Era el año 2005, hacía algún tiempo había
conocido a un tipo que tenía una relación abierta y hacía reuniones en su departamento
junto con su pareja, siempre me habían dado desconfianza ese tipo de reuniones
principalmente por el hecho de que pudieran obligarte a hacer algo que no
quisieras o que te forzaran a tener sexo con alguien que no te gustara, pero me
dijo que a sus reuniones solo iba gente de apariencia machín y que fuera
jaladora, así que después de varias invitaciones decidí ir, me dijo que podía
llevar lo que quisiera llevar para tomar y que podía hacer hasta donde yo
quisiera, que no había problema si solo quisiera ver. Recuerdo que en aquel
tiempo me gustaban las caribe cooler y llevé varias, el ambiente me gustó, la
casa tenía una iluminación discreta, tenían una sala donde estaban los
invitados, todos en ropa interior, ahí se podía platicar y tomar un trago y
habían acondicionado un cuarto para tener sexo, era como un cuarto oscuro
apenas iluminado con una luz de noche que permitía ver lo que los invitados
hacían, y eventualmente tomar parte.
En alguna de las veces que fui, llegó un señor como de cuarenta años,
desde que lo vi me llamó la atención, y no por su físico, sino porque a pesar
de no ser tan grande de edad se vestía de forma peculiar, usaba una camisa
guayabera de manga corta abotonada casi hasta el cuello y un pantalón de vestir
que le quedaba bastante holgado, los zapatos iban muy bien lustrados y su ropa
era muy limpia, sin manchas o arrugas, eso lo hacía ver aún mayor de lo que era.
Se comenzó a desvestir, debajo de la guayabera llevaba una camiseta blanca con
mangas y usaba boxers de los “matapasiones”. En cuanto a su físico, era algo
gordito, muy velludo, el pecho, los brazos, las piernas, tenía vello hasta en
la espalda, solo se dejaba el bigote. Me acerqué a él y le pregunté si quería
tomar de lo que yo tenía, me dijo que no tomaba y que un vaso con agua estaba
bien, lo vi de cerca y me agradó, le dije si quería ir al cuarto oscuro y
asintió con la cabeza.
Quedamos de frente, estábamos excitados, él me tocó el miembro por
encima de la truza y me apretó, luego fue bajando hasta quedar de rodillas y
con los dientes tomó el elástico de la cintura para bajarme la truza, quedando
mi miembro erecto frente a su rostro, lo miró un momento y después acercó su
boca. Era realmente bueno en lo que hacía, era capaz de estar mamando mucho
tiempo sin cansarse y sin que disminuyera el ritmo con el que lo hacía,
mientras se masturbaba de vez en cuando. Al cabo de un rato decidí salir por un
trago, él se quedó dentro buscando alguien más para seguir teniendo sexo oral.
Al poco tiempo regresó a la sala, ahí nos saludamos, me presenté y él también,
dijo llamarse Arturo y ser amigo de los anfitriones desde hace algún tiempo, ser
Maestro y dar clases en una primaria, realmente esos detalles no tenían
importancia, finalmente la fiesta era para tener encuentros ocasionales y no
para encontrar el amor de tu vida, solo era pasarla bien y después, si nos
encontrábamos en la calle no nos saludaríamos.
Algunas veces platicábamos en la sala, eventualmente tocábamos algunos
temas en los que pareciera que alguien tan liberal como nosotros que teníamos
sexo en grupo podía estar de acuerdo, como el caso del matrimonio y la adopción
por parte de homosexuales, en cierta ocasión estábamos platicando acerca de lo
que pasaba en otros países donde ya había algunos avances y recuerdo que Arturo
nos dijo, con voz firme y en un tono más alto que el que le conocíamos, que él
no creía en las uniones entre homosexuales y que definitivamente estaba en
contra de la adopción por parte de estos, y ponía como ejemplo a los que
estábamos ahí en calzones dispuestos a tener sexo con desconocidos, él decía
que por eso gente como nosotros no podía tener una relación estable, que éramos
una bola de promiscuos y que pobre del niño que fuéramos a adoptar. Y
generalizaba, decía que todos los homosexuales que él conocía eran así.
Nadie quería entrar en polémica, y aunque teníamos otras ideas y no
creíamos que fuera bueno generalizar, finalmente no estábamos ahí para discutir
sino para coger. Así que optamos por tomar un trago y dirigirnos al cuarto
oscuro, él nos siguió y todo quedó olvidado. Me recosté en la cama con el
miembro erecto apuntando hacia arriba, Arturo se me quedó viendo y fue bajando
hasta envolver mi verga con sus labios.
Alguien más se recostó junto a mí con el miembro erecto, Arturo se dio cuenta y
comenzó a mamar con devoción ambas vergas, mientras lo hacía con el otro amigo
pude ver su cara, realmente lo disfrutaba, algunos cuando lo hacían cerraban
los ojos, otros miraban a la cara, pero Arturo tenía una mirada extraviada,
miraba a ningún lado, casi como si pusiera los ojos en blanco, y nunca se
cansaba de hacerlo.
Así pasaba el tiempo, sin embargo nunca lo vi fuera del departamento de
mis amigos, de alguna manera cuando íbamos allá ambos nos buscábamos, a mí me
gustaba cómo me hacía sexo oral y supongo que a él le gustaba hacérmelo. Cierta
vez estaba yo en la sala cuando al poco tiempo de llegar Arturo tuvo que
retirarse, me dijo que había tenido una situación familiar y que le habían
hablado. Se estaba cambiando sentado junto a mí con la misma peculiaridad con
la que se desvestía, se ponía cada prenda con mucho cuidado, cuidando de no
arrugar la ropa y se peinaba impecablemente. Luego se fue, yo me quedé un rato
más tomando unos tragos y entonces, al pasar mi mano al sofá para levantarme
encontré un celular, era de Arturo, seguramente con la prisa al irse y con esos
pantalones tan flojos se le había caído.
La curiosidad me hizo revisarlo, no estaba bloqueado y vi de rápido la
lista de contactos: “Parroquia…”, “Sacristía…”, luego vi algunos mensajes que
le habían enviado: “Padre Artemio, la misa de hoy…”, y así varios mensajes más.
Arturo no se llamaba así, su nombre real era Artemio, y era sacerdote. Dejé el
teléfono ahí y me dirigí al cuarto oscuro, al poco tiempo tocaron a la puerta
del departamento, era él, Arturo ó Artemio, alcancé a escuchar que preguntó si
no había dejado ahí su celular, mis amigos lo buscaron en el sofá, lo
encontraron y se lo dieron, él lo agradeció y se fue. Yo me quedé dentro. Ahora
entendía muchas cosas de su comportamiento.
Dejé de ir a las fiestas de casa de mis amigos, por diversas causas,
pero aún recordaba a Arturo, como yo lo conocí. Cierto día se me ocurrió buscar
la parroquia cuyo nombre había visto en su celular, tardé algún tiempo en
encontrarla, estaba cerca del depa de mis amigos a los que ya no visitaba. Y
ahí estaba yo, en la iglesia, esperando que el Padre Artemio concluyera la
misa, al parecer no le había sorprendido verme cuando me reconoció.
La misa había concluido, algunas señoras con velo en la cabeza se le
acercaban mientras él les ponía una hostia en la boca, me acerqué esperando ser
el último, fue mi turno y entonces le dije “Acúsome Padre, pues he pecado…”
Por: Martín Soloman
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Comentarios:
Gracias por comentar