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18 de febrero de 2015

Mi intención no era romper su corazón...


Todo empezó con la entrada al cine para ver la película que estaba de moda en aquel entonces, “Titanic”, quería admirar la belleza que tenía el actor Leonardo Di Caprio, muy joven en esa película, me gustaba mucho verlo. Como de costumbre, siempre me iba a sentar en la parte trasera del cine, lugar ideal para ligar, no era un cine porno pero quienes íbamos a sentarnos hasta atrás íbamos a ligar. Estaba viendo la película cuando de pronto vi a un tipo alto que pasó junto a mí para dirigirse al baño, con el reflejo de la luz de la pantalla alcance a ver que se le notaba la barba tupida, lo seguí y entre al sanitario a orinar cerca de él y entonces fue cuando  nuestras miradas se cruzaron. Sin decir nada ambos regresamos a la sala, me senté junto a él, pasó un rato cuando de pronto empecé a sentir como su mano rozaba mi pierna, él estaba nervioso, su mano temblaba, en ese momento se me empezó a  poner dura la verga, poco a poco subió su mano y me la tocó, me fui bajando el cierre y deje mi miembro al aire libre, él no me veía, solo me la acariciaba, no me di cuenta que estaba por terminar la película, de pronto se encendieron las luces, rápidamente me subí el cierre, él se levantó para salir y lo seguí.

Al pasar por el zócalo, se dio cuenta que lo seguía, se quedó parado a esperarme y me abordo diciendo “hola”. Para iniciar una plática le pregunte  hacia donde iba, me respondió “a mi casa…”, él vivía cerca del centro, por lo que no hubo tiempo de platicar más, antes de despedirme me dijo: “si gustas mañana nos vemos…”, le respondí  “ok,  a las cinco de la tarde”. Al siguiente día era sábado, yo tenía la tarde libre, salía de la Universidad sabatina a las dos de la tarde, ese día fui a casa a comer con mi esposa e hijos y lo hice rápido pues tenía una cita con alguien que me interesaba,  no sabía su nombre, no sabía si iba a ir. Mi mujer sabía que yo me salía por las tardes para hacer trabajos que nos dejaban en la Universidad, así que ese día no le extrañó que yo saliera.
 
La hora de la cita había llegado, me dirigí al zócalo, a la distancia pude ver que ya estaba ahí esperándome, me acerqué y entonces él me dijo: “soy Miguel”. Yo me presenté, nos saludamos como si fuéramos grandes amigos y nos fuimos a tomar una cerveza para poder platicar tranquilamente, hablamos sobre varios temas, entre ellos conversamos sobre la universidad a la que yo iba, él no estudiaba por razones económicas, supe que también era casado y tenía una hija, al saber que yo estudiaba los sábados me preguntó si él podía entrar a esa universidad, tenía terminado el bachillerato y si era candidato, solo tenía que conseguir una constancia de que estaba prestando un servicio como alfabetizador, en ese entonces él ayudaba a sus padres a atender un negocio familiar, yo también me dedicaba a la fabricación de muebles como negocio familiar, eso le pareció interesante y me dijo que justo necesitaba unos muebles y me invito a su casa, yo acepté, él me agradaba, era más alto que yo, corpulento, de piel blanca y me gustaba mucho su barba muy tupida, quizá porque en aquel tiempo yo no usaba barba, solo bigote.  Cuando llegamos a su hogar me presento a su esposa y empezamos a ver que muebles necesitaban, la señora muy amable me ofreció un refresco, yo estaba muy nervioso ante esa situación,  Miguel le dijo que mejor una cerveza y le pidió a su mujer fuera a comprar unas cervezas ya que no tenían en casa, la mujer se llevó consigo a su hija de cuatro años, en cuanto ella salió, él me abrazo y me beso de rápido, yo me quedé sorprendido, no esperaba eso tan rápido.

Después de haber hecho un presupuesto y tomar la cerveza, me dio un anticipo para la elaboración de los muebles. En tanto llegaba el tiempo para la entrega, nos frecuentábamos y nos íbamos a la casa de sus papas que casi siempre estaban fuera atendiendo su negocio, para tener sexo, él era  totalmente pasivo conmigo, me gustaba que fuera velludo, muy alto y fornido, en ocasiones nos íbamos a un hotel. A fin de tener una comunicación más directa Miguel me regalo mi primer celular. Nos comunicábamos todos los días, a escondidas de mi esposa respondía sus llamadas, por las noches chateábamos, estaba por terminar un ciclo escolar, él ya tenía preparados sus documentos para ingresar a la universidad, yo entraría al último semestre. Con el tiempo yo también lo llevé a mi casa y le presenté a mi esposa y a mis hijos, él tenía una gran simpatía y a mi mujer le cayó muy bien.

Ante nuestras esposas éramos solamente buenos “amigos”, seguimos frecuentándonos por más tiempo, a la primer entrega de muebles siguió otro pedido más, ahora para otra parte de su casa, y así otro pedido más hasta terminar de amueblar toda su casa: sala, cocina, comedor y recamara. Siempre me pedía opinión del tipo de muebles que iban con el estilo de su casa, de los acabados, color, etc., y siempre tomaba en cuenta las opiniones que yo le daba, siempre me decía que confiaba en mí y en lo que yo hacía, mientras me guiñaba un ojo. Algunas cosas tenían que hacerse en su casa. Por ejemplo para los closets y cocina, el ruido molestaba a su esposa y ella optaba por salir a ver a sus padres, esos momentos los aprovechábamos para entregarnos al sexo y lo hacíamos en su propia cama matrimonial. Durante las tardes chateábamos, en cierta ocasión me dijo que un día su esposa le pregunto: “¿con quién platicas tanto?”. Él borró la conversación y me dijo “te llamare Andrea…”, ella era una compañera de clases de él, le dije que sí, lo entendía porque yo también era casado y así conversábamos como si yo fuera ella, platicando de los trabajos de la escuela, ella se acercaba a veces a ver su conversación, después de algún tiempo dejó de darle importancia, se salía y nosotros seguíamos con la plática cachonda entre dos hombres.

Ellos me invitaban a fiestas familiares, todo iba bien hasta que un día al estar chateando me dijo: “ya no tengo relaciones con mi esposa, solo te quiero a ti…”. Yo no supe que decirle, me quedé viendo a la webcam y me preguntó: “¿Cómo le vamos a hacer…?”. No sabía que decirle, le dije lo primero que se me ocurrió y sin pensar en las consecuencias, le respondí, “nunca dije que te quería, solo dije que me gustabas…”. Él cambió, lo noté a través de la cámara, su expresión antes agradable y cariñosa cambio a otra expresión de coraje y rabia, pidió verme de manera personal, accedí para platicar con él, fue muy duro… Con lágrimas en los ojos me miró con resentimiento y desprecio, diciéndome: “¡arreglé mi casa a tu gusto y con esto me pagas!”. Le respondí “ambos estamos casados y con hijos, no podemos destrozar el matrimonio de cada quien y mejor ahí le paramos, nunca pensé que pasara esto…”. Él se dio media vuelta y se fue alejándose con la mirada agachada, sin voltear a verme. Fue la última vez que lo ví.
 
Por estar ambos casados, nunca pensé que él se fuera a enamorar de mí y a tomar lo que pasó como algo serio, nunca quise romperle el corazón. Después de unos años supe que Miguel había terminado sus estudios y se fue a trabajar fuera de la ciudad, dejando a su familia, jamás supe de él, no sé si se divorció, perdimos todo contacto, a lo que ahora cuando recuerdo esa parte de mi vida, solo repito esa frase de la canción tan común, “Lo siento mi amor, pero ya me canse de fingir, hace mucho que no siento nada el hacerlo contigo…” Él nunca lo supo, pero solo era mi amante en turno, al mismo tiempo yo me veía con otros dos chavos, a Miguel lo veía en la universidad, con el otro quedaba de verme a las cinco de la tarde y posteriormente en la noche me citaba con otro…

 “Y nos dieron las diez y las once…”, en esos tiempos mi ajetreo sexual terminaba a las cuatro de la mañana, cuando ya tenía que llegar a mi casa, a dormir con mi esposa...  



12 de febrero de 2015

De amor y locura



Dicen que el enamoramiento es un proceso químico que se da en el cerebro el cual libera dopamina, lo cual nos crea esos estados de euforia. Más allá de esta explicación, hay un cúmulo de sensaciones que no pueden explicarse, solo sentirse. Nadie tiene la verdad absoluta de lo que es el amor. Yo tampoco. Estas son sólo algunas reflexiones en torno al significado personal de su interpretación. Si me pidieran definir el amor me confieso incapaz de hacerlo, muchas veces es más fácil decir lo que no es el amor, porque para cada quien el amor se expresa de forma diferente, y todas las formas tienen algo de razón, pero también mucho de irracional, porque el amor también es locura, y las locuras no pueden explicarse, solo se viven intensamente.

El mundo es el mismo para todos, pero la forma en cómo lo vemos y cómo lo interpretamos es diferente para cada uno de nosotros porque tenemos diferente forma de percibirlo y de relacionarnos, pero cuando se habla de algo intangible como los sentimientos es aún más complicado, ¿cómo se puede saber que eso que sentimos es amor? ¿Quién de todas las personas con las que te has relacionado es el amor de tu vida? El amor romántico puede ser impreciso, cambiante, lo que hoy se ama mañana se puede odiar, lo que hoy es el amor eterno mañana puede ser el peor error de tu vida. Hay muchos que se obsesionan buscando el amor, como si fuera algo necesario para ser socialmente aceptado y más en vísperas de un 14 de febrero. Si tienes pareja hoy, quizá tú y él se ocupen en actividades sociales como salir al antro o al cine, tomados de la mano, derrochando miel como si se tratara de una escena de la telenovela del canal de las estrellas, que es la forma en la que se ha educado a la sociedad mexicana sobre lo que es el amor, no importa que vivamos una devaluación, que el precio del petróleo haya caído, o algo más personal, que traigas el colesterol al tope (eso sí daña al corazón) o que el sueldo no alcance para cubrir las necesidades básicas. Las novelas y películas enseñan que “el amor todo lo vence”. Pero ¿será así? Quizá debamos descolonizarnos un poco de las ideas que Hollywood y el canal de las estrellas nos han metido hasta el cansancio.

Es indudable que el amor  es un sentimiento que nos proporciona muchas satisfacciones, la mayoría hemos disfrutado de una persona con la cual nos sentimos compatibles. Por ello muchos se enfrascan en una búsqueda sin fin para encontrar el amor de su vida y después de mucho tiempo llegan a ciertas conclusiones según les fue en la búsqueda. Algunos llegan a conclusiones como las que se expresan en las canciones de desamor, como decía Radio Futura: “el amor es una enfermedad, que una vez contraída no se cura”, y por otro lado, que: “El amor es una epidemia que se acaba con el tiempo” (Joaquín Sabina, JS)
 
“Apenas llegó, se instaló para siempre en mi vida
No hay nada mejor, que encontrar un amor a medida” (JS)
Estaba en la Universidad cuando conocí a Beto, era mayor que yo, iba un año delante de mí en la misma carrera que yo estudiaba, no era guapo en el sentido de que fuera “bonito”, más bien era algo tosco. De piel morena, sus facciones eran recias y eso lo hacía ver muy varonil, un gran bigote espeso y grueso y una barba que no se dejaba crecer y que tenía que rasurar cada tercer día, velludo y con un cuerpo atlético, tenía unas piernas gruesas donde se le marcaban los músculos. Por azares del destino nos hicimos amigos, nunca pasó nada entre nosotros, él era hetero y yo estaba encerrado en el closet, pero fue el mejor amigo que había tenido hasta ese momento, íbamos juntos a casi todas partes, me gustaba mucho su compañía, fue un amor platónico con el que nunca hubo nada, y quizá es eso lo que lo hizo inolvidable en mi memoria, el hecho de que fuera imposible, que nunca hubiera pasado nada es lo que lo hace especial, porque el amor realizado no inspira tanto como el desamor, el amor no es tan eficaz para crear como el desamor, las expresiones de arte más fuertes, desgarradoras, son de desamor, sea una canción, una poesía, una película, tienen al desamor como la fuente de inspiración. Todas las novelas rosas terminan en que, después de un cúmulo de contrariedades superadas, al final todo se resuelve y vivieron felices para siempre, ahí termina todo, lo que sigue después ya no vende, la felicidad eterna no existe. Cuando Beto terminó la Universidad a mí me faltaba un año para terminar de estudiar, de repente me quedé solo, durante dos años había sido mi único amigo, mi amor secreto, mi compañía, el hombre que yo admiraba en silencio, y se fue, dejando un vacío en mi vida. Durante mucho tiempo imaginé cómo hubiera sido nuestra vida juntos si él no hubiese sido hetero, si yo no hubiera estado encerrado en un closet, quizá habríamos hecho una vida juntos, quizá hubiéramos sido felices para siempre.. o quizá no.

“Le sonrió, con los ojos llenitos de ayer, no era así su cara ni su piel, -tú no eres quien yo espero…-” (Serrat)
Un año después, en mi graduación pude ver a Beto, iba con su novia, me la presentó, una joven poco agraciada, se veían enamorados, no pude estar a solas con él, ni como amigos, no pude decirle nada, pero no importó, porque algo había cambiado.

"No soy yo, ni tú, ni nadie
son los dedos miserables
que le dan cuerda a mi reloj." (JS)
Él no había cambiado, era yo quien había cambiado, no pude verlo como antes lo veía, aunque a esa edad uno no cambia mucho en un año, yo lo ví diferente, distinto al hombre del que me enamoré, quizá haya sido por el hecho de verlo con su novia, pero en ese breve instante pude ver cosas diferentes en él que antes no había visto, o que había pasado por alto, digamos que no era perfecto, y entonces lo que no era perfecto en él comenzó a tener más peso que todo lo hermoso que antes había visto en Beto, un año fue suficiente para hacerme cambiar, él ya no era el mismo del que yo me había enamorado, era otra persona. Y no lo volvía a ver jamás. Y aunque hoy día sigo enamorado del hombre que fue mi mejor amigo durante dos años en la Universidad, es una imagen construida en mi memoria con lo mejor de sus recuerdos, pero no corresponde a la realidad, no es el hombre que ví en mi graduación, de él no estaba ya enamorado. Y si mis sueños telenovelescos se hubiesen hecho realidad habríamos terminado mal, algunas cosas es mejor que permanezcan como recuerdos.
“no es que no quiera, es que no quiero querer,
echarle leña al fuego del hogar y el deber,
la llama que me quema cada vez que te veo
me dice que es absurdo programar el deseo,
al cabo de unos años estaríamos los dos
adultos y aburridos frente al televisor” (JS)

 “Lo peor del amor, es cuando termina” (JS)
Dicen que la historia a escriben los vencedores, sin embargo, en cuestiones de amor, la historia la escriben los vencidos, los que fueron abandonados, los que terminaron mal en alguna experiencia, las historias que más se construyen son alrededor de la imposibilidad de seguir siendo amados, sea por una causa o por otra. Y quien es dejado se muestra como una víctima, nunca hay un reconocimiento de una culpa propia, en algún punto se descubre que “mi rey era un monstruo de piedra” y uno es quien resulta engañado.
Carlos fue el primer hombre con el cual tuve sexo, lo conocí en un cine porno que ya no existe, me hizo sexo oral en el cine, salimos juntos y me invitó al departamento que rentaba junto con otros tres amigos. El, al igual que yo, fuimos al cine a buscar placer, no el amor. Si él me invitó a su depa fue para pasar un rato agradable con mayor comodidad, para desnudarnos, coger sin prisa y sin interrupciones. Quizá por ser el primer hombre con el que tenía sexo satisfactorio, regresé a buscarlo varias veces, y cada vez me fui enamorando de él. Sin darme cuenta lo fui acosando para que fuera solo mío, le fui pidiendo más tiempo, un tipo de relación más allá de solo el sexo, creo que él me soportaba por el placer que le daba, pero llegó un momento en que fue claro conmigo y me dijo que tenía una relación con otro hombre, un contador, de buena posición económica el cual solventaba sus gastos. No hubo engaño, el único que se hizo tonto fui yo. No fui una víctima de él, sino de mí mismo. Durante mucho tiempo le eché la culpa por haberme engañado, solo porque no había FB no me puse a postear que “él me engaño” ya victimizarme, porque realmente ambos coincidimos en un lugar donde no se va a buscar el amor eterno, solo el placer. Mi sentimiento de amor fue erróneo porque mi enamoramiento se basaba exclusivamente en el placer sexual, sin tener más puntos en común. “Me han traído hasta aquí tus caderas, no tu corazón” (JS).
 
“Y si de verdad me amas,
No habrá casorio, ¿para qué?
Con dos en una cama
Sobran testigos, cura y juez” (JS)
Con lo anterior, podemos darnos cuenta que es necesario hacer una reflexión sobre la idea que tenemos del amor y cuáles son las características que buscamos en la otra persona con la cual deseamos compartir una vida. Robert J. Sternberg señala tres componentes del amor: la intimidad (sentimientos que promueven el acercamiento), la pasión (un fuerte deseo de unión) y el compromiso (para conservar y reproducir el amor). La intimidad y la pasión son componentes que en cierto modo se dan por si solos. Pero el compromiso es un componente que se tiene que mantener y para ello hace falta cierta madurez de los que se enfrascan en dicha relación. Existen en el medio hetero y también en el homosexual, parejas que desde hace tiempo perdieron los primeros componentes pero siguen compartiendo su vida por el componente del compromiso. Quizá ustedes conocen alguna pareja así, y sin embargo y a pesar de que ya no comparten la cama, yo podría decirles que esas parejas en verdad se aman.

“Como otras parejas tuvimos historias de celos,
Historias de gritos y besos, de azúcar y sal,
Y contra pronóstico han ido pasando los años,
Tenemos estufa, dos gatos y tele en color,
Si dos no se engañan, mal pueden tener desengaños...
¿emociones fuertes? Buscadlas en otra canción…” (JS)


5 de febrero de 2015

Maduros, mi debilidad

(Anónimo) Mi corazón latía con fuerza, y un escalofrió recorrió mi cuerpo desde la cabeza a los pies, yo solo quería huir de ese lugar, solo unos momentos antes habíamos sido descubiertos en plena acción teniendo sexo. Yo estaba completamente penetrado por el dueño de la veterinaria dentro de su negocio y por obvias razones no habíamos escuchado cuando un cliente, después de estar tocando, había entrado para encontrarse con la sorpresa de que nosotros estábamos dentro cogiendo. Después de ese momento ya no volví más a ese lugar, temía que me reconocieran y tanto el veterinario como yo podíamos perder mucho. Nunca más volví a ese lugar.

No sé en qué momento comencé a sentir atracción hacia los hombres, y no es que me atraigan todos los hombres, yo tengo gustos muy específicos. Como a los 14 años me masturbe por primera vez y con un primo mayor que yo, pero no nos tocamos, solo lo hicimos en su casa viéndonos el uno al otro. Según mi primo trataba de enseñarme como se hacía y una plática sobre el tema derivo en que nos masturbáramos. Yo siempre he tenido y tengo novias, así que durante mucho tiempo me consideré heterosexual, pero en algún momento descubrí mi atracción por los hombres maduros, con gran diferencia de edad, y ahí fui descubriendo más mi verdadera sexualidad.

Todo empezó cuando fui al veterinario fui con mi papa a que inyectaran a un perro que teníamos que estaba enfermo. Fue ahí donde conocí al hombre que me inicio en el sexo homosexual. Cuando lo vi por primera vez me atrajo muchísimo, era un hombre maduro de unos 50 años pero con un cuerpo fornido con una pancita que me gustó mucho. Tenía unos brazotes muy musculosos y tan solo al verlo y tenerlo cerca me causaba una erección. Días después regresé para comprar croquetas, él era muy atento conmigo, y me comenzó a hacer plática, que si yo ya tenía novia, y cosas así, yo le seguía la plática por curiosidad y porque me llamaba la atención su físico, y un día, con el pretexto de mostrarme fotos de su participación en el culturismo me pasó a un cuarto que tenía en la veterinaria. Esa primera vez que nos vimos me permitió tocarle sus  brazos y me dijo que cuando quisiera podía ir a platicar de nuevo. Yo estaba a punto de cumplir  18 años.

Durante días pensé mucho en volver a ver de nuevo a ese señor, yo era tímido y no tenía muchos amigos y por fin encontré el pretexto para verlo de nuevo, aunque me quedaba más lejos, iría a comprar las croquetas para el perro hasta su negocio. Fue así como regresaba a verlo, con el tema del fisicoculturismo y un día él comenzó a posar para mí, en ese cuarto con las jaulas de los perros viendo me posaba el cabrón, se quitaba la ropa y se quedaba en bañador, hasta se le paraba la verga pero él como si nada, se agarraba la verga para acomodársela y eso me calentaba, ver que se acariciaba la verga y se la ponía de lado mientras posaba, me dijo que era normal que se erectara, porque a mí también se me paraba y me dijo que me la podía jalar si quería, y nos al jalábamos juntos hasta que una vez que estaba yo bien caliente me dijo que me sentara en él, yo acepté y me fui sentando en su verga, la tenía curveada para un lado, cabeza chica y tronco grande, me gustó lo que sentí, tenerlo adentro, comenzamos a fornicar con los perros como testigos detrás de las jaulas, y sin capucha, siempre me decía que llevara condón pero nunca traíamos, y me gustaba que se viniera en mí.

A veces me hablaba de su casa cuando su esposa no estaba y fornicábamos en su cama. Él me llamaba para que fuese a su casa y lo hacíamos en su cama, donde dormía con su esposa, eso me parecía muy morboso, muy excitante, yo todo el tiempo la tenía parada cuando nos veíamos en su casa. El ya no tenía sexo con su esposa y me dijo que le gustaba más cogerme a mí que a ella. Algunas veces él también se llegó a sentar en mi, era un tremendo cabrón, pero él era más activo y la mayoría de las veces fue él quien me cogía, me gustaba sentirme bien dominadote por él. Durante el tiempo que cogimos lo hicimos sin condón, me decía que no le gustaba usarlo, pero que lo usaríamos, cosa que jamás pasó. Mi posición preferida era sentados de frente abrazados, viéndonos a los ojos y ver su cara, cómo se le cerraban sus ojos y gemía riquísimo mientras me abría el culo y bombeaba bien rico el cabrón.

Durante casi un año nos vimos casi cada semana, y aunque yo tenía sexo con mi novia, me gustaba más tenerlo con el señor casado. Yo siempre andaba bien pinche caliente, nunca me afectó el tener sexo con el señor a la hora de cogerme a mi novia, al contrario andaba más pinche caliente y ella feliz, pero por dentro a veces no sabía cómo interpretar eso que me paso, a veces me calentaba mucho pensar en cómo me bombeaba el señor y me la tenía que jalar y después me daba chingo de vergüenza y coraje porque no estaba bien pensar eso.

Con el señor era riquísimo, a veces se deslechaba en mi cara y aunque no me gustaba mucho el sabor, si me gustaba como me los disparaba en la cara, y eso me hacía estar excitado por horas, y pues en otras ocasiones los mecos me los echaba allá abajo. Estuvo muy rico el comienzo con ese señor, a veces traía el culo lleno de mecos y para no sentirme mal me cogía a mi novia. Aunque debo aclarar que aunque si tuve sexo con él sin protección, la relación que he tenido con mis novias ha sido distinta, con ellas siempre he usado condón y no he hecho las marranadas que si hice con ese señor. Durante mucho tiempo me atormente con pensamientos de que lo que hacía con el señor estaba muy mal y me sentía apenado y con coraje hacia mí mismo, pero aun así no podía evitar dejar de ver a mi señor favorito. Seguí viéndolo hasta que ocurrió lo que les conté al principio de este relato.

Con mi novia también me gustaba cogérmela, pero era más rutinario, las mismas posiciones y ya, faltaba pasión, no le gustaba coger mucho y no le gustaba el sexo oral, era más conservadora y no le gustaba participar mucho, me dejaba todo a mi, y poco a poco fui perdiendo el interés en ella hasta que terminamos.  He tenido otras novias, pero solo he tenido relaciones con dos hombres que me han gustado mucho, el primero ya les conté. El segundo lo conocí a los 22 años y solo nos vimos pocos meses. En esa época entre a un gimnasio cerca de casa de un amigo en un barrio popular y el encargado era un señor de unos 55 años, casado y con buen cuerpo, era velludo y comenzaba a encanecer, estaba mamado. Como iba yo a horas que no iba mucha gente, él estaba cerca de mí todo el tiempo, me ponía las rutinas y me agarraba los brazos y cintura y me decía que me iba a poner mamado. Me gustaba que me tocara discretamente los músculos y que me diera palmadas animándome a no fallar en el gym y durante ese tiempo vi muchas mejoras en mi cuerpo. Cerraba el gym a las 10 de la noche, yo me quedaba ahí y dizque le seguía pero la verdad es que me quedaba para estar con él solos y comenzamos a coger, fue así como comprobé que los hombres maduros son mi debilidad. 

Al principio solo le hacía sexo oral y se venía en mi boca, siempre me decía: “a la otra te traes condones para cojerte rico”, y nomás eyaculaba en mi boca pero después fui y tampoco traía condón y ni pedo me dijo “tal parece que quieres que te coja así, a pelo”. Y era delicioso que me cojiera así, varias veces pasó, siempre me decía que llevara pero siempre olvidaba llevar, o tal vez no quería llevar. Me llenaba de leche el culo y después yo a él y nos quedábamos dormidos en el suelo del gym. Este señor también me llevó a su casa, y ahí supe que me gustaba que los señores me cogieran en la cama de sus esposas,  una vez hasta lo hicimos en la cama de uno de sus hijos, fue algo muy morboso, y en la cama de su esposa también era  algo prohibido pero delicioso. Me gustaba sentir su pecho canoso en mi cara, con este señor puerqueabamos delicioso, me llenaba de mecos la cara y luego me los quitaba a lengüetazos y besos, él tenía bigote, y me daba unos besotes llenos de sus mecos.


Pero ya no pudimos vernos más porque mi familia se mudó y ya no pude ir  a ese gimnasio más. Actualmente tengo novia y disfruto el sexo con ella, pero algo me falta, me gustaría conocer un maduro como los dos que han dejado un recuerdo indeleble en mi memoria. Creo que he tenido mucho mejor sexo con los señores maduros y casados para no tener tantas broncas, soy inter, más pasivo, pero me ha tocado ser más pasivo, si hay algún señor moreno, maduro, machín, casado y entrón, pues que rico, yo me dejo coger…