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29 de agosto de 2018

"Yo podría ser tu padre..."


"Yo podría ser tu padre..."

Los días de mi juventud estuvieron marcados por muchos hombres que posteriormente jugaron un papel muy importante para definir mis gustos, uno de ellos fue mi padre, un hombre muy masculino, de campo, reservado y poco expresivo, distante siempre hacia sus hijos, su máxima expresión de amor creo eran los abrazos, en eso si era muy efusivo, pero la relación con él nunca fue lo que se puede considerar ideal, sobre todo conmigo, a los 16 años me envío a estudiar fuera del pueblo, deje la casa sin chistar cuando me dijo que saldría de ahí, quería explorar el mundo y sobre todo mi sexualidad, en el pueblo había tenido pocos encuentros y la mayoría solo con mujeres, con los amigos nos habíamos masturbado y de repente alguna mamada, pero aunque las ganas estaban, no me atraía llegar a consumar la relación.
 
Llegue a la capital en pleno verano, hacía mucho calor y tal vez eran las botas y el sombrero pero sentía que la gente me veía como un bicho raro; mi padre me había acompañado días antes a buscar donde quedarme, conseguimos un lugar cerca del mercado, una cuartería de vecindad muy sencilla y siempre con movimiento, en ese pequeño cuarto aprendí mucho sobre mí y como cuidarme, tenía muchos vecinos pero mi padre me dejo encargado con un hombre  que vivía en el cuarto de al lado, tenía más o menos su edad, se toparon en la entrada cuando íbamos llegando y creo le dio confianza porque al momento lo saludo y le dijo que dejaba a su cachorro para que estudiara, que sí me veía echando desmadre me jalara las orejas porque los huercos deben estar vigilados siempre, me dio un abrazo y se marchó.

Don Gus cumplió con lo acordado siempre estaba al pendiente que comiera y estuviera bien, me enseño los rumbos y los lugares peligrosos, me presento con sus amigos del mercado y me dio empleo cuando quería comprar cosas que mi pa´ no podía darme, el tenía un puesto de jugos y desayunos en el marcado y siempre necesitaba de gente que le ayudara, Don Gus tenía dos hijas y se dejó de su esposa hace muchos años poco después de que nació su segunda hija, por eso tal vez tenía ese amor paternal tan afin conmigo, nunca me pregunto por viejas y desmadres, sabía que yo echaba pata porque decía que un bato como yo no era de los que se estaban quietos, pero que estaba bien que no me enamorara que eso lo dejará para después que mi pa´ le dijo que iba a estudiar no a echar novio, aún así no le hice caso, me clave con un bato y como buen protector él supo que andaba yo más contento, me decía que el gorrión cantaba nomas cuando estaba contento, en algún momento vio que él salió de mi cuarto y lo conoció como un amigo de la escuela, lo vio llevarme cayéndome de borracho y solo le dijo mira como me lo traes, ya mételo al cuarto y no hagan ruido.

Lo de Armando no funciono y me deprimió mucho que me terminara, era el primer hombre que me atraía de ese modo, “el gorrión anda triste”, me dijo Don Gus un día que me vio salir del cuarto y me dijo que me invitaba a cenar para contentarme, salí de la escuela y pase por unas botellas de mezcal, Don Gus me invitó un día de uno que tenía en su casa, no me gusto del todo pero quería agradecerle que se preocupará siempre por mí, comimos, platicamos y escuchamos música como muchas otras veces, nos acabamos la primer botella de mezcal y entre algunas lágrimas recordando a Armando Don Gus se me acerco me abrazo justo como lo hacía mi padre y me dijo palabras más, palabras menos... "a ver cabrón, ese morro ni si quiera te quería, te equivocaste y que pedo? no eres el primero y el no será el único, vas a encontrar otro cabrón y luego otro y a lo mejor, chance si tienes suerte te vas a encontrar a alguien que te quiera como tú te mereces, pero mientras disfruta de lo que pase en tu camino, si quiere chillarle, chíllele, ándele, aquí en confianza, pero después sírvase otro mezcal y dese cuenta que hay que seguirle chingando, con el corazón parchado pero más fuerte puto y no se agüite que nadie que merezca sus lágrimas lo hará llorar"; me sentí tan protegido, tan apoyado, como creo nunca lo había hecho en mi vida.

Seguimos tomando y después de la segunda botella ya estaba muy pedo, me recosté un rato en la cama de Don Gus y el me quito las botas, me acomodo en su cama y se recostó junto a mí, me dejo abrazarlo y yo a él, nos quedamos dormidos un rato hasta que el calor nos despertó, estábamos muy sudados y Don Gus se levantó a prender un ventilador, vi que se quitó la camisa y yo en automático hice lo mismo, al igual que el pantalón, cuando el vio eso me imitó y nos quedamos en calzones, nos volvimos a recostar y el abrazo continuo, pero ahora era diferente, tenía ante mí a un hombre recio, con una piel curtida y mucho vello en el pecho, con labios carnosos cubiertos por un bigote tupido y un trasero que aunque ya había notado antes no había tenido oportunidad de tocar, no lo pude evitar y comencé a besarlo, el bajo mi calzón y comenzó a succionar con una experiencia que ninguno de mis amantes anteriores había mostrado, se retiró la truza y se recostó en la cama, me levante porque tenía que verlo a través de la luz que dejaba pasar la ventana, descubrí en todo su esplendor ese cuerpo de hombre maduro, sus genitales despedían ese olor tan característico que me atrae hasta el momento, comencé a darle también placer y el me guiaba, me decía como hacerlo para después pedirme que hiciera lo mismo pero con su culo, lo ensalivé y penetre, que parecía nos conocíamos desde hace mucho tiempo, exhaustos nos quedamos dormidos, abrazados otra vez.

Me despertó el ruido de la licuadora por la mañana, Doc Gus me preparaba un jugo especial para la cruda, me levante con un poco de pena por lo que había pasado, había abusado yo de la confianza de un hombre que solo me brindó el cariño que yo no había tenido? Don Gus me acerco una silla para que me sentara a tomar mi jugo, fui obediente y mientras hubo un silencio incomodo se acercó y me dijo "yo podría ser tu padre..." a lo cual conteste "pero no lo es..." no pudo evitar soltar la carcajada, me cargo en un abrazo diciendo "ese es mi cabrón chingaos".

Don Gus y yo nunca tuvimos una relación como tal, pero mientras estuve con él tampoco tuve una relación seria con nadie más, comíamos juntos, yo le ayudaba en el puesto cuando podía, conviví con sus hijas algunas veces, tomábamos mucho mezcal y explore mi sexualidad de muchas formas con él. Mi padre falleció antes de que yo entrará a la universidad pero su partida no significó tanto como cuando me tuve que ir de la cuartería, aunque pase el examen de selección el campus quedaba muy lejos así que me tuve que ir, conseguí trabajo cerca de la escuela, así que podía apoyarme y seguir estudiando, esta vez fue Don Gus quien me acompaño a mi nuevo hogar, se despidió de mi con uno de esos abrazos tan característico y me dijo las palabras que me han seguido hasta ahora "tu vales lo que eres por lo que eres, no por lo que te digan los demás".


Regrese a visitar a Don Gus al mercado y su cuarto los siguientes fines de semana, hasta que un día en el trabajo recibí una llamada de una de sus hijas, Don Gus había muerto en un robo, se habían metido en el cuarto y lo encontraron sobre la cama apuñalado y sin ropa.

Anónimo
Publicado por: Martín Soloman



15 de agosto de 2018

Efraín (2a parte)

Esta es la segunda parte de un relato previo, link:
Efraín (confesiones de una noche)

Efraín (2a parte)


En la crianza que la mayoría tenemos las personas adultas siempre nos enseñan que si nos preparamos, si tomamos precauciones, si planeamos, tendremos menos problemas en todos los proyectos que tengamos en la vida y que esta será más fácil y feliz para nosotros, pero lo cierto es que la vida es todo menos eso, nunca se sabe en qué va a terminar cierto camino que hayamos tomado, la vida es impredecible y muy complicada, nos da de puñetazos a cada rato, incluso hay a quienes los tiene tan destrozados que no les ha dado ni un momento de tregua y viven en condiciones lastimosas y sin embargo, por otro lado hay unas personas tan estúpidamente cuidadas que siempre han tenido todo y no saben nada de penurias, pues siempre han tenido a alguien que los rescata hasta de sus propios errores, pero todo puede cambiar en cualquier momento, a ellos les sugiero que se preparen porque el golpe les llegará cuando menos lo esperen.

Esa tarde cuando regrese a casa,  encontré a mi abuela en el patio y al verme dijo: “Efraín, tu hermano Luis ya murió, me vinieron a avisar”, le agradecí a mi abuela y entre a la casa. Después de mucho tiempo de no escuchar el nombre de Tío Luis, me trajo muchos recuerdos, en realidad él había muerto muchos años atrás, pero para mi abuela que padece Alzhéimer, el tiempo es percibido de una forma muy distinta, las personas que han muerto, mueren una y otra vez e incluso de pronto viven y son capaces de hacer muchas cosas, mi abuela está muy extraviada y es extraordinaria la forma en la que ahora percibe el mundo, a veces a mí, que ya vivo con ella, me confunde con mi padre, del cual herede el nombre. Sin embargo, pensar en el tío Luis de nuevo, me hizo recordar tantas cosas que me marcaron en la vida, por ejemplo mi primera vez,  sí, la primera vez que tuve sexo, tenía solo 15 años cuando mi tío me llevo a un putero, mi padre le había dado instrucciones de que me llevara con la puta más bonita del tugurio, pero lo que yo quería no me lo podía proporcionar esa mujer, aun así cumplí el mandato de mi padre y tuve sexo con ella, no era lo mío, pero tenía la capacidad de penetrar lo que fuera, estaba en mi mejor momento sexual, recuerdo que me masturbaba a diario como seis o más veces, aunque lo que me atraía más eran los hombres, aun así me esforzaba por qué no se dieran cuenta de mis verdaderos deseos y por eso lo hice.

El Tío Luis, era para mí como un dios del sexo, era un hombre muy masculino, de rasgos faciales fuertes, con barba cerrada y bigote, muy atractivo para todo mundo no solo para las mujeres, era bastante seductor y siempre sabía que decir, era de esos hombres de rancho alto, moreno, de cuerpo fuerte, de brazos musculosos, siempre andaba con la camisa desabotonada a la mitad, mostrando un pecho fuerte y peludo y con pantalones de mezclilla muy ajustados a sus fuertes piernas y trasero, rematando con un enorme bulto en la entrepierna, incluso siendo yo muy jovencito me sentía atraído por su fuerte y atractiva imagen y estaba enterado que muchas viejas del pueblo solteras y casadas ya habían estado por lo menos una vez con él, además tenía fama de ser bueno para los golpes y de ser valiente, mi papá lo respetaba mucho, y me animaba a seguir su ejemplo, yo me sentía pequeñito a su lado, y creo que más aun sabiendo que jamás podría igualar sus hazañas porque tenía bien claro que yo era homosexual.  Parecía que Tío Luis, tenía por delante un brillante futuro en vista de su gran atractivo y éxito en todo lo que hacía, pero las cosas se dieron de otro modo, uno muy distinto.

Tío Luis tenía un amigo muy cercano, su eterno compañero de parrandas, Oscar. Era lo opuesto a mi tío físicamente, pero también era un hombre muy atractivo y masculino, de piel blanca y cabello intensamente negro, con unos grandes ojos verdes, recuerdo que decían su padre era gringo. Ambos se dedicaban a conquistar a todas las mujeres del pueblo y de los lugares cercanos, la verdad no entendía como ellos habían llegado a ser tan buenos amigos, pero se llevaban muy bien, jamás  los vi pelear y no había lugar al que no fueran juntos, trabajaban y salían de fiesta siempre juntos, incluso recuerdo que en muchas fiestas de la familia estaba Oscar, recuerdo que se pasaban bebiendo por las noches alcohol, bromeando y presumiendo sus proezas sexuales, mi papá era mayor que tío Luis, pero creo que siempre se había sentido menos que él, por el enorme atractivo de su propio hermano, aun así mi padre tenía talento para los negocios y teníamos una vida muy cómoda, en el pueblo tenía varios locales con negocios,  además de que también tenía mucho ganado y propiedades. Los terrenos en mi pueblo son enormes y en el que habitaba la familia había dos casas, una vieja donde vivía mi abuela y Tío Luis y otra más nueva donde vivíamos la familia de mi papá, donde yo vivía, había una enorme distancia entre ambas y por la noche esa distancia se hacía mayor, papá casi no iba a casa de la abuela, siempre estaba ocupado en sus negocios  y por la noche solo llegaba a descansar a casa. Oscar el amigo de mi tío también vivía en casa de la abuela, y muchas veces mi abuela mejor prefería irse a casa con nosotros porque ellos armaban fiestas de toda la noche, no entiendo porque mi papá nunca trato de corregir a mi tío para que no hiciera eso, más bien parecía sentirse orgulloso de que mi tío fuera tan famoso y parrandero.

Siendo yo muy pequeño, creo que tendría unos 7 u 8 años, un día por la tarde me decidí a visitar a mi tío cuando apenas estaba oscureciendo, para demostrarle que era valiente, que no le tenía miedo a la oscuridad, recordaba que la noche anterior habían tenido una gran fiesta en la casa de la abuela y en cambio esa tarde todo parecía tranquilo, solo veía las luces que recién habían encendido, recuerdo que entre por la puerta siempre abierta y me dirigí al cuarto de mi tío, lo que vi en esa ocasión fue en cierto modo impactante para mi mente infantil, a media luz estaba mi tío desnudo teniendo sexo con otra persona, la piel de ambos se distinguía porque uno era más obscuro y la otra persona era blanca, observe un poco y después salí disparado hacia mi casa pero de forma sigilosa, si mi tío se daba cuenta me podría regañar y no quería eso. Fue instantes después que sentí una gran curiosidad por saber con quién estaba mi tío, pues cuando estuve ahí frente a ellos solo vi dos cuerpos entrelazados, escuche jadeos y voces apasionadas, pero las voces no solo eran de mi tío, también parecían ser… ¡de Oscar!. Al llegar a esa conclusión sentí una especie de calorcito que recorrió mi pequeño cuerpo y cierta ansiedad por regresar a contemplar, pero en ese momento mamá me hablo y ya no pude salir a constatar lo que difusamente había visto, jamás dije nada de esto a nadie, pero fue mucho después que lo comprendí.

Con el tiempo comencé a darme cuenta que cierto compañerito de la escuela me provocaba algo, me parecía muy inteligente y lindo, yo trataba de llamar su atención para que nos hiciéramos amigos, pero mis formas terminaban siendo burdas y groseras, siempre he tenido mucha facilidad para poner apodos, y cuando le puse unoo fue sin pensarlo, eso siempre lo molestaba, incluso un día casi lo hice llorar porque le di un fuerte golpe con el balón de basquetbol tratando de que el hiciera una canasta, yo solo le pase el balón, pero él no supo recibirlo, sus ojos se pusieron rojos. Cuando descubrí que eso que sentía por él era atracción, me di cuenta que yo era homosexual, que Carlitos mi compañerito de la escuela, era el tipo de hombre que me gustaba, pero que al parecer estaba fracasando al tratar de conquistarlo. Carlos siempre fue mi niño favorito, todo lo que él era me gustaba, siempre estaba bien vestido, en el salón era el niño más listo, todo lo sabía, parecía ser muy estudioso y talentoso, nadie lo superaba y tristemente nunca logré siquiera que fuéramos amigos, cada que lo intentaba terminaba echándolo a perder. Me hice novio de su prima, cuando éramos adolescentes, pero eso tampoco ayudó a que estuviera cerca de él, pues siempre me evitaba. Con el tiempo creció y se hizo aún más atractivo para mí y por ello seguí queriéndolo, sin embargo no entiendo porque pero siempre que lo veía mi corazón se aceleraba y en vez de tratarlo bien, terminaba molestándolo con mis acciones y con lo que le decía. Al cabo de los años su familia fue dejando el pueblo hasta que finalmente él también se fue, lo cual me entristeció mucho, supongo que alguien como él no era para vivir en un feo rancho como ese. Al no saber más de él, yo me casé porque eso parecía ser lo más normal y era lo que mi padre esperaba de mí. Durante más de dos décadas hice una vida de familia con mujer y con hijos. En casa no podían enterarse de esta parte de mí, así que conscientemente sabía que debía ocultarlo lo más que pudiera, en esos años pocas personas se enteraron de mi verdadera sexualidad y me pase la mayor parte de mi vida ocultando algo que era parte integral de mi persona.

Pero antes de contarles mi propio desenlace, es necesario decirles lo que paso con Tío Luis. Pues bien, un año después de llevarme al putero ocurrió algo terrible, mi tío fue asesinado, las circunstancias nunca fueron muy claras, pero cierta noche que nadie de la familia estaba, pues todos habíamos salido de vacaciones, llegaron unos hombres y sorprendieron a Tío Luis y a Oscar, acribillándolos, más tarde se supo por un periódico local que mi tío estaba involucrado en el robo de ganado, o al menos de eso se le acusaba, pero eso no era lo peor, anduvo un carro en el pueblo con altavoces diciendo algo así: “entérese de la noticia, hermano de exitoso comerciante, conocido caballero de este pueblo dedicado al robo de ganado es asesinado en su propia casa en compañía de su amante y mejor amigo”, el periódico local mostraba una foto con dos cuerpos de hombre desnudos asesinados en una cama, insinuando que al parecer estaban durmiendo como amantes.

Se rumoraba después en el pueblo, que mi padre  había sido quien realmente lo mando a asesinar al enterarse de lo que había entre Tío Luis y Oscar, mi padre siempre fue muy machista y homofóbico, pero nunca tuve la certeza de que así hubiera sido, mi abuela tuvo una fuerte discusión con él, después de la cual ella se fue de la casa llorando y ya no volvimos a verla más, después supe que se fue a vivir sola a un pueblo cercano. Entonces mi padre nos dijo solo una vez y sabíamos que era una orden, él siempre fue muy autoritario “a partir de este momento no quiero que se vuelva a hablar ni mencionar nada de Oscar ni de mi madre, ellos han muerto para esta familia y nunca han existido”, mi madre, mis demás hermanos y yo sabíamos que no podíamos modificar eso con él y así lo tomamos, nunca más volvimos a hablar de ellos y aunque al principio extrañábamos a la abuela, nunca la buscamos aunque supuse que mamá si la visitaba porque cada cierto tiempo ella salía todo el día sin avisar adónde iba y muchas veces regresaba con una expresión de tristeza, fue ella quien me mando con la abuela cuando mi tragedia comenzó.

Después de lo que paso con Tío Oscar, pensé que casarme era lo mejor que podía hacer, a los 18 me case con una chica que si bien era bonita y me gustaba, nunca nos llevamos muy bien, pero fue una buena madre para mis dos hijos, a los cuales amo mucho. Durante muchos años tuve sexo ocasional con otros hombres, generalmente eran hombres que iban de paso y se quedaban a trabajar para nosotros en el pueblo, pero nunca tuve nada especial con alguno de ellos. Mi gran amor Carlos volvía de vez en cuando de la ciudad y yo siempre estaba pendiente de recibirlo cuando bajara del transporte público, sabía que llegaba los sábados por la tarde y no podía perderme la oportunidad de saludarlo, cerca de su casa había una pequeña tiendita donde junto con algunos de mis conocidos nos tomábamos la chela, mientras yo esperaba que Carlos llegara, aunque creo que al verme se irritaba bastante y no le era para nada agradable, seguía yo teniendo esa facilidad para los apodos y lo que le decía no era lo más agradable, supongo que la educación que tuve me hacía decir cosas sin pensarlas y el hecho de que yo estuviera casado me daba una sensación de seguridad, de que nadie podría descubrir mi condición sexual, y de alguna forma me hacía sentirme superior a quienes no se habían casado, como Carlos.

Yo sabía que él también era homosexual, pero también estaba seguro que no tenía oportunidad con él, pues yo solo era un pobre ranchero sin clase, burdo y desagradable, el seguramente estaba acostumbrado a tener hombres más sofisticados y atractivos con los cuales yo no podía competir. Con su prima, la que había sido mi novia en la secundaria, de vez en cuando platicábamos de Carlos y me contaba algo de él, de sus logros y eso me hacía sentir bien, me daba mucho gusto que fuera exitoso. El mejor día de mi vida llego cuando ella organizo una reunión de ex alumnos de la secundaria y Carlos estuvo presente, para entonces ya me había preparado, ya había estudiado, ya había mejorado mi lenguaje y en esa reunión platicamos largamente, finalmente pude tratarlo con respeto y educación, lo cual sirvió para que cambiara su actitud hacia mí y fue entonces que descubrí en su mirada deseo al observarme, seguramente  si me esforzaba un poco más podría lograr algo. Poco más tarde pude conquistarlo, al final de esa noche logre lo que siempre había soñado, hice el amor con él. No sé si significo algo para él, pero para mí fue el mejor momento de mi vida, siempre lo había amado en silencio.

Después de esa única ocasión que estuve con Carlos, ya no volvió a buscarme y aunque de vez en cuando le llamaba para preguntarle cuando volvería al pueblo, solo me respondía con evasivas, supuse que ya no volveríamos a estar juntos otra vez como esa noche y me resigne a eso, me quedaba el consuelo de haber estado una vez en la vida en sus brazos y aún tenía su amistad, creo que podría vivir con eso. Fue por esa época que llego al pueblo un joven muy atractivo llamado Gaspar, decían que era un montador muy bueno y decidí conocerlo, escuche a alguien decir que le tronaba la reversa y eso tenía que verlo. Nos conocimos en una cantina y lo invite a mi casa con el pretexto de que me hiciera un presupuesto de un trabajo en el rancho, mi familia no estaba, comenzamos a beber chelas y ya entrados tuvimos sexo, para no hacérselas larga, la historia de Tío Luis volvió a repetirse conmigo, esta vez afortunadamente nadie murió al menos no físicamente, pero si se dio un escándalo que se supo en todo el pueblo y lugares circunvecinos, mi esposa nos descubrió en la cama y la bomba estallo por segunda vez en la familia. Mi padre me golpeó y estuvo a punto de dispararme de no ser porque mi madre intervino, aun así me corrió de la casa y me dijo que ya no era su hijo, que no podía ser padre de un puto, que ni esperara nada de herencia y que todo lo que yo tenía me lo quitaría porque siempre había sido de él. Mi madre alcanzo a darme algo de dinero y me envió con la abuela.

Me hundí en una fuerte depresión, creo que el estar con mi abuela y darme cuenta de cuánto apoyo y comprensión necesitaba ella me fue haciendo dejar de pensar únicamente en mis problemas y puse mayor atención en ella, en sus extravíos mentales, en sus recuerdos desordenados de su vida en el tiempo, como barajas que salen al azar. No quise saber nada de nadie, era como volver a empezar desde cero después de tantos años, era como si mi vida anterior hubiera sido una farsa y estaba con las manos vacías. Me dediqué a reorganizar mi vida y a cuidar de mi abuela, pero al mismo tiempo me estaba yo sanando, y aquí estoy ahora, comenzando de nuevo, más viejo, pero esta vez aceptando lo que soy y con más experiencia, tratando de hacer las cosas mejor esta vez, mi abuela ahora es una parte importante de mi vida, no puedo creer que la hayamos abandonado tanto tiempo, me doy cuenta que por obedecer ciegamente a mi padre nos olvidamos de una persona maravillosa y la condenamos a su suerte, sola.

Esta tarde sonó mi teléfono, vi el número, era Carlos, después de tanto tiempo desde esa primera vez con él. Pensé que quizá había vuelto al pueblo y que se había enterado de lo que pasó conmigo, sólo así me llamaría después de esa única vez cuando cada quien volvió a sus vidas cotidianas. Tomé el teléfono, no sabía qué me iba a decir, sólo pude decirle: “tardaste mucho en llamarme…”

Por: Tigrillo Serch


2 de agosto de 2018

Dos noches, el inicio y el fin


Dos noches

Una noche cualquiera, puede ser radicalmente distinta para dos personas que están relacionándose, el tiempo que pasen juntos es algo relativo, una sola noche puede definir el inicio de algo, o el final de todo, porque aún cuando por fuera un observador pudiera pensar que solo por el hecho de estar juntos una pareja tiene algo bueno y duradero, no es así, el simplemente observar no permite saber todo lo que ocurre en las mentes de cada uno, puede haber todo un torbellino de pensamientos que pueden estar en oposición a mantenerse unidos, los observadores pueden creer que las expresiones del rostro y el comportamiento cotidiano  y aparentemente solidario, pueden indicar que todo está bien, sin embargo los pensamientos y los verdaderos motivos de cada uno determinaran lo que ocurrirá en el futuro, sea éste cercano o lejano. En este relato me propongo analizar dos noches de mi vida, con la persona con la que me relacione poco más de diez años, dos noches decisivas en mi vida que demostraron finalmente que clase de vida tenia con tal persona.

Primera Noche, el inicio

Fue un encuentro casual, yo no debía estar ahí, era un sábado y daba clases sabatinas en un diplomado en la Universidad, ese día había salido temprano y pase por el centro de la ciudad antes de ir a casa, nos vimos, nos gustamos, y lo que cada quien vio en el otro era lo que parecíamos buscar, creo que realmente nunca supe a ciencia cierta qué era lo que él veía en mí, pero supuse que también le había gustado. A mis ojos él era un señor casado, padre de familia responsable que de vez en cuando buscaba explorar esta parte de su sexualidad con otros hombres. Es casado, me repetía a mí mismo, sabía cómo eran las relaciones con casados, ninguno se comprometía más allá de lo que era su vida familiar, su esposa e hijos siempre estaban por encima de cualquier otra cosa, así que lo único seguro era esa vez, y quizá ahí terminaría todo, en un encuentro casual como tantos. A ese sábado siguió otro, y luego otro más, y entonces vino la propuesta de pasar un fin de semana juntos en la hoy CDMX. Era un sábado de Diciembre, las calles de la ciudad  lucían iluminadas con adornos navideños, y ese día sería la primera noche que pasaríamos juntos.

Fuimos al bar El Oasis, yo no tenía más atención que para él, en esa noche pensé que sus ojos solo eran para mí. Yo estaba en esa etapa de enamoramiento tan común cuando conocemos a alguien que nos gusta y todo lo que hacemos, lo que vemos, lo que pensamos, sentimos, se va formando alrededor de una construcción mental propia, es decir construimos a la persona que deseamos y la idealizamos. Sólo el tiempo va poniendo cada cosa en su lugar y va rompiendo cada parte de la construcción idílica que creamos, como piezas de un cascarón que va cayendo para mostrar a la persona como realmente es, no como pensamos que era. Pero aun así, es algo fascinante de vivir, y tratas de que esos primeros momentos sean tan buenos que puedan definir toda la relación por venir.
 
Esa noche al llegar al hotel tuvimos sexo, ambos lo deseábamos, nos deseábamos, dejamos que los instintos nos guiaran, una, dos veces, dormitábamos y cuando alguien despertaba comenzaba de nuevo una vez más, para dormitar otro rato y volver a empezar, así hasta el amanecer, buscando aprovechar cada momento de la noche porque quizá esa iba a ser la primera y única noche juntos. Y quizá así fue, porque esa noche de Diciembre sólo fue un instante en la vida, y al terminar ese fin de semana cada quien volvió a su vida cotidiana, quizá desde esa ocasión ya no volvimos a vernos de la misma forma y sin embargo fue la primera de muchas noches que habríamos de pasar juntos durante años, pues finalmente nos decidimos por vivir juntos.

Segunda Noche, el final

El tiempo fue transcurriendo y como todo lo que empieza, se va construyendo poco a poco, pero no nos damos cuenta de la forma que está tomando lo que hacemos porque estamos encerrados dentro de una construcción emocional que creamos alrededor nuestro, salir fuera y ver lo que se ha hecho desde una mirada externa es algo que no se puede hacer, por lo menos no todos lo pueden hacer, requiere de objetividad y autocrítica, algo que cuando se han involucrado sentimientos no es posible de hacer, hasta que lo construido se somete al paso del tiempo y entonces puede ser que nos demos cuenta que lo construido estuvo mal desde los cimientos, que las premisas iniciales que se asumieron como válidas estaban equivocadas, y el tiempo comienza a fragmentar todo lo hecho, y se va derrumbando sin darnos cuenta, se va cayendo a pedazos hasta no quedar nada más que el polvo de los recuerdos de todo lo que alguna vez fue.

Con el paso del tiempo fui entendiendo muchos de los comportamientos de él, creo que casi desde el principio cada uno sabía lo que podía esperar de una relación, pero no lo hablamos nunca, lo dejamos sobre entendido, y optamos por ver lo que sí teníamos en común. Ambos cometimos errores, debo reconocer que mi carácter a veces no es muy agradable y tengo la tendencia a complicar mucho las cosas, lo es y lo entiendo ahora. En lo emocional, parecía que nos apoyábamos, pero lo que pasaba en momentos claves de nuestras propias vidas debía bastar para darnos cuenta que no era así, había un apoyo limitado, a veces incluso menos que el apoyo que puede ofrecer alguien con quien se tiene una simple amistad.

En el terreno de lo sexual al principio solo fuimos pareja cerrada y con el tiempo comenzamos a frecuentar clubes de encuentro, al principio solo teníamos sexo entre nosotros y cuando comenzamos a abrir la relación fuimos haciéndolo poco a poco. Acordamos poner ciertas reglas al relacionarnos con otros, pero en esencia decidimos tener cuidado y no involucrarnos románticamente con las personas con las que teníamos sexo, lo sé, es complicado, pero solo quienes han tenido una experiencia de vida parecida lo entenderán. En todo caso, es motivo de una historia aparte. Cuando las diferencias personales comenzaron a pesar más en nuestras vidas, una relación abierta fue el medio de escape de la propia relación, era la forma que encontramos de cubrir las fracturas de una relación en la que cada quien creía cada vez menos y que se sostenía por algunas ventajas que representaba cohabitar una casa. Todos quienes nos conocieron en aquél tiempo nos miraban como un ejemplo de pareja, la relación abierta era vista como señal de madurez, sólo nosotros sabíamos lo que pasaba en realidad, cada vez más separados, cada vez más individuales, y lo que comenzó con un distanciamiento fue dando paso a un rechazo del otro, y a una indiferencia de lo que hiciera sexualmente, finalmente habían sido años de discutir las diferencias sin ningún resultado que al final ya no importaba hablar.

Sabemos cuándo algo esta iniciando, pero no sabemos cuándo es el final de eso, y a veces prolongamos indefinidamente algo que en realidad ya está roto, y un día te das cuenta que esa noche que pasaste con él en realidad fue la última noche que estuvieron juntos. Esa noche fue en Huatulco, un viaje de una semana donde cada noche fue igual a la otra. No, en ninguna de esas noches hubo sexo. Al llegar al cuarto del hotel cada noche después del bar, algo alcoholizados, nos esperaban dos camas, en muda invitación a ocupar cada quien una de ellas. Pero la costumbre nos hacía compartir la misma cama, ya sin sexo. El abrazo era  en realidad una cortesía que estaba de más, el brazo sobre el cuerpo del otro pero sin acercar el cuerpo, sólo descansando la mano en el otro sin que ninguna otra parte del cuerpo se tocara. No había erecciones al ver el cuerpo desnudo del otro al lado, el refugio era el sueño profundo desde donde cada uno se fugaba a otros mundos, a otros cuerpos, de vez en cuando alguno se despertaba y se daba cuenta que la distancia entre ambos cuerpos era mayor, cada uno se evitaba, en extremos de la amplia cama. Y lo que pasaba en Huatulco era lo que había pasado los últimos años en casa. El cliché de estar solos aunque estuviéramos juntos era cierto.

No éramos dos desconocidos que dormían juntos, al contrario, porque cuando dos desconocidos se encuentran para pasar una noche juntos hacen todo para que esa noche dure lo más posible, tratan de descubrir la esencia del otro, de su cuerpo, de su piel, de sus besos y caricias, se involucran los sentidos, se captura el sonido de su voz, el sabor de sus labios, el olor de su cuerpo, las formas, los tiempos, pero esta vez éramos dos conocidos, y quizá nos conocíamos de más, y lo que habíamos conocido a lo largo de años ya no resultaba agradable, la forma de ser de cada uno había hecho que el rechazo permeara a lo físico, y así como había silencios prolongados en casa, la cama del hotel también enmudecía, cada uno buscaba el sueño que da el alcohol para evadir la realidad. Cada noche en Huatulco fue el final de todo, sin hablarlo, sin decirlo.

¿Y si sólo llegamos juntos hasta la marcha? Por mí está bien… Tres meses después se había terminado todo, pero el proceso fue muy doloroso creo que para ambos, pero al final creo que cada uno se dio cuenta que podía volver a tener algo que ninguno había permitido en el otro, tener libertad de hacer lo que cada quien quisiera, sin las ataduras de las obligaciones que representaba una vida común. Quizá no se trata de que los dos cambiamos, se trata de que cada quien regresó a sí mismo, a ser lo que era, a tener nuevamente sueños propios, proyectos individuales que estando en pareja eran incompatibles. Y entonces, al poner la cabeza en la almohada sin nadie más al lado se pudo tener la libertad de volver a soñar.



Por: Martín Soloman