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18 de diciembre de 2012

Diciembre me gustó pa que te vayas


Diciembre, días para reflexionar, para hacer un balance, recordar a las personas que se han ido, las que han llegado, las que siempre han estado ahí, días para ver el camino andado, ver lo que se ha hecho, lo que no se ha logrado, las metas pendientes, los cambios que serán necesarios, los proyectos, hacia donde mirar. Lo que se ha perdido, lo que se ha ganado.

El fin de año es una fecha de calendario que marca el fin y el inicio de algo. Es un circulo de apertura y cierre donde cada persona marca el ritmo y el significado de cada fecha, en una evolución y cambio de la vida personal; las fechas y las celebraciones permiten definir la identidad individual y colectiva, cada uno de nosotros tenemos fechas colectivas, fechas que compartimos con todos, pero también tenemos fechas personales, interiores, aquellas que nos reservamos a nosotros mismos. Una memoria colectiva, y una memoria personal, en construcción de una realidad.

Nunca me ha gustado salir a antros en estas fechas, siempre he preferido estar en casa, con todos los que ahora son mi familia. Pero una vez no fue así. Hace muchos años, cuando aún vivía con mis padres y recién comenzaba a conocer “el ambiente”, conocí a un tipo, se llamaba Benjamín, en aquel tiempo me pareció interesante, usaba barba de candado, de piel morena y de ojos verdes, una rara combinación pero muy llamativa. Tenía poco tiempo de haberlo conocido y me insistió para pasar el fin de año en el DF con una pareja que eran amigos suyos. Después supe que uno de ellos había tenido que ver con él, por eso lo conocía. Yo no quería estar fuera de mi casa en esa fecha, por convicción propia, pero en mi inexperiencia y pendejez de la edad pensé que si no accedía él se enojaría y podría no volver a verlo. Acepté ir con él, la pareja nos recibió bien, tenían un departamento de dos recamaras y nos dieron la de visitas. Pasamos la tarde, llegó la noche, yo tenía un sentimiento de culpa porque no había avisado en mi casa que no iría, así que más tarde tuve que llamar por teléfono e intente justificarme torpemente ante la mirada divertida de Benjamín. Después de cenar fuimos a un antro, uno de tres pisos, en esa fecha estaba llenísimo. Yo traté de pasarla bien, pero lo que veía no me agradaba, la gente estaba muy prendida esa noche, pero parecía que entre más euforia había en el ambiente más falso era, como si al reír ruidosamente se ocultara lo que realmente tenían en su interior: soledad.

Benjamín iba a lo que iba, a divertirse, con o sin mi. Siempre me gusto bailar, pero no sabía,  intente bailar con él pero me dijo que era yo muy pendejo para bailar salsa, le pedí me enseñara pero optó por bailar con otros, dejándome a mi también, solo. Más tarde regresamos al departamento de sus amigos y nos quedamos juntos en la recamara. Por lo menos tendríamos relaciones esa noche, él se puso de espaldas, separado de mi. Yo lo abracé y puse mi miembro erecto entre sus nalgas, él pareció acceder e intentó introducir mi verga en sus nalgas. Antes que pasara eso, tomé un condón y me separe para colocármelo. El tomó mi verga y al sentir el condón me lo quitó y me dijo que así no, que si quería cogerlo ahora tendría que ser sin condón. Yo no accedí, él se dio la vuelta, se enredó con una cobija y se puso a dormir. 

Ahí me quedé yo solo, sin haber estado con mi familia, sin haber bailado, sin haber tenido sexo. No pude dormir, apenas aclaró el día me levanté, toqué la puerta de la pareja, salió uno de ellos, y al verme entendió lo que había pasado y cómo me sentía. Me dijo que Benjamín era así pero que ellos no podían decirme nada, que tenía yo que conocerlo por mi mismo. Me abrieron la puerta del departamento y salí para iniciar mi regreso a casa. En casa no me dijeron nada, lo cual agradecí, moralmente me sentía muy mal, sentía lo que era la soledad del homosexual, solo en medio de la gente de ambiente, solo al lado de la persona de la cual uno se enamoraba, conocí lo hueco que puede estar alguien por dentro. Ese año fue especialmente malo para mi. Durante mucho tiempo Diciembre no significaba algo especial para mi, más bien era yo una estadística más de las personas que durante este mes entran en depresión, algo que se acentúa más entre los gays, el sentimiento de soledad que siempre va a acompañar al homosexual. 

Aún vi a Benjamín algunas veces, insistió en tener sexo sin condón pero me negué. Traté de alejarme de él y así lo hice. Meses después conocí a una persona muy especial con la cual llevé una relación de pareja. Esta vez era una buena persona, de buen corazón, ahora ponía yo más atención a los sentimientos que al físico. Benjamín aún me buscó algunas veces hasta que un buen día desapareció. No quise saber más, no valía la pena.

Por: Martín Soloman

12 de diciembre de 2012

La fiesta a la Guadalupana


Amanecí con una cruda terrible, anoche fue 11 de Diciembre y en muchos barrios acostumbrar hacer la celebración de la Guadalupana desde una noche antes. Me invitaron a una celebración en una colonia donde tienen una imagen de la Virgen en una esquina y donde cada 11 de Diciembre la celebran. Cerraron las calles que convergen, pusieron sillas, yo llegue ya tarde, serian las 9 de la noche y estaban unos mariachis, familias compartiendo ponches, tamales, el altar adornado con flores.
Todo transcurría normal hasta que alguien pidió una canción de Juan Gabriel. De inmediato el solista adoptó el estilo de Juanga y comenzó a imitarlo, como todas las imitaciones que le hacen, exagerando el amaneramiento, la voz, ante la risa de todos. Así cantó algunas canciones mientras interactuaba con los parroquianos:
 
-          Las mujeres, griten como si estuvieran viendo a Luis Miguel, los hombres, como si estuvieran viendo a …Ricky Martin!
-          A ver, todos, las manos arriba, ya saben que el que no lo haga es porque quiere un beso!
-          Las mujeres, ¡griten como si vieran a su marido… pero con otro!
 
Si, es cierto que los heterosexuales con unos tragos encima cambian, todos estaban festejando las joterías del mariachi, algunos comentarios que escuché fueron:
 
-          “Y eso que está la Virgen, porque estos luego se les andan subiendo a los hombres y los andan queriendo besar, ahorita nomas lo dicen”
-          “El sábado pasado en una boda el que imitaba a Juan Gabriel se llevó la fiesta, era igualito”
-          “No, yo no tomo, bueno, esta bien, pero que sea una para dama ”
-          “compadre, usted tiene mas nalgas que los mariachis, esos no tienen nada de nalgas, usted si”- decía un tipo bastante alcoholizado a otro.
 
Todo termino como a eso de las 10 de la noche, no sin antes presentar  a los integrantes del mariachi:
 
-          En la trompeta, mijo tón
-          En el violín: mijo tin
-          En el bajo: mijo tote
-          En (no sé qué instrumento): mijo tolín,
-          En ….mijo tito,
-          En ….mijo tolon,
-          En ….mijo tolote
 
Al tiempo que tocaban el marichi loco con coreografia de caderas. Después solo quedaron los mas borrachos, yo me fui, pensando en cómo las mariconerías estaban de moda entre los heterosexuales y cómo más de uno con los suficientes tragos encima salía a relucir su lado oculto.
Me quedo un rato más, me ofrecían tequila puro, sin nada de refresco, me gusta tomar, pero siempre acostumbro diluir el alcohol, así que me retire a dormir. Hoy amanecí con una cruda terrible…

26 de noviembre de 2012

La primera noche

Debo confesar que una de las cosas que mas disfruto de mi pareja es dormir juntos. El despertar a cualquier hora de la noche y sentirlo a mi lado es algo que me gusta mucho, el poderlo tocar, abrazar y besar suavemente sin que lo despierte pero al mismo tiempo sabiendo que soy yo quien lo hace es algo especial, así como también cuando recuesta su cabeza en mi hombro y se va quedando dormido abrazándome me hace sentir querido, amado. El sentir en cualquier momento de la noche un beso en mi hombro, en mi espalda, en mis labios, con sus labios gruesos y fuertes que conozco tan bien, es algo que a once años de estar juntos lo sigo disfrutando, con el amor y la confianza que hemos alcanzado a través de todos estos años.
En mi relato anterior, "tu nombre me sabe a hierba", narre como nos conocimos. Después de ese primer encuentro que conté, nos vimos unas tres veces, siempre de día, en un hotel de paso, ahí nos llevábamos una botella y terminábamos borrachos de alcohol, de abrazos, de besos y demás. La cuarta vez decidimos ir al DF. Días antes le había estado pidiendo que me concediera una noche juntos, sin prisas por las horas, sin pensar en nadie más. Cuando nos conocimos nunca pensé que esa relación que empezaba pudiera llegar a durar mucho tiempo. El era casado, al igual que mi primer pareja con la cual las cosas terminaron mal, así que sabía que para una persona casada lo primero es su familia. En aquel tiempo yo aún no tenía hijos, así que el estar con una persona casada me hacía ser egoísta. Con esa perspectiva de no durar mucho tiempo, acordamos pasar una noche juntos, y así una noche de Enero fuimos al DF.
Ahí fuimos a un hotel de la zona del centro histórico, donde hasta la fecha nos hospedamos cuando vamos de visita, un hotel que nunca nos ha discriminado. Después de instalarnos nos fuimos a un bar, el Oasis, una cantina donde estuvimos tomando y platicando, conociéndonos mas. Después de algún tiempo salimos, pasamos por una tienda que estaba abierta, compramos unas latas de bebida y llegamos al hotel. Ahí nos quitamos la ropa, y nuevamente echamos un volado, no recuerdo quien ganó, pero realmente no importaba, los dos gozamos, los dos ganamos, las sabanas rodaron al piso, y después quedamos ahí tendidos para después darnos un baño, tomar las últimas latas y dormir. Apagamos la luz, y ahí me pegué a su cuerpo. El no estaba acostumbrado a dormir con otra persona, en aquel tiempo llevaba años de casado y me imagino que dormir con alguien no era algo que estuviera acostumbrado, así que se corrió hasta un extremo de la cama, Poco a poco se fue acercando a mi, y comenzó a tocarme el cuerpo en la oscuridad del cuarto. Eso nos llevo a tener nuevamente una erección, así que iniciamos nuevamente hasta tener relaciones sexuales una vez mas. Terminamos cansados y nos dispusimos a dormir, pero no fue posible, solo dormitábamos. Yo quería aprovechar esa noche, pensaba que por su condición de hombre casado nunca se iba a repetir el estar una noche juntos, una noche completa solo para los dos, así que quería aprovecharla al máximo.  No pudimos dormir, así nos amaneció, el nuevo día llegó y nosotros estábamos desvelados, adoloridos y con el miembro irritado, medio borrachos, medio crudos. Almorzamos algo ligero y emprendimos el camino de regreso. Yo a casa de mis padres, él a casa con su esposa.  Así fue la primera noche, con la idea de que esa noche no se iba a repetir nunca. Nos seguimos viendo durante el día, hasta que más pronto que tarde e iniciando Febrero se dio la ocasión de compartir otra noche, una segunda de muchas noches que compartíamos en hoteles. Así fue pasando el tiempo. A mi me ofrecieron dar clases los días sábados por la mañana en otro municipio, así que tenía que tenía que trasladarme desde la noche del viernes y ahí estábamos ambos, compartiendo el hotel, en noches que se iban acumulando. Estuvimos así poco más de un año, hasta que llegó una oportunidad de un departamento, un compañero de trabajo lo estaba traspasando, así que sin pensarlo mucho, decidí usar mi crédito de Infonavit y acepté el traspaso. Eso dio lugar a una primer noche en un lugar que ya no era un hotel, un lugar que podía ser solo para nosotros, sin prisas por la llegada del medio día en que teníamos que dejar el cuarto de hotel, pero también sin nada, un departamento que no tenía ningún mueble, que solo tenía a dos hombres del mismo sexo que se amaban y que comenzaban a emprender la aventura de formar una pareja, y de formar un hogar...

 

25 de octubre de 2012

Tu nombre me sabe a hierba


Cada persona tiene un olor corporal diferente, en principio puede ser la loción que usan, la cual puede despertar diferentes emociones, desde la atracción hasta el rechazo. A lo largo del tiempo se recuerda a una persona por su olor, cada quien usa también una cierta fragancia, que cuando se asocia a la parte visual de la persona puede potenciar la atracción y después la excitación.

Algunos gustan por usar lociones afrutadas, dulzonas, empalagosas, y encima se vacían el frasco de perfume…Personalmente prefiero una persona que huela a hombre, sin que caiga en el exceso de lo sucio, el olor puede decir mucho de alguien, de lo que hace, de cómo es, con el tiempo se aprende a reconocer a una persona también por su olor característico, único, peculiar.

Estampas desagradables:

Una, cierta vez fui con un tipo al hotel, buen cuerpo, musculoso, entrón. Todo iba bien en el hotel, hasta que se quitó los tenis y los calcetines y quiso que me lo cogiera patas al hombro, el hedor de patas era insoportable,  más en esa posición. Una sola vez bastó para que, a pesar de su apariencia varonil, no volviera yo a verlo.

Dos, en una cantina, estando yo solo cierta vez un tipo que tenía buen lejos, me mandó una cerveza con el mesero, lo clásico, lo vi, me pareció agradable, bigote recortado cuidadosamente, su ropa se veía perfectamente arreglada, pulcro, se acercó a mi mesa y se sentó. Al poco me llegó el olor de su loción, a frutas, muy dulce, nada que ver con su imagen varonil, al cabo de un tiempo y aunque no acostumbro fumar, preferí pedir un cigarro al mesero, lo que le desagrado al tipo, yo continué fumando hasta que opto por  irse, por suerte.

No cabe duda de que el olor corporal juega un papel muy importante, si no te gusta el olor de una persona, tiendes a rechazarla.

“Al reprimir el sentido del olfato, el hombre ha reprimido su sexualidad”, dejó escrito Freud.  No estoy en contra de quienes usan loción, pero creo que la elección debe ser cuidadosa, porque lo mismo puede elevar la libido que terminar con ella. Cuando conocí a mi pareja, la primera vez no hubo mucho tiempo porque yo llevaba prisa. Sin embargo me gustó visualmente, era casi de mi misma edad, le guste, intercambiamos algunas frases. Recuerdo que me gustó su tono de voz, su color de piel morena, su rostro de facciones definidas, su seriedad, usaba bigote y barba de candado muy recortados. Había poco tiempo por lo que acordamos vernos la semana siguiente, un sábado, en un parque. Durante la semana procuraba recordar como era, había sido poco tiempo el que lo había visto, los detalles se perdían en mi memoria a pesar que me había gustado muchísimo, recordaba una y otra vez hasta que llegó ese día con la incertidumbre de saber si se había animado a llegar. Yo llegue primero y espere poco tiempo, al cabo de un rato vi su cuerpo a lo lejos acercándose, con esa forma de caminar que hoy conozco tan bien, como quien camina sin prisa. Una sola vez nos habíamos visto y ahora nuevamente estábamos frente a frente, reconociéndonos, ahora con tiempo, dudando al hablar, pero poco a poco tomando confianza. Era mas agradable de lo que yo recordaba, y después de un rato de platicar para conocernos mejor, decidimos buscar un hotel. En el camino compramos una botella de licor y unos refrescos. Al estar solos en el coche recuerdo que comencé a percibir un aroma agradable, olía a maderas, pero no era una loción, era un olor muy ligero pero reconocible, como de la madera cuando es cortada y desprende un aroma a madera nueva.

Al llegar al hotel platicamos con más confianza, una de las cosas de las que me enteré es que era casado, tenía dos hijos, uno entrando a la adolescencia, el otro aún era niño. Eso me desanimó, ya había tenido antes una pareja que era casado y la cosa no había terminado nada bien, pero ahora apenas nos estábamos conociendo, quizás todo terminaría ahí ese mismo día, después del primer momento. En todo caso había que aprovechar la tarde.  Nos acercamos con timidez y nos dimos un primer beso. Y ahí pude percibir nuevamente ese olor que me había agradado, su aliento tenía ese olor a madera nueva, a madera de pino, de cedro recién cortada. Nos abrazamos, recorrí con mis manos su cuerpo macizo, y cada que aprendía cada parte de su cuerpo podía percibir su aroma, saliendo de cada uno de sus poros, lo que agradó bastante, avanzando más y más.

Abrimos la botella y brindamos por ese momento, al poco tiempo las ropas fueron cayendo, y entonces vino el momento de preguntarnos algo que hasta antes de eso no había yo reparado, cuando era lo primero que preguntaba a un hombre cuando lo conocía, para poner las cosas claras y evitar malos entendidos:

-          ¿Qué eres, activo ó pasivo?

-          Soy activo, ¿y tu?

-          También soy activo- dije con decepción - ¿Y ahora que hacemos, espadazos?

Después de una pausa, un momento de bajón de la calentura y después de pensarlo, me dijo:

-          Pues vamos una y una, ¿Cómo ves?

Esta vez me toco pensarlo muy detenidamente a mi. Era muy varonil, yo no había sido pasivo antes, y no tenía ganas de serlo, así que podría simplemente salir de ahí, podía no hacer nada con él, podía solo acceder al cachondeo, quizás masturbarnos mutuamente, pero la atracción que sentía se iba incrementando con el olor a madera nueva que despedía su cuerpo, así que decidí correr el riesgo y aceptar su propuesta.

-          ¿y como le hacemos, quién va primero?

-          Pues lo dejamos a la suerte, ¿Qué tal un volado?

Sacamos una moneda y la echamos al aire, el resultado no importaba, era un pacto entre caballeros, a ambos nos tocaría ser pasivos. Cuando se quitó el bóxer me arrepentí de haber aceptado, era lo más grueso que había visto hasta ese momento y hasta ahora, pero ya había dado mi palabra y era mi turno de perder. Quise hacer tiempo y bajé hacia sus genitales, los testículos eran también muy grandes, morenos, fui bajando mi cara hacia ellos y quise olerlos por primera vez, el olor que percibí me excitó mucho más, era un olor fuerte pero agradable, olía a macho, tenía un olor fuerte, olía a lo que huelen los huevos, pero también con un ligero aroma a madera. Me detuve ahí mucho tiempo, jugándolos con mi lengua, absorbiendo su olor, recorriendo cada rincón, hasta que estuve lo suficientemente excitado para tomar el condón, abrirlo y ponérselo. El estaba boca arriba, así que me desplace encima de él, tome lo más que pude de lubricante y poco a poco me fui sentando en él. El dolor fue mucho, pero el que a hierro mata a hierro muere, así que ya no podría rajarme, él me alcanzó el trago y estando así me tomé toda la cuba, él se incorporó, me alcanzó el rostro y me besó tomando también la cuba de mi boca. Su cercanía me trajo nuevamente ese olor que tanto me excitaba y entonces dejé que se comenzara a mover, hasta que le dije: “ahora vas tú”, y entonces cambiamos de lugar…

Cuando todo pasó ya estaba oscureciendo. No habíamos comido, estábamos tomados, pero contentos, lo que había pasado había sido nuevo, diferente, y también muy grato. Recostados uno junto al otro nos platicamos más cosas, supe que era profesor, pero también que era carpintero, por eso tenía ese olor que aprendí a reconocer en él, al cortar la madera se desprendía un polvo muy fino que quedaba impregnado en la piel, después de mucho tiempo de trabajar la madera el aroma se iba integrando a su cuerpo. Nos seguimos viendo más veces, pero cada vez que estábamos juntos lo olfateaba, su olor se volvió parte de nuestros encuentros, y parte de un sentimiento del cual tuve miedo sentir, porque él era casado. Ese día salimos del hotel y cada quién se fue hacia su casa, intercambiamos mails, íbamos medio ebrios, y al despedirnos me dio su nombre, y a su nombre lo asocié con ese olor a cedro recién aserrado, cada que pensaba en él, en su nombre, en su cuerpo, en todo lo demás, me llegaba también su olor corporal, lo aspiraba y ahí fue cuando me encontré suspirando por él, por todo él.

Tu nombre me sabe a madera, así como dice la canción de Serrat: “Tu nombre me sabe a hierba

Porque te quiero a ti
porque te quiero,
aunque estas lejos
yo te siento a flor de piel.

Porque te quiero a ti
porque te quiero,
se hace mas corto
el camino aquel.

Tu nombre me sabe a hierba
de la que nace en el valle
a golpes de sol y de agua



2 de agosto de 2012

No te desnudes por completo

“No te desnudes por completo”, me dijo cuando llegamos al hotel. Cuando lo conocí yo estaba en un paradero esperando la ruta que me llevaría a mi casa, como cada tarde al salir del trabajo. Ya estaba oscureciendo, era una tarde calurosa de verano cuando paso caminando un chavo y me llamó la atención. Su caminar era firme, me gustó su porte, se veía machín y balanceaba un poco el torso al caminar. Llevaba una playera de tirantes, se le veía buen brazo y en uno de ellos llevaba un tatuaje que le rodeaba el bíceps. Me volteo a ver un instante y siguió caminando, cuando había avanzado algo le chiflé, dio unos pasos, volteó a ver y ya no se fue. Vino hacia mí con una gran sonrisa, como si me conociera de mucho tiempo y me saludó de mano. Ese día solo platicamos, quedamos de vernos para el fin de semana.
Después de varios días de vernos esa primera vez repasaba mentalmente lo que me había gustado de él y aunque me esforzaba me costaba trabajo recordar cada detalle de su rostro. Nos vimos el sábado, distinguí su forma de caminar a lo lejos, una forma característica que lo distinguía, con una playera similar que dejaba ver el tatuaje en su brazo y en el otro brazo en vez de reloj usaba en la muñeca un brazalete en piel color café. Tenía un cuerpo macizo con unas piernas fuertes y una espalda ancha. Yo iba de mezclilla y playera, fuera de la formalidad del trabajo de la semana. Nos encontramos, nos reconocimos y estuvimos platicando un rato. Luego fuimos a un bar hetero que el sugirió como muy discreto, medio vacío a esa hora de la tarde y con un montón de caricaturas colgadas en la pared, de hecho el bar se llamaba “La Caricatura”. Me dijo que él era casado, se había descubierto bisexual y que “le gustaba el desmadre”. Trabajaba en la distribución de una marca de cerveza, cuando aún las dos cerveceras del país eran mexicanas. De ahí se le había formado el cuerpo que tenía y la forma de caminar. Sacó una gorra, tenía el logotipo de su trabajo y me pidió que me la pusiera, me dijo que era su regalo para mi.
Hasta entonces yo no usaba gorra, no estaba tan popularizado, pero me la puse porque me sentí en confianza y quería agradarle. Claro que pedimos cerveza, de la marca Victoria, una cerveza que en aquel tiempo era mas bien para albañiles. Tomamos y platicamos para conocernos más y después fuimos a uno de los hoteles de paso de la zona de moteles de la ciudad, escogimos uno que parecía discreto, aunque todos los moteles lo son pero a la vez no. Pagamos y subimos las escaleras para entrar en un cuarto amplio, con una gran cama al centro, la televisión y el baño muy amplio, con un tocador con un par de condones, dulces de menta y un gran espejo al frente de la cama. Ahí estábamos, y comenzamos a desnudarnos poco a poco, hasta que me dijo “no te desnudes por completo”. Eso me sorprendió, hasta entonces y para un encuentro sexual yo siempre me desvestía por completo, pero esta vez él me detuvo, parecía que no llevaba prisa y comenzamos con el preambulo con el pantalón puesto. Cuando se lo quitó llevaba puestos unos boxers. Siempre he pensado que los boxers son poco sensuales para un encuentro sexual, pero a él le quedaban muy bien, sobre todo por lo grueso de sus piernas, le quedaban ajustados y le hacían resaltar los glúteos firmes. Al final él se quedó con el brazalete de piel puesto y unos tines blancos, a mi me pidió que me quedara con la gorra puesta, lo cual al inicio parecía incomodo pero el buscó la forma de que siempre la tuviera puesta.
Apagó la luz, hicimos todo lo que se hace en estos casos, pero algo era diferente, en la penumbra me tomó de ambas manos y me recostó en la cama. Pude sentir sus manos firmes recorriendo mi cuerpo y la sensación de la pulsera de piel rozando mi piel era nueva y excitante, mis manos recorriendo su cuerpo se topaban con el boxer ajustado y la sensación del algodón en sus glúteos aceleraba la excitación, trabajo de buscar lo que había debajo y alargando el momento. Entonces hizo una pausa, encendió la luz del baño y pude verlo mejor, la luz no iluminaba mucho pero era suficiente para vernos, las sombras marcaban mas el contorno de los cuerpos y el sudor hacía que los músculos brillaran. Entonces me incorporó de la cama, me puso de pie al frente del espejo del tocador, para entonces ya estaba yo demasiado prendido y de un movimiento le quité los boxers. Ahí de pie frente al espejo hicimos todo, por el espejo veía la sombra de su tatuaje en el brazo y veía mi propia silueta con la gorra que él me había regalado.
Cuando todo pasó y aún descansando le pedí intercambiar sus boxers por mi ropa interior, a lo cual aceptó. Durante mucho tiempo conservé esos boxers con su olor impregnado, un olor excitante, a macho.
Nos vimos otras veces, en cada una había algo diferente, El me explicó que realmente uno nunca está desnudo, y que aunque la idea común era que para tener sexo había que desvestirse, esto no siempre era así, muchas veces uno se vestía para tener sexo. En cada uno de los encuentros que tuvimos nunca estuvimos desnudos del todo, siempre había algo que hacía que cada encuentro fuera diferente a los otros, y era un excelente amante. Decía que el mismo tatuaje en el brazo era una forma de tener algo aún estando desnudo, era cubrir su piel, pero al mismo tiempo cuando estaba vestido y mostraba el brazo era insinuar parte de su desnudez. Esto le daba un sentido diferente a cada encuentro sexual.
Como él era bisexual me contaba sus aventuras con mujeres, donde la parte de lencería era también parte del juego erótico. Incluso lo acompañe algunas veces a algunos table dance, nunca estuvimos en un lugar para homosexuales y de hecho él no se asumía como tal. Aunque ya había visto películas porno, él fue quien me hizo poner atención a los detalles de estas, donde los actores porno no estaban totalmente desnudos, siempre tenían puesto algo, siempre usaban algo, sin ser películas de leathers donde, ahí si, los atuendos son el centro del filme.
Aunque la pasaba bien cada vez que nos veíamos realmente no podíamos llegar a nada más. Su trabajo le facilitaba conocer mucha gente, hombres, mujeres, mezclados con alcohol, una mezcla peligrosa. La situación se complicó cuando embarazó a otra mujer, tuvo que cambiar de ciudad y entonces dejé de verlo. Tenía mucha creatividad y los encuentros siempre eran diferentes, impredecibles. Definitivamente cambió mi forma de tener sexo. Hoy día aún le digo a mi pareja “no te desnudes por completo . . .”

26 de julio de 2012

Lobo con piel de oveja

Hay una canción de Marisela, Lobo, que en una parte dice “porque eres un lobo, un lobo que siempre ha vestido piel de oveja”. En una fiesta de cumpleaños uno de los invitados ya bastante pasado de copas se puso a hacer performance con las canciones de un disco que parecía tomado del musical “Mentiras” y expresó su desencanto hacia su amante en turno con esa canción diciéndole “porque eres pasivo, pasivo que siempre ha vestido piel de activo”.  ¿Por qué el desencanto?. Porque lo que al homosexual le atrae es la figura del Macho.
El macho es, ante todo, un hombre cerrado en si mismo, que no es capaz de expresar un sentimiento de afecto, que no debe mostrar debilidades, que no se quiebra, que no se “raja”. Dice Octavio Paz “el macho es un ser hermético, encerrado en si mismo, capaz de guardarse y guardar lo que se confía”. ¿Por qué atrae tanto una persona así? Porque el homosexual que ha salido del closet se ha abierto, se ha “rajado”, ha expresado ante todos su orientación sexual y expresa sus sentimientos, y en esa medida se vuelve vulnerable. “El ideal de la hombría consiste en no rajarse nunca”
En la sociedad mexicana “El homosexualismo masculino es considerado con cierta indulgencia, por lo que toca al agente activo. El pasivo, al contrario, es un ser degradado y abyecto” porque se ha abierto, es penetrado. El macho en cambio, nunca se abre, es la parte activa de la relación. Y debe ser siempre activo, ahí radica su atractivo. La utopía de todo homosexual es estar con un hombre “verdadero”, el que nunca será pasivo. Y buscan al más macho, si es casado mejor, porque lo prohibido siempre atrae. Entre más lejos del alcance físico esté es mejor, entre menos muestre sentimientos mejor, entre menos contacto tenga es mas macho. Frases como “yo no beso”, “yo no abrazo”, son las que hacen más prohibitivo al macho y son las más atrayentes en vez de aquel que se entrega a la relación completa de manera abierta, que ya no tiene nada que guardar, que se ha abierto.
Cuando el macho como activo va más allá y comienza a ser también pasivo entonces cae del estatus en que ha estado porque se ha “abierto”, ha sido penetrado y entonces ha traicionado su esencia, ha sido degradado al nivel de todos los homosexuales comunes. Y quien haya hecho caer al macho como pasivo se encarga de alardear que “ese ya no es hombre”, “a ese ya me lo cogí”.
Cuando el homosexual asume además un comportamiento femenino y juega a ser mujer, pasa a una categoría inferior, porque la constitución física de la mujer es estar abierta, “su inferioridad es constitucional y radica en su sexo, en su rajada, herida que jamás cicatrizará”. Es entonces alguien de poco fiar, en contraposición al macho el cual no se raja.
Así como el macho es el extremo del ideal masculino, el otro extremo es caer en que tod@s los homosexuales son mujeres. El fin de semana pasado me invitaron a un “SPA” para homosexuales ubicado en provincia y me llamó la atención como los baños estaban divididos con dos cartelones “Activas” y “Pasivas”. Aunque el activo no se “abre” lo etiquetan también a la condición de mujer, tod@s quienes van al Spa son iguales, ¿por qué?. Porque de acuerdo con estos letreros, al final aunque activ@s, el estar en un lugar exclusivo para homosexuales hace que este se haya abierto en su preferencia homosexual, haya salido del closet y ha rajado lo que es. Tod@s son mujeres ahí. Pero como escribió Octavio Paz, “la feminidad nunca es un fin en si mismo, como lo es la hombría”.