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7 de agosto de 2016

Feliz Cumpleaños

El tiempo es un concepto muy relativo, y para algunos ciertas cosas quedan grabadas para siempre, se dice que hay amores que duran toda la vida, pero también hay rencores que, como profundas heridas, no cicatrizan fácilmente.

Esa mañana me sentía muy mal, toda la noche anterior había sufrido los estragos de una fuerte fiebre que ya había cedido, pero estaba convaleciente y añoraba mis días de niñez cuando estaba enfermito y mama dulcemente me trataba con cariño, mientras me daba mi medicamente y me preparaba la sopa que tanto me gustaba. Me encontraba solo, mi esposa había salido desde temprano a trabajar, le dije que ya me sentía bien pero que me tomaría el día, no quise alarmarla. Salí a buscar algún medicamento, la mañana era fría y solo veía la calle desolada mientras me dirigía  a la farmacia más cercana. El frio viento de invierno me golpeaba el rostro y me provocaba unas lágrimas, sin duda mi aspecto era triste. Y más porque sabía bien que llegaría al departamento donde vivíamos y estaría solo. Hacía poco menos de un año que me había casado por insistencia de mi familia, mis padres me decían que no podía llegar a los 30 años siendo soltero y yo nunca les dije mi orientación sexual real, mi gusto por otros hombres, siempre lo mantuve oculto, en el closet, hasta que me vi presionado a casarme. Las cosas iban regular, realmente me esforzaba por llevar bien la relación y durante ese tiempo me había alejado de lo que era.

Estaba saliendo de la farmacia cuando de pronto se me acerco un hombre, aproximadamente de mi edad. Me llamo por mi nombre y antes de que pudiera protestar que no lo conocía, me dio un fuerte abrazo, que disfrute mucho (él era atractivo, muy varonil), me dijo que me veía muy mal, que parecía que iba a caer. No sé si fue por lo mal que me sentía, que acepte me acompañara a mi departamento. Cuando llegamos a la puerta, le pregunte que amigos teníamos en común, me hablo de mi época de secundaria, y al parecer sí tuvimos los mismos compañeros, pero a él no lo podía identificar. El cansancio me venció y me quedé dormido en el sofá, cuando desperté estaba cubierto con una manta, me sentía aún muy adormilado y aun sentía el cuerpo cansado. Pero escuche que alguien hablaba en la cocina, recordé al hombre que había conocido en la calle, decidí escuchar lo que decía al celular, hablaba con alguien al que le decía que estaba en casa de un viejo amigo que se sentía muy mal y que lo estaba apoyando con la comida. En ese momento me llego un delicioso sabor a sopa y poco después apareció con un plato. Le volví a preguntar quién era, y solo me decía que era Federico. Sin embargo, por más que me esforzaba no podía recordarlo, decidí fingir que de pronto sabía quién era, ya estaba en mi casa y me sentía aún muy débil e indefenso. Tome mi sopa mientras platicaba con él, hablamos de anécdotas, de lugares y de personas en común de cuando éramos estudiantes, definitivamente si había estado en mi época, vagamente lo identifique como un compañero que iba en otro grupo y con el cual quizá habíamos tenido poco contacto, pero no estaba seguro, sin embargo la plática se centró más en lo que éramos actualmente, le dije que estaba casado y me pareció ver una sonrisa en su rostro, no supe cómo interpretarla, sin embargo olvide ese detalle, porque de inmediato cambio la conversación.

Me dijo que se tenía que ir pero que le gustaría estar en contacto conmigo, le pedí que me dejara su número de celular y que yo lo buscaría, lo escribió en un papel y me lo dio. Al día siguiente me levante muy temprano para ir al trabajo, no recordaba lo del día anterior, tenía mucha prisa, pero cuando regrese a casa por la tarde, nuevamente vi el papel con su número de teléfono, me quedé pensando en si debía llamarlo o no, tenía firmemente grabado en mi mente que no era alguien físicamente desagradable. Pasaron varias días y durante ese tiempo lo ignore, sentía desconfianza, pero al recordar lo que había pasado y que no había peligrado mi persona, decidí buscarlo para agradecerle, algo dentro de mí me impulsaba a buscarlo y creo que no era solo curiosidad. Aun me intrigaba saber si era quién yo pensaba, pero la verdad es que siempre he sido malo para recordar nombres, de hecho no recordaba los nombres de la mayoría de mis compañeros, pero si recordaba sus apodos, de hecho yo era quien les había puesto la mayoría de ellos, tenía un ingenio para hacerlo, quizá como una forma de distraer la atención que había sobre mí, debido a mi preferencia sexual distinta, hacia otros de mis compañeros con alguna característica que fuera más visible y buleable que la mía.

Ya no recordaba bien su rostro después de varios días, lo había visto una vez y solo recordaba que era guapo. Decidí verlo nuevamente, hicimos la cita en un lugar público y cuando se presentó, me impacto, iba muy bien vestido, de verdad era muy varonil, me preguntó cómo seguía de salud, y de ahí pasamos a otros temas más personales, no era difícil imaginar que yo le atraía por la forma en que me miraba y no sé en qué momento comenzamos a coquetear, me dijo abiertamente que yo le gustaba, me sorprendí, la verdad es que no esperaba involucrarme con alguien de mi mismo sexo tan pronto, todavía ni tenía un año de casado, y desde ese suceso había dejado mi vida anterior y había decidido no tener más sexo con hombres, y lo había cumplido… hasta ese día. Me vio titubeante y me invitó a un hotel, diciendo que no pasaría nada que no quisiera, tal vez solo platicaríamos, quise poner pretextos pero me encontré con esa sonrisa de dientes blancos bien alineados, y accedí. Iba bastante nervioso, pero en el hotel  me dio una revolcada de aquellas, como hace tiempo no me las habían dado ya. Nos seguimos viendo muy seguido, y con cada ocasión mis defensas se fueron bajando. Solo me importaba verlo. Las conversaciones por whatsapp eran diarias, había amor, era el hombre de mi vida.

Una noche mientras dormía, tuve un sueño de mi época de estudiante y lo vi, pero había algo raro en él, parecía ser alguien que no era cercano y no aparecía ante mí como alguien muy atractivo. El tiempo pasó y olvide ese sueño, ya teníamos casi medio año viéndonos. Y de pronto sentí que había un cambio en su persona, parecía como si ya no fuera muy autentico cuando me decía que me amaba. Entonces, su rostro se me hacía familiar, como si realmente lo hubiese conocido mucho antes, pero eso es lo que él siempre me decía, pensé que solo se trataba de eso y en algún momento lo recordaría. Comenzó a distanciarse, pero aún me buscaba de vez en cuando, yo le hacía escenas de celos y él siempre terminaba convenciéndome con sus encantos, de que aún me amaba y que sus ausencias se debían a asuntos familiares.

Mientras tanto, mi vida familiar se estaba complicando, las presiones de mi familia para conocer a su primer nieto iban en aumento, se aproximaba mi fecha de cumpleaños y mis padres me organizaron una comida, llegué con mi esposa, los amigos de nuestros trabajos iban llegando, todo iba bien cuando llegó Federico, me tomó por sorpresa, nunca me dijo que iba a ir, llevaba un portafolio, no supe qué pensar, su atuendo era diferente, tenía puestos unos enormes lentes y llevaba otro peinado. Y fue hasta ese momento que identifique quien era… Se trataba de un ex compañero al que todos buleábamos en la secundaria, en esa época no era nada atractivo, era enclenque, enfermizo y con mucho acné, con braquets y usaba unos enormes anteojos que empeoraban su aspecto. Nunca había sido mi amigo ni de los demás, y yo especialmente lo había maltratado, etiquetándolo con los apodos más desagradables e hirientes. En esa época, siempre me veía con odio. Un mar de pensamientos invadió mi mente.
 
Estaba en shock, había mucha diferencia entre ese joven de la secundaria al que yo había maltratado tanto y el hombre que ahora me había conquistado. Se acercó a mí y sonrió, pregunto si ya lo recordaba, solo asentí. Sin conocerlos, saludó a mis padres y a mi esposa con la misma familiaridad con la que me había saludado a mí el primer día que lo conocí, mientras de su portafolio sacaba unos sobres que les iba dando y dejándolos estupefactos, sin saber qué hacer, solo lo miraban. Luego se dirigió hacia mí, me jaló del brazo hacia fuera de la casa y entonces me habló, su mirada era dura, me dijo que estaba haciendo lo mismo que yo le había hecho años antes, arrebatarle su dignidad, me dijo que en aquellos días todos le habíamos hecho mucho daño, que había terminado la secundaria sin ningún amigo, solo y casi destruido, que le había tomado muchos años reponerse de todo lo que le habíamos hecho en esa época, y que sobre todo yo era quien más le había hecho daño, y que ahora me lo estaba devolviendo. “Felíz cumpleaños” me dijo, mientras se alejaba entre la oscuridad de la noche que en ese momento cubría la ciudad.

Entonces me percaté que la música se había apagado en la casa de mis padres, entré y sentí todas las miradas que me miraban con horror, de los sobres habían sacado las fotografías que Federico me había tomado junto con él en el hotel cuando me pedía “un recuerdo de nuestro amor”, y las conversaciones por whatsapp donde le contaba de mis preferencias sexuales reales y de amor por él. Afuera la noche caía más fría que nunca…

Por: Tigrillo Serch






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