20 de diciembre de 2017

Pascual

Abro la puerta, los dos se acercan, puedo ver en sus expresiones el gran respeto que ambos me tienen, uno es mi hijo, el otro joven es mi ahijado, los amo a los dos, representan en mi presente lo que más quiero, aun por encima de otros familiares, ellos condensan todo lo que en mi vida fue lo más importante. Saben que esta época de diciembre, es una época que me duele, que me recuerda cosas muy tristes, pero esta vez será diferente. Voy a tornar el dolor en alegría, transformare la tristeza en gozo y disfrutare los últimos años que me quedan, estoy envejeciendo rápidamente, mi cuerpo se está transformando y sé que quizá ya no viva muchos años más, las dolencias me aquejan mucho. Aunque ahora ellos son hombres jóvenes y fuertes, ambos tienen 27 años, los dos me dan un abrazo y un beso en la mejilla, siempre fue esa la costumbre en nuestras familias y no puede ser de otra manera.

Todo empezó precisamente hace 27 años, cuando conocí al padre de mi ahijado. Él laboraba en un taller mecánico y hacia un muy buen trabajo, en ocasiones pasaba a que le diera servicio a mi vehículo, el dueño era un hombre prepotente que gustaba de ridiculizar y maltratar a sus trabajadores, Pascual era uno de los que tenían que soportarlo, lo hacía con paciencia, hasta que un día ya no pudo más y discutió con su patrón frente a mí, pero el patrón tenía todo el poder y en ese momento lo corrió. Me irrito mucho que su patrón le faltara el respeto de esa forma y que lo corriera, pero no podía meterme en una discusión ajena. Aun así le dije a Pascual que le tenía una propuesta de trabajo, quedamos de vernos unas horas más tarde. Después de eso, de pronto me di cuenta que quizá me había apresurado, yo no tenía un trabajo para él, el giro del negocio que yo manejaba no tenía nada que ver con el trabajo que el realizaba. Pero le había prometido algo y yo estaba dispuesto a cumplir, no sabía cómo, pero improvisaría.

Esa misma tarde, cuando nos reunimos de nuevo, me di a la tarea de conocer mejor a Pascual, aunque lo había visto muchas veces en su trabajo y habíamos platicado brevemente, nunca habíamos tenido una plática significativa, así que en esos momentos mis pensamientos estaban centrados en averiguar qué clase de persona era, cuáles eran sus puntos fuertes, para saber que podía ofrecerle yo, esperaba poder encontrar la forma de colocarlo en algún empleo. Sin embargo, con frecuencia me perdía en sus ojos, eran unos ojos muy bonitos y yo disfrutaba solo de verlo, estábamos en una pequeña cantina en las afueras de la ciudad, él me había llevado ahí. Me dijo que no me preocupara por encontrarle un trabajo, que me agradecía el que hubiese estado ahí en la discusión con su ex patrón, que él había entendido que eso que había dicho yo, solo era para apoyarlo en ese momento y que no esperaba que yo le resolviera su vida. Que él me admiraba mucho, que le parecía que yo era todo un tipazo, siempre bien vestido y muy gallardo, un caballero y que consideraba un honor que estuviese con él en ese momento compartiendo como amigos. Me sentí halagado, estaba disfrutando de una cerveza con un hombre muy sincero, de esas personas que cuando platican hablan con el corazón, que no están maquillando su mundo, sino que hablan con la verdad y que siempre es refrescante saber que opinan de uno, al hablar sin miramientos. Le agradecí sus palabras y seguimos conversando, conociéndonos mejor y disfrutando del alcohol y la compañía que ambos nos dábamos. Después le dije que si le parecía bien, podíamos ir a un hotel y llevar cervezas para seguir tomando y así no molestar a nuestras familias en sus casas, al fin era viernes, yo al siguiente día no trabajaba y el ya no tenía trabajo. Solo sonrió, me  paso el brazo por el hombro y nos salimos de la cantina rumbo al hotel.
Esa fue una de las mejores noches de mi vida, después de platicar bastante llegamos a un punto en el que nos quedamos en silencio, estábamos en la cama semidesnudos, con pantalones, pero sin camisa, entonces él se puso triste y comenzó a llorar, me dijo que no se había equivocado conmigo, que era todo un tipazo y que me agradecía mucho el que estuviese ahí platicando con él y tratando de ayudarlo, que con eso ya era mucho para él, lo abrace y le dije que yo le había prometido algo y lo cumpliría, me sentí conmovido con su sinceridad y sus lágrimas. De pronto yo le di un beso en la frente, él no se apartó y entonces me aventure a darle un beso en la mejilla, nuevamente lo acepto y finalmente le di un beso en la boca, el cual correspondió moviendo sus labios, ambos disfrutamos ese beso y sin más palabras nos despojamos de la ropa y nos fundimos en un solo cuerpo. Yo estaba muy complacido y aun no me lo podía creer, me parece que hasta la borrachera se me quito, fue así como me dormí soñando un futuro lleno de felicidad al lado de esta persona que ya amaba y que ahora conocía de una forma más íntima y claro que haría todo lo que pudiera por ayudarlo, a partir de ese momento ya era parte de mi vida.

Nos conocimos en un momento difícil de nuestras vidas, aunque yo era mayor que él por varios años, ocho para ser exactos, recién me acababa de casar más por presiones de mi familia que por convicción propia, mi mujer tampoco era tan joven y creo que para ambos era algo así como el último tren, como se dice comúnmente. Pascual por su parte tenía algunos años de casado, desde adolescente conoció a su novia y se casaron muy jóvenes, sin embargo no tenían hijos, aunque lo habían intentado su esposa tenía algunos problemas y le era difícil embarazarse y cuando lo había hecho el producto no se había logrado. Yo siempre había sabido lo que yo era, y siempre había tratado de ocultarme, disimular lo que era, tenía mucha presión familiar y social para casarme, cuando lo hice todos respiraron aliviados, todos menos yo. Y aunque había tenido mis experiencias sexuales, desde que me casé no había tenido ya nada que ver con un hombre, hasta esa noche en que estuve con Pascual nuevamente. No dijimos mucho de lo que había pasado pero creo que para él tampoco era su primera vez, creo que ambos nos dejamos llevar bastante bien a pesar de estar tomados. Después cada quien volvió a su realidad, una realidad que a partir de entonces ambos hicimos todo por cambiar.

Después de ese día en que estuvimos juntos por primera vez, yo traté de buscarle un trabajo con mis conocidos, tenía algunos contactos y fue con uno de ellos que le conseguí un trabajo. En mi casa le hable a mi esposa de Pascual como un amigo en problemas con el que me sentía responsable de ayudar. Poco tiempo después Pascual me dijo que su esposa estaba embarazada, ya tenía más de tres meses y sus embarazos anteriores no habían llegado a ese tiempo, estaba feliz, como todo hombre que desea trascender a través de un hijo, por suerte ya tenía acceso a un servicio médico por medio de su trabajo. Sin embargo, a pesar de que su familia estaba por crecer sentía que eso nos estaba uniendo más, compartía conmigo su alegría y varias veces conforme el embarazo de su esposa avanzaba, terminaba celebrando conmigo en algún hotel. Para entonces su esposa ya me conocía y de alguna forma agradecía el que hubiese ayudado a Pascual, creo que eso me hizo ganarme su confianza. Unos pocos meses después mi mujer me dijo que estaba embarazada. Ahora tenía algo en común con Pascual.

Fue un mes de Junio cuando nació su hijo, fue un proceso complicado pero llegó a buen fin, los doctores le dijeron que difícilmente podría tener otro hijo sin que su vida corriera peligro. Creo que fue en ese momento cuando tomaron la decisión de no tener más hijos. Hasta entonces yo nunca había experimentado sentimientos paternales, me molestaban las impertinencias y berrinches de los niños, pero cuando nació el hijo de Pascual lo vi de una forma nueva, estaba orgulloso, contento, parecía que no tenía ojos más que para su hijo, recuerdo que cuando lo fui a visitar me lo dio para que lo cargara, en otras circunstancias quizá era algo que yo habría evitado hacer, lo veía tan pequeño, tan frágil, lo abracé y tuve un sentimiento hasta entonces desconocido, de protección, de querer trascender así como Pascual lo estaba logrando a través de su bebe. Y fue el mes de Octubre siguiente cuando nació mi hijo, mi mujer no tuvo ningún problema, sólo estuvo una noche en el hospital y al día siguiente a casa, como si nada. A Pascual le dio mucho gusto, vino a visitarnos y recuerdo que me abrazó con complicidad, algo sabíamos que los demás no, algo nos estaba uniendo más.

Nos hicimos compadres, fueron tiempos nuevos para ambos, comenzamos a pasar más tiempo juntos, muchas veces el motivo por el que nos veíamos era para comprar algunas cosas para los niños, un juego de ropa o algún juguete, era curioso ver a dos hombres comprando cosas para niños, sólo él y yo sabíamos a dónde íbamos después de eso. Nuestra relación iba madurando cada vez más, haciéndose mucho más cercana. No ocurría lo mismo con mi esposa, pues poco tiempo después nos separamos, la vida de casado no era para mí, ella se quedó con mi hijo al cual yo veía de vez en cuando mientras fue un niño, cuando creció las cosas fueron diferentes, el me buscaba y yo también, fue así como desarrollamos una muy buena relación, eso me tenía satisfecho y en paz con mi conciencia, quizá no era el padre perfecto, pero mi hijo me aceptaba tal y como lo había podido criar y además me respetaba, lo cual significaba mucho para mí.

A partir de mi divorcio, creo que las cosas comenzaron a funcionar mejor en mi vida. Me libre de las ataduras que durante mucho tiempo no me dejaron ser, me fui a vivir lejos de mi familia, aprendí a cocinar y otras cosas que ni yo mismo me hubiese permitido antes, me aleje de las personas que pensaban de una forma muy tradicional y eso implico apartarme de todos mis hermanos y hermanas, me acepte como homosexual ante ellos y fue así como ya no fui bienvenido en sus casas. Pero no me importo hacer algunos sacrificios, pues me quede con las únicas personas que me importaban más en la vida, el gran amor de mi vida, Pascual, mi hijo y mi ahijado. Ellos y quienes los acompañen, siempre serán bienvenidos en mi casa. Extrañamente la esposa de Pascual nunca tuvo problemas conmigo, ella siempre me mostro respeto y cuando por alguna razón tuve que ir a su casa, siempre fui bien recibido. Pascual era muy bromista y me decía que no había ningún problema, porque a sus dos esposas las tenía satisfechas, a cada una le daba lo que necesitaba y no tenían por qué pelear por él, entender su sentido del humor no había sido fácil.

Vivimos muchos años de esa forma, Pascual iba y venía de sus dos casas, su esposa y yo lo compartíamos y yo pensaba que jamás terminaría la dicha que estaba viviendo, hasta que un 23 de diciembre del año pasado, las cosas cambiaron, mi ahijado me llamo muy temprano, me dijo: “padrino, siéntese por favor, mi papá está en el hospital…” ese fue el principio, dos días después murió como consecuencia de un derrame cerebral. Cuando eso pasó entré en una profunda depresión, Pascual siempre había estado conmigo, habíamos vivido tantas cosas juntos y ahora, de pronto, ya no estaba conmigo, me dolía mucho, me sentía muy triste, sentía que aún había muchas cosas por hacer juntos, que tenía tantas cosas que decirle, y ahora no había nadie a quien gritarlas. Durante mucho tiempo me sumí en la depresión, a cada momento en cualquier calle me parecía verlo, me dedique al alcohol. Hasta hace poco que fui a terapia, pude hablar y como resultado de eso, estoy trabajando con mis sentimientos y emociones, poco a poco estoy dando un nuevo significado a los sucesos que me parecían catastróficos en mi vida, escribir esto es parte de éste proceso, escribimos para entender las cosas, para tratar de darle un significado a la vida.

Ahora veo las cosas de forma diferente, me doy cuenta que nada de lo que tenemos en esta vida es nuestro realmente, las personas y las cosas solamente nos son prestadas, podemos disfrutarlas mientras las tenemos, pero en algún momento pueden ya no estar, insistir en que las cosas vuelvan a ser como antes no nos servirá de nada, estaremos en un eterno dolor del cual nadie nos podrá sacar. Es mejor ser prácticos y darle el justo valor a las cosas, quedarnos con las vivencias que tuvimos y buscar otras nuevas que nos permitan seguir viviendo de forma satisfactoria. Ahora lo entiendo, aun me quedan mi hijo y mi ahijado, puedo vivir por ellos, disfrutarlos y quizá más adelante la familia crezca, solo deseo que si eso pasa mientras yo tenga vida, aun pueda disfrutarlo.

Esta tarde mi hijo y mi ahijado han llegado a mi casa a visitarme, se han tardado un poco en entrar, los escucho discutiendo pero no alcanzo a escucharlos, luego se quedan callados, entonces les abro la puerta y ellos se acercan a mí a saludarme, todo está bien, los recibo con mucho afecto. Ellos no lo saben, pero hace un momento, antes de que se dieran cuenta que había abierto la puerta, los vi en la entrada de la casa terminando su discusión con un beso en la boca…


Adaptado por: Tigrillo Serch

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Bueno eso quiere decir que la Historia continua.....rso creo .aparte del dolor..

fenyx22 dijo...

Se me inundaron los ojos de lágrimas...