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25 de abril de 2018

Efrain. 1a parte (Confesiones de una noche)


La noche es el espacio donde se suelen revelar las cosas que a plena luz se ocultan, lo que a la luz del día es de una forma, en la noche suele ser diferente, algunas veces para mal, otras para bien. Esa noche en particular apenas comenzaba, pero yo ya estaba muy sorprendido, aun no lo sabía, pero todavía iban a pasar más cosas que me sorprenderían aún más. Frente a mi estaba una persona a la cual yo no le atribuía la más mínima sensibilidad, siempre había sido para mí una de las personas más nefastas que había conocido en mi vida, un patán. Se trataba del tipo más burlón de mi época de estudiante, siempre me había caído mal desde la primaria y a lo largo de toda la secundaria fue una de las personas que más odie, en el pueblo hay pocas opciones para ir a la escuela y tuve que estar hasta la secundaria en la misma escuela con él, aguantándolo. Hace poco, mi prima, que siempre fue muy popular por ser bonita, había planeado hacer una reunión de ex alumnos, sobra decir que a mí eso siempre me pareció algo ridículo, no me imaginaba teniendo trato con gente que para mí había muerto cientos de años atrás, desde que terminé la secundaria y salí del pueblo para continuar estudiando dejé a todos mis compañeros atrás, no volví a tener contacto con ellos, mis recuerdos de aquella época no eran precisamente agradables y yo no tenía el más mínimo interés en ver a esa gente de la adolescencia, así que cuando mi prima me dijo lo que planeaba hacer, solo para quitármela de encima le dije que si iría, sin realmente planear ir a su dichosa reunión, total lo más seguro es que en esa fecha yo no estuviera en el pueblo.

Hoy en día vivo en la ciudad y solo de vez en cuando voy al pueblo para revisar si todo está bien en la casa de mi familia, la casa de mi niñez y juventud donde crecí y donde ya nadie vive ahí, uno a uno todos mis familiares se fueron yendo, algunos del pueblo, otros de la vida, y la casa quedó sola, las voces y las risas de quienes alguna vez vivimos ahí se apagaron, hoy luce abandonada, perdida entre las construcciones de dos o más pisos que se levantan alrededor, en mudo silencio de la vida que tuvo en el pasado. Cuando voy a visitarla para ver que esté bien solo estoy unas pocas horas, a veces me quedo una noche, pero generalmente me regreso el mismo día que voy, hace mucho que cortaron la luz y todo está lleno del polvo de los años . Pues bien, esa tarde decidí ir al pueblo, tenía unos libros que había olvidado y quise ir por ellos.

De pronto, ya en casa, alguien llegó, era mi prima que iba por mí para la reunión de ex alumnos, lo había olvidado por completo y ése era el día, ya era inevitable, no me podía esconder, tuve que ir con ella a la dichosa reunión, recordé escenas de películas que trataban el tema y me sentí muy ridículo, recordé por ejemplo que algunas de esas películas tratan de cómo los nerds desean presentarse en dichas reuniones como personas triunfadoras y restregarle a las chicas que antes los rechazaron que ahora son exitosos y ellas son unas viejas gordas que no tienen ninguna oportunidad con ellos o las chicas antes feas desean ir ahora que actualmente parecen modelos, llegar a presumir su belleza, en fin nada de eso ocurrió. En mi caso nunca fui ni el más feo ni el más guapo, ni el más burro ni el más inteligente, fui un estudiante promedio y no deseaba demostrar nada, más bien pensaba que ahora éramos personas muy distintas y que quizá ni tenía caso volver a vernos más, algunos de esos ex compañeros ya ni me hablaban, ni recordaba que había sido lo que nos había distanciado. Aun así, me propuse disfrutar en lo posible de esa reunión, me pareció algo muy tranquilo y me sorprendió mucho la sencillez de muchos ex compañeros, había olvidado la sinceridad de la gente de los pueblos y eso fue refrescante, la mayoría fueron muy amables conmigo, así que todo estaba bien  ¿Qué de malo podría ocurrir? Acababa de tener ese pensamiento, cuando llego él.

Efraín, era la persona más desagradable de mi época de estudiante, era muy burlón, y recuerdo claramente como me gritaba cuando me lo llegaba a encontrar en la calle. A mí me decían el potrillo, pero este desgraciado me decía “el Putrillo”, “Potranquita”, etc., tenía una facilidad enorme para poner apodos y se apoyaba en su padre quien era un comerciante en el pueblo y parecían tener bastante dinero, así que su familia disfrutaba de la mejor fama, eran muy presumidos y siempre tenían una actitud burlona para con las demás personas del pueblo, eran personas que no eran agradables para nada. Nunca tuvimos buena relación, durante un tiempo fue novio de mi prima, pero yo jamás me les acercaba cuando estaban juntos, él solo sabía decir estupideces y yo no lo soportaba, no le veía nada que me agradara, solo me parecía un pendejo de rancho con buena posición que no tenía nada más en la cabeza y me parecía que nunca había cambiado. Con el paso del tiempo supe que se casó con una de las viejas más orgullosas del pueblo y al parecer vivían muy bien, era algo que a mí me importaba muy poco, puesto que mi familia se fue a vivir a la ciudad y ya íbamos muy pocas veces al pueblo.

Generalmente cuando yo iba (que no era muy seguido), lo encontraba casi siempre acompañado de otros rancheros en sus caballos y aunque yo trataba de evitarlo, de que no me viera cuando llegaba, parecía que tenía un radar con el cual me interceptaba de inmediato y se acercaba a decirme pendejadas, yo le respondía mal y con el tiempo mejor lo ignore y así fue nuestra relación por años, si es que eso se podría decir fuera una relación. Una vez trate de tener una plática racional con él, pero no respondió bien, no entendía que era lo que pasaba con él pues ya era un hombre adulto, ya no era un adolescente, lo cual me hacía pensar que tenía algo personal contra mí, pero no entendía que era, solo percibía sus burlas y su actitud hostil. El tema que más le gustaba tratar cuando me veía era mi aparente homosexualidad, casi toda la gente del pueblo se casa antes de los veinte años y yo ya tenía treinta y tantos, no me veían con ninguna mujer, aunque por mi aspecto creo que yo no me veía afeminado, los rumores acerca de mi pululaban en el pueblo, en cierta ocasión escuche a una mujer chismosa vecina cercana decir algo al platicar con otras “ya saben lo que dicen, hombre maduro…” no me importaban tanto esas cosas, pues mi vida transcurría en la ciudad y allá las cosas eran distintas. Varias veces se me acerco Efraín en su caballo y bromeando decía que me iba a cuidar, que yo era su noviecita de la ciudad y no podía dejar que una chica tan bonita anduviera sola.

Pero esa noche, Efraín no era la misma persona que siempre había conocido, la risa burlona que siempre estaba dibujada en su rostro ahora reflejaba una calma que antes no le había visto, incluso tenía una expresión muy agradable, al principio de la conversación yo le mostré cierta hostilidad, pero él no se molestó y siguió platicando como si nada, conmigo y con otros que estaban ahí, me di cuenta al platicar que ambos coincidíamos en nuestras ideas políticas y así mi concepto de él como persona comenzó a cambiar, también note que él estaba viéndome de otra forma, comenzó a hablarme con respeto, algo que antes nunca había hecho, seguimos tomando cervezas y eso nos relajó aún más, pero de pronto pensé que no podía dejarme impresionar por el nuevo Efraín que estaba frente a mí, hasta se me ocurrió que debía preguntarle por qué razón siempre pretendía molestarme cuando me encontraba por la calle, pero había otras personas ahí que no quería escucharan eso, así que lo deje para otro momento, seguimos hablando de muchas cosas aparentemente triviales, de libros, de películas y de temas muy variados que no creía que él manejara, los demás en dicha reunión comenzaron a irse, incluso parecía que ni siquiera estaban ahí desde antes, casi toda la reunión habíamos estado platicando solo nosotros dos.

Entonces Efraín me dijo que ya se iba, que si quería me podía dar un aventón hasta mi casa, ya que él pasaría por ahí, realmente mi casa no estaba tan lejos, acepte y  nos salimos, no estábamos muy borrachos, bueno yo me sentía bien y me daba cuenta que él debía aguantar mucho porque no se le notaba casi nada que estuviese borracho, la verdad es que yo estaba disfrutando su compañía y todavía no quería separarme de él. Eran como las diez de la noche de ese sábado, mientras avanzábamos hacia mi casa me dijo que si nos tomábamos por ultimo un six en mi casa y yo acepte gustoso. Entramos a mi casa y nos quedamos en la sala, busqué unas velas y continuamos platicando, comencé a observar su rostro y lo que alcanzaba a ver de su cuerpo y me gustaba, nunca antes lo había visto de ese modo, supongo que lo desagradable que era para mí como persona me impedía ver su atractivo físico y antes de que yo tomara la iniciativa para preguntarle el porqué de su hostilidad hacia mí, él comenzó a tratar el tema, de pronto se puso serio y me dijo que sabía que yo no lo quería nada, que eso que estaba pasando jamás se le hubiera ocurrido que pasaría y entonces me dijo que sabía quién era yo, sabía cuáles eran mis gustos, eso que dijo me quitó la borrachera, le pregunte a que se refería y me respondió “tú sabes, al sexo” y antes de que pudiera reaccionar, se me acerco, me bajo el cierre del pantalón y metió mano en mi entrepierna, provocandome una fuerte erección que calmo con sus labios, me dijo que yo siempre le había gustado mucho, pero que se daba cuenta de cuánto yo lo odiaba, y que cuando éramos jóvenes torpemente pensó que si se hacía novio de mi prima podría acercarse a mí, lo cual nunca pasó...

Esa noche fue de revelaciones, me entere que todo lo que hacía cuando me encontraba era porque estaba interesado en mí, aunque se daba cuenta que sus burlas nos alejaban más, no podía evitarlo, ni el mismo entendía qué pasaba en su persona que lo hacía actuar así, de alguna manera entendía que esa era la única forma de comportarse que él debía tener y solo se apegaba a eso, su papá siempre le había exigido que fuera fuerte y él como hijo mayor debía seguir el modelo que su papá le había mostrado. Me dijo que siempre me había admirado porque le parecía que yo era muy inteligente, interesante y guapo, que sufrió mucho cuando yo me había ido del pueblo, que pasaron muchos años hasta que por fin me volvió a ver, así que por eso siempre estaba pendiente de cuando volvía, alguien le había comentado que yo regresaba los sábados y decidió tomar por costumbre ir a tomar la chela los sábados por la tarde a la tienda que estaba cerca de mi casa, para poder verme si es que iba. Yo no sabía que decir, no podía creer lo que estaba pasando, la persona que estaba en ese momento conmigo era tan distinta al Efraín que yo conocía, que no podía creerlo. Esa noche cayeron muchas cosas, cayó la imagen que tenía de él, cayeron muchos secretos guardados a lo largo de los años, y cayeron las ropas, quedamos desnudos en cuerpo y como personas, fue inevitable que nos fundiéramos durante ese momento en el que los opuestos de pronto encuentran un punto de unión.

Ahora podía ver la clase de persona que Efraín era, no podía estar mintiendo, todo lo que había pasado entre nosotros esa noche había sido real, hasta habíamos tenido sexo, ahora veía su rostro y me gustaba su expresión, tenía un cuerpo muy bien trabajado, de hombre, justo como a mí me gustaba, el sexo había sido increíble. Aún me costaba creer que un hombre como él, siempre hubiese sentido por mí, eso que acababa de decirme, habían pasado veinte años desde que habíamos terminado la secundaria, tiempo en el que yo había estado muy aliviado de no verlo más. Pensé que lo mejor era rechazarlo, pero de manera discreta, aunque realmente no sabía qué hacer. Si bien me gustaba y me gustaría seguirlo viendo, y era interesante todo lo que representaba, también estaba consciente que en el pueblo lo que recién empezaba entre nosotros no podía ser, era algo que simplemente no podía ocurrir, y ambos teníamos una vida ya hecha, yo en la ciudad y él con su esposa, en el pueblo. Me pidió nos siguiéramos viendo o que por lo menos quedásemos como amigos, debo admitir que todo lo que había escuchado de él en esa noche me había asustado, así que le dije que tenía que irme al otro día temprano, le di mi número de teléfono y le dije que nos comunicaríamos por ese medio, hasta que fuera el momento indicado para vernos. Él se fue a su casa, al salir me dio un abrazo fuerte, prolongado, un abrazo que sabía sólo se da a quien no quiere uno dejar ir, pero ambos teníamos vidas hechas.

Volví a la ciudad, seguí adelante con mi vida, de vez en cuando platicaba con Efraín por mensajes o por llamadas esporádicas, él trabajaba con su papá quien ya era una persona mayor y parecía estar preparándolo para que se hiciera cargo del negocio, lo cual lo ataba cada vez más a su pueblo, un lugar al que yo tenía claro que nunca iba a regresar. De alguna manera yo tenía más experiencia en éste sentido de la vida, siempre había vivido mi sexualidad y sabía cuando algo no tenía futuro, y aunque Efraín me había gustado mucho, sabía que simplemente no podía haber un futuro en el cual estuviéramos juntos. Cuando hablábamos él me preguntaba siempre cuándo volvería yo al pueblo, pero yo lo evadía, y por un tiempo dejé de ir a la casa del pueblo. Tiempo después, durante varios días que se hicieron semanas no supe de él, de pronto dejó de enviarme mensajes y de llamarme, yo no lo busqué, pensé que olvidarnos uno del otro era lo mejor que podíamos hacer, eso me dio la confianza para regresar a visitar la casa del pueblo.

Ese sábado al volver el pueblo se veía diferente, aunque era de día parecía que todas las casas eran más oscuras, las calles tenían más polvo, el calor era más seco. Pasé por la tienda donde vendían cervezas y no vi a Efraín como otras veces, llegué a casa y me puse a hacer mi rutina de revisar todo, ver que los cerrojos estuvieran bien, a cubrir los muebles, medio limpiar el piso, cuando tocaron la puerta, pero no era Efraín, era mi prima, nos saludamos y se dispuso a platicarme las novedades del pueblo como siempre lo hacía, era algo que no me interesaba pero ella siempre lo hacía, cada vez me costaba más trabajo identificar a la gente de la cual me hablaba, hasta que me habló de Efraín, me dijo que había sido el protagonista de un escándalo en el pueblo, que su mujer lo había encontrado en la cama con otro hombre y que su papá le había dado una golpiza y que lo había corrido de su casa, hacía algunas semanas de eso y que desde entonces nadie lo había vuelto a ver, yo me quedé frío, traté de preguntarle lo más que supiera de él pero no supo decirme nada. Cuando se fue y me quedé solo me quedé pensando muchas cosas, lo que él tuvo que haber pasado yo no lo viví, para mí las cosas siempre habían sido diferentes, no tuve la necesidad de casarme para aparentar, ¿A dónde pudo haber ido? ¿Qué había sido de él?

Tomé el teléfono celular y le marqué, no sabía si seguía conservando su número, no sabía si me iba a contestar, pero sentí que debía buscarlo. El teléfono comenzó a llamar y entonces él me contestó: “tardaste mucho en llamarme…”

Por: Tigrillo Serch