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15 de noviembre de 2017

Yo... ¿pecador?

Confieso que desde muy joven he sido sexualmente muy activo, he tenido sexo en cuatro paredes y al aire libre, con uno, con dos, con diez al mismo tiempo, he hecho el amor y he tenido sexo incógnito de una sola vez, con solteros y casados, con hombres y mujeres, con jóvenes y adultos mayores, en carros, autobuses, aviones y trenes, en vapores, baños, moteles y cuartos oscuros, en fiestas y funerales, en comedores, barras de bares y escritorios de oficina, a oscuras y con luz, iluminados por reflectores, velas o la luz de la luna, en ríos, cascadas, albercas y el mar, sobre un catre, escaleras y en una piedra, en camas de agua, de resortes y de esponja, sobre las sábanas de esposas, de hijos, de papás y hasta abuelas, mientras muerden el último peluche que le regalaron a su hija, a su novia o su novio, incluso ese que conservaban desde niños y hacen recordar el primer amor, he quitado, roto y desgarrado pantaletas, bikinis, tangas, truzas, boxers, suspensorios, bodys, lycras y trajes de baño, he retirado con desesperación corbatas, trajes, sombreros, botas, tenis, huaraches, tirantes, lentes, cadenas, arneses y esposas, en esa desesperación he reventado muchos botones de camisas, he descompuesto cierres de pantalones y chamarras, he probado y dejado que me prueben, he visto y dejado que me vean, he amado y dejado que me amen, pero tenía que encontrarte a ti.

Si pensabas que está historia era sobre mí, déjame decirte que no, está historia es sobre ti que te has cruzado en mi camino, que sin importar todo este pasado y mis muchas cicatrices has decidido jugártela conmigo, que te diste el chance de conocerme a pesar de escuchar todo lo que te han dicho de mí, que sabes de mi basta experiencia sexual pero que es más tu cariño hacia este hombre.

En la primera vez no pasó nada y creo que eso fue un buen comienzo; que te podía mostrar yo de sexo que los demás no pudieron decirte ya de mí, en cambio decidiste llevarme a un lugar donde ningún otro cuerpo me había llevado y eso volvió más especial esa noche, hoy al verte aquí, recostado junto a mí, en mi cama, sobre mis sábanas, mientras veo como duermes con tu cuerpo desnudo y sudado, despidiendo ese aroma que sólo se genera después una buena sesión de sexo, roncando, mientras yo fumo un cigarrillo corriendo la cortina de la ventana para que el humo no te moleste, dejando entrar un poco de luz proveniente de un foco solitario de la calle; recordando lo que pasó hace un momento cuando te penetraba se te escapó un te amo acompañado de la mirada más sincera que había visto, después hiciste como que no dijiste nada y continuabas gimiendo entrecortadamente y repitiendo que te gustaba mucho mi verga y que te diera más duro, pero yo lo escuché muy bien, lo dijiste y más raro que al terminar y llenar tu pecho peludo de semen no pude más que corresponder tu sinceridad con un grito que resumía mis sentimientos en ese momento, yo también te amo B, después quedamos abrazados mezclando nuestros líquidos y sudor.


No sé qué va a pasar mañana, sólo se lo que siento hoy y como disfrute este encuentro que ya tienen 6 meses que vienen ocurriendo, volteas, estas despierto, me preguntas porque estoy junto a la ventana y no abrazándote, vuelvo a la cama contigo y pienso que no tengo pasado, que eres la primer persona que logra tocar una parte más profunda de mí; se que mañana te levantaras temprano porque es domingo y debes oficiar el servicio dominical en la parroquia, lo que me lleva a mi última duda… ¿puede un hombre de fe enamorarse de un pecador?


Anónimo
Compartido por: Martín Soloman

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