PAGINAS

16 de mayo de 2018

Un nuevo inicio, uno muy Positivo


“Amaneció bajo las alas de la muerte
aquellos brazos de hombre que la aprietan fuerte
todavía le late el alma, el corazón no lo siente
Un engaño, dos extraños jugando a quererse
en lo oscuro el amor no puede verse
es que tengas la vida de frente morir o detente…” 
(Angelito, Don Omar)

Aún recuerdo la primera vez que oí de él, fue en la secundaria, una enfermera nos fue a dar un curso básico sobre prevención de embarazos no deseados y enfermedades venéreas que, a pesar de la censura de la maestra, reticente a enseñarle sobre ese tema a sus alumnos, la estuvo presionando para que acabara rápido y aún la vio con molestia cuando nos entregó preservativos a cada uno así como folletos con fotos bastantes desagradables, terapia del miedo le llaman aunque, en este caso particular, no había fotografía alguna, simplemente un dibujo de un ser puntiagudo y oscuro de ojos blancos que bien podría parecer una medusa muy pixeleada o un personaje de videojuegos antiguos, no le di mucha importancia en ese momento…

La segunda vez fue en la preparatoria, clase de biología, el profesor habló de él con tono sarcástico, asegurando que había sido “el castigo divino para maricas, promiscuos y tatuados” ante las risas de mis compañeros y, por primera vez, llamando mi curiosidad acerca de ello aunque, obviamente, no podía preguntar al respecto a una mente tan cerrada como la que tenía frente a mí…

La oportunidad llegó al fin cuando dejé el pueblo para mudarme a la ciudad, algo que aproveché en demasía para resolver muchas dudas sobre temas que, en mi rural comunidad, siempre habían sido tabú, definí mis preferencias sexuales al fin, supe de los riesgos y las enfermedades, conocí canciones sobre el virus (el fallo positivo de Mecano) e incluso vi mi primer serie homosexual que me permitió saber más acerca de él, Queer as Folk, que aún se encuentra entre mis favoritas…

Aún con toda esa información o tal vez a causa de la misma, me aterraba la idea de hacerme la prueba yo mismo sabiendo en el fondo que no siempre había ejercido mi sexualidad de manera responsable pero, cuando decidí juntarme por primera vez, comprendí que no podía seguir evitando tomar responsabilidad por ello así que, finalmente y acompañado por mi entonces pareja, acudí a hacerme la prueba por primera ocasión…

Esa vez, y por falta de recursos, elegimos hacerla en los laboratorios del Seguro Social, lo cual nos trajo una larga y agonizante espera de un mes para los resultados, misma que, para mí, se volvió aún más angustiosa cuando me llamaron por teléfono para solicitarme que fuera en persona aunque, al final, dicha llamada sólo fue para notificarme que habían perdido mi prueba y era necesario hacerla de nuevo, lo cual, si bien me acarreó otro mes de angustia, por fin me trajo alivio al ser el resultado negativo…

Tras este pequeño contratiempo, omití los estudios por dos largos años, estaba en una relación estable y supuestamente monógama aunque, cuando descubrí la infidelidad de mi ex, comprendí que sería nuevamente necesario realizarla aunque en esta ocasión, preferí pagar los estudios para evitarme las largas esperas…

Nuevamente los resultados fueron favorables y, a partir de este momento y dado lo esporádico de mis relaciones, decidí hacerla dos veces al año a manera de costumbre aún durante mis relaciones de pareja ya que, si algo había aprendido de esa primera mala experiencia, fue que aún el más aparentemente fiel, puede tener a otro tras sus espaldas…

Los resultados siempre fueron negativos y también mis cuidados fueron mayores aunque esa espina siempre estaba en mi pensamiento, “¿Qué pasaría cuando no fuera así?” Y aun cuando, por necesidad o lo que sea, me llegué a prostituir, traté siempre de prevenir antes que lamentar, no quería vivir con ello…

No fue hasta hace dos años cuando, ya sin siquiera pensar mucho en el tema, apareció alguien que me hizo plantearme nuevamente la pregunta, la espina y es que él, de quien me empezaba a encariñar, me confesó súbitamente que era positivo y me preguntó si aún con ello aceptaría entablar una relación con él, algo que, a pesar de mis dudas, acabé aceptando bajo la condición de siempre usar protección como, efectivamente hicimos durante los pocos meses que duramos juntos antes de separarnos por diferencias personales…

A partir de ese momento, consideré mi tabú con el virus superado y mi sexualidad fue más plena y libre, sin culpas ni miedos y siempre bajo los cuidados necesarios hasta que, simplemente, en algún momento, supongo dejé de pensar tanto en ello, de preocuparme por ello, error del que, tal vez, ahora me arrepienta…

Llegué a un punto de mi vida en el que la mala economía, la depresión y otras situaciones de salud me hicieron irresponsable, dejé y perdí amistades, abandoné sueños pero también temores y uno de ellos fue precisamente el que me había acompañado toda mi vida desde que me asumí homosexual, dejé de protegerme en todo momento aun sabiendo que, dentro de la ciudad de México, no era igual que en el pueblo donde me había criado hasta que…

En Diciembre, tras un descuido muy fuerte, decidí que era hora de adelantar un poco la prueba, hecha por última vez en Agosto así que acudí a principios de enero a realizarla pero, por la fecha de mi última relación, aún quedaba un periodo ventana, mismo por el cual los resultados no eran del todo fiables y decidieron mandarme a repetirlos nuevamente en Marzo…

En ese mes, repetí la prueba aún con la conciencia de haber sido descuidado un par de veces más pero, para mi sorpresa, me favoreció el resultado por lo que, ahora sé, fue una última ocasión ya que, tres semanas después de eso, súbitamente, en mi primera hora de trabajo, empecé a sentirme muy mal, el frío me parecía extremo, sentía náuseas y, cuando me dieron la posibilidad de retirarme, no pude llegar al metro sin antes pararme a vomitar, no entendía el por qué o quizás, me negaba a aceptarlo…

A partir de ese día, ya no volví al trabajo, me sentía débil, todo me daba náuseas y lo único que podía hacer era estar tumbado en la cama, incluso caminar media calle me provocaba un vómito incontrolable y no fue hasta que mi madre, con todo cariño, fue por mí y me devolvió al pueblo cuando al fin pude consultar a un doctor, mismo que me detectó una fuerte infección estomacal y me atiborró de tantas medicinas que prácticamente dejé vacía la farmacia…

Afortunadamente el medicamento surtió efecto y una vez más pude ponerme de pie y empezar a recuperar el peso perdido pero, en esta ocasión, algo más pasaba en mi cuerpo, podía sentirlo, mi temperatura, usualmente fría, ahora era extrema, me costaba comer ya que nada me sabía cómo antes y mi peso, antes fácil de levantar, ahora me estaba costando demasiado así que al fin, hace cuatro días exactamente, tomé la decisión de una vez más hacer la prueba sabiendo que, justamente, el periodo ventana de mi última relación acababa de terminar…

Y heme ahí, frente al médico, puedo ver la hoja de resultados aún antes de que éste me la enseñe y sí, sé que, dicho vulgarmente, me jodí, ya no hay vuelta atrás y el doctor parece saber por mi expresión que soy consciente de lo que ocurre, no hay una plática previa para prepararme a la noticia, no hay palabras de consuelo ni nada por el estilo, simplemente se limita a decirme “hace dos meses tuviste otro resultado” a lo que asiento sin expresión alguna para luego recordarle el periodo ventana que nos había hecho dudar en ocasiones anteriores, él asiente con aspecto pensativo antes de darme la hoja, la palabra llama la atención de mi vista antes de ver algo que nunca en mis estudios anteriores había visto, un sello con algunas letras que, si bien nunca había usado, conozco bien su terminología…

Regreso al laboratorio y, tras firmar unos papeles, accedo a que mi sangre sea extraída por segunda ocasión en el día, esta vez con otros objetivos, ya sabemos qué es lo que tengo, ahora toca investigar qué es lo que sigue, mi celular vibra en mi bolsillo, mi pareja me marca pero no alcanzo a tomar la llamada ni sé si estoy dispuesto a hacerlo, él ya sabe de mi resultado y, aunque se muestra comprensivo dado que él igual lo tiene, me siento culpable y también lo culpo a él por su idea de una relación abierta…

No es hasta llegar al departamento que compartimos con dos amigos más cuando al fin tengo oportunidad de decir las palabras en voz alta frente a uno de ellos que me pregunta cómo me fue, evito romperme mientras le susurro que soy positivo, él me abraza y me pregunta si los demás lo saben, asiento suavemente pensando en mi pareja y ambos nos quedamos en silencio hasta que el otro llega, también lo admito ante él, tras un año de conocernos y compartir un solo cuarto, casi no hay secretos entre nosotros, me abraza igualmente y no dice más, sabe que es un momento duro…

No es hasta una hora después cuando él finalmente llega, los otros ya se han ido a sus respectivos trabajos pero él, tras haber cumplido con otras obligaciones, está al fin libre para mí, para ponernos al día y hablar…

Conversamos toda la tarde y parte de la noche, hay muchas cosas sin decir en los últimos días, situaciones que nos pudieron haber separado o lastimado y que al fin dejamos salir en nuestra excesiva confianza que no cualquiera comprende, nos abrazamos y, tras dudarlo, al fin dejo salir las lágrimas, en sus brazos me siento protegido y, como él dice, de nada sirve ir de duro ante la vida, me habla de dejar ir la culpa y el miedo, me habla de los procedimientos que siguen y me asegura como yo tantas veces le he asegurado a él que no estoy solo, que sólo es un nuevo principio y que, como a todo, podré hacerle frente, me sorprende que tenga esa imagen de mí ya que es raro que lo exprese pero, al mirarle a esos ojos que tanto me han conquistado, le creo, a pesar de todo, le creo y esa es mi fortaleza… No estoy solo, sólo es un nuevo principio, uno muy positivo…

Historia enviada como Anónimo


2 de mayo de 2018

Sueños rotos

Los últimos tres días han sido de reflexión para mí y aunque ayer no trabaje, hoy miércoles fue un día muy pesado, pero, ¿sabes? creo que el trabajo para mi es más que un medio de ganarme la vida, es también algo que me evita visitar la casa de mis padres, quizá por eso no tomo todos los días de vacaciones a que tengo derecho, porque no quiero estar en casa con la familia. Hace dos años fue que hablé con mi familia y les dije quién era yo en realidad, supongo que lo sospechaban, pero es como esas cosas que sabes que existen, pero que no se quieren saber, y que sólo se vuelven reales hasta que las llamas por su nombre, como esas cosas malignas que esperas nunca sucedan en tu familia y que por ello no las invocas. Pero por fin les dije que yo era homosexual, y aunque al principio aparentemente todos me apoyaron y quisieron ser parte de mi vida, todo fue cambiando con el paso de las semanas, hasta que decidieron volver a no invocar lo que yo era, como si con el hecho de no nombrarlo hiciera que todo desapareciera. Y dejaron de visitarme a mi casa, donde vivo con mi pareja, al que antes identificaban como mi mejor amigo, y dejaron de preguntar por él, dejaron de preguntar por esa parte de mi vida. Y siguieron su vida como si nada hubiera pasado, como si yo no fuera quien soy, y solo así he podido tener una convivencia tranquila con mi familia, ellos no me preguntan y yo no les cuento de mi vida.

Muchos años he visitado la casa de mis padres, aún tengo mi cuarto donde me quedo cuando los visito, tengo muchas cosas de mi época de juventud que realmente no sé para qué guardo. Ayer que no trabajé me propuse sacar muchas cosas que ya no sirven, ropa que ya no me queda (he subido mucho de peso), apuntes y cuadernos de la Universidad, material de capacitación de trabajos anteriores, revistas y cosas que he guardado sin sentido, y entre todas esas cosas me acordé de ti, encontré un juguete para niños pequeños, una esfera hueca con hendiduras y figuras que se deben meter a la esfera por la figura que les corresponda. Fue quizá hace casi veinte años que me la regalaste, ¿lo recuerdas? En ese momento te pregunté para qué me lo obsequiabas si yo ya estaba grande para jugar algo tan simple como eso, me dijiste que me lo regalabas para que, cuando yo tuviera un hijo, jugara con él. Era algo bastante improbable dada mi condición de homosexual, así que sólo lo guardé, como tantas otras cosas, como tantos sueños, como tantas promesas. Hace veinte años aún veía la vida de forma distinta, aún era ingenuo en muchas cosas, y aún jugaba con disfrazarme a ser heterosexual, aún mentía para tratar de ser uno más entre todos.

La presión más grande por casarme y tener hijos venía de mi madre, obsesionada en tener nietos sin más nada que desear, como un proyecto personal de realización de ella misma  más que mío. ¿Recuerdas que durante el tiempo que estuvimos juntos tuve una novia? ¿Y recuerdas que casi me caso con ella? Todo esto lo supiste de primera mano, y aunque sabías que yo te amaba y aún con todo lo que tú me amabas estabas dispuesto a dejar de verme con tal de que yo me casara y pudiera justificar mi vida, después de todo tú estabas casado y tenías cuatro hijos y sabías bien que esa situación no te permitía dedicarme el tiempo que yo te exigía pasar conmigo. Pero no me casé, tuvieron que pasar algunos años más para que hubiera un cambio en mi vida, de eso hace ya quince años y tú ya no lo viste.

Hace quince años tú y yo ya no éramos pareja, fue cuando conocí a la mujer que había de cambiar mi vida, sólo que yo no sabía qué tanto. A veces dicen “ten cuidado con lo que deseas porque se te puede cumplir”, y eso fue exactamente lo que pasó conmigo. Muchas veces las cosas no suceden como uno las piensa, y siempre hay alguien que es más astuto que uno, que le da un giro distinto al que teníamos planeado. Justo al año después de conocer a esa nefasta mujer, en el mes de Febrero recibí una llamada donde ella me decía que estaba embarazada. Eso cambió toda mi perspectiva de la vida, uno de mis sueños estaba por volverse realidad, iba a ser padre. Les di la noticia en casa, mi madre lo tomó con reservas, meses antes la había conocido y no le había agradado, nunca me dijo el por qué, solo me dijo que ella no le agradaba y que me la quitara de encima, que mejor le dijera que yo era puto y la dejara. Cuando le dije que era esa mujer, la que no le había gustado, la que tendría mi hijo, tardó mucho en asimilarlo, hasta que poco a poco lo fue aceptando. Meses después nació mi hijo.

Han pasado catorce años desde entonces, las cosas resultaron un desastre en todos los sentidos. Ella utilizó al hijo como instrumento de chantaje para sacar raja económica de mí. Nunca fue mi intención casarme y siempre fui claro en ese sentido con ella. A partir de que mi hijo nació y lo registré como hijo mío, lo utilizó para forzarme a darle todo, incluyéndome a mí mismo. No cedí y en represalia no me permitió ver más al hijo, al poco tiempo me llegó una demanda por pensión alimenticia. No era por el bien del hijo ya que desde el inicio cuando me dijo que estaba embarazada le había abierto una cuenta en el banco la cual canceló justo antes de demandarme, lo suyo fue una demanda planeada. Y con ello, de repente todo lo que había soñado se hizo añicos. No pude ni meter las manos. Hasta hoy en día, mes a mes lo primero que hago con mi sueldo es separar lo que corresponde a la pensión alimenticia.

Años antes de eso, cuando te conocí eras un padre responsable, muchas veces me asombró la dedicación que les tenías a tus hijos, eran lo que más te importaba. Sabes que en mi caso no tuve padre, nunca me buscó, durante mi infancia y mi adolescencia yo cuestionaba a mi madre el por qué yo no tenía un padre, ella sólo me decía que algún día cuando fuera adulto lo entendería, pero en mi coraje yo me juraba que, si algún día yo tuviera un hijo jamás lo abandonaría. Pero fue hace diez años que vi por última vez a mi hijo y en esa época mi madre me dijo: ”¿ahora lo entiendes?” , “sí”, le contesté, “ahora lo entiendo”. Al inicio dolió, y mucho, pero a diferencia de mi padre del que no tuve ni un peso, yo le he estado dando una pensión alimenticia desde hace doce años, aunque él seguramente no sabe que yo le estoy dando ese dinero, seguramente él me ha borrado ya de su vida y su madre para lo único que me busca es para pedirme dinero. Nunca me habla de él, nunca me cuenta nada de él, nunca lo menciona y sólo pide, exige dinero. Lo que yo soy para ella es, a fin de cuentas, un gran negocio, una tarjeta bancaria con un saldo en un cajero automático.

Durante todos esos años, esa parte de mi vida me permitió de algún modo camuflajear mi condición sexual ante todos, entre mis compañeros de trabajo, entre mi familia, hasta hace dos años en que el cansancio me hizo finalmente decirles quién era, en un punto en que no me importaba ya lo que fuera a pasar. Pero todo eso no lo sabíamos cuando estábamos juntos, cuando compartíamos un cuarto que rentábamos y que era nuestra madriguera, el lugar donde al entrar nos quitábamos esa máscara de “normalidad” y podíamos ser nosotros mismos, donde podíamos hablar de todo lo que teníamos encerrado, donde podíamos compartir nuestros sueños, nuestros proyectos, porque aún éramos jóvenes en ésa época, porque eran más los sueños por realizar que los sueños rotos que hay hoy en día.

Ya ves todo lo que ha pasado en mi vida, lo que ha pasado con todo lo que soñamos alguna vez, todo resultó tan diferente de lo que creíamos, hoy estoy envejeciendo, estoy más cerca del final que del inicio, de alguna forma mi perspectiva de la vida ahora es muy diferente a la que tuvimos en ese tiempo, porque tú no envejeciste, un año antes de que mi hijo naciera tú falleciste de un accidente cerebrovascular, y me quedé con muchas cosas por decirte, con muchas palabras ahogadas. Creo que nunca había sufrido una pérdida tan dolorosa hasta entonces. ¿Sabes algo? uno de los dos nombres que lleva mi hijo es como el tuyo.

Antier fue día del niño, y yo nunca pude festejárselo a mi hijo, no me lo permitieron, no pude festejarle un cumpleaños, una navidad. Es como si nunca hubiese tenido un hijo, sólo una deuda que mes a mes debo pagar por algo que me es ajeno. Quizá por eso les dije lo que era, y con ello mi familia dejó de preguntarme de mi vida, y yo dejé de mentirles. Cuando no estoy aquí con ellos saben dónde estoy, y saben con quién, pero es como si no lo supieran, es como si al salir de aquí yo mismo dejara de existir, y quizá así sea, quizá ni les importo, pero aún me siento con una responsabilidad moral para con ellos, no puedo abandonarlos. La vida duele, sembré en terreno estéril, la vida pasó demasiado rápido, casi sin darme cuenta, cada vez queda menos de mí en el tiempo, los sueños rotos van siendo cada vez menos porque se va dejando de soñar, el destino juega malas pasadas, y entre todo esto la única certeza que tengo es la de quien hoy está a mi lado, quien me estará esperando al final de cada jornada de trabajo, en un lugar que he construido al que le puedo llamar hogar, con alguien que tú ya no conociste, pero que estoy seguro que estarías de acuerdo en que esté con él.

Nada amanece, todo envejece

Por: Martín Soloman