Nunca he negado mi origen, provengo de un pueblo lejano en el cual no
hay muchas oportunidades de trabajo ni de estudio, mi origen es humilde. Deseando
mejorar, llegué a la ciudad, solo, buscando amigos que habían salido antes del
pueblo, me dieron hospedaje y me consiguieron trabajo en dónde ellos andaban,
de albañiles. Fue ahí cuando escuché la palabra “chacal”. Me sorprendió que
algunas personas me dijeran así, de hecho a mis amigos también les decían
chacales, ignoraba por qué nos identificaban de esa forma, a ellos no les
importaba y decían que era mejor ser llamado así, que ser una jota como eran
las que nos llamaban de ese modo. Poco después descubrí por qué nos decían
chacales, no significaba que lo hicieran por desprecio, más bien esas jotitas,
se morían por tener un romance con alguno de nosotros, “los chacales”, lo cual
solo de imaginarlo me parecía desagradable, nunca me han llamado la atención
los afeminados.
Lo mismo me han gustado los hombres que las mujeres, y a esa edad me
daba igual. En la ciudad había unos
baños de vapor donde a veces iba, el vapor ayudaba a relajar mi cuerpo del
arduo trabajo, y también algo de placer. Cierta vez me abordó un señor de edad,
me anduvo rogando para que me dejara que me la mamara pero no me gustaba, lo
evitaba, hasta que me ofreció dinero, aun así no acepté, pero había otro chavo
ahí que salía de los vestidores y se dio cuenta, se quedó viendo y me hizo
señas que aceptara. Eso fue lo que me hizo aceptar el dinero, el señor me
estuvo mamando la verga hasta que me vine en su boca, quedó satisfecho y me dio
un billete extra. Cuando terminé el chavo me abordó y platicó conmigo, resulto
que ambos vivíamos por el mismo barrio, salimos juntos del vapor, me dijo que
se llamaba Beto y le gustaba el futbol y me invitó a jugar con él. Así empezó
un cambio en mi vida.
A partir de ahí cuando salía del trabajo por las tardes me iba a jugar
futbol, descubrí que Beto era el más popular del barrio, aunque todos decían
que era un flojo, que no trabajaba y que era un drogo, aun así él era un
galancito y todas las viejas se enamoraban de él. Siempre andaba bien
arregladito y no parecía preocuparse de nada. Hicimos buena amistad y
comenzamos a platicar mucho. Yo me sentía muy atraído por lo que contaba,
siempre tenía algo que decir y además parecía que yo le caía muy bien, siempre
me buscaba, y cuando yo no podía ir a jugar por la tarde, al otro día los
compañeros del juego me decían que el Beto había preguntado por mí el día
anterior y se burlaban diciendo que era mi novia, yo solo reía, todavía no
sabía por qué lo decían. Me dí cuenta que todas las tardes después de jugar
fútbol y platicar conmigo él se iba al centro de la ciudad, parece que
regresaba hasta el otro día a su casa.
Yo tenía 19 años y el 24 cuando me invito a trabajar con él, "ya no
trabajes de macuarro, mejor ven conmigo, vas a ganar bien, tienes lo necesario,
eres carita, de buen cuerpo y te ves bien machito, pagaran lo que sea por
ti" yo era ingenuo, pero sabía bien a qué se refería, ya había tenido una
paga en los baños de vapor. “¿Pero no es peligroso?”, pregunté, "yo te
cuidare” me dijo. Pronto me di cuenta que él siempre tenía dinero y aunque
sabía lo que otros decían de él, no le importaba. Finalmente acepte salir con
él a su “trabajo”. Ese día sábado por la noche llegamos al centro de la ciudad,
me presento con sus amigos y me dijo que tenía que ver a una persona más
adelante, caminamos hasta donde se encontraba un auto negro muy lujoso, dentro
estaba una mujer madura de cabello rubio muy bonita. Beto de inmediato subió al
auto y hablo con la mujer, a continuación me invito a subir y ya dentro me
presento con ella, la mujer me veía con agrado. Fuimos a un hotel y después de
decirme como debía tratarla, me dejo con ella. Tuvimos sexo, ella era muy
agradable y educada y después me fue a dejar cerca de donde me había
encontrado, al final me dijo que esperaba verme otra vez.
Al siguiente día por la tarde Beto me fue a buscar, me entrego unos
billetes que era el equivalente a varios días de trabajo en la obra en la que trabajaba.
Me pregunto si quería seguir. La verdad es que me pareció muy fácil cómo se
ganaba el dinero y acepte. Solo le dije que si no me gustaba la persona, no
tratara de obligarme, me tranquilizo cuando me dijo que solo lo haría cuando
quisiera. Entonces le comente que ya no quería seguir viviendo donde mismo,
porque no parecían estar a gusto conmigo. Beto me dijo que él vivía solo que si
quería podía irme con él y que a cambio debía ayudarle a mantener limpia la
casa. Acepte y ese mismo día me fui con él.
Esa noche me dijo que no saldría y nos quedamos platicando y viendo tv
acostados en la cama, yo cerré mis ojos y comencé a dormitar, supongo que al
notar eso apago la luz y se acostó junto a mí de espaldas, de pronto sentí
cuando acerco su cuerpo al mío, algo me impulso a abrazarlo, poco después él se
dio la vuelta e intento besarme pero no lo deje, pero si deje me tocara el
miembro, cuando me di cuenta me estaba haciendo sexo oral, solo me limite a
disfrutarlo sin abrir los ojos, no hicimos nada más, poco después me dormí y
creo que el también.
El siguiente día era de trabajo, así que nos arreglamos y nos fuimos al
centro de la ciudad. Beto me dio ropa y me dijo cómo debía arreglarme, no era
algo elegante pero si limpio, pantalones de mezclilla, una playera blanca sin
magas y una camisa a cuadros encima. Esta vez, los clientes eran dos hombres,
uno de ellos era mayor, le calculaba unos 60 años, bastante refinado, en esa
época no entendía bien que profesión podían tener, pero si me di cuenta que
eran personas que parecían saber mucho, creo que nos veían como dos jóvenes muy
asnos y que lo único que podían obtener de nosotros era sexo. No me gustaba que
pensaran eso de mí y tampoco quería tener sexo con ellos, la verdad me parecían
muy viejos y feos. Así que cuando el mayor me comenzó a preguntar sobre quién
era yo, le demostré que no era un simple joven, pues a mis 19 años yo ya había
concluido el bachillerato y había leído bastante, conocía muchos autores y eso
lo sorprendió. Beto también demostró que no era un ignorante. Así que en vez de
tener sexo nos invitaron a cenar y platicamos bastante durante varias horas, al
final Beto les cobro, porque aunque no tuvimos sexo, si habían consumido
nuestro tiempo, ellos pagaron con gusto, y manifestaron el deseo de vernos otra
vez. Beto me dijo que estaba resultando más listo que él.
Mientras el taxi nos llevaba a casa, Beto y yo íbamos en la parte
trasera del auto platicando, de pronto Beto me tomo de la mano, después puso su
mano en mi bulto, y me masajeaba mientras me veía con deseo. Tan pronto
entramos a la casa nos desnudamos y comenzamos a besarnos, estábamos muy
excitados, esa noche nos fundimos en un solo cuerpo.
Pasamos algún tiempo juntos, él me acompañaba al “trabajo”, aunque
siempre me decía que no eyaculara, que me contuviera, porque al llegar a la
casa él se encargaba de ordeñarme, el eyacular en él era algo que le gustaba,
pero esto chocaba con el trabajo, los clientes solo se iban satisfechos si yo
eyaculaba en ellos, era algo que esperaban ver, el pago era generoso cuando eso
pasaba. Al paso del tiempo Beto me dijo que había obtenido una beca para seguir
estudiando, que no esperaba que la juventud le durara mucho tiempo y que le
preocupaba la vida cuando dejara de ser el galán que todos admiraban. Me pidió
que lo acompañara, pero yo no tenía las mismas posibilidades que él, y aunque
en ese tiempo había aprendido a amarlo, también supe que los dos buscábamos
algo distinto. Así que un día él se fue sin avisar, yo por mi parte seguí en el
trabajo, me hice una imagen, vestía de cierta forma, a como Beto me había
enseñado, yo no era refinado, no era guapo, pero aprendí que lo que los hombres
y algunas mujeres buscaban en mi era una imagen ruda, de un chacal. Beto fue el
primer amor que tuve y fue alguien que todavía recuerdo con mucho aprecio, pero
en este trabajo no vale el amor, es solo una fantasía que se vende por un rato.
Creo que muchas personas ven con desprecio a los prostitutos, pero esa
experiencia me hizo saber y dejar muy en claro, que los prostitutos también
somos personas, que necesitamos amor y comprensión y además hacemos un servicio
social que pocos estamos dispuestos a hacer… Después de todo, si en tu casa no
tienes placer… alguien debe dártelo ¿no lo crees querido lector?
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