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21 de mayo de 2014

La vida en tres, mi historia


Mis recuerdos de la infancia me causaban dolor y siempre evitaba hablar de eso, hasta hace poco que comencé a resignificar las cosas en mi mente, creo que nunca le había contado a nadie todo lo que viví en mis primeros años. Mis parejas siempre eran hombres mayores que yo, a ellos si les he contado de mí aunque no todo y han sido los que me han hecho saber que la vida es bella y aunque nuestras relaciones tuvieron que terminar, yo los recuerdo con mucho aprecio, porque cumplieron en mi vida una función muy importante.
Pues bien, les decía que mi infancia fue difícil, no recuerdo a mi madre, solo sé que a la edad de cinco años mi papá la corrió de la casa después de muchas discusiones, no me quiso llevar con ella y mi papá tampoco quería tenerme, mis dos hermanos mayores que yo, también eran muy crueles conmigo, no sé cómo sobreviví. Siempre sentí que mi papa solo quería a mis hermanos, recuerdo que una vez por la mañana, apenas había despertado y seguía en la cama, escuche que mi papá les decía a mis hermanos: "cállense, no hablen fuerte, que no despierte este hijo de la chingada, sino ya no podré comprarles zapatos nuevos", yo solo tenía nueve años. La vida es cruel, alguien me dijo eso alguna vez, pero estoy seguro que no sabía nada de mi vida, no creo que haya pasado por lo mismo que yo, recuerdo que tenía que vender mi mercancía en el mercado para poder comprarme zapatos y lo que pudiera, a duras penas termine la primaria. Mi papá solo medio me daba la comida y un lugar para dormir, para todo lo demás tenía que encargarme yo.
Cuando salí de la primaria, me fui de la casa y nadie me busco ni me extraño. Fui a vivir a casa de una señora que al parecer se conmovió de mi, ella tenía un puesto de frutas y verduras y por primera vez me fue bien, pues ahí tenía más que en mi casa, sus dos hijos mayores que yo me recibieron con agrado, una muchacha que nunca estaba y su hijo Felipe, nunca supe que edades tenían, pero calculo tenían más de veinte años. Con Felipe, tuve sexo por primera vez, él era un joven muy trabajador, siempre estaba ayudando a su mamá, yo me enamore de él, me gustaban mucho sus brazos fuertes y siempre estábamos bromeando, yo no demostraba mucho mis sentimientos, pero disfrutaba mucho que me abrazara en los juegos. Un día por la noche mientras me bañaba, Felipe se metió al baño y sin mediar palabra me hizo suyo, era muy cariñoso conmigo, lo sé porque cuando me tocaba no era brusco, a partir de ahí lo hicimos muchas veces, pero nunca hablamos sobre eso, él siempre fue muy masculino y nunca saco ese tema, pero en cambio me daba muchas cosas, ropa, dinero, zapatos.
Pero todo lo bueno termina, cuando finalice la secundaria, a mis 16 años Felipe se casó y ya no hubo lugar para mí en su casa, así que seguí trabajando con ellos pero vivía en un cuarto yo solo, ya no volví a tener sexo con él. Durante un tiempo no estudie y solo me dedicaba en mis ratos libres a ir al cine, a leer libros y a visitar museos y fue ahí donde conocí a un profesor, el tenía unos 35 años o más no recuerdo, pero con él me fui a vivir y me mantuvo mientras yo estudiaba en la preparatoria donde trabajaba, recuerdo que en cierta ocasión fueron a dar unas pláticas sobre prevención del abuso sexual, él estaba presente y solo me observaba, yo creo que temía dijera algo en contra de él, pero yo no haría eso, me sentía muy agradecido con él y me gustaba tener sexo, me parecía muy atractivo. Después de esa experiencia, estaba más contento que de costumbre conmigo y me hizo varios regalos costosos, lo cual reforzaba más lo que yo
sentía por él. Cuando termine la preparatoria, me animo a seguir estudiando la universidad, pero me dijo que ya no podía seguir conmigo, tenía que regresar con su familia a otro estado y ya no podía llevarme con él.
De pronto me encontré yo solo de nuevo, así que tenía que buscar trabajo, el profesor me malacostumbro, durante casi tres años no hice nada de trabajo, así que a chingarle y comencé a trabajar en un almacén, pero no ganaba mucho y solo alcanzaba para la renta y comida. Así que un día, mientras observaba unos pantalones en un escaparate, un señor se acercó hasta mí y me pregunto cuales me gustaban, le dije que eran muy caros para mi bolsillo, pero él me dijo espera un poco y se metió a la tienda, cuando salió me dio una bolsa con los pantalones y eran de mi talla, pero no tarde en entender lo que ocurría, así que comenzamos una amistad, esta vida me estaba gustando, era relativamente fácil pasárselo bien, siendo cariñoso y la verdad los hombres que llegaban a mi vida, eran mucho mayores que yo, pero muy atractivos a mis ojos. Otra vez, el fue la beca para mi licenciatura, todavía lo veo de vez en cuando, pero ya no me desea, ahora trae otro joven.
Cuando termine la licenciatura, por fin tenia solvencia y podía hacer lo que yo quisiera, ahora era adulto, pero me di cuenta que la verdad siempre había hecho lo que había querido desde que salí de mi casa, era libre y mis amores me habían cuidado y dado lo que necesitaba en esas etapas en que somos vulnerables, nunca pensé que se aprovecharan de mí, o que solo me usaran, de hecho creo que fui yo quien los uso, pero aun así yo también fui bueno con ellos, les di placer y los hice felices, me adoraban. Fue después de finalizar la universidad y estar ya trabajando, cuando conocí a Orlando y a Oscar, ellos eran muy amigos, casi hermanos, se querían mucho, pero no eran pareja, lo habían sido alguna vez, pero no siguieron como tales, ahora tenían una muy buena amistad. Cuando llegue a su vida, se ponían celosos, cada uno me quería para sí mismo, pero yo los uní, nos convertimos en algo así como un trío, no es fácil de explicar una

relación de este tipo a quienes no la han vivido, pero  con ellos he vivido los últimos cinco años, los amo y sé que ellos sienten lo mismo por mí y no puedo concebir la vida sin ellos, vivimos muy felices los tres y al cerrar la puerta nos amamos salvajemente. Pues bien, esa es mi triste historia, con dejos de dulzura, la vida no ha sido fácil para mí, no sé lo que vaya a pasar mañana, pero siempre ha sido así, el presente es lo que siempre he vivido, el pasado no quiero recordarlo y el futuro es una palabra que hace mucho no está ya en mi vocabulario, no hay esperanza, solo está el hoy, y por el hoy vivo...

15 de mayo de 2014

Al maestro con cariño

 Hay pocos maestros que han dejado huella en mi. Hoy quiero recordar a uno de ellos, el más importante para mi. Desde que recuerdo siempre he sabido que soy diferente, aún a temprana edad siempre me sentí atraído hacia otros niños, conforme fue pasando el tiempo supe que de alguna forma yo era diferente, aunque no tenía conciencia de lo que era, solo sabía que eso estaba mal y en el fondo pensaba que esto pronto iba a pasar, pero mi instinto era más fuerte que yo y siempre admiraba a los niños que me llevaban algunos años y que comenzaban a desarrollar características masculinas más marcadas, mas avanzadas que el resto de los niños de mi edad.
Trataba de ocultar mis instintos en una especie de admiración hacia ellos, y conforme crecía me comenzaron a gustar cuerpos más adultos, con formas más definidas, descubrí las revistas de fisicoculturismo y esos cuerpos de gimnasio fueron para mi los nuevos dioses a los cuales yo admiraba y convertía en modelos a seguir, me hice unas pesas de cemento con tubos y hacia levantamientos tratando de desarrollar los músculos que a esa edad eran aún de un niño, recortaba las fotos de los que más me gustaban y entonces, cierto día, comencé a masturbarme mirando uno de esos cuerpos, y entonces, al llegar el orgasmo llegó también el pensamiento consciente de lo que yo era, ¡era un homosexual!, un puto, un maricón, y todo el placer se volvió una culpa completa, me sentí la peor de las personas, indigno de mis padres.
A partir de ese momento me volví introvertido, trataba de pasar desapercibido y me volví desconfiado de todos, pensaba que en algún momento alguien iba a descubrir mi secreto y entonces todos me señalarían con el dedo diciéndome ¡Puto!. Así terminé la secundaria y dejé la provincia para irme a estudiar la preparatoria a una Universidad que integraba también la preparatoria y tenía un sistema de internado. Los primeros años fueron insoportables, la escuela era sumamente machista, y tuve que encerrarme más en mi mismo. En el primer semestre del tercer año de preparatoria tuve un profesor que nos impartía la clase de biología. Su forma de dar clases era muy amena, a mi nunca me gustó la biología, siempre me sentí más inclinado hacia las ciencias sociales y sicología ya que de alguna manera buscaba una respuesta a por qué era yo así, que era lo que hacía que fuera yo homosexual, pero su clase era muy amena. 
Terminó el primer semestre de ese tercer año y entonces en el segundo semestre la escuela ofrecía una variedad de cursos a elección, orientados a distintas ramas de las licenciaturas que ofrecían. Este maestro ofrecía un curso en particular, Fisiología de la Reproducción Humana, un curso que en sí no iba orientado a ninguna de las licenciaturas que la Universidad tenía como opciones de carrera, y por el contenido del programa a mi me daba miedo tomar por el hecho de pensar en que fuera yo a ser descubierto en mi condición de homosexual en un medio machista. Había la opción de tomar una clase como muestra para saber si el curso te gustaba, muchos de mis compañeros estaban decididos a tomar el curso con él por ser un buen maestro. Y aunque yo lo reconocía era más mi miedo a sentirme descubierto al tomar temas tabú y no saber yo cómo reaccionar. Para seguirles la corriente les dije que iría a la clase muestra, seguramente habría una lista muy grande para inscribirse con él y después les diría que no alcancé cupo. Fui mas forzado que nada a tomar el curso y para mi sorpresa me gustó la clase muestra, era totalmente diferente a como había impartido biología, era muy ameno, y sin tabús. El día de las inscripciones me levanté mas temprano y fui el tercero en anotarse en su clase. A lo largo de un semestre las clases fueron audiovisuales, sin apuntes, con muchas imágenes, mucha discusión y se tocaron todos los temas de ese momento, aborto, virginidad, homosexualidad, filias, parafilias, el ciclo reproductivo sin morbo, y ahí aprendí, gracias a ese maestro, que yo no era una anormalidad, ahí discutimos el tema de lo que es normal y no, y ahí fue, durante esos seis meses, que comencé a aceptarme, gracias a ese maestro, que fue uno de los pocos que tocó mi vida para bien. Al terminar el curso sabía lo que debía estudiar, poco a poco me fui abriendo e incluso fui capaz de bromear de mi mismo frente a otros, aprendí a enfrentar a los demás de forma diferente.
Tres años después de ese curso un nuevo evento habría de cambiar el curso de la forma de tener sexo hasta nuestros días, entre rumores y nuevos miedos una palabra estaba cambiando a la sociedad: Sida.

Este 15 de Mayo quise recordar a ese maestro que me cambió para bien, sin que él nunca lo supiera. Gracias a todos aquellos que merecen llamarse Maestros.

8 de mayo de 2014

El novio de mi amiga


Cuando llegue al bar, me encontré con una cara conocida, era Patricia, una de mis novias de la escuela preparatoria, ahora era una adulta muy bonita y nos saludamos y comenzamos a platicar; ella iba por primera vez a ese bar y me dijo que su novio la había citado ahí, que pronto llegaría, en fin en eso estábamos cuando su novio llegó. No puedo negar que me impacto, su color moreno uniforme y su cabello corto y perfectamente acomodado, lo hacían ver muy atractivo, además de que parecía tener un cuerpo en muy buena forma física.
Paty nos presentó, le dijo que yo fui un compañero de la prepa y el me saludo muy efusivamente, no me di cuenta que yo también cause una buena impresión en él. Al fondo estaban mis amigos y me despedí de ellos, prometiendo que otro día nos veríamos para tomar una cerveza. Después de un rato note que Luis el novio de mi amiga, me observaba a lo lejos, pero no creí el estuviera interesado en mi, se veía muy varonil para ser gay, además de que yo,  ya estaba algo ebrio y fue más fácil pensar que creía ver cosas que no, porque Luis realmente me había gustado.
Pasaron varias semanas y a mi siguiente visita al bar, encontré a Luis, estaba solo tomando una cerveza. Fingí no reconocerlo y me dirigí a una mesa, cuando me di cuenta, él estaba dirigiéndose a mi mesa y preguntando:
-    ¿Eres el amigo de Paty verdad?
-    Sí, lo soy, me parecías conocido, pero no pude recordarte bien.
-    No te preocupes, yo si pude ubicarte
-    ¿Estás esperándola?
-    Sí, quedamos aquí hace media hora y no puede llegar. ¿Puedo sentarme contigo en lo que llega?
-    Claro, siéntate
Comenzamos a platicar y poco a poco nos fuimos conociendo, me dijo que recientemente había comenzado a salir con Paty, yo estaba muy interesado en él, cada cosa que me contaba de su persona me hacía verlo más atractivo, pero algo dentro de mí me decía que él era un hombre prohibido. Sin embargo últimamente yo me había sentido muy solo, aunque tenía bien claro que yo era homosexual, no me había permitido tener una relación de ese tipo, todavía no salía del closet y tenía muchos temores, mis amigos eran heterosexuales y no tenía la confianza de decirles mi secreto, además no me entenderían. A mis 26 años yo deseaba estar con un hombre, pero no sabía que decir, como empezar, que me gustaba exactamente de la relación con un hombre.
Esa noche que me encontré de nuevo con Luis, decidí ver que ocurría, él parecía estar a gusto conmigo, el tiempo pasaba y Paty no llegaba. Terminamos la cerveza con la que iniciamos y pedimos más y más, mientras platicábamos, no sé en qué momento el comenzó a decirme amigo y me gustó, por algo teníamos que empezar y yo no podía negarme a estar con esa compañía tan agradable, nuestras sillas poco a poco se fueron acercando y cuando me di cuenta estábamos muy cerca, él en ocasiones me abrazaba y me decía las cosas tan cerca de la cara que me sonrojaba.
Fue en ese momento que Paty llego, me saludo y le dijo a Luis que quería hablar con él afuera, que saliera porque tenía que decirle algo importante, creí que el momento agradable había terminado, así que me fui al baño y cuando regrese, Luis estaba ahí, me conto que Paty estaba molesta porque él ya estaba ebrio y que no le parecía que estuviera embriagándose conmigo. Que mejor decidió irse con una amiga que la acompañaba. Me sentí mal por ella y le dije que si quería alcanzarla no había problema, que otro día podíamos seguir charlando. Me dijo, que no, que él estaba muy a gusto ahí conmigo y que si ella no estaba de acuerdo que se fuera. No puedo negar que me gusto escuchar esas palabras.
Esa noche seguimos bebiendo no sé hasta qué hora, pero cuando desperté, estábamos en una casa desconocida, cuando llegaron los recuerdos a mi cabeza, me di cuenta que estábamos en donde él vivía, vi la hora y lo desperté, yo tenía que irme, aunque era sábado tenía cosas pendientes y no podía quedarme a dormir más tiempo, me dijo como salir y que en la noche nos veíamos de nuevo, porque teníamos que continuar la peda.
Durante el día pensé muchas veces en Luis, recordé que aunque él no se dio cuenta, yo le di un beso en los labios, cuando nos acostamos a dormir y claro que deseaba verlo de nuevo. Esa noche paso por mí a mi casa y fuimos a beber a otro lugar que yo no conocía y cuando estábamos ahí llego Paty de nuevo, esta vez no me dirigió la palabra y parecía estar muy molesta con Luis, vi como discutían a lo lejos y ella de nuevo se fue. El regreso y me dijo que estaba emputado con ella, que mejor nos fuéramos a su casa, que allá seguiríamos tomando.
Cuando llegamos a su casa, seguimos bebiendo y platicando de todo, pero de pronto me hizo una pregunta incomoda, ¿no tienes novia? Dude un poco y le dije que por el momento no tenia, parecía darse cuenta de mi sentir, me había dado cuenta que era muy observador y que aunque era la tercera vez que nos veíamos, parecía entenderme muy bien. Yo comencé a darme cuenta que estaba ebrio, de pronto él se quitó el pantalón y me dijo que yo hiciera lo mismo que estábamos en su casa. Estábamos juntos en el sillón viendo la tv, cuando de pronto me dio un beso, el cual correspondí, poco a poco nos desprendimos de toda la ropa y comenzamos a besarnos y tocarnos todo el cuerpo. Esa noche fue increíble, me di cuenta que cuando encuentras alguien compatible contigo, te das cuenta de inmediato y es amor a primera vista.
Fue un fin de semana increíble, toda la semana estuve feliz, recordando lo bueno que me lo pase con Luis, pero él no me llamo ni un día durante la semana. Así que el siguiente viernes, lo llame y me dijo que me quería ver, le dije que nos viéramos en el bar donde nos conocimos, pero me contesto que no podía ir ese día, que mejor pasaría a mi casa.
Cuando salí a verlo y aunque lo invite a pasar, no quiso, solo quería hablar brevemente conmigo dijo.
-    Lo que pasa es que estuve pensando en lo que hicimos el fin anterior
-    ¿Qué pensaste?
-    Que me equivoque
-    ¿A qué te refieres?
-    No deseo seguir teniendo algo contigo, estoy enamorado de Paty y esto no está bien.
-    De acuerdo, no digas más, gracias
-    A ti, es decir, sé que eres increíble, pero no puedo seguir, lo siento

Se subió a su auto y nunca más volví a verlo. Esa fue la primera vez que tuve sexo con otro hombre, pero me rompió el corazón. La herida sangró durante mucho tiempo y un día cerró. Pero me queda una inquietud, y ahora solo busco a hombres casados, o que tengan un compromiso con una mujer, ahora yo los busco, he aprendido a reconocer sus miradas furtivas, sé el efecto que causo en ellos, les hago un movimiento con la cabeza, espero el momento que estén solos, y entonces…

1 de mayo de 2014

Augusto


-          ¿Entonces es definitivo Augusto? ¿no vas a ir a la marcha este año?
-          No, me gustaría ir, pero ya sabes cómo es mi pareja, Hugo, a él no le gustan esas cosas, dice que eso no es marcha, que es puro exhibicionismo
-          Pero si tú nos animaste a marchar el año pasado, fue la primera vez que bajamos de la banqueta a la marcha, y nos acompañaste con el torso desnudo, lo que no hubiéramos podido hacer sin tu entusiasmo, y pues este año iremos de nuevo y estábamos seguros nos ibas a acompañar…
-          Tú sabes que nunca me he perdido una marcha, pero no quiero hacer algo que me cause problemas con Hugo, lo quiero mucho y ante todo está él como mi pareja…
-          Te extrañaremos mucho…
-          Les deseo suerte y disfrútenla mucho



Conocía a Augusto de hace años, éramos amigos, nuestra amistad había comenzado con un encuentro sexual en unos baños de vapor, era un galán, un hombre joven con una mirada muy alegre y una sonrisa pícara que me hizo sentir en confianza y que de alguna manera me hizo sentir atracción por él. Tuvimos un encuentro la primera vez, después platicamos fuera, era muy vanidoso, le gustaba mucho cuidar todo su aspecto, hacía ejercicio, iba a un gimnasio y aunque no tenía músculos grandes si tenía una buena definición en su cuerpo, se veía atlético. Varias veces tuvimos sexo, cada vez más espaciado, pero conservamos siempre la amistad. Tiempo después conocí a mi pareja y se lo presenté, le tenía toda la confianza y también a él le cayó muy bien. Augusto fue un amigo muy importante en nuestra relación que nos ayudó a aceptarnos más y nos acompañó a los antros del centro histórico, digamos que conocimos la vida nocturna por él, mucha gente lo conocía, todos lo saludaban con mucho gusto, era una persona que se hacía querer, siempre con esa sonrisa pícara. Él nos enseñó a bailar. 
Poco tiempo después llegó un día muy contento al antro que frecuentábamos, nos dio la noticia de que se había enamorado, el soltero incorregible por fín tenía pareja, se llamaba Hugo. Quisimos conocerlo pero nunca fue, nos dijo que era un hombre de provincia que no estaba acostumbrado al “ambiente” y que no le gustaban las joterías, como los antros para putos, las marchas donde iba pura loca vestida y menos que dos hombres bailaran juntos. A partir de ese día lo fuimos viendo cada vez menos.
-          Augusto, que tal, no esperaba verte por aquí tan temprano
-          Vine a comer, y a tomar una cerveza
-          Si, yo también, a esta hora no hay nadie aquí, pero en la noche esto es otra cosa, lleno de gente
-          Si, aún lo recuerdo, cuando venía con ustedes, ¿se acuerdan?
-          No me digas que ya no vienes aquí
-          No, por lo menos no en la noche, venir a comer aquí es lo único que tengo ahora para recordar ese tiempo
-          Pero, ¿por qué?
-          No quiero que Hugo se moleste conmigo, es muy celoso y yo la verdad es que lo amo mucho, no quiero perderlo, y sabes que a él no le gusta “el mundo frívolo de las jotas” como le llama él a este ambiente, dice que es decadente y vacío…
-          Pero a ti te gustaba…
-          Sí, pero él me ha hecho ver las cosas de otro modo, él es el único que me valora por lo que soy, es el hombre que quiere estar conmigo para siempre, el que se preocupa realmente por mi y el único que no me quiere nomas para un acostón de un rato –y al decir eso se me quedó viendo a los ojos, por primera vez en años ví en sus ojos una mirada de reproche-
-          Te deseo que seas feliz –fue lo único que acerté a decir-
-          Lo soy, y voy a hacer que él sea feliz conmigo, por él voy a cambiar, voy a alejarme de todo esto…
Tomé mi cerveza lentamente mientras lo veía en silencio. Era temprano, la luz del día aún entraba por la puerta de imitación cantina, y pude ver que había comenzado a echar una pequeña panza que antes no tenía, su ropa también era diferente, era más oscura, había dejado atrás los tonos coloridos que siempre le gustaba vestir, y se había dejado de afeitar. Le pregunté si seguía yendo al gimnasio y me dijo que no, que a Hugo le gustaba que engordara porque así nadie más se iba a fijar en él, y menos la bola de jotas de sus amigas que nomás estaban buscando el momento de cogérselo. Hugo era el único que lo valoraba, y decía que ir al gimnasio era una frivolidad.
No lo vimos en la marcha de ese año. Para nosotros era la segunda vez que marchábamos, ahora ya sin el empuje que Augusto nos había dado, pero conocimos a más personas, iniciamos nuevos proyectos, el tiempo pasa, las personas que uno quiere no siempre con nosotros pero otras con mucha valía llegan a nuestras vidas. Un par de meses después de la marcha lo encontré caminando por el centro histórico, se veía diferente, siempre había caminado con porte pero ahora traía los hombros caídos, su mirada era triste y había perdido la jovialidad. Lo saludé y le pregunté cómo le iba, me dijo que había tenido problemas con Hugo, por un comentario que le encontró que había puesto en un perfil de un amigo suyo; yo lo conocía, era un hombre maduro pero muy atractivo y muy mediático, era un comentario cortes, pero Hugo le reclamó diciéndole que de seguro quería que el otro se lo cogiera y que por eso había puesto eso. Augusto juraba y yo le creía que no era cierto, y fue cuando me mostró en su teléfono su conversación con Hugo,
-          Hugo, te juro que no lo hice por querer estar con él, solo te amo a ti
-          Nunca se te a quitar lo puto...
-          Ya dejé de ir a lugares de ambiente, por ti
-          Pobre de ti, que inocente eres
-          Y he dejado de frecuentar a mis amigos
-          Que tristeza, ya no vas a poder ver a tus amigas
-          Hugo, es cierto lo que te digo
-          Siempre te han gustado las vergas, a mi no me ves la cara, y ese güey te gusta
-          No Hugo, solo te quiero a ti
-          ¿Y entonces por qué le pusiste ese comentario?
Y así seguía el dialogo que ya no quise seguir leyendo. Augusto juraba que su pareja lo amaba, y que todo lo hacía porque lo quería, que si no lo celara era como si no le importara. Yo solo callé. Poco después me encontré con Augusto en el Facebook, y por inbox me dijo que se iba a retirar de nosotros porque Hugo se había dado cuenta que nosotros hacíamos fiestas de albercada y que él le había reclamado que de seguro ese fin de semana iba a ir con sus amigos de Soloman para que todos se lo cogieran. Le dije que si quería yo podía hablar con Hugo y decirle que no era así, pero eso lo asustó más y me dijo que por favor no fuera a decirle nada. A partir de ese momento evitamos hablar con él o mencionarlo, poco después anunció en su muro que iba a cerrar su cuenta de Facebook porque había encontrado el amor de su vida y que no necesitaba nada más. No dijo más y cerró su cuenta. Nunca tratamos de hablarle por celular, era seguro que también había cambiado su número.
Quiero pensar que Augusto fue feliz con su pareja, quiero pensar que se fueron a vivir a provincia donde tienen una casita y viven alejados de todo el bullicio y de malas compañías, donde solo se tiene el uno al otro y cada noche se aman como si no existiera el mundo, y donde no existe el mañana. Pero la realidad no es así, a dos meses de la marcha me pareció verlo de lejos en la calle, pero no estoy seguro que fuera él, quizá mi imaginación me esté jugando una mala pasada, será que recuerdo que fue él quien nos llevó la primera vez a la marcha y que por él ahora marchamos cada año con el torso desnudo.

Su nombre no es Augusto, pero le llamé así por un cuento de Herman Hesse, Augusto era querido por todos, pero era incapaz de querer a nadie, un día deseó tener la capacidad de amar, y entonces nadie lo amo más, pero fue feliz…