Paso mucho tiempo de eso y de pronto un día me vi en un espejo, la
persona que vi reflejada no era agradable, estaba delgadísimo, tenía muchas
canas y no me sentía nada bien. Sabía que eso tenía que terminar porque si no
moriría, pero ¿cómo hacer para cambiar? tenía un dolor en el corazón que no me
permitía ni siquiera disfrutar del alcohol. Una cosa era segura, tenía que
hacer nuevos recuerdos buenos, que me motivaran a seguir viviendo, empezaría de
nuevo. Ya no podía ejercer profesionalmente, durante un tiempo trabaje como
ayudante de todo tipo de trabajo y teniendo siempre cuidado de no delatarme,
tenía mucho miedo de volver a encontrar a las personas que me hicieron daño,
poco a poco fui recuperando la tranquilidad y mis heridas emocionales cicatrizaron,
aunque a veces deseaba volver a la vida que tuve previamente, me recordaba que
eso ya no podía ser.
Entonces tuve una idea genial, pondría un taller, en mi infancia y
adolescencia mi padre me enseño el oficio de carpintero y aunque yo ya tenía muchos
años que no hacia trabajo de ese tipo decidí retomarlo, junte todos mis ahorros
y rente una pequeña casa con un local que convertí en taller de carpintería y
me puse a trabajar, el negocio funciono, pero ahora necesitaba un ayudante y
pegue un anuncio solicitándolo.
Fue así como conocí al pequeño Jacinto, él era un joven de 25 años, de
porte agradable, bajito, algo tímido y muy listo, aunque admitió no saber nada
del oficio, dijo que aprendía rápido y lo demostró, además era muy servicial y
responsable. Tarde un poco en notarlo, pero, ese joven hizo que olvidara todo
lo malo de mi vida pasada y pensara solo en cosas positivas. Pasábamos mucho
tiempo juntos en el taller, no parecía tener amigos y cuando después del
trabajo nos quedábamos platicando, no parecía tener prisa por irse, parecía
alguien que necesitaba mucho amor, poco a poco fui conociendo su historia y eso
me unió más a él. Un día después de unas cervezas me confesó que no conoció a
su padre, que tenía dos hermanos mayores que él, pero que no tuvieron el mismo
padre y que no tenía buena relación con ellos, que no vivían en casa con su
mamá, que desde muy joven estaba al cuidado de su madre y que era lo único que
tenía.
Pronto descubrí que había tenido pocas oportunidades en la vida y que
por ello solo había cursado la educación básica, estaba lejos de conocer el
mito griego de Apolo y Jacinto, estuve a punto de contárselo, cierta vez que
hablábamos del origen de los nombres, pero me arrepentí, no quise que le
asustara la idea, si pensaba que yo le estaba tratando de decir que podría ser
homosexual, solo le dije que el Jacinto era una planta de color muy agradable,
tampoco lo considere prudente porque el nuevo nombre que adopte en secreto era
Apolo. Jacinto, tiene un porte muy masculino, en especial cuando usa para trabajar
playeras que muestran sus fuertes brazos y también su comportamiento era siempre masculino y yo todavía no sabía qué era lo que le interesaba
sexualmente.
Poco a poco fui demostrándole que confiaba en él, al dejarle más
responsabilidades y al cabo de un año, yo podía dejarlo trabajando todo el día
solo si tenía que dedicarme a otra cosa, nunca me ha fallado. Durante todo ese
primer año del taller, estuve yendo al gym y recupere mi buen aspecto, a mis
cuarenta años, me veo bastante bien y en ocasiones creía ver que Jacinto me
veía con interés sexual, pero no podía asegurarlo así que mantenía mi distancia
con él en ese aspecto. Le había contado parte de mi historia y de esa manera
justificaba el ya no buscar una relación con otra mujer. El también comentaba
que por el momento no buscaba casarse porque no tenía nada que ofrecer.
Cierto día Jacinto no llego al trabajo, le envié un mensaje y solo
contesto con otro, que no podía ir que había ocurrido una desgracia en su casa,
que lo disculpara que después iría, yo me fui de inmediato a buscarlo, pensando
en que le habría ocurrido, llegue a su casa y me encontré con un funeral, su
madre había muerto el día anterior y la estaban velando. Adentro el discutía
con sus hermanos y escuche cuando le decían que ahora que su madre había
fallecido, el ya no tenía que hacer ahí. Una mujer de las que estaban en el
funeral, me comento que lo más seguro era que sus hermanos lo corrieran porque
la casa había pertenecido al padre de ellos y no al de Jacinto. Cuando salió y
me vio se plantó frente a mi pero no dijo nada, me conmovió mucho y lo abrace,
le dije que lo que fuera que necesitara yo lo apoyaría y él contesto que lo
único que lo mantenía en esa casa ya no estaba y que era el momento de irse,
que si yo podía recibirlo en mi casa temporalmente. Le dije que sí, que en mi
casa él podía estar todo el tiempo que quisiera. Me pidió lo esperara un poco y
después salió con una maleta, se acercó al féretro de su madre, se despidió y
me dijo nos fuéramos, dijo que no iría a su entierro.
http://www.historia-homosexualidad.org/historia-gay/historia-homosexualidad/literatura-gay/mitos-leyendas-gay/griega-gay/apolo-jacinto-mito-gay/apolo-jacinto-mito.html
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