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19 de mayo de 2016

Ricardo


Todo comenzó un sábado por la tarde. Ese día, después de llegar a mi casa del trabajo, descanse un rato y me arregle, me puse mi ropa del sábado para salir al centro de mi pueblo, no tenía ningún plan, pero andaba muy caliente, pues a la menor provocación mi verga se ponía erecta. Tenía mis huevos hinchados de no haber tenido sexo durante mucho tiempo, me urgía un buen culito para liberar esa presión guardada durante días. No tenía idea de donde conseguir eso cerca, y tampoco tenía suficiente varo para ir en busca de placer hasta la ciudad. Tenía que buscar algo cerca. En eso andaba, cuando encontré a unos camaradas de mi época de estudiante en la secundaria, tenía rato de no verlos, me invitaron a beber a una cantinita y me fui con ellos. Total, quizá no tendría sexo con nadie ni con ellos por ser heteros, pero si me olvidaría un poco de eso, bebiendo. Llegamos a “La Chocita” y comenzamos a chelear, casi de inmediato se me pego una chica de esas que andan en las cantinas, se sentó en mis piernas. No me atraía, pero el momento se prestaba para cotorrear y no la rechacé, total, ya se cansaría al no lograr nada conmigo, ya otras veces me había pasado eso, pero de cuando en cuando me rozaba con sus nalgas la verga y yo sentía rico, creo que ella lo notaba.

En eso estábamos, cuando llego un wey que yo no conocía, chaparrito, nalgoncito, de sombrerito e inmediatamente saludo a todos, se unió al grupo que teníamos, yo supuse que era conocido de mis camaradas, se sentó junto a mí y la chica que estaba conmigo, en ese momento, ella fue requerida por alguien más y se fue, seguramente porque yo no le había dado tantas muestras de querer algo con ella. No sabía quién era el bato que acababa de llegar, pero de inmediato pidió un cubetazo de chelas y pos nomas con eso, era bienvenido. Comenzamos a cotorrear, contaba cosas chistosas y me agradó su modo de ser. Notaba que mientras estábamos platicando, presionaba su pierna contra la mía, al principio yo no le daba importancia, pensé que lo hacía porque ya estaba borracho, pero si me parecía insistente que se cargara conmigo. No le dije nada y lo puse a prueba, así que me pase a otra silla, pá ver qué hacía, seguimos combebiendo con mis camaradas, hablando de cosas que vivimos en la secundaria y cuando me di cuenta, ese wey ya estaba junto a mi otra vez, presionando mi pierna con la suya, no dije nada y también yo presione mi pierna con la de él. Casi de inmediato, sentí su mano tocando mi bulto por debajo de la mesa, yo me excite a todo lo que daba y hasta respingue, pero sonreí, pues pensé, “ya encontré botecito, esta noche cena pancho”.

Poco después me levanté y me dirigí al baño, no tardó en llegar ese bato y me agarro la verga, yo estaba bien erecto, así que lo agache y lo hice que me la mamara ahí en el baño, el lugar estaba apestoso, olía de a madre a orines y se veía sucio por todos lados, pero yo estaba bien caliente disfrutando esa rica mamada de verga que me hacia ese desconocido. Hacía muy buena chamba, y de pronto ya no aguante más, me retorcí un poco y me vine en su boca, me encanto ver su cara golosa, disfrutando mi leche. Lo levante y le dije que quería meterle la verga. Me dijo, “lo que tú quieras padre, al rato nos vamos juntos”, apenas pude esquivar un beso que me quiso poner en el hocico. Le dije que esperara un poco en el baño, que yo saldría primero y después el regresara con nosotros a la mesa, estuvo de acuerdo.

La noche llego y seguíamos en la cantina, uno de mis camaradas dijo que siguiéramos la peda en su casa y todos estuvimos de acuerdo, salimos y nos dirigimos a su casa, cuando llegamos nos sentamos en el patio, mi camarada vivía en una gran casa antigua que ya estaba en ruinas, de esas que en el pasado fueron haciendas, ellos solo usaban una parte a la que le habían puesto techo, el resto eran solo paredes vacías sin puertas. Después nos llevó a una habitación alejada que no tenía techo, con enormes muros de adobe, ahí llevo su grabadora con música de banda y seguimos bebiendo tequila. Pero mi nuevo camarada me hizo señas de ir a otro espacio en esa enorme casa, de nuevo con el pretexto de orinar lo fui siguiendo, nos metimos por cuartos y más cuartos iluminados por la luz de la luna, parecía que habíamos llegado hasta el último rincón, el ruido de la música se oía lejano y algunos perros ladraban de vez en cuando. Ahí de nuevo me puso una buena mamada de verga, después yo lo levante y lo puse contra el muro, hice que se desabrochara el pantalón y me agache a morderle las nalgas, a lamerle el culo, lo salive bien y libere mi bestia, que de inmediato entro en ese agujero tan prometedor de placer, mientras que yo le mordía el cuello y las orejas. Durante un buen rato disfrute del mete y saca en ese bato que aún no sabía ni su nombre. Pero sí que lo estaba disfrutando al tope. De pronto él comenzó a gemir, era como si estuviera llorando, me llamo la atención que comenzó a decir: “no me violes”, entre lloriqueos y luego cambiaba y decía “destrózame el culo, hazme tuyo padre Santiago” y dijo más cosas que no recuerdo pero hacían referencia como a una violación, me pareció extraño, pero en ese momento me valió madres, y solo disfrute el momento. Aunque debo aclarar que yo no me llamo Santiago, y mucho menos era un sacerdote, obviamente se refería a otra persona cuando decía eso.

Yo ya estaba satisfecho, así que después de haber estado con Ricardo (ese nombre me dio), quedamos que al otro día nos veríamos por la tarde, me dijo que vivía en otro pueblo cercano al mío. No sé si después hizo algo más con los otros camaradas y si ellos ya lo conocían, es decir, si sabían que le gustaba la verga. Me despedí de todos y me fui a mi casa, ya tenía mucho sueño, serían las tres de la mañana cuando llegue a mi casa a dormir, descanse plácidamente, era como si me hubiese desecho de una gran carga que llevaba encima mucho tiempo. Descansé muy bien. Por la mañana, me despertaron lo gritos de mi jefa, ya estaba llamando a todos a almorzar. Salí de mi cuarto y me fui al almuerzo, el olor de las chalupitas me llamaba, mi carnala y mi jefa ya me tenían listo mi plato. Mientras me chingaba mi almuerzo, mi jefe me dijo que no anduviera de borracho, que se dio cuenta que llegue muy de madrugada, lo escuche con respeto y le dije que no había tomado mucho, que ya no lo haría más, eso pareció tranquilizar al viejo. Pero hablar de ese tema, me hizo recordar a Ricardo, que rico me la había pasado la noche anterior. Termine mi almuerzo decidido a hacer mis labores del domingo, para estar listo para ir por la tarde a ver a mi nuevo camarada, pero entonces también recordé las cosas que dijo mientras lo penetraba, era un tipo raro, aunque muy complaciente.

Habíamos quedado de vernos en el zocalito, pero cuando llegue solo veía a un chavo sin sombrero y con unos grandes ojos azules, me acerque y entonces lo reconocí, era Ricardo, el día anterior no me había dado cuenta que tenía ojos de color, tal vez porque ya estaba ebrio o quizá porque sus ojos, eran lo que menos me había interesado. Entonces comprendí que Ricardo no era cualquier chavo, era muy galancito y por lo tanto debía ser asediado por otros hombres o mujeres, pensé que oportunidades de tener sexo, debía tenerlas dondequiera.  Esa tarde platicamos mucho, nos conocimos mejor, lo que iba sabiendo de él prometía mucho. Aunque parecía algo refinado, me gustaba su porte varonil y su voz grave. Pero entonces, me dijo que estaba casado, que él de alguna manera se definía como bisexual. Yo no había conocido a nadie que fuera bisexual, cuando me lo dijo decidí que era la última vez que lo vería, no me gustaba meterme con gente que se definiera así, para mi alguien es o heterosexual u homosexual, pero nunca debe ser las dos cosas y además que tuviera un compromiso previo por estar casado, era otro punto menos. Decidí disfrutarlo una vez más, así que más tarde ese mismo día fuimos al campo, yo conocía un espacio entre las tierras de mi padre que era como un jardín, donde los árboles y rocas hacían una especie de cerco, donde podíamos estar a gusto.

Cuando llegamos a ese espacio él miró para todos lados, parecía cohibido y tenía una actitud sumisa. Me acerqué a él y le restregué mi verga por encima del pantalón entre sus nalgas, eso lo excitó, se dio la vuelta y se puso de rodillas frente a mí sin hacer más, esperando que yo me abriera la bragueta y sacara mi verga, él se quedó viendo y entonces tomó mis manos y las puso sobre su nuca, entendí, quería que yo le empujara la cabeza sobre mi verga, hice eso y me comenzó a mamar, pero en el momento en que dejaba de agarrarle la cabeza él dejaba de mamar, hasta que otra vez lo forzaba tomando su cabeza con mis dos manos y haciendo que se la tragara toda. Luego se tendió boca abajo en el suelo con hierba, yo le bajé los pantalones y le fui metiendo mi verga. Y entonces se repitió lo de la noche anterior, comenzó a gemir, a llorar y a mencionar el nombre de otra persona, yo no sabía si seguir cogiéndolo o no, entonces pude escuchar que decía que no lo violara. Terminé rápido en él, nos quedamos ahí un rato, saqué un cigarro y le pregunté de su comportamiento.
 
Entonces me contó que de niño cuando iba al campo a hacer sus labores, cruzaba un camino rústico por el cual pasaba gente a pie, que a veces pasaban religiosos, recordé que cerca de ahí hubo alguna vez un monasterio donde había seminaristas. Me contó que en cierta ocasión, cuando iba por ese camino se encontró con el padre Santiago, el cual iba acompañado de un seminarista y que ambos lo violaron, primero había sido el seminarista y después el padre Santiago, sabía quién era porque a veces el padre daba las misas del domingo en su pueblo, que esas violaciones se repitieron varias veces, cuando se encontraba con ellos y que era algo que nunca le dijo a nadie. El monasterio había cerrado mucho tiempo antes y Ricardo ya no era un niño, pero se había quedado con esos recuerdos que salían a flote de vez en cuando, cada vez que conocía a alguien que le parecía especial y que aquella vez que me vio en la cantina fue a sentarse junto a mí, porque a sus ojos, yo me parecía mucho al padre Santiago, en ese momento me dijo que las únicas veces que él se asumía como homosexual era cuando conocía un tipo que fuera parecido al padre Santiago y hacia mucho que no conocía a nadie así, aunque a veces otros lo rechazaban, yo si había accedido y eso le gustaba mucho. Cuando me conto todo eso, me di cuenta que él estaba muy mal, que debía resolver su trauma, yo no sabía que debía hacer él, pero comprendí que lo mejor que yo podía hacer era alejarme. Al fin y al cabo la persona que veía en mí, no era yo, sino alguien parecido a mí, alguien que además le había hecho mucho daño.


Ricardo me pidió que nos siguiéramos viendo, pero la verdad es que eso ya no me latía mucho, el sexo era algo raro, aunque era atractivo, me parecía alguien muy complicado por ese problema que tenía, solo le dije que cuando se pudiera nos viéramos. Ya no lo busque más y deje de hablarle cuando me lo encontraba, pero cuando lo llego a ver, se detiene en la calle mientras me observa, es como si esperara que yo le hablara de nuevo y le propusiera tener sexo. Cuento esto porque este día lo encontré de nuevo, iba con una mujer que, supongo, es su esposa y con un niño, quizá su hijo. Al verme solo bajo su mirada… pero aún me veía de reojo.

Por: Serch Leather

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