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28 de diciembre de 2016

La Jaula de las Locas



Hay veces en que la vida parece repetirse, hay veces en que las historias parecen ser las mismas a través del paso del tiempo, como si la historia se viviera una vez más, solo que con diferentes protagonistas, como cuando se vuelve a dar la puesta de una obra de teatro, una imagen en el espejo de la vida. En 1993 fue la primera vez que la ví en teatro, el mismo año que intentaría establecer por primera vez una relación de pareja con otro hombre…

Lo había conocido hacía poco, se llamaba Nacho, era unos ocho años mayor que yo, casado, muy atractivo, parecía ser norteño, cuando no usaba el traje del trabajo gustaba vestir estilo vaquero pero sin sombrero. Nos veíamos furtivamente en hoteles de paso debido a su situación de casado, tenía un muy buen trabajo, exitoso, parecía ser el tipo de persona que cualquiera querría tener como pareja, excepto por un detalle, estaba enamorado de su esposa y sus hijos eran su adoración. Tenía mucha experiencia, era un hombre de mundo, mientras yo era un tímido y modesto provinciano sin experiencia en el medio, tenía un trabajo que apenas me permitía cubrir mis necesidades básicas, muy lejos del tipo de trabajo que él tenía, de la ropa que usaba, de las lociones caras que usaba, era desenvuelto, desenfadado, extrovertido, sonriente casi siempre, y al hacerlo se le dibujaban un par de hoyuelos en las mejillas, tenía el pelo quebrado aunque lo usaba muy corto, y un gran bigote que enmarcaba una sonrisa franca.

Tendríamos unos dos meses de estar viéndonos cuando me propuso pasar un fin de semana en la hoy CDMX, yo acepté con mucho gusto. Nos vimos un sábado por la tarde, él puso como pretexto a su esposa una invitación de un cliente suyo. Pasó por mí al punto donde quedamos en vernos en su auto, al llegar a la ciudad nos dirigimos a la colonia Roma, buscó un hotel donde nos hospedamos, atardecía y salimos a caminar. Era para mí una experiencia nueva, le estaba muy agradecido, todo parecía nuevo. Me llevó a cenar a un restaurante elegante, yo que solo estaba acostumbrado a comer en lugares de comida rápida y de tacos, él me hacía sentir especial. Después de cenar caminamos y encontramos el teatro Silvia Pinal, la obra que estaba en el teatro era “La Jaula de las Locas”. Yo había visto la película original, él me propuso entrar a verla, compró los boletos y entramos. Durante la función me tomó de la mano, ambos nos divertimos mucho, era la primera vez que yo veía una obra con esta temática, para aquel tiempo era una apuesta arriesgada pero funcionaba muy bien, la forma como lo trataban era muy natural, y él era casado y tenía hijos.
 
Al salir del teatro fuimos a un antro que ya no existe, bailamos, tomamos y nos fuimos al hotel donde tuvimos una noche de caricias y sexo, una noche de amor, porque yo estaba enamorado. Al día siguiente regresamos a Cuernavaca, me dejó en donde siempre y se fue a su casa. Por una noche me sentí especial, querido, amado por alguien extraordinario, él tenía muchas cualidades a mi vista. Sin embargo esto no duró. En el mes siguiente él decidió que esto había llegado muy lejos y que no podía poner en riesgo su matrimonio por andar de cabrón con otro hombre. Sí, debo decir que lloré, pero también debo decir que esa era una relación que no tenía ningún futuro. A veces uno se aferra de cosas que no son reales, de imposibles, que de seguir adelante hubiese terminado en un juego donde todos hubiésemos perdido algo. Aquí realmente no perdí nada, porque nunca me prometió nada. Solo pasamos juntos un buen tiempo, si yo llegué a entender otra cosa fue el costo de mi aprendizaje. Él solo me dijo que ese fin de semana nunca lo iba a olvidar…

Han transcurrido 23 años desde entonces, han pasado muchas cosas. No solamente a mí me han roto el corazón algunas veces, yo también he roto algunos corazones en el camino. Abrí mi perspectiva, conocí el medio, supe de desamor, y también de amor, conocí algunas personas que valieron la pena, otras que no, tuve tropezones, caídas, errores, y algunos aciertos. A veces es difícil reconocer cuando uno se equivoca, o cuando uno acierta, a veces solo con el transcurso del tiempo nos damos cuenta si estamos bien, o si estamos mal. Ya no soy joven, la persona que era hace 23 años ha quedado muy atrás y casi no la reconozco en mí. Hace algunos años conocí a una persona más joven que yo, el proceso de conocerla fue muy complicado al principio, ambos teníamos un carácter muy difícil el cual poco a poco fuimos moldeando y entablamos una relación de pareja.

La semana pasada tuve unos días libres, decidimos ir a la CDMX. Han vuelto a poner en escena “La Jaula de las Locas”, quise volver a verla con quien es mi pareja actual, 23 años después de la primera vez. A veces pareciera que las historias se repiten, pero no es así. No solo cambian los protagonistas de la obra, también yo he cambiado y ahora me acompaña alguien para quien no soy un amante ocasional, ahora voy con quien es mi pareja por elección propia y libre. Lo hacemos sin ocultarnos, sin temer por el mañana. Y así como la obra se ha modernizado, también ha cambiado la forma como ahora la vemos. Ahora soy yo quien tiene un hijo, ahora soy yo quien es mayor que mi pareja. Y al regresar mañana a nuestra vida habitual, no lo haremos para regresar cada quien a su vida individual, regresaremos a casa, donde estaremos juntos, para seguir haciendo nuestro día a día juntos.

Ya no es un solo fin de semana, un sábado por la tarde para regresar un domingo temprano, ya no hay incertidumbre por no saber cuándo nos volveremos a ver. En la CDMX caminamos juntos, tuvimos un tiempo más amplio para hacer más cosas, para visitar más lugares, para encontrarnos con buenos amigos, para recorrer la ciudad. Al anochecer llegamos al teatro, la obra “La Jaula de las Locas”. Hoy en la CDMX es legal el matrimonio entre personas del mismo sexo, algo que hace 23 años parecía imposible. La obra tiene hoy más significado, y es el marco para reflexionar cómo el tiempo nos ha cambiado y cómo se ve hoy la vida, y al volver la vista atrás queda un camino lleno de vicisitudes, de cosas rotas, de cosas construidas, de años que nos han cambiado. Veo el desarrollo de la obra, pero también lo veo a él, con esa mirada alegre que le conozco, con ese gusto por las cosas simples, por estar juntos cuando todo parecía estar en contra.
 

Salimos del teatro y lo abrazo, la ciudad se ve luminosa por las luces de Navidad que la adornan, vamos a cenar a un lugar agradable y después caminamos hacia República de Cuba, el bar Oasis ha vuelto a abrir, estamos un rato y optamos por ir a algún otro lugar para tomar una cerveza, luego nos vamos al hotel. Esa noche nos amamos, de la forma como se aman quienes saben que tienen todo el tiempo por delante, con la embriaguez de algunas cervezas encima, con los sentimientos que nos han hecho estar juntos. Cuando todo pasa él se acurruca en mi pecho para dormir, platicamos de lo mucho que nos gustó la obra de teatro, encontramos situaciones nuevas que son parecidas en algunas cosas a nosotros mismos, en un último susurro antes de quedar dormidos él me pregunta: “¿y si tenemos un hijo juntos?”… Esa pregunta me llena de alegría y expectativas y con esa idea me duermo imaginando escenarios futuros donde la vida parece ser eso, un sueño, que sin embargo hoy puede ser una realidad.

Por: Martín Soloman

14 de diciembre de 2016

Papá Oscar

Esa noche ocurría algo raro, había salido con mis compañeros de clase de la Universidad a un antro y se nos había unido un joven llamado Oscar que era pretendiente de una de mis compañeras. Desde el comienzo me buscaba mucho para platicar y eso le molestaba a mi compañera Laura, se le notaba en la mirada, era muy evidente que ese joven tenía cierta atracción hacia mí, pero yo fingía no darme cuenta y solo seguí bailando, bebiendo y disfrutando con mis demás amigos, pero en el transcurso de la noche todos comenzaron a irse a sus casas, cuando me di cuenta ya solo quedábamos Oscar, Laura y yo. También yo tenía cierta atracción hacia Oscar, era muy varonil, de muy buen aspecto, era delgado, de brazos fuertes y tenía un bigotito que lo hacía ver muy atractivo, me parecía curioso que aunque pretendía a Laura, que era una chica muy guapa, todavía se acercaba mucho a mi persona y me decía cosas al oído, a veces no entendía lo que me decía porque la música estaba muy alta y en una ocasión hasta su bigote rozo mi oreja, eso me excito mucho y me estremeció. Sin embargo, hasta ese momento jamás me propuso nada sexual, pero su forma de verme, de tocarme y el interés en lo que yo decía parecía otra cosa. Cuando nos quedamos solo los tres, les dije que tenía que irme, eran las tres de la mañana y estaba seguro que Laura no se había ido antes sólo porque veía lo que pasaba entre nosotros, todo el tiempo nos había estado observando, sentía su mirada de desagrado hacia mí. Cuando les dije que ya me iba, nos salimos del antro y nos dirigimos a los taxis, pero en el camino la mamá de Laura le marco al celular, la regaño y le dijo que ya tenía que volver a su casa, entonces cuando paramos el taxi, Oscar dijo que ese taxi era para Laura, nos despedimos de ella y se fue, viendo como nosotros nos quedábamos.

En cuanto ella se fue, Oscar me invito a su casa con el pretexto de tomar la última chela, yo con curiosidad acepte ir, él vivía con su familia en un edificio y en la azotea del último piso se podía estar tomando, fuimos hasta allá, con un paquete de cervezas, hablamos de muchas cosas y estuvimos muy a gusto, de pronto él me dijo que tenía frio y me abrazo, también lo abrace y gire mi cabeza para ver si alguien nos observaba, cuando volví mi rostro, el me dio un beso y yo lo acepte, incluso lo disfrute, me dijo que desde que me había conocido esa noche le atraje mucho, yo no sabía que decirle, aun no procesaba por completo lo que estaba pasando, pero me gustaba. Entonces me dijo que le gustaría tener sexo conmigo, le dije que no podía hacerlo, primero porque aún no había estado con nadie de mi mismo sexo, a pesar de mis 26 años, y que no podía hacerlo, él me dijo que si yo quería podía penetrarlo a él, pero que primero quería ver cómo era mi herramienta, cuando tímidamente se la mostré se le pego y me dio la mamada de mi vida, jamás me habían dado tanto placer, tenía la boca más experta que yo hubiese conocido, nunca más nadie me la mamo de la misma forma, no aguanté mucho y me vine en su boca, lo cual me gusto bastante. No acepte penetrarlo, aunque me mostro su culito, le dije que sería para otra ocasión y me despedí de él.

Al siguiente día, Laura ya me había contactado a mi celular, me había enviado un mensaje de texto para averiguar si me había quedado con su pretendiente, pero solo me limite a decirle que me fui a mi casa después de ella, lo cual seguramente no creyó. Después me contacto Oscar y me dijo que no me preocupara por ella, que solo no le contara de nosotros. Me quede pensando… ¿había un nosotros? A esas edades, creo que todos estamos en un estado de ensoñación y de alguna forma me gusto escuchar eso de él. Esa misma tarde nos volvimos a ver y me llevo a su casa, sus padres habían salido a una fiesta, me dijo que no se llevaba bien con ellos y evitaba esos compromisos sociales, solo estaba con su hermano pequeñito, el cual mando a ver tv en el cuarto de sus padres, mientras yo le puse una buena cogida en el suyo. Después de esa primera vez, comencé a verlo más seguido para eso. Tener sexo con él se me hizo una adicción, lo hacíamos casi a diario en cualquier lugar que se pudiera. Mientras tanto, en la universidad ya no sabía cómo ocultar ante Laura que me veía con Oscar, ella se distancio de mí y en una ocasión mientras platicaba con otra compañera, la otra le preguntaba cómo iba con Oscar, entonces ella le respondió mirándome, “me lo gano un putote, ahora anda con él, resulto ser puto también”.

Como era de esperarse, debido a mi poca o nula experiencia, me enamore de Oscar ya que durante un tiempo las cosas parecían algo perfecto, nos veíamos casi a diario y disfrutábamos mucho lo que teníamos, nunca hablamos de ser una pareja, pero era como si lo fuéramos, cuando nos veíamos no solo teníamos sexo, también íbamos al cine o hacíamos otras actividades, pero de pronto, después de un tiempo ya no estaba para mi, ya no contestaba mis mensajes y comencé a ponerme muy ansioso, pues dejo de buscarme, me decidí a espiarlo y descubrí que andaba con otro chavo, eso me entristeció mucho, pero seguí tratando de verlo, aunque era obvio que él tenía mucha experiencia haciendo eso y ya me había sustituido por alguien más, yo aún me negaba a aceptarlo.

Me parecía que todo había acabado muy rápido, pero yo no estaba dispuesto a que todo terminara tan fácilmente. Creo que uno siempre se clava mucho con la primer persona con la que se tiene sexo, así que un día fui a buscarlo al departamento donde vivía, yo no conocía a sus padres, siempre que fui con Oscar ellos no estaban porque trabajaban durante el día. Me recibió su mamá, era una mujer de unos cuarenta y tantos, muy guapa, le dije que era amigo de su hijo y que estaba buscándolo porque ya tenía mucho tiempo que no nos veíamos y no tenía su número, me invito a pasar y me presento al papá de Oscar, que también tenía el mismo nombre que él, cuando vi al Sr. me pareció tremendamente guapo, era un hombre de unos 40 años, de muy buen cuerpo, piel morena y de rasgos muy varoniles de cabello abundante y muy negro con un pequeño mechón plateado a un costado de su cabeza, entonces comprendí por qué razón Oscar era tan atractivo. La mamá y el pequeño hermano de Oscar se fueron y me dejaron con su papá, él me dijo que su hijo no tardaría, que lo esperara y me invito a sentarme a su lado mientras veíamos el foot ball. Me ofreció un refresco y se levantó del sillón donde estaba sentado para ir al refrigerador y pude ver sus enormes nalgas, era obvio que hacía mucho ejercicio. De pronto olvide a Oscar y me concentre en su papá, era el señor más atractivo que jamás había visto. Como a mí también me gustaba el foot ball, me asegure de demostrárselo al señor y terminamos haciéndonos buenos amigos esa tarde, me dijo que sabía que a Oscar no le gustaba el foot ball, pero que si yo quería me invitaba a jugar un partido que tenía con sus amigos para el siguiente sábado, acepte con mucho gusto. No busqué ya a Oscar, era como si comenzara a borrarse de mi cabeza, ahora quien estaba en mi mente era su papá, con esa figura y ese enorme y delicioso trasero. Esa tarde, cuando me despedí del Sr., le pedí que no le dijera a Oscar que lo había ido a buscar, el Sr. sólo me respondió con una sonrisa y me dio un apretón de manos. Tiempo después Oscar se fue a estudiar a los Estados Unidos y ya nunca volvió.

Los días pasaron y llego el tan esperado sábado, cuando vi al Sr. Oscar, no pude evitar tener una erección, llevaba un short que le quedaba muy ajustado a sus nalgas y piernas musculosas, jugamos un buen rato y demostré que sabía jugar muy bien, lo cual me garantizó que me invitaran a sus siguientes partidos. A pesar de la diferencia de edades me recibieron muy bien y me invitaron a tomar la chela con sus amigos, eran puros señores de unos cuarenta y tantos, entre los cuales destacaba el Sr. Oscar por ese cuerpazo, al final me dijo que me daría un aventón a mi casa y yo muy contento acepté. Durante el camino la conversación se complicó un poco, el Sr. Oscar me dijo que ahora que me conocía mejor, no entendía por qué yo era amigo de su hijo, éramos muy distintos, esa pregunta me puso en aprietos, pero de alguna manera la sortee, él observaba mis reacciones a sus preguntas. Incluso me dijo que yo era más parecido a él que su propio hijo, yo estudiaba la misma carrera que el Sr. y Oscar parecía no interesarse en nada, entendí que su relación padre-hijo no era buena. De alguna manera, el hecho que el Sr. Oscar me dijera que éramos parecidos me gustaba, sentía que yo le agradaba y eso era mucho para mí, me gustaba estar a su lado, aunque jamás pudiera tener algo con él. Así seguí yendo a jugar cada sábado con él y sus amigos.

Cierto día al regresar del foot ball en su coche, se detuvo cerca de un gimnasio al que me dijo que iba y me pidió que lo acompañara, porque quería darse un baño antes de llegar a su casa, que yo también podía hacerlo si quería. Entramos al gimnasio y había poca gente, me comento que ese lugar le pertenecía a un amigo de él y que no había problema en que yo entrara también. Nos dirigimos a las regaderas y lo que había fantaseado durante varios días se cumplió en ese momento, se desnudó ante mí con toda naturalidad y me invito a hacerlo también para que ambos nos quitáramos el mal olor, sin dejar de platicar me siguió preguntando más cosas de mi. De pronto me pidió que le tallara la espalda, y yo me acerque y se la comencé a tallar, él me seguía platicando mientras yo tenía una erección, en cierto momento acerqué mi pene a sus nalgas y lo rocé. Él dejó de hablarme y se volteó mirándome de frente, se veía serio, quizá enojado, su respiración era agitada, yo me había propasado, el deseo me había ganado, esperaba un golpe en cualquier momento… y de pronto, él cayó de rodillas y sin decir nada me mamó la verga, no lo esperaba, el señor sabía lo que hacía, luego se incorporó y me dio la espalda para ofrecerme su delicioso culo, con esas enormes nalgas, lo cual yo disfrute como nunca.


Esta vez las cosas eran diferentes, estaba ante un hombre maduro que sabía lo que quería, sin decir que era homosexual, bisexual o lo que fuera, solo me dijo que cada vez que nos viéramos podíamos repetir lo mismo, que me iba a inscribir en ese gimnasio y que por supuesto también debía seguir yendo a los partidos de futbol con sus amigos. Desde entonces he dejado de salir con compañeros de mi edad, me parecen muy inmaduros, buscando solo la diversión del momento, saltando de una persona a otra, divirtiéndose en el antro de moda y probando nuevas experiencias. Yo prefiero alguien ya experimentado, que no tiene prisa en saber cómo disfrutar, que tiene una plática más interesante, y un cuerpo madurado por la experiencia, porque a partir de entonces el Sr Oscar y yo somos los mejores amigos del mundo, aunque ya han pasado diez años de eso… Pronto me casare con una hermosa chica, adivinen quien será mi padrino de bodas…

Por: Tigrillo Serch