Es fácil identificar en algunos jóvenes la facilidad con la que creen
que han obtenido experiencia, siempre puede ser chistoso o exasperante para
alguno de nosotros los maduros hablar con alguien de 20 que cree que uno
exagera los problemas o que ve dificultades donde no las hay, cada vez que
abren la boca es para decir un solución para todo (o al menos eso creen ellos)
pareciera que esos jóvenes están tan seguros de sí mismos que dan a entender
que somos unos viejos burros que no han aprendido nada de la vida. Lo único que
pasa por nuestra mente cuando conocemos un mocoso así es, ojala y ya se calle,
sino fuera por ese cuerpecito que tiene este mocoso, no volvería a verlo jamás.
Pero quizá así fuimos todos, y ya lo olvidamos. Pero algo es cierto, los
adultos maduros a veces estamos tan perdidos como los más jóvenes, y ambos
jugamos...
Hace muchos años, yo aún no rebasaba los veinticinco, recién había
terminado una carrera y creía que lo sabía todo, no paraba de hablar, ahora sé
que debía ser exasperante hablar conmigo. En esa época conocí a Rodolfo, él era
un hombre mucho mayor que yo, debía llevarme unos veinte años de diferencia, y
era director de una escuela secundaria. No era alguien atractivo para los
jóvenes de mi edad, pero para mí era agradable, tenía un algo que me gustaba,
no sabía definir qué era, ahora creo que lo que me gustaba de él era su edad,
es decir alguien maduro, su cuerpo ejercitado y que no era nada obvio, de hecho
me gustaba su aspecto de señor serio con gafas y portafolio. Rodolfo vivía
solo, así que yo lo podía visitar cuando quisiera, por las tardes iba por mí a
la universidad, donde yo estaba todavía haciendo una tesis y me llevaba a su
casa. Era muy amable conmigo, cuando llegábamos a su casa ya me tenía listo
algún refrigerio, platicábamos un poco y después pasábamos a lo demás.
Rodolfo jamás me dijo “vamos a coger”, yo debía adivinar el momento en
que se debía pasar a eso. La primera vez que me invito a su casa, después de
cenar y tomar un vino, se levantó y comenzó a lavar los trastes. Yo fui detrás de él sin decir nada, y lo abrace
mientras enjuagaba los platos y comencé a restregarle la verga en las nalgas, mientras
el sin decir nada siguió lavando, pero si le gustó, porque sentí que presionaba
su culito contra mí. Cuando termino de lavar los trastes, me tomo de la mano y
me llevo a su habitación, yo comencé a desvestirlo suavemente, le quite la
camisa, los pantalones, e hice que se sentara en la cama mientras le ofrecía mi
verga palpitante, la tomo en sus labios y comenzó a chuparla. Después de eso,
lo tire en la cama y le mordí las nalgas con el calzón puesto, eran muy bonitas
bien formadas, pues todas las mañanas salía a correr muy temprano, se ejercitaba
muy bien, después lo puse en cuatro y le di unas mamadas de culo bien ricas, me
quite la ropa y me subí en él, le metí la verga hasta el fondo y comencé a
cogerlo, primero lentamente y después bien fuerte, entonces sus gemidos me
excitaron mucho más al saber que lo estaba disfrutando mucho.
Aunque reconozco que yo era algo fastidioso, Rodolfo siempre fue muy
paciente conmigo y creo que fue una persona que me ayudó mucho a moldear mi
carácter, pues a veces yo me comportaba como un sabelotodo y hartaba a los
demás, con él aprendí a guardar silencio y a escuchar a los otros, los momentos
con él me gustaban mucho, porque podíamos hablar sobre distintos temas que a
los dos nos interesaban a pesar de la diferencia de edades, nos veíamos unas
tres veces por semana. Un día de pronto, me hizo una invitación a una comida
con su familia. Yo tenía curiosidad y acepte. Resulto que era su cumpleaños, su
familia le estaba celebrando su cumpleaños 48, me sentí muy apenado, él era el
centro de atención y yo estaba a su lado, creo que se notaba que yo estaba
apenado, aun así todos fueron muy amables, su mama una dulce ancianita me
pregunto si era su alumno, yo le dije que sí, una de sus hermanas me comento
que ya la anciana tenia demencia y que no entendía muchas cosas, “un momento”,
pensé “¿qué cosas no entendía?”. Pero su
hermana ya no dijo más. Entre muchos niños sobrinos de él, había unos jóvenes
de unos 20 años, uno bastante atractivo y fornido era el que más llamaba mi atención,
pero ellos solo me miraban con curiosidad, yo creía adivinar que me
relacionaban sentimentalmente con su tío, eso me apenaba un poco. De pronto ya
era de noche y le dije a Rodolfo que tenía que irme, me despedí de su familia y
él me acompaño a la calle, pues él se quedaría. Me detuvo un taxi y me mando a
mi casa. En el trayecto a mi casa me preguntaba, cuál había sido la impresión
que había dejado en su familia, eso me provocaba una sensación de ansiedad, pero Rodolfo nunca me dijo nada al respecto.
La siguiente vez que nos vimos me comenzó a tratar como alguien que ya
era parte de su vida, que decidía que yo formara parte de su todo, eso me
asusto un poco, nunca pensé en una relación formal con él y entonces comencé a
visitarlo con menos frecuencia, creo que él lo noto, pero no me exigió nada,
pero creo que si se dio cuenta que yo me asuste de que me quisiera como pareja,
pero nunca aclaramos eso, yo seguí viéndolo aunque ahora solo era una vez cada
semana. Y aproximadamente a las dos semanas de ir a su fiesta de cumpleaños
encontré a su sobrino, al fornido, al guapo, yo fingí no reconocerlo. Pero él
se detuvo en la calle y me dijo que me recordaba, no podía negar que sabía
quién era. Me despedí de él, le dije que llevaba prisa. Después de eso comencé
a encontrarlo con frecuencia por lo mismo lugares que yo frecuentaba, pero como
podía me alejaba de él. Comencé a pensar que me seguía, pero no entendía por
qué, quizá tenia curiosidad porqué sabia de lo que había entre su tío y yo.
Pero no entendía que eso le importara, según yo un joven heterosexual como él,
o al menos eso pensaba, no se interesaría en los asuntos de un tío gay. Además
siempre me lo encontraba con chicas muy bonitas.
Con el tiempo volví a visitar a Rodolfo unas tres veces por semana como
antes, la verdad es que me gustaba estar con él, me agradaba como era, siempre
amable, respetuoso, considerado conmigo y alcanzaba a darme cuenta que tenía un
sincero interés en mi persona, cada cosa que yo le había contado de mi vida, él
la tenía muy presente al tratarme, pero ya no volvió a invitarme con su
familia, lo cual agradecí. Me di cuenta que a pesar de que él parecía tener una
relación estrecha con su familia, yo lo percibía solitario, como si se sintiera
muy solo, aun así nunca me decía nada, pero yo me daba cuenta de que cuando yo
lo visitaba se ponía muy contento al verme. Poco después cuando lo visitaba a
veces estaba otro señor con él, era uno de sus amigos, de apellido
Bustamante, él no me atraía nada pues
era un tipo que si me parecía viejo y feo, su forma de ser me desagradaba
bastante, al saludarme yo solo deslizaba mi mano en la suya, evadiéndolo.
Cuando estábamos los tres en su casa, a veces jugando domino o cualquier otra
cosa, o simplemente platicando, Rodolfo me veía con unos ojos de cariño o amor
que no podía ocultar que sentía algo por mi ante su amigo. Aun así el otro no
decía nada, pero no parecía estar muy contento con eso, y a pesar que yo quería
estar a solas con Rodolfo, Bustamante simplemente no se iba, por ello yo
siempre sospeche que estaba enamorado de
él. No me gustaba mucho que fuera el otro tipo a casa de Rodolfo, pero no podía
pedirle que no lo invitara, ellos tenían muchos años de conocerse y yo notaba
que Rodolfo sentía una especie de agradecimiento hacia el otro, por haber
compartido muchas vivencias, aun así Bustamante no me parecía que fuera un
amigo sincero y en algún momento se lo dije, pero Rodolfo jamás me dio una
opinión negativa de su amigo, jamás criticaba a nadie.
Rodolfo y yo seguimos viéndonos mucho tiempo a partir de que nos
conocimos, poco a poco yo comenzaba a sentir algo por él que aún no entendía,
yo creía que era amistad, porque además el sexo era muy bueno con él, siempre
era muy intenso y ambos lo disfrutábamos mucho. Me di cuenta que aunque quizá
al inicio yo no apreciaba mucho el valor de tenerlo por las razones que ustedes
quieran, porque yo era un joven y el pues, un hombre maduro en declive, aun así
él era un magnifico partido para otros hombres de su edad o contemporáneos. Eso
me comenzó a provocar una especie de celos, saber que había otros rondándolo.
En especial, su mejor amigo, el tal Bustamante. En eso estaba mi pensamiento en
esos días, cuando de pronto me tope en el bus a su sobrino. Esta vez iba solo y
se dirigía al mismo lugar que yo, a la universidad. Me dijo que recientemente había
ingresado y que aún no conocía muchas cosas de la institución.
El sobrino era uno de esos chicos que son atractivos para todo mundo,
varonil, guapo, de buen cuerpo, con un bonito trasero y por lo que me dijo lo
note provocativo, cuando llegamos a la universidad cada quien se fue por su
lado, pero antes me invito por la tarde a ir con unos amigos suyos a beber una
cerveza, me di cuenta que había algo raro en eso, pero había comenzado a
deleitarme con la idea de pasar un buen rato con ese chico. Sucedió como
pensaba, cuando lo vi más tarde, fuimos al bar con sus amigos y después me
invito al cuarto de un amigo, donde me lo cogí bien rico. Al final, me dijo que
quería seguirme viendo, le dije que cuando se pudiera, con mucho gusto, pero
aunque me había gustado yo ya no pensaba verlo más. Al día siguiente, cuando
iba a casa de Rodolfo por la tarde, su sobrino ya me estaba marcando, quería
verme de nuevo. Ignore sus llamadas y disfrute la tarde con su tío.
Creí que las cosas estaban bien entre nosotros. Rodolfo y yo hablábamos
de todo y creo que teníamos un buen nivel de confianza, que yo no tenía con
nadie más, él me conocía muy bien y yo a él, comenzaba a hacer planes con él y
así se lo dije, vernos juntos más tiempo. Pero de pronto me miró y me dijo que
él me deseaba lo mejor, y que quizá lo mejor no era que siguiéramos juntos. Eso
me puso en alerta, yo quería saber porque decía eso. Solo me respondió que
tenía que tomar una decisión madura, había despertado del sueño que había
vivido mucho tiempo conmigo. Le pregunte qué significaba todo eso, y me dijo
que debíamos separarnos, que no podíamos seguirnos viendo. Le dije que no
imaginaba mi vida sin él, y no acepte lo que proponía. Me dijo que casi me
llevaba con lo doble de mi edad, que en algunos años el estaría más viejo y
quizá enfermo. ¿Estaría yo dispuesto a seguir con él en esas condiciones? Le
respondí que sí, pero me dijo que no creía eso, y que aun si lo decía en serio,
él no podría estar feliz viviendo con alguien que echaba a perder su vida, solo
por estar junto a él. Que lo más adecuado es que yo iniciara una relación con
alguien de mi edad, mucho más joven que él. Yo me comporte como un bebe y le
dije que no, que no aceptaría nunca separarme de él, y me salí de su casa,
mientras él me seguía diciendo razones de por qué no podíamos seguir… Ya no
escuche y me fui llorando.
Cuando volví a buscarlo, no estuvo en su casa y tampoco respondía mis
llamadas, no lo encontré en unas dos semanas, yo estaba desesperado por verlo y
como no lo podía ver en su casa, fui a buscarlo a la casa de su familia. Salió
a recibirme uno de sus sobrinos, me dijo que su tío estaba enfermo que no podía
verlo, que él había dicho que después me buscaría. Poco después me llamo y me
dijo que había estado enfermo, pero que si podía fuera a visitarlo, que ya
estaba en su casa.
Cuando llegue, me abrió la puerta Bustamante, me dijo que
pasara, que Rodolfo me esperaba, pude notar en su rostro una sonrisa burlona,
cuando entre a la sala de su casa Rodolfo me sonrió y me saludo, me dijo que
quería decirme algo, en ese momento Bustamante se sentó a su lado y lo tomo de
la mano, entonces Rodolfo me dijo que había formalizado su relación con
Bustamante, ahora eran pareja, su familia ya lo sabía. En ese momento deje de
escuchar, o solo oía partes de lo que decían, estaba como sordo, solo pude
felicitarlos, tome la cerveza que me dieron y me despedí de ellos, mientras
ellos me decían que yo era un amigo muy estimado de ambos y que las puertas de
esa casa seguían abiertas para mí. Solo me acerque a Rodolfo, le di un abrazo y
me di la vuelta, ya no volví a verlo más. Bustamante me acompaño a la puerta y
me dijo con cinismo que si deseaba podía regresar a verlo cuando quisiera, no
le conteste y salí. Al día siguiente le marque a Rodolfo, le pregunte si estaba
seguro de la decisión que había tomado, a lo cual me respondió que jamás en
toda su vida había tomado una decisión más acertada que esa, me dio las gracias
por lo vivido conmigo, me deseo lo mejor y se despidió de mí. Ya no insistí,
sabía que él era una persona formal, que podía tomar decisiones como esa y que
no cambiaría de parecer. Ya nunca más volví a ver a Rodolfo. Tarde muchos meses
en superar esa perdida.
Por: Serch Leather
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