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20 de noviembre de 2014

El chacal, un producto de consumo

Nunca he negado mi origen, provengo de un pueblo lejano en el cual no hay muchas oportunidades de trabajo ni de estudio, mi origen es humilde. Deseando mejorar, llegué a la ciudad, solo, buscando amigos que habían salido antes del pueblo, me dieron hospedaje y me consiguieron trabajo en dónde ellos andaban, de albañiles. Fue ahí cuando escuché la palabra “chacal”. Me sorprendió que algunas personas me dijeran así, de hecho a mis amigos también les decían chacales, ignoraba por qué nos identificaban de esa forma, a ellos no les importaba y decían que era mejor ser llamado así, que ser una jota como eran las que nos llamaban de ese modo. Poco después descubrí por qué nos decían chacales, no significaba que lo hicieran por desprecio, más bien esas jotitas, se morían por tener un romance con alguno de nosotros, “los chacales”, lo cual solo de imaginarlo me parecía desagradable, nunca me han llamado la atención los afeminados.

Lo mismo me han gustado los hombres que las mujeres, y a esa edad me daba igual.  En la ciudad había unos baños de vapor donde a veces iba, el vapor ayudaba a relajar mi cuerpo del arduo trabajo, y también algo de placer. Cierta vez me abordó un señor de edad, me anduvo rogando para que me dejara que me la mamara pero no me gustaba, lo evitaba, hasta que me ofreció dinero, aun así no acepté, pero había otro chavo ahí que salía de los vestidores y se dio cuenta, se quedó viendo y me hizo señas que aceptara. Eso fue lo que me hizo aceptar el dinero, el señor me estuvo mamando la verga hasta que me vine en su boca, quedó satisfecho y me dio un billete extra. Cuando terminé el chavo me abordó y platicó conmigo, resulto que ambos vivíamos por el mismo barrio, salimos juntos del vapor, me dijo que se llamaba Beto y le gustaba el futbol y me invitó a jugar con él. Así empezó un cambio en mi vida.

A partir de ahí cuando salía del trabajo por las tardes me iba a jugar futbol, descubrí que Beto era el más popular del barrio, aunque todos decían que era un flojo, que no trabajaba y que era un drogo, aun así él era un galancito y todas las viejas se enamoraban de él. Siempre andaba bien arregladito y no parecía preocuparse de nada. Hicimos buena amistad y comenzamos a platicar mucho. Yo me sentía muy atraído por lo que contaba, siempre tenía algo que decir y además parecía que yo le caía muy bien, siempre me buscaba, y cuando yo no podía ir a jugar por la tarde, al otro día los compañeros del juego me decían que el Beto había preguntado por mí el día anterior y se burlaban diciendo que era mi novia, yo solo reía, todavía no sabía por qué lo decían. Me dí cuenta que todas las tardes después de jugar fútbol y platicar conmigo él se iba al centro de la ciudad, parece que regresaba hasta el otro día a su casa.

Yo tenía 19 años y el 24 cuando me invito a trabajar con él, "ya no trabajes de macuarro, mejor ven conmigo, vas a ganar bien, tienes lo necesario, eres carita, de buen cuerpo y te ves bien machito, pagaran lo que sea por ti" yo era ingenuo, pero sabía bien a qué se refería, ya había tenido una paga en los baños de vapor. “¿Pero no es peligroso?”, pregunté, "yo te cuidare” me dijo. Pronto me di cuenta que él siempre tenía dinero y aunque sabía lo que otros decían de él, no le importaba. Finalmente acepte salir con él a su “trabajo”. Ese día sábado por la noche llegamos al centro de la ciudad, me presento con sus amigos y me dijo que tenía que ver a una persona más adelante, caminamos hasta donde se encontraba un auto negro muy lujoso, dentro estaba una mujer madura de cabello rubio muy bonita. Beto de inmediato subió al auto y hablo con la mujer, a continuación me invito a subir y ya dentro me presento con ella, la mujer me veía con agrado. Fuimos a un hotel y después de decirme como debía tratarla, me dejo con ella. Tuvimos sexo, ella era muy agradable y educada  y después  me fue a dejar cerca de donde me había encontrado, al final me dijo que esperaba verme otra vez.

Al siguiente día por la tarde Beto me fue a buscar, me entrego unos billetes que era el equivalente a varios días de trabajo en la obra en la que trabajaba. Me pregunto si quería seguir. La verdad es que me pareció muy fácil cómo se ganaba el dinero y acepte. Solo le dije que si no me gustaba la persona, no tratara de obligarme, me tranquilizo cuando me dijo que solo lo haría cuando quisiera. Entonces le comente que ya no quería seguir viviendo donde mismo, porque no parecían estar a gusto conmigo. Beto me dijo que él vivía solo que si quería podía irme con él y que a cambio debía ayudarle a mantener limpia la casa. Acepte y ese mismo día me fui con él.

Esa noche me dijo que no saldría y nos quedamos platicando y viendo tv acostados en la cama, yo cerré mis ojos y comencé a dormitar, supongo que al notar eso apago la luz y se acostó junto a mí de espaldas, de pronto sentí cuando acerco su cuerpo al mío, algo me impulso a abrazarlo, poco después él se dio la vuelta e intento besarme pero no lo deje, pero si deje me tocara el miembro, cuando me di cuenta me estaba haciendo sexo oral, solo me limite a disfrutarlo sin abrir los ojos, no hicimos nada más, poco después me dormí y creo que el también.

El siguiente día era de trabajo, así que nos arreglamos y nos fuimos al centro de la ciudad. Beto me dio ropa y me dijo cómo debía arreglarme, no era algo elegante pero si limpio, pantalones de mezclilla, una playera blanca sin magas y una camisa a cuadros encima. Esta vez, los clientes eran dos hombres, uno de ellos era mayor, le calculaba unos 60 años, bastante refinado, en esa época no entendía bien que profesión podían tener, pero si me di cuenta que eran personas que parecían saber mucho, creo que nos veían como dos jóvenes muy asnos y que lo único que podían obtener de nosotros era sexo. No me gustaba que pensaran eso de mí y tampoco quería tener sexo con ellos, la verdad me parecían muy viejos y feos. Así que cuando el mayor me comenzó a preguntar sobre quién era yo, le demostré que no era un simple joven, pues a mis 19 años yo ya había concluido el bachillerato y había leído bastante, conocía muchos autores y eso lo sorprendió. Beto también demostró que no era un ignorante. Así que en vez de tener sexo nos invitaron a cenar y platicamos bastante durante varias horas, al final Beto les cobro, porque aunque no tuvimos sexo, si habían consumido nuestro tiempo, ellos pagaron con gusto, y manifestaron el deseo de vernos otra vez. Beto me dijo que estaba resultando más listo que él.

Mientras el taxi nos llevaba a casa, Beto y yo íbamos en la parte trasera del auto platicando, de pronto Beto me tomo de la mano, después puso su mano en mi bulto, y me masajeaba mientras me veía con deseo. Tan pronto entramos a la casa nos desnudamos y comenzamos a besarnos, estábamos muy excitados, esa noche nos fundimos en un solo cuerpo.

Pasamos algún tiempo juntos, él me acompañaba al “trabajo”, aunque siempre me decía que no eyaculara, que me contuviera, porque al llegar a la casa él se encargaba de ordeñarme, el eyacular en él era algo que le gustaba, pero esto chocaba con el trabajo, los clientes solo se iban satisfechos si yo eyaculaba en ellos, era algo que esperaban ver, el pago era generoso cuando eso pasaba. Al paso del tiempo Beto me dijo que había obtenido una beca para seguir estudiando, que no esperaba que la juventud le durara mucho tiempo y que le preocupaba la vida cuando dejara de ser el galán que todos admiraban. Me pidió que lo acompañara, pero yo no tenía las mismas posibilidades que él, y aunque en ese tiempo había aprendido a amarlo, también supe que los dos buscábamos algo distinto. Así que un día él se fue sin avisar, yo por mi parte seguí en el trabajo, me hice una imagen, vestía de cierta forma, a como Beto me había enseñado, yo no era refinado, no era guapo, pero aprendí que lo que los hombres y algunas mujeres buscaban en mi era una imagen ruda, de un chacal. Beto fue el primer amor que tuve y fue alguien que todavía recuerdo con mucho aprecio, pero en este trabajo no vale el amor, es solo una fantasía que se vende por un rato.


Creo que muchas personas ven con desprecio a los prostitutos, pero esa experiencia me hizo saber y dejar muy en claro, que los prostitutos también somos personas, que necesitamos amor y comprensión y además hacemos un servicio social que pocos estamos dispuestos a hacer… Después de todo, si en tu casa no tienes placer… alguien debe dártelo ¿no lo crees querido lector?

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