Fue un 14 de febrero, diez años atrás cuando conocí a Isidro, su piel
blanca y su cabello intensamente negro me atrajeron de inmediato, siempre me
han gustado los hombres con esas características. Estaba en un pequeño convivio
con amigos cuando se acercó hasta mí y se presentó, su carácter amigable y
extrovertido me facilito las cosas, no soy muy bueno para hacer amigos y soy
aun peor para iniciar relaciones, comenzamos a salir y poco tiempo después
comenzamos a vivir juntos. Durante dos años tuvimos una buena relación, con
altibajos, como todas, de no ser porque había ciertas cosas en Isidro que no me
gustaban del todo, de vez en cuando se desaparecía y no llegaba por las noches,
me contaba que visitaba a su madre. Tenía dos hermanas, por supuesto yo no las
conocía, me dijo que no tenían buena relación, pero una de ellas se hacía cargo
de su madre anciana y que cuando se ausentaba era porque la visitaba. Yo no
tenía forma de verificar si era cierto lo que me decía, así que solo me quedaba
creerle. Vivíamos juntos en mi casa y nunca supe donde vivía antes.
En cierta ocasión llego acongojado, parecía que tenía un problema que no
podía resolver, entonces le pregunte si le pasaba algo, me hablo en tono muy
serio, me dijo que tenía que hablar conmigo de algo que le costaba trabajo,
escuche con atención mientras me decía que tenía un hijo de 10 años. Me explico
que antes se definía como bisexual y tuvo relación con varias mujeres, que
durante un tiempo había vivido con una mujer y que ella le había dado un hijo,
pero que poco después se separaron y su hijo había vivido todo ese tiempo con
ella. Me sorprendió que no me lo hubiese contado, supuse que yo no le había
dado la confianza para ello, así que le pregunte por qué razón me decía eso
ahora, me respondió diciendo que la madre del niño, ya no podía atenderlo,
porque se había juntado con otro hombre y ya no tenía lugar para él, que quería
empezar desde cero con su nuevo amor, que ahora le tocaba atenderlo a Isidro.
Quizá yo podría aceptar que el niño viviera un tiempo con nosotros, en lo que
resolvía donde llevar al niño.
Esa situación me hizo darme cuenta de que muchas de las cosas que Isidro
me había contado no eran del todo ciertas. Las supuestas hermanas nunca
aparecieron y de su madre no volvió a comentarme nada. Me dijo que durante ese
tiempo su exmujer no le había permitido convivir con el niño, pero con el
tiempo me di cuenta que en realidad él era una persona muy egoísta e
irresponsable y que en realidad se había desentendido de su hijo, si bien quizá
aportaba dinero nunca había hecho nada más por él. Me molesto mucho su actitud,
por qué no me había contado eso de su vida, me parecía algo muy importante.
Luego pensaba que como sea que hubiese sido, tenía un hijo, era una vida y no
le estaba dando la importancia que debía, más bien al parecer lo veía como una
molestia de la cual deseaba deshacerse con tal de que no le afectara en su
vida, era muy cruel que pensara así. Me sentí impulsado a negarme, pero acepte
que llevara al niño con nosotros, aun así le recalque que resolviera ese asunto
lo más pronto posible, lo que yo quería saber era si de verdad haría algo por
él.
Cuando Iván llego a casa tenía 10 años pero parecía más pequeño, como de
7, donde trabajaba tenía una compañera con una niña de esa edad, Iván se veía
del mismo tamaño. Con el tiempo descubrí que Isidro no había sido para nada un
buen padre, que la madre era una mujer desobligada que nunca lo atendió
adecuadamente y que Iván había rodado mucho tiempo entre familiares y que en
todos lados había sido maltratado, pero sobre todo habían destrozado mucho su
autoestima, era un pequeño niño muy temeroso de los golpes y de los abusos de
los demás. Me conmovió mucho comprender por todo lo que había pasado. Al
principio no me tenía confianza y creo que no entendía por qué su papa y yo
vivíamos juntos, pero cuando yo comencé a tratarlo de forma cariñosa, a hacerle
pequeños regalos y a darle atención, la que no le daba Isidro ni porque lo
tenía en casa, su actitud cambio hacia mí y me di cuenta que era un niño muy
dulce, deseoso de atención y cariño, a partir de entonces cada vez que podía se
acercaba hasta mí y me daba abrazos cada vez que lo deseaba. Me di cuenta que
su padre nunca lo trataría bien, ni haría nada bueno por él, varias veces
discutí con Isidro porque no hacía nada por el niño y muchas veces me dijo que
me lo dejaría, que se iba a ir de la casa y que yo fuera su madre, si tanto lo
quería. Cuando Iván escuchaba eso, no decía nada, solo me observaba. Deje de
pelear con Isidro por el niño, me di cuenta que eso estresaba al pequeño y
decidí no someterlo a mas sufrimiento. Comencé a querer mucho a Iván, después
de que muchas veces había dicho que no quería tener hijos, ahora me sentía con
el deseo de dar mucho cariño a este niño, pero sabía que había muchas cosas que
podían complicar ese deseo y trataba de tomarlo con cautela.
Pasó un año y durante ese tiempo me encariñe más con Iván, se desarrolló
mucho, adquirió más confianza en sí mismo, y me buscaba más que a su padre para
platicar. Las cosas entre Isidro y yo, ya no estaban bien, habíamos dejado de
tener intimidad desde hacía un buen tiempo y yo sabía que él tenía que ver con otras personas, lo cual
dejo de importarme porque yo estaba centrado en Iván, sabía que no era mi hijo,
pero como si lo fuera, cuando iba por él a la escuela me confundían con su
padre y eso me gustaba, Isidro solo nos observaba, no parecía estar molesto en
mi interés por Iván, después de todo yo hacia la función de padre que le
pertenecía, pero que no quería hacer. De pronto un día, después de que perdió
su trabajo, Isidro me dijo que quería irse a trabajar a los Estados Unidos, me
preocupo la idea de que se fuera porque entonces Iván corría peligro de volver
a la vida que había llevado antes con sus familiares. Pero Isidro me dijo que
si se iba, me quería confiar a Iván y que él me mandaría para sus gastos,
acepte porque quería mucho a Iván, era lo más cercano a un hijo que yo podía
tener. Llego el día de la partida de Isidro, en vano le dije que se quedara que
podía encontrar un trabajo que le permitiera vivir bien, pero al parecer en su
mente ya estaba sembrada la idea de irse por el sueño americano o quizá solo
estaba cansado de nosotros y quería vivir algo distinto, Iván solo estaba en
silencio, parecía que no le importaba lo que su padre hiciera. Isidro paso con
éxito a los Estados Unidos y envió algunos dólares para su hijo, pero después
de eso ya nunca volvió a mandar más dinero ni a comunicarse y le perdí la
pista.
Iván termino la secundaria, después ingreso a la preparatoria. Ahora es
un joven muy distinto al niño que conocí, es un joven muy alto y fuerte,
bastante inteligente y el cual me respeta mucho y me obedece en todo lo que yo
le pido. Siempre he respetado su propio espacio y no invado su intimidad. Han
pasado casi 8 años desde que llego a mi vida y me siento muy feliz por él. Como
no somos familiares consanguíneos y su padre me lo confió, él sabe que en
cuanto cumpla 18 años puede hacer lo que desee, de todos modos no hay nada
legal que lo ate a mí. Cuando su padre se fue, hicimos un pacto de cuidarnos el
uno al otro, yo no tengo familia y la que él tiene es como si no existiera,
pues nunca lo han buscado, le dije que mientras pueda, yo lo apoyare. Es un
joven muy especial, creo que la vida difícil que tuvo de niño, lo convirtió en
una persona muy sensible a las necesidades de los demás, ya me comento que
desea estudiar psicología, antropología o sociología.
Hace poco tuvimos una conversación en la que hablamos de sexualidad, me
pregunto acerca de mí y de su padre, le conté todo y le dije que aunque
finalmente no tuve una buena relación con él, agradezco haberlo conocido,
porque gracias a eso lo pude conocer a él también y que era alguien muy
especial en mi vida. Me dio las gracias por todo lo que yo hago por él y me
dijo que me quiere mucho, que nunca nadie se interesó en él y que yo lo hice
sin tener esa obligación, yo también le dije que lo quería, que aunque no era
mi hijo, era como si lo fuera.
Hoy por la mañana, antes de que saliera para el trabajo, Iván me marco y
me pidió un favor, que le llevara un cuaderno que había olvidado y que
necesitaba, tuve que entrar a su cuarto, no encontraba el dichoso cuaderno,
pero si encontré otro pequeño cuaderno desgastado, me di cuenta que era un
diario, en medio estaba un sobre, me llamó la atención el remitente, era de
Isidro e iba dirigido a mí, lo abrí y leí. Isidro me decía que muy pronto iba a
regresar a México, que no venía solo, que durante ese tiempo había conocido a
un norteamericano y que le había contado que tenía un hijo y que él le había
propuesto que su hijo merecía una mejor oportunidad de vida en Estados Unidos,
así que en poco tiempo vendría por él, agradecía lo que yo había hecho por él
pero que legalmente él era el padre de Iván y que esperaba que yo lo
entendiera.
Me quedé sin saber qué hacer, una y otra vez veía las líneas escritas en
la carta, era consciente que Iván no era mi hijo pero después de tantos años
ahora aparecía Isidro para llevárselo. La carta ya la había leído Iván y no me
había dicho nada, quise poner el sobre en su diario y entonces sin querer lo
abrí en las últimas páginas que había escrito y pude leer “…no puedo irme con
quien toda su vida me rechazó, es mi padre pero no lo veo como tal, y no puede
obligarme a ir con él, voy a quedarme aquí, ya no soy el niño que durante mucho
tiempo maltrato, ahora soy un hombre, pronto cumpliré 18 y no aceptare más
caprichos de él, renunciare a ser su hijo y me quedare con quien ha sido como
un padre sin ser su obligación…”
Esa tarde lo esperé al salir de la escuela, él no estaba sólo, y de
alguna forma yo tampoco lo estaba. Ambos
estábamos listos para esperar el regreso de Isidro.
