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23 de octubre de 2013

Jacinto (relato anónimo)

Mi mundo entero se cayó a pedazos, tan pronto se supo la noticia de mi homosexualidad y siendo una figura pública en mi ciudad que es homofóbica hasta el tuétano, los medios locales me destrozaron, lo peor era que cada entrevista hecha a mi familia, era echarle mas sal a la herida. Parecía que esas personas a las que yo llamaba "mi familia" nunca habían sentido nada bueno por mí, ni siquiera agradecimiento, todos desde el más pequeño hasta el mayor de mis familiares, cada vez que me veían o les hablaban de mí, vociferaban cosas horribles. Fue así como fui despojado de casi todo lo que tenía, perdí mi trabajo, fui rechazado por todo el que me conocía, nadie me respetaba, era un apestado. Tuve que huir en busca de refugio, no me detuve hasta que estaba muy lejos y cuando llegue a un lugar desconocido cambie mi identidad. No fue fácil levantarme, durante un tiempo me sumí en la desesperanza y el alcohol, las perdidas habían sido muchas y la vida en esas condiciones, yo no la quería.
Paso mucho tiempo de eso y de pronto un día me vi en un espejo, la persona que vi reflejada no era agradable, estaba delgadísimo, tenía muchas canas y no me sentía nada bien. Sabía que eso tenía que terminar porque si no moriría, pero ¿cómo hacer para cambiar? tenía un dolor en el corazón que no me permitía ni siquiera disfrutar del alcohol. Una cosa era segura, tenía que hacer nuevos recuerdos buenos, que me motivaran a seguir viviendo, empezaría de nuevo. Ya no podía ejercer profesionalmente, durante un tiempo trabaje como ayudante de todo tipo de trabajo y teniendo siempre cuidado de no delatarme, tenía mucho miedo de volver a encontrar a las personas que me hicieron daño, poco a poco fui recuperando la tranquilidad y mis heridas emocionales cicatrizaron, aunque a veces deseaba volver a la vida que tuve previamente, me recordaba que eso ya no podía ser.
Entonces tuve una idea genial, pondría un taller, en mi infancia y adolescencia mi padre me enseño el oficio de carpintero y aunque yo ya tenía muchos años que no hacia trabajo de ese tipo decidí retomarlo, junte todos mis ahorros y rente una pequeña casa con un local que convertí en taller de carpintería y me puse a trabajar, el negocio funciono, pero ahora necesitaba un ayudante y pegue un anuncio solicitándolo.
Fue así como conocí al pequeño Jacinto, él era un joven de 25 años, de porte agradable, bajito, algo tímido y muy listo, aunque admitió no saber nada del oficio, dijo que aprendía rápido y lo demostró, además era muy servicial y responsable. Tarde un poco en notarlo, pero, ese joven hizo que olvidara todo lo malo de mi vida pasada y pensara solo en cosas positivas. Pasábamos mucho tiempo juntos en el taller, no parecía tener amigos y cuando después del trabajo nos quedábamos platicando, no parecía tener prisa por irse, parecía alguien que necesitaba mucho amor, poco a poco fui conociendo su historia y eso me unió más a él. Un día después de unas cervezas me confesó que no conoció a su padre, que tenía dos hermanos mayores que él, pero que no tuvieron el mismo padre y que no tenía buena relación con ellos, que no vivían en casa con su mamá, que desde muy joven estaba al cuidado de su madre y que era lo único que tenía.
Pronto descubrí que había tenido pocas oportunidades en la vida y que por ello solo había cursado la educación básica, estaba lejos de conocer el mito griego de Apolo y Jacinto, estuve a punto de contárselo, cierta vez que hablábamos del origen de los nombres, pero me arrepentí, no quise que le asustara la idea, si pensaba que yo le estaba tratando de decir que podría ser homosexual, solo le dije que el Jacinto era una planta de color muy agradable, tampoco lo considere prudente porque el nuevo nombre que adopte en secreto era Apolo. Jacinto, tiene un porte muy masculino, en especial cuando usa para trabajar playeras que muestran sus fuertes brazos y también su comportamiento era siempre masculino y yo todavía no sabía qué era lo que le interesaba sexualmente.
Poco a poco fui demostrándole que confiaba en él, al dejarle más responsabilidades y al cabo de un año, yo podía dejarlo trabajando todo el día solo si tenía que dedicarme a otra cosa, nunca me ha fallado. Durante todo ese primer año del taller, estuve yendo al gym y recupere mi buen aspecto, a mis cuarenta años, me veo bastante bien y en ocasiones creía ver que Jacinto me veía con interés sexual, pero no podía asegurarlo así que mantenía mi distancia con él en ese aspecto. Le había contado parte de mi historia y de esa manera justificaba el ya no buscar una relación con otra mujer. El también comentaba que por el momento no buscaba casarse porque no tenía nada que ofrecer.
Cierto día Jacinto no llego al trabajo, le envié un mensaje y solo contesto con otro, que no podía ir que había ocurrido una desgracia en su casa, que lo disculpara que después iría, yo me fui de inmediato a buscarlo, pensando en que le habría ocurrido, llegue a su casa y me encontré con un funeral, su madre había muerto el día anterior y la estaban velando. Adentro el discutía con sus hermanos y escuche cuando le decían que ahora que su madre había fallecido, el ya no tenía que hacer ahí. Una mujer de las que estaban en el funeral, me comento que lo más seguro era que sus hermanos lo corrieran porque la casa había pertenecido al padre de ellos y no al de Jacinto. Cuando salió y me vio se plantó frente a mi pero no dijo nada, me conmovió mucho y lo abrace, le dije que lo que fuera que necesitara yo lo apoyaría y él contesto que lo único que lo mantenía en esa casa ya no estaba y que era el momento de irse, que si yo podía recibirlo en mi casa temporalmente. Le dije que sí, que en mi casa él podía estar todo el tiempo que quisiera. Me pidió lo esperara un poco y después salió con una maleta, se acercó al féretro de su madre, se despidió y me dijo nos fuéramos, dijo que no iría a su entierro.
Ese día no abrí el negocio, yo me dedique a arreglarle un cuarto y mientras lo deje descansar un rato, él se durmió casi todo el día, cuando despertó, le ofrecí de comer y después una cerveza que él tomo con ansia, yo también tome una y encendí el televisor, seguimos tomando y platicando de otras cosas, de momentos graciosos, me dio gusto olvidara por un momento lo triste y sonriera, tenía una sonrisa que me gustaba mucho, se acercó a mí en el sillón y lo abrace, seguimos bromeando y de pronto me dio un beso en la boca, yo aunque sorprendido lo correspondí, seguimos besándonos y en poco tiempo la ropa fue despojada de nuestros cuerpos, mi hermoso y pequeño ayudante estaba proporcionándome mucho placer, yo desde hacía tiempo estaba enamorado de él y deseaba que esto que estaba pasando entre nosotros fuera el principio de algo hermoso. No lo podía creer pero esto superaba por mucho lo que alguna vez tuve cuando viví con esposa e hijos, ahora tenía muchos deseos de vivir, de vivir al lado de mi bello Jacinto. El estaba en un periodo de transición y yo estaría ahí para apoyarlo, no estaba solo, yo estaría con él. A partir de ahí, nuestra vida cambio, yo conocí cada vez más a Jacinto y entre más lo conocía más me enamoraba de él, pude descubrir a una persona de nobles sentimientos y de muchas más cualidades, finalmente me confesó que desde la primera vez que me vio le guste, cuando vio el anuncio solo pensó en estar cerca de mí, que anteriormente tuvo una relación con otro hombre pero que lo dejo muy lastimado y que ya no creía en el amor, hasta que me conoció. Es así como le dimos nueva vida al mito de Apolo y Jacinto, con ciertos cambios por supuesto y en esta historia, el bello Jacinto vivía. Seguramente mi tocayo Apolo está envidiándome en el Olimpo, porque yo sí puedo disfrutar a mi pequeño Jacinto... sí, mi bello Jacinto.
 
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