Infidelidad, en tres
actos
Hablar de infidelidad
siempre es complicado. En el medio heterosexual la mujer que es infiel queda
rebajada a la categoría de una puta, por lo que debe ocultarlo, mientras que el
hombre que es infiel, es un chingón y suele alardear de sus amantes frente a
sus amigos. Sin embargo, en el medio homosexual, esto es más complicado,
porque, para empezar, todos son hombres, sean activos o pasivos, y donde nadie
se pone de acuerdo en qué se entiende por infidelidad. ¿Se es infiel con el
pensamiento, con el cuerpo, con la verga, con las nalgas, con los sentimientos?
¿Dónde comienza el límite y dónde termina? Aquí tres anécdotas
Primer acto: Cuando
todos nos quejamos de la infidelidad pero no reconocemos cuando nosotros lo
hacemos.
Hace tiempo escribí
acerca de “Mi Primer Pareja”, cuando aún no tenía yo noción de lo que era tener
una pareja, lo que implicaba, el compromiso. Nunca conté como terminó esa relación,
y tampoco como inició. Vivía en provincia y descubrí un cine porno, tenía poco
tiempo de ir y en una de las veces lo conocí, me gustó mucho cuando lo conocí,
tenía el tipo norteño, con el pelo medio quebrado muy corto, alto, bigotón,
mirada alegre y una sonrisa varonil que encantaba a cualquiera. Ahí en el cine
hicimos lo que podíamos hacer, a los dos nos gustó, salimos juntos y cambiamos
teléfonos del trabajo porque él era casado. Lo que vivimos juntos está escrito
en ese relato, lo que no conté es que, a pesar de que andábamos juntos, yo no
tenía la noción de que en realidad éramos pareja, y él me lo había dado a
entender diciéndome que nunca iba a dejar a su familia por algo así, él amaba a
su esposa y a su hijo. Teníamos unos tres meses de andar juntos cuando una vez
se me ocurrió ir al cine porno donde nos conocimos. Según yo solo iba a ver la
película y me quedé recargado cruzando los brazos sobre una medio barda que
separaba el pasillo de las filas de asientos. Ahí alguien se me acercó, y me
comenzó a tocar la bragueta, tuve una erección, el tipo me pidió que nos sentáramos
y yo lo seguí, nos sentamos en la primera fila, quedando la barda justo a
nuestras espaldas. Ahí me sacó la verga del pantalón, me estuvo masturbando y
después se puso a mamarmela. En esto estaba cuando sentí la presencia de
alguien que nos miraba fijamente, voltee a ver y era él, la persona con la que
estaba saliendo. Un sudor frío me recorrió, él tenía una expresión de coraje en
su cara, no dijo nada y salió del cine. Yo me levanté, me acomodé la ropa y
salí tras él, sin importar que la gente en la calle nos volteara a ver. Se
detuvo y me dijo: “pasaba por aquí y te vi cuando entraste, así que te seguí
para ver lo que hacías, y ya sé lo que haces cuando entras aquí, te metes con
todos…”. Yo no sabía que decirle, me había descubierto in fraganti, ¿Qué podía
decirle?. Entonces él dio por terminada la relación y me dijo: “que bueno que
paso esto, porque ya me estaba clavando contigo y yo amo a mi esposa, estaba
comenzando a tener problemas con ella por causa de esto”. Se dio media vuelta y
se fue. Me sentí el ser más despreciable, los días siguientes le llamé por
teléfono a su trabajo, lo negaban hasta que un día me contestó y me pidió que
no volviera a llamarlo nunca más. Durante mucho tiempo cargue con la culpa del
rompimiento, todo iba tan bien y yo le había puesto los cuernos y él me había descubierto…

Tercer acto: cuando la
víctima de la infidelidad no es tal…
También en un cine
porno me tocó ver una escena. Andaba un chavo joven, algo gordito, con una
mochila, caminando por los pasillos del cine, los que están a la entrada, se
veía tranquilo, nadie le hacía caso. En una de esas voy al baño y de lejos veo
al gordito al que se le había acercado un tipo, este era más alto, de cuerpo
atlético, moreno. Cuando los vi juntos pensé que ya habían ligado, pero al
pasar cerca de ellos me di cuenta que no era así, por lo que alcancé a
escuchar, eran pareja, al parecer el tipo alto le estaba reclamando al gordito
el por qué estaba en el cine cuando debiera estar en su casa, se veía muy
alterado. El pobre gordito se veía todo sacado de onda e intentaba justificarse
mientras movía desesperadamente las manos, explicando “pero es que yo solo
entré a ver la película, no me he metido con nadie, no he agarrado la verga de
nadie ni le he mamado a nadie…”. Fui al baño, salí y seguían discutiendo, los
observe de lejos y entonces ambos salieron, el tipo alto se veía muy
encabronado. Hasta ahí supuse que se habían ido a arreglar sus diferencias y me
olvide de ellos, pero al cabo de unos veinte minutos vi de nuevo al tipo alto
entrando a la sala de cine, iba solo, ¿y donde había dejado al gordito? Por
curiosidad lo seguí de lejos, subió hacia la parte más alta del cine y ahí se
sacó la verga, no tardaron en acercársele dos clientes, y le comenzaron a mamar
la verga alternadamente, yo como voyerista me acerque lo suficientemente cerca
para ver pero lo suficientemente lejos para que no me tocaran, no era mi tipo,
solo quería ver lo que hacía. Y entonces eyaculó, puso cara de satisfacción, se
arregló la ropa y salió del cine. Seguramente cuando salieron la primera vez
llevó al gordito a tomar su camión para su casa, se aseguró que se fuera, no
sin antes regañarlo, y entonces regresó al cine, no creo haya pagado otra
entrada, seguramente conoce a que vende los boletos y le pidió que lo dejara
entrar de nuevo y entonces hizo lo que acusó al gordito de hacer, con la
diferencia que este era activo y el gordito era pasivo, pero finalmente en esa
pareja, quien resultó ser el infiel fue justamente el que acusó de tal hecho, y
además se metió con dos al mismo tiempo, lo cual no importa, sino el hecho de
la doble moral, acusar de infidelidad cuando uno mismo lo es.
El juego de la
infidelidad. Y el que esté libre de infidelidad que aviente el primer condón.
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