Conservé amistad solo con uno de ellos, Antonio, quien resultó malo para
los estudios pero muy bueno para el trabajo, vivía cerca del centro del pueblo
y comenzó con una pequeña tiendita en su casa, le funcionó bien y con el paso
del tiempo la fue ampliando cada vez más hasta llegar a ser un minisúper,
cuando lo visitaba era en su tienda, me invitaba un refresco y platicábamos de
cómo nos había ido a cada uno. Para cuando terminé de estudiar él ya se había
casado y tenía una niña pequeña, no pude estar en su boda y cada vez nos
veíamos menos. Fue un par de años después de que termine la universidad, cuándo
ya trabajaba que me tocó estar nuevamente en un carnaval, fui como espectador,
ya no me gustaba el brinco del chinelo y sólo veía a quienes iban brincando.
Entonces, alguien de entre la multitud me llamó la atención, era un
hombre quizá unos años mayor que yo, moreno, su cuerpo se veía recio, con
músculos formados por el trabajo físico y la piel curtida por el sol, llevaba
la bandera que movía de un lado a otro, mientras tras él, iba la banda de
música (aquí le llaman comparsa) tocando las variaciones a la música del
chinelo, su cuerpo iba sudoroso, bailar el chinelo es un ejercicio intenso y
llevar ondeando una bandera es algo que lo hace más pesado todavía, la camisa
se le había desabotonado y le podía ver en su torso cómo los músculos se le
tensaban en cada movimiento mientras que gotas de sudor escurrían por él, no
parecía tener expresión y sólo iba concentrado en seguir el ritmo de la música
y ondear alto la bandera, los músculos de sus tríceps se marcaban al sujetarla
y algo más que me gustó mucho, fue que usaba huaraches. Eso me llamó la
atención, usar huaraches para el brinco del chinelo no es común, ese tipo de
baile exige mucha fuerza con los pies, pude notar que sus pies eran fuertes y
cada paso era firme, por alguna razón que no sabía explicar me gustó ver sus
pies desnudos, era como si pudiera ver toda su desnudez sólo con ver sus pies
desnudos en huaraches.
Entonces me incorporé a la gente a brincar el chinelo, quería estar
cerca de ese hombre que tanto me había llamado la atención, para seguir
viéndolo, de vez en cuando alguien se acercaba a él para pedirle la bandera,
pero él ponía atención y sólo se la daba si era alguien del pueblo, los
fuereños no tenían permitido tomar la bandera y si no eran de ahí se las
negaba. Era entonces cuando de la gente de la banda de música le pasaban bebida
en un vaso, parecía ser aguardiente con refresco en un vaso de plástico que
apuraba de un golpe. Estar ahí entre la multitud era sofocante, el calor de la
tarde y la época de sequía hacían más seca la sensación de calor mientras
cientos de pies brincaban sobre el pavimento polvoso y el sudor corría por todo
el cuerpo, sus pies y huaraches lucían polvosos. Yo iba cerca, viendo su cuerpo
con la camisa abierta, en algún momento se quitó la camisa y quedó con el torso
desnudo, puso la camisa en medio de su cinturón.
Sí, tenía muy buen cuerpo, sus facciones eran toscas, el bigote era
escaso, pelo lacio y muy corto, era
completamente lampiño, sus pies eran anchos, los dedos gruesos, quizá era el
tipo de hombre que a muchos no les gustaría y dirían que era feo, pero a mí me
generaba una gran atracción, me gustaba mucho. En eso andaba cuando alguien me
habló desde la orilla, era Antonio, mi amigo de la secundaria que estaba con su
esposa y su niña, tuve que salir a saludarlo, me dijo que no sabía que estaba
en el pueblo y que debí haberle avisado. Él tampoco brincaba y sólo iban para
que la niña se entretuviera viendo a los chinelos, en días de carnaval no abria
su tienda porque decía que no podía controlar a la gente que entraba y varias
veces le habían robado producto, así que optaba por cerrarla. Me invitó a su
casa, me dijo que a él le había tocado dar de cenar a los de la música y que
quería que yo fuera también, de hecho ya casi se iban para ver que todo
estuviera listo. Yo quería quedarme a ver si podía ver aún al hombre que me
había gustado, pero ya lo había perdido de vista y tenía rato de no platicar
con mi amigo, así que me fui con ellos. Faltarían un par de horas para que
terminara el brinco, quizá ya no volvería a verlo y me hice a la idea de que no
lo vería más, por lo menos ese día.
Ya en casa de Antonio, me invitó unas cervezas y platicamos brevemente
poniéndonos al día de las ultimas noticias en común, pude darme cuenta que el
haberse casado y estar en la tienda lo había hecho subir de peso, lo recordaba
delgado de joven cuando nos juntábamos varios amigos de la escuela, en eso
estábamos, cuando de pronto comenzó a llegar la gente a su casa, las mesas de
doblar ya estaban puestas y había contratado a quien hizo las carnitas, había
bastante alcohol, tan pronto como estaba por terminar una cerveza me abrían
otra, las primeras las tomé muy rápido, el calor de la tarde y el brinco me
había dejado con sed, mucha de la gente que llegaba ya no la conocía, hacía
años que había salido de mi pueblo. A lo lejos se comenzó a escuchar la música del
chinelo que iba acercándose a su casa, al llegar tocaron el chinelo y luego
algunas otras piezas de danzón antes de sentarse a cenar. Iba mucha gente con
ellos, entre ellos iba el hombre moreno que había visto antes, ya llevaba
puesta la camisa y parecía ir con sus amigos. Entonces Antonio le habló y ambos
fueron hacía mí, me dijo: “te presento a mi hermano José”, note que si había un
parecido entre ellos, él me extendió la mano y me saludó, sentí su mano firme y
la piel con callosidades, al tenerlo cerca pude notar su olor, era inexplicable
lo que me hizo sentir, pero era una mezcla de rechazo y atracción al mismo
tiempo.
No pareció reparar en mí el resto de la noche, él tomaba con sus amigos,
yo por mi lado casi no conocía a nadie, de vez en cuando Antonio llegaba
conmigo y platicaba un poco y luego se iba a atender a la gente. La cerveza se
terminó, Antonio me trajo una botella de tequila, me sirvió medio vaso de
plástico con tequila solo y él se tomó otro, así era como tomaban, no mezclaban
el tequila con refresco ni con hielo, era el tequila puro. Yo no estaba
acostumbrado a tomar así, antes había tomado cerveza, comenzaba a sentirme
ebrio, pero aun así buscaba con la mirada a su hermano José, vi que estaba solo
sentado en una silla, por ratos clavaba la cabeza, por ratos se despertaba, no
se daba cuenta que lo veía de reojo, mientras él no fijaba la atención en
nadie. Mi amigo Antonio me dijo que su hermano se había dedicado al campo, no
le gustó estudiar y sembraba algunas tierras que tenían sus padres, no le
gustaba estar en la tienda y se la pasaba casi siempre en el campo, a pesar de
ser mayor que él por cinco años no se había casado aún y tenía poco que había
terminado con una novia, aparentemente eso le había pegado mucho y era uno de
los motivos por los cuales esa noche estaba tomando bastante.
La noche avanzaba, la gente comenzaba a irse, dejé de ver a José y yo
también quería irme, pero no vivía cerca de ahí y me encontraba bastante
tomado. Me quise retirar, me despedí de Antonio quien no quería que me fuera
así, yo si pensaba llegar así a mi casa, pero estaba bastante tomado y ya no me
conocían mucho en el pueblo, si me encontraba a otros borrachos y peleaban no
iba a poder defenderme, me acompañó a la salida y el frío de la noche me pegó
en el rostro, sentí náuseas y vomité, la cabeza me daba vueltas. Antonio me
dijo que mejor me quedara a dormir ahí, varios de sus conocidos iban a
quedarse, me pasó el brazo sobre sus hombros y me llevó al interior de la casa,
había un pasillo largo, al fondo había un cuarto, cuando entramos vi que
alguien ya dormía en la única cama que había ahí, y unos huaraches estaban en
el piso. Me dijo que era el cuarto de su hermano José, quien ya estaba dormido,
me dijo que no había problema, que cuando había fiesta como ese día compartía
su cama con alguien más, que estaban acostumbrados, y no había más espacio
donde quedarse. Me pasó una cobija, me acosté a un lado de su hermano, me cubrí
y él se fue cerrando la puerta. Poco a poco el silencio iba llegando, solo los
ronquidos de José se escuchaban, estaba perdido de borracho. La oscuridad no me
permitía ver más que sombras, veía la silueta de su cuerpo a un lado durmiendo
boca arriba, yo me quedé vestido, no sabía si José también lo estaba, estaba
cubierto con su propia cobija. La cabeza no paraba de darme vueltas, no podía
dormir y comencé a sentir calor, dos cuerpos alcoholizados juntos generan mucho
calor. Me quité la cobija y me quedé así, cerrando los ojos e intentando
dormir, José me había gustado, pero además de que era el hermano de mi amigo,
no había demostrado el más mínimo interés en mi persona y la cabeza no dejaba
de martillarme por el alcohol y me daba vueltas.
Estuvo así un rato, los labios entreabiertos, los ojos cerrados, la
respiración agitada, y de pronto se llevó mi verga a su boca, su boca caliente
comenzó a mamar lentamente mi miembro, primero con torpeza, luego con más
soltura, no hacía ruido, sólo escuchaba su respiración agitada, yo sentía que
iba a eyacular en cualquier momento, él se dio cuenta y sólo dejó mi verga
dentro de su boca mientras sus dientes apretaban la base de mi verga provocándome
un ligero dolor que hacía que la sensación del orgasmo pasara, luego volvía a
mamar sin sacarla de su boca, lo alternaba con mordidas que me daba en la base,
había dolor, pero no me hacía daño. Después de un rato se volvió a recostar en
la cama boca arriba, su mano jugaba con su propia verga que emergía entre los
bóxer que tenía puestos, mi mano se dirigió a su verga, lubricaba, era de
tamaño regular, gruesa e hinchada de venas, el glande tenía textura por lo
hinchada, entonces hice lo mismo que él había hecho, su olor era penetrante y
su sabor salado, estuve un rato así cuando de repente sentí que su miembro se
hinchaba más y un líquido caliente inundó mi boca. Escupí lo que pude al piso,
José quedó quieto un momento, sólo su respiración agitada se escuchaba, luego
bajó su cara a mi miembro, no duré mucho y eyaculé. Él se levantó de la cama,
se calzó los huaraches y salió del cuarto, al poco tiempo volvió con una
botella de tequila, se sentó en la cama sin verme, dio unos tragos a la botella
y luego me la pasó. Apuré el tequila, sentí que me calmaba la garganta, mi
estómago se calentó y el sueño me invadió. No supe más esa noche.
Al amanecer José ya no estaba, la cabeza me dolía terriblemente, no
estaba acostumbrado a tomar, a la luz de la mañana vi su cuarto, desordenado,
herramientas, ropa de trabajo, un par de sillas, un ropero, una mesa, un par de
zapatos y varios pares de huaraches. Salí del cuarto, ya había gente levantada,
llegué al patio donde las mesas seguían puestas, mi amigo Antonio ya andaba levantado,
había gente que yo no conocía que había llegado al recalentado, me vio y me
invitó a desayunar, yo no tenía hambre, me dijo que me veía de la chingada
mientras me destapaba una cerveza. Le pregunté por su hermano José, me dijo que
había salido temprano, no quise preguntar más, estuve un rato y luego me fui a
mi casa donde seguí durmiendo hasta medio día.
No sabía bien qué era lo que había pasado la noche anterior, quizá solo
había sido un sueño, no estaba seguro de los detalles, no sabía qué pasaría
cuando volviera a ver a José, en pocos días dejaría el pueblo para volver al
trabajo, no sabía si en este segundo día de carnaval lo vería. La gente iba
pasando brincando el chinelo, la banda de música se acercaba, la bandera
ondeaba entre la gente, entonces vi a José, iba como el día anterior, ondeando
la bandera de los chinelos, volteó a verme, me miró fijamente sin mostrar
ninguna expresión, entonces vio mis pies calzados con huaraches, una sonrisa se
dibujó en su cara, me incorporé al grupo que brincaba el chinelo, me fui
acercando a él y entonces él se acercó a mí y me dio la bandera. La tarde
avanzaba, yo observaba a José y recordaba el día anterior en que lo vi por
primera vez, pero algo ya no era igual, algo había cambiado, ahora iba junto a
José, quien me regalaba enormes sonrisas mientras brincaba junto a mí, la noche
poco a poco iba cayendo, mientras el alcohol iba calentando los cuerpos en
éxtasis por el baile.
Por: Martín Soloman
En algún Carnaval de los años noventas en Morelos

Ufff....que historia tan candente y bien marradas y es exitante hacerlo con una persona de campo un hombre de campo es rudo y a la vez tierno fuerte y a la vez Devil su aroma es muy viril y penetrante
ResponderEliminarGracias por la lectura y por los comentarios, esperamos nos sigas leyendo y cualquier sugerencia será bienvenida
ResponderEliminarMuy bueno el relato...ojala subieras mas con huaraches....
ResponderEliminarSaludos
Que historia mas interesante, en verdad excelente desarrollo. Me gustó mucho el relato.
ResponderEliminar