4 de diciembre de 2014

Los dos hermanos

Estas semanas han sido de trámites y más trámites en distintas oficinas del Estado de Guerrero, por una situación familiar compleja. Hace unos días, al estar en una de tantas oficinas burocráticas me indicaron pasara con una maestra que me atendería en el trámite, al ver el nombre me detuve, yo la conocía, de mis años de juventud cuando estudiaba para maestro de educación primaria, era la hermana de dos compañeros que estudiaban también para maestros y que eran de mi generación, de los cuales hacía años les había perdido la pista. Quise saber que había sido de ellos, y mientras me dirigía a la ventanilla de atención recordé aquellos años ahora tan lejanos. En aquél tiempo había ingresado a la escuela Normal para Maestros como única opción de estudio, en mi grupo éramos varios jóvenes pero hice amistad con dos de ellos, eran hermanos, ella se llamaba Lucía y él se llamaba José Luis, él era mayor que su hermana y había entrado a estudiar a insistencia de sus padres para que pudiera cuidar a su hermana. Tenían más hermanos, una era maestra y ya trabajaba. Ella era con la que ahora me reencontraba en las oficinas donde estaba haciendo mis trámites.

Desde los primeros días entablamos amistad, todos veníamos de pueblos pequeños donde las opciones para salir adelante eran pocas. Nos quedábamos en cuartos que rentaban a estudiantes de bajos recursos, algunos tenían una cama, otros tenías dos camas de tal forma que había se podía compartir cuarto. Yo había encontrado un cuarto así pero no tenía aún compañero. Platicando con los hermanos me contaron que ella ya estaba instalada en una casa donde daban hospedaje a mujeres, pero su hermano aún no tenía donde quedarse, estaba con unos familiares lejanos y estaba buscando algo económico. Yo le ofrecí quedarse en la casa donde yo estaba, ahí daban hospedaje solo a varones y podríamos compartir el costo de la renta del cuarto. José Luis accedió y esa misma semana quedamos como compañeros de cuarto.

Los tres nos volvimos muy buenos amigos, hacíamos equipo en clase y nos repartíamos las tareas. A mí me gustaba José Luis, tenía facciones menos toscas, en cambio Lucía, aunque era simpática, no era bonita, y el hecho de que viviera en otra casa hacía que yo llevara más amistad con José Luis con quién también éramos compañeros de parranda, comprábamos cervezas y las tomábamos en el cuarto mientras pretendíamos estudiar, pero casi siempre terminábamos hablando de otras cosas, hasta que en cierta ocasión la plática derivó en el tema de las novias. Lo que José Luis me daba a entender es que yo le gustaba para su cuñado, pero la verdad es que su hermana no era de mi agrado. En ese punto de mi vida mi sexualidad se encontraba cargada hacia lo que resultara, había tenido relaciones sexuales tanto con hombres como con mujeres y disfrutaba tener sexo con ambos, no tenía una inclinación hacia algún género, hasta ese momento.

Las pláticas con José Luis giraban cada vez más alrededor del sexo, todo comenzó jugando, platicando de nuestras experiencias con mujeres y de lo que se sentía, lo que inevitablemente llevaba a tener erecciones, visibles para ambos. Fue en una de esas borracheras cuando yo estaba semidormido que me tocó la verga. Inmediatamente tuve una erección pero no le dije nada, tampoco lo miré y solo cerré mis ojos mientras él me acariciaba la verga. Ese día no pasó nada, hasta una semana después cuando me abrazó y nos quedamos así, no hizo nada más y yo me quedé dormido. Me despertó cuando sentí su boca en mi verga, me estaba haciendo sexo oral, de manera muy torpe, sus dientes me lastimaban, pero también sentía placer, José Luis me gustaba mucho y hasta ese momento no creí que yo le pudiera gustar, pero ahí estaba, mamando mi verga hasta hacerme eyacular en su boca. Después de eso se quedó dormido, al día siguiente no dijo nada y los dos actuamos como si nada hubiese pasado. Eso se repitió varias veces, pero nunca llegamos a la penetración, cuando yo lo intentaba él me rechazaba con firmeza. Cogerlo se me había vuelto una obsesión, cuando dormía me quedaba viendo su silueta en la oscuridad, tenía un par de nalgas muy firmes cubiertas por un vello muy fino, a veces se las tocaba pero nunca me dejó penetrarlo.

Sin embargo había otro problema, en el grupo los demás se habían dado cuenta que nuestra amistad era quizá algo más, y comenzó a correrse el rumor de que a mí me gustaban los hombres. En aquél tiempo yo no tenía novia y José Luis tenía modales finos, así que comenzamos a ser la comidilla del grupo. Estos rumores seguramente llegaron a oídos de Lucía quien comenzó a cuestionarme de si era cierto que me gustaban los hombres, mientras adoptaba una actitud retadora hacía mí. Al principio yo no la tomaba en serio, era la hermana de José Luis y ya tenía relaciones sexuales con él. Sin embargo comenzó a provocarme cada vez más y lo hacía frente a otras compañeras mujeres del grupo, eso era ya algo humillante.

Cierta vez le dije a José Luis que invitáramos a Lucía para convivir los tres, y fuimos a la casa donde nos hospedábamos nosotros. El cuarto era pequeño y hacía mucho calor, así que decidimos subirnos a la azotea, solo estaban los tinacos de agua de asbesto y ahí estábamos platicando y consumiendo cervezas. Ella no tomaba pero parecía pasarla bien, entre risas la cerveza se fue terminando, de vez en cuando había miradas de complicidad con José Luis, y otras retadoras de Lucía. Cuando la cerveza se terminó José Luis se ofreció a ir a comprar más. Tan pronto él bajó, Lucía se acercó a mí y juntó su cuerpo al mío, yo la tomé de la cintura y la besé mientras veíamos como José Luis se alejaba por la calle desierta a esa hora. La apreté y ella pudo sentir mi erección, yo le subí el vestido y le bajé la pantaleta, en ese momento ella se dio cuenta que yo podía cogérmela, entonces comenzó a resistirse. “no lo hagas” me dijo, “es que soy virgen”. Le dije “ahora te chingas, me estuviste retando muchas veces, ahora me vas a sentir”. Ella oponía resistencia pero cada vez era menos, ella estaba excitada, y ahí mismo sobre la azotea la penetré, hasta que ella me dijo “¡ya no!, ¡ya me desgraciaste!”. Entonces pude ver como de sus piernas escurría sangre, Lucía había dejado de ser virgen. Me quité la camiseta que usaba bajo la camisa y le dije que con eso se limpiara. Cuando José Luis regresó Lucía dijo que ya era tarde y que se tenía que ir y le pidió a José Luis que la fuera a dejar a donde vivía. Yo no dije nada, pero se sentía la tensión en el ambiente.

Cuando José Luis regresó yo estaba ya en el cuarto, fingía dormir en mi cama. Él entró y se detuvo a mirarme, pero no dijo nada. Al día siguiente nadie dijo nada, pero por primera vez Lucía me evitaba, no me dijo nada hasta un par de días después en que a solas me reclamó el haberle destrozado la vida ya que ella quería llegar virgen al matrimonio y ahora ya no podría hacerlo. Yo le dije que ella había tenido la culpa por haberme provocado. Al paso de los días se le fue pasando y comenzamos a hablar bien de nuevo, parecía que nada había pasado. Sin embargo José Luis no había vuelto a hacerme sexo oral desde ese día.

Pasaron un par de semanas y un viernes después de clase fuimos por unas cervezas y después de embriagarnos él se fue a su cama dándome la espalda, yo veía esa silueta y me acerqué a él, después de pensarlo le toqué las nalgas por encima del bóxer, él estaba despierto pero no dijo nada, solo vi cómo se estremeció y entonces yo le bajé el bóxer y le acaricié ese par de nalgas, me bajé los pantalones y lo penetré. José Luis no me dijo nada, aunque se lo hice con mucho cuidado era evidente que le dolía, pero pronto los gemidos de dolor pasaron a ser gemidos de placer, hasta que me vine en él.

Debo decir que esa no fue la única vez que tuve relaciones sexuales tanto con él como con su hermana, ella volvió a buscarme y de alguna forma me las arreglé para tener sexo con cada uno durante el tiempo que estuvimos estudiando, sin embargo fue José Luis con el que mejor me sentía, dormíamos juntos, hacíamos planes, terminé queriéndolo. Al terminar cada quien tomó rumbos distintos y no volví a verlos. Sé que ambos, al igual que yo, se casaron y tuvieron hijos. Sin embargo siempre extrañé a José Luis, siempre me quedó la curiosidad de saber qué hubiera pasado si nos hubiésemos decidido a enfrentar a todos y hacer una vida juntos.


Con esos recuerdos en mi cabeza me dirigí a la ventanilla donde atendía la hermana mayor de estos, la saludé y le pregunté si no me recordaba, me dijo que no, yo le dije quién era y que en realidad a quienes conocía era a sus hermanos los cuales habían sido mis compañeros de clase. Ella me recordó y cuando le pregunté por José Luis me dijo las palabras que me dejaron sin habla mientras mis ojos se humedecían de lágrimas: “mi hermano murió hace cinco años…”. 

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