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10 de diciembre de 2015

Conductores suicidas



-          Hola ¿cómo estás?
-          Muy bien, ¿a ti como te ha ido?
-          Excelente
-          Qué bien, ya no te he visto. ¿Ya no frecuentas el bar?
-          No, ya tiene mucho tiempo. Solo me he dedicado al trabajo. ¿Hay algo nuevo de lo que me haya perdido?
-          Pues, ¿recuerdas a mi primo Héctor?
-          Sí, ¿creo que es un barboncito, no? (fingí no estar seguro de quien era).
-          Ese mero, falleció hace un mes… de las complicaciones por el SIDA.
-          ¿En serio? No te creo, lo recuerdo bonachón y de buena salud.
-          Si, era como de nuestra edad. Y se consumió muy rápido, en cuestión de unos tres meses, tenía 29 años. Fui a su funeral, no quería ir, pero me sentí comprometido, mis papas conocen mis andadas y me aceptan como gay. No podía faltar al funeral de mi primo, pero las miradas de toda la familia se centraban en mí, era como si dijeran, “ya sabemos quién sigue”, me sentí muy incómodo y triste, no fue ninguno de sus amigos y muchos ya sabían desde antes de su condición, pues era un secreto a voces.
-          ¿Ya sabían que era seropositivo?
-          Sí, pero de hecho ya tenía sida y creo que a algunos les había dicho y lo comentaban por el FB, ¿no sabías?
-          No sabía eso.
-          Oye, por cierto. Alguien me comento que creo tuviste una relación con él, sácame de la duda.

-          Heee, no. Si lo conocí, pero nunca en plan romántico y lo trate muy poco. No tuve nada que ver con él. Pues que triste noticia.

Fue así como me entere, del secreto que guardaba Héctor, algo que nunca me dijo pero que yo sabía le afectaba. Lo único en lo que pensé al tener esa conversación con su primo, fue que tenía que alejarme, sentí una gran presión en el pecho, me dio mucho miedo. Héctor, había sido el hombre de mi vida, de hecho aún me estaba recuperando de la relación que tuve con él. Hacia tan solo un año que habíamos terminado nuestra relación, nos vimos durante un año aproximadamente. Pero su primo no lo sabía, porque dejamos de frecuentar los mismos lugares donde éramos conocidos. Ahora me daba cuenta que Héctor me había pedido que nos alejáramos de los lugares y de las personas que él conocía porque ellos sabían que tenía sida y por ellos podría enterarme. No sabía que pensar, me sentía muy triste y decepcionado, con coraje. Primero, me dolía saber que había fallecido y segundo, la forma en que murió era terrible y más por lo que significaba para mí también. Eran dos cachetadas muy fuertes. Él había sido la persona más especial en mi vida y saber que ya no volvería a verlo me causaba mucha angustia y dolor. Cuando nos separamos, no entendí que era lo que pasaba, todo parecía estar bien entre nosotros y de pronto él me dijo que ya no podía seguir conmigo, no me pareció para nada razonable y a pesar de mis ruegos, él decidió terminar lo que teníamos. Creo que ahora entendía por qué.

Todo comenzó dos años atrás, yo frecuentaba un bar al que iba gente de todo tipo, vaqueros, osos y otros más, hasta leathers llegaban a aparecer. Fue ahí donde conocí a Héctor, tenía un porte agradable, de barba cerrada y de buen cuerpo, cuando lo vi me pareció muy atractivo y varonil, y a pesar de que era muy llamativo, se fijó en mí. Creí que tenía suerte cuando se me acerco. Yo sé bien que no soy atractivo y por eso siempre me falto audacia para acercarme a los chicos que me gustaban. Esa noche, inicio una relación que duro poco más de un año. Recuerdo que después de conocernos y de hablar de formar una pareja, el me pidió una cosa. Me dijo que ya estaba cansado de la gente de ese bar y que le gustaría iniciar algo nuevo conmigo, lo más lejos que se pudiera. Resulto que yo vivía del otro lado de la ciudad y cuando él me visito por primera vez le gusto el lugar. Le dije que yo trabajaba muy cerca de mi casa y que tampoco me convenía viajar mucho. Él trabajaba de lunes a jueves y podía irse todo el fin de semana conmigo. Yo desde hace mucho disfruto de estabilidad económica y lo único que me faltaba era una pareja. Héctor llego a mi vida y se quedó, lo trate lo mejor que pude, le di todo lo que yo tenía y él me hizo muy feliz, aunque a veces me dejaba sin avisarme y se tardaba, a veces hasta dos fines de semana sin buscarme. Yo me molestaba con él, pero de nuevo regresaba y con un detalle me volvía a convencer de seguir la relación, siempre terminaba aceptándolo de nuevo.

Cuando regresaba de sus ausencias me decía que tuvo que quedarse a cuidar a su madre que era diabetica y que el tratamiento naturista que seguía debía tomarse al pie de la letra y solo él podía dárselo, que por eso no podía estar conmigo. No estaba seguro de que dijera la verdad, pero yo estaba tan feliz de que hubiese vuelto, que prefería creerle, sabía que algún día eso quizá terminaría, pero yo quería prolongarlo lo más que se pudiera. Fuera de esas ausencias él era muy buena persona. Recuerdo que siempre arreglaba los desperfectos que hubiese en la casa y me compraba y hacia la comida. Era muy buen cocinero, yo nunca di una para eso, pero el parecía ser un cocinero nato. Guisaba casi cualquier cosa y el resultado siempre era muy delicioso. Cuando él estaba conmigo, nos pasábamos el fin de semana en casa, no salíamos para nada más que al super o al cine. Siempre teníamos cosas que hacer en casa y de las cuales platicar, podíamos hablar prácticamente de todo, aunque había temas que no tocábamos, como el de sus ausencias, si yo insistía en hablar de eso, él se molestaba y entonces me decía que si seguía con eso se tendría que ir, yo tenía que dejar el tema por la paz. Su compañía era lo más agradable que había conocido, los días que pasábamos juntos eran inolvidables para mí. Por eso, muchas veces le dije que si alguna vez me faltaba, me causaría mucho dolor. En esos momentos, él me abrazaba y me decía al oído que siempre estaría conmigo.

En cuanto al sexo, era muy bueno, tenía buena herramienta y yo lo disfrute mucho. Al principio yo insistía en usar condón, pero él me presiono para no usarlo, al fin y al cabo éramos pareja, el parecía estar muy enamorado de mí y yo de él, pensé que era lo mejor, lo complacería, nunca pensé que podría tener un novio tan atractivo como él, yo estaba dispuesto a hacer todo lo que el deseara de mí. Me enamore perdidamente y pronto lo hicimos a pelo, las sensaciones son muy placenteras de esa forma, sentirme poseído por él, me llevaba a la gloria, yo sé que muchos conocen bien la experiencia y eso dificulta mucho no tomar las medidas necesarias.

Así estuvimos casi un año, y de pronto tuvo una larga ausencia. Cuando regreso, me dijo que teníamos que hablar seriamente. Lo note delgado y ojeroso, seguramente habría estado enfermo, pero no le pregunte. Deje que él me contara lo que tenía que decirme. Se veía que le costaba mucho decírmelo. Lloro mucho, y yo lo abrace, nunca me dijo que era lo que le pasaba a pesar de que le pregunte muchas veces. Solo me dijo que le dolía mucho, pero que debía terminar conmigo, que yo merecía algo mejor, que lo perdonara por todo lo malo que había sido conmigo, le pregunté los motivos, yo lo amaba, él solo me dijo que había alguien más. Yo le dije que entonces no podía yo hacer nada y que si quería separarse yo lo recordaría por todo lo bueno, pues siempre así había sido conmigo. Insistió mucho en que lo perdonara, y solo hasta que le dije que lo perdonaba se tranquilizó un poco. Me dijo también que sabía la opinión que tenia de mí mismo, pero que él se había dado cuenta que yo era una persona muy hermosa y que seguramente alguien más lo notaria. Yo estaba muy triste. No podía alejarme de él. Lo necesitaba, nadie nunca me había hecho tan feliz como él. Esa fue la última vez que lo vi. Aunque después trate de contactarlo ya no pude. Dejo de usar su número de celular y cuando lo busque en el bar donde nos conocimos, me dijeron que ya no iba desde hacía mucho tiempo. No tenía más lugares donde buscarlo. Realmente no sabía más de él, de lo que me había dicho.


Finalmente después de casi un año, me encontré a su primo, del cual resumo la conversación que está al principio. Fue así como descubrí lo que pasaba con él. Creo que si se enamoró de mí, pero nunca tuvo el valor de decirme lo que le pasaba y más porque su amor, el amor que me tenía, llevaba implícito algo que podía hacerme daño y creo también que cuando sintió que estaba más enfermo decidió alejarse de mí para que no viera su sufrimiento ni su muerte, nunca le gusto que yo lo viera enfermo. Quizá ustedes piensen que me he resignado a vivir con el VIH, pero cuando me hice la prueba, resulte negativo al análisis. Cuando eso ocurrió, me di cuenta que la vida es un misterio, que las certezas no existen, pero no volveré a jugar con mi suerte, fui como un conductor suicida y aunque salí ileso de esta, no es garantía de que vuelva a ocurrir. Solo me quede con la tristeza de haber perdido a la persona que significo todo para mí quizá desde donde está el sigue cuidándome, a veces en sueños él regresa a casa y yo le pregunto dónde ha estado todo este tiempo. Él solo se limita a abrazarme y a decirme al oído que siempre estará conmigo, yo sé que estoy soñando, pero me reconforta, me gusta soñarlo.

Por: Serch Leather

26 de noviembre de 2015

No se aceptan parejas


Gracias por las cervezas, pero la verdad es que ya no acostumbro a salir con parejas, no es que la pase mal, al contrario, el sexo es muy bueno, pero son muy complicados emocionalmente, primero te tratan bien pero luego las cosas pueden llegar a ponerse mal. Que no es su caso, me dicen, pero dejen que les haga una pregunta, ¿es la primera vez que lo hacen con alguien más? Porque de ser así prefiero no ir con ustedes. Dicen que la burra no era arisca, ¿quieren saber por qué? Bueno, sucedió no hace mucho, fue en la ciudad donde vivo…

Recuerdo que el televisor proyectaba la última película porno que ellos habían comprado, sobre la alfombra, Miguel y Samuel habían pasado de los besos a las caricias y después a todo lo demás, llevaban casi 6 años como pareja y parecían tener una buena relación, se notaba porque tenían buen entendimiento y una buena química en la parte sexual. Sobre la mesa de la sala había unos vasos con tequila, era de noche y la habitación estaba a media luz, por la ventana entraba la luz de los faros de los autos que pasaban afuera. Mientras Miguel estaba tendido boca abajo en el piso, era penetrado por Samuel, ambos tenían la vista puesta en la televisión donde había una escena interracial de tres hombres musculosos, uno de ellos penetraba al otro mientras este le mamaba la verga al tercero. El tequila calentaba los cuerpos, la excitación al ver la película aumentaba y entonces cambiaron de posición…

Me contaron que cuando se conocieron ambos se declararon como activos, “¿y entonces que hacemos, jugamos a espadazos?” y tuvieron que negociarlo, decidieron que lo mejor sería ir una y una, a cada quien le tocaría el turno de ser pasivo con el otro, primero uno y luego el otro. ¿Quién sería primero? Lo dejaron a la suerte, cada encuentro sexual comenzaba con un volado, el que perdiera asumía el papel de pasivo y era penetrado por el otro, pero luego cambiaban los roles, quien primero había sido pasivo era ahora quien penetraba al activo, y el cambio podía volver a darse. Entre ellos ahora ya no existía el ser activo o pasivo, ambos eran igual, ambos eran inter. Y aun cuando durante mucho tiempo antes ambos habían sido solo activos con otros, descubrieron la forma de sentir placer ahora como pasivos, sin dejar de actuar como activos. Así habían venido siendo durante todos esos años, hasta que aparecí yo…

Los conocí por casualidad una noche que pasaba por el zócalo de la ciudad, los días viernes un grupo de personas de la tercera edad se reúnen en una explanada del centro para bailar danzón, cuando los veía me detenía a verlos bailar, siempre me ha gustado la elegancia y sincronía con la cual bailaban, yo siempre he tenido dos pies izquierdos y solo bailo los ojos cuando los veo, esa noche estaba ahí cuando sentí que alguien me miraba, eran ellos, al inicio no supe la razón, no parecían ser “de ambiente”, y si lo eran no es muy común que siendo una pareja te busquen ligar, no es que crea en la fidelidad pero cuando deciden experimentar con otra persona usualmente lo hacen cada quien por su lado, a escondidas del otro. Incluso he conocido a parejas donde tienen permitido tener sexo con otros a condición que no lo sepa el otro. No les hice caso pero entonces uno de ellos se acercó a saludarme, me dijo que le parecía yo conocido, lo cual no era cierto pero era la forma que tenía de abordarme.

Al verlo de cerca pude notar que se veía bien, usaba lentes que le daban un aire interesante, un bigote corto bien recortado y un cuerpo firme, como de alguien que hace ejercicio sin ser de gimnasio. Le seguí la corriente y le dije que probablemente me habían visto antes ahí ya que a veces me detenía a ver al grupo de baile. Eso lo hizo entrar en confianza y se presentó, me dijo que se llamaba Miguel y que venía con su amigo Samuel, le hizo una señal con la cabeza y el otro se acercó, me dio la mano y se presentó. Samuel era un poco más alto que Miguel y algo velludo, también de bigote, aunque más grueso. Platicamos un rato mientras veíamos cómo bailaban danzones, luego me preguntaron si querría tomar una cerveza con ellos, lo pensé un momento, hasta ese día nunca me había ido con dos, era desconfiado, eran mayoría para mí y se veían más fuertes que yo, al parecer se dieron cuenta y me dijeron que eran tranquilos, que también para ellos era nuevo invitar a alguien a su casa, que solo querían invitarme a tomar una cerveza o lo que se diera. Los observé bien, también se veían nerviosos, me parecieron sinceros y además me gustaron, accedí a ir con ellos.

Vivían a pocas cuadras del zócalo de la ciudad, lo que me dio tranquilidad de no ir por un rumbo que no conociera y que fuera más complicado regresar. Vivían en un segundo piso, la ventana daba a la calle. Nos sentamos en la sala y me invitaron de su barra, elegí tomar tequila, ellos también optaron por tomar lo mismo. Al principio estábamos medio serios, no parecía haber mucho tema para platicar, pero poco a poco nos fuimos relajando. Pusieron una película porno que recién habían comprado y comenzaron a besarse, hasta llegar al punto del inicio de la historia. Yo estaba a un lado de ellos sobre un sofá, solo como voyeur viéndolos, el tequila calentó mi sangre y me desabroché el pantalón, comencé a masturbarme lentamente sin interferir en lo que ellos hacían. Entonces cambiaron posición, Samuel se puso en cuatro en posición sesgada entre la televisión y el sofá donde yo estaba mientras Miguel lo penetraba, me gustó ver las nalgas peludas de Samuel, tenía un vello tupido.

En algún momento, Miguel comenzó a empujar a Samuel hacia mí mientras lo penetraba con fuerza, poco a poco Samuel se iba acercando hasta mí persona, pero su mirada seguía puesta en la televisión, hasta que su cabeza quedó muy cerca de mi entrepierna, pero parecía no verme, seguía mirando la televisión hasta que Miguel le tomó la cabeza y lo giró hacia mi verga, entonces se me quedó viendo sin decir nada, no se atrevía a hacer nada, yo sentía su aliento caliente cerca de mi miembro, fue Miguel quien nuevamente le tomó la cabeza para dirigirla hacia mi verga, Samuel ya no se pudo resistir y me comenzó a mamar la verga, Miguel se inclinó sobre él para ver cómo me mamaba la verga, yo me moví del sofá para acercar mi verga a Miguel quien también comenzó a mamármela. Después los penetre, uno a uno, y al parecer ambos disfrutaban mucho ser penetrados por mí.

Aunque me invitaron a quedarme a dormir con ellos, esa vez me fui para mi casa, pero seguí viéndolos de vez en cuando. Lo que hicimos en los siguientes encuentros fue más o menos parecido con algunas variantes, aunque en todas esas veces ellos tuvieron claro que yo solo era activo, pero eso era algo que les gustaba, creo que aunque al inicio ellos se declararon activos, después de cinco años querían experimentar otras cosas como pasivos. La pasábamos bien, a veces cuando estaba muy tomado aceptaba quedarme a dormir con ellos, primero insistían en que yo durmiera con ellos en su cama, me ponían en medio, yo no los aguantaba, no porque hiciéramos algo, sino por el calor de sus cuerpos, prefería quedarme en el sofá.

¿Qué fue lo que pasó si todo inicio tan bien? Bueno, dicen que una mesa de tres patas siempre va a quedar derecha, pero aquí no fue así, en algún momento me comenzó a gustar más Miguel, ambos eran atractivos, de buen cuerpo, pero creo que yo le comencé a gustar más a Samuel. Al principio eran como pequeñas diferencias que parecían no ser importantes, pero conforme iba pasando el tiempo las cosas iban teniendo un giro en esos encuentros. Yo siempre buscaba más a Miguel para cogérmelo más, pero Samuel comenzaba a querer ser siempre el primero para que me lo cogiera, y también por parte de ellos comenzaron a dejar de interactuar juntos conmigo, es decir, aparentemente hacíamos un trío pero entre ellos ya no había interacción; por ejemplo ya no me mamaban la verga juntos, ahora era uno a la vez, y cuando me cogía a uno, el otro ya nomás veía y toda la chamba como activo era para mí, entre ellos dejaron de ser activos.

Con el tiempo comencé a darme cuenta que ambos eran muy diferentes, pero esa diferencia no hacía que se complementaran, más bien el que ambos fueran diferentes los separaba cada día más. Cuando los visitaba y me quedaba con ellos, al principio todo estaba bien, después de coger por la noche tomábamos unos tragos y platicábamos, nos estábamos conociendo, pero ya más tarde avanzada la noche y ya algo ebrios, ellos comenzaban a pelear por las cosas más simples y tontas. Me di cuenta que ellos se presentaban como una buena pareja que se llevaba bien y que tenían años con su relación, pero en la intimidad de su casa sus diferencias los hacían pelear cada vez que yo los veía.

Samuel, al principio parecía ser un hombre sencillo, agradable y muy hospitalario y comenzó a decirme que yo era su amigo, pero con el tiempo me di cuenta que la relación que tenía conmigo solo era utilitaria, me veía más como una especie de servidor, de chacal disponible para cuando deseara sexo. Detrás de su generosidad iba implícita la obligación de darle sexo, si se podía toda la noche. Sin embargo quien más me gustaba para eso era Miguel, y aunque también tenía sexo con él era cada vez menos, era evidente que yo había dejado de gustarle y aceptaba tener sexo conmigo solo para que yo siguiera yendo a verlos y pudiera tener sexo con Samuel, quien no era de coger una vez y ya, para él tener sexo era de toda la noche, mientras tomaba tequila o cerveza. Creo que en el fondo ambos buscaban en mi algo de compañía, ya que ellos no se soportaban y casi no tenían tema para platicar, el que yo estuviera ahí les permitía desviar la atención hacia mí y hacer como que no pasaba nada, ambos se disputaban mi atención para platicar. Quien más hablaba era Samuel, sin embargo su plática siempre estaba centrada en sí mismo, era un verdadero yoyo. Mientras estuviera de acuerdo con él estaba a gusto. Ahí comenzó a tener problema conmigo, ese no es mi estilo, si alguien me gusta no lo digo, nos gustamos y lo que salga, lo demás sale sobrando, y tampoco soy consejero matrimonial, yo solo quiero pasar un buen rato de sexo sin complicaciones.

Miguel por otro lado parecía ser el más centrado, platicaba de temas interesantes, de películas, de libros, pero eso molestaba a Samuel, supongo que se dio cuenta que su pareja y yo nos entendíamos más en cuestión de intereses, se ponía celoso, pero la verdad es que Miguel solo parecía más centrado en apariencia, pero en el fondo era tan explosivo como Samuel, y al no poder ser directo con él volcaba su frustración en mí. Desaparecía la persona madura y agradable que aparentaba y se transformaba en alguien muy infantil, se portaba de manera caprichosa e imbécil. Si algo me molestan son los dramas, y un día me hartaron y les dije lo que pensaba de ellos, que eran un par de homosexuales histéricos y dramáticos en busca de sexo fácil. Ellos no esperaban les hablara así de fuerte, se quedaron sin decir nada, yo agarré mi chamarra y me salí de ahí, me habían hartado y ya no me importaba lo que pasara con ellos, sé que iban a terminar muy mal, pero ese ya no era mí problema.


Desde ahí decidí que las parejas no eran lo mío, cuando me llego a encontrar a una pareja que me invita la verdad no soy grosero pero prefiero alejarme. Ustedes me cayeron bien, y de nuevo gracias por las cervezas, ahora ya saben por qué no quiero ir con ustedes, ¿Qué no son así, que ustedes son maduros y tiene una relación estable? Si, también ellos me dijeron eso, ¿quieren arriesgarse? ¿una cerveza más? Bueno, la verdad es que me laten, y la calentura es canija, quizá si vaya con ustedes, pero solo sería una vez, no los volvería a ver, ¿Dónde dicen que viven?...

Por: Martín Soloman


28 de octubre de 2015

Una de indio

Eran las seis de la tarde cuando llegué al bar, tenía algún tiempo que lo frecuentaba. Entré y busqué con la mirada sin que lo viera, quién sabe si hoy vendría, quién sabe si lo vería. Una de las meseras me reconoció y me indicó con una mano que tenía una mesa disponible, fui y me senté, ella limpió con un trapo húmedo la mesa, me miró y sonrió mientras me preguntaba si tomaría lo mismo, le dije que sí, ya se iba y me pregunto si solo una, miré hacia la puerta, él no había llegado y le dije que sí, solo una. Me llevó mi cerveza Indio y una botana, alguien puso en la rockola una canción, “y volver volver volver, a tus brazos otra vez…”. No era la primera vez que la ponían cuando yo iba, volteé a ver a la rockola pero no vi al gracioso que la puso. Fue hace años que conocí ese bar al cual también hace años que no he regresado.

En aquellos años tuve un problema legal y necesitaba con urgencia un buen abogado. Pero para alguien como yo que no conocía nada de licenciados, encontrar uno bueno me parecía muy difícil, afortunadamente un compañero del trabajo me recomendó visitar a un amigo suyo, este era un abogado muy reconocido por ser bueno en su trabajo, fuimos juntos a visitarlo y sorprendentemente su casa estaba ubicada en una zona muy peculiar. Aunque su casa estaba cerca del centro, muy cerca de una avenida principal de la ciudad, la calle donde vivía conducía a una zona conocida por su peligrosidad,  los antiguos patios de la estación de tren. Hacía muchos años que el tren había dejado de funcionar, y todos los terrenos fueron invadidos y se hicieron asentamientos habitacionales irregulares, era una zona muy peligrosa que todo mundo evitaba, eran frecuentes las notas rojas de esa zona. Sin embargo, la calle por la que entramos era una zona residencial muy tranquila, con casas antiguas, pero cuidadas, al dar vuelta hacia la calle donde vivía el licenciado esta era de un solo sentido pero bastante ancha, con árboles frondosos.

Dimos con la casa, tocamos y salió el licenciado, nos invitó a pasar aunque dijo que tenía a toda su familia enfiestada, se escuchaban risas de niños y música, no quise distracciones, así que le dije que si no tenía inconveniente le podía explicar ahí mismo en la calle, a lo cual accedió. Era una tarde calurosa del mes de Mayo, tardamos un buen rato platicando y exponiéndole mi problema, el tiempo pasó, y ya que estábamos en la calle, comenzó a pasar gente, parecían trabajadores de oficios diversos, me quedé viendo y me comentaron que era la hora en que la gente de los patios de la estación regresaban a sus casas, esa calle iba a dar a la colonia. Mi amigo me dijo que si no quería ir a echarme una cerveza en un bar que estaba más adelante y que es a donde esa gente pasaba después de trabajar.

Por supuesto, no acepté la invitación, lo tome como una broma suya, parecía riesgoso, además en ese momento estaba centrado en el asunto que fui a tratar con el abogado, pero si me quedo la idea de alguna vez visitar el bar. Estuve pensando varios días en esa calle y un viernes decidí ir. Me vestí con pantalón de mezclilla, camisa de manga larga arremangada y una gorra, caminé por esa calle en dirección a los patios de la estación. El bar estaba un par de calles más adelante de la casa del abogado y aun retirado de los patios de la estación, era un edificio muy antiguo, las típicas puertas de cantina vieja, el ruido de una rockola al fondo, las paredes cubiertas de loseta marrón medio rota. Entré, había poca gente, nadie parecía fijarse en mí, tomé una mesa, pedí una cerveza y me llevaron algo de botana, además de la bebida servían comida para quienes regresaban de trabajar a esa hora. Quienes atendían eran mujeres, ya maduras, conocían a los que entraban, los saludaban y reían con ellos mientras resonaba la música de la rockola. Lo que estaba observando en el bar era diferente a lo que estaba acostumbrado a ver, no era un bar de ambiente, el tipo de gente que iba era tosca, sin escolaridad y sin modales, el sudor que despedían era fuerte, y aunque yo iba vestido sencillamente, de alguna forma contrastaba con ellos.

Después de algunas cervezas y no ver algo interesante decidí que era hora de irme, el rumbo era peligroso y no conocía las calles, no quería seguir ahí cuando oscureciera. Pasé al baño, un espacio pequeño, gente entraba y salía, estaba orinando cuando llegó un hombre a mi lado a orinar, no quise verle la verga, sentí el peso de su mirada en mí, con temor lo voltee a ver y lo que vi me agradó. Era de estatura algo mayor que la mía, llevaba una gorra algo sucia, la piel quemada por el sol, la barba medio crecida, algo pasado de peso. Nuestras miradas se cruzaron, él no tenía ninguna expresión. Salí rápidamente, llegué a mi mesa y pedí la cuenta mientras terminaba mi última cerveza. Estaba pagando cuando el hombre que había visto en el baño se acercó y me preguntó si ya iba yo a desocupar la mesa porque se quería sentar, le dije que sí y me quise levantar, él me dijo que me terminara la cerveza, que no había problema. Yo estaba nervioso pero su mirada era imperativa, me quedé sentado y tomé mi cerveza, él acercó la suya y me dijo “salud”. Eso me tranquilizó, terminé mi cerveza en silencio, él parecía no verme, miraba a todos lados y a ninguno, no parecía tener ninguna emoción. Hice el intento de levantarme de la mesa pero él pidió dos cervezas y me acercó una. Me dijo que me había estado viendo, que no era de por ahí y que se había acercado a mí para que no tuviera problema, si los demás me veían platicando con él todo estaría bien.

Le agradecí y comenzamos a platicar de su trabajo. Era carpintero, comento que estaba arreglando una casa, pude verlo mejor, tenía nariz ancha, pómulos pronunciados, mandíbula fuerte y manos grandes, aunque tenía barba a medio crecer no tenía vello corporal, excepto en los antebrazos, calculé que debía ser unos diez años mayor que yo, quizá el trabajo rudo lo hacía ver mayor de lo que era. Su plática era sencilla, pero por alguna razón podíamos conversar bien. La siguiente cerveza se la invité yo, la plática no tenía nada fuera de lo común, no había ninguna insinuación, excepto un movimiento de su mano para rascarse la entrepierna, pero cuando lo hacía no me veía, no había tampoco una mirada que insinuara algo. Anochecía y decidí que lo mejor sería irme, pagué y me despedí de él de mano, al hacerlo sentí su mano con callos.

Iba caminando por la calle hacia la avenida principal cuando sentí unos pasos rápidos tras de mí, caminé más rápido y entonces él me alcanzó. Me dijo que también ya se iba, me extraño porque ese no era su rumbo. Le dije que no me había presentado y él me dijo que se llamaba Benjamín. Íbamos caminando juntos y antes de alcanzar la avenida principal, de pronto él me agarró una nalga. Yo volteé a verlo pero él no me miró. Llegamos a la avenida principal y entonces le pregunté si quería ir a otro lado, él me miró de arriba abajo y solo me dijo “está bien”. Tomamos un taxi y nos perdimos en la noche, hacia un hotel que conocía yo, donde no les importaba si quien entraba era una pareja de hombres. En el camino compramos un six de cervezas.

En el cuarto él no dijo mucho, se recostó en la cama mientras encendía la TV y abría una lata de cerveza, solo se agarraba la verga por encima del pantalón. Yo me recosté a su lado, le abrí la camisa y le acaricié el pecho, su piel se sentía dura, tenía un cuerpo macizo, él tomó mi mano y la bajó hacia su bragueta, sentí su bulto duro y lo acaricié sobre su pantalón, luego abrí su bragueta, llevaba un pantalón de mezclilla con botones en vez de cierre, saltó su verga, me gustó, era morena y de buen tamaño, el glande era del mismo color que sus labios, acerqué mi boca, tenía un olor fuerte pero excitante, me puse a mamarla. Él se bajó los pantalones, yo me quité mi ropa. Quise besarlo pero el hizo la cara a un lado, me dijo que no le gustaba besar y que además ya le había mamado la verga. No dije nada y seguí con lo mío, luego me dijo que quería que me sentara en él, quería que yo mismo me fuera clavando su verga en mí, que yo solo me fuera ensartando en él. Así lo hice, aunque me costaba trabajo yo mismo iba controlando el dolor, cuando de repente él me tomó de la cintura y arqueó su cadera hacia arriba penetrando totalmente en mí. Grité de dolor, quise zafarme pero sus fuertes manos no me dejaron, me dijo “tranquilo, ya pasará”. Pero el dolor no pasó tan rápido como esperaba, sin embargo poco a poco me fui acostumbrando y fui iniciando el sube y baja, él me soltó y puso los brazos sobre su cabeza. Con más soltura cambié de posición mis piernas y me puse en cuclillas sobre él subiendo y bajando, el rango de movimiento era más amplio, su verga casi salía de mí para de un golpe entrar toda, mis nalgas golpeaban sus huevos. Así, sin que él se moviera de repente sus piernas comenzaron a tensarse, apretó el abdomen y eyaculó entre gemidos mientras yo me masturbaba para venirme después que él.

Nos fuimos a bañar, él se metió primero a la regadera y luego yo, después nos quedamos recostados en la cama mientras tomábamos otra cerveza, ambos estábamos más relajados, yo le acariciaba el cuerpo mientras él se iba quedando dormido, así yo también me quedé dormido. Me despertó de madrugada, me dijo que ya estaba por amanecer y tenía que irse, le pregunté si era casado y me dijo que no pero que tenía que ir a trabajar, olvidaba que yo no trabajaba los sábados pero él sí. Nos vestimos y le pregunté si tenía un teléfono al cual pudiera hablarle para vernos otro día, me volteó a ver con cara inexpresiva y me dijo que cuando quisiera verlo lo buscara en el mismo bar donde lo había encontrado. No le dije nada, salimos a la calle donde caminamos a la esquina, ahí pasó su camión, no me despedí de él, sabía que no volvería a verlo pero él me dijo: “búscame”. Fue todo y se subió al camión.

Pasó el fin de semana, volví a mi rutina habitual, él me había gustado y la había pasado muy bien, pero lo más seguro era que no volviera a buscarlo. Sin embargo me descubría a ratos pensando en él. Al cabo de dos semanas, un viernes volví al mismo bar. Eran las seis de la tarde, había poca gente, la mesera de la primera vez me reconoció y me llevó a una mesa, me preguntó que tomaría y le dije “una cerveza Indio”. Pasó una hora cuando llegó Benjamín, se detuvo en la puerta un momento y al verme fue a mi mesa. Me saludó de mano como viejos conocidos y me dijo “tardaste en venir”. Yo me puse nervioso, le dije que había tenido trabajo, pero me interrumpió, “no importa”, me dijo. La mesera vino y le preguntó que tomaba, pidió lo mismo que yo. Estuvimos tomando unas cervezas y luego le pregunté si quería ir a otro lugar, me dijo que sí.

Así pasaba siempre, cada vez que quería verlo iba al mismo bar, a veces él no llegaba y me regresaba solo a mi casa, no sé si llegaría más tarde, yo salía de ahí antes de las ocho. Nunca supe dónde vivía, ni supe su número. Cierta vez llegué al bar más tarde y al entrar vi a Benjamín en una mesa con otro tipo. Ambos estaban platicando, el otro parecía entusiasmado con él mientras Benjamín permanecía distante, sin expresión en su cara. Me volteó a ver pero no hizo ningún gesto, fue como si no me conociera. Me senté en otra mesa, esperé hasta que fue al baño y lo seguí, me puse a su lado como la primera vez, lo miré y solo me dijo: “no pensé que vinieras, ¿se te hizo tarde?” le dije que era por el trabajo, y mientras se sacudía la verga me dijo “´pa la otra nos vemos” y se salió.
  


Ambos salieron juntos del bar, yo me quedé a terminar mi cerveza, la mesera se acercó a preguntarme si quería otra, yo estaba triste mirando hacia la puerta, ella me volvió a preguntar, le dije que sí y cuando me la trajo debió verme los ojos rojos, abrió la cerveza, se paró junto a mí y me dijo: “él es así, no es de nadie, puedes estar con él, pero nunca estará contigo”. Fue la única vez que me dijo algo así, yo la miré mientras ella iba a atender otra mesa, en la rockola alguien ponía esa canción “y volver volver volver, a tus brazos otra vez…”

Por: Martín Soloman




21 de octubre de 2015

Perdiendo mi religión



Nuestras miradas se cruzaron por primera vez en esa ocasión, y desde ese momento, no pudimos evitar mirarnos cada vez que nos encontrábamos en los espacios de ese lugar, dentro de mi había una revolución. Era la reunión periódica de nuestro grupo religioso en donde acudían todos los pequeños grupos de todas las localidades de la región. Cuando él me miraba lo hacía de forma que yo percibía distinta, yo sabía que había algo más que simple simpatía en esas miradas, pero por mi forma de pensar religiosa de esa época, solo quise interpretar que su mirada era solamente amistosa, de un joven ejemplar y bueno. Finalmente nos saludamos, ambos estábamos como voluntarios haciendo el mismo trabajo en ese gran recinto religioso. Yo tenía veinte años, él era mayor que yo por unos cinco. Josué era su nombre, entablamos amistad, cada vez que decíamos algo, adelantábamos la palabra “hermano” como suele usarse dentro de los grupos religiosos. A partir de entonces, esperaba con ansias la siguiente reunión, para poder ver a mi amigo Josué. No sé si yo causaba el mismo efecto en él, pero cada vez que nos veíamos, sus ojos brillaban al verme, cuando nos veíamos hablábamos de nuestras metas religiosas y nos tomábamos fotos amistosas, que  a mí me permitían pensar en él, el resto del tiempo.

Crecí dentro de la fe religiosa de mis padres, así fui educado y yo creía que lo mejor era permanecer en esa tradición, mi mente estaba completamente influida por las ideas religiosas. Pero dentro de mí, muy dentro, existía algo que iba en contra de todo lo que dictaban las normas religiosas, algo que me dolía admitir, que a veces me hacía sufrir, pero también algo que a veces me permitía hacer volar mi imaginación y pensar en un mundo diferente, una vida diferente y mientras estaba en ese estado de ensoñación, también era feliz, porque en ese sueño, la relación con mi recién conocido amigo Josué, no era solo de amistad, sino de placer. Pero de pronto la voz de alguien de mi familia me hacía volver a la realidad. Y minutos después me sentía culpable. Otra vez volvía a mi mente la pesada responsabilidad de las cargas religiosas, de lo que estaba bien, de lo que era decente, pues conocía con precisión los textos bíblicos que dicen que la homosexualidad no es grata a los ojos de Dios. Y poco después bloqueaba de mi mente los pensamientos malsanos que tanto placer y dolor me producían. La verdad es que mis sentimientos eran muy ambivalentes.

Mi despertar en la sexualidad siempre estuvo cubierto de un sentimiento de culpa, el sexo era malo, la masturbación era un vicio nefando que sin embargo no podía evitar, siempre me escondía de todo para poder masturbarme, lo hacía de forma muy rápida y aunque alcanzaba el orgasmo no eyaculaba, apretaba fuertemente la base de mi pene presionando con fuerza sobre el conducto para evitar que saliera el semen y me ensuciara. Después venía un sentimiento de culpa por haber flaqueado, por haber sido débil, y regresaba a las enseñanzas de mi religión. Quizá por evitar eyacular nunca tuve sueños húmedos, pero si sueños impuros, eran un reflejo de mi lucha interna. Tenía un sueño recurrente, en el que veía a un hombre desnudo correr por la calle hacia la puerta del recinto donde yo estaba, venía hacía mí, un hombre hermoso, con cuerpo angelical, desnudo, pero yo me asustaba de lo que podría pasar y le cerraba la puerta para no dejarlo entrar, respiraba aliviado, caminaba por un pasillo y al pasar por uno de los cuartos veía dos hombres teniendo sexo, entonces yo me acercaba y ellos me recibían, en ese punto despertaba con angustia y culpabilidad.

Así, un día el deseo finalmente me gano y sucumbí ante la tentación, no fue con Josué, fue con alguien más, con un compañero de la pequeña escuela donde estudiaba un curso de serigrafía, con un mundano, como suelen llamar los religiosos a las personas que no profesan su religión. Mi consciencia me impulso a confesar mi pecado ante mis autoridades religiosas. En consecuencia, mi familia y todo mi grupo religioso me rechazaron. Termine alejado de todo eso, me fui de mi pueblo y solo mantenía comunicación con mi madre, era la única de mi familia que aun a escondidas me hablaba, generalmente para saber si estaba bien. Cuando todo eso paso, me sentía aliviado, era como quitarse un enorme peso, ahora yo era libre, libre de ser la persona que realmente era. Sabía que tampoco sería fácil, pero podía explorar mejor mi vida sexual. Lo único que me dolió más, fue que ya no podría volver a ver más a Josué y me resigne a olvidarlo.

Años de estar encerrado en una comunidad religiosa me hicieron una persona insegura y temerosa, cuando tuve que enfrentarme al mundo real para buscar trabajo y vivienda, yo me sentía fuera de mi entorno, mi experiencia era similar a la que tienen los jovencitos cuando llegan a una escuela nueva y no conocen nada de ella ni a nadie, siempre había estado en grupos y ambientes religiosos y fuera de eso no me ubicaba bien, fui aprendiendo poco a poco, aunque hubo quienes se aprovecharon de mi inexperiencia. Pero encontré buenos amigos que me apoyaron cuando se enteraron de las cosas complicadas en mi vida. Seguramente al principio les parecí muy cerrado y provinciano, pero poco a poco fui cambiando mis ideas gracias a la educación universitaria y a que me fui adaptando a un nuevo estilo de vida, en el que era más consciente de las formas de vivir de otras personas. Ahora puedo pasar por alguien maduro y centrado, no soy perfecto, pero soy muy distinto al joven de veinticinco años que estaba temeroso de todo lo que aparecía ante él. Fue un duro proceso, del que salí victorioso después de varios años.

Hace poco, mientras disfrutaba de la compañía con mis amigos en un bar al que siempre vamos, encontré a un hombre que me pareció llamativo, no lo había visto antes ahí, sus grandes ojos negros me llamaron la atención, su figura era agradable, vestía púlcramente, camisa clara, pantalones de vestir, los zapatos perfectamente boleados, la barba bien recortada. Me acerqué a él y poco después tomábamos juntos un trago y más tarde salimos de ahí para disfrutar de una rica sesión de sexo. Era muy ordenado y parecía muy limpio, tenía una forma pausada de desvestirse y de acomodar su ropa para que no se arrugara, sus manos eran cuidadas, me dijo que tenía una actividad académica, pero al momento de tener sexo era todo lo contrario, tenía pasión, desenvolvimiento, sabía conducirme hasta el punto del orgasmo.

Cuando terminamos pude ver que era más atractivo de lo que lo había percibido, y tenía una conversación muy amena. Sin darme cuenta de qué forma la conversación nos llevó a hablar de una región cercana a mi pueblo, le dije que conocía dicho lugar, pero no mencione que yo era originario de una zona cercana. Me contó que su familia vivía ahí, pero que hace tiempo no los visitaba, de pronto se me quedó viendo, le pregunte si estaba bien. Me dijo que de repente se había sentido triste, que quizá si el tiempo alcanzaba otro día me contaba porque se sentía así, lo abrace y le di un beso largo y apasionado, después volvimos a tener sexo. Al terminar, me dijo que le parecía yo conocido de otro lugar, de otro tiempo, le pregunté de dónde y solo me miró fijamente y me dijo que a veces el pasado no es bueno traerlo al presente. Después nos despedimos, él prometió buscarme otra vez pero no lo hizo y tampoco volvió al bar donde lo conocí.

Sé lo que piensan, pero estoy seguro que no era Josué, creo que este hombre es más joven que él, lo recuerdo de aquellos tiempos y cada detalle de su rostro está guardado en mi memoria, la voz es diferente, la complexión es similar, las facciones son parecidas pero no es él y el nombre que me dio es diferente, aunque eso es algo común en este medio. Aunque espere un tiempo, ya no volvió a buscarme, hasta el día de hoy que me contacto. Por la mañana recibí un mensaje de texto, se me hizo raro porque ya no se usan, hoy día todos usan whatsapp y tienen Facebook. Me decía que me quería ver, que tenía algo importante que decirme y me pedía que fuera puntual. Me dijo la hora y el lugar, me recalcó que no faltara. Todo está muy bien salvo por un detalle, la clave lada del teléfono del cual me envió mensaje es de la misma región de donde soy, la misma clave lada con la que mi madre se comunica conmigo. No sabía qué tenía que decirme, solo  nos vimos una noche, no sabía quién era realmente pero las coincidencias eran muchas, era muy parecido a Josué, pero la gente no cambia tanto al grado de volverse irreconocible. Mientras me dirigía a donde me había citado, me preguntaba quién podría ser y que quería decirme.


Cuando llegue a donde me había citado, lo pude ver a lo lejos sentado, la forma en la que lo vi era muy parecida a como recordaba a Josué, aun así me controle y no le pregunte si era él. Inicio contándome que su nombre verdadero era Jonás, que provenía de una familia muy religiosa y que a causa de no vivir en conformidad con las creencias de ellos, ya no lo recibían en su casa. Toda su vida había vivido dentro de la fe religiosa de su familia y ahora que ya no podía regresar a su casa, se sentía muy solo y también culpable porque creía que no estaba viviendo de la manera correcta. En pocas palabras le había ocurrido lo mismo que a mí, años antes. Le brinde mi apoyo y sin hablar de mí mismo le dije que aunque no me creyera, yo conocía alguien que había pasado por lo mismo que él, pero que las situaciones difíciles que enfrentaba tenían solución. Me di cuenta que no era quien yo pensaba, aunque el parecido era asombroso... Entonces me contó que tenía un hermano mayor que pasaba por la misma situación que él, pero que no se atrevía a vivir de manera honesta, sin negarse a sí mismo y que aunque no lo quería admitir, sabía que le ocurría lo mismo. Él seguía dentro de su fe y viviendo de acuerdo a los preceptos de su religión que Jonás ya había perdido. Le pregunte cómo se llamaba y me contesto… Josué.

Anónimo, adaptación Serch Leather





1 de octubre de 2015

Yo infiel



Hablar sobre la infidelidad es un tema complejo, para empezar cada quien tiene un concepto distinto de lo que es la fidelidad y de las formas en las cuales se puede ser infiel, o de cuándo es el momento en el cual “el otro” ha cometido un acto de infidelidad. Pero como todos los temas difíciles, eso es algo de lo cual no hablamos. En el tema de la infidelidad siempre es “el otro” el que ha sido infiel, y sin embargo nunca tenemos la honestidad de reconocer cuando uno es el que ha sido infiel. Basta ver las publicaciones en las redes sociales hablando con decepción y despecho de la infidelidad “del otro”, frases y canciones de desengaño, de amor traicionado, pero jamás se tiene el reconocimiento de lo que uno mismo ha fallado. Lo más cercano es decir que “yo también cometí algunos errores” sin dar más detalles, y con esa expresión de que “errar es de humanos”, todos merecemos una segunda oportunidad. Así descargamos nuestra conciencia, nos excusamos ante todos y trasladamos la culpa del fracaso al otro, nunca a uno mismo.

Cuando era un estudiante de secundaria y prepa tuve algunas novias, había un período de cortejo y en algún momento cuando alguna me gustaba y me sentía afín a su forma de ser elegía un lugar, un momento, un detalle y entonces les peguntaba: “¿quieres ser mi novia?”. Con el “sí” venía un acuerdo implícito de compromisos que nos comprometíamos a seguir, el más importante era que en adelante solo éramos el uno para el otro. Pero las mujeres no eran lo mío. Y me di cuenta que cuando se trata de otro hombre las cosas funcionan diferente. Por lo menos en mi caso jamás hubo una petición de noviazgo de mí hacia otro ó bien que me lo propusieran a mí. Las cosas solo se dieron y en algún momento comenzamos a llevar una relación de pareja, donde van implícitos ciertos acuerdos no escritos, entre ellos el de la fidelidad… y también el de la exclusividad sexual, conceptos diferentes.

“Estoy casado, pero no capado” es un dicho que suelen decir los hombres heterosexuales, pero en una relación homosexual ambos son hombres y tan capaces de hacer algo con otros el uno como el otro, más en este ambiente donde las posibilidades para ello son más fáciles que en una relación heterosexual.  Hace años, cuando vivía en provincia y comenzaba mis andanzas en este medio descubrí un cine porno, tenía poco que lo frecuentaba y en una de esas veces conocí a un hombre que me gustó mucho, tenía el tipo norteño, con el pelo medio quebrado muy corto, alto, bigotón, mirada alegre y una sonrisa varonil que encantaba a cualquiera. Ahí en el cine hicimos lo que podíamos hacer, a los dos nos gustó, salimos juntos y cambiamos teléfonos del trabajo. Lo que vivimos juntos está escrito en este blog, sin darnos cuenta comenzábamos a tener una incipiente relación de pareja que parecía complicada por su situación de casado, esa relación terminó porque yo fui infiel.

Teníamos unos tres meses de andar juntos, durante ese tiempo éramos exclusivos sexualmente hablando, yo no había tenido sexo con alguna otra persona, en él encontraba la satisfacción sexual que buscaba. Él era exclusivo sexualmente conmigo como hombre, porque él era casado y tenía una relación con su esposa la cual era primero que la que tenía conmigo. Por ello no siempre nos podíamos ver, siendo casado no siempre podía salir para vernos. Así que cierto día que salí temprano del trabajo se me ocurrió ir al cine porno donde nos conocimos. Según yo solo iba a ver la película y me quedé recargado cruzando los brazos sobre una barda que separaba el pasillo de las filas de asientos al centro del cine. Ahí alguien se me acercó, y me comenzó a tocar la bragueta, tuve una erección instintiva, el tipo me pidió que nos sentáramos, no se veía mal, y yo lo seguí, nos sentamos en la primera fila, quedando la barda justo a nuestras espaldas.

¿Qué pensaba cuando acepté seguirlo? Nada en especial, aunque no se veía mal realmente no pretendía cambiar la relación que estaba iniciando con el casado, solo iba a ser un encuentro ocasional más parecido a un desahogo fisiológico por la excitación del momento, de lo que pasara no le iba a decir nada al casado y tampoco pretendía buscar alguien más, solo quería tener un orgasmo en ese momento; dentro de mí pensé que no estaba haciendo nada malo. Ahí me sacaron la verga del pantalón, me estuvo masturbando y después se puso a mamarmela. En esto estaba cuando sentí la presencia de alguien que nos miraba fijamente a mis espaldas, voltee a ver y era él, la persona casada con la que estaba saliendo. Un sudor frío me recorrió al verme descubierto, él tenía una expresión de coraje en su cara, no dijo nada y salió del cine.

Yo me levanté del asiento, dejé al otro sin explicación, me acomodé la ropa y salí tras él que ya estaba fuera del cine, llamándolo para que me esperara, sin importar que la gente en la calle nos volteara a ver. Se detuvo y me dijo: “pasaba por aquí y te vi cuando entraste, así que te seguí para ver lo que hacías, y ya sé lo que haces cuando entras aquí, te metes con todos…”. Yo no sabía que decirle, me había descubierto in fraganti, ¿Qué podía decirle?. Entonces él dio por terminada la relación y me dijo: “qué bueno que paso esto, porque ya me estaba clavando contigo y yo amo a mi esposa, estaba comenzando a tener problemas con ella por causa de esto”. Se dio media vuelta y se fue.

Me sentí el ser más despreciable, los días siguientes le llamé por teléfono a su trabajo, lo negaban hasta que un día me contestó y me pidió que no volviera a llamarlo nunca más. Durante mucho tiempo cargue con la culpa del rompimiento, todo iba tan bien y yo era quien le había sido infiel y él me había descubierto…pero eso nunca se lo dije a nadie, nunca tuve el valor de decir que yo le fui infiel, es algo que callé a quienes conocí después cuando me preguntaban por mis relaciones anteriores, siempre les contaba del casado pero decía que habíamos terminado porque él era casado y no quería tener problemas con su familia, nunca les dije que terminamos porque me encontró con otro tipo en un cine cuando fui a que me la mamaran, aunque para mí eso no haya sido nada serio, quizá solo estaba jugando.

Hay dos cosas que con el tiempo aprendí, una es que la fidelidad se valora por un conjunto de compromisos que se establecen de común acuerdo con la otra parte los cuales son mucho más amplios que simplemente la parte sexual, tienen mucho más de amistad, de empatía, compromiso, apoyo, entendimiento, responsabilidad, y que esto puede o no implicar la parte sexual. Hay parejas que son abiertas y muchas de ellas muestran estabilidad de años que puede ser incomprensible para muchos ya que cada quien tiene encuentros sexuales con otras personas a las cuales de entrada les dicen lo mismo que a mí me dijo el casado en otros términos: “tengo pareja, solo quiero pasar un rato agradable contigo, no me puedo comprometer a más”. Cuando la persona acepta sabe de antemano que no puede esperar a más que solo la parte sexual.

Con ello se tiene que, como dice la video del inicio, “podemos concebir una relación fiel en la que se den relaciones extraconyugales y una relación infiel en la que estas no existan”, es decir, se puede ser infiel sin tener sexo con otras personas, cuando los acuerdos de apoyo, entendimiento, empatía, proyectos comunes, confianza, honestidad y otros se rompan, llevando a cada uno a emprender una camino distinto, cada quien por su lado sin hacer partícipe a la pareja de los proyectos que van siendo cada vez más personales y menos de pareja, cuando a una de las partes le interesa vivir de una forma y a la otra parte le interese vivir de otra. La pregunta es: ¿a qué somos fieles cuando somos fieles?.


No hay inocentes ni culpables en un rompimiento, hay responsabilidades compartidas. Durante mucho tiempo cargué con la culpa de haber terminado la relación con el casado por mi infidelidad, pero cuando pasó el tiempo me hice una pregunta: ¿qué hacía él pasando fuera del cine porno?. Él no tenía auto, vivía en una colonia alejada del cine y su trabajo quedaba aún más retirado del cine, de tal forma que para ir de su trabajo a su casa no tenía que pasar por donde estaba el cine porno. Él no podía haber pasado ahí por casualidad… a menos que también hubiera ido al cine a lo mismo que yo había ido. La única diferencia es que yo había entrado minutos antes, y sin embargo, ambos íbamos a lo mismo...

Por: Martín Soloman






16 de septiembre de 2015

El maestro constructor

(Relato enviado desde Peru)

Cierto día de puro curioso me puse a buscar algún chat gay y encontré uno, luego de media hora de saludar a algunos cuyos nick parecían interesantes saludé a un tal Juan, era un tío de 47 años, maestro constructor, yo tenía 48 años, y nos pusimos a conversar, primero algo de la actualidad política del día y luego pasamos a temas personales, ambos acordamos en no hablar mucho de eso y conformarnos con que ambos teníamos familia y que "esto" era como un relax q buscábamos de tiempo en tiempo. Pasamos una hora así y quedamos en conversar a la misma hora del día siguiente, así pasaron varios días, coincidimos en querer vernos pero no lográbamos tener tiempo. Inclusive un día me mostró su gran culo por cam y quedé prendado de él. Después de buen tiempo de charla cibernética quedamos para vernos un domingo a las 10am en el que era antes el Metro de Los Olivos, hoy es Plaza Vea.

Estuve puntual en el lugar y de pronto vi acercarse hacia mí un tipo chato, grueso, de pelo negro y cara de maloso, llevaba una bolsa plástica con algo dentro. Se me acercó y dijo mi nombre, yo algo sorprendido le dije "¿Juan?"´. Estaba sorprendido pues este pata irradiaba masculinidad y me parecía tan raro que me haya mostrado su trasero por cam. Le pregunté si quería tomar alguna bebida y él, decidido, me dijo que mejor buscáramos un telo. Llegamos a uno alejado de la avenida e ingresamos, pagamos a medias y entramos a la habitación, tenía su baño, cama de dos plazas, una tele en la pared y estaba muy limpio. Lo abracé y él respondió al abrazo, más cuando lo quise besar me dijo que nunca lo había besado un hombre, que hacía años, en una borrachera,  había sido penetrado por un compañero de trabajo y nada más.

"Ok" le dije y no insistí en eso, nos pusimos cómodos y solo  con los calzoncillos puestos nos echamos en la cama, de la bolsa que traía sacó un par de gaseosas y me alcanzó una, y conversamos como siempre, pronto el ver su cuerpo fuerte a mi lado y casi sentir su calor me excitó, vi a Juan dirigir su mano a mi bulto y suave lo acarició, eso hizo que mi pene se levantara furioso y la mano caliente de Juan lo agarró con fuerza, obviamente se excitó,  acarició mi vientre peludo y suave fue bajando mi ropa interior, mi verga salió gruesa y babeante, pero él se quedó quieto y dijo "no, esta huevada es grande, me va a doler" y se retiró, yo le dije "tranquilo, bésalo nomás, sino deseas no te penetro" y Juan, obediente, dirigió sus labios a mi verga, sorbió mi presemen y despacio lo engulló, era tan rico tener a este machito así.

De pronto dejó de besarme el pene y me besó el ombligo, el pecho, el cuello y llego a mis labios, y me dio un beso fogoso, que respondí con gusto mientras nos abrazábamos, nuestras manos recorrían el cuerpo del otro hasta donde alcanzaban, yo excitadísimo le saqué el calzoncillo, su pene era pequeño pero se veía durísimo y palpitante,  levanté sus piernas gruesas y dejé a mi vista su ano de pliegues marrones y  dirigí mi boca a la parte interna de sus muslos, él gimió, seguí a sus nalgas, y más gemidos, y ya sin pensarlo dirigí mi boca a su huequito y lo besé, sentí su calor y sabor salado y lo lengueteé con ganas, sus gemidos eran cortos, intensos, pero bajitos, yo seguía adorando su ano con mi boca hasta que de repente su cuerpo tembló fuerte  y un gemido  brotó de su garganta "ohhhh...me vaceé" me dijo y vergonzoso se retiró al baño a lavarse.

Como imaginaran yo estaba fierro pero quería que las cosas fluyeran normal así que le dije "ven, échate acá, relájate, que después de darla es bueno descansar", y se recostó nuevamente a mi lado, muy cerca a mí, nuestros cuerpos calientes en contacto, al rato un profundo ronquido  y se durmió con su cabeza pegada a mi pecho y su boca casi besando mi tetilla izquierda, lo observé, era delicioso, su piel trigueña clara, completamente lampiño, sus brazos fuertes, su abdomen prominente,  sus muslos poderosos, sus pies anchos y grandes, y su pene pequeño, Juan  me gustaba mucho, acerqué despacio mi pie al suyo y lo sentí caliente, así quedamos quietos. Agarré el control y prendí la tele, busqué un canal de adultos y me puse a ver una película porno hetero. Habría pasado como media hora cuando un "que rico" me hizo voltear hacia Juan, él también veía la escena en que una hembra cabalgaba de espaldas al macho y se veía claramente el entrar y salir de la verga.

Mi verga estaba al palo también y Juan me la acarició mientras besaba mis labios, yo lo abracé y acariciaba su ancha y gruesa espalda, sus nalgas tremendamente carnosas, me excitó a mil. "¿Te la meto?" le dije y él con una sonrisa que yo recién conocía asintió. Se levantó y de la bolsa que traía sacó condones y lubricante, me alcanzó uno y me lo puse, le pedí un sobre de lubricante y le dije que con el otro sobre se untara bien el ano, "te sentarás en mi verga" le dije y él, ya lubricado, se levantó y se puso sus zapatos de minero mientras yo me acomodaba hacia el borde de la cama, tal como habíamos visto en la película, verlo de pie con esos zapatones lo hacía más macho aún, su pene pequeño erecto otra vez.

Ya bien embadurnados su ano y mi verga le dije "ahora siéntate despacio sobre mi verga", " tú vas a dirigir los movimientos hoy, no quiero q te duela" y él suave se colocó parado entre mis piernas, se apoyó en mis rodillas y empezó a sentarse, yo despacio abrí sus nalgas y me deleité con el espectáculo de la penetración, suave descendía él y yo sentía riquísimo, el abrazo de su ano en mi verga dura, él solito ahora subía y bajaba despacito, yo lo dejaba hacer, mis manos acariciaban los flancos de su cintura, él subía y bajaba, subía y bajaba, hasta q un "ohhhhhhhhh" delató que todo le había entrado, mis pendejos rozaban sus nalgas y él arrecho acariciaba mis muslos velludos, ahora iba más rápido, el sube y baja era delicioso y le dije "cuando sientas q te vienes me dices" y él seguía con el sube y baja a su antojo, después de unos minutos me dice "ya, ya se me viene", entonces allí si presioné fuerte su cuerpo a mi pubis y empecé a penetrarlo furioso, este chato era lo máximo!, al rato un orgasmo poderoso me nace y eyaculo con fuerza y fuertemente lo atraigo a mi pubis, "me vengoooooo" me dice Juan y su cuerpo tiembla, suda, se desespera, y yo también, la damos juntos, al rato siento un líquido caliente mojar mis testes, es el semen de Juan que chorrea de su mano, me relajo sobre la cama y Juan se incorpora, su ano está con un poco de sangre y se va a bañar, me quito el condón con semen y lo sigo y también entro a la ducha con él, nos bañamos juntos, "me gusta tu cuerpo" me dice y se sonroja, "nunca le he dicho esto a un hombre, me gusta tu cuerpo...y te agradezco" me repite. Nos vestimos y salimos, la verdad q felices. Obvio que repetimos estas citas muchas veces más…


Anónimo enviado desde Peru.

9 de septiembre de 2015

Fonseca

Acababa de recibir un par de riatazos en la espalda, sentía un ardor terrible y una rabia incontrolable, como pude corrí hacia unos árboles mientras mi agresor me seguía en su caballo, agarre la primera piedra que encontré y se la lance con todas mis fuerzas. Solo vi cuando cayó del caballo y entre la mezcla de emociones que sentía, solo pude atinar a correr y no parar hasta llegar a mi casa. Estaba muy asustado y a mis catorce años parecía que había cometido un crimen. No salí en varios días de mi casa, ni a la escuela fui, pensaba que cuando mi familia se enterara de lo que había pasado, no me la iba a acabar. Lo más probable es que sus padres fuesen a mi casa a reclamar que había descalabrado a su hijo. Sin embargo nadie fue a reclamar nada a casa nunca.

No sabía que había ocurrido con Fonseca, quizá había sobrevivido y no le había pasado nada y yo me había asustado tontamente, pero nuestra guerra comenzó unos días atrás mientras yo estaba bromeando con mis amigos y él iba pasando, uno de mis amigos me empujo y yo me caí sobre él, empujándolo sobre un charco quedando él todo enlodado. Cuando se levanto estaba muy molesto, y ya iba a golpearme cuando uno de nuestros profesores, se dio cuenta y fue a separarnos, impidiendo que él se desquitara. Fue al día siguiente cuando me encontró cerca del rio, y se fue con su caballo sobre mí. Cuando nadie reclamo nada en casa decidí ir a la escuela, él y yo no íbamos en el mismo grupo, pero cuando lo vi, solo pude notar que tenía una venda en su cabeza, el solo me miro, pero no se me acerco. Supuse que buscaría el momento para vengarse, así que desde ese día me prepare.

Antes de ese incidente nunca había prestado atención a su persona. Me parecía un chico serio, pero tenía fama de ser violento, aun así reconozco que yo era un joven muy engreído y me creía superior a él, yo era popular en la pequeña escuela secundaria del pueblo y tenía varios amigos de los más simpáticos y de las familias más influyentes en el pueblo. Fonseca en cambio era un chico de rasgos feos, pero curtido por el trabajo, de brazos muy fuertes, creo que estaba cascorvo o algo parecido porque caminaba con los pies arqueados. Solo tenía amistad con otro chavo que era su vecino, se veía serio, de rasgos más finos, pero que al parecer ocultaba una homosexualidad latente, pues tenía una voz que a veces lo delataba, se llamaba Rosendo.

Mis amigos murmuraban en voz baja que probablemente ellos dos tenían algo entre sí, pero nadie lo decía abiertamente, todos le temían a Fonseca y además Rosendo siempre mostró interés por otro tipo de chicos, más refinados. Solo pensar que hubiera algo entre ellos no me cabía en la cabeza, Fonseca era como un animal, casi no mostraba emociones, siempre tenía la misma cara para todo, y creo que siempre estaba en el campo trabajando, yo sabía que su familia era muy violenta y creo que su abuela hasta practicaba la brujería, era algo muy conocido en el pueblo. Fue Rosendo quien más tarde me dijo que Fonseca me iba a golpear cuando menos lo esperara. Así que, si quería evitarlo, sería mejor no me acercara a sus dominios en el campo. Que mejor ya ni fuera. Fue él quien me dijo que en casa de Fonseca nunca se decía lo que les pasaba, que ni siquiera sus padres se preocupaban porque le ocurría, ni por él ni por ninguno de sus hermanos. Cada quien resolvía sus problemas sin decir nada y ahora entendía porque nadie fue a reclamar a mi casa que yo lo hubiera descalabrado. Eso me estremeció más, ya de por si veía que él era muy bestia y luego tenerlo de enemigo con esos antecedentes, era peor.

Pues bien, la vida en el pueblo tiene sus propias vicisitudes, y aunque los citadinos piensan que la vida en provincia es muy tranquila, la verdad es que no es así, el que la gente sepa casi todo de cada uno de los que viven en el pueblo a veces puede ser una desventaja. Eso lo aprendí cuando llegue a vivir al pueblo, al principio me gustó mucho, todo me parecía agradable, podía salir a caminar por los caminos sin pavimentar y disfrutar de la arena de las calles, sentirla en mis pies descalzos, si llovía era aún mejor, podía oler el agradable aroma de la tierra recién mojada. O quizá podía pasear por la orilla de un hermoso rio donde también podía bañarme, como se acostumbra en esos lugares y tantos otros placeres como la comida deliciosa con los productos propios de la región. Pero pronto descubrí que quienes son homosexuales en un pueblo cargan con un estigma, por el cual a veces, en casos extremos, hasta pueden perder la vida. Eso me preocupo porque yo, dentro de mí, bien sabía que me gustaban otros chicos y no las chicas como se esperaría de mí. Básicamente en el pueblo existen dos tipos de homosexuales, los que son afeminados y son muy evidentes y los que tienen relación con los primeros, que disimulan que no lo son, que tienen modales masculinos, pero que en la práctica sexual buscan a los primeros o entre ellos mismos.

Pues bien, si yo quería ir al rio a pasar el rato, disponía de dos caminos para llegar, uno por donde era seguro que me podía encontrar a Fonseca, mi enemigo,  y otro camino más alejado y menos agradable, porque por ese otro camino vivía un homosexual afeminado muy conocido, que hasta el pelo rosa usaba. Para mí era grotesco, ahora supongo que en esa época debía tener unos 30 años y le llamaban la Sasha. Cuando pase por su casa la primera vez no se dio cuenta, pero cuando venía de regreso salió a su puerta y me hablo, diciendo que si no quería pasar a tomar una tacita de café, pero lo mande a la chingada y me fui corriendo, yo era solo un mocoso. Más adelante me encontré a un compañero de la escuela que me comenzó a hacer burla porque la Sasha me había invitado a su casa. Fue este compañero quien me comenzó a hacer burla con eso de que la Sasha quería conmigo. Y por supuesto no era agradable para mí. Cualquiera que era relacionado con un homosexual de ese tipo levantaría sospechas en la gente. Pero lo que a mí me salvo fue que la Sasha consiguiera pronto marido, y era un hombre muy atractivo, alto, fuerte, varonil, guapo, de aspecto ranchero y también era montador, llamado Gaspar, que por supuesto era un mantenido y que solo por eso, a él no le importaba ser relacionado con ella. A partir de eso, varias veces cuando regresaba por la tarde del rio, me asomaba por la ventana de la casa de la Sasha y vi varias veces como Gaspar la tenía bien abrochada.

El tiempo paso, yo crecí y me fui del pueblo y fue hasta hace poco que regrese a cuidar a mis abuelos envejecidos que volví a conectarme con esa parte de mi vida que ya casi había olvidado, me parece que fue en otra vida todo lo que me ocurrió en ese pueblo, era solo un adolescente y ahora todo ha cambiado, ya soy un cuarentón, el rio antes cristalino ahora está sucio y todas las calles antes sin pavimentar y cubiertas de una suave arena, ahora se encuentran mal pavimentadas; todo me parece desagradable ahora, me encuentro gente que ya no conozco, de quienes fueron mis compañeros en la escuela no supe y no he querido preguntar para que tampoco me cuestionen por qué a mi edad no me he casado.

Uno de esos días que tome el transporte de regreso para salir del pueblo, iba pensando en todas estas cosas, cuando de pronto se sube la Sasha, aunque ahora luce envejecida la reconocí, vestida sencillamente con un pantalón de mezclilla y con lo que parecía ser una blusa de color lila. Me quede observándola, mientras ella elegía un asiento en el microbús, y se quedaba parada como esperando a alguien. Detrás de ella iba un hombre muy sencillo de barba crecida como de vagabundo, con un sombrero viejo y al cinto un machete de gancho. Cuando él llega hasta ella le dice que se siente y ella obedece, él se sienta junto a ella y le echa el brazo por su hombro. El tipo se me hace familiar, pero no recuerdo quien es, no puedo ubicarlo. Más adelante, en el siguiente pueblo se levantan de su asiento y se dirigen a la puerta, ella solo me lanza una mirada de reojo, de forma coqueta y cuando él me voltea a ver, descubro que es Fonseca, mi enemigo de la juventud, quien al reconocerme, solo bajó su mirada y salió del transporte siguiendo a la Sasha.

Yo seguí mi camino y desde arriba del camión los veo alejarse por la calle, ella lo abraza por la cintura y él le pasa la mano por el hombro, nadie parece darles importancia, quizá muchos que los conocen critican su relación, incluso yo mismo que los conocí cuando solo era un adolescente podría criticar el hecho que siendo tan distintos ahora estén juntos, pero hay algo que nadie ve y es que, a pesar de que son viejos y lucen descuidados, se ven felices, cuidando uno del otro, algo que pocas parejas transmiten. Quizá al final encontraron el uno en el otro algo que nadie más les pudo dar, y finalmente, ¿quién soy yo para juzgar su relación cuándo yo mismo estoy solo?...


Escrito por: Serch Leather



19 de agosto de 2015

En la cajuela de un coche


No sé por qué siempre he tenido la mala costumbre de no saber estar solo, desde que recuerdo siempre he buscado la compañía de alguien más, quizá al inicio en la escuela sólo buscaba tener un buen amigo, alguien con quien hacer la tarea o ir a jugar básquet ball. Cuando llegó la adolescencia, cada quien comenzó a tener sus propios intereses, yo busque los míos… pero inconscientemente también comencé a buscar a alguien como pareja aunque no supiera cómo era eso, después de todo nadie nos prepara para tener una pareja. Y creo que aún sigo aprendiendo, el resultado siempre ha sido una suma de errores y aciertos, en una delicada balanza que en algún momento se inclina hacia un lado u otro.

Sucedió hace tiempo, esa vez ahí iba, en medio de la noche, cruzando la ciudad de Cuernavaca hacia el sur, iba medio borracho, manejando mi viejo Tsuru, supuestamente iba hacia un oxxo por más cervezas, pero en la cajuela llevaba oculto a Juan. En aquel tiempo la situación de seguridad no era la de hoy en día, ahora que lo pienso creo que si me hubiera detenido alguien de tránsito y me hubiese revisado habría terminado en la cárcel por llevar alguien en la cajuela de un coche, pero en ese tiempo no lo pensé, solo busqué la mejor forma de sacarlo de la casa de nuestro amigo donde siempre nos veíamos para pasarla bien, hasta que ese día llego su esposa buscándolo, ella estaba segura de que Juan estaba ahí y había montado guardia frente a la casa para descubrirlo, yo no tenía otra opción para sacarlo sin que ella lo viera, más que en la cajuela del auto y así lo hice.

Tenía ya tiempo de conocer a Juan, me gustaba mucho de él ese aspecto de no pertenecer a este ambiente, como padre de familia cuidaba mucho sus formas y tanto sus gestos como su aspecto eran muy masculinos, nos fuimos conociendo poco a poco y cada vez entablábamos una relación más personal, más de pareja, compartíamos más cosas y nos refugiábamos en hoteles donde el reloj era nuestro enemigo. Juan debía llegar a buena hora a su casa, era casado, tenía hijos y una esposa que siempre lo esperaba y que si no llegaba salía a buscarlo, en aquel tiempo los celulares no estaban al alcance de todos. Juan tenía un amigo que vivía solo, tenía una casa que había heredado de su madre, pero lo interesante de la casa del amigo, era que al fondo del pequeño terreno estaba un cuarto en obra negra, no tenía luz y estaba lleno de libros y cosas inservibles. Cuando visitábamos este amigo, primero platicábamos un rato con él y luego nos íbamos a esa habitación llena de cosas donde también había un colchón viejo que poníamos en el piso y ahí pasaba lo que ambos deseábamos. Luego nos bañábamos, platicábamos otro rato con su amigo y nos íbamos, yo iba a dejarlo cerca de su casa, casi siempre se nos hacía tarde.

Una de esas veces que se nos hizo tarde, al ir a dejarlo ya cerca de su casa vimos las luces de otro coche que venía en sentido contrario, él reconoció que era el coche de su esposa, al pasar junto a nosotros se nos quedó viendo, yo avancé rápido, di la vuelta en una cuadra y Juan bajó rápidamente del coche, yo arranqué y alcancé a ver por el espejo retrovisor como ella daba vuelta e iba hacia él, al parecer discutían, Juan no quiso subirse a su coche y caminó hacia su casa mientras su esposa iba al lado de él manejando lentamente a su lado, hasta que los perdí de vista. A partir de entonces ella ya sabía con quién iba su marido, y conocía mi coche y me había visto a mí. Desde ese día las cosas se complicaron más para todos, Juan siempre estaba a la expectativa de que su esposa no fuera a encontrarlo, era una situación en la que todos sabíamos lo que pasaba pero que nadie se atrevía a reconocerlo.

Ese día estábamos en la casa de su amigo tomando unos tragos cuando de repente tocaron al portón, su amigo salió a ver y alcanzamos a escuchar la voz de la esposa de Juan, él rápidamente se fue hacia la cocina mientras que por la puerta principal su esposa entraba a la sala para buscarlo mientras nuestro amigo iba tras ella diciéndole que Juan no estaba ahí, tratando de contenerla pero ella iba hecha una furia, había visto mi coche en el patio de la casa y sabía que Juan estaba ahí. Él se había ido a ocultar al cuarto en obra negra del fondo, su amigo le ofreció a su esposa una cerveza y le pidió calmarse, ella me vio pero no me dijo nada, buscó por toda la casa, se sentó un rato en la sala y luego salió a la calle donde tenía su coche, ahí se quedó dentro, el amigo de Juan le llevó unas cervezas, ella lloraba mientras hablaba con él, pero no se iba, estaba segura que Juan estaba ahí y no se iría hasta que Juan saliera, era la única salida posible y tenía que verlo al salir, no había de otra.

A veces su amigo entraba a la casa y medio me decía algunas cosas, que ella estaba furiosa, que no sabía cómo íbamos a salir de esta, mientras la noche avanzaba. Yo iba a ver a Juan al cuarto del fondo, él no decía mucho, tenía una mezcla de sentimientos encontrados entre las ganas de estar conmigo y el cargo de conciencia por ser lo que era y enfrentar a su esposa. Fue cuando le dije que la única forma posible era sacarlo en la cajuela, él dudó pero no había otra opción, así que sigilosamente se metió a la cajuela del Tsuru y yo arranqué el coche para salir despacio, al pasar junto al coche de su esposa me detuve para que ella pudiera ver que no iba nadie más conmigo y yo le dije a nuestro amigo que estaba dentro del coche con ella que iba por más cervezas a la tienda porque se habían acabado, ella miró hacia el interior del coche con los ojos llorosos pero no vio nada, entonces yo aceleré y me perdí por las calles de Cuernavaca.

No podía llevarlo hasta su casa, no podía tardarme demasiado, un poco después en una calle solitaria que daba a una de las avenidas principales paré y abrí la cajuela, Juan salió y se despidió con mirada triste, caminó hacia la avenida para tomar un taxi mientras yo iba a comprar las cervezas que había dicho. Regresé y pasé nuevamente junto al coche de su esposa, ella seguía ahí, entré a la casa con las cervezas y me quedé tomando en la sala, ella se fue como a las 6 de la mañana, toda la noche habíamos estado despiertos. Su amigo se metió a la casa, ya estaba muy tomado, y el alcohol nos cambia a todos, dijo que había tratado de convencerla de que su esposo no la engañaba con nadie y ella le había dicho todo lo que Juan era para ella, para sus hijos, pero su amigo tenía otra mirada para conmigo, mientras me contaba eso se acercaba cada vez más a mí hasta que me agarró la entrepierna y trató de abrirme la bragueta, quería saber cómo la tenía yo para que Juan se hubiera fijado en mí, él nunca me había visto la verga y al calor del alcohol me pidió que me dejara mamármela, que Juan no se iba a dar cuenta, yo traté de rechazarlo con amabilidad al principio y luego lo empujé con fuerza hasta hacerlo caer, me acomodé el pantalón y me fui de ahí a esa hora, borracho y desvelado sin rumbo.

Las cosas se pusieron peor después, su esposa trató de retener a Juan por todos los medios posibles, ambos trabajaban para tener un ingreso decente para sus hijos pero ella lo presionó de todas las formas posibles, cierto día Juan me dijo que su esposa se había salido de trabajar para obligarlo a él a trabajar un turno extra y que de esa forma no tuviera tiempo de andar por otro lado, Juan le dijo que entonces ella se tendría que conformar con lo que él le pudiera dar, así tuvieran que comer mal. Desde entonces él anduvo más recortado de dinero, fuimos extremando las precauciones para vernos, pero todo eso nos fue desgastando más y más como pareja. En algún momento nos dimos cuenta que el amor no vence todo, que hay cosas más fuertes que los deseos de uno mismo y que hay un momento en que hay que dejar ir las cosas antes que lo bueno se vuelva malo, y que aún con mi necesidad de estar siempre con alguien, tenía que dejarlo ir.

Hablamos las cosas y ambos estuvimos de acuerdo, nos separamos en buenos términos, quizá solo era un tiempo que ambos nos dábamos para tomar distancia uno del otro para resolver problemas y esperar que las cosas pudieran calmarse, pero ya no fue así, ya jamás nos reunimos de nuevo. Algunas situaciones no tienen salida posible, algunas veces nos encontramos en un tiempo y en unas circunstancias que ya no nos pertenecen. Juan no volvió a su vida de casado, pero tampoco volvimos a estar juntos. Cuando decidimos separarnos yo me quede con la idea de que en cuanto resolviera su situación con su esposa e hijos, me buscaría y volveríamos a estar juntos ahora de una mejor forma, sin problemas de ninguna clase. Pero las cosas no se dieron así, ambos comenzamos a buscar otras personas, cuando lo volví ya todo había cambiado.

Habían pasado unos meses cuando decidí ir al bar que frecuentábamos, era un bar hetero pero para nosotros era un lugar agradable, nadie se metía con nosotros. Tenía tiempo que no sabía nada de Juan, cuando entre al establecimiento me saludó el mesero que siempre nos atendía y que ya nos conocía, me asignó una mesa y me preguntó si lo de siempre, le dije que sí y entonces escuche una risa que yo conocía bien, ahí estaba Juan, acompañado de un joven, platicando y bromeando, precisamente así era como lo recordaba, siempre de buen humor. Me acerque y los salude, al verme Juan cambio su expresión y dejo de sonreír, se levantó y me dijo que quería hablar conmigo aparte, su acompañante solo me miro con curiosidad. Se pasó a mi mesa y me puso al tanto, me contó que ya no vivía con su familia, que se había separado de su esposa y que había conocido a Ricardo, el joven con el que estaba, me dijo nos tomáramos un trago, acepté y entonces le pregunté por qué cuando estaba conmigo no lo había hecho, por qué no me había dedicado más tiempo, hubiéramos hecho tantas cosas, y ahora estaba con otro haciendo todo eso. El me miró largamente, en algún lugar de sus ojos vi tristeza y me contestó: “porque en ese tiempo me faltaron huevos…”. Terminé mi trago, su amigo nos miraba con impaciencia desde la otra mesa y entonces decidí irme, me despedí de él, le di un abrazo para sentirlo por una última vez y salí de ahí.


No sé qué tanto haya tenido yo la culpa de que las cosas hayan terminado de esa forma, pero no es posible cambiar el curso de los hechos. A veces uno se aferra a algo que no tiene razón de ser, a veces es mejor dejar ir a las personas, pero nunca sabe uno cuando es ese momento, quizá por egoísmo propio, hasta que la realidad nos golpea, y nos muestra que las expectativas que tenemos no son las mismas que tiene la persona que amamos…