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17 de junio de 2015

En gustos se rompen géneros

¿Cómo reaccionan cuando alguien que les gusta los rechaza? Las primeras veces que me paso a mí, me resultaba muy desagradable y pensaba que tal vez no era tan atractivo como creía, pero con el tiempo comencé a tomar esos rechazos de mejor forma y aprendí a respetar el no de los demás. Pero antes de eso tuve un largo aprendizaje, pues un amigo me dio el consejo "no te preocupes si alguien te rechaza una o dos veces, en algún momento caerá, solo se paciente". Con el consejo de mi amigo, creí que quienes me gustaban, en algún momento cederían y que era solo cuestión de tiempo. Durante años mantuve esa idea que me dio mi amigo, pero la realidad me dio una valiosa lección y tuve que cambiar mi mentalidad. Hoy veo las cosas de diferente forma.

En cierta ocasión, mientras me encontraba en un vapor, mi mirada se centró en un hombre maduro muy atractivo, de piel morena, tenía un cuerpo muy bien formado, seguramente en un gimnasio y lo mejor, lo que tenía en la entrepierna se veía de muy buen tamaño. Lo notaba porque cuando el pareo que utilizaba se mojaba se le marcaba el pene. Dos veces me le acerque y trate de tocarlo, pero él no mostro ningún interés y mejor se cambiaba de lugar, tuve que darme cuenta que yo no era de su agrado, pero no entendía porque, yo aunque más joven que él, si me veo masculino y atractivo (lo sé porque otros me mostraban interés y yo los ignoraba por seguirlo a él) y a mí me gustan los hombres con aspecto masculino como él. Desde mi lógica, éramos el uno para el otro, pues tontamente supuse que el también gustaba de lo mismo. Pero siguiendo el consejo de mi amigo, lo seguí cuando vi que salió del vapor  a un área en la que podía yo fumar, él parecía distraído, yo lo observaba de reojo y saqué un cigarro.

Cuando noto que estaba cerca, primero me observo y finalmente se me acercó y me pidió un cigarro, se lo di y se puso a fumar sin decirme nada, entonces me le acerqué y le dije que él me gustaba pero que notaba que yo no era de su agrado y que respetaba eso. Él me miró y asintió con la cabeza, me dijo que no me sintiera mal, que seguramente yo era el tipo de gente que a muchos les gustaría, pero que a él le gustaban jóvenes, muy jóvenes. Seguramente puse cara de sorpresa porque me dijo “no pienses mal, no me gustan menores de edad, pero si quienes tienen unos 20 años”. En aquel tiempo yo tenía 28 años, pero me había dejado crecer el bigote y eso seguramente me hacía ver mayor, además usaba siempre un corte de casquete y por lo cual a veces me preguntaban si era yo militar.

Me sentí intrigado y quise saber más de cómo era los que le gustaban, me dijo que le gustaba sentir la lozanía de un rostro joven, sentir la firmeza de un cuerpo delgado y que le excitaba mucho cuando los cogía, de alguna forma le atraían los culos apretados, quizá pensaría que se los cogía por primera vez, no me lo dijo pero eso pensé, le gustaba hacerlos gritar, me decía que tenía la verga gruesa y que muchos no se la aguantaban, pero que le gustaba cogerlos y que le pidieran que parara pero él no los dejaba que se zafaran y los seguía cogiendo. Eso me causó curiosidad, sin pensarlo estaba platicando bien con él y trataba de entenderlo, desde mi perspectiva a mí me gustaban los hombres maduros porque eso lo asociaba yo con una imagen de masculinidad, me parecía que un hombre maduro tenía muy marcadas las características sexuales masculinas, el tipo de rostro, de cuerpo, incluso las características de sus vergas, eran diferentes, y pensaba que todos los homosexuales buscaban las características masculinas en el otro, pero no era así.

Entonces me contó más de cómo le gustaban. Hizo mucho énfasis en el detalle de la nariz, eso era lo que más le gustaba en un joven, su tipo de nariz, no le gustaba que tuvieran una nariz ancha, él decía que su nariz era lo que le llamaba mucho la atención de los jóvenes, que esa característica en un maduro ya se perdía, mientras me volteaba a ver. En eso pasó un chavillo, tendría no más de unos 20 años, apagó su cigarro y se fue al interior del vapor sin decirme nada. Pero lo que me llamó la atención es que el jovencito que seguía, tenía características andróginas, un tipo de cara que con un poco de maquillaje podría haber pasado por una mujer, el cuerpo era muy delgado, cadera ancha, pelo a la moda y un caminar típico como si apretara la cola al caminar. No podía creerlo, él era un hombre maduro muy varonil y le gustaba un joven andrógino. Los seguí con la mirada a distancia dentro del vapor y pude ver cómo el joven le mamaba la verga al señor. Me acerqué un poco más y pude oír cómo el chavillo le preguntaba: “¿te gusta cómo te la mamo papi?”. El señor solo asentía con la cabeza hasta que eyaculó, mientras lo observaba pude notar el inmenso placer que le provocaba el joven y después los mire intercambiar números telefónicos, seguramente para verse en otra ocasión.

Me retire decepcionado a fumar otro cigarro y poco después llego de nuevo el Sr. y me pidió otro cigarro. Mientras fumaba me dijo “está muy bonito ese chamaco”. Yo no le dije nada, entonces él me contó que hacía algún tiempo conoció en ese vapor a otro chavillo, que era sastre, tenía apenas 18 años y él era mayor por 20 años, me decía que era muy guapo, que tenía un parecido a Marco Leonardi, un italiano que protagonizo  la película “Como agua para chocolate”. Me contó que el chavillo se dedicaba también a sexoservidor, que cobraba muy bien, entre 700 y 1000 pesos el servicio y que él le preguntó si también le iba a cobrar eso, pero que le respondió: “No mi rey, tú me gustas mucho y además tienes buena verga, quisiera me la metieras, pero ya es tarde y tengo que llegar a mi casa, mejor nos vemos otro día si gustas”. El señor se emocionó y le contestó que si ¿Cuándo?, él le dijo: “cuando gustes…”. Lo siguió a la calle con la intención de saber de él pero en eso paso un taxi, que al parecer ya había quedado con el chofer para hacerle un servicio a domicilio, ya no le dijo nada y se fue.

El señor maduro me siguió contando: “no me dejó número de teléfono ni dirección alguna, por lo que pensé que tendría que venir a buscarlo al vapor, que de seguro regresaría. Pasaron unos dos meses sin verlo, casi lo había olvidado cuando una mañana al levantarme y salir de mi casa, vi que el local de enfrente ya estaba rotulado “Sastrería El mejor”. Al llegar en la tarde a mi casa, vi que estaba abierto el lugar, por curiosidad me acerque a preguntar el costo de hechura de los pantalones, el joven que atendía me dijo; “espere le llamare al dueño” escuche que le nombro “Marco, ven”, para mi sorpresa era él, el chavillo del vapor. Lo salude como si fuese la primera vez que lo veía, él solo me dijo: si gusta venga mañana para que vea los cortes que tengo y elija el que le guste, le doy precio, le dije ok está bien, de todos modos vivo acá enfrente, gracias. Al día siguiente solo cruce la calle y me dirigí al local, ahí estaba él solo y me dijo: que gusto, ¿pero usted está casado, y tiene hijos o no?. Respondí que sí, pero que no había problema para verme con él, si quería. Ese día no fui a trabajar y me dijo: solo espero que  llegue mi ayudante y nos vamos por ahí a dar la vuelta. Estuve ansioso de que se llegara el momento y no paso ni una hora cuando me asome y solo me guiño un ojo y me hizo señas que nos veíamos en la esquina, me subí a mi auto y lo espere a la vuelta de la esquina, iba tan nervioso de pensar que mi esposa se diera cuenta que este joven se subiera al auto, pero no me importó, y al hacerlo no aguantamos las ganas de besarnos rápidamente y nos arrancamos para irnos a un motel fuera de la ciudad, esa primera ocasión yo pague el motel, nos dimos un baño y empezamos a fajar rico, tenía un culito muy sabroso, lampiño y muy paradito, era un experto en mamar vergas, levanto las piernas y me dijo: penétrame fuerte papi, quiero sentir toda tu vergota dentro de mí. Yo estaba extasiado, lo cogí de muchas maneras, la última fue en cuatro, ya no aguante más y derrame mi semen en su culito, no llevábamos condón, me extraño que le gustara coger así, él se dedicaba a eso y le pregunte: ¿siempre lo haces así? A lo que me contesto: solo lo hago así con casados, me gustan mayores como tú mi rey, pero la diferencia es que ellos me pagan y a ti nunca te cobrare, me gustas mucho y sé que estamos cerca, así que cuando gustes solo me haces señas y yo te sigo. Empezamos una vez más, estábamos tan calientes que ni nos bañarnos, solo cuando entre a orinar , me lave bien la verga para que me la mamara de nuevo, después de un rato de mamarme la verga lo penetre nuevamente de perrito, algo no me gusto, al remover el atole me llego un olor desagradable y le dije: sabes, entra al baño y date un lavado de culo mejor para seguir, entro al baño y al salir me dijo: ya tardamos mucho tiempo y tengo que ir a entregar unos pantalones, vámonos y otro día regresamos, le dije , está bien chiquillo.”

“Así estuvimos unos meses, delante de mi esposa e hijos le hablaba al sastre porque me había hecho unos pantalones, ya había una amistad, pero mi esposa y su familia sabían que el chavo era gay y hasta decían que era un prostituto, que tenía fama porque era de los jovencitos y guapos, siempre fuimos muy discretos para salir. Un día vi que la sastrería ya no la abrían, él había desaparecido. Tiempo después al caminar por una de las calles de la ciudad encontré de nuevo su sastrería, entré y le pregunte por qué no me había dicho nada de que se iba a cambiar, él solo me respondió: lo siento, me estaba enamorando de ti, y no podía verte junto a tu mujer e hijos, quería gritar a los cuatro vientos que tú eras mío, pero por respeto a tu mujer y tus hijos y evitar que tuvieras problemas, me aleje, además tú sabes que me dedico a sexoservidor y pues mejor ahí la dejamos, lo siento mi amor…”

El cigarro se acabó, me pidió otro pero ya no tenía, me dio las gracias y se fue. No sé si no se daba cuenta de cómo eran los jóvenes que le gustaban, pero por las palabras que uso del sastre, éste seguramente era como el joven que acaba de mamarle la verga, un joven andrógino, para mi gusto muy afeminado, tanto en su físico como en su forma de ser; en cambio este señor era muy varonil. Yo me había propuesto proyectar una imagen masculina, pensé era la forma de atraer a otros hombres varoniles, pero ese día con ese señor aprendí que eso no siempre es lo que los demás quieren, entonces comprendí la frase “en gustos se rompen géneros”, a veces habrá hombres homosexuales muy masculinos que buscaran a otros que no lo son, que son… pues… afeminados o incluso que se visten de mujer. También aprendí que muchas veces encontraré gente que me rechace cuando trate de conquistarla, y que aun cuando me gusten mucho jamás me harán caso, su NO, siempre será un NO, las razones no importan, uno no puede ser lo que el otro desea, simplemente no soy su tipo y no tiene caso preguntar más. Finalmente en eso consiste la diversidad, lo demás son estereotipos con los que algunos nos vamos con la finta.




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