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17 de junio de 2015

En gustos se rompen géneros

¿Cómo reaccionan cuando alguien que les gusta los rechaza? Las primeras veces que me paso a mí, me resultaba muy desagradable y pensaba que tal vez no era tan atractivo como creía, pero con el tiempo comencé a tomar esos rechazos de mejor forma y aprendí a respetar el no de los demás. Pero antes de eso tuve un largo aprendizaje, pues un amigo me dio el consejo "no te preocupes si alguien te rechaza una o dos veces, en algún momento caerá, solo se paciente". Con el consejo de mi amigo, creí que quienes me gustaban, en algún momento cederían y que era solo cuestión de tiempo. Durante años mantuve esa idea que me dio mi amigo, pero la realidad me dio una valiosa lección y tuve que cambiar mi mentalidad. Hoy veo las cosas de diferente forma.

En cierta ocasión, mientras me encontraba en un vapor, mi mirada se centró en un hombre maduro muy atractivo, de piel morena, tenía un cuerpo muy bien formado, seguramente en un gimnasio y lo mejor, lo que tenía en la entrepierna se veía de muy buen tamaño. Lo notaba porque cuando el pareo que utilizaba se mojaba se le marcaba el pene. Dos veces me le acerque y trate de tocarlo, pero él no mostro ningún interés y mejor se cambiaba de lugar, tuve que darme cuenta que yo no era de su agrado, pero no entendía porque, yo aunque más joven que él, si me veo masculino y atractivo (lo sé porque otros me mostraban interés y yo los ignoraba por seguirlo a él) y a mí me gustan los hombres con aspecto masculino como él. Desde mi lógica, éramos el uno para el otro, pues tontamente supuse que el también gustaba de lo mismo. Pero siguiendo el consejo de mi amigo, lo seguí cuando vi que salió del vapor  a un área en la que podía yo fumar, él parecía distraído, yo lo observaba de reojo y saqué un cigarro.

Cuando noto que estaba cerca, primero me observo y finalmente se me acercó y me pidió un cigarro, se lo di y se puso a fumar sin decirme nada, entonces me le acerqué y le dije que él me gustaba pero que notaba que yo no era de su agrado y que respetaba eso. Él me miró y asintió con la cabeza, me dijo que no me sintiera mal, que seguramente yo era el tipo de gente que a muchos les gustaría, pero que a él le gustaban jóvenes, muy jóvenes. Seguramente puse cara de sorpresa porque me dijo “no pienses mal, no me gustan menores de edad, pero si quienes tienen unos 20 años”. En aquel tiempo yo tenía 28 años, pero me había dejado crecer el bigote y eso seguramente me hacía ver mayor, además usaba siempre un corte de casquete y por lo cual a veces me preguntaban si era yo militar.

Me sentí intrigado y quise saber más de cómo era los que le gustaban, me dijo que le gustaba sentir la lozanía de un rostro joven, sentir la firmeza de un cuerpo delgado y que le excitaba mucho cuando los cogía, de alguna forma le atraían los culos apretados, quizá pensaría que se los cogía por primera vez, no me lo dijo pero eso pensé, le gustaba hacerlos gritar, me decía que tenía la verga gruesa y que muchos no se la aguantaban, pero que le gustaba cogerlos y que le pidieran que parara pero él no los dejaba que se zafaran y los seguía cogiendo. Eso me causó curiosidad, sin pensarlo estaba platicando bien con él y trataba de entenderlo, desde mi perspectiva a mí me gustaban los hombres maduros porque eso lo asociaba yo con una imagen de masculinidad, me parecía que un hombre maduro tenía muy marcadas las características sexuales masculinas, el tipo de rostro, de cuerpo, incluso las características de sus vergas, eran diferentes, y pensaba que todos los homosexuales buscaban las características masculinas en el otro, pero no era así.

Entonces me contó más de cómo le gustaban. Hizo mucho énfasis en el detalle de la nariz, eso era lo que más le gustaba en un joven, su tipo de nariz, no le gustaba que tuvieran una nariz ancha, él decía que su nariz era lo que le llamaba mucho la atención de los jóvenes, que esa característica en un maduro ya se perdía, mientras me volteaba a ver. En eso pasó un chavillo, tendría no más de unos 20 años, apagó su cigarro y se fue al interior del vapor sin decirme nada. Pero lo que me llamó la atención es que el jovencito que seguía, tenía características andróginas, un tipo de cara que con un poco de maquillaje podría haber pasado por una mujer, el cuerpo era muy delgado, cadera ancha, pelo a la moda y un caminar típico como si apretara la cola al caminar. No podía creerlo, él era un hombre maduro muy varonil y le gustaba un joven andrógino. Los seguí con la mirada a distancia dentro del vapor y pude ver cómo el joven le mamaba la verga al señor. Me acerqué un poco más y pude oír cómo el chavillo le preguntaba: “¿te gusta cómo te la mamo papi?”. El señor solo asentía con la cabeza hasta que eyaculó, mientras lo observaba pude notar el inmenso placer que le provocaba el joven y después los mire intercambiar números telefónicos, seguramente para verse en otra ocasión.

Me retire decepcionado a fumar otro cigarro y poco después llego de nuevo el Sr. y me pidió otro cigarro. Mientras fumaba me dijo “está muy bonito ese chamaco”. Yo no le dije nada, entonces él me contó que hacía algún tiempo conoció en ese vapor a otro chavillo, que era sastre, tenía apenas 18 años y él era mayor por 20 años, me decía que era muy guapo, que tenía un parecido a Marco Leonardi, un italiano que protagonizo  la película “Como agua para chocolate”. Me contó que el chavillo se dedicaba también a sexoservidor, que cobraba muy bien, entre 700 y 1000 pesos el servicio y que él le preguntó si también le iba a cobrar eso, pero que le respondió: “No mi rey, tú me gustas mucho y además tienes buena verga, quisiera me la metieras, pero ya es tarde y tengo que llegar a mi casa, mejor nos vemos otro día si gustas”. El señor se emocionó y le contestó que si ¿Cuándo?, él le dijo: “cuando gustes…”. Lo siguió a la calle con la intención de saber de él pero en eso paso un taxi, que al parecer ya había quedado con el chofer para hacerle un servicio a domicilio, ya no le dijo nada y se fue.

El señor maduro me siguió contando: “no me dejó número de teléfono ni dirección alguna, por lo que pensé que tendría que venir a buscarlo al vapor, que de seguro regresaría. Pasaron unos dos meses sin verlo, casi lo había olvidado cuando una mañana al levantarme y salir de mi casa, vi que el local de enfrente ya estaba rotulado “Sastrería El mejor”. Al llegar en la tarde a mi casa, vi que estaba abierto el lugar, por curiosidad me acerque a preguntar el costo de hechura de los pantalones, el joven que atendía me dijo; “espere le llamare al dueño” escuche que le nombro “Marco, ven”, para mi sorpresa era él, el chavillo del vapor. Lo salude como si fuese la primera vez que lo veía, él solo me dijo: si gusta venga mañana para que vea los cortes que tengo y elija el que le guste, le doy precio, le dije ok está bien, de todos modos vivo acá enfrente, gracias. Al día siguiente solo cruce la calle y me dirigí al local, ahí estaba él solo y me dijo: que gusto, ¿pero usted está casado, y tiene hijos o no?. Respondí que sí, pero que no había problema para verme con él, si quería. Ese día no fui a trabajar y me dijo: solo espero que  llegue mi ayudante y nos vamos por ahí a dar la vuelta. Estuve ansioso de que se llegara el momento y no paso ni una hora cuando me asome y solo me guiño un ojo y me hizo señas que nos veíamos en la esquina, me subí a mi auto y lo espere a la vuelta de la esquina, iba tan nervioso de pensar que mi esposa se diera cuenta que este joven se subiera al auto, pero no me importó, y al hacerlo no aguantamos las ganas de besarnos rápidamente y nos arrancamos para irnos a un motel fuera de la ciudad, esa primera ocasión yo pague el motel, nos dimos un baño y empezamos a fajar rico, tenía un culito muy sabroso, lampiño y muy paradito, era un experto en mamar vergas, levanto las piernas y me dijo: penétrame fuerte papi, quiero sentir toda tu vergota dentro de mí. Yo estaba extasiado, lo cogí de muchas maneras, la última fue en cuatro, ya no aguante más y derrame mi semen en su culito, no llevábamos condón, me extraño que le gustara coger así, él se dedicaba a eso y le pregunte: ¿siempre lo haces así? A lo que me contesto: solo lo hago así con casados, me gustan mayores como tú mi rey, pero la diferencia es que ellos me pagan y a ti nunca te cobrare, me gustas mucho y sé que estamos cerca, así que cuando gustes solo me haces señas y yo te sigo. Empezamos una vez más, estábamos tan calientes que ni nos bañarnos, solo cuando entre a orinar , me lave bien la verga para que me la mamara de nuevo, después de un rato de mamarme la verga lo penetre nuevamente de perrito, algo no me gusto, al remover el atole me llego un olor desagradable y le dije: sabes, entra al baño y date un lavado de culo mejor para seguir, entro al baño y al salir me dijo: ya tardamos mucho tiempo y tengo que ir a entregar unos pantalones, vámonos y otro día regresamos, le dije , está bien chiquillo.”

“Así estuvimos unos meses, delante de mi esposa e hijos le hablaba al sastre porque me había hecho unos pantalones, ya había una amistad, pero mi esposa y su familia sabían que el chavo era gay y hasta decían que era un prostituto, que tenía fama porque era de los jovencitos y guapos, siempre fuimos muy discretos para salir. Un día vi que la sastrería ya no la abrían, él había desaparecido. Tiempo después al caminar por una de las calles de la ciudad encontré de nuevo su sastrería, entré y le pregunte por qué no me había dicho nada de que se iba a cambiar, él solo me respondió: lo siento, me estaba enamorando de ti, y no podía verte junto a tu mujer e hijos, quería gritar a los cuatro vientos que tú eras mío, pero por respeto a tu mujer y tus hijos y evitar que tuvieras problemas, me aleje, además tú sabes que me dedico a sexoservidor y pues mejor ahí la dejamos, lo siento mi amor…”

El cigarro se acabó, me pidió otro pero ya no tenía, me dio las gracias y se fue. No sé si no se daba cuenta de cómo eran los jóvenes que le gustaban, pero por las palabras que uso del sastre, éste seguramente era como el joven que acaba de mamarle la verga, un joven andrógino, para mi gusto muy afeminado, tanto en su físico como en su forma de ser; en cambio este señor era muy varonil. Yo me había propuesto proyectar una imagen masculina, pensé era la forma de atraer a otros hombres varoniles, pero ese día con ese señor aprendí que eso no siempre es lo que los demás quieren, entonces comprendí la frase “en gustos se rompen géneros”, a veces habrá hombres homosexuales muy masculinos que buscaran a otros que no lo son, que son… pues… afeminados o incluso que se visten de mujer. También aprendí que muchas veces encontraré gente que me rechace cuando trate de conquistarla, y que aun cuando me gusten mucho jamás me harán caso, su NO, siempre será un NO, las razones no importan, uno no puede ser lo que el otro desea, simplemente no soy su tipo y no tiene caso preguntar más. Finalmente en eso consiste la diversidad, lo demás son estereotipos con los que algunos nos vamos con la finta.




11 de junio de 2015

El entrenador de mi prepa

¿Cómo fue su primera vez? Esa es una pregunta obligada en una charla de café o en una peda con tus amigos. Generalmente escuchamos que todos tuvieron un hermoso inicio, muy romántico, donde su primo o su mejor amigo les puso la cogida de su vida. Pero la realidad casi siempre es otra, a veces es más dura de lo que la mayoría admite. Siendo adolescente y siendo aún muy inexperto, cualquiera desea que la primera vez sea algo especial, único, algo que recordemos por siempre (también hemos sido muy influenciados por la tv y el cine). Y la realidad es que sí recordamos ese acontecimiento, aunque no siempre por ser la mejor experiencia, así que optamos por arreglar la historia para que sea lo más romántica, que se pueda. Les contare la mía, sin adornos.

Mi historia ocurrió cuando yo asistía a la preparatoria. Yo era un chico tímido y reservado, nada popular, la verdad es que tampoco era muy estudioso, y se me dificultaba hacer amistades. Una razón era que no quería descubrieran mi homosexualidad y otra que no me sentía atractivo, por ello me mantenía un tanto distante. No sé bien cómo se dio, solo recuerdo que comencé a sentir un raro interés en los compañeros de mi mismo sexo, me comenzaban a llamar la atención sus gestos, su actitud y claro, también me gustaban sus cuerpos, al principio era como admiración, después fue por el gusto de verlos. Tenía compañeros muy atractivos pero también muy gandallas, uno de ellos con sólo verlo se me paraba el corazón, mi mente estaba confundida y después de darle rienda suelta a los pensamientos placenteros de pronto pensaba que lo que hacía estaba mal y trataba de alejar esos pensamientos de mi cabeza pero no tenía éxito, y recuerdo que en mi cabeza pasaba una y otra vez ese pensamiento de: "No está bien", "esto está mal", etcétera.

Pero entonces ocurrió algo que le dio un giro a mi vida. Durante un buen rato había estado saliendo a correr por las mañanas y consideraba que tenía buena resistencia, así que decidí integrarme al equipo de fútbol, aunque no era fan de ese deporte, decidí comenzar a cambiar mi vida, quería amigos y creí que la mejor manera de hacerlo era integrándome al  equipo, el ejercicio físico me hacía sentir bien y también descubrí que los chicos más atractivos eran parte del equipo. Cuando conocí al entrenador de la escuela quede impresionado, era un tipo alto, moreno claro, de un cuerpo excelente y muy varonil, lo mejor de todo es que era muy buena onda, siempre muy amable con todos. Me decidí a hablar con él para que me dejara entrenar como reserva y para mi sorpresa me acepto, mis compañeros entrenaban mientras yo intentaba seguirles el paso, hubiera yo desistido pero el entrenador siempre se acercaba y me decía “ánimo, sé que puedes” y pues cuando me decía eso yo le echaba muchas ganas y después él llegaba y me abrazaba muy fuerte y me decía: “¿ya ves? te dije que podías”. Esos momentos eran mágicos para mí pues él pegaba su asombroso cuerpo al mío y me abrazaba dejando su aroma impregnado en mí. Los entrenamientos siguieron y con tal de verlo me quedaba a veces hasta ya muy tarde, incluso hasta cuando ya habían pasado los entrenamientos, sólo para poder estar un poco más con él. Al pasar del tiempo nos tomamos confianza y nos llevamos cada vez mejor. Muy dentro de mí sabía que él me gustaba mucho y tontamente me comencé a enamorar de él.

Un día en la escuela hubo una tardeada, yo salí terminado el evento y no sabía que él estaría ahí. Lo vi hasta que salí, él vestía con una playera de licra y unos jeans ajustados dejando ver su hermoso cuerpo. Parecía estarme esperando ya que al verme su cara se iluminó y se acercó a mí y me abrazó. Olía riquísimo, usaba una loción que aún hoy recuerdo, cuando me abrazó estuve a punto de decirle que me gustaba mucho, pero tenía que contenerme. Él me pregunto “¿Que harás?” a lo que yo respondí: “Pues irme a mi casa” y él me dijo: “Pues te llevo, ya es tarde”. Accedí y nos subimos en su carro. Él vivía cerca de la preparatoria y en el camino me dijo que si antes pasábamos a su casa, mi corazón latía con fuerza y le dije que sí. Llegamos a su casa, entramos y yo sentía un gran impulso por decirle lo que sentía hacia él y lo que me estaba matando por dentro, cuando inesperadamente él llegó por detrás, me abrazó por la cintura y me dijo: “Erick, me gustas mucho…”. Yo quede muy sorprendido y más porque yo no me esperaba tal cosa, no supe qué decir, solamente me di la vuelta y lo besé, él respondió y fue así como empecé a tocar su hermoso cuerpo y claro, también su verga. Tenía una verga muy larga y gruesa, su ropa interior estaba muy mojada por todo el lubricante que le salía de su hermoso miembro. Esa noche no regresé a mi casa, hablé para decirles que me iba a quedar con unos compañeros de la tardeada. Fue mi primera vez.

El entrenador fue el primer hombre en mi vida con el que pasé de la fantasía a la realidad, no sé si fui torpe, solo me dejé llevar por él. Recuerdo que tardó mucho en penetrarme, aunque primero me dio el más rico beso negro que me han dado en toda mi vida. Cuando ya estaba un poco más dilatado él comenzó a empujar su miembro poco a poco, fue el dolor más excitante de mi vida, sentí todo su miembro dentro de mí y mi cuerpo estaba al mil, no dejaba de sentir centímetro a centímetro el placer que él me provocaba. Cuando ya estaba cogiéndome me dijo al oído: “Desde la primera vez que te vi me gustaste mucho y me gustaste más porque tienes unas nalgas y unas piernas riquísimas y siempre quise tocarte pero no sabía cómo reaccionarias”. Me calentaron tantas esas palabras que no me importó el dolor que sentía pues era la primera vez que alguien me penetraba. Me entregue al ciento por ciento a él, era el hombre que amaba, hasta que los dos no pudimos más. Él término dentro de mi dejándome repleto de semen, cansados nos quedamos dormidos. Pasado eso yo me sentía genial porque la persona de la cual estaba enamorado sentía lo mismo por mí, eso había sido una entrega por amor, no solo el acto sexual, era una entrega por amor. Al menos eso suponía…

El tiempo pasó y nos seguimos frecuentando y teniendo nuestros encuentros pero yo quería tener una relación formal de noviazgo, él no quería, daba mil pretextos, yo insistí hasta que él me dijo que me quería pero que no podíamos tener nada formal puesto que él era mi maestro y yo su alumno a lo que yo muy enojado respondí: “¡Eso no dijiste cuando me cogías!”. Él no supo que decirme, ese día me salí llorando de su casa, ya no tuvimos sexo, me sentí engañado. Con el paso de los días decidí comenzar a alejarme de él. Además ya casi sería mi graduación. También deje de ir a entrenar y trataba de no verlo para nada. Él me buscaba y yo hacía de cuenta que él no existía aunque por dentro sintiera morir de ganas por abrazarlo. Un día, caminando por el centro, lo vi. Iba con una chava tomados de la mano. Fue ahí cuando entendí que yo sólo había sido su entretenimiento. Sentí que algo dentro de mí se moría, camine sin rumbo y termine llorando en la banca en un parque. Todo lo que había imaginado había sido una mentira, no había amor, solo me había usado. A esa edad yo era muy inexperto y tontamente creía que un hombre homosexual adulto podría interesarse en mi para algo más que unos acostones.

Llegó el día de mi graduación y ahí estaba él. Desde el día que lo vi con la chava no había vuelto a verlo hasta ese día. Terminada la ceremonia él se acercó y me dijo: “Erick, tenemos que hablar”. Accedí y le dije: “adelante, te escucho”. Él me dijo: “Bueno, antes que nada quiero que sepas que te quiero mucho y que jamás fue mi intención dañarte o hacerte sentir mal y quiero que sepas que te quiero seguir viendo y quiero que estés a mi lado, quiero que seas mío, que seas mi novio”. Eso era lo que yo le había pedido, y ahora me lo estaba ofreciendo, hubiera aceptado si es que no lo hubiese visto antes con aquella chava, él me estaba volviendo a mentir. Yo solo le sonreí con tristeza y le contesté diciéndole que lo había visto con una chava, cosa que negó y eso me dio más coraje. Entonces lo abrace y le dije: “se acabó…”. Él se quedó parado y yo me aleje a donde estaban mis amigos sin voltear a verlo. El tiempo ha pasado y ya no soy el mismo chico inexperto y aunque ya nunca lo volví a ver, siempre llevo muy presente a mi profesor de educación física, quien fue el que me enseñó a amar y también quien rompió por primera vez mi corazón.

Relato enviado por “Papi piernudo”, él sabrá quién es…

 

3 de junio de 2015

El placer de mirar

Ustedes dos proyectan una imagen muy fuerte, son una pareja de hombres maduros con diferencias que al unirse los hace ver con mucha carga sexual, por lo menos para mí son así, siempre que veo sus fotos donde están abrazados pone a volar mi imaginación, uno moreno, otro blanco, desnudos entre las sábanas blancas, insinuando lo que va a pasar. Sé que posiblemente yo no sea de su gusto, pero solo quiero verlos, si quieren yo les puedo tomar las fotos que gusten, si quieren que les tome un vídeo con su cámara me dicen, solo quiero ver cómo son en su intimidad, cómo lo hacen, siempre me ha gustado ver cómo las parejas como ustedes lo hacen, no tanto el participar, ustedes pueden hacer como que yo no estoy ahí, ni siquiera hago ruido, mi gusto es verlos hacerlo, soy una persona discreta, ya me conocerán. Muchas veces me han dicho que solo soy un calienta huevos, pero no es eso, es solo que a mí lo que más me gusta es ver, sé muy bien que la mayoría desearía hacer un trío con ustedes, pero mi placer está en mirar, hay una palabra que define ese comportamiento sexual y seguramente la conocen, eso es algo que muchos me han preguntado, les contaré cómo es que llegué a ser lo que ahora soy y el por qué de que me guste tanto mirar.

Desde muy pequeño viví en casa de mis abuelos, incluso yo creía que mis abuelos eran mis padres, pero de vez en cuando aparecía en casa una pareja de jóvenes que me decían hijo, ellos siempre llevaban regalos para todos, mis tíos y mis abuelos se ponían felices y durante una semana o dos había fiesta en casa hasta que ellos de nuevo se iban. Esa pareja de jóvenes eran mis padres, aun los recuerdo, mi papá tenía cabello muy negro con una barba tupida con la cual me hacía cosquillas en mi pancita de niño, también tenía unos ojos que me gustaban mucho, mi madre por otro lado era muy morena, más que mi padre y tenía una voz que siempre se quebraba cuando me tenía a su lado. Parecía que en vez de alegrarse al verme, se pusiera triste. Nunca entendí porque si eran mis padres me habían dejado al cuidado de mis abuelos. Cuando se iban, yo no podía controlar mi llanto, de pronto un día amanecía y ya no estaban, mi tía se iba a jugar conmigo y así me consolaba poco a poco, con la idea de que volverían de nuevo.

Yo crecí con mis tíos menores, hermanos de mi padre, como si fuesen mis hermanos, el más pequeño, era 5 años mayor que yo y se convirtió en mi peor enemigo, comenzamos a pelear todo el tiempo por cualquier cosa y aunque mi tía me defendía de él, yo comencé a sentirme rechazado, creía que en casa le daban preferencia a él, yo siempre era el culpable de los pleitos que teníamos y mi abuelo cuando estaba ebrio siempre decía cosas desagradables de mis padres y de mí. Eso ocurrió porque de pronto mis padres dejaron de ir a casa, yo calculaba que más o menos cada medio año nos visitaban, pero eso cambio y pasaron como tres años y mis padres ya no volvieron. Comencé a interrogar a todos en casa, sobre por qué no regresaban mis padres, pero solo me decían que no sabían, mi abuelo solo se callaba, mi abuela no sabía nada, ella era muy callada y solo se veía triste. Yo cada vez me sentía más triste que de costumbre, no entendía porque no podían decirme nada de ellos, quería salir a buscarlos, pero era muy pequeño para eso, en esa época tenía un buen amigo en la escuela y platicaba con él, era un niño llamado Javier, yo sentía algo por él, pero no entendía que era atracción y recuerdo que cuando jugábamos en su casa en ocasiones nos abrazábamos y besábamos.

Un día mi abuelo falleció, aunque no era un hombre muy grande le dio un paro cardíaco, quizá porque fumaba mucho, pero en esa época no me interesó ya que en ocasiones había sido malo conmigo y no sentía mucho aprecio por él. Mi abuela se quedó con la responsabilidad de mantener a mis tíos menores y a mí, fueron tiempos difíciles, pero mi abuela era una mujer muy trabajadora, y comenzó a hacer tortillas para vender y con ese trabajo nos mandaba a la escuela a mis tíos y a mí. Ellos cursaban la preparatoria y yo la primaria. Entonces comencé a hacer un trabajo en casa, cuando llegaba de la escuela primaria, mi abuela ya me tenía listo mi almuerzo. Después de comer me mandaba a entregar paquetes de tortillas para sus clientes. Yo hacía con gusto ese trabajo, ya que descubrí algo muy placentero al realizarlo…

Me apresuraba a entregar todos los paquetes de tortillas que tenía para dejar al último el más importante, el del Don Israel. A él le llevaba sus tortillas a las tres de la tarde. En el pueblo Don Israel era uno de los hombres más ricos, tenía tierras y casas, y se le respetaba por eso, pero también se sabía que él era homosexual, sin embargo era un hombre muy atractivo y discreto, no se veía para nada afeminado, a mí me atraía mucho porque tenía una barba como la de mi padre, y yo encontraba cierto placer al verlo, el contraste de su piel blanca y su pelo negro me gustaba mucho. Vivía al fondo de una privada, en la última casa, muy alejado de todo. Él me había dicho desde el primer día que siempre le entregara sus tortillas a las 3 en punto, nunca antes, nunca después, ya que tenía una serie de compromisos y era muy estricto con su horario. Sin embargo a veces terminaba antes y llegaba antes de esa hora a su casa, y me ponía a perder el tiempo viendo su casa desde fuera, era una propiedad grande, tenía un jardín con alberca y estaba cercado con una barda como de un metro y después tenía enredaderas que habían formado una barda natural por donde podía verse el magnífico interior. Una de esas veces pude verlo teniendo sexo con otro hombre, mi corazón comenzó a latir con más fuerza, procuraba no hacer ruido para verlo cómo tenía sexo mientras una tímida erección crecía en mi pantalón.

Desde ese día procuraba terminar pronto para llegar a su casa lo más temprano posible, muchas veces pude observar como tenía sexo con ese hombre y me parecía muy placentero contemplarlos, varias veces terminaba con los pantalones manchados, inconscientemente me llevaba la mano a mi pene y lubricaba mucho, veía todos los detalles de lo que hacían, veía sus cuerpos, sus gestos, su placer, y ese fue siendo mi placer, verlos. Al final, cuando terminaban, me regresaba a la puerta principal de la calle y les tocaba el timbre, a veces salía Don Israel, otras veces el otro señor, aun sudando y me pagaban las tortillas que yo le entregaba sin decirme nada. Después me entere en los chismes de pueblo que solo contrataba a una señora para que le hiciera el aseo y la comida y se fuera al terminar, cuando llegaba su pareja. Supuse que era la hora en que yo llevaba las tortillas.

Verlos tener sexo se me volvió una costumbre. No siempre que iba lo hacían, pero algunas veces tenía suerte y mi curiosidad era satisfecha. En ocasiones iba algún otro hombre y entonces hacían tríos. El momento más excitante para mí era cuando el otro hombre comenzaba a penetrar a don Israel y llegaba su pareja por atrás para comenzar a penetrar al invitado, haciendo un trío. Yo no entendía bien que sensaciones experimentaba en ese momento, pero comenzaba a tocarme mi pene, y a masajearme de tal forma que me masturbaba sin darme cuenta, eyaculaba y luego como podía me limpiaba con las plantas y me apresuraba a ir a la puerta para entregar las tortillas. Me gustaba mucho cuando hacían tríos, no tenían limitaciones, hacían de todo, eran cosas que nunca me hubiera imaginado y que tardaría mucho en volver a ver en vivo. Siempre quedaba a distancia, a veces no podía ver con exactitud todo lo que pasaba, pero mi imaginación siempre se encargaba de darme esas imágenes que apenas podría ver de lejos. Sin pensarlo era yo un participante más a prudente distancia y sin que ellos se dieran cuenta que eran observados.

Y un día, ya sin esperarlo, recibí una gran noticia, mi abuela me dijo que mi papá iba a regresar, yo me puse muy contento, aunque mi abuela también dijo que mi madre no vendría con él, solo me dijo que ella estaba bien y que en algún momento volvería a visitarme, pero que ya no estaban juntos. No me dio más explicaciones, solo me dijo que a partir de ese momento mi padre me visitaría más seguido, no se quedaría en casa, pero estaría más pendiente de mí, que estaría cerca. Yo estaba muy feliz, mi papá también prometió que estaría conmigo el día de mi cumpleaños y me haría una fiesta en casa.

Recuerdo muy bien ese día, como cualquier otro entre semana, por la mañana fui a la escuela, regrese buscando a mi papá, mi abuela me dijo que había avisado que llegaría más tarde y que mientras fuera a entregar las tortillas que ya estaban listas. Ese día, quizá por la emoción de que vería a mi papá, se me hizo tarde entregando los otros pedidos y cuando fui a la casa de Don Israel ya eran las tres de la tarde, así que no hice lo que normalmente hacia al llegar a esa casa, sino que fui directamente a tocar el timbre. Después de tocarlo, escuche cuando don Israel dijo “te toca ir a abrir la puerta, debe ser el chico de las tortillas, siempre llega a esta hora”. Yo esperé en la puerta a hacer el entrego de tortillas. Salió un hombre sudando, la faena debió ser dura, había pasado el tiempo, pero aún lo recordaba, su inconfundible barba, su piel morena, y entonces lo reconocí, quien me había abierto la puerta y estaba parado frente a mí, era mi padre.

Mi vida cambió a partir de entonces. Pero ahora ya como adulto lo que me gusta es observar. Cada experiencia es diferente, aprecio cada cuerpo, cada movimiento, cada gesto, cada detalle que quienes están haciéndolo no pueden darse cuenta del cúmulo de emociones que desprenden, la testosterona puede olerse en el ambiente, el roce de los cuerpos, cada cosa que hacen es excitante, y ahí estoy yo, como el intruso en primera fila que es testigo de lo que hacen. Cuando quieran me dicen y voy para estar con ustedes, espero se animen…
(propuesta recibida de un lector del blog)