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27 de mayo de 2015

En busca de una mejor vida


 A veces, cuando uno conoce a alguien, quiere saber cómo fue el inicio, cómo fue que entramos a este medio, que nos descubrimos lo que somos, y cómo lo afrontamos. Mi caso puede ser como muchos otros, fue hace algunas décadas que todo empezó, en aquel tiempo estaba estudiando la prepa, yo era de más edad que el resto de mis compañeros ya que tenía que alternar el tiempo de estudio con la necesidad de trabajar, provengo de una familia numerosa y a todos nos enseñaron a trabajar antes que aprender a leer, no había para tener comodidades y si uno quería un par de zapatos o unos pantalones se los tenía que comprar uno mismo. El trabajar desde chico me hizo tener un cuerpo más desarrollado que otros jóvenes de mi edad aunque no era consciente de eso, trabajaba en lo que se podía.

Tendría unos 19 años cuando entré a trabajar en una tienda de muebles donde hacía de todo, desde cargador, estibador, hasta labores de limpieza en la tienda, dormía en la bodega de muebles, así que también la hacía de velador. Lo alternaba con mis estudios de la preparatoria, en aquel tiempo yo era un chico muy tímido, nunca entablaba una conversación con la gente, solo atendía a lo que me decían. Nunca fui pretencioso, solo quería tener un trabajo honrado que me permitiera poder vivir con lo que es necesario. Un día que estaba acomodando unos muebles en el piso de la tienda llegaron dos hombres a pedir un presupuesto para amueblar su casa, se veían como si fueran padre e hijo, el encargado no estaba y yo los atendí, les di los precios que estaban marcados en los muebles que me preguntaron pero les pareció demasiado caro, me preguntaron si no hacían descuento alguno por esa cantidad, a lo que respondí que en cuanto llegara el dueño yo le preguntaría y les pedí me dejaran su número de teléfono para llamarles posteriormente, no había celulares. Me dijeron que estaban hospedados en el hotel Muñoz frente al zócalo de la ciudad y que ahí podía dejar con el administrador el presupuesto, que ellos estarían al pendiente.

Se despidieron muy amablemente, el señor de 60 años me dijo llamarse Mario, el otro más joven de 35 años era Leopoldo. Si yo pudiera hacer esa venta me podía ganar una buena comisión, así que cuando el dueño de la tienda llegó le comenté que unos clientes habían ido a preguntar por el presupuesto para unos muebles, el dueño era una persona comprensiva y me dio un presupuesto con un buen descuento. Estaba contento, podía hacer mi primera venta y mi primera comisión, pude ver una mejora en mis condiciones de trabajo y así podría ayudarme para poder terminar la preparatoria, no ambicionaba mucho, solo tener una mejor forma de vivir.

Al día siguiente fui a verlos después de salir de clases por la noche al hotel, ellos estaban en el lobby, al verme me saludaron muy amables y me invitaron a pasar a su habitación para que les dijera de su presupuesto. Yo no sabía la verdadera intención de ellos, fui a su cuarto y entre pláticas me contaron que eran tío y sobrino, que estaban trabajando en esta ciudad y que ya estaban cansados de vivir en el hotel y que ya estaban por comprar una casa para vivir más tranquilos. Me sirvieron un trago, yo no tomaba, no quise despreciarles el trago, en mi inexperiencia lo tomé como si fuera refresco, me sentí algo mareado. La plática era amena, pocas veces hablaba yo con alguien, ellos se veían cultos, con estudios, usaban palabras que yo desconocía, el tiempo paso muy rápido y sin darme cuenta ya era muy noche. Me dijeron que me tenía que quedar a dormir ahí porque “ya habían cerrado el hotel”. Me quede pensando “¿y dónde voy a dormir?”, me dijeron “hay dos camas, dormirás con mi tío”, me dijo el más joven. Nunca en mi vida había dormido con un extraño, eran aproximadamente la una de la mañana, no me quedaba de otra, apagaron las luces, y solo me dijeron “ponte cómodo”, frase que hube de escuchar más a menudo. Hacía calor, solo me quede con mi calzoncillo, cuando ya me estaba quedando dormido empecé a sentir como Mario empezó a ponerme su culo cerca de mi cuerpo, nunca había sentido esa sensación, era la primera vez que un hombre me acercaba su culo, mi verga empezó a reaccionar, yo me hice el dormido, mi verga ya estaba dura, de pronto él se voltea y mete su mano en mis calzoncillos, saca mi verga y empieza a jugar con ella, yo mantenía los ojos cerrados haciéndome el dormido. De pronto siento algo más caliente, era su boca que me estaba mamando la verga, así estuvo buen rato hasta hacerme venir, yo no entendía de qué se trataba eso pero me gusto venirme a chorros, se tragó todo mi semen y me limpio todo con su boca, hasta la última gota. Después me venció el sueño y a la mañana siguiente se despertaron a las siete de la mañana, yo me metí al baño a darme un regaderazo y cuando salí ya tenían un desayuno suculento, me apresure a desayunar, no hubo comentario alguno, solo me dijeron: “gracias, puedes venir cuando gustes, mañana iremos a la mueblería para realizar la compra”.
Al tercer día fueron a realizar su pedido, los muebles eran para Vallarta, allá habían comprado un departamento y lo ocuparían solo los fines de semana, siguieron viviendo en el hotel durante un tiempo en el cual los visite una vez más, siempre me ofrecían un trago antes de hacer lo demás. Ahora el plan era que me quedara con el sobrino, me había gustado como me deslecharon con la boca, ya no fingí dormir, el sobrino fue más directo, inmediatamente se puso a mamar mi verga durante más de media hora, no decíamos nada, solo se la empujaba hasta que me hacía venirme, esa noche me vine tres veces en su boca, él quería que se la metiera, yo nunca había cogido un culo y si me daba algo de repulsión. A la mañana siguiente me dijeron: “la próxima semana ya nos iremos a vivir a Vallarta, si gustas puedes visitarnos allá, podrás tener más oportunidades de trabajo allá”, les respondí gracias, y me dieron la dirección.

No era una atracción física, solo el puro deseo de que mamaran mi verga, así que fui a visitarlos a su casa de Vallarta, era un departamento que tenían a la orilla del mar, con una vista muy bonita. Ahí me dijeron que si quería podría irme a vivir con ellos: “la casa tiene dos recamaras, una de ellas tiene dos camas, acá tendrás casa, comida y un buen trago siempre dispuesto”. No lo pensé dos veces y a la siguiente semana me fui a vivir con ellos, ¿qué más quería? tenía comodidades y un lugar seguro. Hablé con el dueño de la mueblería, le agradecí me hubiera dado trabajo, en mi casa no me dijeron nada, éramos tantos que uno menos era lo mejor. Don Mario y su sobrino ya habían platicado sobre el tamaño de mi verga, pero ahora ya en su casa deseaban “algo más”, la penetración. Ellos no lo hacían por amabilidad, me querían como su semental de planta, por las noches acostumbraban a tomar la copa y después a dormir, pero no sin antes que un día estuviera con uno y la siguiente noche con el otro. Yo prefería  hacerlo con el más joven, tenía el culo menos abierto y estaba peludísimo, nunca hubo besos, solo me la mamaba y lo penetraba, al principio no aguantaba el grosor de mi verga, tenía que usar mucho lubricante, con el paso de las semanas se fue acostumbrando, en cambio el señor Mario ni se quejaba, ya tenía el culo como si fuera vagina.

Estando en Vallarta volví a retomar mis estudios de la preparatoria, ahora no tenía necesidad de trabajar, usaba la ropa que ellos ya no querían, pero al poco tiempo comenzaron a hartarme, cada noche pedían sexo, era como una obligación que tenía yo que cumplir por el hecho de que me dieran techo y comida. Si bien al inicio me gustaba mucho que me la mamaran no eran el tipo de hombre que me gustara, y cada vez se me hacía más difícil tener sexo con ellos, cada vez requería más alcohol. Poco a poco comenzaba a poner algún pretexto para no tener sexo más seguido, pero cuando eso pasaba, al día siguiente me castigaban, me dejaban sin comer, tenía que salir a buscar algo que hacer o ir con alguno de mis compañeros de la prepa.

Un día un compañero de la prepa que vivía  por ese rumbo me abordo y me pregunto: “¿Es cierto que vives en la casa de los putos?”, no supe qué responder, solo le dije: “me rentan un cuarto, y no sé si sean putos, además la vida de ellos no me interesa, es cosa de ellos”. Él riéndose me dijo: “pero si toda la colonia sabe y hasta dicen que ahora ya son tres, muchos de los chavos de acá vienen a cogérselos porque los invitan a beber y les dan una lana”. Me quede pensando y recordando, con razón a veces veía a otros chavos que iban y nomas se me quedaban viendo. Eso que me había dicho mi compañero me dejó pensando muchas cosas, si bien vivía cómodamente, tenía que pagar un precio en especie. Comprendí que nadie hace las cosas por buena gente, todos tienden a usar a alguien, a sacar alguna ventaja, poco a poco iba abriendo los ojos. Yo tenía que buscar un trabajo, tenía que salirme de ahí, tenía que buscar dónde vivir, o regresarme a mi ciudad derrotado.

De cualquier forma, estaba decidido a que las cosas tenían que cambiar. En eso estaba cuando un día al regresar a su departamento estaba uno de sus amigos, era un hombre mayor, de unos 50 años, estaban tomando y al verme me dijo directamente: “ya Mario y Polo me contaron que tienes buena verga, así que ahora me toca probarte”, y sin decir nada se me fue directo a la bragueta. Nuevamente mi faena empezó, me dio unas ricas mamadas y después quiso que lo penetrara, este era muy insaciable y gritón, sus amigos escucharon todo. Al siguiente día él entraba seguido al baño, tenía el culo adolorido de tanta cogida, esto ya no me gustaba. Esa misma semana conseguí quedarme con uno de mis compañeros de la prepa, le dije que era solo por un tiempo, me dijo que no había problema y me dediqué a buscar trabajo, pero era muy difícil, no tenía la prepa terminada y no tenía yo un oficio.
 
Deambulando por las calles cierto día me encontré con el amigo de Mario y Polo, me reconoció y me abordó, me dijo que me había ido a buscar al departamento de sus amigos pero que ya no estaba, que quería volver a estar conmigo. Yo le dije que no, que no me latía andar haciendo eso, que ya lo veía muy grande, pero él insistía mucho, hasta que en eso sacó de bolsillo un par de billetes y me los puso en la bolsa de la camisa al tiempo que me decía “anímate, yo te pago”. Yo necesitaba la lana, así que le dije que estaba bien, pero que las cosas se iban a hacer a mi modo, él estuvo de acuerdo. Fuimos a su casa, ahí me senté en la sala, le pedí que no se desvistiera, nomás que se bajara los pantalones, así lo hizo, le dije que se pusiera de rodillas y me desabrochara la bragueta. Mi verga estaba flácida, me volteó a ver y le dije “tienes que hacer que despierte”. Comenzó a darme besos en la verga y unas mamadas suaves, fui reaccionando y entonces comenzó a metérsela toda hasta la garganta, quería más pero yo le dije que siguiera mamando, estaba ya muy caliente cuando me dijo que quería que me lo cogiera, entonces, no sé de dónde me vino el pensamiento, pero le dije “te cojo, pero te va a costar más”, él no dijo nada, solo buscó entre sus pantalones que tenía abajo su cartera, sacó un par de billetes más y me los dio al tiempo que se ponía de rodilla enseñándome su culo y volteando a verme para que se la clavara.

Después de eso nos vimos otras veces, siempre era algo parecido, en una de esas me dijo que sus amigos donde viví le dijeron que yo fui un malagredecido, que ellos me querían como a un hijo y que cuando me salí les robé dinero que guardaban en un colchón, eso me dio mucho coraje, pero no dije nada, realmente creo que pudieron haberme acusado de muchas cosas y en una de esas hasta iba yo a terminar en la cárcel. Este señor me presentó a otro amigo suyo, me había recomendado muy bien y al poco tiempo pude rentar un cuarto independiente y pude terminar la preparatoria. Así pasó el tiempo, uno piensa que las cosas no pueden cambiar, que todos los tiempos son iguales, que las personas no pueden cambiar, pero todo cambia. Ya no soy joven pero ahora hay cosas que ya puedo decidir con libertad qué hacer y con quien, no creo en eso de sentar cabeza, he pasado de vivir como he podido a vivir como he querido, y así quiero seguir. Como diría Chavela Vargas, "El amor no existe, es un invento en noches de borrachera. Cuando pasa la borrachera se acabó el amor. El amor es muy complejo y muy baboso. Yo amo con el hígado. El corazón no tiene nada que ver con esto..."





20 de mayo de 2015

Por un hombre casado


Gracias por recibirme a esta hora, si, ya sé, me veo de la chingada, es menos peor de lo que parece, ¿qué cómo pasó esto? Verás, ya sabes que me gusta andar de cabrón. ¡Ah, los casados!, ¿sabes? siempre he tenido mis acostones con weyes que son casados. Alguna vez lo comentaba con un amigo sicólogo y me dijo que era porque yo traía algo en la cabeza, que inconscientemente buscaba algo en ellos y que por eso los buscaba, pero te juro que no es así, cuando conozco a alguien no le pregunto si es casado para meterme con ellos, eso me lo dicen después de varios encuentros, no es que sea lo primero que me haga interesarme en la persona, simplemente después resulta que son casados, así pasa a veces, ¿no?. Bueno, pues el caso es que una vez me habló el cabrón con el que me estaba viendo…

-          Hola, ¿Cómo estás?
-          Bien, ¿y tú?
-          Bien, ¿qué haciendo?
Hasta ahí era una conversación simple por celular, él bato me marcaba de vez en cuando, tenía poco de conocerlo, cuando de pronto escuché una voz de mujer muy enojada que le decía:
-          ¿Con quién estás hablando?
-          Con nadie
-          ¿Otra vez estás hablando con tus amigos?
-          No, es un compañero de trabajo…
-          ¡Trae acá ese celular! ¡ya te dije que…
La llamada se cortó en ese punto. No sabía que mi amigo era casado. Tenía poco de conocerlo, no supe que era casado sino hasta ese momento, me quedé de a seis.

A mi “amigo”, cuyo nombre prefiero omitir, lo conocí en un lugar de ligue al que van homosexuales, él estaba ahí, nos vimos, nos gustamos, comenzamos a platicar de cualquier cosa y de ahí salimos hacia un hotel cercano. Digo, cuando conoces a alguien en este medio no preguntas su curriculum, solo es lo más básico, que te gusta hacer, me gustas, te gusto, ¿vamos?. Así son las cosas, tú sabes. Sí después de ese primer encuentro hay química en la cama entonces quizá nos veamos una siguiente vez, si a alguno de los dos no le gustó la cogida entonces el otro preguntará si nos podemos volver a ver, y mentimos. No me digas que tú no lo has hecho, le dices que sí, que te gustó un chingo cómo lo hizo en la cama y cuando te pregunta por tu número de teléfono le das un número falso, a veces solo cambio un par de dígitos, porque vuelven a preguntar por el número para ver si es cierto. Es cuando jugamos a engañarnos, yo juego a que los engaño, ellos juegan a que me creen. Con este amigo que te cuento hubo química en el acostón, nos gustamos y ya luego intercambiamos teléfonos. Él me dijo que tenía un trabajo muy absorbente y que a veces su teléfono lo contestaban otras personas, que si alguna vez al llamarle le contestaba alguien diferente preguntara por el Ingeniero fulano de tal y solo dejara recado. No se me hizo raro, pero yo no soy de los que acostumbran estar llamado a cada rato al wey con el que me ando acostando.

La neta es que si me gustó como era, tanto en lo físico como en la forma de coger, digo, puede que suene medio guarro cómo lo digo, pero pues estamos en confianza con lo que te cuento, y la neta es que no soy nada romántico, imagínate, así como me ves, gordito y medio naco pues muy chulo me iba a ver andando de cursi. El caso es que siempre me han llamado la atención los batos que se ven así, machines, que no se les nota, ya sabes, nunca me han llamado la atención los que tienen apariencia de niños, o que son galancitos, arregladitos, oliendo a perfume, de esos que piden bebidas raras de colores, a mí me gustan otros, más machines pues, tú me entiendes. Y por alguna rara circunstancia resulta que los batos que me gustan son casados. Ya me había acostumbrado a eso, a salir con casados.

¿Sabes? Uno siempre tiene la idea de que la esposa es una pobre mujer víctima del wey que se anda cogiendo a su marido, por lo menos me han tocado situaciones así, pero también el cabrón del marido, si sabe lo que le gusta pues para qué se casa, y si ya se casó para que anda de cabrón con otro wey. Si la esposa se llega a dar cuenta llora, reclama, se vuelve la víctima del engaño, y además resulta que el marido no tiene la culpa, sino el wey que lo sonsacó y que lo hizo probar el sexo con otro hombre, porque su marido no era así. Puros cuentos, los casados que he conocido ya eran así desde antes de casarse, solo se casaron para taparle el ojo al macho, pero ya les gustaba meterse a la cama con otro hombre. Cuando se meten en esos pedos les digo que a mí ni me digan nada porque yo no los fui a buscar a su casa, me los encontré en algún lugar de ligue donde solo van homosexuales, más bien ellos se fueron a meter a un lugar donde no van heteros a ligar gays, al menos eso se supone.

Pero pues la calentura es cabrona, ¿o no? Y más cabrón el que se la aguante, la calentura y la otra, con albur, ¿no? A este bato lo conocí así como te digo, supe que era casado hasta esa llamada, después de eso me volvió a llamar para vernos, lo pensé un poco pero como te digo, la calentura es cabrona y este bato me latía un chingo, era un señor blanquito, de pelo en pecho, con la típica pancita del casado, bigotito a lo Pedro Infante, y era muy bueno en la cama, se entregaba de todo a todo, cuando lo hacía le cambiaba hasta la mirada, no te miento, se lo ponían los ojos medio vidriosos, mirada de lujuría, y la mamaba hasta acabársela toda. Y cuando lo cogía, de no mames, no sé por qué pero el culo de un casado se siente diferente, a lo mejor porque no se los cogen tan seguido, no sé, pero es muy rico eso, deberías probarlo.

Bueno, a los pocos días me volvió a hablar, le pregunté que si era casado, me dijo que no, que quien había contestado era su prima, pero cabrón, una prima no reclama así, no tendría por qué, le dije que a mi no me hacía wey, que esa era su vieja, le dije que ya no me hablara porque su vieja se lo iba a madrear, y el bato nomás se reía, así chanceábamos y mientras pues nos seguíamos viendo, cogiendo bien rico.

El caso es que anoche que salí de la chamba iba como siempre, tranquilo, eran como las 7 de la noche y salí con una compañera, apenas habíamos caminado como media cuadra cuando de la nada me salieron dos chavos, no llegaban a los 18 años los mocosos, se nos quedaron viendo y uno de ellos gritó “¡ése es fulano! ¡agárrenlo!”, mi compañera gritó, todo pasó muy rápido, pensé que era un asalto y se vinieron encima de mí, eran unos chamacos flacos, yo estoy gordito, pensé que podría hacerles frente y defenderme a golpes, pero entonces sentí un chingadazo fuerte en la espalda, un tercer wey me llegó por atrás y me había puesto un madrazo con un cinturón por el lado de la hebilla, ahí ya no supe cómo reaccionar, luego sentí un chingadazo en la cara, por eso traigo el ojo cerrado, solo me dejé caer al piso y me hice concha, cuidando que no me madrearan la cara o el estómago. Nomás sentía los hebillazos del cinturón y las patadas sobre de mí, pensé que iba a valer madres, mi compañera había salido corriendo y no le hicieron caso, todo era sobre de mí, los brazos se me estaban entumiendo por apretarlos a mi cuerpo y nomás sentía el pinche ardor, hasta que salieron otros compañeros que quedaban de la chamba y les gritaron, entonces me dejaron, pero antes de irse uno de ellos me gritó: “¡esto es para que se te quite andar de puto!”. Y se fueron.


Me ayudaron a levantarme, no me robaron nada, mi mochila que llevo al trabajo estaba ahí con todo, nomás iban sobre de mí, era una madriza por encargo. No quise ir a mi casa, le pedí a uno de mis compañeros que me trajera para acá, ¿tienes alcohol? No wey, no es para curarme, es para echarme unos tragos, no sé qué siento, ya no sé si es miedo, coraje, sorpresa. Ya le quité el chip a mi celular y lo rompí, no quiero volver a ver a ese wey, no me gustan los pendejos que no tienen huevos para calmar a sus viejas, ¿Qué cómo sé que es su vieja? Pues verás, siempre que conozco a un wey doy un nombre falso, cuando el chamaco que gritó “¡ese es fulano!” dijo el nombre que yo le había dado al bato con el que salía, este debió haber grabado así mi nombre en su celular, la esposa seguro revisó su celular, los mensajes, me localizó, y lo demás ya con una lana. Entendí el mensaje, pero quien chingados iba a pensar que su vieja iba a tener más huevos que el wey, si pudiera decirle algo le diría que yo no fui a sonsacar a su viejo, él fue quien siempre me buscaba, yo nomas le hacía lo que a él le gustaba y que ella nomás no puede darle, y que de todos modos, si no soy yo, ya encontrará quién le haga el favor, pásame un vaso, hoy me voy a embriagar, mañana será otro día…





13 de mayo de 2015

El "caperuzo"

Dicen que todos nacemos iguales, pero eso no es cierto. Los niños nacemos diferentes, y aunque por nacimiento sean varones o hembras, no siempre es lo que somos. Si me preguntan su nombre debo decir que no lo recuerdo. En algunas personas el nombre es secundario, y a menudo olvidado, cobrando más relevancia su sobrenombre, mote, apodo, nos da una rápida idea de quién es en realidad dicha persona: “el manotas”, “el tribilin”, “el gordo”, etc. A él lo conocí en la primaria, aunque no íbamos en el mismo grupo, si estábamos en la misma generación, así que éramos de la misma edad. Lo conocí por su apodo, le decían “el caperuzo”. Y en ese apodo cargaba la descripción de lo que era: un homosexual. Los niños suelen ser muy crueles, se dice que es porque a esa edad aún no se tiene plena conciencia del bien y del mal. Yo digo que no es así, creo que es la manifestación del lado malo en el hombre, algo que se desarrollará de adulto. Cuando le pusieron ese apodo no se fijaron en las características de su vida, si era difícil o no, solo en su característica más evidente, su orientación sexual que se manifestaba desde esa edad. El apodo se debía a que usaba una chamarra roja tipo impermeable con capucha, era la única que tenía para protegerse del frío, y en alusión al cuento de Caperucita Roja y por ser “niña”, le pusieron así, “el caperuzo”.

Quien diga que la infancia es una etapa hermosa miente. No es así para todos. Quizá no se tiene conciencia de cómo es la propia infancia porque no se tiene plena conciencia de otras formas de trato en otras familias. Creo que dentro de su mundo “el caperuzo” era feliz, a pesar de sus propias circunstancias. Nunca conoció a su padre y su madre tuvo que irse a trabajar a Estados Unidos como ilegal, a él lo había dejado al cuidado de su abuela, quien lo criaba lo mejor que podía, como un hijo propio. De su madre no se sabía nada, hacía varios años que se había ido y se había olvidado de su hijo. Su abuela era de escasos recursos, la chamarra roja la había comprado seminueva para su nieto, no era mucho lo que podía darle. A él le gustaba usarla, o quizá no, a lo mejor solo era porque no tenía otra cosa que usar. Y ese mote lo siguió toda su vida.

El “caperuzo” era estudioso, nunca fue un niño travieso, hacía sus tareas mientras nosotros nos íbamos de pinta o jugábamos fut bol. Su forma tan delicada de hablar lo hacía frecuentemente blanco de burlas ante la mirada complaciente de los maestros, homofóbicos, que nunca hicieron nada por defenderlo. Las bromas eran cada vez más pesadas, le escondían los libros, le rayaban la hoja de la tarea, le ponían zancadillas, y la preferida, le remedaban su tono de voz al hablar, remarcando su amaneramiento. Su único mundo donde era feliz era junto a su abuela, era quien lo consentía, quien lo aceptaba sin reprocharle nada, quien veía cómo sacar un dinero extra para darle algo más.

Quisiera decir que todas las historias son ejemplos de superación ante las adversidades de la vida, pero esas veces son las menos. Porque la vida cotidiana es así, impredecible, y casi siempre nos lleva por caminos que nunca esperamos tomar. Quizá esta historia podría terminar diciendo que el “caperuzo” habría estudiado, hecho alguna profesión, quizá habría encontrado a alguien que lo amara y que finalmente habría sido feliz, haciéndose cargo de su abuela hasta el final de sus días, pero eso sería faltar a la verdad, y también sería un final demasiado rosa, y la vida no es de color de rosa. Terminamos la primaria y yo dejé de verlo, seguí mi propio camino, me olvidé de él. Estaba estudiando la preparatoria cuando cierta vez en una plática de amigos supe nuevamente del “caperuzo”. En algún momento de la preparatoria, cierto día y sin que nadie lo esperara apareció su madre, había regresado de Estados Unidos, después de casi quince años había decidido volver, pero no para quedarse, sino para proponerle a su hijo irse a vivir con ella. Por razones que nadie supo, el “caperuzo” decidió irse con su madre a Estados Unidos, de nada valieron las súplicas y el llanto de su abuela que lo había criado como a un hijo propio durante todos esos años, simplemente se fue sin decir nada a nadie. Para su abuela fue un golpe muy duro, enfermó y su vida comenzó a marchitarse, perdiendo el sentido de la misma. Poco tiempo después murió. Su funeral fue muy sencillo, muy pocos fueron al sepelio, su tumba quedó olvidada en el panteón, no hubo quien fuera a dejarle flores, ni siquiera en un diez de Mayo. Es como si nunca hubiese tenido una hija, un nieto.

 Hay acciones que nadie sabe entender, a veces uno mismo no sabe el por qué reaccionamos de cierta forma, hay cosas que no pueden explicarse, solo son así, son situaciones sin razón aparente. Quizá el “caperuzo” estaba harto de que todos lo señalaran como el puto del barrio, quizá pensó que aquí nunca iba a encontrar la vida que anhelaba, quizá quiso empezar de nuevo en otro lugar, donde nadie lo conociera, donde nadie supiera lo que era, pero eso son solo suposiciones mías, porque nadie supo sus razones. En algún momento de la vida todos pensamos en huir de lo que nos rodea, empezar de cero, volver al inicio, por lo menos yo lo llegué a pensar de joven. El “caperuzo” lo hizo, por lo menos quiero pensar que esa fue su intención.

Los años pasan sin darnos cuenta. Personas van y vienen en nuestras vidas. De muchas nos olvidamos, no nos preguntamos qué fue de ellas, simplemente desaparecen sin darnos cuenta que alguna vez las conocimos, dejamos de extrañarlas, como si nunca las hubiésemos conocido. No sé qué tanto haya encontrado en Estados Unidos lo que fue a buscar, algunas veces no se sabe qué se busca. Muchos años después volví a saber del “caperuzo”. Había muerto en Estados Unidos, nadie supo la causa de su muerte, quizá fue un accidente, hay tantos ilegales que reciben malos tratos, más cuando además de ilegales son hmosexuales. Pero a la gente le gusta hacer leña del árbol caído, la gente siempre tiende a hablar de lo que no conoce, más cuando ese alguien de quien habla es “diferente”. Lo que todos susurraban en un rumor a voces era que había muerto de una “rara enfermedad”, pero nadie pudo tener la certeza de la causa de su muerte. Aun así la gente no dejó de hablar por un tiempo.

En torno al “caperuzo” se tejieron las historias más absurdas y fantasiosas que tanto gustan contarse para alimentar el morbo de la gente de buenas conciencias. Yo no puedo afirmar nada, solo sé lo que escuchaba. Después de todo él está muerto y no puede decir ya nada. Yo solo cuento lo que pasó. Esto lo supimos porque un día, de pronto, llegó una señora ya vieja con una cajita que contenía las cenizas del “caperuzo”. Fueron depositadas en la tumba de su abuela. Al final de su camino por fin estaban juntos como cuando él era niño y no sabía de la existencia de su madre, como cuando su abuela lo cuidaba y procuraba. Ahora en la muerte volvían a estar juntos. Alguna vez después de eso pasé por el panteón, la tumba seguía olvidada, solo algunas flores ya secas estaban aún dentro de una lata que había servido de florero, como mudo testigo de su paso por la vida. 
(Historia anónima)