Confieso que desde muy joven he sido sexualmente muy activo, he tenido
sexo en cuatro paredes y al aire libre, con uno, con dos, con diez al mismo
tiempo, he hecho el amor y he tenido sexo incógnito de una sola vez, con
solteros y casados, con hombres y mujeres, con jóvenes y adultos mayores, en
carros, autobuses, aviones y trenes, en vapores, baños, moteles y cuartos
oscuros, en fiestas y funerales, en comedores, barras de bares y escritorios de
oficina, a oscuras y con luz, iluminados por reflectores, velas o la luz de la
luna, en ríos, cascadas, albercas y el mar, sobre un catre, escaleras y en una
piedra, en camas de agua, de resortes y de esponja, sobre las sábanas de
esposas, de hijos, de papás y hasta abuelas, mientras muerden el último peluche
que le regalaron a su hija, a su novia o su novio, incluso ese que conservaban
desde niños y hacen recordar el primer amor, he quitado, roto y desgarrado
pantaletas, bikinis, tangas, truzas, boxers, suspensorios, bodys, lycras y
trajes de baño, he retirado con desesperación corbatas, trajes, sombreros,
botas, tenis, huaraches, tirantes, lentes, cadenas, arneses y esposas, en esa
desesperación he reventado muchos botones de camisas, he descompuesto cierres
de pantalones y chamarras, he probado y dejado que me prueben, he visto y
dejado que me vean, he amado y dejado que me amen, pero tenía que encontrarte a
ti.
Si pensabas que está historia era sobre mí, déjame decirte que no, está
historia es sobre ti que te has cruzado en mi camino, que sin importar todo
este pasado y mis muchas cicatrices has decidido jugártela conmigo, que te
diste el chance de conocerme a pesar de escuchar todo lo que te han dicho de mí,
que sabes de mi basta experiencia sexual pero que es más tu cariño hacia este
hombre.
En la primera vez no pasó nada y creo que eso fue un buen comienzo; que
te podía mostrar yo de sexo que los demás no pudieron decirte ya de mí, en
cambio decidiste llevarme a un lugar donde ningún otro cuerpo me había llevado
y eso volvió más especial esa noche, hoy al verte aquí, recostado junto a mí,
en mi cama, sobre mis sábanas, mientras veo como duermes con tu cuerpo desnudo
y sudado, despidiendo ese aroma que sólo se genera después una buena sesión de
sexo, roncando, mientras yo fumo un cigarrillo corriendo la cortina de la
ventana para que el humo no te moleste, dejando entrar un poco de luz
proveniente de un foco solitario de la calle; recordando lo que pasó hace un
momento cuando te penetraba se te escapó un te amo acompañado de la mirada más
sincera que había visto, después hiciste como que no dijiste nada y continuabas
gimiendo entrecortadamente y repitiendo que te gustaba mucho mi verga y que te
diera más duro, pero yo lo escuché muy bien, lo dijiste y más raro que al
terminar y llenar tu pecho peludo de semen no pude más que corresponder tu
sinceridad con un grito que resumía mis sentimientos en ese momento, yo también
te amo B, después quedamos abrazados mezclando nuestros líquidos y sudor.
No sé qué va a pasar mañana, sólo se lo que siento hoy y como disfrute
este encuentro que ya tienen 6 meses que vienen ocurriendo, volteas, estas
despierto, me preguntas porque estoy junto a la ventana y no abrazándote,
vuelvo a la cama contigo y pienso que no tengo pasado, que eres la primer
persona que logra tocar una parte más profunda de mí; se que mañana te
levantaras temprano porque es domingo y debes oficiar el servicio dominical en
la parroquia, lo que me lleva a mi última duda… ¿puede un hombre de fe enamorarse de un pecador?
Anónimo
Compartido por: Martín Soloman

Que buen relato, mi debilidad, Los sacerdotes.
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