(Relato anónimo de un lector) Ahí estaba yo,
nervioso, esperando en el fondo de un callejón, bajo la sombra de un árbol, esperando
a que la novia de Héctor saliera de su casa, me la iba a presentar, había
insistido en que la conociera, y yo no sabía qué pensar. Todo comenzó hacía
tiempo, recuerdo que cuando conocí a Héctor me desagrado mucho, yo llegue como
un empleado nuevo y él era el único en el trabajo al que yo no parecía agradarle, pues siempre se
las arreglaba para hacerme quedar mal en el taller donde trabajábamos. Pero yo
tenía que estar ahí, no podía buscar otro trabajo, necesitaba el dinero y
afortunadamente con el tiempo dejo de molestarme, no supe porque yo le caía tan
mal hasta hace poco, que él mismo me lo dijo.
Yo recientemente había
terminado mi profesión y no podía conseguir empleo, así que la oportunidad de
trabajar en ese lugar era algo temporal, mis compañeros no tenían por qué
saberlo, pero si me di cuenta que había algunas diferencias en mi forma de ser
con respecto a ellos, así que tuve que cambiar un poco. Comencé a expresarme de
forma más sencilla, también deje que mi barba creciera y no me afeite más,
después de todo en un taller no importa andar bien arreglado. Cuando cambié,
mis compañeros del trabajo comenzaron a invitarme a sus parrandas y acepte.
Me sentía a gusto con
mis amigos del taller, aunque si eran algo culeros, pero aprendí a tratarlos y
me la pasaba bien con ellos, yo todavía
era de closet y mantenía mi gusto por los hombres en secreto, aún me costaba
reconocer que me gustaban los hombres, aunque si me deleitaba con ellos. Fue
entonces cuando comencé a tener más trato con Héctor, aunque todavía no me caía
muy bien, tuve que reconocer que era el más atractivo de todos mis compañeros
del taller, después de platicar en una peda y coincidir en muchas cosas, nos
hicimos amigos inseparables y los demás comenzaron a bromear con nosotros
diciendo que éramos novios. Yo al principio si me apenaba y tenía miedo de que
eso lo hiciera desistir de tenerme como amigo, pero a él parecía no importarle
y cuando bromeaban con nosotros, él se acercaba hasta mí y me abrazaba de la
cintura y simulaba darme besos, a mí me gustaba y solo me reía. Sobra decir que
con el trato diario me fui enamorando de él. En el trabajo platicábamos mucho y
descubrí que era un hombre muy inteligente, además de varonil, no le veía
ningún defecto tan grave, pero si era orgulloso.
La parte que no me
gustaba mucho era cuando salíamos a beber a un bar donde también llegaban
chavas y por lo guapo que era siempre terminaba ligando alguna y se iba con
ella a coger. De pronto un día me di cuenta que las chicas me preferían a mí y
no a él, así que para complacerlo, tuve que hacer tríos con él y la chica que
le había gustado, entonces descubrí, que yo era más atractivo que él y por eso
cuando me conoció no le agrade mucho, el me lo confeso diciendo “por eso, no me
caíste bien cuando te conocí, sabía que estando cerca de mí, las viejas te iban
a preferir”. No me gustaba anduviera con mujeres, pero la que más celos me daba
era una que nunca me presentaba, era “la
más hermosa”, decía él, una tal Jesica y me hablaba mucho de ella.
Una noche de sábado,
durante una peda en su casa, nos quedamos solos bebiendo, no sé en qué momento
ya no pude contenerme y le comencé a sobar su paquete, aunque borracho, se dio
cuenta y me dijo “¿te gusta verdad?” yo solo asentí con la cabeza, entonces se
la saco y yo se la mame, la tenía muy buena, mejor que lo que había imaginado,
él solo cerró sus ojos y se dejó hacer, respirando más rápido. Al otro día, el
actuó como si nada y me quede con la idea de que tal vez lo había soñado, pero
no, si había ocurrido y sin embargo con el pasar de los días, él no me hablaba
del asunto y todo seguía normal, así que me decidí a preguntarle. Cuando lo
hice, me dijo que no había problema, que el respetaba la forma de ser de todas
las personas y que no debía preocuparme. Me quede sorprendido por la respuesta
que me dio, pues parecía más abierto que yo para aceptar la homosexualidad.
Después de eso yo me
sentí más libre de hablarle de mí, y le conté lo que sentía, aunque no le dije
que me había enamorado de él, eso fue bueno, porque después de eso me dijo que
él no podía corresponderme, que respetaba mi forma de ser pero que eso no iba
con él porque estaba enamorado de Jessica, y entonces me dijo que tenía que
presentármela, dijo que era el momento
de que yo la conociera. Al principio me negué, yo estaba enamorado de él y me
sentía mal que no pudiera corresponderme, así que un día acepté conocerla. Yo
para entonces, pensaba que tal vez él era bisexual y que no tenía empacho en
estar con mujeres y hombres, que quizá
por eso aceptaba a los homosexuales, porque de hecho admitió que no era la
primera vez que un hombre le mamaba la verga y que le había gustado. Pues bien,
yo cada vez me sentía más atraído por Héctor y estaba seguro que quizá podía
pasar algo más interesante entre nosotros, pero la vida dio un vuelco
inesperado.
Cuando llegamos a la
calle donde vivía esta chica llamada Jessica, nos metimos en un callejón y hasta
el fondo, bajo la sombra de un árbol, esperamos a que saliera de su casa, yo me
quede a unos metros de Héctor, mientras él esperaba saliera ella, yo aún me
hacía en la mente historias de amor, pensaba que en algún momento él se
aburriría de una mujer y entonces vendría a mí. No me di cuenta cuando ella
salió, fue tan traumático para mis ojos, cuando gire mi vista hacia ellos que
mi celular cayó al piso. Ante mi estaba un travesti, abrazando a mi Héctor, de
verdad que era un travesti atractivo, muy femenino, pero a mí no me gustan y
eso no fue lo peor, sino lo que él dijo, cuando me pidió me acercara para que
me presentara a Jessica, que ella era el amor de su vida. No supe qué decir, definitivamente
no estaba preparado para eso, fue una desagradable sorpresa, mis sueños se destrozaron
en ese momento, junto con el celular que caía de mis manos, ante la sonrisa
divertida de Jessica…
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