Estas semanas han sido de trámites y más trámites en distintas oficinas
del Estado de Guerrero, por una situación familiar compleja. Hace unos días, al
estar en una de tantas oficinas burocráticas me indicaron pasara con una maestra
que me atendería en el trámite, al ver el nombre me detuve, yo la conocía, de
mis años de juventud cuando estudiaba para maestro de educación primaria, era
la hermana de dos compañeros que estudiaban también para maestros y que eran de
mi generación, de los cuales hacía años les había perdido la pista. Quise saber
que había sido de ellos, y mientras me dirigía a la ventanilla de atención
recordé aquellos años ahora tan lejanos. En aquél tiempo había ingresado a la
escuela Normal para Maestros como única opción de estudio, en mi grupo éramos
varios jóvenes pero hice amistad con dos de ellos, eran hermanos, ella se
llamaba Lucía y él se llamaba José Luis, él era mayor que su hermana y había
entrado a estudiar a insistencia de sus padres para que pudiera cuidar a su
hermana. Tenían más hermanos, una era maestra y ya trabajaba. Ella era con la
que ahora me reencontraba en las oficinas donde estaba haciendo mis trámites.
Desde los primeros días entablamos amistad, todos veníamos de pueblos
pequeños donde las opciones para salir adelante eran pocas. Nos quedábamos en
cuartos que rentaban a estudiantes de bajos recursos, algunos tenían una cama,
otros tenías dos camas de tal forma que había se podía compartir cuarto. Yo
había encontrado un cuarto así pero no tenía aún compañero. Platicando con los
hermanos me contaron que ella ya estaba instalada en una casa donde daban
hospedaje a mujeres, pero su hermano aún no tenía donde quedarse, estaba con
unos familiares lejanos y estaba buscando algo económico. Yo le ofrecí quedarse
en la casa donde yo estaba, ahí daban hospedaje solo a varones y podríamos
compartir el costo de la renta del cuarto. José Luis accedió y esa misma semana
quedamos como compañeros de cuarto.
Los tres nos volvimos muy buenos amigos, hacíamos equipo en clase y nos
repartíamos las tareas. A mí me gustaba José Luis, tenía facciones menos
toscas, en cambio Lucía, aunque era simpática, no era bonita, y el hecho de que
viviera en otra casa hacía que yo llevara más amistad con José Luis con quién
también éramos compañeros de parranda, comprábamos cervezas y las tomábamos en
el cuarto mientras pretendíamos estudiar, pero casi siempre terminábamos hablando
de otras cosas, hasta que en cierta ocasión la plática derivó en el tema de las
novias. Lo que José Luis me daba a entender es que yo le gustaba para su
cuñado, pero la verdad es que su hermana no era de mi agrado. En ese punto de
mi vida mi sexualidad se encontraba cargada hacia lo que resultara, había
tenido relaciones sexuales tanto con hombres como con mujeres y disfrutaba
tener sexo con ambos, no tenía una inclinación hacia algún género, hasta ese
momento.
Las pláticas con José Luis giraban cada vez más alrededor del sexo, todo
comenzó jugando, platicando de nuestras experiencias con mujeres y de lo que se
sentía, lo que inevitablemente llevaba a tener erecciones, visibles para ambos.
Fue en una de esas borracheras cuando yo estaba semidormido que me tocó la
verga. Inmediatamente tuve una erección pero no le dije nada, tampoco lo miré y
solo cerré mis ojos mientras él me acariciaba la verga. Ese día no pasó nada,
hasta una semana después cuando me abrazó y nos quedamos así, no hizo nada más
y yo me quedé dormido. Me despertó cuando sentí su boca en mi verga, me estaba
haciendo sexo oral, de manera muy torpe, sus dientes me lastimaban, pero
también sentía placer, José Luis me gustaba mucho y hasta ese momento no creí
que yo le pudiera gustar, pero ahí estaba, mamando mi verga hasta hacerme
eyacular en su boca. Después de eso se quedó dormido, al día siguiente no dijo
nada y los dos actuamos como si nada hubiese pasado. Eso se repitió varias
veces, pero nunca llegamos a la penetración, cuando yo lo intentaba él me
rechazaba con firmeza. Cogerlo se me había vuelto una obsesión, cuando dormía
me quedaba viendo su silueta en la oscuridad, tenía un par de nalgas muy firmes
cubiertas por un vello muy fino, a veces se las tocaba pero nunca me dejó
penetrarlo.
Sin embargo había otro problema, en el grupo los demás se habían dado
cuenta que nuestra amistad era quizá algo más, y comenzó a correrse el rumor de
que a mí me gustaban los hombres. En aquél tiempo yo no tenía novia y José Luis
tenía modales finos, así que comenzamos a ser la comidilla del grupo. Estos
rumores seguramente llegaron a oídos de Lucía quien comenzó a cuestionarme de
si era cierto que me gustaban los hombres, mientras adoptaba una actitud
retadora hacía mí. Al principio yo no la tomaba en serio, era la hermana de
José Luis y ya tenía relaciones sexuales con él. Sin embargo comenzó a provocarme
cada vez más y lo hacía frente a otras compañeras mujeres del grupo, eso era ya
algo humillante.
Cierta vez le dije a José Luis que invitáramos a Lucía para convivir los
tres, y fuimos a la casa donde nos hospedábamos nosotros. El cuarto era pequeño
y hacía mucho calor, así que decidimos subirnos a la azotea, solo estaban los
tinacos de agua de asbesto y ahí estábamos platicando y consumiendo cervezas.
Ella no tomaba pero parecía pasarla bien, entre risas la cerveza se fue
terminando, de vez en cuando había miradas de complicidad con José Luis, y
otras retadoras de Lucía. Cuando la cerveza se terminó José Luis se ofreció a
ir a comprar más. Tan pronto él bajó, Lucía se acercó a mí y juntó su cuerpo al
mío, yo la tomé de la cintura y la besé mientras veíamos como José Luis se
alejaba por la calle desierta a esa hora. La apreté y ella pudo sentir mi
erección, yo le subí el vestido y le bajé la pantaleta, en ese momento ella se dio
cuenta que yo podía cogérmela, entonces comenzó a resistirse. “no lo hagas” me
dijo, “es que soy virgen”. Le dije “ahora te chingas, me estuviste retando
muchas veces, ahora me vas a sentir”. Ella oponía resistencia pero cada vez era
menos, ella estaba excitada, y ahí mismo sobre la azotea la penetré, hasta que
ella me dijo “¡ya no!, ¡ya me desgraciaste!”. Entonces pude ver como de sus piernas
escurría sangre, Lucía había dejado de ser virgen. Me quité la camiseta que
usaba bajo la camisa y le dije que con eso se limpiara. Cuando José Luis
regresó Lucía dijo que ya era tarde y que se tenía que ir y le pidió a José
Luis que la fuera a dejar a donde vivía. Yo no dije nada, pero se sentía la
tensión en el ambiente.
Cuando José Luis regresó yo estaba ya en el cuarto, fingía dormir en mi
cama. Él entró y se detuvo a mirarme, pero no dijo nada. Al día siguiente nadie
dijo nada, pero por primera vez Lucía me evitaba, no me dijo nada hasta un par
de días después en que a solas me reclamó el haberle destrozado la vida ya que
ella quería llegar virgen al matrimonio y ahora ya no podría hacerlo. Yo le
dije que ella había tenido la culpa por haberme provocado. Al paso de los días
se le fue pasando y comenzamos a hablar bien de nuevo, parecía que nada había
pasado. Sin embargo José Luis no había vuelto a hacerme sexo oral desde ese
día.
Pasaron un par de semanas y un viernes después de clase fuimos por unas
cervezas y después de embriagarnos él se fue a su cama dándome la espalda, yo
veía esa silueta y me acerqué a él, después de pensarlo le toqué las nalgas por
encima del bóxer, él estaba despierto pero no dijo nada, solo vi cómo se
estremeció y entonces yo le bajé el bóxer y le acaricié ese par de nalgas, me
bajé los pantalones y lo penetré. José Luis no me dijo nada, aunque se lo hice
con mucho cuidado era evidente que le dolía, pero pronto los gemidos de dolor
pasaron a ser gemidos de placer, hasta que me vine en él.
Debo decir que esa no fue la única vez que tuve relaciones sexuales
tanto con él como con su hermana, ella volvió a buscarme y de alguna forma me
las arreglé para tener sexo con cada uno durante el tiempo que estuvimos
estudiando, sin embargo fue José Luis con el que mejor me sentía, dormíamos
juntos, hacíamos planes, terminé queriéndolo. Al terminar cada quien tomó
rumbos distintos y no volví a verlos. Sé que ambos, al igual que yo, se casaron
y tuvieron hijos. Sin embargo siempre extrañé a José Luis, siempre me quedó la
curiosidad de saber qué hubiera pasado si nos hubiésemos decidido a enfrentar a
todos y hacer una vida juntos.
Con esos recuerdos en mi cabeza me dirigí a la ventanilla donde atendía
la hermana mayor de estos, la saludé y le pregunté si no me recordaba, me dijo
que no, yo le dije quién era y que en realidad a quienes conocía era a sus
hermanos los cuales habían sido mis compañeros de clase. Ella me recordó y
cuando le pregunté por José Luis me dijo las palabras que me dejaron sin habla
mientras mis ojos se humedecían de lágrimas: “mi hermano murió hace cinco años…”.
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