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11 de junio de 2015

El entrenador de mi prepa

¿Cómo fue su primera vez? Esa es una pregunta obligada en una charla de café o en una peda con tus amigos. Generalmente escuchamos que todos tuvieron un hermoso inicio, muy romántico, donde su primo o su mejor amigo les puso la cogida de su vida. Pero la realidad casi siempre es otra, a veces es más dura de lo que la mayoría admite. Siendo adolescente y siendo aún muy inexperto, cualquiera desea que la primera vez sea algo especial, único, algo que recordemos por siempre (también hemos sido muy influenciados por la tv y el cine). Y la realidad es que sí recordamos ese acontecimiento, aunque no siempre por ser la mejor experiencia, así que optamos por arreglar la historia para que sea lo más romántica, que se pueda. Les contare la mía, sin adornos.

Mi historia ocurrió cuando yo asistía a la preparatoria. Yo era un chico tímido y reservado, nada popular, la verdad es que tampoco era muy estudioso, y se me dificultaba hacer amistades. Una razón era que no quería descubrieran mi homosexualidad y otra que no me sentía atractivo, por ello me mantenía un tanto distante. No sé bien cómo se dio, solo recuerdo que comencé a sentir un raro interés en los compañeros de mi mismo sexo, me comenzaban a llamar la atención sus gestos, su actitud y claro, también me gustaban sus cuerpos, al principio era como admiración, después fue por el gusto de verlos. Tenía compañeros muy atractivos pero también muy gandallas, uno de ellos con sólo verlo se me paraba el corazón, mi mente estaba confundida y después de darle rienda suelta a los pensamientos placenteros de pronto pensaba que lo que hacía estaba mal y trataba de alejar esos pensamientos de mi cabeza pero no tenía éxito, y recuerdo que en mi cabeza pasaba una y otra vez ese pensamiento de: "No está bien", "esto está mal", etcétera.

Pero entonces ocurrió algo que le dio un giro a mi vida. Durante un buen rato había estado saliendo a correr por las mañanas y consideraba que tenía buena resistencia, así que decidí integrarme al equipo de fútbol, aunque no era fan de ese deporte, decidí comenzar a cambiar mi vida, quería amigos y creí que la mejor manera de hacerlo era integrándome al  equipo, el ejercicio físico me hacía sentir bien y también descubrí que los chicos más atractivos eran parte del equipo. Cuando conocí al entrenador de la escuela quede impresionado, era un tipo alto, moreno claro, de un cuerpo excelente y muy varonil, lo mejor de todo es que era muy buena onda, siempre muy amable con todos. Me decidí a hablar con él para que me dejara entrenar como reserva y para mi sorpresa me acepto, mis compañeros entrenaban mientras yo intentaba seguirles el paso, hubiera yo desistido pero el entrenador siempre se acercaba y me decía “ánimo, sé que puedes” y pues cuando me decía eso yo le echaba muchas ganas y después él llegaba y me abrazaba muy fuerte y me decía: “¿ya ves? te dije que podías”. Esos momentos eran mágicos para mí pues él pegaba su asombroso cuerpo al mío y me abrazaba dejando su aroma impregnado en mí. Los entrenamientos siguieron y con tal de verlo me quedaba a veces hasta ya muy tarde, incluso hasta cuando ya habían pasado los entrenamientos, sólo para poder estar un poco más con él. Al pasar del tiempo nos tomamos confianza y nos llevamos cada vez mejor. Muy dentro de mí sabía que él me gustaba mucho y tontamente me comencé a enamorar de él.

Un día en la escuela hubo una tardeada, yo salí terminado el evento y no sabía que él estaría ahí. Lo vi hasta que salí, él vestía con una playera de licra y unos jeans ajustados dejando ver su hermoso cuerpo. Parecía estarme esperando ya que al verme su cara se iluminó y se acercó a mí y me abrazó. Olía riquísimo, usaba una loción que aún hoy recuerdo, cuando me abrazó estuve a punto de decirle que me gustaba mucho, pero tenía que contenerme. Él me pregunto “¿Que harás?” a lo que yo respondí: “Pues irme a mi casa” y él me dijo: “Pues te llevo, ya es tarde”. Accedí y nos subimos en su carro. Él vivía cerca de la preparatoria y en el camino me dijo que si antes pasábamos a su casa, mi corazón latía con fuerza y le dije que sí. Llegamos a su casa, entramos y yo sentía un gran impulso por decirle lo que sentía hacia él y lo que me estaba matando por dentro, cuando inesperadamente él llegó por detrás, me abrazó por la cintura y me dijo: “Erick, me gustas mucho…”. Yo quede muy sorprendido y más porque yo no me esperaba tal cosa, no supe qué decir, solamente me di la vuelta y lo besé, él respondió y fue así como empecé a tocar su hermoso cuerpo y claro, también su verga. Tenía una verga muy larga y gruesa, su ropa interior estaba muy mojada por todo el lubricante que le salía de su hermoso miembro. Esa noche no regresé a mi casa, hablé para decirles que me iba a quedar con unos compañeros de la tardeada. Fue mi primera vez.

El entrenador fue el primer hombre en mi vida con el que pasé de la fantasía a la realidad, no sé si fui torpe, solo me dejé llevar por él. Recuerdo que tardó mucho en penetrarme, aunque primero me dio el más rico beso negro que me han dado en toda mi vida. Cuando ya estaba un poco más dilatado él comenzó a empujar su miembro poco a poco, fue el dolor más excitante de mi vida, sentí todo su miembro dentro de mí y mi cuerpo estaba al mil, no dejaba de sentir centímetro a centímetro el placer que él me provocaba. Cuando ya estaba cogiéndome me dijo al oído: “Desde la primera vez que te vi me gustaste mucho y me gustaste más porque tienes unas nalgas y unas piernas riquísimas y siempre quise tocarte pero no sabía cómo reaccionarias”. Me calentaron tantas esas palabras que no me importó el dolor que sentía pues era la primera vez que alguien me penetraba. Me entregue al ciento por ciento a él, era el hombre que amaba, hasta que los dos no pudimos más. Él término dentro de mi dejándome repleto de semen, cansados nos quedamos dormidos. Pasado eso yo me sentía genial porque la persona de la cual estaba enamorado sentía lo mismo por mí, eso había sido una entrega por amor, no solo el acto sexual, era una entrega por amor. Al menos eso suponía…

El tiempo pasó y nos seguimos frecuentando y teniendo nuestros encuentros pero yo quería tener una relación formal de noviazgo, él no quería, daba mil pretextos, yo insistí hasta que él me dijo que me quería pero que no podíamos tener nada formal puesto que él era mi maestro y yo su alumno a lo que yo muy enojado respondí: “¡Eso no dijiste cuando me cogías!”. Él no supo que decirme, ese día me salí llorando de su casa, ya no tuvimos sexo, me sentí engañado. Con el paso de los días decidí comenzar a alejarme de él. Además ya casi sería mi graduación. También deje de ir a entrenar y trataba de no verlo para nada. Él me buscaba y yo hacía de cuenta que él no existía aunque por dentro sintiera morir de ganas por abrazarlo. Un día, caminando por el centro, lo vi. Iba con una chava tomados de la mano. Fue ahí cuando entendí que yo sólo había sido su entretenimiento. Sentí que algo dentro de mí se moría, camine sin rumbo y termine llorando en la banca en un parque. Todo lo que había imaginado había sido una mentira, no había amor, solo me había usado. A esa edad yo era muy inexperto y tontamente creía que un hombre homosexual adulto podría interesarse en mi para algo más que unos acostones.

Llegó el día de mi graduación y ahí estaba él. Desde el día que lo vi con la chava no había vuelto a verlo hasta ese día. Terminada la ceremonia él se acercó y me dijo: “Erick, tenemos que hablar”. Accedí y le dije: “adelante, te escucho”. Él me dijo: “Bueno, antes que nada quiero que sepas que te quiero mucho y que jamás fue mi intención dañarte o hacerte sentir mal y quiero que sepas que te quiero seguir viendo y quiero que estés a mi lado, quiero que seas mío, que seas mi novio”. Eso era lo que yo le había pedido, y ahora me lo estaba ofreciendo, hubiera aceptado si es que no lo hubiese visto antes con aquella chava, él me estaba volviendo a mentir. Yo solo le sonreí con tristeza y le contesté diciéndole que lo había visto con una chava, cosa que negó y eso me dio más coraje. Entonces lo abrace y le dije: “se acabó…”. Él se quedó parado y yo me aleje a donde estaban mis amigos sin voltear a verlo. El tiempo ha pasado y ya no soy el mismo chico inexperto y aunque ya nunca lo volví a ver, siempre llevo muy presente a mi profesor de educación física, quien fue el que me enseñó a amar y también quien rompió por primera vez mi corazón.

Relato enviado por “Papi piernudo”, él sabrá quién es…

 

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