¿Cómo fue que nos conocimos? Es la pregunta que me hacen, y no me ha gustado
contarla porque es muy simple, muy común, y muy mundana, en el sentido de que
es del mundo real, no de uno idealizado, quizá no estoy empezando a contar
bien, diré mejor cómo es que no fue.
No nos conocimos como un evento romántico, como el encuentro falso que
el personaje de Rupert Everett narra en la película “La Boda de mi Mejor Amigo”
en la escena del restaurante y cuenta cómo conoció a Julia Roberts y todos
terminan cantando “I say a little pray for you”, no puedo decir que cuando lo
conocí supe que iba a ser el amor de mi vida, y que estábamos destinados a estar
juntos. Somos hombres que se relacionan sexual y afectivamente con otros
hombres, y esa forma de relacionarse es diferente a la forma en la que los
heterosexuales lo hacen, donde tienen una relación de noviazgo y después se
casan y viven felices para siempre. Muchos homosexuales tienen esa forma
idealizada de entablar relaciones entre sí, ó al menos de contarla de esa
forma, como un noviazgo heterosexual, con un romanticismo que exuda miel, y
crean un mundo ideal donde conocen a un tipo guapo (siempre es alguien guapo),
inteligente, y sienten emociones que nunca antes habían experimentado por otro
hombre, y viven un noviazgo rosa, con cenas románticas, viajes, regalos y miel,
mucha miel. Bueno, ése no fue nuestro caso.
No nos conocimos en un café mientras saboreaba un late y tú estabas en
la mesa de al lado y ví tu nombre escrito en tu vaso y entonces tú volteaste a
verme y me sonreíste mientras abrías tu laptop y yo revisaba unos papeles del
trabajo y después salimos para caminar bajo la luz de la luna, tampoco te
conocí en una fiesta familiar a donde llegaste como invitado de un amigo de la
familia y alguien nos presentó y entonces nos quedamos viendo el uno al otro
sin saber qué decir pero tampoco sin dejar de sonreír y nos la pasamos
platicando buena parte de la fiesta y descubrimos que había química, no, las
cosas tampoco fueron así, nos conocimos en un lugar donde nadie va a buscar
conocer a una persona, un lugar donde jamás buscarías el amor de tu vida, de
hecho tú no creías en las relaciones de pareja entre dos hombres y yo había
dejado de creer en ello, así que, simplemente no nos buscamos nunca, y las
probabilidades de encontrarnos alguna vez eran muy bajas.
Ese día, caminaba por la ciudad hacia la parada de mi camión cuando al
voltear del otro lado de la calle vi caminar en sentido contrario a un señor,
me llamó la atención, se veía que tenía un cuerpo rollizo a pesar de la ropa
formal que usaba, una camisa con las mangas arremangadas, se le veía una
espalda ancha, pantalones de vestir formales y un andar despreocupado. Sentí
curiosidad por tal hombre, en cierto modo me agrado lo que vi, no sé si para
los demás era alguien ordinario o atractivo, pero a mí me llamo fuertemente la
atención. Decidí seguirlo un poco, no tenía prisa por llegar a casa con mi
mujer. La verdad es que nuestra relación ya estaba muy desgastada y las tardes
con ella eran muy aburridas como para desperdiciarlas. De pronto el susodicho
llego a un callejón que era la entrada a un viejo cine, yo sabía que era un
cine porno, lo mire cuando pago su entrada y se metió, dudé un poco, pues no
acostumbraba ir a ese cine (para tener sexo yo siempre preferí el vapor), pero
me decidí a entrar también. Cuando entre me quede cerca de una parte iluminada
antes de entrar a la sala, mientras mis
ojos se acostumbraban a la oscuridad de dentro.
Mi cuerpo experimento muchas sensaciones al darme cuenta que ahí adentro
en los pasillos del cine y en los asientos se daban encuentros sexuales entre
los asistentes, la mayoría eran hombres maduros, de clase baja, trabajadores de
algún oficio. Busqué al hombre que inicialmente había visto en la calle pero no
pude encontrarlo, supongo que se sentó en algún lugar donde no pude
distinguirlo, entonces me quede parado en una esquina de uno los pasillos y
pasaron uno a uno varios hombres, ninguno llamo mi atención hasta que llegó un
tipo que insistía en tocarme la entrepierna, cuando lo mire de cerca me di
cuenta que no era desagradable, así que le permití tocarme y me gustó, comenzó
a hacerme sexo oral ahí mismo y lo disfrute pero no me vine. Después lo deje y
me fui a sentar, entonces llego un hombre joven que también quería mamar, lo
deje un rato y fue en ese momento que el hombre que había seguido hasta el cine
apareció, se detuvo frente a nosotros y nos observó un momento, pero yo estaba
disfrutando del oral que me estaban haciendo, así que se fue. Más tarde me fui
de ahí a otro pasillo del cine y mientras estaba en ese lugar, llego el hombre
que había seguido, se me acerco y me toco la verga, me dijo que le gustaría
verme en otra ocasión, le dije que si quería algo ahí mismo la mamara, y así lo
hizo, él era el hombre por quien yo había llegado a ese cine, me di cuenta que
tenía un cuerpo que me gustó mucho, le dije que aceptaba verlo en otra ocasión,
pero que quería penetrarlo, él dudó un momento y luego contestó que ya
veríamos, luego intercambiamos números de teléfono, se fue y yo me quede otro
rato, estaba seguro que no nos volveríamos a ver, sólo había sido un encuentro
ocasional, como tantos otros en mi vida, como tantos otros en la suya, como tantos
otros en la vida de cualquiera, que olvidas muy rápido, que no trascienden.
Pasaron varios días, la verdad olvide el incidente, ya no recordaba bien
a ese hombre que había conocido, lo había visto de forma fugaz en la penumbra
del cine, no recordaba bien sus rasgos, sólo la forma de su cuerpo, seguramente
sólo había sido una persona más de esas que conoces en esos ambientes, pero
después de unos días me buscó y me dijo que quería verme en otro lugar que no
fuera el cine, con más tiempo, yo accedí, quizá tendríamos sexo una vez más y
sería todo. Cuando nos vimos en otro lugar, parecía ser otra persona, era muy
atento y educado, al parecer yo le atraía mucho, pero siempre he sido
desconfiado, así que preferí ocultarle quién era yo y opté por decirle que yo
era albañil, me comporte como en otras ocasiones cuando conocía a personas del
ambiente, no estaba dispuesto a contar nada personal, solo esperaba sexo de ese
encuentro y no tenía caso darme a conocer como persona, no lo creía necesario,
por experiencia sabía que la gente que se me acercaba de forma afable era
porque buscaban algo de mí, sexo, luego de eso cambiaban y se mostraban cual
eran, personas caprichosas, egoístas, centradas sólo en sí mismas.
Yo entendía perfectamente que quizá esa persona veía en mi a un chacal,
o al menos eso creía proyectar, ya que me lo habían dicho en otras ocasiones,
eso me molestaba pero lo había encontrado una forma efectiva de tener sexo, y
no sé si inconscientemente me comportaba de ese modo, yo era el objeto de deseo
y el otro debía complacerme si es que quería tenerme, disfrutaría el momento
mientras durara, sólo el momento, sólo el desahogo sexual, sin más expectativa,
sin nada por delante. Y hasta ahí podría terminar la historia de cómo nos
conocimos, y sí, es una historia muy mundana, una historia común que muchos al
contar la suya prefieren crear una historia rosa, como princesas Disney, como
historia de noviazgos heterosexuales. Pero la cuestión es que, hasta éste punto
que he contado, en realidad no nos habíamos conocido aún. Es decir, nos
habíamos visto, habíamos tenido sexo ocasional, pero no sabíamos nada el uno
del otro, no conocíamos nada de nosotros como personas, quienes éramos en
realidad, lo que nos gustaba, lo que no, lo que queríamos, lo que temíamos, los
logros, las frustraciones, los demonios personales, lo bueno, lo malo.
Conocernos en realidad fue un proceso muy largo que tomó años, un
proceso en el que al principio estuvimos solos, nos veíamos unas dos veces a la
semana y teníamos sexo intenso, pero después llegamos a compartir espacio con
otras personas en un mismo empleo y de esa forma llegamos a conocernos mucho
mejor, y eso incluye lo malo en uno, las manías, el carácter, incluso al
principio coincidimos en que éramos buenos como amantes, pero pésimos como
amigos. Sin embargo él fue interesándose cada vez más en mí, como persona, en
mi bienestar y tuve que ir dando detalles de mí, de quien era, de lo que quería,
de lo que yo esperaba de la vida y eso me cambio y me hizo mostrarle la persona
que yo era realmente, al darme cuenta que, sin importar nuestras diferencias,
él siempre estaba listo para apoyarme como un buen amigo. Fue un proceso muy
difícil durante el cual fuimos descubriendo cosas de nosotros mismos que no
conocíamos, nos fuimos enfrentando a lo peor de nosotros, conocernos implica un
proceso mucho más largo y complejo de lo que suena, y no tiene que ver con ir
al cine, ir a tomar un café, una cerveza, o tener sexo satisfactorio. Así que,
la pregunta inicial ¿cómo fue que nos conocimos? es una pregunta más complicada
que la mera coincidencia de habernos encontrado inicialmente en un lugar de
encuentros ocasionales, y sí, es más atractivo decir que fue una historia de
princesa Disney, como muchos optan por contar, sin embargo mi historia y la de
mi pareja, es esa.
Por: Tigrillo Serch
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Comentarios:
Gracias por comentar