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17 de agosto de 2017

¿Quieres ser mi cu...?

Un chacal, el sueño sexual por excelencia de una gran mayoría de homosexuales, ese gusto inconfesable para muchos, carente de estilo, de elegancia, de glamour, con un bajo nivel educativo y carente de buen gusto, de gestos toscos, brusco en su trato, desapegado, desprovisto de sentimientos de denoten una flaqueza, pero provisto de una alta carga sexual, convertido en un objeto de deseo, como si se tratara de un platillo exótico de condimentos autóctonos y fuertes que desde el primer bocado son un golpe a los sentidos, como si fuera un trago de aguardiente que de inmediato calienta el cuerpo, una experiencia que no se tiene a menudo, pero que cuando sucede provoca una embriaguez sexual casi inmediata.


“¿No quieres ser mi culito?”, eso fue lo que me dijo cuándo lo conocí, sin más rodeos, sin más pretensiones, frente a mi tenía a un hombre que me parecía muy sensual, era como el tipo de chacal que yo había imaginado en mis fantasías... de pronto, no supe que decir.

Fue uno de esos días extraños en que algo cambia en la rutina diaria de trabajo, una tarde en que el hastío de la cotidianidad hace que desees cambiar de rumbo en la vida, y que por lo menos lo haces cambiando de calle al regresar a casa, esa tarde caminé hasta encontrarme con el viejo cine porno que aún subsiste entre tiendas que se modernizan, ahí, al final del pasillo viejo y olvidado compré mi boleto. Me quedé en la entrada pasando las cortinas rojas y derruidas del acceso para acostumbrar mis ojos a la oscuridad. A mi lado de vez en cuando alguien pasaba mirándome de arriba abajo y haciendo el cálculo mental del potencial de sexo que pudiera representar, cuando de repente apareció ante mí, un chacal, moreno, una mochila de trabajo al hombro, un pantalón de mezclilla gastado y una camisa con las mangas arremangadas y tres botones abiertos, bigote y zapatos tipo industriales, estaba recargado en una pared frente a mí, pero mis ojos aún no se acostumbraban a la oscuridad y al poco tiempo lo perdí de vista.

Cuando mis ojos por fin me permitieron ver en la oscuridad, traté de buscarlo pero no pude ubicarlo, así que comencé a dar vueltas por todo el cine, al pasar por los asientos del frente lo encontré, estaba sentado mientras otro estaba de rodillas frente a él haciéndole sexo oral, él me miró con una mezcla de diversión y egolatría, casi podía adivinar diciéndome con la mirada “ni modo, ya te ganaron”. No me gusta hacer mal tercio así que me alejé y me quedé a mitad del cine en un pasillo que separaba la parte superior del cine, algunos se me acercaban pero al ver que no les hacía juego se iban a buscar alguien más dispuesto. Al cabo de un rato el chacal se había levantado del asiento y estaba al otro extremo del pasillo donde yo estaba, lo miré y dudé un poco en acercarme, finalmente lo hice hasta quedar a unos pasos de él. Me volteo a ver, se tocó el miembro en clara invitación, lo toqué, tenía la verga dura, le bajé el cierre del pantalón, lo que vi y toque entre penumbras, era algo que pocas veces había presenciado, el chacal la tenía grande, gruesa, y muy estética. Sin que me importara que los demás me vieran, me puse de rodillas frente a él y me dejé llevar en una explosión de placer.

Cuando todo pasó me levanté y quise platicar con él, no me dijo gran cosa, me pareció que quería abrazarme pero pronto sus manos fueron a mis nalgas apretándolas con fuerza mientras me decía “que buen culo tienes”.  En ese punto de mi vida siempre me había considerado inter, cuando me dijo eso mi instinto me habría hecho rechazarlo y alejarme, pero hubo algo en él que me hizo detenerme, lo miré con una sonrisa nerviosa mientras él me hacia la pregunta con la que inicie este relato. Cuando no supe que decir, agarro mi mano y la puso de nuevo en su enorme verga y pregunto “¿no te gustaría disfrutar diario de algo así?” No respondí de nuevo y entonces le pedí un beso, pero como buen chacal, dijo que él no besaba, mientras me esquivaba al tiempo que apretaba con más fuerza mis nalgas. Era hora de irme pero intercambiamos números de teléfono. Por esos días tenía un viaje, estaría fuera de la ciudad, a mi regreso no sabía si verlo o no, pensé que quizá nos viéramos una vez más, quizá una vez en otro lugar que no fuera el cine, un lugar donde tuviera la privacidad suficiente para tener sexo sin prisa, así que a mi regreso le llamé, quedamos de vernos cierto día, acordamos el lugar, la hora.

Ese día llegó con una gorra gastada, pantalones rotos y una expresión seria, indiferente, casi molesto, me miró por un momento sólo para estar seguro que fuera yo la misma persona de la oscuridad del cine y luego no me miró más, dijo muy poco de sí mismo, que solo podía estar conmigo un rato, que era albañil, mientras caminaba mirando al frente. En ese momento pensé por primera vez que no había sido buena idea haberlo citado, que quizá podría ser peligroso, pero la calentura de la vez anterior fue más fuerte y llegamos al cuarto de hotel. Él sólo se quitó la camisa mientras me miraba de frente, su cuerpo no era musculoso pero si firme, a ambos lados de su cintura, bajo su abdomen se dibujaban unas líneas y al centro se asomaba el vello púbico, todo eso me había excitado mucho, pero su presencia también me ponía nervioso le desabroché el pantalón y entonces el objeto de mi deseo saltó a mi vista, ahora podía ver su miembro con la luz del atardecer que se filtraba por la ventana, tiempo después supe que su verga era su orgullo, y si, de verdad pocas veces había visto alguien que tuviera una verga que me gustara mucho estéticamente. Me desnudé por completo y me hinqué para hacerle sexo oral, él no decía nada, sólo me miraba mientras sus manos buscaban mis nalgas. Creo que siempre he sido malo para hacer sexo oral y esta vez no era la excepción pues pronto me quitó para voltearme y empujarme boca abajo en la cama, se quitó el pantalón, buscó un condón y me penetró sin decir más, sólo gemía de placer, parecía tener un vocabulario muy limitado pues solo repetía “eso me gusta” y “que rico culito me estoy chingando”.

A mí, me gusta que cuando me penetran tenga yo libertad de masturbarme, porque aun cuando llego a hacer el rol de pasivo mi centro de placer sigue estando en mi miembro, y así es como eyaculo, pero él no me dejaba incorporarme, cada que lo hacía imponía su cuerpo sobre el mío para que estuviera totalmente acostado boca abajo sin poder tocarme el miembro, mientras me penetraba en una sensación que iba más al dolor que al placer al no poder masturbarme. Luego lanzó un gemido y eyaculó. Sin decir nada se levantó y se fue a bañar. Después me bañe yo, cuando salí él ya estaba vestido, le dije que me esperara para salir juntos, lo hizo mientras veía la televisión. Yo no había tenido orgasmo y eso me pareció frustrante. Pero al despedirnos en la calle, me dijo: “el día que nos conocimos, antes de que entraras al cine yo ya te había visto y entre después de ti, tenía que hacerte mío, ese culito que tienes es mío, ya lo era antes de que me conocieras, porque lo que yo veo y deseo siempre llega a ser mío, nos vemos pronto, cuídamelo”, me quedé estupefacto y no supe que decir, mi mente estaba shokeada, ¿quién era este pendejo que se creía dueño de mí? Me molesto mucho, sin embargo, muy en el fondo, temiendo siquiera reconocer ese sentimiento, me gustaba la idea de que alguien así de varonil se fijara en mí, me sentí estúpido y me fui a casa resuelto a ya no verlo más, ante todo tenía mi orgullo.

Pasaron varios días y yo seguía pensando en él, la verdad es que si me había gustado mucho, pero también alcanzaba a percibir el tipo de hombre que era, muy machista y posesivo, lo que también no me gustaba es que la mayoría de esos hombres ni siquiera se perciben como homosexuales y eso ya de por si es todo un problema, no tenía ni las ganas ni el tiempo como para tratar con alguien así y eso que aún no lo conocía. A los 5 días de haberlo visto, me contactó, me envió un mensaje donde me decía que me esperaba a las 6 de la tarde para entrar al hotel de la vez pasada. Me empute de nuevo porque ¿quién se creía este wey, como para disponer de mi tiempo, cuando se le antojara?, ni siquiera me pregunto si podía, le dije que no podía y respondió que ya estaba planeado que me esperaba a esa hora. Como ustedes se imaginaran, ahí estuve puntual, cuando me vio llegar se dibujó una sonrisa que ilumino su cara, me pareció tan atractivo y supe en ese momento que ya había caído en sus redes. Este wey me había conquistado, quise darle el culo de inmediato.

Entramos al hotel y me puso una pinche cogida bien rica, después de hacerme beso negro, comenzó cogiéndome patitas al hombro, pero luego me tomo de una forma increíble, nadie me había cogido de esa forma, me agarro ambos pies a la altura de los tobillos y comenzó como a esquiar con mis piernas, mientras pegaba y restregaba su pelvis contra mi culo en movimientos circulares, se había recortado el vello púbico y cuando me tenía bien penetrado sus bellos rozaban mi ano de forma que me estimulaban y de esa forma también me pude masturbar, de manera que casi nos venimos al mismo tiempo. Me gustó mucho la forma en la que me miraba mientras me cogía, tenía una mirada que variaba a veces era fuerte, dominante y por momentos tierna, pero siempre con placer. Esta vez se mostró más expresivo y me veía al rostro, me dio a entender que yo le gustaba y quería seguirme viendo y efectivamente nos vimos muchas veces y comenzamos a conversar por mensajes, de manera que al mes de habernos conocido, yo solo estaba esperando el momento para vernos de nuevo, nunca me ofreció ser mi pareja o algo así, solo me decía que no me molestara si llegaba el momento en que ya no sintiera interés en mí, pues casi siempre dejaba de interesarse en la gente a los seis meses, yo no le decía nada, pero cada vez que lo veía, rogaba que no cumpliéramos los seis meses.

Cierto día, cuando nos vimos, me reclamó que un amigo suyo que supuestamente me conocía le dijo que me había visto muchas veces en el cine porno, y que iba a que me cogieran. En ese punto no había un compromiso entre ambos, no puedo decir que éramos pareja, porque sólo era sexo ocasional, pero a sus ojos,  yo le pertenecía, mi culo le pertenecía, y era como una propiedad de él. Y aunque yo era inter, nunca me habían cogido en el cine, pero no tenía credibilidad para él. Le pedí que llevara a su amigo a una plaza comercial que adoptamos como el punto de encuentro, y que frente a mí me dijera esas cosas, después de unas llamadas me dijo que sí y acordamos el día. Lo esperé un tiempo, sólo llegó él, a su amigo según le había surgido algo familiar y no había ido. Eso me molestó mucho. Ese día cada uno emprendió el camino de regreso por senderos opuestos, solos, ese día no hubo hotel a donde ir. Ya no quise verlo más, estaba decidido a sacarlo de mi vida de una vez para siempre.

Pasó el tiempo, bloquee su número, deje ese asunto por la paz, en el fondo sabía que estaba inconcluso, pero preferí evadirlo y no tratarlo más, ya pasaría y lo olvidaría por completo. Pero cierto día al entrar a un oxxo me encontré con él, estaba pagando en caja un par de six de cervezas, lo vi y recordé las veces en que ese cuerpo y esos brazos me tocaban y me daban placer, el placer que nadie me había proporcionado, él me reconoció y me dirigió una mirada de superioridad, cínica, burlona, de inmediato recordé la forma en la que me había tratado, solo como un objeto de su propiedad y volví a experimentar la terrible furia que antes ya había sentido. Me di vuelta y me dirigí a mi auto, él salió después de mí y entonces pude ver una expresión de tristeza, agachó su rostro y caminó hacia mí, se detuvo y me dio su número de teléfono en un pequeño papel, me dijo que seguramente lo había borrado y que quería verme en otro lugar más discreto para disculparse conmigo, de la forma adecuada, me dijo que sólo había podido ver una parte de lo que él era y que sería mejor que nos viéramos otro día para hablar bien, me dijo que estaba muy apenado conmigo y que aunque no lo creyera, pensaba mucho en mí. Vi sus ojos y me parecía muy creíble. Acepte el papel y le dije que después le llamaría. No sé qué hacer, aunque siento deseo por él creo que siento algo más por él, pero mi raciocinio dice que no es lo mejor para mí. ¿Ustedes que me sugieren?


Anónimo
Editado por: Martín Soloman

















1 comentario:

  1. Wow cada quien tiene experiencias....pero tu solo sabes cual elejir...yo paso x lo mismo

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Comentarios:


Gracias por comentar