Abro la puerta, los dos se acercan, puedo ver en sus expresiones el gran
respeto que ambos me tienen, uno es mi hijo, el otro joven es mi ahijado, los
amo a los dos, representan en mi presente lo que más quiero, aun por encima de
otros familiares, ellos condensan todo lo que en mi vida fue lo más importante.
Saben que esta época de diciembre, es una época que me duele, que me recuerda
cosas muy tristes, pero esta vez será diferente. Voy a tornar el dolor en
alegría, transformare la tristeza en gozo y disfrutare los últimos años que me
quedan, estoy envejeciendo rápidamente, mi cuerpo se está transformando y sé
que quizá ya no viva muchos años más, las dolencias me aquejan mucho. Aunque
ahora ellos son hombres jóvenes y fuertes, ambos tienen 27 años, los dos me dan
un abrazo y un beso en la mejilla, siempre fue esa la costumbre en nuestras
familias y no puede ser de otra manera.
Todo empezó precisamente hace 27 años, cuando conocí al padre de mi
ahijado. Él laboraba en un taller mecánico y hacia un muy buen trabajo, en ocasiones
pasaba a que le diera servicio a mi vehículo, el dueño era un hombre prepotente
que gustaba de ridiculizar y maltratar a sus trabajadores, Pascual era uno de
los que tenían que soportarlo, lo hacía con paciencia, hasta que un día ya no
pudo más y discutió con su patrón frente a mí, pero el patrón tenía todo el
poder y en ese momento lo corrió. Me irrito mucho que su patrón le faltara el
respeto de esa forma y que lo corriera, pero no podía meterme en una discusión
ajena. Aun así le dije a Pascual que le tenía una propuesta de trabajo,
quedamos de vernos unas horas más tarde. Después de eso, de pronto me di cuenta
que quizá me había apresurado, yo no tenía un trabajo para él, el giro del
negocio que yo manejaba no tenía nada que ver con el trabajo que el realizaba.
Pero le había prometido algo y yo estaba dispuesto a cumplir, no sabía cómo,
pero improvisaría.
Esa misma tarde, cuando nos reunimos de nuevo, me di a la tarea de
conocer mejor a Pascual, aunque lo había visto muchas veces en su trabajo y
habíamos platicado brevemente, nunca habíamos tenido una plática significativa,
así que en esos momentos mis pensamientos estaban centrados en averiguar qué
clase de persona era, cuáles eran sus puntos fuertes, para saber que podía
ofrecerle yo, esperaba poder encontrar la forma de colocarlo en algún empleo.
Sin embargo, con frecuencia me perdía en sus ojos, eran unos ojos muy bonitos y
yo disfrutaba solo de verlo, estábamos en una pequeña cantina en las afueras de
la ciudad, él me había llevado ahí. Me dijo que no me preocupara por
encontrarle un trabajo, que me agradecía el que hubiese estado ahí en la
discusión con su ex patrón, que él había entendido que eso que había dicho yo,
solo era para apoyarlo en ese momento y que no esperaba que yo le resolviera su
vida. Que él me admiraba mucho, que le parecía que yo era todo un tipazo,
siempre bien vestido y muy gallardo, un caballero y que consideraba un honor
que estuviese con él en ese momento compartiendo como amigos. Me sentí
halagado, estaba disfrutando de una cerveza con un hombre muy sincero, de esas
personas que cuando platican hablan con el corazón, que no están maquillando su
mundo, sino que hablan con la verdad y que siempre es refrescante saber que
opinan de uno, al hablar sin miramientos. Le agradecí sus palabras y seguimos
conversando, conociéndonos mejor y disfrutando del alcohol y la compañía que
ambos nos dábamos. Después le dije que si le parecía bien, podíamos ir a un
hotel y llevar cervezas para seguir tomando y así no molestar a nuestras familias
en sus casas, al fin era viernes, yo al siguiente día no trabajaba y el ya no
tenía trabajo. Solo sonrió, me paso el
brazo por el hombro y nos salimos de la cantina rumbo al hotel.
Esa fue una de las mejores noches de mi vida, después de platicar
bastante llegamos a un punto en el que nos quedamos en silencio, estábamos en
la cama semidesnudos, con pantalones, pero sin camisa, entonces él se puso
triste y comenzó a llorar, me dijo que no se había equivocado conmigo, que era
todo un tipazo y que me agradecía mucho el que estuviese ahí platicando con él
y tratando de ayudarlo, que con eso ya era mucho para él, lo abrace y le dije
que yo le había prometido algo y lo cumpliría, me sentí conmovido con su
sinceridad y sus lágrimas. De pronto yo le di un beso en la frente, él no se
apartó y entonces me aventure a darle un beso en la mejilla, nuevamente lo
acepto y finalmente le di un beso en la boca, el cual correspondió moviendo sus
labios, ambos disfrutamos ese beso y sin más palabras nos despojamos de la ropa
y nos fundimos en un solo cuerpo. Yo estaba muy complacido y aun no me lo podía
creer, me parece que hasta la borrachera se me quito, fue así como me dormí
soñando un futuro lleno de felicidad al lado de esta persona que ya amaba y que
ahora conocía de una forma más íntima y claro que haría todo lo que pudiera por
ayudarlo, a partir de ese momento ya era parte de mi vida.
Nos conocimos en un momento difícil de nuestras vidas, aunque yo era
mayor que él por varios años, ocho para ser exactos, recién me acababa de casar
más por presiones de mi familia que por convicción propia, mi mujer tampoco era
tan joven y creo que para ambos era algo así como el último tren, como se dice
comúnmente. Pascual por su parte tenía algunos años de casado, desde adolescente
conoció a su novia y se casaron muy jóvenes, sin embargo no tenían hijos,
aunque lo habían intentado su esposa tenía algunos problemas y le era difícil
embarazarse y cuando lo había hecho el producto no se había logrado. Yo siempre
había sabido lo que yo era, y siempre había tratado de ocultarme, disimular lo
que era, tenía mucha presión familiar y social para casarme, cuando lo hice
todos respiraron aliviados, todos menos yo. Y aunque había tenido mis
experiencias sexuales, desde que me casé no había tenido ya nada que ver con un
hombre, hasta esa noche en que estuve con Pascual nuevamente. No dijimos mucho
de lo que había pasado pero creo que para él tampoco era su primera vez, creo
que ambos nos dejamos llevar bastante bien a pesar de estar tomados. Después
cada quien volvió a su realidad, una realidad que a partir de entonces ambos
hicimos todo por cambiar.
Después de ese día en que estuvimos juntos por primera vez, yo traté de
buscarle un trabajo con mis conocidos, tenía algunos contactos y fue con uno de
ellos que le conseguí un trabajo. En mi casa le hable a mi esposa de Pascual
como un amigo en problemas con el que me sentía responsable de ayudar. Poco
tiempo después Pascual me dijo que su esposa estaba embarazada, ya tenía más de
tres meses y sus embarazos anteriores no habían llegado a ese tiempo, estaba
feliz, como todo hombre que desea trascender a través de un hijo, por suerte ya
tenía acceso a un servicio médico por medio de su trabajo. Sin embargo, a pesar
de que su familia estaba por crecer sentía que eso nos estaba uniendo más,
compartía conmigo su alegría y varias veces conforme el embarazo de su esposa
avanzaba, terminaba celebrando conmigo en algún hotel. Para entonces su esposa
ya me conocía y de alguna forma agradecía el que hubiese ayudado a Pascual,
creo que eso me hizo ganarme su confianza. Unos pocos meses después mi mujer me
dijo que estaba embarazada. Ahora tenía algo en común con Pascual.
Fue un mes de Junio cuando nació su hijo, fue un proceso complicado pero
llegó a buen fin, los doctores le dijeron que difícilmente podría tener otro
hijo sin que su vida corriera peligro. Creo que fue en ese momento cuando
tomaron la decisión de no tener más hijos. Hasta entonces yo nunca había
experimentado sentimientos paternales, me molestaban las impertinencias y
berrinches de los niños, pero cuando nació el hijo de Pascual lo vi de una
forma nueva, estaba orgulloso, contento, parecía que no tenía ojos más que para
su hijo, recuerdo que cuando lo fui a visitar me lo dio para que lo cargara, en
otras circunstancias quizá era algo que yo habría evitado hacer, lo veía tan
pequeño, tan frágil, lo abracé y tuve un sentimiento hasta entonces
desconocido, de protección, de querer trascender así como Pascual lo estaba
logrando a través de su bebe. Y fue el mes de Octubre siguiente cuando nació mi
hijo, mi mujer no tuvo ningún problema, sólo estuvo una noche en el hospital y
al día siguiente a casa, como si nada. A Pascual le dio mucho gusto, vino a
visitarnos y recuerdo que me abrazó con complicidad, algo sabíamos que los
demás no, algo nos estaba uniendo más.
Nos hicimos compadres, fueron tiempos nuevos para ambos, comenzamos a
pasar más tiempo juntos, muchas veces el motivo por el que nos veíamos era para
comprar algunas cosas para los niños, un juego de ropa o algún juguete, era
curioso ver a dos hombres comprando cosas para niños, sólo él y yo sabíamos a
dónde íbamos después de eso. Nuestra relación iba madurando cada vez más,
haciéndose mucho más cercana. No ocurría lo mismo con mi esposa, pues poco
tiempo después nos separamos, la vida de casado no era para mí, ella se quedó
con mi hijo al cual yo veía de vez en cuando mientras fue un niño, cuando creció
las cosas fueron diferentes, el me buscaba y yo también, fue así como
desarrollamos una muy buena relación, eso me tenía satisfecho y en paz con mi
conciencia, quizá no era el padre perfecto, pero mi hijo me aceptaba tal y como
lo había podido criar y además me respetaba, lo cual significaba mucho para mí.
A partir de mi divorcio, creo que las cosas comenzaron a funcionar mejor
en mi vida. Me libre de las ataduras que durante mucho tiempo no me dejaron
ser, me fui a vivir lejos de mi familia, aprendí a cocinar y otras cosas que ni
yo mismo me hubiese permitido antes, me aleje de las personas que pensaban de
una forma muy tradicional y eso implico apartarme de todos mis hermanos y
hermanas, me acepte como homosexual ante ellos y fue así como ya no fui bienvenido
en sus casas. Pero no me importo hacer algunos sacrificios, pues me quede con
las únicas personas que me importaban más en la vida, el gran amor de mi vida,
Pascual, mi hijo y mi ahijado. Ellos y quienes los acompañen, siempre serán
bienvenidos en mi casa. Extrañamente la esposa de Pascual nunca tuvo problemas
conmigo, ella siempre me mostro respeto y cuando por alguna razón tuve que ir a
su casa, siempre fui bien recibido. Pascual era muy bromista y me decía que no
había ningún problema, porque a sus dos esposas las tenía satisfechas, a cada
una le daba lo que necesitaba y no tenían por qué pelear por él, entender su
sentido del humor no había sido fácil.
Vivimos muchos años de esa forma, Pascual iba y venía de sus dos casas,
su esposa y yo lo compartíamos y yo pensaba que jamás terminaría la dicha que estaba
viviendo, hasta que un 23 de diciembre del año pasado, las cosas cambiaron, mi
ahijado me llamo muy temprano, me dijo: “padrino, siéntese por favor, mi papá
está en el hospital…” ese fue el principio, dos días después murió como
consecuencia de un derrame cerebral. Cuando eso pasó entré en una profunda
depresión, Pascual siempre había estado conmigo, habíamos vivido tantas cosas
juntos y ahora, de pronto, ya no estaba conmigo, me dolía mucho, me sentía muy
triste, sentía que aún había muchas cosas por hacer juntos, que tenía tantas
cosas que decirle, y ahora no había nadie a quien gritarlas. Durante mucho
tiempo me sumí en la depresión, a cada momento en cualquier calle me parecía
verlo, me dedique al alcohol. Hasta hace poco que fui a terapia, pude hablar y
como resultado de eso, estoy trabajando con mis sentimientos y emociones, poco
a poco estoy dando un nuevo significado a los sucesos que me parecían
catastróficos en mi vida, escribir esto es parte de éste proceso, escribimos
para entender las cosas, para tratar de darle un significado a la vida.
Ahora veo las cosas de forma diferente, me doy cuenta que nada de lo que
tenemos en esta vida es nuestro realmente, las personas y las cosas solamente
nos son prestadas, podemos disfrutarlas mientras las tenemos, pero en algún
momento pueden ya no estar, insistir en que las cosas vuelvan a ser como antes
no nos servirá de nada, estaremos en un eterno dolor del cual nadie nos podrá
sacar. Es mejor ser prácticos y darle el justo valor a las cosas, quedarnos con
las vivencias que tuvimos y buscar otras nuevas que nos permitan seguir
viviendo de forma satisfactoria. Ahora lo entiendo, aun me quedan mi hijo y mi
ahijado, puedo vivir por ellos, disfrutarlos y quizá más adelante la familia
crezca, solo deseo que si eso pasa mientras yo tenga vida, aun pueda
disfrutarlo.
Esta tarde mi hijo y mi ahijado han llegado a mi casa a visitarme, se
han tardado un poco en entrar, los escucho discutiendo pero no alcanzo a
escucharlos, luego se quedan callados, entonces les abro la puerta y ellos se
acercan a mí a saludarme, todo está bien, los recibo con mucho afecto. Ellos no
lo saben, pero hace un momento, antes de que se dieran cuenta que había abierto
la puerta, los vi en la entrada de la casa terminando su discusión con un beso
en la boca…
Adaptado por: Tigrillo Serch
Bueno eso quiere decir que la Historia continua.....rso creo .aparte del dolor..
ResponderEliminarSe me inundaron los ojos de lágrimas...
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