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28 de noviembre de 2018

Toca la puerta de mi cuarto, por favor...


Toca la puerta de mi cuarto, por favor

Cuando se ha vivido mucho, el tiempo parece transcurrir de forma diferente para uno mismo a lo largo de los años, cuando era niño el tiempo se hacía eterno, parecía que el mañana nunca iba a llegar, las vacaciones de fin de cursos eran interminables, terminaba por aburrirme, el siguiente cumpleaños parecía que no iba a llegar jamás, pero hoy el tiempo es cruel, cada día pasa más rápido, y sé que con cada día queda menos tiempo…

En algún momento comencé a ser adulto y a tomar responsabilidades, el trabajo, mis padres, mi propia vida. Al tiempo que mis dos hermanos fueron independizándose y haciendo sus propias vidas, formando sus propias familias lejos de casa, yo fui el único que se quedó a vivir con mis padres, al inicio como algo natural, después como algo forzado ya que conforme los años pasaban las presiones para que me casara y tuviera hijos crecían, pero de alguna manera el hecho de que mis hermanos tuvieran sus propios hijos los iba distrayendo de mí mismo, y fueron volcando en ellos su atención, hasta que los nietos fueron creciendo y las visitas a la casa de mis padres se fueron espaciando más, hasta que sólo cuando se trataba de fechas relevantes los fueron visitando. Y en todo ese tiempo yo estaba ahí, viendo por ellos, y siendo mi ayuda cada vez más importante, entre mis propias actividades de trabajo y mi propia vida personal, tratando de que no se dieran cuenta de mi otra vida, una que hube de mantener oculta. Mi vida parecía un rompecabezas en el cual ninguna de las piezas encajaba con la otra, mi vida familiar estaba separada de mi vida personal, y había que mentir siempre para no ser descubierto.

Fue poco tiempo después de que murió mi padre cuando la casa se sintió realmente sola, todas las conversaciones entre mis padres se silenciaron, y nos quedamos sólo mi madre y yo en casa. Mis hermanos y sobrinos al principio visitaban a mi madre para ver que estuviera bien, pero el que yo estuviera con ella de alguna manera los descargaba de tener que venir a verla tan seguido, hasta que dejaron de venir, tenían sus propias vidas hechas hacía muchos años fuera de aquí. El único familiar cercano era un tío por línea paterna que vivía cerca de la casa, pero la relación nunca fue cercana, no era mala, pero no cercana, tenía tres hijos, un hombre y dos mujeres, con quien yo mejor me llevaba era con mi primo, a pesar que era casi veinte años menor que yo, pero no nos frecuentábamos, sólo nos saludábamos en la calle cuando nos encontrábamos y cuando me invitaban a su casa en alguna celebración importante, al ser familia paterna, mi madre nunca los frecuentó.

Por otro lado, la relación que yo había tenido con mis padres nunca fue buena, siempre me ponían de ejemplo a mis hermanos, que habían formado una familia, no importaba que yo trabajara y aportara a la casa mientras ellos no, el que tuvieran hijos y yo no los hacía estar en un nivel superior al mío. Pero el que ahora mi madre estuviera sola la hacía tener que conversar conmigo,y en algún momento se comenzó a interesar en mi vida personal a detalle, quería saber a dónde iba los fines de semana, dónde me quedaba en las noches, con quién estaba, ahora pienso que no era que se preocupara por mí, sino por ella misma, yo era el familiar más cercano que tenía, el que ahora veía por ella, el que estaba en casa. Hasta entonces yo había tenido algunas parejas, con algunas había durado algunos años, con otras no, en realidad no habían sido muchas, supongo que por el hecho de que no hubiesen funcionado siempre volvía a casa a refugiarme, hasta que el tiempo fue pasando, y yo también imperceptiblemente envejeciendo.

En cierta ocasión, mi madre me abordó y entonces le dije de mi condición sexual, me dijo que era algo que ya sabía, y aunque aparentemente lo tomó de buena forma, en el fondo fue confirmar su decepción por mí, el trato no fue de un mayor acercamiento y creo que sólo me aceptó porque no había nadie más en casa que la apoyara en el proceso de envejecimiento, quien la llevara al doctor, quien le ayudara con sus medicinas, quien se hiciera cargo de las cosas que son las más sencillas en apariencia pero que para una persona anciana representan dificultad, como poner un garrafón de agua, bajar algo de la alacena, llevar las compras pesadas, mover algún mueble, y cosas así. Es algo raro ver el proceso en el cual la persona que siempre viste fuerte se comienza a hacer frágil, débil, conforme se va haciendo más vieja, y como las cosas que antes eran naturales de hacer ahora implican un mayor esfuerzo.

Algunas veces le presentaba a algún amigo, ella sabía que no era un amigo, que había una relación homosexual con quien yo le presentaba, pero nunca me dijo nada, ni en el sentido de aceptación, ni en el de rechazo, en realidad ella estaba más interesada en sí misma y en tener las comodidades propias de la vejez, que en mí como hijo. Sin embargo, yo mismo me estaba poniendo viejo, hacía muchos años que me habían comenzado a decir “señor” en la calle, y aunque me consideraba una persona fuerte, el tiempo comenzaba a darme algunas señales de que yo también comenzaba a cambiar, y encontrar una pareja fue siendo cada vez más difícil, incluso conseguir sexo ya no era tan sencillo para alguien como yo.

Así, veía a mi madre envejecer, se iba a dormir temprano y se levantaba temprano, cuando yo me iba a trabajar, siempre me escuchaba cuando yo abría el refrigerador o andaba en la cocina preparando mi desayuno y me ayudaba, luego al irme salía a la calle a barrer el frente de la casa, no sabía por qué de su costumbre de barrer siempre cada día la calle, cuando siempre amanecía sucia, pero eso hacía cada día al salir. Cierto día no fue así, amaneció, abrí el refrigerador para sacar el desayuno, hacía ruido con los trastos en la cocina para servirme el desayuno y no escuchaba que mi madre se despertara, me senté a comer y ella aparentemente seguía dormida, entonces fui a asomarme a su cuarto. La vi inmóvil, no parecía respirar, me alarmé, le hablé y no fue sino hasta la tercera vez que me respondió, me dijo que no me había escuchado, en ese momento me tranquilicé. Entonces me dijo que, a partir de ese día, fuera cada mañana a tocar la puerta de su cuarto para despertarla. Algo había cambiado, ya era una anciana. Así fue en adelante, cada mañana al levantarme iba a tocar la puerta de su cuarto, siempre me contestaba y luego se levantaba de la cama para iniciar su día, así fue por algún tiempo, un día toqué su puerta y ya no me contestó.

Todo cambia siempre, a veces tenemos la idea de llegar a un punto donde ya no es necesario tener responsabilidades para ser feliz, un punto donde ya no sea necesario tener que ir a trabajar, tener que cumplir con otras responsabilidades, tener que preocuparte por nada, y desearíamos que el tiempo se detuviera entonces, pero no es así. Cuando llegaron mis hermanos los vi también viejos, sus hijos adultos, a su vez con hijos. Durante muchos años iba yo a los antros gays, y cada noche era una fiesta, el tiempo se detenía, todos éramos jóvenes, mientras otras personas de mi edad tenían que desvelarse para cuidar a sus hijos, yo estaba de fiesta en fiesta, sin preocuparme de nada, ni del tiempo que iba transcurriendo, procuraba vestir a la moda para ir el antro, mientras que mis hermanos parecían haberse quedado atrás en el tiempo, pasados de moda, yo procuraba verme siempre joven, pero en realidad no era así, era como engañarme a mí mismo tratando de engañar al tiempo. Uno de mis hermanos me dijo que ya me veía viejo, que yo no me daba cuenta porque no había tenido hijos, pero que el paso del tiempo en él lo sentía por lo rápido que sus hijos iban creciendo, el sentido del tiempo en sí mismo se lo daban sus hijos, conforme ellos iban creciendo él sabía que iba envejeciendo, pero yo no sabía nada de eso. Verlos fue como darme cuenta de la realidad, y ahora estaba sólo en la casa de mi madre.

Cuando me quedé sólo, fue como si de pronto a la casa le hubiesen caído todos los años encima, y con ello a mí también. Traté de llevar mi vida de forma normal, pero muchas de las cosas que yo creía eran una manía de mis padres comencé a tenerlas yo mismo, de alguna manera me comencé a ver reflejado en ellos, el ruido de la respiración que comenzaba a ser difícil al subir escaleras, el comenzar a sujetarme del barandal de las escaleras al subir o bajar, la forma de respirar y de quejarse involuntariamente al hacer algún esfuerzo, incluso la forma de reírse que tienen las personas ancianas comenzaba a ser la misma que yo iba adoptando, y solo era que entonces iba entendiendo el proceso de deterioro del cuerpo al pasar el tiempo. Y el sueño, las horas de sueño que ahora requería para descansar eran más, comenzaba a dormir más temprano, los ojos simplemente se me cerraban, pero, ¿quién me despertaría a mí cada día?

Un día ya no trabajé más, mis servicios dejaron de ser requeridos, entonces me refugié más en casa. Al no tener más que hacer al levantarme cada día, traté de dar otro sentido a mi vida, y un día salí a la calle a barrer, la gente que pasaba me saludaba, alguna se detenía ocasionalmente a preguntarme algo o a hacerme plática, mi primo pasaba cada día por frente de mi casa para ir a su trabajo, siempre nos saludábamos, Luego regresaba dentro a desayunar, y así transcurría mi día, solo. Y recordaba a mi madre y cómo cada día iba a despertarla, en mi caso no había nadie que me fuera a despertar, en caso de que algo pasara nadie sabría de mí.

La semana pasada tuve una caída en casa, recuerdo que de niño me caía y levantaba con la misma rapidez, esta vez no fue así, los golpes duelen más cuando uno ya es viejo, tuve algunos hematomas que se veían bastante mal, pero creo que lo que más me dolió fue la soledad con la que tuve que levantarme por mí mismo y aliviar el dolor. Nadie estaba ahí como en mi niñez cuando me caía. Y tuve miedo, realmente tuve miedo. Ahora que salgo a barrer la calle lo hago para que los vecinos sepan que estoy vivo otro día, no sé cuándo dejaré de barrer la calle, y eso me da miedo. Así que hoy por la tarde visité a mi primo, a diferencia de otras veces, esta vez fue por algo diferente. Hablé con él, le dije que era el familiar que vivía más cerca de mí, a un par de cuadras y es el camino que recorre para ir a su trabajo. Le di la llave de la casa, le dije que, si alguna vez al ir a su trabajo no me veía fuera barriendo la calle como lo hago ahora a diario, usara la llave, entrara a la casa y tocara la puerta de mi cuarto, si yo no contestaba ya sabría lo que tendría que hacer. Por favor, toca la puerta de mi cuarto…

Por: Martín Soloman

31 de octubre de 2018

Aprendiendo a ser adulto


Esta tarde, mientras avanzaba en el trasporte público hacia mi casa, pasé por una zona de la carretera donde había una construcción en ruinas, aún quedan los vestigios de lo que en sus días fue una palapa de palma con bonitos jardines, aunque ahora todo está cubierto de maleza. Al observar ese lugar, de pronto llegaron a mi mente los recuerdos de mi pasado en ese lugar, de una época en la que me sentía muy mal, pues se habían dado muchos cambios en mi vida, estaba saliendo de la niñez para encontrarme viviendo en casa de los abuelos, donde había de iniciar mi adolescencia. Ellos me trataban bien, dentro de sus posibilidades, pero me habían cambiado de escuela y no conocía a nadie en el pueblo. Muchas veces me sentí raro, tenía 14 años y no tenía ningún amigo ni cerca de mi casa ni en la escuela secundaria a la que iba, solo tenía a mi primo Aníbal de 13 años, que era un verdadero bruto y no me agradaba mucho su compañía, sin embargo él sí que tenía amigos pues era muy popular, yo por mi parte era lo opuesto, nadie se me acercaba ni para preguntarme la hora, en el salón de clases, era una especie de rarito, cerebrito y lelo. A eso súmenle que no me gustaba el futbol, que si me gustaba leer y que prefería encerrarme en casa a leer todo lo que cayera en mis manos con tal de matar el aburrimiento, mientras los demás jóvenes de mi edad salían a divertirse con el balón o yendo a nadar a algún balneario o ya de perdida al río del pueblo.

No me gustaba ver televisión, así que fue en esa época que desarrolle la afición por leer revistas, de esas de los puestos de periódicos. Eran los noventas del siglo pasado y en los puestos de revistas abundaban varios títulos: Sensacional de Traileros, El Libro Vaquero, Joyas de la Literatura y un sinfín de títulos que traían historias muy sexosas, pero lo mejor eran las portadas con ilustraciones con una fuerte carga erótica, aún no descubría como masturbarme, pero ya estaba cerca, en algunas cosas estaba rezagado todavía. Me dedique a visitar las casas de mis familiares todos los días por la tarde, el tesoro que yo buscaba no era su compañía, sino la caja de cartón donde guardaban sus revistas para leerlas, llegaba a una casa y me llevaba la caja de revistas a su sala y toda la tarde leía las más nuevas y repasaba las que más me habían gustado, los dibujos de los hombres eran muy eróticos, traileros, vaqueros, albañiles, hombres borrachos sin camisa, etc., un verdadero placer.

Tenía bien clara mi orientación sexual, sabía que el objeto de mi deseo eran algunos hombres, pero no todos como equivocadamente interpretan los heterosexuales de nosotros, aun así tenía claro que debía ser cauteloso, los maestros evitaban el tema de la sexualidad, nadie de ellos se atrevía a tratar el tema de la homosexualidad aun cuando en ocasiones era algo muy evidente, pero eso no evitaba que sucedieran ciertos casos entre los alumnos, recuerdo muy bien que en otro grupo había un chico muy obvio llamado Fernando, que tenía todos los modales de una chica, así que otro de sus compañeros que era todo un desmadre llamado Pascual, corría a todos los de su grupo cuando estaban en el taller y se encerraba con Fernando, solo se escuchaban los gritos de este último, pero nunca tuve la certeza si Pascual lo penetraba o que hacían, pero cuando al parecer Pascual quedaba satisfecho, dejaba salir a Fernando todo despeinado y acomodándose la ropa por la arrastriza que al parecer le había puesto. Todos reíamos al ver eso, pero no se hablaba nada de ellos, era como si fuera algo vetado pero normal al mismo tiempo, ¿dónde estaban los maestros cuando eso ocurría? No lo sé, pero nunca intervinieron.

De mis familiares acostumbraba visitar con más frecuencia la casa de una tía política, esposa de un tío muy querido por mí, según se sabía ella había sido prostituta y al parecer si tenía las características de una mujer de ese tipo, otros familiares la criticaban y no convivían con ella, pero a mí me gustaba visitarlos en su casa, ella siempre parecía recibirme con gusto y era muy hospitalaria conmigo, siempre me invitaba de comer y en ocasiones hasta me daba un vaso de cerveza, ella era la madre de mi primo Aníbal. El primo era un chico al que le daban toda la libertad del mundo, él fumaba y tomaba con sus amigos y casi no estaba en su casa, así que cuando yo llegaba a visitarlo, ya no estaba y realmente ni quería verlo, yo iba a su casa por leer revistas. Cuando su madre me veía sacar la caja de revistas que tenía en su casa solo me observaba sonriendo, recuerdo que yo me iba a sentar bajo un árbol enorme que tenían en su patio, tenía unas enormes raíces y ahí entre los huecos que se hacían me sentaba, junto a mí se acurrucaba una perrita de ellos y mientras la acariciaba, me dedicaba a leer la nueva revista que habían adquirido, yo no me daba cuenta, pero siempre trataba con respeto todo lo que leía, tomaba con mi mano izquierda la revista y con mi mano derecha le iba pasando a las paginas, sin maltratarlas.

En cierta ocasión mi tía, se llevó una silla junto a mí y se reía como estúpida, por el gran cuidado que le daba a lo que leía, supongo que lo hacía porque ya estaba borracha, pues mientras yo leía, ella tomaba su cerveza de la tarde, a mí no me importaba, yo estaba a gusto y solo por momentos breves platicaba con ella. Pero ese día ella me hizo una invitación, “Choche”, así me decía, “vamos a caerle a tu tío en la movida, vente vamos”. No sabía de qué se trataba, pero sonaba interesante, la verdad es que esa tía era todo un show, destilaba mucha sensualidad, vestía siempre minivestidos y enseñaba mucho con sus escotes, nos subimos a su bochito y salimos en chinga, al parecer estaba celosa, recientemente mi tío había puesto una cantina y había llevado muchachas de la costa para amenizar el ambiente en su nuevo negocio, una palapa que estaba a unos kilómetros del pueblo, el lugar que mencione al principio.

Cuando llegamos, me dijo “tu das la vuelta por atrás y me dices lo que veas cuando entres por el otro lado, mientras yo entrare por el frente”. Así lo hicimos, y cuando di la vuelta por atrás, descubrí que mi tío estaba bien abrochado por un hombre desconocido, lo tenía contra la pared detrás de unas plantas, cuando me acerque a pesar de que si me dio pena, le tuve que decir que mi tía estaba buscándolo, que yo había llegado con ella, al escucharme y verme, se soltaron y subieron los pantalones y después de recibir regaños por estar ahí, mi tío reacciono y se metió en chinga a buscar a su vieja que ya se la estaba haciendo de pedo a otra vieja adentro a puros gritos y groserías, había un cuarto adonde las chicas atendían a los clientes y mi tía pensaba que la vieja más buenota estaba ahí con mi tío, pero ¡oh sorpresa! cuando esa mujer abrió la puerta estaba con otro tipo, entonces mi tío apareció por otro lado y ella lo abrazo y se disculpó, él me miro y me cerro un ojo en señal de que no dijera nada de lo que había visto.

Las cosas no podían estar más candentes, me encantaba la vida que tenían ellos, a simple vista parecía muy excitante. Esa noche cuando regrese a mi casa, tenía en mi mente la imagen clarísima de cómo mi tío estaba siendo penetrado entre sus nalgas blancas, también mire cuando el otro señor le saco la verga del culo y la vi babeante, sentía un calorcito recorrer mi cuerpo y entonces comencé a juguetear con mi verga en la intimidad de mi cuarto, comencé a frotarla con salivita y de pronto alcance el clímax y me vine abundantemente, esa fue mi primera vez, pero pronto se convirtió en una actividad diaria y lo hacía casi a cada rato, pero lo más importante fue que de esa forma mi mentalidad comenzó a cambiar, empecé a ver las cosas de una forma distinta, mis pensamientos a veces infantiles comenzaron a ser diferentes. Muchas veces fui a la cantina y observe cosas que me ponían más caliente que leer las revistas, varias veces vi a mi tío en situaciones similares a la primera vez con otros hombres, me gustaba observarlo sin que se diera cuenta, o por lo menos parecía que no se daba cuenta que yo lo veía.

Nunca use esa información para chantajear a mi tío, él me agradaba más que su esposa y yo pensaba que por su estilo de vida ambos debían aguantar sus infidelidades, yo también le sabia a ella muchas aventuras con señores, así que me mantuve callado. De hecho eso me servía mucho, mi tío siempre se portaba bien conmigo y me llevaban de viaje cuando salían de vacaciones y también me hacían obsequios. La tía en cambio cuando la visitaba en su casa me permitía tomar micheladas y también me compartió otras revistas más sexosas que solo leían ellos como adultos, tenían dibujos más explícitos, no recuerdo esos títulos, pero estaba muy complacido con eso. Estoy seguro que ella se daba cuenta de mi homosexualidad, siempre había sido de moral relajada y muy hábil para distinguir esas cosas, aunque al parecer no se daba cuenta de su propio marido o no lo quería ver o quizá eso no le interesaba y solo buscaba que no se involucrara con otras mujeres. Fue por esa época que comencé a comprender el mundo, mi vida en casa tampoco había sido muy fácil y había vivido muchas cosas difíciles, también había leído ya  bastante y ahora podía hacer juicios de la realidad que una persona común a esa edad todavía no puede hacer, al menos eso pensaba yo en esa época, me creía muy maduro, así que lo primero que intente fue cambiar mi realidad en la escuela.

Descubrí que podía ser muy divertido con mi sarcasmo y a partir de entonces en la escuela comencé a hacer bromas a mis demás compañeros y a ser más juguetón, al principio se sorprendían de mi, pero con el tiempo las chicas hasta me comenzaron a ver guapo, incluso hasta varias de ellas hacían que otros compañeros me sujetaran mientras ellas me daban un beso. Yo estaba complacido, de pronto me hice popular y me comenzaron a incluir en sus actividades recreativas. La vida cambio para mí, de ser un personaje opacado y hasta repudiado de pronto me convertí en uno de los chicos más populares y asediados de la escuela secundaria donde asistía. El tiempo paso, y al ir madurando creo que desarrolle un buen sentido común, así que deje de convivir con mi primo y sus padres, sabía que algo malo podía ocurrirme si me seguía juntando con ellos, me dedique a mis estudios de preparatoria y deje de leer esas revistas que tanto me gustaban.

Cuando ya tenía 18 años ocurrió algo terrible, asesinaron a mi primo Aníbal, las circunstancias no eran muy claras, pero le habían disparado un escopetazo en el estómago, decían que había suplicado que no lo mataran, lo encontraron muerto en la cocina de sus vecinos, decían que lo habían descubierto robando y que por eso lo habían matado, varios hombres de esa familia habían huido, no se sabía quién había sido el que le disparo. Nadie fue a la cárcel, pero con el tiempo esa familia poco a poco desapareció, no fue porque alguien hubiese vengado a mi primo, más bien creo que fueron los remordimientos y el temor, lo que afectó severamente la salud de esas personas. Me entere que la señora y su esposo se separaron y que ambos cada quien por su lado desarrollaron diabetes y murieron muy rápidamente. El hombre que decían había disparado contra mi primo, murió también unos años después cuando uno de sus enemigos lo golpeo tan severamente que falleció en el hospital. Después se supo que mi primo Anibal andaba con la señora y que iba a su casa a tener sexo con ella, al parecer el esposo sabia de eso pero no hacía nada, entonces un familiar de ellos, el hombre de muy mala fama antes mencionado, dicen que lo espero un día por la noche cuando sabía que iría a ver a la mujer y lo mato de la forma más cruel en que se puede matar a un joven inexperto de tan solo 19 años, porque de esa edad murió mi primo. Fue una tragedia que impacto mucho a la familia.

Unos años después mi tío también murió, lo atropellaron a bordo de la carretera, unos hombres que iban borrachos en su auto pasaron sobre él mientras caminaba con su esposa, sorprendentemente a ella no le ocurrió nada, ni siquiera un rasguño tuvo, por esa razón se especuló mucho sobre esa muerte, pues decían que había sido su propia esposa la que había planeado todo, porque esos hombres después se supo que eran sus amigos y nunca recibieron ningún castigo. Ya estaba yo muy al margen de ellos, pero si me parecía probable que ella hiciera eso, durante el tiempo que la conocí me di cuenta que era una persona muy narcisista, ambiciosa, sin escrúpulos y capaz de hacer mucho daño a su propia familia, pero nunca se comprobó que ella hubiese tenido algo que ver, aún así fue la más beneficiada, se quedó con lo que tenía mi tío, tierras, negocios y la casa, con el tiempo ella también fue a dar a la cárcel, pues dicen que se involucró con un hombre que se dedicaba a actividades delictivas y  finalmente ella está cumpliendo una condena en la cárcel por varios cargos, creo que uno es de secuestro. Pero fue así como esa familia término. Sin embargo reconozco que la compañía que tuve de ellos me permitió construirme en una época de mi vida en la que me sentía muy solo. Con ello se cerró esa parte de mi vida, mi adolescencia había terminado de golpe junto con la familia de mi tío, había entrado en la etapa de adulto y había de comenzar a tomar decisiones sobre mí mismo y lo que sería en adelante. El camino por delante aún era largo, pero ahora estaba más preparado, había madurado.

Viendo en retrospectiva mi época de adolescente, me considero afortunado porque la pude terminar con éxito, a pesar de muchas influencias que pudieron haberme llevado por caminos que hubieran afectado mi integridad. La vida siempre sigue y hoy por hoy tengo nuevos retos, lo vivido es hoy como un sueño, pero ahora tengo la compañía de un hombre que me ha ayudado a madurar más y a tomar mejores decisiones, ya no me siento solo, ahora lo tengo a él y juntos podemos enfrentar los nuevos retos que presenta ante nosotros la vida.



Por: Tigrillo Serch

4 de octubre de 2018

Sueños humedos


Había un rumor que iba creciendo más y más conforme avanzaba la tarde, de boca en boca se extendía entre los alumnos de la preparatoria; esa noche, ya tarde, una vez que la vigilancia sobre el internado de varones se hubiese relajado, se proyectaría una película pornográfica, entre los edificios de los dormitorios donde vivían los estudiantes, cuyos muros estaban pintados de blanco, en medio de los edificios dos y tres se apagarían las luces de los cuartos para que la proyección sobre una de las paredes de uno de los dormitorios para que pudiera verse lo mejor posible, era algo clandestino, las autoridades escolares no debían enterarse, unos alumnos habían conseguido un proyector rústico que serviría para la proyección. A las ocho de la noche cerraba el servicio de cena en el comedor de estudiantes, a esa hora los alumnos se retiraban a sus dormitorios, los pasillos lucían desiertos, muchos se preguntaban si lo harían, pero nada pasaba, era una noche como tantas, hasta que a eso de las once de la noche, los provincianos estudiantes comenzaron a salir de sus cuartos para instalarse de pie ó sentados entre los edificios convenidos, las luces de los cuartos se comenzaron a apagar, el murmullo se extendía, alguien comenzaba a sacar aguardiente, mezcal, la cerveza era un lujo, todos eran estudiantes de bajos recursos, provenientes de diversos estados del país, acostumbrados a vivir con poco, para ellos que no tenían nada más que sus sueños, ésta noche sería especial, para la gran mayoría sería la primera vez que podrían ver una película pornográfica, y sería casi como en el cine. Ya pasaba de las once, sólo la ventana de uno de los cuartos tenía luz, muchos comenzaban a chiflar y a gritar “¡cácaro!”, el barullo crecía, entonces se proyectó un halo de luz sobre el muro contrario y las primeras escenas aparecieron, una mujer y un hombre completamente desnudos, los gritos de los estudiantes eran fuertes, de alegría, de reto a la autoridad de la escuela, senos, vulva, miembro erecto, no hacía falta el sonido, y si lo hubo, los gritos lo acallaban, por fin las escenas de sexo en gran formato visual, no importaba si los actores eran poco agraciados, si el color del filme era malo, ¡era sexo explícito!, algo que muy pocos de los jóvenes que ahí estaban habían visto alguna vez en su vida, con nula educación sexual, y ahora estaba a su alcance. Los gritos de alegría atrajeron la atención de los vigilantes nocturnos quienes se acercaron a ver lo que pasaba, al darse cuenta corrieron hacia la entrada del dormitorio que había sido cerrada previamente, tardaron algún tiempo en abrir, la proyección se detuvo subditamente entre chiflidos de protesta, apenas habían pasado unos quince minutos de la película antes de ser cancelada por los vigilantes, algunos permanecieron un tiempo más para ver si se reanudaba, otros se comenzaron a ir, la euforia seguía en el ambiente, en el murmullo de las conversaciones, había sido una noche transgresora, entre las ideas de revolución social que los estudiantes tenían, la exhibición pública de una película pornográfica fue como un reto a la autoridad escolar, un desafío al estatus quo, un evento que los hermanó. Seguramente quienes lo habían hecho serían severamente castigados, pero no importaba, habían obsequiado una noche que había irrumpido en los sueños de los estudiantes en la adolescencia, húmedos en esa noche de otoño, de alguna forma se sentían más adultos, más seguros, más hombres y más retadores a la autoridad, así era para los estudiantes de bajos ingresos de una preparatoria rural, una noche cualquiera de fines de los años setentas. 

 Por: Martín Soloman

19 de septiembre de 2018

Lo que el desempleo me enseñó


Amanece, es un día más, Antonio despierta antes de que suene la alarma del despertador, había programado la alarma para una hora después de su hora cotidiana de despertar, la que hasta el día anterior había sido su hora habitual de despertar. Abre los ojos y toma el celular para ver la hora, apenas son las 7:00 AM, él pensaba levantarse a las 8:00 AM, pero la costumbre de años de levantarse siempre a esa hora le ha hecho despertar una hora antes de que sonara la alarma, la cual había reprogramado para todos los días por venir a partir de éste día. Ya no tenía prisa en levantarse, por primera vez en años no tenía ya nada que hacer, el día anterior había firmado su finiquito en su trabajo, durante casi veinte años había trabajado como empleado bancario hasta el día de ayer, hoy era su primer día como desempleado, hoy por primera vez en años no tenía nada a qué levantarse, y tampoco tenía por qué levantarse a las 7:00 AM.

Esperó en la cama a que la alarma sonara para levantarse, trató de seguir una rutina distinta a la que había seguido por años, pero de alguna manera repetía la que había sido su rutina durante casi veinte años. Había pasado por épocas difíciles, recordaba cuando fue el colapso del sistema bancario y se creó el Fobaproa, después vendría la venta de los bancos y la fusión de algunos, y aunque sabía que éste día llegaría, no estaba preparado para quedarse sin trabajo, nunca había dependido económicamente de nadie y le aterraba la idea de quedarse desempleado, lo cual era un riesgo latente en su trabajo porque un día podía ser el mejor empleado y al siguiente podía ser el peor, así de frágil es la posición de un empleado en un banco y sin embargo nadie lo había preparado para este nuevo día, ¿qué iba a hacer?

Un par de meses antes sabía que lo iban a despedir, pero no podía hacer nada, sólo esperar a que le avisaran. Dos días antes Antonio recibió una llamada de recursos humanos pidiéndole que se presentara al día siguiente en las oficinas de relaciones laborales, ni siquiera su jefe le había dicho nada, fue directamente a recursos humanos. No preguntó para qué, sólo terminó de recoger algunas cosas personales y se despidió de sus compañeros de trabajo más cercanos, todos sabían que ése era su último día de trabajo, le desearon suerte. Al poco tiempo llamó a su pareja con la que tenía una relación de diez años, le contó con tristeza que ese era su último día de trabajo, y aunque desde hacía dos meses que le había platicado de la posibilidad de que lo echaran del trabajo, su pareja no mostro ninguna preocupación. No le dijo gran cosa, era como si nada hubiera cambiado para él, ni siquiera le animó, en vez de eso se puso a platicarle sobre una situación en su propio lugar de trabajo que no tenía nada que ver con la situación que estaba enfrentando Antonio.

Se preparó un desayuno ligero, no tenía mucha hambre, mientras desayunaba veía un álbum de fotos, ahí estaban las fotos del primer viaje a Vallarta que habían hecho juntos, del viaje a Acapulco donde se quedaron en un hotel que no le había costado nada porque se lo había pagado su trabajo, estaban las fotos de cuando habían estado en un antro, ambos aparecían sonrientes, felices, pero a partir de ahora eran viajes que ya no podrían hacer, ya no los podría pagar, de pronto las prioridades eran tan simples como sobrevivir económicamente.  Para Antonio quedo más claro, que la vida no está hecha de viajes a la playa, de visitas a centros comerciales exclusivos, de cenas en un restaurante caro, en realidad está hecha de momentos comunes, cotidianos, son las pequeñas piezas que van formando la vida diaria, y la vida en pareja está hecha de compartir esa cotidianidad, compartir un desayuno, compartir las labores de la casa de las que nadie quiere hablar porque no tienen nada de interesante, son cosas que no venden a la vista de otros, pero que en el interior de una relación construyen la vida del día a día, tener empatía con la pareja, y apoyarla.

Hasta ese punto había sido Antonio quien había corrido con los mayores gastos en la relación, la casa era de él, todos los gastos de la casa como gas, luz, agua mantenimiento, cable, predial, habían sido hechos siempre por él, los muebles los había comprado él, todo nuevo, estufa, refrigerador, cama, sala, y en los gastos de alimentación era Antonio quien corría con la parte más pesada como carnes, todo el super. ¿Cómo sería ahora? Su pareja había tenido un sueldo menor hasta unos meses antes, pero aunque hacía poco que su situación económica había mejorado mucho, la distribución de gastos seguía siendo la misma. Los primeros días de Antonio sin trabajo fueron pasando muy lentos, las primeras cuentas por pagar fueron llegando, Antonio sabía que su pareja estaba enterado de cuáles eran los gastos y esperaba que por lo menos durante el tiempo que tardaba en encontrar otro trabajo, su pareja lo ayudara con parte de los gastos, pero al paso de los días eso no pasó. Su pareja nunca se ofreció para apoyar ni le dijo nada al respecto, era como si no se diera cuenta de lo que Antonio estaba pasando, y por ello Antonio continuó pagando las cuentas como siempre, el dinero poco a poco se iba yendo.

Antonio sabía que por su edad le iba a ser complicado encontrar otro trabajo, y si tenía suerte de encontrarlo, no iba a ser tan rápido como para alguien joven, y seguramente tampoco iba a ser bien pagado. El día que se presentó en relaciones laborales de su empresa le preguntaron si sabía por qué lo habían mandado llamar, dijo que si, le pusieron una hoja con los números de su finiquito, siempre pensó que le correspondía más de lo que le ofrecieron, quiso rechazarlo, pero le dijeron que si no quería firmar podía emprender un pleito legal contra la empresa, le dijeron que no era probable que lo ganara, pero que si así fuese, al final del proceso, que le prometían sería largo, descontando los honorarios del abogado le quedaría una cantidad similar a la que le ofrecían, pero que además, si decidía demandar, lo boletinarían en otras empresas similares para que no pudiera encontrar trabajo. Antonio había trabajado casi veinte años ahí, no sabía hacer otra cosa, así que firmó su renuncia voluntaria.

A veces la gente se imagina que las relaciones se fracturan por algo grave, porque uno de ellos se enamora de otra persona, por una traición, pero lo cierto es que las relaciones simplemente se van desgastando, como un par de zapatos que a fuerza de usarlos se van volviendo inservibles, se acaban, se destruyen. Los días fueron pasando, se hicieron semanas, meses. Antonio continuaba buscando trabajo, pero el tiempo que tenía ahora le hacía ver lo todo aquello que, mientras estuvo trabajando, no se había tomado el tiempo de ver, repasaba cada evento en la relación, cada desgaste, cada desencuentro, cada mirada en la que cada quien había vuelto a mirar hacia otro lado, y se sintió solo, sin apoyo, ni económico ni moral, para su pareja era como si nada hubiera pasado, para Antonio todo estaba cambiando, entendía que estaba sólo aunque estuviera acompañado, y entonces supo que no podía quedarse ahí. Tenía que hacer algo, pero tenía que hacerlo solo, porque para su pareja las prioridades eran otras, finalmente él tenía la vida resuelta y no tenía ninguna presión económica, pero tampoco ninguna intención de apoyarlo en esa situación. Supo que no era un apoyo, sino un lastre. El fin había llegado.

Epílogo:

-“Sí todo sigue igual entre nosotros, yo te invito un viaje a Europa y todos los gastos corren por mi cuenta”… “ahora sí voy a meter dinero a la casa”…

Antonio sólo sonrió, y le dijo que no. Ya no era tiempo, ya no había vuelta atrás. Entonces él, se fue.

Por: Martín Soloman

29 de agosto de 2018

"Yo podría ser tu padre..."


"Yo podría ser tu padre..."

Los días de mi juventud estuvieron marcados por muchos hombres que posteriormente jugaron un papel muy importante para definir mis gustos, uno de ellos fue mi padre, un hombre muy masculino, de campo, reservado y poco expresivo, distante siempre hacia sus hijos, su máxima expresión de amor creo eran los abrazos, en eso si era muy efusivo, pero la relación con él nunca fue lo que se puede considerar ideal, sobre todo conmigo, a los 16 años me envío a estudiar fuera del pueblo, deje la casa sin chistar cuando me dijo que saldría de ahí, quería explorar el mundo y sobre todo mi sexualidad, en el pueblo había tenido pocos encuentros y la mayoría solo con mujeres, con los amigos nos habíamos masturbado y de repente alguna mamada, pero aunque las ganas estaban, no me atraía llegar a consumar la relación.
 
Llegue a la capital en pleno verano, hacía mucho calor y tal vez eran las botas y el sombrero pero sentía que la gente me veía como un bicho raro; mi padre me había acompañado días antes a buscar donde quedarme, conseguimos un lugar cerca del mercado, una cuartería de vecindad muy sencilla y siempre con movimiento, en ese pequeño cuarto aprendí mucho sobre mí y como cuidarme, tenía muchos vecinos pero mi padre me dejo encargado con un hombre  que vivía en el cuarto de al lado, tenía más o menos su edad, se toparon en la entrada cuando íbamos llegando y creo le dio confianza porque al momento lo saludo y le dijo que dejaba a su cachorro para que estudiara, que sí me veía echando desmadre me jalara las orejas porque los huercos deben estar vigilados siempre, me dio un abrazo y se marchó.

Don Gus cumplió con lo acordado siempre estaba al pendiente que comiera y estuviera bien, me enseño los rumbos y los lugares peligrosos, me presento con sus amigos del mercado y me dio empleo cuando quería comprar cosas que mi pa´ no podía darme, el tenía un puesto de jugos y desayunos en el marcado y siempre necesitaba de gente que le ayudara, Don Gus tenía dos hijas y se dejó de su esposa hace muchos años poco después de que nació su segunda hija, por eso tal vez tenía ese amor paternal tan afin conmigo, nunca me pregunto por viejas y desmadres, sabía que yo echaba pata porque decía que un bato como yo no era de los que se estaban quietos, pero que estaba bien que no me enamorara que eso lo dejará para después que mi pa´ le dijo que iba a estudiar no a echar novio, aún así no le hice caso, me clave con un bato y como buen protector él supo que andaba yo más contento, me decía que el gorrión cantaba nomas cuando estaba contento, en algún momento vio que él salió de mi cuarto y lo conoció como un amigo de la escuela, lo vio llevarme cayéndome de borracho y solo le dijo mira como me lo traes, ya mételo al cuarto y no hagan ruido.

Lo de Armando no funciono y me deprimió mucho que me terminara, era el primer hombre que me atraía de ese modo, “el gorrión anda triste”, me dijo Don Gus un día que me vio salir del cuarto y me dijo que me invitaba a cenar para contentarme, salí de la escuela y pase por unas botellas de mezcal, Don Gus me invitó un día de uno que tenía en su casa, no me gusto del todo pero quería agradecerle que se preocupará siempre por mí, comimos, platicamos y escuchamos música como muchas otras veces, nos acabamos la primer botella de mezcal y entre algunas lágrimas recordando a Armando Don Gus se me acerco me abrazo justo como lo hacía mi padre y me dijo palabras más, palabras menos... "a ver cabrón, ese morro ni si quiera te quería, te equivocaste y que pedo? no eres el primero y el no será el único, vas a encontrar otro cabrón y luego otro y a lo mejor, chance si tienes suerte te vas a encontrar a alguien que te quiera como tú te mereces, pero mientras disfruta de lo que pase en tu camino, si quiere chillarle, chíllele, ándele, aquí en confianza, pero después sírvase otro mezcal y dese cuenta que hay que seguirle chingando, con el corazón parchado pero más fuerte puto y no se agüite que nadie que merezca sus lágrimas lo hará llorar"; me sentí tan protegido, tan apoyado, como creo nunca lo había hecho en mi vida.

Seguimos tomando y después de la segunda botella ya estaba muy pedo, me recosté un rato en la cama de Don Gus y el me quito las botas, me acomodo en su cama y se recostó junto a mí, me dejo abrazarlo y yo a él, nos quedamos dormidos un rato hasta que el calor nos despertó, estábamos muy sudados y Don Gus se levantó a prender un ventilador, vi que se quitó la camisa y yo en automático hice lo mismo, al igual que el pantalón, cuando el vio eso me imitó y nos quedamos en calzones, nos volvimos a recostar y el abrazo continuo, pero ahora era diferente, tenía ante mí a un hombre recio, con una piel curtida y mucho vello en el pecho, con labios carnosos cubiertos por un bigote tupido y un trasero que aunque ya había notado antes no había tenido oportunidad de tocar, no lo pude evitar y comencé a besarlo, el bajo mi calzón y comenzó a succionar con una experiencia que ninguno de mis amantes anteriores había mostrado, se retiró la truza y se recostó en la cama, me levante porque tenía que verlo a través de la luz que dejaba pasar la ventana, descubrí en todo su esplendor ese cuerpo de hombre maduro, sus genitales despedían ese olor tan característico que me atrae hasta el momento, comencé a darle también placer y el me guiaba, me decía como hacerlo para después pedirme que hiciera lo mismo pero con su culo, lo ensalivé y penetre, que parecía nos conocíamos desde hace mucho tiempo, exhaustos nos quedamos dormidos, abrazados otra vez.

Me despertó el ruido de la licuadora por la mañana, Doc Gus me preparaba un jugo especial para la cruda, me levante con un poco de pena por lo que había pasado, había abusado yo de la confianza de un hombre que solo me brindó el cariño que yo no había tenido? Don Gus me acerco una silla para que me sentara a tomar mi jugo, fui obediente y mientras hubo un silencio incomodo se acercó y me dijo "yo podría ser tu padre..." a lo cual conteste "pero no lo es..." no pudo evitar soltar la carcajada, me cargo en un abrazo diciendo "ese es mi cabrón chingaos".

Don Gus y yo nunca tuvimos una relación como tal, pero mientras estuve con él tampoco tuve una relación seria con nadie más, comíamos juntos, yo le ayudaba en el puesto cuando podía, conviví con sus hijas algunas veces, tomábamos mucho mezcal y explore mi sexualidad de muchas formas con él. Mi padre falleció antes de que yo entrará a la universidad pero su partida no significó tanto como cuando me tuve que ir de la cuartería, aunque pase el examen de selección el campus quedaba muy lejos así que me tuve que ir, conseguí trabajo cerca de la escuela, así que podía apoyarme y seguir estudiando, esta vez fue Don Gus quien me acompaño a mi nuevo hogar, se despidió de mi con uno de esos abrazos tan característico y me dijo las palabras que me han seguido hasta ahora "tu vales lo que eres por lo que eres, no por lo que te digan los demás".


Regrese a visitar a Don Gus al mercado y su cuarto los siguientes fines de semana, hasta que un día en el trabajo recibí una llamada de una de sus hijas, Don Gus había muerto en un robo, se habían metido en el cuarto y lo encontraron sobre la cama apuñalado y sin ropa.

Anónimo
Publicado por: Martín Soloman



15 de agosto de 2018

Efraín (2a parte)

Esta es la segunda parte de un relato previo, link:
Efraín (confesiones de una noche)

Efraín (2a parte)


En la crianza que la mayoría tenemos las personas adultas siempre nos enseñan que si nos preparamos, si tomamos precauciones, si planeamos, tendremos menos problemas en todos los proyectos que tengamos en la vida y que esta será más fácil y feliz para nosotros, pero lo cierto es que la vida es todo menos eso, nunca se sabe en qué va a terminar cierto camino que hayamos tomado, la vida es impredecible y muy complicada, nos da de puñetazos a cada rato, incluso hay a quienes los tiene tan destrozados que no les ha dado ni un momento de tregua y viven en condiciones lastimosas y sin embargo, por otro lado hay unas personas tan estúpidamente cuidadas que siempre han tenido todo y no saben nada de penurias, pues siempre han tenido a alguien que los rescata hasta de sus propios errores, pero todo puede cambiar en cualquier momento, a ellos les sugiero que se preparen porque el golpe les llegará cuando menos lo esperen.

Esa tarde cuando regrese a casa,  encontré a mi abuela en el patio y al verme dijo: “Efraín, tu hermano Luis ya murió, me vinieron a avisar”, le agradecí a mi abuela y entre a la casa. Después de mucho tiempo de no escuchar el nombre de Tío Luis, me trajo muchos recuerdos, en realidad él había muerto muchos años atrás, pero para mi abuela que padece Alzhéimer, el tiempo es percibido de una forma muy distinta, las personas que han muerto, mueren una y otra vez e incluso de pronto viven y son capaces de hacer muchas cosas, mi abuela está muy extraviada y es extraordinaria la forma en la que ahora percibe el mundo, a veces a mí, que ya vivo con ella, me confunde con mi padre, del cual herede el nombre. Sin embargo, pensar en el tío Luis de nuevo, me hizo recordar tantas cosas que me marcaron en la vida, por ejemplo mi primera vez,  sí, la primera vez que tuve sexo, tenía solo 15 años cuando mi tío me llevo a un putero, mi padre le había dado instrucciones de que me llevara con la puta más bonita del tugurio, pero lo que yo quería no me lo podía proporcionar esa mujer, aun así cumplí el mandato de mi padre y tuve sexo con ella, no era lo mío, pero tenía la capacidad de penetrar lo que fuera, estaba en mi mejor momento sexual, recuerdo que me masturbaba a diario como seis o más veces, aunque lo que me atraía más eran los hombres, aun así me esforzaba por qué no se dieran cuenta de mis verdaderos deseos y por eso lo hice.

El Tío Luis, era para mí como un dios del sexo, era un hombre muy masculino, de rasgos faciales fuertes, con barba cerrada y bigote, muy atractivo para todo mundo no solo para las mujeres, era bastante seductor y siempre sabía que decir, era de esos hombres de rancho alto, moreno, de cuerpo fuerte, de brazos musculosos, siempre andaba con la camisa desabotonada a la mitad, mostrando un pecho fuerte y peludo y con pantalones de mezclilla muy ajustados a sus fuertes piernas y trasero, rematando con un enorme bulto en la entrepierna, incluso siendo yo muy jovencito me sentía atraído por su fuerte y atractiva imagen y estaba enterado que muchas viejas del pueblo solteras y casadas ya habían estado por lo menos una vez con él, además tenía fama de ser bueno para los golpes y de ser valiente, mi papá lo respetaba mucho, y me animaba a seguir su ejemplo, yo me sentía pequeñito a su lado, y creo que más aun sabiendo que jamás podría igualar sus hazañas porque tenía bien claro que yo era homosexual.  Parecía que Tío Luis, tenía por delante un brillante futuro en vista de su gran atractivo y éxito en todo lo que hacía, pero las cosas se dieron de otro modo, uno muy distinto.

Tío Luis tenía un amigo muy cercano, su eterno compañero de parrandas, Oscar. Era lo opuesto a mi tío físicamente, pero también era un hombre muy atractivo y masculino, de piel blanca y cabello intensamente negro, con unos grandes ojos verdes, recuerdo que decían su padre era gringo. Ambos se dedicaban a conquistar a todas las mujeres del pueblo y de los lugares cercanos, la verdad no entendía como ellos habían llegado a ser tan buenos amigos, pero se llevaban muy bien, jamás  los vi pelear y no había lugar al que no fueran juntos, trabajaban y salían de fiesta siempre juntos, incluso recuerdo que en muchas fiestas de la familia estaba Oscar, recuerdo que se pasaban bebiendo por las noches alcohol, bromeando y presumiendo sus proezas sexuales, mi papá era mayor que tío Luis, pero creo que siempre se había sentido menos que él, por el enorme atractivo de su propio hermano, aun así mi padre tenía talento para los negocios y teníamos una vida muy cómoda, en el pueblo tenía varios locales con negocios,  además de que también tenía mucho ganado y propiedades. Los terrenos en mi pueblo son enormes y en el que habitaba la familia había dos casas, una vieja donde vivía mi abuela y Tío Luis y otra más nueva donde vivíamos la familia de mi papá, donde yo vivía, había una enorme distancia entre ambas y por la noche esa distancia se hacía mayor, papá casi no iba a casa de la abuela, siempre estaba ocupado en sus negocios  y por la noche solo llegaba a descansar a casa. Oscar el amigo de mi tío también vivía en casa de la abuela, y muchas veces mi abuela mejor prefería irse a casa con nosotros porque ellos armaban fiestas de toda la noche, no entiendo porque mi papá nunca trato de corregir a mi tío para que no hiciera eso, más bien parecía sentirse orgulloso de que mi tío fuera tan famoso y parrandero.

Siendo yo muy pequeño, creo que tendría unos 7 u 8 años, un día por la tarde me decidí a visitar a mi tío cuando apenas estaba oscureciendo, para demostrarle que era valiente, que no le tenía miedo a la oscuridad, recordaba que la noche anterior habían tenido una gran fiesta en la casa de la abuela y en cambio esa tarde todo parecía tranquilo, solo veía las luces que recién habían encendido, recuerdo que entre por la puerta siempre abierta y me dirigí al cuarto de mi tío, lo que vi en esa ocasión fue en cierto modo impactante para mi mente infantil, a media luz estaba mi tío desnudo teniendo sexo con otra persona, la piel de ambos se distinguía porque uno era más obscuro y la otra persona era blanca, observe un poco y después salí disparado hacia mi casa pero de forma sigilosa, si mi tío se daba cuenta me podría regañar y no quería eso. Fue instantes después que sentí una gran curiosidad por saber con quién estaba mi tío, pues cuando estuve ahí frente a ellos solo vi dos cuerpos entrelazados, escuche jadeos y voces apasionadas, pero las voces no solo eran de mi tío, también parecían ser… ¡de Oscar!. Al llegar a esa conclusión sentí una especie de calorcito que recorrió mi pequeño cuerpo y cierta ansiedad por regresar a contemplar, pero en ese momento mamá me hablo y ya no pude salir a constatar lo que difusamente había visto, jamás dije nada de esto a nadie, pero fue mucho después que lo comprendí.

Con el tiempo comencé a darme cuenta que cierto compañerito de la escuela me provocaba algo, me parecía muy inteligente y lindo, yo trataba de llamar su atención para que nos hiciéramos amigos, pero mis formas terminaban siendo burdas y groseras, siempre he tenido mucha facilidad para poner apodos, y cuando le puse unoo fue sin pensarlo, eso siempre lo molestaba, incluso un día casi lo hice llorar porque le di un fuerte golpe con el balón de basquetbol tratando de que el hiciera una canasta, yo solo le pase el balón, pero él no supo recibirlo, sus ojos se pusieron rojos. Cuando descubrí que eso que sentía por él era atracción, me di cuenta que yo era homosexual, que Carlitos mi compañerito de la escuela, era el tipo de hombre que me gustaba, pero que al parecer estaba fracasando al tratar de conquistarlo. Carlos siempre fue mi niño favorito, todo lo que él era me gustaba, siempre estaba bien vestido, en el salón era el niño más listo, todo lo sabía, parecía ser muy estudioso y talentoso, nadie lo superaba y tristemente nunca logré siquiera que fuéramos amigos, cada que lo intentaba terminaba echándolo a perder. Me hice novio de su prima, cuando éramos adolescentes, pero eso tampoco ayudó a que estuviera cerca de él, pues siempre me evitaba. Con el tiempo creció y se hizo aún más atractivo para mí y por ello seguí queriéndolo, sin embargo no entiendo porque pero siempre que lo veía mi corazón se aceleraba y en vez de tratarlo bien, terminaba molestándolo con mis acciones y con lo que le decía. Al cabo de los años su familia fue dejando el pueblo hasta que finalmente él también se fue, lo cual me entristeció mucho, supongo que alguien como él no era para vivir en un feo rancho como ese. Al no saber más de él, yo me casé porque eso parecía ser lo más normal y era lo que mi padre esperaba de mí. Durante más de dos décadas hice una vida de familia con mujer y con hijos. En casa no podían enterarse de esta parte de mí, así que conscientemente sabía que debía ocultarlo lo más que pudiera, en esos años pocas personas se enteraron de mi verdadera sexualidad y me pase la mayor parte de mi vida ocultando algo que era parte integral de mi persona.

Pero antes de contarles mi propio desenlace, es necesario decirles lo que paso con Tío Luis. Pues bien, un año después de llevarme al putero ocurrió algo terrible, mi tío fue asesinado, las circunstancias nunca fueron muy claras, pero cierta noche que nadie de la familia estaba, pues todos habíamos salido de vacaciones, llegaron unos hombres y sorprendieron a Tío Luis y a Oscar, acribillándolos, más tarde se supo por un periódico local que mi tío estaba involucrado en el robo de ganado, o al menos de eso se le acusaba, pero eso no era lo peor, anduvo un carro en el pueblo con altavoces diciendo algo así: “entérese de la noticia, hermano de exitoso comerciante, conocido caballero de este pueblo dedicado al robo de ganado es asesinado en su propia casa en compañía de su amante y mejor amigo”, el periódico local mostraba una foto con dos cuerpos de hombre desnudos asesinados en una cama, insinuando que al parecer estaban durmiendo como amantes.

Se rumoraba después en el pueblo, que mi padre  había sido quien realmente lo mando a asesinar al enterarse de lo que había entre Tío Luis y Oscar, mi padre siempre fue muy machista y homofóbico, pero nunca tuve la certeza de que así hubiera sido, mi abuela tuvo una fuerte discusión con él, después de la cual ella se fue de la casa llorando y ya no volvimos a verla más, después supe que se fue a vivir sola a un pueblo cercano. Entonces mi padre nos dijo solo una vez y sabíamos que era una orden, él siempre fue muy autoritario “a partir de este momento no quiero que se vuelva a hablar ni mencionar nada de Oscar ni de mi madre, ellos han muerto para esta familia y nunca han existido”, mi madre, mis demás hermanos y yo sabíamos que no podíamos modificar eso con él y así lo tomamos, nunca más volvimos a hablar de ellos y aunque al principio extrañábamos a la abuela, nunca la buscamos aunque supuse que mamá si la visitaba porque cada cierto tiempo ella salía todo el día sin avisar adónde iba y muchas veces regresaba con una expresión de tristeza, fue ella quien me mando con la abuela cuando mi tragedia comenzó.

Después de lo que paso con Tío Oscar, pensé que casarme era lo mejor que podía hacer, a los 18 me case con una chica que si bien era bonita y me gustaba, nunca nos llevamos muy bien, pero fue una buena madre para mis dos hijos, a los cuales amo mucho. Durante muchos años tuve sexo ocasional con otros hombres, generalmente eran hombres que iban de paso y se quedaban a trabajar para nosotros en el pueblo, pero nunca tuve nada especial con alguno de ellos. Mi gran amor Carlos volvía de vez en cuando de la ciudad y yo siempre estaba pendiente de recibirlo cuando bajara del transporte público, sabía que llegaba los sábados por la tarde y no podía perderme la oportunidad de saludarlo, cerca de su casa había una pequeña tiendita donde junto con algunos de mis conocidos nos tomábamos la chela, mientras yo esperaba que Carlos llegara, aunque creo que al verme se irritaba bastante y no le era para nada agradable, seguía yo teniendo esa facilidad para los apodos y lo que le decía no era lo más agradable, supongo que la educación que tuve me hacía decir cosas sin pensarlas y el hecho de que yo estuviera casado me daba una sensación de seguridad, de que nadie podría descubrir mi condición sexual, y de alguna forma me hacía sentirme superior a quienes no se habían casado, como Carlos.

Yo sabía que él también era homosexual, pero también estaba seguro que no tenía oportunidad con él, pues yo solo era un pobre ranchero sin clase, burdo y desagradable, el seguramente estaba acostumbrado a tener hombres más sofisticados y atractivos con los cuales yo no podía competir. Con su prima, la que había sido mi novia en la secundaria, de vez en cuando platicábamos de Carlos y me contaba algo de él, de sus logros y eso me hacía sentir bien, me daba mucho gusto que fuera exitoso. El mejor día de mi vida llego cuando ella organizo una reunión de ex alumnos de la secundaria y Carlos estuvo presente, para entonces ya me había preparado, ya había estudiado, ya había mejorado mi lenguaje y en esa reunión platicamos largamente, finalmente pude tratarlo con respeto y educación, lo cual sirvió para que cambiara su actitud hacia mí y fue entonces que descubrí en su mirada deseo al observarme, seguramente  si me esforzaba un poco más podría lograr algo. Poco más tarde pude conquistarlo, al final de esa noche logre lo que siempre había soñado, hice el amor con él. No sé si significo algo para él, pero para mí fue el mejor momento de mi vida, siempre lo había amado en silencio.

Después de esa única ocasión que estuve con Carlos, ya no volvió a buscarme y aunque de vez en cuando le llamaba para preguntarle cuando volvería al pueblo, solo me respondía con evasivas, supuse que ya no volveríamos a estar juntos otra vez como esa noche y me resigne a eso, me quedaba el consuelo de haber estado una vez en la vida en sus brazos y aún tenía su amistad, creo que podría vivir con eso. Fue por esa época que llego al pueblo un joven muy atractivo llamado Gaspar, decían que era un montador muy bueno y decidí conocerlo, escuche a alguien decir que le tronaba la reversa y eso tenía que verlo. Nos conocimos en una cantina y lo invite a mi casa con el pretexto de que me hiciera un presupuesto de un trabajo en el rancho, mi familia no estaba, comenzamos a beber chelas y ya entrados tuvimos sexo, para no hacérselas larga, la historia de Tío Luis volvió a repetirse conmigo, esta vez afortunadamente nadie murió al menos no físicamente, pero si se dio un escándalo que se supo en todo el pueblo y lugares circunvecinos, mi esposa nos descubrió en la cama y la bomba estallo por segunda vez en la familia. Mi padre me golpeó y estuvo a punto de dispararme de no ser porque mi madre intervino, aun así me corrió de la casa y me dijo que ya no era su hijo, que no podía ser padre de un puto, que ni esperara nada de herencia y que todo lo que yo tenía me lo quitaría porque siempre había sido de él. Mi madre alcanzo a darme algo de dinero y me envió con la abuela.

Me hundí en una fuerte depresión, creo que el estar con mi abuela y darme cuenta de cuánto apoyo y comprensión necesitaba ella me fue haciendo dejar de pensar únicamente en mis problemas y puse mayor atención en ella, en sus extravíos mentales, en sus recuerdos desordenados de su vida en el tiempo, como barajas que salen al azar. No quise saber nada de nadie, era como volver a empezar desde cero después de tantos años, era como si mi vida anterior hubiera sido una farsa y estaba con las manos vacías. Me dediqué a reorganizar mi vida y a cuidar de mi abuela, pero al mismo tiempo me estaba yo sanando, y aquí estoy ahora, comenzando de nuevo, más viejo, pero esta vez aceptando lo que soy y con más experiencia, tratando de hacer las cosas mejor esta vez, mi abuela ahora es una parte importante de mi vida, no puedo creer que la hayamos abandonado tanto tiempo, me doy cuenta que por obedecer ciegamente a mi padre nos olvidamos de una persona maravillosa y la condenamos a su suerte, sola.

Esta tarde sonó mi teléfono, vi el número, era Carlos, después de tanto tiempo desde esa primera vez con él. Pensé que quizá había vuelto al pueblo y que se había enterado de lo que pasó conmigo, sólo así me llamaría después de esa única vez cuando cada quien volvió a sus vidas cotidianas. Tomé el teléfono, no sabía qué me iba a decir, sólo pude decirle: “tardaste mucho en llamarme…”

Por: Tigrillo Serch


2 de agosto de 2018

Dos noches, el inicio y el fin


Dos noches

Una noche cualquiera, puede ser radicalmente distinta para dos personas que están relacionándose, el tiempo que pasen juntos es algo relativo, una sola noche puede definir el inicio de algo, o el final de todo, porque aún cuando por fuera un observador pudiera pensar que solo por el hecho de estar juntos una pareja tiene algo bueno y duradero, no es así, el simplemente observar no permite saber todo lo que ocurre en las mentes de cada uno, puede haber todo un torbellino de pensamientos que pueden estar en oposición a mantenerse unidos, los observadores pueden creer que las expresiones del rostro y el comportamiento cotidiano  y aparentemente solidario, pueden indicar que todo está bien, sin embargo los pensamientos y los verdaderos motivos de cada uno determinaran lo que ocurrirá en el futuro, sea éste cercano o lejano. En este relato me propongo analizar dos noches de mi vida, con la persona con la que me relacione poco más de diez años, dos noches decisivas en mi vida que demostraron finalmente que clase de vida tenia con tal persona.

Primera Noche, el inicio

Fue un encuentro casual, yo no debía estar ahí, era un sábado y daba clases sabatinas en un diplomado en la Universidad, ese día había salido temprano y pase por el centro de la ciudad antes de ir a casa, nos vimos, nos gustamos, y lo que cada quien vio en el otro era lo que parecíamos buscar, creo que realmente nunca supe a ciencia cierta qué era lo que él veía en mí, pero supuse que también le había gustado. A mis ojos él era un señor casado, padre de familia responsable que de vez en cuando buscaba explorar esta parte de su sexualidad con otros hombres. Es casado, me repetía a mí mismo, sabía cómo eran las relaciones con casados, ninguno se comprometía más allá de lo que era su vida familiar, su esposa e hijos siempre estaban por encima de cualquier otra cosa, así que lo único seguro era esa vez, y quizá ahí terminaría todo, en un encuentro casual como tantos. A ese sábado siguió otro, y luego otro más, y entonces vino la propuesta de pasar un fin de semana juntos en la hoy CDMX. Era un sábado de Diciembre, las calles de la ciudad  lucían iluminadas con adornos navideños, y ese día sería la primera noche que pasaríamos juntos.

Fuimos al bar El Oasis, yo no tenía más atención que para él, en esa noche pensé que sus ojos solo eran para mí. Yo estaba en esa etapa de enamoramiento tan común cuando conocemos a alguien que nos gusta y todo lo que hacemos, lo que vemos, lo que pensamos, sentimos, se va formando alrededor de una construcción mental propia, es decir construimos a la persona que deseamos y la idealizamos. Sólo el tiempo va poniendo cada cosa en su lugar y va rompiendo cada parte de la construcción idílica que creamos, como piezas de un cascarón que va cayendo para mostrar a la persona como realmente es, no como pensamos que era. Pero aun así, es algo fascinante de vivir, y tratas de que esos primeros momentos sean tan buenos que puedan definir toda la relación por venir.
 
Esa noche al llegar al hotel tuvimos sexo, ambos lo deseábamos, nos deseábamos, dejamos que los instintos nos guiaran, una, dos veces, dormitábamos y cuando alguien despertaba comenzaba de nuevo una vez más, para dormitar otro rato y volver a empezar, así hasta el amanecer, buscando aprovechar cada momento de la noche porque quizá esa iba a ser la primera y única noche juntos. Y quizá así fue, porque esa noche de Diciembre sólo fue un instante en la vida, y al terminar ese fin de semana cada quien volvió a su vida cotidiana, quizá desde esa ocasión ya no volvimos a vernos de la misma forma y sin embargo fue la primera de muchas noches que habríamos de pasar juntos durante años, pues finalmente nos decidimos por vivir juntos.

Segunda Noche, el final

El tiempo fue transcurriendo y como todo lo que empieza, se va construyendo poco a poco, pero no nos damos cuenta de la forma que está tomando lo que hacemos porque estamos encerrados dentro de una construcción emocional que creamos alrededor nuestro, salir fuera y ver lo que se ha hecho desde una mirada externa es algo que no se puede hacer, por lo menos no todos lo pueden hacer, requiere de objetividad y autocrítica, algo que cuando se han involucrado sentimientos no es posible de hacer, hasta que lo construido se somete al paso del tiempo y entonces puede ser que nos demos cuenta que lo construido estuvo mal desde los cimientos, que las premisas iniciales que se asumieron como válidas estaban equivocadas, y el tiempo comienza a fragmentar todo lo hecho, y se va derrumbando sin darnos cuenta, se va cayendo a pedazos hasta no quedar nada más que el polvo de los recuerdos de todo lo que alguna vez fue.

Con el paso del tiempo fui entendiendo muchos de los comportamientos de él, creo que casi desde el principio cada uno sabía lo que podía esperar de una relación, pero no lo hablamos nunca, lo dejamos sobre entendido, y optamos por ver lo que sí teníamos en común. Ambos cometimos errores, debo reconocer que mi carácter a veces no es muy agradable y tengo la tendencia a complicar mucho las cosas, lo es y lo entiendo ahora. En lo emocional, parecía que nos apoyábamos, pero lo que pasaba en momentos claves de nuestras propias vidas debía bastar para darnos cuenta que no era así, había un apoyo limitado, a veces incluso menos que el apoyo que puede ofrecer alguien con quien se tiene una simple amistad.

En el terreno de lo sexual al principio solo fuimos pareja cerrada y con el tiempo comenzamos a frecuentar clubes de encuentro, al principio solo teníamos sexo entre nosotros y cuando comenzamos a abrir la relación fuimos haciéndolo poco a poco. Acordamos poner ciertas reglas al relacionarnos con otros, pero en esencia decidimos tener cuidado y no involucrarnos románticamente con las personas con las que teníamos sexo, lo sé, es complicado, pero solo quienes han tenido una experiencia de vida parecida lo entenderán. En todo caso, es motivo de una historia aparte. Cuando las diferencias personales comenzaron a pesar más en nuestras vidas, una relación abierta fue el medio de escape de la propia relación, era la forma que encontramos de cubrir las fracturas de una relación en la que cada quien creía cada vez menos y que se sostenía por algunas ventajas que representaba cohabitar una casa. Todos quienes nos conocieron en aquél tiempo nos miraban como un ejemplo de pareja, la relación abierta era vista como señal de madurez, sólo nosotros sabíamos lo que pasaba en realidad, cada vez más separados, cada vez más individuales, y lo que comenzó con un distanciamiento fue dando paso a un rechazo del otro, y a una indiferencia de lo que hiciera sexualmente, finalmente habían sido años de discutir las diferencias sin ningún resultado que al final ya no importaba hablar.

Sabemos cuándo algo esta iniciando, pero no sabemos cuándo es el final de eso, y a veces prolongamos indefinidamente algo que en realidad ya está roto, y un día te das cuenta que esa noche que pasaste con él en realidad fue la última noche que estuvieron juntos. Esa noche fue en Huatulco, un viaje de una semana donde cada noche fue igual a la otra. No, en ninguna de esas noches hubo sexo. Al llegar al cuarto del hotel cada noche después del bar, algo alcoholizados, nos esperaban dos camas, en muda invitación a ocupar cada quien una de ellas. Pero la costumbre nos hacía compartir la misma cama, ya sin sexo. El abrazo era  en realidad una cortesía que estaba de más, el brazo sobre el cuerpo del otro pero sin acercar el cuerpo, sólo descansando la mano en el otro sin que ninguna otra parte del cuerpo se tocara. No había erecciones al ver el cuerpo desnudo del otro al lado, el refugio era el sueño profundo desde donde cada uno se fugaba a otros mundos, a otros cuerpos, de vez en cuando alguno se despertaba y se daba cuenta que la distancia entre ambos cuerpos era mayor, cada uno se evitaba, en extremos de la amplia cama. Y lo que pasaba en Huatulco era lo que había pasado los últimos años en casa. El cliché de estar solos aunque estuviéramos juntos era cierto.

No éramos dos desconocidos que dormían juntos, al contrario, porque cuando dos desconocidos se encuentran para pasar una noche juntos hacen todo para que esa noche dure lo más posible, tratan de descubrir la esencia del otro, de su cuerpo, de su piel, de sus besos y caricias, se involucran los sentidos, se captura el sonido de su voz, el sabor de sus labios, el olor de su cuerpo, las formas, los tiempos, pero esta vez éramos dos conocidos, y quizá nos conocíamos de más, y lo que habíamos conocido a lo largo de años ya no resultaba agradable, la forma de ser de cada uno había hecho que el rechazo permeara a lo físico, y así como había silencios prolongados en casa, la cama del hotel también enmudecía, cada uno buscaba el sueño que da el alcohol para evadir la realidad. Cada noche en Huatulco fue el final de todo, sin hablarlo, sin decirlo.

¿Y si sólo llegamos juntos hasta la marcha? Por mí está bien… Tres meses después se había terminado todo, pero el proceso fue muy doloroso creo que para ambos, pero al final creo que cada uno se dio cuenta que podía volver a tener algo que ninguno había permitido en el otro, tener libertad de hacer lo que cada quien quisiera, sin las ataduras de las obligaciones que representaba una vida común. Quizá no se trata de que los dos cambiamos, se trata de que cada quien regresó a sí mismo, a ser lo que era, a tener nuevamente sueños propios, proyectos individuales que estando en pareja eran incompatibles. Y entonces, al poner la cabeza en la almohada sin nadie más al lado se pudo tener la libertad de volver a soñar.



Por: Martín Soloman

11 de julio de 2018

Rogelio



¿Cuántas veces es posible enamorarse? ¿Cuánto tiempo es suficiente para saber que uno se ha enamorado, una noche, un día, una vida? A veces hay encuentros que quedan en el recuerdo para toda la vida, y ahí radica su encanto, lo especial, lo inolvidable, a veces conoces a alguien y ese alguien es especial, muy especial, y puede ser que crucen una mirada, una sola mirada que ninguno quiere cortar, y en ese breve espacio de tiempo que dura el siguiente pestañeo se han dicho tantas cosas con los ojos, un me gustas, me atraes, me gustaría hablarte, no me rechaces, quiero saber más de ti, quiero desnudarte, quiero conocerte, y esperas que las respuestas estén en la mirada del otro que tampoco quiere dejar de verte, y entonces le sonríes esperando una respuesta favorable, y lo que pase después habrá de ser incierto, puede ser que dure toda una vida en el lapso de un día, y lo que haya pasado puede permanecer ahí en los recuerdos más vivos la vida restante.

Fue hace muchos años, yo era muy joven, tenía poco de haber terminado la Universidad y tenía mi primer trabajo en provincia, era el inicio de la década de los noventas y no conocía gran cosa de muchas cosas, me faltaba experiencia de vida y tenía poco que me había abierto a explorar mi sexualidad con hombres, de alguna manera el estar en provincia me hacía conocer el mundo homosexual de una forma diferente a como es hoy, era muy limitada, muy cerrada. Las pocas personas que había conocido hasta entonces eran casados, los homosexuales declarados eran muy obvios, los casados en cambio estaban acostumbrados a mostrar masculinidad y eso me gustaba. Tenía quizá un par de años en el trabajo cuando cierto día me enviaron a tomar un curso de capacitación al entonces DF, era de una semana, de lunes a viernes, el hotel donde nos quedábamos los compañeros era bastante céntrico. Yo no conocía todos los lugares que la ciudad tenía para los homosexuales, bares, vapores, cantinas, cines. No había smarphones para contactar a alguien, la información era impresa y escasa.

El primer día de curso transcurrió sin nada más que hacer, el curso terminaba a eso de las 6 de la tarde y el resto del tiempo era libre. El segundo día, un martes, decidí salir a caminar después del curso, encontré un cine porno (el cual hoy día ya no existe), en aquel tiempo yo no sabía todo lo que pasaba al interior, parecía ser un lugar aburrido donde los oficinistas iban a pasar un rato después de trabajar, un lugar más bien para gente mayor, el cine era muy amplio, la gente poca. Mientras me acostumbraba a la oscuridad del lugar vi a un tipo recargado en la pared de la entrada, parecía mirar la pantalla, pero su mirada buscaba algo. Me llamó la atención la forma en la que iba vestido, poco común para una ciudad, parecía alguien foráneo, pantalón de mezclilla, camisa a cuadros de mangas largas y arremangadas, botas norteñas, un cinturón ancho.

Me quedé a cierta distancia de él, me miró y pude apreciar más detalles, era más alto que yo, tendría quizá unos 45 años, un cuerpo firme, rollizo, la frente amplia, usaba bigote y su pelo era medio quebrado, canoso en las sienes, era de esos hombres que encanecen muy rápido pero que les queda muy bien las canas porque el resto de su rostro y cuerpo lucen más jóvenes, era atractivo, piel morena, tenía la camisa desabotonada del pecho de donde sobresalía un fino vello rizado. Me gustó, me quedé observándolo, él también me miraba, supongo también me estaba evaluando, al poco tiempo se veía que de vez en cuando pasaba alguien del mismo cine con una lamparita en la mano que alumbraba a los asistentes, cuidando no hicieran algo. Entonces esta persona comenzó a caminar hacia la salida del cine, de vez en cuando me volteaba a ver, entendí que quería que lo sugiera fuera del cine, salí después que él, media cuadra más adelante me esperaba recargado sobre un poste, lo vi de espaldas, me gustó cómo le quedaba el pantalón, ajustado muy bien a un trasero firme y bien formado.

Al verme cada vez más cerca, me sonrió, y entonces descubrí que era poseedor de una hermosa sonrisa, era amplia, fresca, sincera, se le dibujaban un par de hoyuelos a los lados, me dio confianza y lo saludé de mano. Me dijo que había preferido salir del cine para platicar mejor. Me propuso ir a un bar a tomar una cerveza, a pesar de parecer foráneo se desenvolvía muy bien en la ciudad, la conocía. Era un martes, me llevó a un bar gay el cual estaba prácticamente vacío, pero no nos importaba, podíamos platicar bien, sin el ruido estridente que hay en fin de semana. Me gustó su forma de andar, lento pero firme, como alguien que no tiene prisa y sabe a dónde va. Tenía la forma de hablar típica de la gente del norte. Supe que era de Zacatecas, que había venido al DF a visitar a sus hermanos que habían estudiado aquí y se habían quedado a hacer su vida en la ciudad, me contó que él no quiso estudiar y que prefirió la vida del pueblo. Miré sus manos, eran anchas, fuertes, su piel estaba tostada por el sol, su cuerpo estaba macizo por el trabajo. Le conté de mí, me sentí como un provinciano perdido en la ciudad, sin experiencia, sin mayor atractivo más que el ser muy joven. Al poco rato ambos reíamos de lo que platicábamos, me pareció una persona sencilla, después de algunas cervezas recuerdo que estaba de moda la música de Michael Jackson y que yo lo saqué a bailar, pero él me dijo que no sabía bailar eso, así que bailamos abrazados como si lo que estuvieran tocando fuera música norteña, resultaba muy curioso pero no nos importó, no había nadie más en el bar, nosotros bailábamos abrazados y sintiendo nuestros cuerpos, sus formas, su calidez, nuestras caras se rozaban, nos dimos un beso.

Me dijo que tenía que volver con una hermana que es con quien se estaba quedando, que no le había avisado porque en realidad pensaba volver temprano, así que quedamos en vernos al día siguiente, le dije en qué hotel me estaba quedando y le dije que preguntara por mí en recepción, él tomó nota, pagamos las pocas cervezas consumidas y salimos a la noche. Ambos tomamos caminos distintos, yo me fui al hotel con la duda de si al día siguiente lo volvería a ver. Él me había dicho que al día siguiente avisaría a su hermana que no llegaría y que se quedaría toda la noche conmigo. No sabía si lo haría, no tenía más datos de él, más que el nombre que me había dado, Rogelio, quizá nunca nos volveríamos a ver, como suele pasar en el medio, inventa un nombre falso, inventa un número de teléfono, no lo vuelvas a ver nunca y sigue tu camino buscando una oferta mejor. Al día siguiente mientras tomaba el curso del trabajo no dejaba de pensar en él y miraba mi reloj esperando fueran las 6 pm para regresar al hotel, lo esperaba a las 7 pm, me dirigí a mi habitación mientras escuchaba el tic tac del reloj avanzando lentamente.

Suena el teléfono de la habitación, me indican de recepción que alguien me está buscando. Me levanto rápidamente y bajo al lobby. Ahí está Rogelio, me espera sentado en un sillón mientras hojea un periódico, al verme lo deja a un lado y me sonríe con esa sonrisa que ahora ya conozco tan bien, unos labios carnosos enmarcados por un bigote amplio, el par de hoyuelos en las mejillas, va vestido muy parecido al día anterior, mezclilla deslavada, camisa a cuadros. Lo saludo de mano y le digo que me acompañe a mi habitación. Al cerrar la puerta ambos nos quedamos sin saber exactamente qué hacer. Como dije, en ese momento de mi vida recién comenzaba a explorar mi sexualidad con otros hombres, y realmente no sabía bien qué hacer. Rogelio por su parte y a pesar de ser mayor que yo, parecía esperar a que yo tomara la iniciativa. Se sentó en la cama y luego se recostó, con los brazos hacia arriba, lo seguí y me recosté a su lado. Lo besé, sentí su aliento y probé su sabor, y ahí supe cómo saben los labios de alguien que te atrae, y cómo cada persona tiene un sabor muy personal, propio. Le fui desabotonando la camisa, sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo hasta llegar a mi bragueta, yo estaba lubricando, él me abrió el zipper y puso sus labios en mi miembro.

En eso tocaron la puerta, rápidamente me incorporé y pregunté quién era. Mis compañeros del curso habían pasado por mi para ir a cenar, les dije que lo haría más tarde y se fueron. Decidimos que quizá lo mejor era salir a caminar. Nos acomodamos la ropa y fuimos a cenar a un lugar cercano, luego fuimos a comprar cervezas y buscamos otro hotel donde no tuviéramos interrupciones. Esa noche se entregó a mi de una forma que no sabía que podía darse, hasta ese momento mis encuentros sexuales habían sido muy simples, muy básicos, es decir, iban directamente al sexo sin más preámbulos. Pero con Rogelio esto no pasó así, tal y como era su forma de caminar sin prisas, también lo era su forma de entregarse, desde el ir desnudándonos lentamente para ir descubriendo poco a poco la desnudez de los cuerpos, hasta ir acariciando cada parte, cada tramo de piel, me iba llevando con sus labios muy cerca del orgasmo y se detenía, hasta que me indicó que lo penetrara, y fue algo explosivo, era involucrar todos los sentidos, el sudor nos cubría.

Y tal como me lo había dicho, esa noche se quedó conmigo, dormimos juntos, abrazados. Era una de esas noches en que tratas de atrapar todos los recuerdos, todos los detalles, todas las sensaciones, porque no tienes certeza del mañana, de lo que pasará, de si nos volveríamos a ver. Ambos estábamos en la ciudad por diferentes circunstancias, ambos vivíamos muy lejos, de todo ello éramos conscientes y preferíamos no hablarlo, sólo nuestras manos en la oscuridad del cuarto de hotel trataban de asir algo que agonizaba conforme la noche avanzaba. Ya amanecía y yo debía regresar para continuar con mi curso, Rogelio había de regresar con su hermana. Ambos nos vestimos en silencio y salimos del hotel. Nos quedamos parados en la calle un instante, uno frente al otro, sin saber qué decirnos, sin querer despedirnos. Pero debimos de hacerlo, había tantas cosas que decir pero ninguna tenía futuro, sólo nos despedimos de mano, tal como nos habíamos conocido, le dije que esa noche aún estaría yo en la ciudad, que me buscara en el hotel al anochecer, el me miró con una sonrisa y me dijo “quizás vaya”...

No intercambiamos teléfonos, no había forma de localizarnos, ambos sabíamos que lo que había pasado quedaría ahí, que no había un futuro que nos esperara, pero a veces uno no entiende de razones, de lógica, sólo se deja llevar, y termina construyendo una ilusión, con los trozos de los recuerdos que quedaron de un par de noches. Ese día al salir del curso, corrí al hotel y esperé su llamada en vano. Nunca volví a verlo. Al día siguiente el curso terminaba y yo había de regresar a mi lugar de origen. Pero el recuerdo de Rogelio, de cómo lo conocí, de cómo nos amamos en esa noche, sigue estando presente en mis recuerdos, donde está con su amplia sonrisa, atrapado en un instante del tiempo que no transcurre, que no envejece, que no se marchita.

Epílogo

Ese viernes de mañana sonó el teléfono de mi habitación, por un momento pensé era la alarma, medio dormido descolgué, me dijeron de recepción que tenía una llamada, accedí a tomarla, era Rogelio, se disculpaba por no haber venido la noche anterior, pero también se disculpaba por haber omitido un detalle conmigo, que me lo diría y entonces yo entendería, él era casado…

Por: Martín Soloman