¿Cómo fue su primera vez? Esa es una pregunta obligada en una charla de
café o en una peda con tus amigos. Generalmente escuchamos que todos tuvieron
un hermoso inicio, muy romántico, donde su primo o su mejor amigo les puso la
cogida de su vida. Pero la realidad casi siempre es otra, a veces es más dura
de lo que la mayoría admite. Siendo adolescente y siendo aún muy inexperto,
cualquiera desea que la primera vez sea algo especial, único, algo que
recordemos por siempre (también hemos sido muy influenciados por la tv y el
cine). Y la realidad es que sí recordamos ese acontecimiento, aunque no siempre
por ser la mejor experiencia, así que optamos por arreglar la historia para que
sea lo más romántica, que se pueda. Les contare la mía, sin adornos.
Mi historia ocurrió cuando yo asistía a la preparatoria. Yo era un chico
tímido y reservado, nada popular, la verdad es que tampoco era muy estudioso, y
se me dificultaba hacer amistades. Una razón era que no quería descubrieran mi
homosexualidad y otra que no me sentía atractivo, por ello me mantenía un tanto
distante. No sé bien cómo se dio, solo recuerdo que comencé a sentir un raro
interés en los compañeros de mi mismo sexo, me comenzaban a llamar la atención
sus gestos, su actitud y claro, también me gustaban sus cuerpos, al principio
era como admiración, después fue por el gusto de verlos. Tenía compañeros muy
atractivos pero también muy gandallas, uno de ellos con sólo verlo se me paraba
el corazón, mi mente estaba confundida y después de darle rienda suelta a los
pensamientos placenteros de pronto pensaba que lo que hacía estaba mal y
trataba de alejar esos pensamientos de mi cabeza pero no tenía éxito, y
recuerdo que en mi cabeza pasaba una y otra vez ese pensamiento de: "No
está bien", "esto está mal", etcétera.
Pero entonces ocurrió algo que le dio un giro a mi vida. Durante un buen
rato había estado saliendo a correr por las mañanas y consideraba que tenía
buena resistencia, así que decidí integrarme al equipo de fútbol, aunque no era
fan de ese deporte, decidí comenzar a cambiar mi vida, quería amigos y creí que
la mejor manera de hacerlo era integrándome al
equipo, el ejercicio físico me hacía sentir bien y también descubrí que
los chicos más atractivos eran parte del equipo. Cuando conocí al entrenador de
la escuela quede impresionado, era un tipo alto, moreno claro, de un cuerpo
excelente y muy varonil, lo mejor de todo es que era muy buena onda, siempre
muy amable con todos. Me decidí a hablar con él para que me dejara entrenar
como reserva y para mi sorpresa me acepto, mis compañeros entrenaban mientras
yo intentaba seguirles el paso, hubiera yo desistido pero el entrenador siempre
se acercaba y me decía “ánimo, sé que puedes” y pues cuando me decía eso yo le
echaba muchas ganas y después él llegaba y me abrazaba muy fuerte y me decía:
“¿ya ves? te dije que podías”. Esos momentos eran mágicos para mí pues él
pegaba su asombroso cuerpo al mío y me abrazaba dejando su aroma impregnado en
mí. Los entrenamientos siguieron y con tal de verlo me quedaba a veces hasta ya
muy tarde, incluso hasta cuando ya habían pasado los entrenamientos, sólo para
poder estar un poco más con él. Al pasar del tiempo nos tomamos confianza y nos
llevamos cada vez mejor. Muy dentro de mí sabía que él me gustaba mucho y
tontamente me comencé a enamorar de él.
Un día en la escuela hubo una tardeada, yo salí terminado el evento y no
sabía que él estaría ahí. Lo vi hasta que salí, él vestía con una playera de
licra y unos jeans ajustados dejando ver su hermoso cuerpo. Parecía estarme
esperando ya que al verme su cara se iluminó y se acercó a mí y me abrazó. Olía
riquísimo, usaba una loción que aún hoy recuerdo, cuando me abrazó estuve a
punto de decirle que me gustaba mucho, pero tenía que contenerme. Él me
pregunto “¿Que harás?” a lo que yo respondí: “Pues irme a mi casa” y él me
dijo: “Pues te llevo, ya es tarde”. Accedí y nos subimos en su carro. Él vivía
cerca de la preparatoria y en el camino me dijo que si antes pasábamos a su
casa, mi corazón latía con fuerza y le dije que sí. Llegamos a su casa,
entramos y yo sentía un gran impulso por decirle lo que sentía hacia él y lo
que me estaba matando por dentro, cuando inesperadamente él llegó por detrás,
me abrazó por la cintura y me dijo: “Erick, me gustas mucho…”. Yo quede muy sorprendido
y más porque yo no me esperaba tal cosa, no supe qué decir, solamente me di la
vuelta y lo besé, él respondió y fue así como empecé a tocar su hermoso cuerpo
y claro, también su verga. Tenía una verga muy larga y gruesa, su ropa interior
estaba muy mojada por todo el lubricante que le salía de su hermoso miembro.
Esa noche no regresé a mi casa, hablé para decirles que me iba a quedar con
unos compañeros de la tardeada. Fue mi primera vez.
El entrenador fue el primer hombre en mi vida con el que pasé de la
fantasía a la realidad, no sé si fui torpe, solo me dejé llevar por él.
Recuerdo que tardó mucho en penetrarme, aunque primero me dio el más rico beso
negro que me han dado en toda mi vida. Cuando ya estaba un poco más dilatado él
comenzó a empujar su miembro poco a poco, fue el dolor más excitante de mi
vida, sentí todo su miembro dentro de mí y mi cuerpo estaba al mil, no dejaba
de sentir centímetro a centímetro el placer que él me provocaba. Cuando ya
estaba cogiéndome me dijo al oído: “Desde la primera vez que te vi me gustaste
mucho y me gustaste más porque tienes unas nalgas y unas piernas riquísimas y
siempre quise tocarte pero no sabía cómo reaccionarias”. Me calentaron tantas
esas palabras que no me importó el dolor que sentía pues era la primera vez que
alguien me penetraba. Me entregue al ciento por ciento a él, era el hombre que
amaba, hasta que los dos no pudimos más. Él término dentro de mi dejándome
repleto de semen, cansados nos quedamos dormidos. Pasado eso yo me sentía
genial porque la persona de la cual estaba enamorado sentía lo mismo por mí,
eso había sido una entrega por amor, no solo el acto sexual, era una entrega
por amor. Al menos eso suponía…
El tiempo pasó y nos seguimos frecuentando y teniendo nuestros
encuentros pero yo quería tener una relación formal de noviazgo, él no quería,
daba mil pretextos, yo insistí hasta que él me dijo que me quería pero que no
podíamos tener nada formal puesto que él era mi maestro y yo su alumno a lo que
yo muy enojado respondí: “¡Eso no dijiste cuando me cogías!”. Él no supo que
decirme, ese día me salí llorando de su casa, ya no tuvimos sexo, me sentí
engañado. Con el paso de los días decidí comenzar a alejarme de él. Además ya
casi sería mi graduación. También deje de ir a entrenar y trataba de no verlo
para nada. Él me buscaba y yo hacía de cuenta que él no existía aunque por
dentro sintiera morir de ganas por abrazarlo. Un día, caminando por el centro,
lo vi. Iba con una chava tomados de la mano. Fue ahí cuando entendí que yo sólo
había sido su entretenimiento. Sentí que algo dentro de mí se moría, camine sin
rumbo y termine llorando en la banca en un parque. Todo lo que había imaginado
había sido una mentira, no había amor, solo me había usado. A esa edad yo era
muy inexperto y tontamente creía que un hombre homosexual adulto podría
interesarse en mi para algo más que unos acostones.
Llegó el día de mi graduación y ahí estaba él. Desde el día que lo vi
con la chava no había vuelto a verlo hasta ese día. Terminada la ceremonia él
se acercó y me dijo: “Erick, tenemos que hablar”. Accedí y le dije: “adelante,
te escucho”. Él me dijo: “Bueno, antes que nada quiero que sepas que te quiero
mucho y que jamás fue mi intención dañarte o hacerte sentir mal y quiero que
sepas que te quiero seguir viendo y quiero que estés a mi lado, quiero que seas
mío, que seas mi novio”. Eso era lo que yo le había pedido, y ahora me lo
estaba ofreciendo, hubiera aceptado si es que no lo hubiese visto antes con
aquella chava, él me estaba volviendo a mentir. Yo solo le sonreí con tristeza
y le contesté diciéndole que lo había visto con una chava, cosa que negó y eso
me dio más coraje. Entonces lo abrace y le dije: “se acabó…”. Él se quedó
parado y yo me aleje a donde estaban mis amigos sin voltear a verlo. El tiempo
ha pasado y ya no soy el mismo chico inexperto y aunque ya nunca lo volví a
ver, siempre llevo muy presente a mi profesor de educación física, quien fue el
que me enseñó a amar y también quien rompió por primera vez mi corazón.
Relato enviado por “Papi piernudo”, él sabrá quién es…


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