una pareja, es fiel a su gueto, a sus raíces, un diamante sexual
en bruto, y ahí su atractivo, es buscado por quienes buscan una experiencia
sexual fuerte, algo que en el mundo gay ya no existe, el hombre químicamente
puro.
Dentro de las
características de un chacal se supone que estos tienen un cuerpo “marcado”,
atribuido al rudo trabajo que desempeña en labores que requieren fuerza.
Quienes los buscan, sueñan encontrarse con un chacal que los acaricie con sus
manos rudas, toscas, que los callos de sus manos raspen sus cuerpos finos y delicados,
y que con ese solo roce sientan estar ante un hombre real, pero antes los
bañaran, y aun así el olor de su sudor corporal persistirá. A pesar de ser un
hombre mestizo, los homosexuales buscan que tenga rasgos atractivos, de acuerdo
a la estética del homosexual, los quieren “feos pero no tanto”, cuando el
hombre de ascendencia indígena en México es una persona de rasgos que chocan
con el ideal de belleza que podemos ver anunciados en cualquier revista gay,
incluso sus cuerpos no son los de un stripper que lo ha formado en un gimnasio,
no son cuerpos con vello corporal, este es escaso, el bigote es muy poco común
en ellos y es muy poco poblado. El chacal está más cerca de los albañiles,
cargadores de la central de abastos, jornaleros, campesinos, donde la belleza
no abunda, donde los cuerpos por lo general no son atléticos sino más bien
panzones, chaparros y prietos, lo cual no es lo que buscan los homosexuales de
tinta, quienes idealizan al chacal en un trailero, un cortador de madera, un
almacenista, cuyos estereotipos han idealizado en las películas porno,
prometiéndonos el mejor sexo.
Sin embargo, todo
esto, al final, le viene importando un pepino al que se le atribuye el adjetivo
de chacal, porque él mismo no se reconoce en tal categoría, se rige por sus
propias ideas, quizá incluso él mismo no sepa lo que quiere, quizá solo sea
vivir el rato, pasarla bien, sin importar quién sea el puto en turno con el
cual coge, porque para el chacal, en sus propios términos, no se acuesta con
otro, se lo coge parado. Lo cual nos hace plantearnos la siguiente pregunta
¿Cómo se da el sexo con un Chacal?¿Es tan placentero? Quizá esto dependa de la
definición de lo que es tener un "buen sexo". El concepto más común
es cuando hay química, cuando hay lenguaje corporal, interacción de ambas
partes. Lo opuesto es cuando quienes tienen sexo buscan solo su propia
satisfacción sin importar la de la otra persona con la cual cogen. En términos
del mundo homosexual, la pasiva solo pone la cola para que cualquiera se lo
coja, sin importar quién sea ni cuánto
dure. El chacal que es activo por su parte solo buscará un culo a dónde meter
su verga, sin importar quién sea la persona, porque para el chacal el
homosexual pasivo no es una persona, es un culo más y lo cogerá a su propio ritmo
marcado por su propio placer hasta eyacular sin importar si la pasiva lo gozó o
se quedó a medias.
Hay quienes creemos
que el chacal no existe como si fuese una especie definida, sino que más bien
es una utopía creada por los intelectuales que viven en un medio rosa marcado
por el buen gusto y las buenas costumbres, que ven con ojos de deseo e
idealización un mundo que les es ajeno pero atractivo por el tipo de hombres
con las características que definieron como chacal, un hombre químicamente
puro, instinto puro, sexo puro, representa las características masculinas que
el mundo gay ha perdido en aras de una glamurización y supuesta sofisticación
que no es más que la feminización del lenguaje y amaneramiento de los
homosexuales los cuales, al irrumpir abiertamente en la sociedad lo hacen
reclamando una identidad LGBTTTI pero al mismo tiempo, cada una de esas letras
es un giro hacia lo obvio, perdiendo las características masculinas, son
autoexpulsados de un paraíso primigenio de hombres masculinos. La búsqueda del
chacal se vuelve una búsqueda hacia una utopía, porque el chacal es una imagen
de algo que no existe, porque en el momento que el chacal acepte formar una
relación con un homosexual y se adapte al modo de vida homosexual, habrá
perdido su esencia y pasará a ocupar alguna de las múltiples categorías
existentes y que definen a los homosexuales obvios que juegan a ser masculinos.
Sin embargo ante la demanda aparecen sujetos que por varios intereses sean estos monetarios o simplemente por reconocer su propia homosexualidad reprimida aceptan el juego
de roles que se da entre ellos categorizados como “chacales” y otros homosexuales.
Parece darse entonces
un equilibrio cuando el chacal y el homosexual declarado o jota, comienzan con
una negociación, el chacal quizá no cobre pero el otro ofrece algo a cambio por
sexo, unas chelas, la cena, pal taxi, etc. permitiendo esto que la jota en cuestión
no adopte al chacal o lo haga su pareja, sino que obtenga placer al contratarlo
para eso y que ambos se queden en su mundo al cual pertenecen, conservando el
chacal su esencia y convirtiéndose en un producto de consumo para todas las
jotas refinadas que abundan en todas las ciudades. Como Carlos Monsivais de
quién por cierto, se rumora que frecuentaba la ciudad de Cuernavaca para
convivir con chichifos con aspecto de chacal, obviamente jóvenes, pero que
además tuvieran una alta capacidad intelectual con los cuales pudiera dialogar
y debatir sobre temas literarios. Al parecer él buscaba una buena charla para
terminar haciendo el amor y no ir directamente a la cama.
Podemos concluir
entonces que el sujeto definido como chacal no tiene una ideología y no se conceptualiza
como tal. Sin embargo los homosexuales intelectuales cuando hablan del chacal,
lo hacen como si se tratara de una especie existente y que solo espera ser
encontrada para brindarles satisfacción incansable, pero quizá el chacal ni
siquiera está interesado en ellos. Eso me hace recordar una escena de la
película del Indio Fernández, La cucaracha, donde María Félix es una soldadera
que se desvive por su general, el Indio Fernández, ella le habla y le cuenta de un futuro juntos,
mientras el general, indiferente y harto de su palabrería, le dice una sola
frase para darle por su lado: “si pués”...
…Y ustedes, ¿a qué
antro van a ir buscar chacal esta noche?
