PAGINAS

2 de mayo de 2018

Sueños rotos

Los últimos tres días han sido de reflexión para mí y aunque ayer no trabaje, hoy miércoles fue un día muy pesado, pero, ¿sabes? creo que el trabajo para mi es más que un medio de ganarme la vida, es también algo que me evita visitar la casa de mis padres, quizá por eso no tomo todos los días de vacaciones a que tengo derecho, porque no quiero estar en casa con la familia. Hace dos años fue que hablé con mi familia y les dije quién era yo en realidad, supongo que lo sospechaban, pero es como esas cosas que sabes que existen, pero que no se quieren saber, y que sólo se vuelven reales hasta que las llamas por su nombre, como esas cosas malignas que esperas nunca sucedan en tu familia y que por ello no las invocas. Pero por fin les dije que yo era homosexual, y aunque al principio aparentemente todos me apoyaron y quisieron ser parte de mi vida, todo fue cambiando con el paso de las semanas, hasta que decidieron volver a no invocar lo que yo era, como si con el hecho de no nombrarlo hiciera que todo desapareciera. Y dejaron de visitarme a mi casa, donde vivo con mi pareja, al que antes identificaban como mi mejor amigo, y dejaron de preguntar por él, dejaron de preguntar por esa parte de mi vida. Y siguieron su vida como si nada hubiera pasado, como si yo no fuera quien soy, y solo así he podido tener una convivencia tranquila con mi familia, ellos no me preguntan y yo no les cuento de mi vida.

Muchos años he visitado la casa de mis padres, aún tengo mi cuarto donde me quedo cuando los visito, tengo muchas cosas de mi época de juventud que realmente no sé para qué guardo. Ayer que no trabajé me propuse sacar muchas cosas que ya no sirven, ropa que ya no me queda (he subido mucho de peso), apuntes y cuadernos de la Universidad, material de capacitación de trabajos anteriores, revistas y cosas que he guardado sin sentido, y entre todas esas cosas me acordé de ti, encontré un juguete para niños pequeños, una esfera hueca con hendiduras y figuras que se deben meter a la esfera por la figura que les corresponda. Fue quizá hace casi veinte años que me la regalaste, ¿lo recuerdas? En ese momento te pregunté para qué me lo obsequiabas si yo ya estaba grande para jugar algo tan simple como eso, me dijiste que me lo regalabas para que, cuando yo tuviera un hijo, jugara con él. Era algo bastante improbable dada mi condición de homosexual, así que sólo lo guardé, como tantas otras cosas, como tantos sueños, como tantas promesas. Hace veinte años aún veía la vida de forma distinta, aún era ingenuo en muchas cosas, y aún jugaba con disfrazarme a ser heterosexual, aún mentía para tratar de ser uno más entre todos.

La presión más grande por casarme y tener hijos venía de mi madre, obsesionada en tener nietos sin más nada que desear, como un proyecto personal de realización de ella misma  más que mío. ¿Recuerdas que durante el tiempo que estuvimos juntos tuve una novia? ¿Y recuerdas que casi me caso con ella? Todo esto lo supiste de primera mano, y aunque sabías que yo te amaba y aún con todo lo que tú me amabas estabas dispuesto a dejar de verme con tal de que yo me casara y pudiera justificar mi vida, después de todo tú estabas casado y tenías cuatro hijos y sabías bien que esa situación no te permitía dedicarme el tiempo que yo te exigía pasar conmigo. Pero no me casé, tuvieron que pasar algunos años más para que hubiera un cambio en mi vida, de eso hace ya quince años y tú ya no lo viste.

Hace quince años tú y yo ya no éramos pareja, fue cuando conocí a la mujer que había de cambiar mi vida, sólo que yo no sabía qué tanto. A veces dicen “ten cuidado con lo que deseas porque se te puede cumplir”, y eso fue exactamente lo que pasó conmigo. Muchas veces las cosas no suceden como uno las piensa, y siempre hay alguien que es más astuto que uno, que le da un giro distinto al que teníamos planeado. Justo al año después de conocer a esa nefasta mujer, en el mes de Febrero recibí una llamada donde ella me decía que estaba embarazada. Eso cambió toda mi perspectiva de la vida, uno de mis sueños estaba por volverse realidad, iba a ser padre. Les di la noticia en casa, mi madre lo tomó con reservas, meses antes la había conocido y no le había agradado, nunca me dijo el por qué, solo me dijo que ella no le agradaba y que me la quitara de encima, que mejor le dijera que yo era puto y la dejara. Cuando le dije que era esa mujer, la que no le había gustado, la que tendría mi hijo, tardó mucho en asimilarlo, hasta que poco a poco lo fue aceptando. Meses después nació mi hijo.

Han pasado catorce años desde entonces, las cosas resultaron un desastre en todos los sentidos. Ella utilizó al hijo como instrumento de chantaje para sacar raja económica de mí. Nunca fue mi intención casarme y siempre fui claro en ese sentido con ella. A partir de que mi hijo nació y lo registré como hijo mío, lo utilizó para forzarme a darle todo, incluyéndome a mí mismo. No cedí y en represalia no me permitió ver más al hijo, al poco tiempo me llegó una demanda por pensión alimenticia. No era por el bien del hijo ya que desde el inicio cuando me dijo que estaba embarazada le había abierto una cuenta en el banco la cual canceló justo antes de demandarme, lo suyo fue una demanda planeada. Y con ello, de repente todo lo que había soñado se hizo añicos. No pude ni meter las manos. Hasta hoy en día, mes a mes lo primero que hago con mi sueldo es separar lo que corresponde a la pensión alimenticia.

Años antes de eso, cuando te conocí eras un padre responsable, muchas veces me asombró la dedicación que les tenías a tus hijos, eran lo que más te importaba. Sabes que en mi caso no tuve padre, nunca me buscó, durante mi infancia y mi adolescencia yo cuestionaba a mi madre el por qué yo no tenía un padre, ella sólo me decía que algún día cuando fuera adulto lo entendería, pero en mi coraje yo me juraba que, si algún día yo tuviera un hijo jamás lo abandonaría. Pero fue hace diez años que vi por última vez a mi hijo y en esa época mi madre me dijo: ”¿ahora lo entiendes?” , “sí”, le contesté, “ahora lo entiendo”. Al inicio dolió, y mucho, pero a diferencia de mi padre del que no tuve ni un peso, yo le he estado dando una pensión alimenticia desde hace doce años, aunque él seguramente no sabe que yo le estoy dando ese dinero, seguramente él me ha borrado ya de su vida y su madre para lo único que me busca es para pedirme dinero. Nunca me habla de él, nunca me cuenta nada de él, nunca lo menciona y sólo pide, exige dinero. Lo que yo soy para ella es, a fin de cuentas, un gran negocio, una tarjeta bancaria con un saldo en un cajero automático.

Durante todos esos años, esa parte de mi vida me permitió de algún modo camuflajear mi condición sexual ante todos, entre mis compañeros de trabajo, entre mi familia, hasta hace dos años en que el cansancio me hizo finalmente decirles quién era, en un punto en que no me importaba ya lo que fuera a pasar. Pero todo eso no lo sabíamos cuando estábamos juntos, cuando compartíamos un cuarto que rentábamos y que era nuestra madriguera, el lugar donde al entrar nos quitábamos esa máscara de “normalidad” y podíamos ser nosotros mismos, donde podíamos hablar de todo lo que teníamos encerrado, donde podíamos compartir nuestros sueños, nuestros proyectos, porque aún éramos jóvenes en ésa época, porque eran más los sueños por realizar que los sueños rotos que hay hoy en día.

Ya ves todo lo que ha pasado en mi vida, lo que ha pasado con todo lo que soñamos alguna vez, todo resultó tan diferente de lo que creíamos, hoy estoy envejeciendo, estoy más cerca del final que del inicio, de alguna forma mi perspectiva de la vida ahora es muy diferente a la que tuvimos en ese tiempo, porque tú no envejeciste, un año antes de que mi hijo naciera tú falleciste de un accidente cerebrovascular, y me quedé con muchas cosas por decirte, con muchas palabras ahogadas. Creo que nunca había sufrido una pérdida tan dolorosa hasta entonces. ¿Sabes algo? uno de los dos nombres que lleva mi hijo es como el tuyo.

Antier fue día del niño, y yo nunca pude festejárselo a mi hijo, no me lo permitieron, no pude festejarle un cumpleaños, una navidad. Es como si nunca hubiese tenido un hijo, sólo una deuda que mes a mes debo pagar por algo que me es ajeno. Quizá por eso les dije lo que era, y con ello mi familia dejó de preguntarme de mi vida, y yo dejé de mentirles. Cuando no estoy aquí con ellos saben dónde estoy, y saben con quién, pero es como si no lo supieran, es como si al salir de aquí yo mismo dejara de existir, y quizá así sea, quizá ni les importo, pero aún me siento con una responsabilidad moral para con ellos, no puedo abandonarlos. La vida duele, sembré en terreno estéril, la vida pasó demasiado rápido, casi sin darme cuenta, cada vez queda menos de mí en el tiempo, los sueños rotos van siendo cada vez menos porque se va dejando de soñar, el destino juega malas pasadas, y entre todo esto la única certeza que tengo es la de quien hoy está a mi lado, quien me estará esperando al final de cada jornada de trabajo, en un lugar que he construido al que le puedo llamar hogar, con alguien que tú ya no conociste, pero que estoy seguro que estarías de acuerdo en que esté con él.

Nada amanece, todo envejece

Por: Martín Soloman



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Comentarios:


Gracias por comentar