PAGINAS

19 de julio de 2017

Amores Prohibidos

Amores prohibidos

“Amores prohibidos que vienen y van
que nunca se han ido
que no volverán
Amores que matan que duelen de más
amor de mentiras, amor de verdad
acércate más...” (Amores prohibidos, Elefante)


¿Cómo comenzó? Hace ya 18 años de esta situación, una que, aún al día de hoy sigue ocurriendo…

Recuerdo perfectamente ese día, terminando las clases, toda la familia se reunió junto con una gran cantidad de gente de las comunidades cercanas para observar la inauguración oficial de un nuevo pozo de agua que cubriría la necesidad del vital líquido en muchos lugares y el cual fue un evento donde todo el mundo acabó mojado como parte del festejo.

Ese mismo día, en la tarde, el resto de mi familia había salido, no recuerdo a donde ni nada, yo era el único en casa y, como solía hacer cuando se presentaba esa oportunidad, me dediqué a ver caricaturas aunque, con tan mala suerte que la recepción de la televisión apenas me permitía distinguir unos cuantos manchones de color, mismos que tras tratar de interpretar por varios minutos, finalmente me llevaron a darme por vencido e ir a ver si en su casa había mejor recepción.

No recuerdo ya por qué fui con él exactamente, había vecinos más cercanos y con los que me llevaba mejor en ese tiempo, con él, desde que tenía uso de razón, nos la pasábamos peleando y, aún a tan corta edad ya nos habíamos agarrado a golpes en más de una ocasión pero, como sea, esta vez fue distinto, bastante diferente a lo que yo esperaba y es que, al llegar a su casa y él salir a abrirme, lo vi como nunca antes lo había visto, vestido únicamente con un short, su moreno pecho ya tenía los rasgos de un adolescente, su frente estaba cubierta de sudor por el excesivo calor y su usual sonrisa no tenía el característico toque de burla que usualmente reconocía en él cuando lo veía en la escuela, acompañado siempre de sus amigos a los que, al igual que él, yo consideraba unos simples imbéciles…

Me invitó a pasar y a ponerme cómodo mientras que él despausaba su videojuego y continuaba como si no hubiera sido interrumpido, no me preguntó el motivo de mi visita ni nada aunque, al notar mi inquietud, cambió el cartucho del viejo Nintendo frente a él y puso el clásico tetris para que pudiéramos jugar los dos, yo tomé el segundo control y, sentándome a su lado mientras observaba sus piernas que ya empezaban a cubrirse de vello, comenzamos a jugar, no sin que yo le hiciera el comentario, más bien inocente, de que me resultaba raro verlo así a lo que él respondió con una sonrisa que el calor era excesivo y la mojada de unas horas lo había dejado con mayor deseo de refrescarse aún y sin ganas de usar ropa alguna aunque, por mi llegada, se había puesto apresuradamente el short para cubrir sus partes más íntimas, una confesión que me resultó inesperada y me hizo sentir incómodo, más cuando, agarrándose el pene por encima del short, me cuestionó sin pudor alguno si quería comprobar que no traía ropa interior…

Mis dudas fueron grandes, estaba frente a uno de los más grandes abusadores de la escuela, alguien muy cercano a mí y que me había hecho la infancia de lo más dura posible pero, al final, la curiosidad fue mayor así que asentí levemente, de una manera apenas perceptible mientras él, sin dejar de sonreír, se bajaba el short apenas lo suficiente para revelar los vellos que recién comenzaban a surgir antes de sugerir que nos fuéramos a su cuarto ya que ahí habría más privacidad y ante lo cual, asentí como un autómata, siguiéndolo hasta ese lugar en donde, sin pena alguna, me ayudó a desnudarme hasta quedar en ropa interior para luego quitarse frente a mí el short revelando al fin una verga morena enorme y gruesa, misma que, tras contemplar unos momentos, tomé entre mis manos y empecé a sacudirla torpemente sin que él pusiera objeción alguna sino que, por el contrario, pedía más así que, aislando mis dudas, acepté chuparla, algo que, al menos en mi caso, no era la primera vez que lo hacía aunque sí me resultaba particularmente difícil dado su descomunal grosor así que, tras unos minutos, la retiré de mi boca a la vez que él, para mi sorpresa, se ponía de rodillas frente a mí y me devolvía el favor anterior introduciendo mi erecto miembro entre sus labios, algo que nunca nadie antes había hecho y que me hizo estremecerme en una sensación de placer por varios minutos antes de que él volviera a sentarse en la orilla de la cama indicando que quería que me sentara en sus piernas y frotara mis nalguitas contra su enorme pene, algo que no dudé en hacer aunque sabiendo que, al menos en ese entonces, resultaba imposible que algo como eso entrara en mi aún virgen ano como enseguida pudimos comprobar aunque eso no le molestó en lo absoluto, se limitó a moverme como quiso sin dejar de acariciar mi entrada con la punta de su verga hasta que al fin, súbitamente y sin decir nada ni hacer ningún ruido, me cubrió mi trasero de su esperma, tras lo cual y aún sin hablar, ambos nos vestimos y volvimos a jugar videojuegos como si nada hubiera pasado, esa fue la primera vez…

A partir de ese día, nuestros encuentros siguieron repitiéndose en muchas y diversas ocasiones, al menos una vez por semana me buscaba o yo a él y teníamos ese contacto, intercambiábamos sexo oral y luego jugaba con mi trasero hasta venirse mientras que yo me masturbaba aunque él nunca se preocupó por saber si yo acababa o no, durante mucho tiempo yo sólo fui su objeto e incluso, en la escuela, nuestra rivalidad no sólo continuó sino que, cuando él empezó a tener novias y los rumores sobre mi timidez se corrieron, se volvió aún más marcada, cuando estábamos solos yo le reclamaba pero él siempre me decía que era mejor así para no despertar sospechas de nadie sobre lo que pasaba entre nosotros aunque eso no evitó que, en una ocasión, su madre descubriera que había algo raro ya que llegó de improviso y, aunque ambos nos vestimos de inmediato, él no se puso su ropa interior y ella la vio tirada bajo la cama cuando entró a mi cuarto, nunca supe que le dijo ni nada pero, a partir de ese momento, se aseguró de jamás dejarnos solos de nuevo durante bastante tiempo mientras que a mí, me dejó de hablar por completo a menos que fuera absolutamente necesario.

Un año después de eso y con nuestros esporádicos encuentros cada vez más separados, llegó el momento de tomar caminos distintos, él se fue a estudiar a México, yo a Pachuca y ambos sabiendo que, si acaso, nos veríamos los fines de semana de haber oportunidad, no hubo despedida ni nada, simplemente dejamos de vernos de un día para otro pero, apenas a unos meses de haber iniciado esa nueva vida y con los celulares recién surgidos, volvió a mandarme mensajes cada noche y, por primera vez, conocí a la persona detrás del abusador, hablábamos por horas de la soledad que sentíamos lejos de nuestras familias, de cómo nos iba en nuestras carreras y, desde luego, de lo que haríamos si estuviéramos juntos, teniendo largas pláticas mezcla de erotismo y amistad que, posteriormente, seguíamos en los fines de semana en que lográbamos vernos, a veces con sexo incluido cuando nuestras familias se ausentaban.

Fue por esas épocas cuando él, una noche, me convenció de hacer algo distinto al fin, ya no nos bastaba nuestro juego sexual común, queríamos algo más y, tras buscar un lugar lejano de donde pudiéramos ser descubiertos, me entregó su virginidad siendo él pasivo por primera vez, algo que jamás esperé aunque, a partir de ese día, se repitió en varias ocasiones a pesar de que él mismo negaba disfrutarlo pero decía que no le quedaba de otra ya que yo me seguía negando a ser penetrado.

Con el tiempo, los mensajes, las llamadas e incluso los encuentros se fueron haciendo cada vez más distantes, él siempre fue el sociable y el popular y, una vez que tuvo una relación estable con una mujer, yo acabé siendo desplazado justo cuando empezaba a tomarle cariño pero, sabiendo que lo nuestro desde un principio había sido imposible, seguí adelante, formé mis propias relaciones con otros hombres, viví por primera vez lo que era ser pasivo con una verdadera pareja, supe lo que se sentía amar a alguien y sufrir por alguien mientras que él, supongo, también tuvo sus vivencias aunque siempre en el lado heterosexual de la vida.

Una noche, tras casi un año de haber dejado de vernos, llegó a mi casa, un poco borracho y notoriamente triste, su novia lo había dejado y tenía problemas con sus padres, me pidió que lo hiciéramos pero a mí ya no me nació hacerlo, fue cuando al fin me di cuenta, muy tarde, de que lo había querido y, simplemente, me limité a abrazarlo para darle consuelo mientras él lloraba, irónicamente, la noche en la que yo le dije que ya no quería estar con él fue también la noche en la que él me dio mi primer beso justo antes de despedirse y salir de mi casa sin que yo hiciera nada por detenerlo. A los dos o tres días recibí un mensaje suyo, simplemente un agradecimiento por haberlo apoyado y una petición de que oyera la canción con la que empecé este relato, la única que me dedicó.

Con el paso del tiempo y aunque aún nos veíamos en reuniones familiares y situaciones por el estilo, ambos superamos esa faceta de nosotros, yo me junté en 3 ocasiones, él se casó con la que aún ahora es su esposa, tuvo dos hijos e incluso se metió a estudiar en la universidad en la que yo daba clases, siendo mi alumno durante 3 años y, a pesar de que eso obviamente aumentó de nuevo la convivencia al grado de él llevarme a la escuela cada sábado ya que yo no tenía carro en ese tiempo, nunca hablamos de lo que pasó entre nosotros hasta hace poco, cuando, tomando y jugando ajedrez como acostumbramos hacerlo cada fin de semana desde hace más de dos años, su mano resbaló hasta mi pierna…

Ya en ese momento, ya es de sobra sabido que yo soy gay mientras que, de él, nunca se ha sabido que haya tenido encuentro alguno con otro hombre pero, al sentir ese roce, supe de inmediato lo que quería y, aunque llevábamos casi diez años sin hacerlo, nuestros cuerpos se adaptaron casi de inmediato de nuevo, por primera vez supe lo que era ser pasivo con él, su verga, que antaño me parecía enorme, ahora se desliza con facilidad dentro de mí, sus brazos me sostienen mientras me hace recibirlo de espaldas a él, se sorprende al notar que ahora sí busco mi propio placer, masturbándome hasta eyacular en el piso mientras él, gimiendo como antes no solía hacerlo, se vacía en mi interior y ya está, nos subimos los pantalones y volvemos a lo de antes como si nunca hubiera pasado nada pero la sonrisa cómplice sigue ahí, antes de irse me pregunta si volveremos a hacerlo a lo que yo simplemente le contesto “wey, estoy soltero y me hace falta, no te hagas pendejo y visitame cuando gustes.”


¿Lo amo? No creo ¿Me gusta estar con él? Sí, más de lo que me gusta admitirlo ¿Por qué no luchar más? Porque, como ya lo dije al principio, es un amor prohibido, la persona con la que he estado de manera intermitente durante ya 18 años no es más que mi primo…


Enviado como anónimo
 Julio 2017


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Comentarios:


Gracias por comentar