PAGINAS

25 de agosto de 2024

En un cine porno

Hace muchos años, en un trabajo, conocí a un tipo que me gustaba bastante. Es de esos tipos que no son muy mayores, pero de cierta forma se ven aseñorados en un buen sentido: grueso de todo el cuerpo, piernas, cintura, espaldas no se diga y unos pechos y hombros enormes. No era gordito, no era excesivamente musculoso, pero si bastante firme. Lo sabía porque con frecuencia al platicar con él le ponía una mano en sus hombros y le tocaba la espalda y cintura. El era casado, a veces al salir al metro cercano, aparecía su esposa y se iban juntos, yo me despedía en ese momento. Yo siempre he tenido una regla autoimpuesta de no tener ligues en escuela, trabajo ni cerca de casa. En esa época yo era más delgado pero siempre hice ejercicio, así que tenía un cuerpo bien formado, músculos duros como madera. Moreno y me han dicho que soy muy varonil, de tipo de lo que llaman chacal. El caso es que me salí de ese empleo y mi compañero me dio su número de teléfono, pero era una época en qué aún era caro tener un celular, así que yo no tenía uno, y desde casa o teléfono público, las llamadas a celular eran caras aún. Siempre postergué el marcarle y simplemente se me extravió su número. Más o menos 5 años después, en una ocasión fui a un cine porno, andaba buscando algo de acción, pero al entrar en la sala estaba semi vacía. Era un día entre semana y relativamente temprano, como las 3 de la tarde. Pues me senté del lado izquierdo a mitad de distancia de la pantalla. Pasaron varios tipos algunos intentando hacerme plática, otros directamente llegaron a tocarme la bragueta, pero ninguno me atraía como para hacer algo. Pensé que me iba a salir del cine en blanco. Entonces vi a un tipo bastante llenito, pero extraño porque no era gordo, más bien parecía dado, igual de grueso por todos lados. Piernas, pecho, hombros. En la oscuridad solo iluminada por el reflejo de la pantalla, se veía que usaba lentes y tenía una barba tupida y no muy bien recortada. Yo desde antes estaba tocando me la bragueta y ya tenía una erección. El tipo se sento a unos 2 asientos a mi izquierda. Cómo yo seguía tocándome se veía mi movimiento de manos. El tipo se acercó un asiento más, sin llegar a mi lado. Y volteaba a mirarme. La verdad es que el tipo si me llamaba la atención, con ese cuerpo que ahora llaman "Daddy", y bajo los lentes y esa barba, se percibía una mandíbula ancha, pómulos anchos que lo hacían verse muy varonil. Decidí darle al tipo un show para que se acercara. Me abrí la bragueta y le enseñé mi miembro ya totalmente erecto. No puedo presumir de poseer una bestia, pero es bastante competitivo: 15/16 cms; buen grosor y coronado con una cabeza que se hincha bastante con la calentura y acompañada de una buena mata de pelos. El tipo se acercó y con mucho tacto, casi precaución, empezó a rozar mi pierna. Yo le tomé su mano y en ese momento sentí su aro matrimonial en el dedo, lo guié a mi verga y el me la tomó casi con desesperación. Me apretaba bastante fuerte, lo cual de hecho me gusta, parece que disfrutaba con lo firme de mi miembro.m2 soltó y escupió un poco de saliva en su mano y siguió acariciándome, eso me prendió bastante. Lo sujeté y le hacía llevar un ritmo, porque el era muy torpe y seguía cerrando muy fuerte su puño en mi tronco. Me acerqué para hablarle al oído, como si alguien pudiera escucharnos, le pedí que me chupara. Él puso cara de no saber qué hacer, me dijo que si tenía ganas pero que no sabía hacerlo. Yo lo animé, le dije que le diría qué y dónde, lo que quería que hiciera. Nos acomodamos lo mejor que pudimos, las butacas eran bastante incómodas, y me baje el boxer y los pantalones hasta los tobillos. El se hinco frente a mi y empezó muy suave. A momentos se apasionaba y me mordía, le dije que evitara eso, para no lastimar. Aunque lo intentó, no podía tragarme completo, porque sentía arcadas, me dio morbo pensar que era un casado que estaba experimentando este aspecto de su sexualidad. En ese momento acabo la película (una película hetero bastante mala, con un actor porno que además era medio cómico) y encendieron las luces de la sala. Nos acomodamos lo mejor posible. Las luces no iluminaban por completo la sala, solo los pasillos de los extremos, así que aún había una leve penumbra. En ese momento lo reconocí: era mi excompañero de trabajo. El compa era aún más grueso de como yo lo recordaba. En los 10 minutos en qué comenzó la siguiente película, platicamos de cualquier cosa y me dijo que hacía ejercicio, pero que no tenía la disciplina para el entrenamiento ni para cuidar mucho sus comidas. Me pareció que nunca me reconoció, a pesar de que me veía con mucha atención, me dijo que yo le gustaba "por cabrón". Se apagaron las luces y comenzó una nueva función, yo seguía con mi erección bastante dura, casi al momento le tome la mano y la puse en mi pantalón, el con gran apuro y torpeza abrió de nuevo mi pantalón para sacarme la verga, de nuevo se hinco frente a mi y siguió haciéndome oral. Se acomodó y vi que se sacó su propia verga y se masturbaba mientras me chupaba a mi. "Cabrón, te gusta mamar, ¿Verdad?"… Le decía yo. Él solo gemía en aprobación. Me soltó el miembro y me dijo "desde hace mucho quería probar, aunque tuve pocos intentos nunca había hecho algo más completo como esto". Jeje quizá eso fue el detonante que me provocó aún más calentura, porque mientras hablábamos, me seguía masturbando a mi y le dije que ya estaba a punto de terminar, y así se lo dije. ¿Quieres leche? Ya voy a venirme. El volvió a tragarme lo más que podía, jeje era malo pero le echaba muchas ganas y si me ayudó a terminar de manera intensa. No sé cuántos chorros arrojé pero sentía casi dolor en la uretra al aventar mi leche con tanta presión. Cuando me calmé, el escupió una mezcla de saliva y semen a un lado. Tenía una sonrisota de satisfacción y casi de niño tras hacer una buena travesura, mientras seguía masturbándome y apretando mi miembro para sacarme hasta la última gota. Me sorprendió cuando se agachó de nuevo para pasarme suavemente su lengua por mis huevos, me hizo saltar en la butaca, mi verga que aún no perdía dureza, aprobaba esas caricias. Así estuvimos un par de minutos. El dándome besos en huevos, tronco y cabeza, unas ligeras mordidas en mi estómago y piernas. Se levantó y yo me subí de nuevo los pantalones, pero no guardé mi verga aún. Platicamos ya con algo más de confianza le dije que sentí su anillo de casado, y me confirmó lo que yo ya sabía. Soy felizmente casado, una niña y no lo cambiaría nunca, pero esta curiosidad creció mucho en mi desde hace años. Con ciertos tipos de hombres me imaginaba como se verían desnudos, después en un trabajo donde tenía acceso a internet podía ver algo de porno, en el turno de la tarde había poca gente después de las 5. Si chamacos esto ocurrió en una época en qué el internet solo era por línea telefónica y era caro y lento. En esa empresa teníamos de los primeros equipos que transportaban la señal de internet por radio señal (aún no había fibra óptica) y era rápido para esos años. Me contó que en ese entonces conoció a un guardia de seguridad de otro edificio cercano y siempre platicaba un poco y no recordaba como pero empezaron a hablar precisamente de sexo, con los días la plática era más picante y abierta y ambos confesaron que tenían curiosidad de sentir que se sentiría hacerlo con otro hombre. Y una tarde que ya no había personal en el edificio del guardia, se metieron a un baño y se masturbaron mutuamente, casi se desnudaron, sin playera ni camisa de uniforme y con los pantalones hasta los tobillos y se fajaron todo, chuparon tetillas, axilas, espaldas y como acto de valentía y mucho morbo, se animaron a mamarse las vergas, pero eso no duró casi nada porque ambos terminaron muy pronto. Yo escuchaba y le pregunté qué edificio era, me dijo la dirección y yo me ubiqué jaja, si estaba muy sabroso ese guardia, lo recordaba muy moreno pero de antebrazos velludos, maduro, buen cuerpo y muy varonil. Le dije que él se me hacía conocido que quizá nos habíamos visto con frecuencia en la calle porque yo también había trabajado por esa zona (no me animé a decirle que era su excompañero) y me dijo que si, que yo también le era medio conocido. Cómo si ya me hubiera visto antes. Mientras platicábamos el seguía masturbándose, le pregunté si no había terminado y me dijo que no, que era tardado para venirse. Yo te ayudo, le dije. Lo acomodé para que se recargara bien en el respaldo de la butaca con las piernas extendidas lo más posible, le abrí la camisa de manga corta que llevaba. Y sorpresa, era bastante velludo del pecho, aunque ya sabía que tenía brazos peludos, nunca le había visto el pecho y cuando usaba camisas en la oficina. con un botón abierto, no parecía ser tan peludo. Me puse a chupar sus tetillas y oler su aroma a sudor en su vello; olía limpio, a una colonia para hombre que ya casi se desvanecía y mezclada con su sudor del día, un olor salado, pero agradable y no picante, MUY VARONIL. Bajé mi mano a su verga, le retiré su mano con que él se masturbaba y lo tomé... Era una verga un poco más pequeña que la mía, pero muy gruesa, no podía cerrar todo mi puño en ella. Lubricaba bastante y era fácil cubrir su miembro con su propio líquido. Me puse caliente de nuevo. Con mi lengua y labios sentía tus tetillas muy duras y me di vuelo en chuparlas y morderlas suave. Abría mi boca y disfrutaba de esos pechos grandes, carnosos y en los que se sentían sus músculos, sus vellos eran gruesos y por momentos sentía esa rugosidad en mi lengua. Me detuve un segundo y lo miré. No era ningún modelo ni actor porno, pero era un macho hermoso, una bestia peluda que seguramente muchos habían deseado y él ni siquiera se había dado cuenta. Tenía la cabeza echada hacia atrás, los ojos cerrados, entregado a sentir lo que yo le hacía. Le baje un poco más los pantalones para que sus huevos tuvieran más espacio... Y qué yo tuviera más acceso a esa parte de él. Seguí lamiendo sus tetillas y gemía muy suavecito, me di cuenta que trataba de contenerse y no gemir alto. Le alcé un brazo y lamí su axila, se retorció con fuerza involuntaria, pero lo sujeté firme y lo hice más suave, para que se acostumbrara y disfrutará la sensación, seguramente nueva para él. ¿En verdad ni su esposa, ni otra mujer u hombre le habían hecho ese tipo de caricias antes? Se calmó y se dejó lamer, después de un momento mordí muy suave, lo que le provocó otro gemido. Después de un rato, dejé su axila y volví a sus pechos, pero me acomodé y cambié de mano al masturbarlo; mi otra mano acariciaba sus huevos y poco a poco fui bajando hacia su perineo, dándole masaje y si era posible, sentí como su miembro se puso más rígido, se acercaba al orgasmo. Mi mano sigui avanzando por debajo de sus huevos y encontré su ano, subí mi mano para humedecerla con su lubricante que sacaba del miembro. Volví a acariciarlo en esa zona y noté que se acomodó para darme más espacio, abriendo un poco más las piernas. Empecé a empujar un poco, su agujero era muy estrecho pero con el masaje se relajó y pude penetrar hasta medio dedo. Volví a mirarlo, seguía con los ojos cerrados pero ahora tenía las cejas casi unidas, la boca en un gesto de cerrar con fuerza... Sentía dolor pero no me decía que parara. Empecé a vibrar mi dedo y el gesto fruncido fue desapareciendo. Penetré un poco más hasta tener todo mi dedo dentro de él y empecé a moverlo de dentro hacia afuera, moviendo en círculos para relajar más su interior... Y hallé su próstata, una pequeña protuberancia ligeramente más firme que el resto de su interior. Lo ví que abrió los ojos, con gesto de sorpresa, me miró con ojitos de sufrimiento y goce al mismo tiempo. Mi otra mano soltó su miembro y lo sujeté de la nuca para poder mirarnos más de cerca, nuestras narices se tocaron y me acerqué un poco más. Toqué sus labios con los míos y él abrió su boca, me permitió ingresar con mi lengua. Fue un beso corto, pero muy intenso, él sujetaba mi lengua con sus labios y me la chupaba, me la mordía suavemente, me hacía que yo entrara con casi toda mi lengua a su boca, mientras mi dedo seguía jugando en su interior. Nos separamos y nos miramos fijamente por unos segundos, "no me han besado así" me dijo. Traté de meter un segundo dedo pero simplemente no pude, no dilataba más en ese momento. Seguramente con más práctica podría hacerlo pero no esa vez. Me acomodé y solté su cuello y regrese a su verga, se sentía muy caliente en mi mano. Y volví a masturbarlo. La combinación de sensaciones en su verga y ano, además de su calentura, lo llevaron a cruzar el límite: eyaculó con bastante potencia y en abundancia su semen le salpicó un poco el pecho y quedó atrapado en su vello, en gotas blancas. Mi dedo en su interior sentía sus espasmos, mi mano en su miembro sentía sus explosiones y rigidez. Su cara pasó de la sorpresa a poner una sonrisa de satisfacción muy amplia, mostrando sus dientes. No era un hombre "bonito", pero a mí me pareció bellísimo en ese momento. Seguimos un momento en esa posición mientras recuperaba el aliento y su orgasmo decaía, aún después de eyacular se retorcía de gozo mientras mi mano le exprimía su miembro para sacarle todo el jugo. Mi puño quedó mojado y eso que lo más abundante de su descarga había llegado a su pecho y estómago. Él saco de su mochila un par de pañuelos de tela y con eso nos limpiamos. Le comenté "vas a oler a sexo en el metro". Me respondió, "ni madres… no me subo al metro, ahorita tomo un taxi". Fue un momento pero nos abrazamos fuerte yo olía su pecho velludo ahora con olor a semen aún fresco... Y me volví a masturbar, el se acomodó para pasar su brazo sobre mis hombros y con su otra mano me acariciaba mis huevos, o mis tetillas, me daba besos en la mejilla o me chupaba un poco los lóbulos de la oreja. Eso me hizo terminar rápido; me cubrí con el pañuelo que me había dado y descargué de nuevo en menos cantidad pero igual de intenso, mientras me apretaba mi tetilla con sus dedos gordos y sentía su rostro junto al mío. Seguimos sentados un poco más platicando de lo que sentía, me preguntó y yo le dije algo de mi historia; aunque tuve poca experiencia con chicas, al descubrir el sexo con hombres supe que eso era lo mío. El pensaba que lo suyo había estado latente de siempre, porque recordaba de niño admirar a un señor vecino moreno y fuerte, recordaba gran amistad o algo más con un compañero de prepa, con quién se manoseaba "de broma", tanto la verga como las nalgas. Mientras la plática seguía, nos fuimos acomodando la ropa. Y cuando volvieron a prender las luces nos decidimos a salir. La verdad es que yo estaba más que satisfecho y creo que él también lo estaba. Salimos a la calle, ¿me daría su teléfono para repetir alguna vez? Me dijo que no sabía si volvería atreverse a tanto, que lo había disfrutado bastante pero no tenía intención de hacerlo frecuente. Quizá de vez en cuando como hasta ahora, pero que no cambiaría su rutina con su familia. Le respondí que lo entendía muy bien y que nunca le molestaría en ese sentido. Yo le di mi número que él apunto en una mini agenda, apuntó mi nombre y agregó "masajista". Nos despedimos con un apretón de manos, su mano era mucho más grande que la mía y su apretón era fuerte y firme, al aflojar y abrir un poco su mano, sentí que con su dedo medio me acarició mi palma fue un segundo pero aún lo recuerdo. Me sonrió mostrando sus dientes, está vez de manera nerviosa pero alegre, y nos dimos la vuelta, cada quien por su lado. Di tres pasos y volteé "dile que vayamos a comer, a tomar una cerveza, o un café"… pero él ya estaba retirándose hacia una esquina donde se detuvo seguramente cazando un taxi. Solo una vez me marcó, me dijo que solo quería saludarme y que aún recordaba lo que pasó que le gustó mucho, pero no me pidió que nos viéramos y yo no sé lo mencioné. Le dije que me daba gusto que me hablara y que yo también recordaba con calentura ese día que él me había provocado mucho deseo. "Adiós, hasta luego", fue lo último que escuché de él. Por: Enrique Toro

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Comentarios:


Gracias por comentar