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14 de noviembre de 2019

Relación abierta




Atardecía cuando llegamos al cuarto de hotel de Carlos y Federico, estaba contiguo al nuestro, era el momento de tener sexo después de haber pasado la tarde en la alberca, tomando vino, comiendo, bromeando. Pusieron en la cama un pequeño maletín del cual comenzaron a sacar todo lo que tenían para una sesión de sexo: condones, lubricante, lidocaína, poppers, pipas para hierba, y otras cosas más que no pude distinguir. Si, iba a ser una noche larga, debíamos desquitar lo que habían gastado en nosotros para estar con ellos ese fin de semana, además el alcohol que habíamos tomado nos había relajado y nos había quitado las inhibiciones, ellos prepararon las pipas, nos quitamos los trajes de baño, los miembros saltaron erectos, ambos se nos quedaron viendo y se acercaron a nosotros, Carlos conmigo y Federico con Roberto, bocas húmedas, cálidas, hambrientas, vergas erectas, deseosas, cuerpos ansiosos, luego cambiaron…

¿Cómo llegué a esto? Cuando conocí a Roberto, venía yo de una relación cerrada, muy tradicionalista, una relación de pareja de seis años alejada del medio homosexual, llevábamos una relación en la cual parecía que nosotros dos éramos los únicos en el mundo, nunca fuimos a algún bar, algún antro gay, así fue hasta que él murió. Conocer a Roberto fue reiniciar de nuevo, al principio tuve la idea de que podría volver a tener todo aquello que había perdido, todo lo bueno que hubo antes, pero es un error, cada persona es diferente, cada relación es distinta y las formas de vivirla lo son también. Lo que me atrajo de Roberto era esa apariencia de señor casado, serio, padre de familia responsable, maduro emocionalmente, y a esa imagen me aferré durante mucho tiempo. Nos íbamos conociendo y así hablamos de nuestros amores anteriores, yo le hablaba de mi relación anterior donde mi pareja había muerto, él me hablaba de un amor de juventud que se había casado del cual se refería como la primer persona de la cual se había enamorado, no lo decía pero me gustaba pensar que yo era la segunda persona de la que Roberto se había enamorado, eso creía…

Pero las cosas tomaron un rumbo distinto, quizá fue que en realidad no conocíamos gran cosa del mundo homosexual y comenzamos a ir a antros gay, y comenzamos a conocer otras personas, a hacer nuevos amigos, a ver otras formas de relacionarse. Lo que inició todo fue una vez que fuimos a un antro gay que ya no existe hoy en día, era un lugar que estaba en decadencia y cuyas mejores glorias ya habían pasado y sólo vivía del nombre, un lugar largo de dos pisos donde en el primero se concentraba la gente, tomaban y bailaban, el segundo piso lucía abandonado, descuidado, pero al fondo había una cortina negra que daba a un cuarto oscuro, entramos y nos sentamos frente a frente, no había nadie, nos quedamos un rato y comenzamos a besarnos, entonces entró alguien del que solo veía la silueta que la luz de la entrada recortaba contra su cuerpo, no le hicimos caso, el tipo se colocó frente a nosotros y entonces, con la luz de la entrada pude ver la silueta de la mano de Roberto buscando la bragueta del tipo. Me levanté y le pedí que nos fuéramos, tomamos una cerveza que me supo más amarga y en el hotel lo confronté, él siempre negó el hecho, como habría de negar muchas otras cosas en el tiempo que estuvimos juntos.

Cuando eso ocurrió, teníamos poco como pareja y me pareció que eso era como una traición al compromiso que teníamos, tenía una imagen distinta de él y quizá necesitaba conocerlo más,  me consolé pensando que un error lo puede cometer cualquiera y tal vez todo había sido producto de la borrachera que ambos teníamos en ese momento. Sin embargo la realidad es que en algún punto agotamos la relación de pareja demasiado pronto, una cosa fue llevando a otra, un lugar fue llevando a otro, una persona fue llevando a otra, y en algún momento decidimos abrir la relación, después de todo, todas las parejas que habíamos conocido hasta entonces y que tenían años como pareja o incluso de estar casados, funcionaban ya como parejas abiertas donde el sexo entre ellos dejaba de ser importante o dejaban de tenerlo entre sí para buscarlo con otras personas, y sin embargo seguían estando juntos como pareja, cada una tenía formas distintas de llevar su relación abierta, cada pareja tenía reglas distintas, lo que le funcionaba a una no era igual a lo que le funcionaba a la otra, cada quien encontraba los acuerdos que mejor les funcionaran, pero todas las parejas, invariablemente, parecía que terminaban siendo al final una pareja abierta, y así era como seguían juntos, algunos incluso casados legalmente.

Esto me hizo pensar en que, quizá al final y después de cierto tiempo, abrir la relación era el paso lógico al que todas las parejas llegaban, tarde o temprano, y si no lo hacían tenían sexo con otros a espaldas de su pareja, así que, después de haber tenido algunos episodios de éste tipo entre nosotros, hablamos y decidimos abrir la relación, establecimos para ello algunas reglas de común acuerdo, la más importante era no enamorarse de otros, establecimos lo que podíamos hacer, lo que no, y eso quitó tensión a la relación que teníamos, de repente todo lo que tradicionalmente estaba considerado como algo prohibido se volvía posible, el ver otro cuerpo, el desearlo, el tenerlo, parecía que la presión por hacer lo correcto se liberaba y se podía dar rienda suelta a los instintos sexuales, decíamos que era sólo sexo con otros, que la relación era de nosotros dos, que quien aceptara entrar a nuestra cama debía ajustarse a nuestras reglas, y que al irse terminaba todo, nosotros seguíamos como pareja, como compañeros de vida, como amigos, cómplices, que se permitieron por un momento y bajo ciertas reglas, hacer lo que muchas parejas sólo piensan, lo imaginan, lo desean en silencio sin atreverse a hacerlo en la realidad, y si lo hacían lo guardaban en secreto.

Digamos que conocimos a muchas personas, y era divertido, las posibilidades de tener sexo entre una pareja y un tercero eran amplias, se podían hacer posiciones sexuales que hasta entonces sólo las había visto en una película porno. Y en ese camino conocimos a la pareja de la cual inicie contando, Carlos y Federico, ellos parecían ser una pareja consolidada, nos agradaron, ambos tenían una conversación interesante y relajada, llevaban varios años como pareja y otros tantos como pareja abierta, y a diferencia mía donde yo aún parecía tener los escrúpulos de un pueblerino pasado de moda, ellos eran totalmente abiertos, de mundo, nos platicaban de sus viajes a países de Europa, nosotros nos quedábamos con cara de asombro ya que apenas y habíamos ido a Acapulco, era un estilo de vida muy cosmopolita el que ellos llevaban, sabían de viajes, de vinos, de comidas, de ropa, de marcas. En ese momento eran como un modelo aspiracional de pareja, lo que muchos homosexuales desearían, un par de gays de clase media alta, de mundo, con la vida resuelta y dispuestos a probar todos los placeres que se encontraran a su alcance, juntos, como pareja. Y eran nuestros amigos.

Cierto día nos hablaron por teléfono, vendrían de fin de semana a nuestra ciudad, querían vernos, se quedarían hospedados en un hotel, y a pesar de que nosotros vivíamos en la ciudad nos habían reservado una habitación contigua para que nos quedáramos con ellos el fin de semana. Por supuesto, aceptamos, físicamente uno de ellos, Carlos, era de nuestra misma edad, moreno claro, de barba de candado y cuerpo atlético, su pareja Federico, era de mayor edad, de barba cerrada y cuerpo muy velludo, gordito, tipo oso. Sabíamos que el objetivo era tener sexo entre todos como parejas abiertas, las posibilidades eran interesantes. Llegamos al hotel cuando ya estaban instalados, y si, había una habitación reservada para nosotros, ellos estaban en traje de baño a la orilla de la alberca, en la mesa una botella de vino y algunos canapés, nos sonrieron al vernos y comenzamos a platicar, entonces supimos que era un hotel gay, así que no había problema de lo que hiciéramos o si hablábamos en voz alta, y nos platicaron de su último viaje a Europa.

Algunas cosas me llamaron la atención, hasta entonces me habían parecido una pareja sólida, consolidada, y durante la conversación por primera vez pude ver que había algunas diferencias entre ambos. Por ejemplo, Federico, el mayor, tenía un interés cultural en las ciudades que visitaban, le atraían los museos, las construcciones históricas, mientras que Carlos, el más joven, tenía un interés por conocer la vida sexual nocturna, platicaban que cuando llegaban al hotel Federico se quedaba dormido temprano y Carlos salía a los lugares que le indicaba una guía gay que tenía, y hablaba de los lugares de encuentro y bares donde se mezclaban hombres de diversas nacionalidades en cuartos y pasillos interminables hechos para tener sexo, y hablaba de los hombres con los que había tenido sexo, italianos, franceses, etc., llegaba al amanecer al hotel donde dormía poco hasta que Federico lo levantaba para salir temprano al siguiente tour a lugares históricos, tours durante los cuales Carlos dormitaba las cogidas y borracheras de la noche anterior. Pero quizá lo que más me llamó la atención era el tipo de personas que les gustaban, a Carlos, siendo musculoso le gustaban hombres musculosos, a Federico, siendo oso le gustaban hombres con panza, ¿qué hacían juntos cuando a cada quien le gustaba alguien diferente al que tenían de pareja?

Y ahí estábamos en su habitación de hotel, todos desnudos, erectos, dos parejas compartidas sexualmente, ellos sin inhibiciones ni reglas, nosotros con poca experiencia iniciando el viaje sin retorno de una relación abierta, aún con escrúpulos, aún con reglas. Carlos y Federico estaban de rodillas en cuatro, viéndose uno frente al otro, cada uno ofreciendo las nalgas, siendo penetrados de forma simultánea, Carlos siendo cogido por mí y Federico siendo cogido por Roberto, embistiendo profundamente, ambos viéndonos de frente como si estuviéramos frente a un espejo, viendo al otro penetrar a alguien diferente, mientras Carlos y Federico se miraban a la cara con los ojos vidriosos, gimiendo, y dando a entender al otro que lo estaban disfrutando mientras el otro asentía y le decía que lo disfrutara, se tomaban con la mano la cara del otro para ver el placer que el otro sentía, luego los cambiamos de posición y los pusimos de espaldas con los pies al hombro, acomodados uno al lado contrario al otro de tal manera que podían ver como su pareja era penetrado, había morbo en ver como su pareja era penetrado y cómo lo estaba disfrutando, de eso se trataba el sexo en una relación abierta, no había prejuicios, no había celos, sólo sexo instintivo, en bruto, no había caricias, era sexo directo, sin preámbulos, sólo sexo. Las combinaciones se prolongaron por un buen rato del que perdimos la noción del tiempo, hasta que el orgasmo que habíamos estado prolongando estalló de pronto, con una sensación de placer y libertad, luego el cansancio nos hizo dormir.

Yo más bien dormitaba por ratos, pasa que cuando duermo por cansancio y por los efectos del alcohol duermo un rato y luego despierto y ya no puedo volver a dormir de corrido, sólo dormito, y recordaba lo que había pasado, hasta ese momento teníamos poco tiempo de haber abierto la relación, seguíamos teniendo sexo entre nosotros y seguía siendo placentero, habíamos establecido muchas reglas para los encuentros sexuales de una relación abierta, había muchos escrúpulos e intenciones de controlar la situación, de no soltarse, de no dejarse ir, y aún había muchas dudas, ¿había un futuro como pareja al abrir la relación? ¿Qué pasaría entre nosotros al pasar del tiempo como pareja abierta? ¿Qué pasaría cuando alguien le gustara únicamente a uno y no al otro? Hasta ese momento sólo habíamos sido activos con terceros, era parte de las reglas, pero ¿cómo iba a cambiar eso en el futuro? ¿Tendríamos aún reglas cuando pasara el tiempo? Siempre quedaba la regla más importante que habíamos establecido, no involucrarse sentimentalmente, y recordaba los rostros de Carlos y Federico cuando estaban siendo penetrados, placer, complicidad, aprobación, ¿todas las parejas terminaban así al final? ¿El sexo entre la pareja dejaba de ser placentero? No lo sabía, aún habría mucho que conocer, mucho por lo cual pasar, pero al igual que cuando inicié en las relaciones sexuales con hombres y ya no hubo vuelta atrás, sentía que de igual forma al abrir la relación no había vuelta atrás, estábamos entrando en un camino sin retorno frente al cual en realidad no sabíamos nada, y cada uno de nosotros habíamos de caminarlo de forma diferente, un camino que en algún punto se comenzaba a partir, con grietas que aún no sabíamos que se estaban abriendo cada vez más, sólo que entonces no las veíamos, y nadie más las veía, para todos los demás, nosotros éramos la pareja perfecta.

Un encuentro fue sucediendo al otro mientras las reglas iban cayendo una a una, las redes sociales facilitaban mucho los encuentros sin importar la distancia, teníamos amigos en común, Roberto tenía un trabajo de medio tiempo y le dedicaba más a sus redes sociales, en las noches se escuchaba el tintineo de los avisos en celular de los mensajes que llegaban uno tras otro. Cierta noche desperté y vi el teléfono de Roberto iluminarse con los mensajes que llegaban, él dormía, borracho, tomé su teléfono y me puse a ver las conversaciones, eran muchas, pero una llamó mi atención, lo conocía, era Miguel, un amigo común que también tenía pareja, era una conversación amplia, entonces leí los mensajes que Roberto le escribía, ya no era sólo sexo, eran mensajes de amor, y le eran correspondidos, Roberto le decía “eres la segunda persona de la cual me he enamorado en mi vida”, y yo sabía quién había sido la primera, me lo había contado muchas veces, entonces supe que la última regla se había roto, Roberto se había enamorado de Miguel…

Por: Martín Soloman


2 de octubre de 2019

¿Cómo fue que nos conocimos?


¿Cómo fue que nos conocimos? Es la pregunta que me hacen, y no me ha gustado contarla porque es muy simple, muy común, y muy mundana, en el sentido de que es del mundo real, no de uno idealizado, quizá no estoy empezando a contar bien, diré mejor cómo es que no fue.

No nos conocimos como un evento romántico, como el encuentro falso que el personaje de Rupert Everett narra en la película “La Boda de mi Mejor Amigo” en la escena del restaurante y cuenta cómo conoció a Julia Roberts y todos terminan cantando “I say a little pray for you”, no puedo decir que cuando lo conocí supe que iba a ser el amor de mi vida, y que estábamos destinados a estar juntos. Somos hombres que se relacionan sexual y afectivamente con otros hombres, y esa forma de relacionarse es diferente a la forma en la que los heterosexuales lo hacen, donde tienen una relación de noviazgo y después se casan y viven felices para siempre. Muchos homosexuales tienen esa forma idealizada de entablar relaciones entre sí, ó al menos de contarla de esa forma, como un noviazgo heterosexual, con un romanticismo que exuda miel, y crean un mundo ideal donde conocen a un tipo guapo (siempre es alguien guapo), inteligente, y sienten emociones que nunca antes habían experimentado por otro hombre, y viven un noviazgo rosa, con cenas románticas, viajes, regalos y miel, mucha miel. Bueno, ése no fue nuestro caso.

No nos conocimos en un café mientras saboreaba un late y tú estabas en la mesa de al lado y ví tu nombre escrito en tu vaso y entonces tú volteaste a verme y me sonreíste mientras abrías tu laptop y yo revisaba unos papeles del trabajo y después salimos para caminar bajo la luz de la luna, tampoco te conocí en una fiesta familiar a donde llegaste como invitado de un amigo de la familia y alguien nos presentó y entonces nos quedamos viendo el uno al otro sin saber qué decir pero tampoco sin dejar de sonreír y nos la pasamos platicando buena parte de la fiesta y descubrimos que había química, no, las cosas tampoco fueron así, nos conocimos en un lugar donde nadie va a buscar conocer a una persona, un lugar donde jamás buscarías el amor de tu vida, de hecho tú no creías en las relaciones de pareja entre dos hombres y yo había dejado de creer en ello, así que, simplemente no nos buscamos nunca, y las probabilidades de encontrarnos alguna vez eran muy bajas.

Ese día, caminaba por la ciudad hacia la parada de mi camión cuando al voltear del otro lado de la calle vi caminar en sentido contrario a un señor, me llamó la atención, se veía que tenía un cuerpo rollizo a pesar de la ropa formal que usaba, una camisa con las mangas arremangadas, se le veía una espalda ancha, pantalones de vestir formales y un andar despreocupado. Sentí curiosidad por tal hombre, en cierto modo me agrado lo que vi, no sé si para los demás era alguien ordinario o atractivo, pero a mí me llamo fuertemente la atención. Decidí seguirlo un poco, no tenía prisa por llegar a casa con mi mujer. La verdad es que nuestra relación ya estaba muy desgastada y las tardes con ella eran muy aburridas como para desperdiciarlas. De pronto el susodicho llego a un callejón que era la entrada a un viejo cine, yo sabía que era un cine porno, lo mire cuando pago su entrada y se metió, dudé un poco, pues no acostumbraba ir a ese cine (para tener sexo yo siempre preferí el vapor), pero me decidí a entrar también. Cuando entre me quede cerca de una parte iluminada antes de entrar a la sala, mientras  mis ojos se acostumbraban a la oscuridad de dentro.

Mi cuerpo experimento muchas sensaciones al darme cuenta que ahí adentro en los pasillos del cine y en los asientos se daban encuentros sexuales entre los asistentes, la mayoría eran hombres maduros, de clase baja, trabajadores de algún oficio. Busqué al hombre que inicialmente había visto en la calle pero no pude encontrarlo, supongo que se sentó en algún lugar donde no pude distinguirlo, entonces me quede parado en una esquina de uno los pasillos y pasaron uno a uno varios hombres, ninguno llamo mi atención hasta que llegó un tipo que insistía en tocarme la entrepierna, cuando lo mire de cerca me di cuenta que no era desagradable, así que le permití tocarme y me gustó, comenzó a hacerme sexo oral ahí mismo y lo disfrute pero no me vine. Después lo deje y me fui a sentar, entonces llego un hombre joven que también quería mamar, lo deje un rato y fue en ese momento que el hombre que había seguido hasta el cine apareció, se detuvo frente a nosotros y nos observó un momento, pero yo estaba disfrutando del oral que me estaban haciendo, así que se fue. Más tarde me fui de ahí a otro pasillo del cine y mientras estaba en ese lugar, llego el hombre que había seguido, se me acerco y me toco la verga, me dijo que le gustaría verme en otra ocasión, le dije que si quería algo ahí mismo la mamara, y así lo hizo, él era el hombre por quien yo había llegado a ese cine, me di cuenta que tenía un cuerpo que me gustó mucho, le dije que aceptaba verlo en otra ocasión, pero que quería penetrarlo, él dudó un momento y luego contestó que ya veríamos, luego intercambiamos números de teléfono, se fue y yo me quede otro rato, estaba seguro que no nos volveríamos a ver, sólo había sido un encuentro ocasional, como tantos otros en mi vida, como tantos otros en la suya, como tantos otros en la vida de cualquiera, que olvidas muy rápido, que no trascienden.

Pasaron varios días, la verdad olvide el incidente, ya no recordaba bien a ese hombre que había conocido, lo había visto de forma fugaz en la penumbra del cine, no recordaba bien sus rasgos, sólo la forma de su cuerpo, seguramente sólo había sido una persona más de esas que conoces en esos ambientes, pero después de unos días me buscó y me dijo que quería verme en otro lugar que no fuera el cine, con más tiempo, yo accedí, quizá tendríamos sexo una vez más y sería todo. Cuando nos vimos en otro lugar, parecía ser otra persona, era muy atento y educado, al parecer yo le atraía mucho, pero siempre he sido desconfiado, así que preferí ocultarle quién era yo y opté por decirle que yo era albañil, me comporte como en otras ocasiones cuando conocía a personas del ambiente, no estaba dispuesto a contar nada personal, solo esperaba sexo de ese encuentro y no tenía caso darme a conocer como persona, no lo creía necesario, por experiencia sabía que la gente que se me acercaba de forma afable era porque buscaban algo de mí, sexo, luego de eso cambiaban y se mostraban cual eran, personas caprichosas, egoístas, centradas sólo en sí mismas.

Yo entendía perfectamente que quizá esa persona veía en mi a un chacal, o al menos eso creía proyectar, ya que me lo habían dicho en otras ocasiones, eso me molestaba pero lo había encontrado una forma efectiva de tener sexo, y no sé si inconscientemente me comportaba de ese modo, yo era el objeto de deseo y el otro debía complacerme si es que quería tenerme, disfrutaría el momento mientras durara, sólo el momento, sólo el desahogo sexual, sin más expectativa, sin nada por delante. Y hasta ahí podría terminar la historia de cómo nos conocimos, y sí, es una historia muy mundana, una historia común que muchos al contar la suya prefieren crear una historia rosa, como princesas Disney, como historia de noviazgos heterosexuales. Pero la cuestión es que, hasta éste punto que he contado, en realidad no nos habíamos conocido aún. Es decir, nos habíamos visto, habíamos tenido sexo ocasional, pero no sabíamos nada el uno del otro, no conocíamos nada de nosotros como personas, quienes éramos en realidad, lo que nos gustaba, lo que no, lo que queríamos, lo que temíamos, los logros, las frustraciones, los demonios personales, lo bueno, lo malo.

Conocernos en realidad fue un proceso muy largo que tomó años, un proceso en el que al principio estuvimos solos, nos veíamos unas dos veces a la semana y teníamos sexo intenso, pero después llegamos a compartir espacio con otras personas en un mismo empleo y de esa forma llegamos a conocernos mucho mejor, y eso incluye lo malo en uno, las manías, el carácter, incluso al principio coincidimos en que éramos buenos como amantes, pero pésimos como amigos. Sin embargo él fue interesándose cada vez más en mí, como persona, en mi bienestar y tuve que ir dando detalles de mí, de quien era, de lo que quería, de lo que yo esperaba de la vida y eso me cambio y me hizo mostrarle la persona que yo era realmente, al darme cuenta que, sin importar nuestras diferencias, él siempre estaba listo para apoyarme como un buen amigo. Fue un proceso muy difícil durante el cual fuimos descubriendo cosas de nosotros mismos que no conocíamos, nos fuimos enfrentando a lo peor de nosotros, conocernos implica un proceso mucho más largo y complejo de lo que suena, y no tiene que ver con ir al cine, ir a tomar un café, una cerveza, o tener sexo satisfactorio. Así que, la pregunta inicial ¿cómo fue que nos conocimos? es una pregunta más complicada que la mera coincidencia de habernos encontrado inicialmente en un lugar de encuentros ocasionales, y sí, es más atractivo decir que fue una historia de princesa Disney, como muchos optan por contar, sin embargo mi historia y la de mi pareja, es esa.




Por: Tigrillo Serch


29 de agosto de 2019

Tengo ganas de ponerme una borrachera...


Tengo ganas de ponerme una borrachera, una como aquellas que me ponía de joven cuando estaba contigo, con cualquier botella, con cualquier cerveza, en el terreno de mis abuelos a la orilla del campo, asando elotes mientras caía la tarde y el frío comenzaba a soplar entre las copas de los árboles que había al oriente, nos quitábamos el frío con la fogata y con nuestros mismos cuerpos, una borrachera de esas donde nada importaba, donde el tiempo se detenía y nos recostábamos en el suelo a mirar las estrellas, donde después nos mirábamos a los ojos y nos decíamos lo que no nos atrevíamos a decir de viva voz, sólo dejábamos que la música de la radio de pilas que teníamos lo dijera a través de las voces de Pedro Infante, Javier Solís y muchos otros cantantes, pero hemos envejecido, esas borracheras no volverán, eran especiales porque estábamos juntos, pero ahora estamos distanciados y vivimos con otras personas. De cualquier modo, quisiera ponerme una borrachera como aquellas, cuando me perdía en tu cuerpo, en tus ojos, hasta quedar dormido.

Éramos jóvenes, inexpertos, aún no sabíamos lo que queríamos en la vida, sólo soñábamos, con que fuera mejor, queríamos conocer el mundo que se alzaba más allá de los cerros que rodeaban nuestro pueblo, queríamos salir, conocer otras ciudades, otras formas de vivir y no sabíamos si habría regreso al pueblo, pensábamos que el mundo nos esperaba para comerlo a grandes bocados, solo queríamos irnos, aunque esto significara dejar a nuestras familias, los demás nos decían que estábamos locos, para nosotros los locos eran ellos, así que algunas tardes del último verano que estuvimos en el pueblo comprábamos cualquier clase de alcohol y nos íbamos al terreno de mis abuelos sembrado de maíz, ahí nos contábamos nuestros sueños de juventud, y nos entendíamos, los demás no comprendían que nuestros intereses estaban fuera de ese pequeño mundo limitado solo al pueblo y a los lugares cercanos, quizá nosotros éramos más ambiciosos que los demás jóvenes del pueblo, ansiábamos experimentar todo lo que había afuera, aunque nuestro futuro como adultos aún era un evento lejano que estaba lejos de alcanzarnos y mientras tanto, en esas tardes disfrutábamos de nuestra compañía, tomábamos alcohol y de esa forma creíamos que aprendíamos a ser mayores, como si tuviéramos prisa por ser hombres adultos y fue entonces cuando comenzamos a tener nuestros primeros jugueteos sexuales, de forma bastante torpe e ingenua.

 
En algún punto del terreno pasaba una barranca que en época de lluvias se volvía un pequeño río por donde corría el agua que bajaba de los cerros del oriente, muy fría, donde a veces nos aventábamos jugando y quedábamos empapados y había que quitarnos la ropa para que se secara, quedando nuestros cuerpos desnudos en el frío del atardecer, así comenzamos nuestros juegos, entre borracheras donde al calor del alcohol nuestros cuerpos se calentaban, entre toqueteos, descubriendo sensaciones que nos eran nuevas, que nos enervaban la piel, los sentidos, los miembros. Descubrimos lo que era tener el contacto sexual entre dos varones, nadie tenía idea de lo que se debía hacer, sólo nos íbamos llevando por el instinto y el licor, en esos momentos no importaba lo que ocurría a nuestro alrededor, no importaba que se nos hubiera enseñado que eso que hacíamos era algo prohibido, vergonzoso, porque para nosotros eso era como sellar la amistad que teníamos, con algo tan personal como el entregarnos en cuerpo y alma joven, era parte de compartir nuestros sueños, sin nada más que nos preocupara, sin nadie más que lo supiera, había mucho tiempo por delante para aprender, para equivocarse, para arrepentirse, para cambiar. Fueron momentos muy felices de mi vida y estoy seguro que para ti también, el descubrirnos como hombres, aún con algo de inocencia, en el trance entre ser jóvenes y ser adultos, cuando los sueños podían aún ser posibles, cuando los corazones no se habían roto.

Luego nos recostábamos, cansados, ebrios, dejábamos que se hiciera de noche mientras encendíamos una fogata donde nos calentábamos y para que se secara nuestra ropa, nos habíamos acabado el alcohol, yacíamos de espaldas viendo el cielo estrellado, nos mirábamos a los ojos en silencio, luego nos vestíamos y emprendíamos el camino de regreso a nuestras casas, habíamos compartido una tarde, el alcohol, nuestras ilusiones y también habíamos descubierto sensaciones nuevas, nos sentíamos listos para ser hombres adultos, queríamos actuar como tales, juntos nos sentíamos tan fuertes que podíamos enfrentar a cualquiera, menos a nosotros mismos, pero eso no lo sabíamos. Ese verano de los años ochentas fue el último que estuvimos juntos, luego de ahí nos separamos, no sabíamos que ya no nos habíamos de volver a encontrar en mucho tiempo, yo me fui a estudiar a una escuela rural en otro Estado, y tú al Colegio Militar. Nos perdimos la pista, pero en ocasiones cuando regresaba al pueblo me enteraba de algunas cosas de ti, que te habías casado, tenido hijos, que solo en ocasiones volvías al pueblo, que como militar estuviste en muchas partes del país. Por mi parte estuve en un trabajo donde tuve la oportunidad de viajar desde Sierra de Juárez en Oaxaca hasta Tijuana en Baja California, y todas las ciudades entre esos dos puntos.

Supongo que ambos vimos el mundo que estaba a nuestro alcance, pero no nos pudimos comer el mundo, más bien éste nos dio algunas dentelladas, el tiempo pasó tan rápido que sin darme cuenta se fue como arena entre mis dedos, de ilusiones frustradas, de corazones rotos, de amargura y de pérdidas. Ignoro si aún recuerdas esa época de nuestra vida, pero ha quedado tan lejos lo que alguna vez fuimos, que la última vez que te mire por la calle éramos diferentes, dos desconocidos, apenas y te pude reconocer, los años nos cambiaron mucho, me miraste, con ese sentimiento distante, vacío, solo pude ver en tus ojos un atisbo de nostalgia, quise pensar entonces que recordaste lo que una vez tuvimos y lo imposible que era que fuese realidad. Ahora ibas con tu esposa y tus hijos y yo iba solo por la calle con mi pequeño hijo peludo, ni siquiera nos detuvimos a saludarnos, solo nos lanzamos miradas como dos desconocidos que se topan por la calle y que inmediatamente después siguen con su vida cotidiana, no volvimos a encontrarnos más desde entonces.

 
Y hoy, treinta años después de ese verano que guardo nostálgico en mi memoria y quizá acumulando más fracasos que éxitos, aún tengo ganas de ponerme una borrachera como aquellas que nos poníamos de jóvenes, en el terreno de los abuelos que ya hace años no están aquí, con cualquier licor, a la orilla del sembradío de maíz que ahora lo cultivan mi tío y mi primo, tengo ganas de ponerme una borrachera mientras escucho a José Alfredo, a Chavela Vargas, y quisiera verte a ti, pero no como eres hoy en día, no como soy yo, ambos viejos y cansados, tengo ganas de que el alcohol me haga recordar cómo éramos en aquellos días, en que parecía que el mundo nos estaba esperando, en que podíamos soñar, reír y descubrir, pero aunque aún escucho el ruido del viento deslizándose entre las hojas de los árboles, el tiempo ha pasado, implacablemente, y sólo recuerdo lo que fuimos, sonrío mientras desgrano los sueños que tuvimos, todo resultó ser diferente, estoy de regreso en mi pueblo, aún corre agua en verano en la barranca del terreno, pero son otras aguas, son otras hierbas, y son otros los ojos que reflejan mis ojos cansados, donde ya no hay sueños, donde ya no hay ilusiones, mientras apuro el trago que tengo en la mano y en el celular suena la música “toda una vida, me estaría contigo…”

Por: Martín Soloman

15 de agosto de 2019

Sebastián, rompiendo una regla (2a parte)

Segunda parte

...¿podría yo finalmente romper con mi regla y hacer algo con Sebas? Si cruzaba yo esa línea no habría vuelta atrás, podría haber consecuencias. Caminé más despacio en silencio, su casa estaba a unos pasos, él me miró con ojos vidriosos por el alcohol, la boca entreabierta, buscaba mi aliento, su mirada decía todo. Entonces entramos a su casa…


El cuarto era pequeño, estaba al fondo de la casa, la entrada era independiente, por la ventana cubierta con una cortina delgada entraba la luz del alumbrado de la calle, era una noche fría pero nuestros cuerpos desnudos estaban calientes y sudaban, Sebastián estaba desnudo de espaldas a mí, por su espalda bajaban gotas de sudor que resbalaban hacia sus nalgas las cuales estaban cubiertas de un vello muy fino, la tenue luz que se filtraba por la ventana hacía brillar sus glúteos firmes los cuales recorría con mis manos, hurgando entre ellos, mi boca recorría desde su nuca, bajaba por su espalda y se entretenía entre sus nalgas, buscando, encontrando, él se dejaba disfrutar entre gemidos guturales  apenas perceptibles, estando vestido no podía apreciar lo que ahora veía, tenía un cuerpo delgado pero marcado, la cintura pequeña resaltaba ese par de nalgas duras que habían atrapado todo mi interés, lo sentí palpitar, ardiente, húmedo, entonces lo penetré…

No acostumbro dormir mucho cuando estoy en una casa que no conozco, apenas comenzaba a aclarar la madrugada cuando me comencé a vestir para ir por mi auto e irme a la casa para bañarme y cambiarme, era lunes y debía trabajar. Sebastián dormía profundamente y lo tuve que despertar para decirle que ya me iba, apenas abrió los ojos, no parecía reconocerme hasta que se despabiló y me preguntó si nos volveríamos a ver, yo dudaba, sólo le dije que probablemente sí, me dio el número de su celular y me insistió para que le marcara y que también él tuviera mi número, lo hice, me puso una chamarra y me acompañó fuera de su casa, nos despedimos como dos amigos y me fui, el frío de la mañana cortaba mi cara, caminé a donde había dejado el coche, me esperaban unos 45 minutos de carretera y un lunes de trabajo desvelado y crudo, el dolor de cabeza era constante, ni siquiera tenía hambre, sólo quería que el día acabara para irme a dormir a casa, y solo pensaba en lo que había pasado la noche anterior, hasta ese momento siempre había evitado estar con hombres que fueran mucho más jóvenes que yo, los encontraba insulsos, me parecía que no tenían cuerpo, pero en el caso de Sebastián era diferente, siendo mucho más joven que yo se veía con un cuerpo maduro, quizá el trabajo del campo lo había hecho desarrollarse más rápido para su edad y definitivamente estar con él había sido un encuentro muy agradable.

Me hundí en mi rutina de trabajo, esa tarde Sebastián me envió un mensaje al celular, me preguntaba qué tal me había ido ese día, y comenzamos a conversar, eso se repitió un par de días después, comenzamos a estar en contacto de forma ocasional, yo estaba en un dilema, no quería volver a verlo porque era alguien de mi pueblo y muy cercano a mis familiares allá, a uno de mis tíos en particular, hasta entonces nadie en mi pueblo podía afirmar nada acerca de mi orientación sexual, pero al mismo tiempo tenía el recuerdo de su cuerpo desnudo recorriéndolo con mis manos, con mi boca, quizá podríamos vernos una vez más, quizá sólo era cuestión de tener cuidado, de no exponernos públicamente, esos eran mis pensamientos al principio de conocerlo.

Con Sebastián entre a un terreno desconocido, la pregunta obligada para mí era ¿todavía me importa lo que piensen de mi los demás? Era obvio que sí, por ello había creado esa regla de no involucrarme con alguien del pueblo, tuve que hacerlo para volverme libre, aunque tuve que matar una parte de mí. Pero, ¿seguía siendo práctica esa regla que había seguido durante muchos años? Quizá las cosas eran diferentes ahora, eso estaba por verse. Comencé a visitar con frecuencia a Sebastián y por consecuencia a mis familiares en el pueblo, del trato con ellos me pude dar cuenta que Sebastián era una persona integrada en la comunidad, gozaba de cierto respeto ya que había sido parte de la mayordomía en las fiestas religiosas del pueblo y siempre participaba en las celebraciones que en un pueblo son muy frecuentes, y la gente lo saludaba, por lo demás no se metían en su vida privada. Todo él era muy distinto a la persona que yo siempre había sido, pues soy muy individualista y me involucro poco con la gente.

Había pasado mucho tiempo desde la última vez que yo había tenido interés en una persona para pareja, de hecho con mi última pareja habíamos terminado mal. Y no me gustaba mucho la idea de que Sebastián fuera alguien de mi pueblo, sin embargo era alguien que a mis ojos valía mucho la pena. Era muy distinto a mí y eso me atraía mucho, me deslumbraba la forma en la que siendo tan sencillo podía mantener conversaciones casi con cualquier persona, sus pláticas conmigo eran muy gratificantes, pasábamos horas platicando por las noches. Así nos conocimos bastante y así llegue a pensar que lo conocía desde hace décadas. Después de un tiempo iniciamos una relación, yo lo iba a visitar al pueblo, pues él estaba al cuidado de sus padres ancianos y yo tenía más facilidad de trasladarme. Durante esa época por decirlo así me reconcilié con mi pasado. Descubrí por ejemplo, que las personas del pueblo ni siquiera me reconocían como alguien de ahí, muchos pensaban que era de fuera. Mis tíos me permitían estar en su casa los días que iba, hasta ese momento no sabían que iba a visitar a Sebastián, pensaban que era por querer integrarme con ellos como familia, fui conociendo a mis primos y primas, algunos ya casados con hijos pequeños a los cuales sólo conocía de vista y de saludo, pero fue así como supe más de ellos, de mis padres y de mí mismo. A veces salía el tema de la gente que llegaba a conocer, a veces salía el nombre de Sebastián, mi tío se refería a él cómo su ahijado y al parecer lo estimaba mucho porque siempre lo apoyaba cuando se le cargaba el trabajo del campo, sabía que podía confiar en él, eso me daba tranquilidad.

Las cosas iban muy bien con Sebastián, llevábamos tiempo viéndonos y dejó de importarme el qué dirán, los fines de semana eran lo mejor en mi vida, era el tiempo que pasábamos juntos y sus padres me recibían en su casa con mucho gusto. Pero entonces ocurrió algo imprevisto, en cierta ocasión que salía del pueblo encontré en el camino a una persona de mi pasado, alguien que no era grato a mis ojos, se trataba de un ex novio con el cual habíamos terminado muy mal, pero como mi pueblo es un pueblo turístico, creí que él estaba ahí en calidad de turista, que no era una persona de la cual debiera preocuparme, así que olvide el incidente. El siguiente fin de semana cuando fui a visitar a Sebastián me encontré con la sorpresa muy desagradable de que tenía un amigo que lo estaba visitando, se trataba del tipo que había sido mi ex pareja. Él me reconoció y me miró con una sonrisa burlona, en mi sorpresa y para no parecer grosero lo salude de mala gana, solo para no quedar mal ante Sebastián y sus padres. Definitivamente tenía que hablar con Sebastián de esa persona y mientras platicaba con sus padres pude darme cuenta que el otro tipo lo aparto y note que le hablaba cosas en secreto, yo lo conocía muy bien y sabía que era capaz de cualquier cosa para fastidiarme, afortunadamente se fue y solo se despidió a lo lejos de los padres de Sebastián, esa fue mi oportunidad de hablar con Sebastián.

Él se había dado cuenta de la sorpresa que tuve y me preguntó si lo conocía, le dije que sí, que lo conocía muy bien, que había yo tenido una relación con él, y mientras le contaba cómo fue de mala esa relación, pude observar en su rostro la sorpresa al enterarse del periodo en el que fuimos pareja, a continuación me dijo que también había estado saliendo con él, en el mismo periodo y que ahora comprendía muchas cosas que ocurrieron en esa época, me dijo que también lo visitaba en el pueblo, pero que sospechaba que tenía algo que ver con otra persona en la ciudad porque en ocasiones mientras estaban juntos otra persona lo contactaba por el celular y tenía que apartarse para que no escuchara lo que hablaba con dicha persona. Que cuando me vio en su casa intento hablarle mal de mí, pero le dijo que mejor en otro momento hablarían y que tuvo cuidado de no decirle que tenía una relación conmigo. Le pregunté qué hacía él ahí y me dijo que de vez en cuando lo visitaba y le insistía en que volvieran, pero Sebastián ya no estaba interesado en él, que lo que habían tenido en el pasado no había funcionado, pero que él no lo rechazaba definitivamente porque no era su forma de ser. Eso al parecer detenía por un tiempo al otro y dejaba de buscarlo, pero de pronto volvía para insistir. Sebastián decía que no lo entendía del todo, pues ya tenía años que habían terminado definitivamente y aun lo seguía buscando. Yo no sabía qué pensar, era como si una parte de mi pasado de pronto se presentara para echarme a perder lo que estaba intentando hacer con Sebastián, él me miró largamente y me dijo que nos fuéramos a tomar unas cervezas a la cantina donde fuimos la primera vez, la idea me gustó, quizá unos tragos nos ayudarían a relajarnos y a platicar con más calma lo que había pasado.
 
Tomamos algunas cervezas y no veía que Sebastián quisiera hablar de lo que había pasado con quien había sido mi pareja, cada vez que yo intentaba tocar el tema él lo cambiaba o hacía una broma, en eso vi que entró a la cantina uno de mis primos con unos amigos suyos, nos vieron y se acercaron para saludarnos, pero no se quedaron en la misma mesa, se fueron a otra y desde ahí nos miraban de vez en cuando. Por alguna razón yo me sentía incómodo, era como si de repente me hubiera sentido descubierto, le pedí a Sebastián que nos fuéramos, nos acercamos a la mesa de mi primo para despedirnos, él se levantó y me dio un abrazo al tiempo que me decía “te esperamos en la casa mañana, habrá elotes asados”, le dije que ahí estaría y salimos. Camino a casa de Sebastián pasamos a comprar unas cervezas, ya era de noche cuando llegamos a su casa, tomamos en silencio, yo pensaba mil cosas, quería saber lo que había pasado entre él y mi anterior pareja, pero también sabía que a veces lo mejor es no preguntar de lo que no quieres saber las respuestas. Sebastián solo se acostó boca abajo en la cama, como si durmiera, me acerqué a él y me senté a un lado en la cama, comencé a acariciar su espalda por debajo de la camisa bajando hacía sus nalgas, él se estremeció pero no dijo nada, sabía que me gustaba tomar la iniciativa, sabía lo que me hacía reaccionar, le pedí que se incorporara, se sentó en la cama mientras buscaba el aliento de mi boca, me fui acercando a él y lo besé con fuerza, de repente me sentía con mucho coraje por lo que había visto esa tarde, mordí sus labios, luego le tomé de la solapa de la camisa y de un movimiento le abrí la camisa, los botones saltaron desprendidos por la fuerza, luego lo aventé sobre la cama y le bajé los pantalones, sus nalgas estaban ahí, redondas, firmes, las besé, las mordí, mis manos lo tomaban con fuerza, él gemía, luego de un golpe lo penetré con fuerza hasta el fondo, desahogando el coraje que tenía, él gritó…

Al día siguiente fui a casa de mi tío, ahí estaba mi primo al que había visto la noche anterior en la cantina con sus amigos, me saludo y me ofreció una cerveza “para la cruda”, estaban asando elotes, platicamos de cosas sin importancia, llevaba un par de cervezas encima cuando mi primo sacó una botella de whisky que le había quedado de alguna de las fiestas y me sirvió en un vaso de plástico, se sentó a mi lado, lo noté raro, nervioso, apuró su trago y entonces me preguntó qué hacía yo con Sebastián, le dije que lo consideraba un amigo y que a veces lo visitaba, hizo un breve silencio y entonces me comenzó a platicar de él, me dijo que si era muy trabajador, pero que eso de que era muy buena gente era solo una fachada que en realidad era un cabrón, me contó que era muy mujeriego, pero que no solo se acostaba con mujeres, sino también con hombres, que en el pueblo muchos ya lo conocían, que no era de una sola persona y que siempre agarraba parejo lo que se le presentara, hombre o mujer, y que su esposa lo había dejado porque lo había encontrado en la cama con otro hombre, “te lo digo para que tú sepas lo que haces”, me dijo al tiempo que me servía otro whisky y me cambiaba el tema. No le dije nada al respecto, solo lo escuche y al parecer nadie más había escuchado lo que me dijo, la tarde siguió transcurriendo normal, pero en ese momento dejé de tomar.

Desde entonces no he vuelto al pueblo, Sebastián me ha buscado por mensajes pero tampoco ha insistido mucho en verme, creo que sabe que algo ha cambiado...

Por: Tigrillo Serch

31 de julio de 2019

Sebastián, el romper una regla (1a parte)


No me gusta mucho ir a los compromisos sociales de mis familiares, hace tiempo que dejé de tratar de disimular mi vida y ellos lo saben, supongo que el haber tenido un hijo alguna vez ayuda en algo, por lo menos les deja la duda de quién soy, aunque nadie volvió a verme con una mujer y esa es quizá la parte que menos me agrada de ir a esas fiestas, todos van con sus familias, esposas, hijos, mientras que yo voy siempre solo, sin embargo siempre se portan bien conmigo al recibirme en sus casas y me tratan con familiaridad, hablamos de cosas triviales, la familia, el trabajo, me invitan unas cervezas, unos tragos y yo trato de platicar con otros invitados que no conozco, a pesar de ser del mismo pueblo ya no conozco a la mayoría de la gente, hace mucho años decidí hacer mi vida fuera del pueblo y no tengo amistades aquí, ya no conozco a nadie.

Ese domingo llegué tarde a la invitación que mis tíos me habían hecho para un cumpleaños de una de sus nietas, había estado todo el fin de semana haciendo unos arreglos en mi casa y no me di cuenta que el día se había pasado muy rápido, para colmo el tráfico de la carretera los domingos es muy pesado y al llegar a casa de mis tíos la fiesta estaba avanzada y yo no conocía a la mayoría de los asistentes, excepto mis familiares, había mucha gente, muchos me vieron con extrañeza, entonces uno de mis tíos me hablo y me sentó junto a él en su mesa, me acercaron una cerveza y comencé a tomarla, era una fiesta de pueblo, nada pretenciosa, yo llevaba una playera blanca sin mangas y un pantalón de mezclilla, alrededor matrimonios con sus hijos, era una fiesta infantil pero los adultos platicaban, yo como siempre estaba solo, le di unos tragos a la cerveza y entonces sentí una mirada sobre de mí, alguien me observaba, se trataba de un hombre joven, quizá unos treinta años, me miraba cuando yo no me daba cuenta, al voltear a verlo él miró hacia otro lado, estaba sentado junto a una mujer joven que supuse era su esposa, estaba cerca de mi tío y de vez en cuando platicaba con él, yo procuraba pasar desapercibido, quizá haber llevado una playera sin mangas no había sido buena idea, noté que miraba mis bíceps cuando levantaba la cerveza, me sentí incomodo, es decir, no es el ambiente en el cual uno espera que otro hombre lo mire con insistencia.
 
Por lo que pude escuchar de la plática con mi tío, era alguien del pueblo, parecía dedicarse al campo y hablaba de caballos, de jaripeos, de siembra de cultivos, yo escuchaba de lejos, me sirvieron la cena y me pasaron otra cerveza, yo miraba hacia otras mesas y platicaba con un señor que estaba del otro lado mío, hablamos de cosas del campo, de alguna manera eso me distraía la atención pero de vez en cuando seguía sintiendo una mirada recorriendo mi cuerpo. En algún momento mi tío me incorporó a la plática que tenía con el hombre que me observaba, entonces lo vi de frente, si, era joven, un cuerpo delgado pero correoso, piel quemada por el sol, pelo corto, un bigote a medio crecer, platicaba animadamente con mi tío y también comenzó a verme a los ojos de forma amigable, me tuve que incorporar a la plática, había terminado de cenar cuando acercaron una botella de whisky, y la verdad es que yo no me puedo resistir a un buen whisky, sin soda, sólo con agua mineral.

Mi tío sirvió unos vasos, y entonces brindamos, el hombre joven me sonreía con timidez, era raro, a pesar de mostrar una personalidad fuerte como hombre de trabajo y montador de jaripeo, por alguna razón conmigo se sentía cohibido, su mirada hacia mí tenía una mezcla extraña entre admiración, respeto y quizá algo de deseo, cuando se dirigió a mí en su plática me habló de usted, los hombres que nos gustan otros hombres nos damos cuenta cuando encontramos alguien similar, pero yo no había ido a eso, así que sólo esperé que la nieta de mi tío partiera el pastel, le cantaran las mañanitas una vez más y entonces decidí irme a casa, me levante de la silla y me despedí de mi tío, cuando di la vuelta para despedirme del otro hombre, éste se levantó y me dijo que también se iba, pensé que llamaría a alguna mujer y sus respectivos hijos, pero no ocurrió así. Yo camine hacia la salida y este hombre salió tras de mí y entonces me habló por mi nombre y me dijo que ya estaba recordando quién era yo.

Sorprendido, le dije que yo no lo conocía o que al menos no lo recordaba, pero era un hombre unos 10 años menor que yo y hacía décadas que yo no vivía en el pueblo. Él sonrió, y dijo que era obvio que no lo recordara porque la última vez que nos vimos él era un niño de unos 9 años y que yo era un joven de unos 18, que su hermano era José, mi amigo de la preparatoria. En ese momento llegaron a mi mente un cumulo de recuerdos de mi época de estudiante y era cierto, José había sido mi mejor amigo en esa época. Había sido un excelente amigo con el que había vivido muchos buenos momentos de mi adolescencia y al cual le había confesado mi homosexualidad, él nunca me juzgo, y siguió siendo mi amigo, nos estimábamos como hermanos, nunca volví a tener un amigo como él, pero la distancia y el tiempo nos separaron, yo me había ido a estudiar la universidad a otro estado y él, según supe, se había ido a los Estados Unidos, donde finalmente había muerto, nunca había confirmado si era verdad todo eso, en aquella época no existían los celulares ni las redes sociales para mantener una amistad y enterarse de los acontecimientos importantes, así que me dio curiosidad y le propuse a este joven que nos fuésemos a tomar un trago y me contara la verdad sobre José, me respondió muy gustoso que sí, me dijo que podía dejar el coche con mi tío y mejor caminar a una cantina cercana. Por un momento olvide que había cierta atracción entre nosotros y que así había comenzado esa noche.

Sebastián, ese era su nombre, comenzó a contarme la historia de José su hermano, mi amigo de la preparatoria, fue muy conmovedor saber que había tenido un muy triste final en Estados Unidos, pues unos racistas lo habían agredido y así había muerto por la golpiza que le propinaron. Era un tema sensible para mí, así que mejor decidí cambiarlo, le dije a Sebas que si lo recordaba cuando niño, que muchas veces cuando fui a visitar a José lo había visto, pero que lo recordaba como un niño gordito muy risueño. Sebastián  tenía una sonrisa muy agradable, me respondió que también me recordaba cómo alguien distinto, pero que mis rasgos si coincidían con la imagen que el tenia de mí en su mente, que incluso me veía mejor en la edad actual. Eso me pareció en cierto modo un coqueteo de su parte, pero preferí ignorarlo y hablarle de otra cosa, seguimos tomando chelas en el pequeño bar al lado de la carretera y finalmente perdí la cuenta de ellas. La verdad es que últimamente me había sentido muy solo y no había tenido la oportunidad de desahogarme, el trabajo y mi soledad no me daban tregua para buscar algo de compañía.

Sebas estaba siendo muy atento y agradable conmigo, así que en ese momento me propuse conocerlo, averiguando que clase de persona era, le conté de mí, de que no me había ido bien con las mujeres y que había tenido un hijo al que hacía años no veía, y pregunte acerca de él. Era un hombre muy sincero y siempre demostraba entusiasmo al platicar conmigo, era de esas personas que se notan muy transparentes, muy franco y muy distinto a las personas que normalmente estaba acostumbrado a tratar. Él me contó que tenía una historia parecida, se había casado muy joven y había tenido dos hijos, se encontraba separado de su mujer porque él era muy mujeriego y su esposa lo había sorprendido algunas veces pero que actualmente estaba solo, la mujer con la que lo había visto que estaba junto a él y que supuse era su esposa sólo era una prima que había ido con sus amigas y que se había encontrado ahí, él también fue solo a la fiesta.

Cuando me di cuenta ya eran las dos de la mañana y no estaba en condiciones de regresar manejando a mi casa en la ciudad, Sebas me invito a quedarme en su casa, me había dicho que ahora vivía solo con sus padres envejecidos, sus otros hermanos ya se habían casado y habían hecho su vida aparte, que por eso no había problema. Habíamos caminado un tramo de carretera desde la casa de mis tíos a la cantina y me dijo que no había problema en que mi auto se quedara en casa de mi tío, me comento que mi tío era su padrino y que por eso lo habían invitado a la fiesta. El frio de la noche hizo que poco a poco mientras caminábamos a su casa se me fuera bajando la borrachera, yo iba reconociendo los espacios de mi pueblo donde muchos años antes había andado, ya viejos, ya cambiados, ya ajenos a mí, como si nunca hubiese caminado por esas calles, como si nunca hubiese corrido y jugado por esos caminos, como si los hubiese conocido en otra vida, en sueños.

De pronto él me paso el brazo por la espalda y toco mi hombro descubierto, yo lo tome por el talle y seguimos caminando, como dos ebrios que se van abrazando para no caerse, cuando cruzamos una zona oscura sentí su cara más cerca de la mía, yo atraje más su cuerpo hacía mí, no me rechazó, los perros ladraban en las casas por las que pasábamos. Sentía que buscaba el calor de mi cuerpo, yo no estaba seguro de lo que podría pasar, siempre tuve como regla el no meterme sexualmente con nadie de mi pueblo, así había sido siempre, desde que me fui a estudiar fuera, por ello nadie en el pueblo me podía evidenciar de ser lo que yo era, siempre había tenido mis correrías en otros lugares, menos en mi pueblo, menos con alguien de aquí, sabía que estaba yo caminando por el filo de mis principios, cruzar el límite que yo mismo me había puesto parecía tan fácil en ese momento, una noche fría, un cuerpo que apretaba yo y que también me buscaba, ¿podría yo finalmente romper con mi regla y hacer algo con Sebas? Si cruzaba yo esa línea no habría vuelta atrás, podría haber consecuencias. Caminé más despacio en silencio, su casa estaba a unos pasos, él me miró con ojos vidriosos por el alcohol, la boca entreabierta, buscaba mi aliento, su mirada decía todo. Entonces entramos a su casa…

Continuará...

Por: Tigrillo Serch

17 de julio de 2019

Obsesión, la historia de Raúl


Nunca sabes cuánto puede cambiar tu vida al conocer una persona, aunque sea solamente en un encuentro casual. Por un lado puede que de ese encuentro surja una muy buena amistad forjándose así un lazo de amistad muy sólido que incluso puede resistir el tiempo y la distancia; otras veces nos equivocamos y aunque al inicio pareciera que la relación puede llegar a ser fuerte, nos damos cuenta que no somos de interés para el otro, pero nadie nos prepara para saberlo, y el aprendizaje suele ser doloroso. Sin embargo hay muchas otras formas en las que pueden darse las cosas al entablar contacto con desconocidos. Pero de cualquier forma, siempre es mejor ser sincero y actuar en consecuencia, aunque lo que se diga pueda sonar agresivo, para no crear expectativas equivocadas.

Había yo pasado por algunas relaciones complicadas de donde salí bastante lastimado, más por inexperiencia que por otra cosa, y donde me di cuenta que hay quienes solo se dedican a jugar con los demás, en mi caso, esas personas sólo habían buscado lo poco material que podía dar y que solo habían mentido para lograr sus objetivos, resultando al final que no era yo alguien especial, ni siquiera pensaban que era alguien agradable. Así que me había hecho el propósito de no hacer lo mismo con otros. Una constante en mis relaciones a partir de entonces era que no creía en una relación de pareja, sólo buscaba el sexo por el sexo mismo, pero no estaba interesado en una relación formal. Iba a los lugares que conocía para ello, cines, vapores, etc. en busca de sexo.

Cierto día domingo que estaba teniendo una tarde muy aburrida me decidí a ir a unos baños de vapor, cuando ingrese al establecimiento iba saliendo un hombre que me gustó mucho, él también me miro y contrario a mi timidez ante los desconocidos, le susurre que no se fuera, el solo sonrió y dijo que ya estaba satisfecho, pero que esperaba verme en otra ocasión y se marchó. Entre al vapor y nadie de los que estaban ahí me gustó, nadie llamo mi atención y casi al final un chavo se me acercó y me abordó, aunque me había estado rondando toda la tarde no le había hecho caso, no me latía, aunque era moreno, y a mí me gusta la gente morena, había algo en él que no me gustaba, no sabía lo que era, no podía definirlo, y lo había estado evadiendo.
                                                  
Estaban por cerrar, yo no había hecho nada, no había encontrado alguien de mi gusto, estaba por irme y entonces él se acercó y me dijo que me la quería mamar, yo fui claro con él y le dije que él no era mi tipo y que de plano no me latía, él insistió, yo no me había descargado, iba sólo por tener sexo como un desahogo físico, como una sensación de tener hambre y comer cualquier cosa, como la sensación de orinar donde sea, ante su insistencia le dije que tuviera claro que él no me gustaba, y que si aún así quería hacérmelo allá él. No pareció importarle y me hizo sexo oral, muy rápido porque ya estaban avisando que nos saliéramos. Eyaculé, iba a eso, y cada quien se fue a su vestidor. Al salir, casualmente estaba afuera esperándome. Me quiso acompañar a tomar mi ruta caminamos hacia la parada y yo le reiteré que no me atraía sexualmente, que lo que había pasado no había significado nada, que no se iba a repetir, pero no le importó y me dijo que lo entendía y que únicamente me quería como amigo. Llegamos a la parada del camión y me dio su número celular, me dijo que se llamaba Raúl, y que yo no le interesaba solo para sexo, sino que parecía ser una buena persona y que quizá podíamos ser solo amigos que el sabia ser un muy buen amigo, de mala gana le di mi número celular ¡Mi más grave error!

Pasaron unos días, casi lo había olvidado pero un día me llamó, como por casualidad, el motivo era que me invitaba a su casa a comer, yo le dije que no podía, pero él me dijo que sólo era para comer, que iba a estar su mamá, que no me preocupara de que me pidiera sexo porque no era así, luego me hizo el drama de que había estado cocinando toda la mañana, pensé que el hecho de que su mamá estuviera presente de alguna forma lo iba a limitar para pretender algo más, yo tenía pocas opciones para comer cercanas, por lo que terminé aceptando, me dio la dirección de su casa y llegué. Efectivamente, había una mesa puesta con varios platillos recién hechos, ahí me presentó a su mamá, me sorprendí, más que su mamá parecía ser su abuela, era una anciana, de edad muy avanzada, amable, pero ya no oía bien, por lo demás la comida fue normal, platicando cosas sin importancia, cumplió su promesa de sólo comer, terminé y me fui. Pasaron un par de semanas, durante ese tiempo no me había hablado, nuevamente me invitó a comer, no había sido insistente, parecía ser sólo una persona solitaria buscando amistad, no me acosaba por teléfono, no pedía sexo, sólo me invitaba a comer, ¿qué podía salir mal?
 
De alguna manera me sentí obligado a ser amigo de Raúl porque pensé que debía ser una persona solitaria que no sabía cómo hacer amigos y pensé que si yo fuera igual me gustaría que alguien me diera su amistad, así que acepte de nuevo ir a comer a su casa, todo era como dos amigos, solo que esta vez al final me llevó a conocer su cuarto, estaba en la parte trasera de la casa, en realidad era un cuarto de servicio independiente de la casa que él había adaptado como un lugar para tener sexo, había una cama con sábanas blancas, una mesita con flores, una TV, un pequeño baño. Me pidió tener sexo y como vio que yo no quería me puso películas porno, y más a la fuerza que por gusto me lo cogí. No me gustó, hay algo en la forma forzada de tener sexo que inhibe la sensación de placer, es tener una erección por instinto, no por gusto. Creí que finalmente entendería que no deseaba tener sexo con él y que desistiría de presionarme para eso, así que a la siguiente semana que me invitó a cenar esperaba que no me insistiera de nuevo, esa noche después de cenar ya me quería ir, pero su mamá me decía que aún no me fuera, cuando ya vi que era muy tarde ella me dijo que me podía quedar en su casa, que había un cuarto al fondo (el que ya conocía), le dije que no y me despedí, salí corriendo a tomar mi ruta pero ya era muy noche y la ruta me había dejado, no llevaba dinero para un taxi, al cabo de unos minutos ahí estaba Raúl, y me dijo que me podía quedar en su casa. No tenía alternativa, así que regresé con él.
 
Accedí a dormir con él con la promesa de que no tendríamos sexo, me dijo que no, que solo quería que durmiéramos desnudos y que yo lo abrazara como si yo fuera su papá. Me pareció algo bizarro, yo era mayor que él pero no como para tener la edad de un padre con un hijo de su edad, la sensación era chocante, pero con tal de no tener sexo le seguí el juego. Puso canciones con temas de paternidad y dijo que yo era su papá y que quería ser mi hijo, como ya tenía sueño le dije que sí. Me dormí un rato y me desperté cuando sentí que mi verga estaba dentro de su boca, le dije que me había prometido no tener sexo con él esa noche y me dijo que como su hijo él me tenía que complacer a mí como su padre, y que le tenía que dar de mi leche, y que si no accedía entonces le iba a hablar a su madre y me iba a acusar que yo lo quería violar. Hasta entonces no había yo medido las consecuencias de seguirle la corriente a alguien, así que tuve que acceder a tener sexo con él. Me estuvo mamando la verga mucho tiempo, después tomó un condón, me lo puso y se sentó en mi verga, no pude eyacular, no sentía ningún placer al penetrarlo, mientras él me decía que yo era su papá y que me estaba complaciendo. Al día siguiente temprano salí y prometí no volver más ahí.

Él me llamó por teléfono un par de veces más y yo me negué a regresar, decidí no contestar más de su número, hasta que unos días después recibí una llamada de un número que yo no conocía, era una mujer, me dijo que me iba a pasar una llamada y para mi sorpresa era la madre de Raúl, me dijo que su hijo estaba muy mal, que se había desmayado y que solo repetía mi nombre, que él le había dado mi número para que me llamara y que por favor fuera. Sentí dentro me mí mucho coraje de que Raúl usara a su madre para obligarme a ir, pero decidí ir una última vez. Me abrió la puerta su mamá, Raúl estaba recostado en un sofá, haciéndose el enfermo, y ahí en voz baja me dijo que todo lo había hecho para que yo regresara porque yo era su padre y no lo iba a dejar abandonado, no otra vez. Le reclamé el que me obligara a ir, pero él se dirigía a mí como su papá y me reclamaba una y otra vez que lo hubiera dejado abandonado, no entendía qué tenía en su cabeza y todas las fantasías que había armado alrededor de mí usando la figura de un padre ausente como pretexto para el acoso y el forzarme a tener sexo con él, yo le había dejado claro que no me interesaba ni siquiera para tener sexo, pero todo lo que yo había accedido con él me hacía responsable también de lo que pudiera pasar.

Su mamá se acercó, me dijo que comiera, se mostró contenta de que yo hubiera regresado, me sentía comprometido con su madre y a la vez enojado por la forma como la usaba para sus propios fines, accedí a comer, estuve la tarde y me fui con la promesa de que las cosas iban a estar bien. Esa misma noche destruí el celular (en aquel tiempo no eran de chip). Por suerte nunca supo donde vivía yo o donde trabajaba, y en adelante evité ir a los baños de vapor, fue la única forma de poner fin a esa obsesión. En adelante procuré ser más cuidadoso con la gente que pudiera conocer, me hice más desconfiado, si antes no buscaba una relación formal, ahora menos lo haría, seguí con la parte de buscar sólo sexo, sin ningún tipo de compromiso, sin ningún futuro, sin ninguna formalidad, sexo ocasional, esporádico, sólo eso.
 

Pasó el tiempo, no supe más de Raúl, no lo volví a ver ni a saber de él nunca más, hasta hoy que fui a otros baños de vapor después de meses de no presentarme en un lugar así. Encontré por fin al hombre que me había gustado aquella vez que yo llegaba y él salía, al verme también me reconoció de ese día que nos cruzamos, me sonrió, recordaba vagamente su cuerpo, seguía viéndose bien, y por fin ésta vez accedió a estar conmigo, por fin tuvimos sexo y fue muy placentero. Nos vimos fuera de los baños, accedió a tomar una cerveza en una cantina cercana y platicamos cosas sin importancia, hablamos de la vez que nos encontramos y que no hicimos nada y en la plática salió que él conocía a Raúl, no le dije todo lo que yo había pasado con él, sólo le pregunté cómo era que lo conocía y me dijo que era muy conocido en los baños, buscaba gente para crear fantasías, me contó que Raúl al parecer tenía un problema psicológico por el abandono de su padre cuando era niño, tampoco sabía mucho de él y lo último que supo es que alguien lo había asesinado, no se supo quién, sólo que lo encontraron muerto en el cuarto al fondo de su casa a donde él llevaba a sus invitados...

Por: Martín Soloman

10 de abril de 2019

El Doctor Felipe


El Doctor Felipe

Todos conocían a Felipe en los baños de vapor, pocos sabían que era médico, ya que todos lo evitaban, ya no era joven, moreno, el pelo entrecano que le daba un aspecto de viejo descuidado incrementaban el rechazo de la gente a la cual buscaba acercarse, la mayoría buscando un buen cuerpo, una buena cara, una buena verga, un buen culo, pero sobre todo, buscando alguien joven. El Doctor Felipe tenía pocas oportunidades de ligar a alguien, quienes lo habían visto tener sexo en el vapor general sabían que sólo le encantaba mamar, lo podía hacer por horas, y al menos se veía que le ponía empeño en complacer a quien le estuviera haciendo sexo oral, pero la mayoría evitaba acercarse a él, a pesar de eso Felipe seguía yendo cada sábado al vapor, se quedaba hasta tarde, era de los últimos en salir, así era su rutina, hasta esa tarde en que todos lo rodearon. Esa tarde, en la hora en que el vapor estaba lleno, en el área de regaderas estaba Felipe haciéndole sexo oral a un tipo que hasta entonces nadie había visto en el vapor, era un hombre joven, de unos treinta años a lo mucho, moreno, de bigote y barba a medio crecer, un cuerpo musculado por el trabajo, un abdomen duro y marcado, si eso era suficiente para que todos se fijaran en él y desearan tener sexo con él, lo mejor era su miembro, era grande, grueso, moreno, con un glande bien formado, parecía sacado de una revista de modelos de dildos, y ahí, entre sus piernas y de rodillas, estaba Felipe dándole sexo oral, todos se preguntaban cómo era que la persona más insignificante, más vieja y menos agraciada estuviera con un hombre así, él podía tener al que quisiera, ¿por qué estaba con Felipe?, todos lo rodeaban y veían cómo disfrutaba dándole sexo oral, Felipe sabía que todos lo miraban y que además lo envidiaban, y eso lo hacía disfrutar aún más, el otro era suyo por ese rato, sólo suyo, su cuerpo, pero sobre todo su verga, todos habrían querido estar en su lugar en ese momento, y eso le daba a Felipe una actitud distinta, retadora para quien se acercara, varios querían agarrarle la verga al tipo, él se dejaba pero cuando eso pasaba Felipe la engullía por completo, no les quitaba la mano, sólo tragaba más profundo. Uno de los mirones era bastante insistente, trató de arrebatar el miembro para mamarlo y entonces Felipe le dijo: “él cobra, a mí me cobró mil pesos por mamarle la verga, si se la quieres mamar, ve por dinero y págale”, el otro miró desconcertado al moreno el cual sonreía divertido y dijo que si, que era cierto, que cobraba mil pesos por mamada y dos mil por una cogida, lo dijo en voz alta, para que todos lo oyeran, quien quisiera entrarle que vaya por el dinero, dijo. Nadie se movió, nadie tenía esa cantidad de dinero y si la tuvieran lo pensarían antes de pagar tanto por alguien, pero lo que les causó extrañeza era que Felipe pudiera tener dinero para pagarle, para todos Felipe no era el Doctor, sino alguien que siempre había sido despreciable, ahora lo comenzaban a ver de otra forma, él podía tener alguien que ninguno de los mirones podía, él podía pagar un chichifo, él podía tener sexo pagando, pero buen sexo. A partir de ese día comenzaron a ver a Felipe con respeto, y aunque volvió a buscar sexo con todos, ya no enfrentaba el rechazo tan abiertamente, sabían que podían contar con Felipe para el caso que necesitaran de dinero, y sólo dejaban que pasara.

Ese día, al salir del vapor, Felipe y su amigo chichifo salieron juntos. Felipe le extendió unos billetes para pagarle pero el otro rechazo el dinero, le dijo que él no se dedicaba a eso y que lo había hecho para devolver un favor que Felipe le había hecho muchas veces cuando llevaba a sus niños a consulta y a veces no tenía dinero para pagarle, él sabía que al Doctor Felipe le gustaba pero nunca le había pedido ningún favor sexual a cambio, siempre se había portado bien con él, sólo platicaban y bromeaban de andar en el desmadre, por eso cuando el Doctor Felipe le platicó lo que quería hacer, al inicio lo rechazó, luego pensó que era una buena forma de devolverle el favor y que por eso lo había hecho. Se despidieron de mano, como dos buenos amigos, unos amigos muy diferentes, muy extraños, sólo ellos sabían que podían confiar el uno en el otro…

Por: Martín Soloman

27 de marzo de 2019

Historias para noches de insomnio 1


No quiero llegar a mi casa

Pedro era el típico ejemplo de esposo ejemplar, se había casado muy joven cuando embarazó a su novia y su familia le exigió que le cumpliera, no había sido que se casara porque la amara, así que tuvo que resignarse a pasar de ser un estudiante sin obligaciones, a tener que trabajar para mantener a su esposa y a su hija. Tuvo que tomar un empleo como cajero y no pudo terminar de estudiar, la frustración lo habría de acompañar el resto de su vida, ¿y si las cosas hubieran sido distintas? ¿y si ella hubiese abortado y él hubiese terminado la licenciatura? Pero todo estaba hecho, cada mañana salía de su casa con el magro lonche que su esposa le había puesto, ella también estaba insatisfecha, el sueldo que su esposo ganaba no era suficiente para el estilo de vida que ella hubiera querido tener, y de alguna manera se desquitaba con él, de muchas formas, le planchaba mal la ropa, le ponía cualquier cosa para llevar de comer al trabajo, y lo peor era cuando Pedro regresaba a su casa, no tenía hora de llegada, si cuadraba caja podía llegar a tiempo, pero si no entonces salía tarde, pero al llegar siempre era lo mismo, su esposa lo acribillaba con quejas de la cotidianidad de la casa, tenía que soportar las quejas porque el jitomate había aumentado de precio, porque había dejado olvidada una camisa sucia en la ropa limpia, quejas de la niña, quejas del perro, quejas, gritos de la niña, ruido, hasta que sentía que la cabeza le estallaba. Así se iba a la cama, aún escuchando las quejas de su esposa y el reclamo por el poco dinero que ganaba, él era un mediocre, su matrimonio era un matrimonio mediocre, no tenía ganas de tener sexo con su esposa, ella tampoco se lo exigía, todo lo que alguna vez sintieron como deseo hacía años se había acabado, y lo mismo se repetía todos los días de la semana. A veces salía temprano de su casa, pero no quería llegar allá, no quería llegar para escuchar los gritos y quejas de su esposa, así que sólo deambulaba por las calles viendo aparadores de tiendas y soñando con otra vida, una que no conocería, una donde tendría algún gusto, algún placer, hasta que se hacía tarde y no tenía más escapatoria que regresar a su casa. Una tarde que había salido temprano y al caminar por otras calles se encontró con un pasillo viejo, al fondo había un cine, pasaban películas porno, pensó entrar un rato en vez de caminar sin sentido, haría tiempo en lo que prolongaba la agonía de tener que regresar a su casa, el cine estaba casi vacío, se sentó en una butaca aislada, luego alguien más se sentó junto a él, su rodilla lo rozó, Pedro sintió que algo estaba mal, pero al mismo tiempo sintió un extraño cosquilleo subiendo por su rodilla hasta su entrepierna, una sensación que no había sentido, luego sintió una mano posarse sobre su rodilla para ir subiendo hasta su bragueta, para entonces su miembro estaba totalmente erecto, con habilidad le bajaron el cierre y le sacaron la verga, Pedro se sorprendió de si mismo ya que mientras su pensamiento le decía que tenía que irse, al mismo tiempo quería sentir más de lo que estaba sintiendo, era placentero, culposo, prohibido, pero placentero, de una forma que no había sentido, un cosquilleo y calor acumulándose en la punta de su glande que comenzaba a lubricar, y de pronto, unos labios y una boca caliente y húmeda engulleron su miembro de golpe, era una boca experta, los labios presionaban su carne, la lengua le rodeaba todo, subía y bajaba, al poco tiempo explotó en una intensa eyaculación, y al contrario que su esposa, no desperdiciaron ni una gota de su semen, la boca siguió ahí aunque ya había eyaculado, luego se fue. Esa tarde, por primera vez en muchos años, Pedro llegó a su casa feliz, los gritos y quejas de su esposa por primera vez los escuchó muy lejanos, la vio y se dio cuenta que se veía ridícula gesticulando mientras se quejaba, sonrió, y entonces le gritó que se callara, ella lo vio incrédula, algo había cambiado, cenó en silencio, ahora su vida le parecía ser la vida de alguien más, y por primera vez en muchos años pudo dormir sin sentir la culpa por un matrimonio patético. En adelante, esperaba salir temprano siempre que se pudiera, aunque a su casa siguiera llegando tarde como siempre, ahora siempre con una sonrisa en el rostro, y solo él sabía el por qué.


Por: Martín Soloman