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20 de diciembre de 2017

Pascual

Abro la puerta, los dos se acercan, puedo ver en sus expresiones el gran respeto que ambos me tienen, uno es mi hijo, el otro joven es mi ahijado, los amo a los dos, representan en mi presente lo que más quiero, aun por encima de otros familiares, ellos condensan todo lo que en mi vida fue lo más importante. Saben que esta época de diciembre, es una época que me duele, que me recuerda cosas muy tristes, pero esta vez será diferente. Voy a tornar el dolor en alegría, transformare la tristeza en gozo y disfrutare los últimos años que me quedan, estoy envejeciendo rápidamente, mi cuerpo se está transformando y sé que quizá ya no viva muchos años más, las dolencias me aquejan mucho. Aunque ahora ellos son hombres jóvenes y fuertes, ambos tienen 27 años, los dos me dan un abrazo y un beso en la mejilla, siempre fue esa la costumbre en nuestras familias y no puede ser de otra manera.

Todo empezó precisamente hace 27 años, cuando conocí al padre de mi ahijado. Él laboraba en un taller mecánico y hacia un muy buen trabajo, en ocasiones pasaba a que le diera servicio a mi vehículo, el dueño era un hombre prepotente que gustaba de ridiculizar y maltratar a sus trabajadores, Pascual era uno de los que tenían que soportarlo, lo hacía con paciencia, hasta que un día ya no pudo más y discutió con su patrón frente a mí, pero el patrón tenía todo el poder y en ese momento lo corrió. Me irrito mucho que su patrón le faltara el respeto de esa forma y que lo corriera, pero no podía meterme en una discusión ajena. Aun así le dije a Pascual que le tenía una propuesta de trabajo, quedamos de vernos unas horas más tarde. Después de eso, de pronto me di cuenta que quizá me había apresurado, yo no tenía un trabajo para él, el giro del negocio que yo manejaba no tenía nada que ver con el trabajo que el realizaba. Pero le había prometido algo y yo estaba dispuesto a cumplir, no sabía cómo, pero improvisaría.

Esa misma tarde, cuando nos reunimos de nuevo, me di a la tarea de conocer mejor a Pascual, aunque lo había visto muchas veces en su trabajo y habíamos platicado brevemente, nunca habíamos tenido una plática significativa, así que en esos momentos mis pensamientos estaban centrados en averiguar qué clase de persona era, cuáles eran sus puntos fuertes, para saber que podía ofrecerle yo, esperaba poder encontrar la forma de colocarlo en algún empleo. Sin embargo, con frecuencia me perdía en sus ojos, eran unos ojos muy bonitos y yo disfrutaba solo de verlo, estábamos en una pequeña cantina en las afueras de la ciudad, él me había llevado ahí. Me dijo que no me preocupara por encontrarle un trabajo, que me agradecía el que hubiese estado ahí en la discusión con su ex patrón, que él había entendido que eso que había dicho yo, solo era para apoyarlo en ese momento y que no esperaba que yo le resolviera su vida. Que él me admiraba mucho, que le parecía que yo era todo un tipazo, siempre bien vestido y muy gallardo, un caballero y que consideraba un honor que estuviese con él en ese momento compartiendo como amigos. Me sentí halagado, estaba disfrutando de una cerveza con un hombre muy sincero, de esas personas que cuando platican hablan con el corazón, que no están maquillando su mundo, sino que hablan con la verdad y que siempre es refrescante saber que opinan de uno, al hablar sin miramientos. Le agradecí sus palabras y seguimos conversando, conociéndonos mejor y disfrutando del alcohol y la compañía que ambos nos dábamos. Después le dije que si le parecía bien, podíamos ir a un hotel y llevar cervezas para seguir tomando y así no molestar a nuestras familias en sus casas, al fin era viernes, yo al siguiente día no trabajaba y el ya no tenía trabajo. Solo sonrió, me  paso el brazo por el hombro y nos salimos de la cantina rumbo al hotel.
Esa fue una de las mejores noches de mi vida, después de platicar bastante llegamos a un punto en el que nos quedamos en silencio, estábamos en la cama semidesnudos, con pantalones, pero sin camisa, entonces él se puso triste y comenzó a llorar, me dijo que no se había equivocado conmigo, que era todo un tipazo y que me agradecía mucho el que estuviese ahí platicando con él y tratando de ayudarlo, que con eso ya era mucho para él, lo abrace y le dije que yo le había prometido algo y lo cumpliría, me sentí conmovido con su sinceridad y sus lágrimas. De pronto yo le di un beso en la frente, él no se apartó y entonces me aventure a darle un beso en la mejilla, nuevamente lo acepto y finalmente le di un beso en la boca, el cual correspondió moviendo sus labios, ambos disfrutamos ese beso y sin más palabras nos despojamos de la ropa y nos fundimos en un solo cuerpo. Yo estaba muy complacido y aun no me lo podía creer, me parece que hasta la borrachera se me quito, fue así como me dormí soñando un futuro lleno de felicidad al lado de esta persona que ya amaba y que ahora conocía de una forma más íntima y claro que haría todo lo que pudiera por ayudarlo, a partir de ese momento ya era parte de mi vida.

Nos conocimos en un momento difícil de nuestras vidas, aunque yo era mayor que él por varios años, ocho para ser exactos, recién me acababa de casar más por presiones de mi familia que por convicción propia, mi mujer tampoco era tan joven y creo que para ambos era algo así como el último tren, como se dice comúnmente. Pascual por su parte tenía algunos años de casado, desde adolescente conoció a su novia y se casaron muy jóvenes, sin embargo no tenían hijos, aunque lo habían intentado su esposa tenía algunos problemas y le era difícil embarazarse y cuando lo había hecho el producto no se había logrado. Yo siempre había sabido lo que yo era, y siempre había tratado de ocultarme, disimular lo que era, tenía mucha presión familiar y social para casarme, cuando lo hice todos respiraron aliviados, todos menos yo. Y aunque había tenido mis experiencias sexuales, desde que me casé no había tenido ya nada que ver con un hombre, hasta esa noche en que estuve con Pascual nuevamente. No dijimos mucho de lo que había pasado pero creo que para él tampoco era su primera vez, creo que ambos nos dejamos llevar bastante bien a pesar de estar tomados. Después cada quien volvió a su realidad, una realidad que a partir de entonces ambos hicimos todo por cambiar.

Después de ese día en que estuvimos juntos por primera vez, yo traté de buscarle un trabajo con mis conocidos, tenía algunos contactos y fue con uno de ellos que le conseguí un trabajo. En mi casa le hable a mi esposa de Pascual como un amigo en problemas con el que me sentía responsable de ayudar. Poco tiempo después Pascual me dijo que su esposa estaba embarazada, ya tenía más de tres meses y sus embarazos anteriores no habían llegado a ese tiempo, estaba feliz, como todo hombre que desea trascender a través de un hijo, por suerte ya tenía acceso a un servicio médico por medio de su trabajo. Sin embargo, a pesar de que su familia estaba por crecer sentía que eso nos estaba uniendo más, compartía conmigo su alegría y varias veces conforme el embarazo de su esposa avanzaba, terminaba celebrando conmigo en algún hotel. Para entonces su esposa ya me conocía y de alguna forma agradecía el que hubiese ayudado a Pascual, creo que eso me hizo ganarme su confianza. Unos pocos meses después mi mujer me dijo que estaba embarazada. Ahora tenía algo en común con Pascual.

Fue un mes de Junio cuando nació su hijo, fue un proceso complicado pero llegó a buen fin, los doctores le dijeron que difícilmente podría tener otro hijo sin que su vida corriera peligro. Creo que fue en ese momento cuando tomaron la decisión de no tener más hijos. Hasta entonces yo nunca había experimentado sentimientos paternales, me molestaban las impertinencias y berrinches de los niños, pero cuando nació el hijo de Pascual lo vi de una forma nueva, estaba orgulloso, contento, parecía que no tenía ojos más que para su hijo, recuerdo que cuando lo fui a visitar me lo dio para que lo cargara, en otras circunstancias quizá era algo que yo habría evitado hacer, lo veía tan pequeño, tan frágil, lo abracé y tuve un sentimiento hasta entonces desconocido, de protección, de querer trascender así como Pascual lo estaba logrando a través de su bebe. Y fue el mes de Octubre siguiente cuando nació mi hijo, mi mujer no tuvo ningún problema, sólo estuvo una noche en el hospital y al día siguiente a casa, como si nada. A Pascual le dio mucho gusto, vino a visitarnos y recuerdo que me abrazó con complicidad, algo sabíamos que los demás no, algo nos estaba uniendo más.

Nos hicimos compadres, fueron tiempos nuevos para ambos, comenzamos a pasar más tiempo juntos, muchas veces el motivo por el que nos veíamos era para comprar algunas cosas para los niños, un juego de ropa o algún juguete, era curioso ver a dos hombres comprando cosas para niños, sólo él y yo sabíamos a dónde íbamos después de eso. Nuestra relación iba madurando cada vez más, haciéndose mucho más cercana. No ocurría lo mismo con mi esposa, pues poco tiempo después nos separamos, la vida de casado no era para mí, ella se quedó con mi hijo al cual yo veía de vez en cuando mientras fue un niño, cuando creció las cosas fueron diferentes, el me buscaba y yo también, fue así como desarrollamos una muy buena relación, eso me tenía satisfecho y en paz con mi conciencia, quizá no era el padre perfecto, pero mi hijo me aceptaba tal y como lo había podido criar y además me respetaba, lo cual significaba mucho para mí.

A partir de mi divorcio, creo que las cosas comenzaron a funcionar mejor en mi vida. Me libre de las ataduras que durante mucho tiempo no me dejaron ser, me fui a vivir lejos de mi familia, aprendí a cocinar y otras cosas que ni yo mismo me hubiese permitido antes, me aleje de las personas que pensaban de una forma muy tradicional y eso implico apartarme de todos mis hermanos y hermanas, me acepte como homosexual ante ellos y fue así como ya no fui bienvenido en sus casas. Pero no me importo hacer algunos sacrificios, pues me quede con las únicas personas que me importaban más en la vida, el gran amor de mi vida, Pascual, mi hijo y mi ahijado. Ellos y quienes los acompañen, siempre serán bienvenidos en mi casa. Extrañamente la esposa de Pascual nunca tuvo problemas conmigo, ella siempre me mostro respeto y cuando por alguna razón tuve que ir a su casa, siempre fui bien recibido. Pascual era muy bromista y me decía que no había ningún problema, porque a sus dos esposas las tenía satisfechas, a cada una le daba lo que necesitaba y no tenían por qué pelear por él, entender su sentido del humor no había sido fácil.

Vivimos muchos años de esa forma, Pascual iba y venía de sus dos casas, su esposa y yo lo compartíamos y yo pensaba que jamás terminaría la dicha que estaba viviendo, hasta que un 23 de diciembre del año pasado, las cosas cambiaron, mi ahijado me llamo muy temprano, me dijo: “padrino, siéntese por favor, mi papá está en el hospital…” ese fue el principio, dos días después murió como consecuencia de un derrame cerebral. Cuando eso pasó entré en una profunda depresión, Pascual siempre había estado conmigo, habíamos vivido tantas cosas juntos y ahora, de pronto, ya no estaba conmigo, me dolía mucho, me sentía muy triste, sentía que aún había muchas cosas por hacer juntos, que tenía tantas cosas que decirle, y ahora no había nadie a quien gritarlas. Durante mucho tiempo me sumí en la depresión, a cada momento en cualquier calle me parecía verlo, me dedique al alcohol. Hasta hace poco que fui a terapia, pude hablar y como resultado de eso, estoy trabajando con mis sentimientos y emociones, poco a poco estoy dando un nuevo significado a los sucesos que me parecían catastróficos en mi vida, escribir esto es parte de éste proceso, escribimos para entender las cosas, para tratar de darle un significado a la vida.

Ahora veo las cosas de forma diferente, me doy cuenta que nada de lo que tenemos en esta vida es nuestro realmente, las personas y las cosas solamente nos son prestadas, podemos disfrutarlas mientras las tenemos, pero en algún momento pueden ya no estar, insistir en que las cosas vuelvan a ser como antes no nos servirá de nada, estaremos en un eterno dolor del cual nadie nos podrá sacar. Es mejor ser prácticos y darle el justo valor a las cosas, quedarnos con las vivencias que tuvimos y buscar otras nuevas que nos permitan seguir viviendo de forma satisfactoria. Ahora lo entiendo, aun me quedan mi hijo y mi ahijado, puedo vivir por ellos, disfrutarlos y quizá más adelante la familia crezca, solo deseo que si eso pasa mientras yo tenga vida, aun pueda disfrutarlo.

Esta tarde mi hijo y mi ahijado han llegado a mi casa a visitarme, se han tardado un poco en entrar, los escucho discutiendo pero no alcanzo a escucharlos, luego se quedan callados, entonces les abro la puerta y ellos se acercan a mí a saludarme, todo está bien, los recibo con mucho afecto. Ellos no lo saben, pero hace un momento, antes de que se dieran cuenta que había abierto la puerta, los vi en la entrada de la casa terminando su discusión con un beso en la boca…


Adaptado por: Tigrillo Serch

29 de noviembre de 2017

¿Bailamos?



Dicen que los homosexuales tenemos una habilidad innata para bailar, pero eso es falso, bailar es como cualquier otra habilidad de las personas, creo que si lo pensamos mejor nos daremos cuenta que quienes tienen la habilidad de bailar son también muy histriónicos y por eso llaman la atención, luego entonces existe la idea general de que todos los homosexuales son muy escandalosos y por lo tanto deben saber bailar muy bien, ahí está el estereotipo, porque no todos los homosexuales saben bailar bien, algunos ni siquiera saben bailar. En mi caso, creo que siempre tuve dos pies izquierdos para bailar, recuerdo que cuando era estudiante de secundaria iba a las tardeadas y hasta el más torpe de mis amigos tenía más gracia para bailar que yo, quizá se debía a que nadie me enseñó nunca a hacerlo y lo más que llegaba a bailar era música disco donde cada quien bailaba como podía. Sin embargo, lo que me gustaba mucho era ver bailar a las parejas música del estilo de la cumbia, que hace muchos años en mi pueblo se le llamaba “música tropical”. Curiosamente en el medio en el que crecí y estudié no era común bailar “de vueltitas” y más bien era mal visto ya que se decía de forma despectiva, que eso era “un baile de chilangos”, las parejas bailaban separadas porque así debía bailarse.

Tenía unos años de haber terminado la Universidad cuando conocí a Benjamín, era atrayente para mi gusto y era una de las primeras personas con las que pretendía entablar algo parecido a un noviazgo, pero lo cierto es que no éramos nada, sólo dos hombres que de vez en cuando se veían para coger y nada más, sin más pretensiones que pasar bien el rato que estábamos juntos. Hacía algún tiempo que nos veíamos y cierta vez en un fin de año me invitó al entonces DF, a visitar a una pareja de amigos suyos, (la historia de Benjamín fue contada en el relato “Diciembre me gustó ´pa que te vayas”). La noche del 31 de Diciembre la pase con Benjamín y sus amigos, no recuerdo ya el nombre del antro, o quizá lo olvidé a propósito, era un lugar grande de tres pisos, y en aquel tiempo Gloria Estefan había sacado su primer disco en español, “Mi tierra”, con un ritmo muy latino y bailable, recuerdo que pusieron la canción “Ayer”, le pedí a Benjamín que bailáramos, ya antes lo habíamos intentado pero yo era muy malo para bailar mientras que él era muy bueno bailando, él me miró de forma despectiva y me dijo que no, porque yo no sabía bailar, por más que lo intentara, y se levantó a sacar a bailar a alguien más. Me sentí muy mal, yo sabía que no tenía idea de cómo bailar y no tenía pretensiones de hacerlo bien, pero solo quería compartir ese momento especial con él, ya que era 31 de Diciembre y de alguna manera estábamos juntos, aunque no fuésemos pareja formalmente, su rechazo me hizo sentirme torpe, inútil y muy frustrado.

Había pasado el tiempo, había olvidado a Benjamín, había conocido más personas con las cuales tuve sexo ocasional, siempre sin ningún compromiso, creo que nunca consideré que las relaciones entre dos hombres pudieran funcionar a largo plazo, nunca utilizaba la palabra pareja o novio porque no era algo en lo cual creyera, para mí lo que pasaba entre dos hombres era que tenían sexo, pasaban un buen rato, se desahogaban físicamente y hasta ahí, las parejas que había conocido también buscaban lo mismo, un rato de sexo independientemente de su supuesto compromiso, para mí una relación real, seria, sólo podía darse de forma verdadera entre un hombre y una mujer. En eso andaba, entre encuentros casuales y el trabajo. Cada día salía ya tarde de la oficina y emprendía el mismo camino de regreso a casa, pasaba siempre por las mismas calles y un día me llamó la atención un lugar donde se escuchaba música, principalmente cumbias, era un local en un segundo piso con ventanales que dejaban ver a parejas bailando. Pasaba cada día y me di cuenta que se trataba de una escuela de baile, pasaron varias semanas hasta que un día la curiosidad fue más, me estacioné y subí a ver a las parejas bailar.

Era una escuela muy informal, la gente no era muy constante, la cuota era por clase, le dije al profesor que yo no sabía bailar nada, me dijo que no había problema, que muchos habían llegado ahí sin saber absolutamente nada, yo veía que algunas parejas bailaban realmente bien, no tenía confianza en que pudiera aprender algo pero decidí probar con una clase. Me asignaron a una señora que ya sabía bailar, me fue guiando poco a poco y me fue dando confianza para intentarlo. El primer día no fue malo, al día siguiente regresé y conforme fueron pasando los días fui adquiriendo más confianza. El profesor tenía un sistema que me parecía muy práctico y en cada clase nos iba cambiando de pareja dependiendo que tan malos o buenos nos viera para ir aprendiendo. Uno de esas veces me puso de pareja a una chica que era algo más joven que yo, era muy risueña, también iba sola a la clase, y poco a poco y sin darme cuenta cada vez que iba la buscaba como pareja de baile. Platicábamos y supe que era de una colonia aledaña a donde yo vivía, un día le ofrecí un aventón (ya tenía un coche de medio uso) y accedió, la llevé hasta su casa.

Comenzamos a salir fuera de las clases de baile, comenzamos a pasar más tiempo juntos, y un día le pedí fuera mi novia. Ella accedió, conocí a su familia, la llevé a mi casa, le presente a mi familia. En aquel tiempo yo ya no era tan joven  y en mi familia siempre estuvo latente la preocupación de mi orientación sexual no declarada pero intuida, disfrazada de preocupación por mi futuro, de si alguna vez me casaría, de si les daría nietos. En provincia y después de cierta edad sin estar casado era algo que les preocupaba y me presionaban por casarme pronto. Así que cuando les presenté a mi novia en casa, mi familia cambio hacía mí, supongo pensaron que sus oraciones habían sido escuchadas, y aunque en la escuela tuve novias, con nadie había llegado tan lejos como esta vez. Las cosas iban avanzando, yo enfrentaba un dilema, por un lado el deseo de estar con ella, de formar una familia, de dejar el mundo de los encuentros sexuales vacíos, sin futuro, quizá tener hijos, pero por otra parte estaba mi naturaleza y el placer que experimentaba al tener relaciones sexuales con otros hombres, algo que disfrutaba mucho cada vez que los buscaba, y no me faltaban oportunidades. Así y mientras tenía ese dilema las cosas con ella iban avanzando, y un día tomé una decisión: me casaría con ella.

Hablé con mi familia en casa, les dio mucho gusto saber que, ¡por fin!, iba a casarme. Elegí un día para hacerle la propuesta, elegí un restaurante discreto donde la invité a cenar y ahí, mientras la tomaba de las manos, le propuse casarnos. Ella accedió, le dio mucho gusto, me abrazó y me besó, creo que era algo que ya esperaba que pasara. Fijamos una fecha para el enlace, no tan larga, no tan corta, comenzamos a hablar mucho de los detalles de la boda, decidimos que no tendríamos boda religiosa, sólo civil, ella se vendría a vivir conmigo, nuestras familias comenzaban ya a frecuentarse, yo fui a su casa a hablar con sus padres para pedir formalmente su mano, a ellos les dio mucho gusto, sólo dentro de mí un frío recorría mi cuerpo al darme cuenta lo que estaba por hacer, el cómo iba a cambiar mi vida, el cómo iba a afectar su vida, y la de nuestras familias. Cada día después de pasarla a dejar a su casa llegaba a la mía y me costaba trabajo dormir. Casarme era algo que deseaba, sentar cabeza como decían mis padres, pero por otro lado estaba mi vida oculta, aquella que sólo yo conocía donde daba rienda suelta a mis instintos, donde gozaba poseer el cuerpo de otro hombre, donde tenía placer, donde disfrutaba.

Y aquí me encuentro en este punto de mi vida, con más interrogantes y miedos que certezas y esperanzas. El tiempo ha pasado muy rápido y de pronto me doy cuenta que faltan sólo diez días para que nos casemos, hemos ido ya al registro civil para llenar la solicitud, aunque la boda será sólo civil hay muchas cosas que se han venido presentando y que no tenía idea, he tenido que hacer cambios en mi casa para adaptarme a lo que será mi vida de casado, para recibirla, para vivir juntos. Hoy iré a su casa para platicar con su familia los últimos detalles previos, y tengo miedo. Creo que poco a poco la alegría inicial de hacer esto ha ido cambiando a resignación y a miedo, de cortar mi vida personal, de que esto no funcione, y de destruir esperanzas de otros. Pienso muchas cosas mientras me dirijo a su casa, sólo faltan diez días y nuestras vidas están a punto de cambiar. La noche es oscura y fría, pero yo me descubro sudando, me acerco a su casa, mientras me pregunto: ¿de verdad quiero casarme? ¿por qué decidí casarme? ¿será porque quiero complacer a mi familia, a la sociedad? ¿porque es lo que se espera de un hombre de mi edad, maduro? ¿ella por qué se casa? ¿tendrá los motivos adecuados? ¿que represento yo para ella? ¿cuánto tiempo durará este matrimonio? ¿qué haré con mi vida oculta, cómo la viviré?. Pero ya he llegado a su casa, finalmente toco a su puerta, y en silencio decido responder todas esas preguntas honestamente antes de casarme con ella, de nuevo un sudor frío recorre mi cuerpo mientras ella me abre la puerta con una gran sonrisa...

Por: Martín Soloman


15 de noviembre de 2017

Yo... ¿pecador?

Confieso que desde muy joven he sido sexualmente muy activo, he tenido sexo en cuatro paredes y al aire libre, con uno, con dos, con diez al mismo tiempo, he hecho el amor y he tenido sexo incógnito de una sola vez, con solteros y casados, con hombres y mujeres, con jóvenes y adultos mayores, en carros, autobuses, aviones y trenes, en vapores, baños, moteles y cuartos oscuros, en fiestas y funerales, en comedores, barras de bares y escritorios de oficina, a oscuras y con luz, iluminados por reflectores, velas o la luz de la luna, en ríos, cascadas, albercas y el mar, sobre un catre, escaleras y en una piedra, en camas de agua, de resortes y de esponja, sobre las sábanas de esposas, de hijos, de papás y hasta abuelas, mientras muerden el último peluche que le regalaron a su hija, a su novia o su novio, incluso ese que conservaban desde niños y hacen recordar el primer amor, he quitado, roto y desgarrado pantaletas, bikinis, tangas, truzas, boxers, suspensorios, bodys, lycras y trajes de baño, he retirado con desesperación corbatas, trajes, sombreros, botas, tenis, huaraches, tirantes, lentes, cadenas, arneses y esposas, en esa desesperación he reventado muchos botones de camisas, he descompuesto cierres de pantalones y chamarras, he probado y dejado que me prueben, he visto y dejado que me vean, he amado y dejado que me amen, pero tenía que encontrarte a ti.

Si pensabas que está historia era sobre mí, déjame decirte que no, está historia es sobre ti que te has cruzado en mi camino, que sin importar todo este pasado y mis muchas cicatrices has decidido jugártela conmigo, que te diste el chance de conocerme a pesar de escuchar todo lo que te han dicho de mí, que sabes de mi basta experiencia sexual pero que es más tu cariño hacia este hombre.

En la primera vez no pasó nada y creo que eso fue un buen comienzo; que te podía mostrar yo de sexo que los demás no pudieron decirte ya de mí, en cambio decidiste llevarme a un lugar donde ningún otro cuerpo me había llevado y eso volvió más especial esa noche, hoy al verte aquí, recostado junto a mí, en mi cama, sobre mis sábanas, mientras veo como duermes con tu cuerpo desnudo y sudado, despidiendo ese aroma que sólo se genera después una buena sesión de sexo, roncando, mientras yo fumo un cigarrillo corriendo la cortina de la ventana para que el humo no te moleste, dejando entrar un poco de luz proveniente de un foco solitario de la calle; recordando lo que pasó hace un momento cuando te penetraba se te escapó un te amo acompañado de la mirada más sincera que había visto, después hiciste como que no dijiste nada y continuabas gimiendo entrecortadamente y repitiendo que te gustaba mucho mi verga y que te diera más duro, pero yo lo escuché muy bien, lo dijiste y más raro que al terminar y llenar tu pecho peludo de semen no pude más que corresponder tu sinceridad con un grito que resumía mis sentimientos en ese momento, yo también te amo B, después quedamos abrazados mezclando nuestros líquidos y sudor.


No sé qué va a pasar mañana, sólo se lo que siento hoy y como disfrute este encuentro que ya tienen 6 meses que vienen ocurriendo, volteas, estas despierto, me preguntas porque estoy junto a la ventana y no abrazándote, vuelvo a la cama contigo y pienso que no tengo pasado, que eres la primer persona que logra tocar una parte más profunda de mí; se que mañana te levantaras temprano porque es domingo y debes oficiar el servicio dominical en la parroquia, lo que me lleva a mi última duda… ¿puede un hombre de fe enamorarse de un pecador?


Anónimo
Compartido por: Martín Soloman

8 de noviembre de 2017

Un puto frío

“¿Así qué quieres saber cómo empecé en esto? ¿Cómo llegué a ser el “puto frío” como tantas veces me han llamado? Te lo advierto, es una larga historia ¿Qué dices? ¿Tienes tiempo? ¿Tu esposa tardará en volver? Bien…

Muchos dicen “¿Tienes sexo por dinero? Qué chingón, a mí igual me gustaría hacerlo igual” pero no ven todo lo que implica pero no nos adelantemos a los hechos, primero, ¿Por dónde empezar? Supongo por Don Valentín que fue el primero que me enseñó a usar mi cuerpo de esta manera… Te estoy hablando del 2004 o 2005 si mi memoria no falla, recién cumplidos los 18 años, joven, delgado y, en esa época, con cierto amaneramiento que, con el tiempo, he ido dejando atrás por mi propio bienestar… Don Valentín era mi vecino, rentaba el cuarto al lado del mío, un señor de, en ese tiempo, 62 años, viudo, originario de Jalisco y abandonado en ese lugar por los hijos que, sin nada más que sacarle, lo dejaron en ese cuarto con varias rentas adelantadas con tal de no hacerse cargo de él.

Don Valentín era un hombre emprendedor que, rápidamente, logró hacerse jefe de meseros en un importante restaurante de la ciudad y empezó a ganar bien aunque con un gran defecto, apenas salir del trabajo, todo el tiempo era estar tomando hasta perderse, fue así como lo conocí precisamente, un día, subiendo la escalera que daba a nuestros cuartos, casi cae por el estado de embriaguez en el que se encontraba y yo me vi en la necesidad de sostenerlo, ante lo cual, a manera de agradecimiento, él me invitó a tomar unas cubas a su cuarto el día que así pudiera ya que, estando ahí, se sentía solo e igual yo así que, menos de una semana después, decidí aceptar la invitación y fui a visitarlo, tomamos tequila y brandy, él en una medida mucho mayor de la que yo jamás he hecho y a una gran velocidad mientras, entre trago y trago, me confesaba su historia tal cual la conté hace un momento, un anciano solo y abandonado sin ninguna característica en especial que lo distinguiera de muchos otros con historias similares o al menos eso pensé hasta que, ya cuando yo también empezaba a sentir los sentidos alterados por la bebida, sin más, comenzó a besarme y a acariciarme; no lo niego, tuve mis dudas en ese momento, era una persona que me triplicaba la edad, que no me parecía atractivo y que además, olía a alcohol pero, entre el alcohol y la poca costumbre de sentirme deseado, lo dejé hacer mientras él, sin sentir oposición, continuaba con sus caricias a la vez que me quitaba la ropa asegurándome que le gustaba lo que veía y lo que tocaba, tras lo cual me empezó a hacer sexo oral sin siquiera preguntar y con una habilidad que dejaba entrever que no era su primera vez que lo hacía, yo lo dejé hacer hasta que, al fin, con sus labios en mi falo, acabé en lo profundo de su garganta, tras lo cual me pidió que lo dejara penetrarme, dudé aún pero al fin accedí y nos pusimos de lado, yo con mi culo ofrecido hacia él pero su borrachera era tan grande que, a pesar de sus esfuerzos, no pudo lograr que se le levantara y, sin más, haciendo corajes como un niño pequeño, se quedó dormido súbitamente mientras yo, al fin reaccionando ante lo que había hecho y lo que estuve a punto de hacer, me vestí y me salí del cuarto con cierto sentimiento de culpa, mismo que se acrecentó aún más cuando, a la mañana siguiente, alguien tocó a mi puerta temprano y, por un vidrio roto que esta solía tener, dejaron caer un sobre con 300 pesos y una nota de letra floreada agradeciendo la noche anterior…

La sorpresa fue grande, yo nunca hablé de necesidad económica aunque sí la tenía en ese tiempo como la tengo ahora y, en un principio, pensé en devolverlos pero, al fin, la ambición me ganó y acepté el obsequio en silencio junto con los demás detalles de don Valentín, quien, de ser un anciano solitario, a partir de esa noche se convirtió en un hombre amigable que constantemente me invitaba a su casa a “pistear” como él solía decir, algo a lo que seguí accediendo en varias ocasiones con la conciencia de que, al día siguiente, hallaría un sobre con 300 o 400 pesos caído por mi vidrio roto. El tiempo pasó, don Valentín quería más, quería que viviera con él y dejara que me mantuviera como su amante de planta pero, honestamente, no pude hacerlo, mi juventud y mis sueños eran más grandes y, en cuanto me salí de ese lugar de renta, dejé de verlo aún a la fecha, sé que sigue por ahí porque alguna vez lo vi de lejos pero no quise acercarme a saludarlo, no lo sentí correcto dentro de mí y no sé cómo haya continuado su vida.

Posterior a esa situación, me junté con un chavo, uno que nunca llegó a saber de esa faceta mía y, durante todo ese tiempo, me porté respetuoso con él hasta que, finalmente, la relación se acabó por una infidelidad suya, de ahí duré soltero un año antes de mi relación más importante y, durante ese año, la ambición me llamaba pero evité hacerlo por la culpa…

No fue hasta hace dos años cuando, nuevamente soltero y con una necesidad económica bastante fuerte, al fin tomé la decisión de volver a ese mundo, entré a trabajar a un bar gay como mesero en el cual nunca faltaba el cliente que, ya tomado, tocaba todo lo que podía y, al no recibir rechazo y descubrir que lo que había bajo el bóxer le gustaba, siempre se llegaba a un acuerdo, muchos de mis compañeros del trabajo igual lo hacían y de ellos aprendí las reglas básicas para sobrevivir en el negocio, eso sí, nunca dentro del bar porque era arriesgar nuestro trabajo, terminábamos la noche y, saliendo, quedábamos en algún hotel o algún lado y a darle al cliente lo que pedía y como lo pedía que para eso nos pagaba, a veces, como don Valentín, 300 o 400 pesos, a veces, mucho más, incluso hubo uno que me dio 1,800 por dos cogidas que “porque lo hacía muy rico” aunque claro, estamos hablando de otros tiempos y una mejor condición física que me permitía coger toda la noche si era necesario, algo que, en la actualidad, ya no tengo.

Aun así, he seguido con esta vida ocasionalmente, por necesidad o por gusto, aún en la actualidad y no puedo negar que me ha traído satisfacciones pero, también, como te lo dije al principio, decepciones y dificultades, no es un trabajo seguro ni estable, hoy puede salir algo, mañana ya no, es cansado y con riesgos de lesión y de enfermedades y, tras coger todo el día, ya lo haces por costumbre, no por gusto, eso es algo que se va perdiendo junto con tu capacidad para sentir el placer de hacer lo que antes disfrutabas.
De las reglas, ¿Qué te puedo decir? El uso del preservativo es primordial ya que nunca falta el que quiere a pelo aun sabiendo los riesgos, uno debe ser firme en eso, hay quienes lo hacen y después, ahí los tienes, lamentándose de que tienen VIH o peor aún, esparciendo aún más el virus que tanto daño ha causado.

Otra que se me viene a la mente, lo que algunos llaman el contacto de seguridad, un amigo que sepa en dónde estás y qué estás haciendo por si algo llegara a pasarte y es que, en el fondo, nunca sabes con qué clase de persona puedes encontrarte; no usar drogas ni alcohol, evitar los tríos si no conoces a al menos uno de los dos con anterioridad, usar doble teléfono para cuando quieras evitar que te sigan hablando del trabajo, porque es lo que es, un trabajo al fin y al cabo, evitar en lo posible llevar dinero limitándote a pedirle que te pague en efectivo exacto lo de tu tarifa, y, sobre todo, llevar siempre una mente abierta y esperar de todo ya que no hay manera alguna de saber lo que estará detrás de esa última llamada donde sólo te dijeron “¿vamos a coger?”, ya sea un hombre casado y con prisa, una travestí de clóset o un joven de 150 kilos que no alcanza a verse sus propios pies, cada uno es un mundo y, al pagar por un servicio, merece ser tratado como tal.

Y aquí llego a otro punto importante y que a muchos les resulta confuso, ¿Por qué, si no soy atractivo, tengo éxito en este tipo de trabajo? Nunca lo he negado, soy feo y con gusto de serlo pero hay tres claves para mí, la primera, es mi imagen, un poco descuidado, un mucho fodongo y que a muchos se les hace de chacal, la segunda, el tamaño, ayuda mucho la verdad y la tercera, la inesperada, mi habilidad para entablar una conversación, para darles lo que desean, plática, buen trato (a veces malo, usted entenderá) y, sobre todo, para hacerlos sentir deseados al menos en lo que se llega al orgasmo, momento en el cual, me olvidaré de tu nombre y te olvidarás del mío, si es que al menos te dije el verdadero, y saldré, de nuevo, al frío, al puto frío tan similar al apodo con el que me han llamado en varias ocasiones los que me conocen bien.

¿Algo curioso en lo que terminas de quitarte la ropa? En mi vida cotidiana no disfruto ser activo, no es mi rol ni me satisface, lo hago por el dinero y por el gusto de dominar a otra persona, no por el placer sexual… Ahora sí, ¿Has acabado? Bien, ¿Cómo lo quieres? ¿Tierno y suave? ¿Rudo y fuerte? ¿No llegará tu esposa?...”



4 de octubre de 2017

Cuando pasó el temblor


La normalidad, esa extraña rutina vuelta cotidianidad que a fuerza de repetirla nos hace ir en piloto automático por la vida, repetimos un día tras otro, y vamos haciendo nuestra vida a base de seguridades, de cosas que damos por hechas, de una vez y para siempre, esperamos que lo construido no cambie, que no se derrumbe, que no se venga abajo, que siga creciendo, fortaleciéndose, mejorando, como cuando conocemos a alguien, a una persona que es especial, con la que comenzamos a construir sueños, ilusiones, certezas, hasta que de repente pasa algo, algunas veces de forma violenta, a veces ocurre un temblor, y entonces nuestra cotidianidad se derrumba, las cosas que habíamos construido caen, todo cambia de forma intempestiva, y a veces no nos damos cuenta…

Cuando comencé a andar en esto, creo que ya era algo tarde para mi edad, cuando hoy día muchos a corta edad ya tienen una amplia experiencia, más en sexo que en sentimientos, yo aún no me asumía. Creo que muchos comenzamos por la búsqueda de experiencias sexuales más que por una relación afectiva. Mi caso no fue diferente. Siempre hubo mucha facilidad para tener encuentros furtivos y anónimos que de alguna manera calmarían una inquietud permanente en nuestra naturaleza, por lo menos hasta el siguiente encuentro. Inicié en esto por una casualidad, también por ociosidad, fui conociendo gente, pero nada era en serio, todo era sin ningún compromiso, solo un desfogue del momento, en una lucha interna entre lo que se supone que debía ser, lo que la sociedad esperaba de mí, y mi propia búsqueda personal de ser yo mismo. La sociedad nos impone formas de identidad tradicionales que de alguna manera no son capaces de ofrecer un sentido de identificación y pertenencia a quienes buscamos una realización propia como individuos fuera de los parámetros “normales”.

Cuando conocí a Nacho no supe que era casado sino hasta unas semanas después que comenzamos a salir, era un pequeño detalle que había omitido, pero tampoco teníamos gran expectativa al conocernos, todo inició como un encuentro casual, algo que sólo iba a suceder una vez, ambos nos gustamos y decidimos tener sexo, un encuentro sin ningún tipo de compromiso, sólo era un hombre que me gustó mucho, y yo a él. La atracción fue mutua y después del primer encuentro sexual comenzamos a salir. Supe después que él era casado, y más que eso, era felizmente casado. Pero para mí esa era la primera experiencia seria que tenía, la primer persona con la que entablaba una platicaba que iba más allá de las formalidades de un encuentro ocasional, él tenía más experiencia que yo, era una persona de mundo, conocedora, mostraba seguridad en sus gestos, en su palabras.

Tenía el tipo norteño, con el pelo medio quebrado muy corto, alto, bigotón, mirada alegre y una sonrisa varonil que encantaba a cualquiera. Cuando no vestía formal por su trabajo, gustaba de usar camisas de manga larga a cuadros que dejaba a medio abotonar dejando lucir el vello del pecho, pantalón de mezclilla, botas y un cinturón ancho con una amplia insignia. Lo único que le faltaba era el sombrero para lo que hoy en día sería la imagen de un vaquero. Su voz era grave y le encantaba la parranda, era bueno para el trago.

Comenzamos a vernos más seguido, un par de veces a la semana, a veces más, en su trabajo él trataba con muchos clientes y las invitaciones a salir eran frecuentes, así que su esposa estaba acostumbrada a que no siempre volvía a tiempo a su casa y muchas veces regresaba con varios tragos encima. Frecuentábamos bares heteros, buscábamos ir entre semana cuando no había mucha gente y podríamos hablar ampliamente, de todo y de nada. De alguna manera a través de la plática y entre cerveza y tragos buscábamos un sentido a nuestra relación, teniendo que coexistir en un mundo hetero aunque cada vez más diferenciado, donde inconscientemente buscábamos un sentido de identidad propio, rompiendo con lo heredado de la sociedad.

Éramos los dos solos, cómplices en un mundo que no estaba hecho para nosotros. Y fuimos pasando sin saberlo a una situación de sentimientos que ninguno de los dos se atrevía a hablar, él por ser casado, yo por lento. No nos atrevíamos a dar un nombre a la relación que estábamos iniciando, no éramos novios, no éramos pareja, pero nos comportábamos como si fuéramos más que eso. Y cierta vez en un mes de Septiembre de 1995 planeamos estar un fin de semana juntos en la Ciudad de México, donde nadie nos conocía, donde nadie pudiera reconocernos, más porque él era casado. Lo habíamos planeado con tiempo, dijo en su casa que tenía un evento con un cliente muy importante y que no podía faltar, quedamos de vernos un sábado por la mañana, yo pasé a nuestro punto de encuentro en mi coche y viajamos.

Reservamos un hotel y después de cenar fuimos a buscar un antro gay. No conocíamos gran cosa de antros, las opciones eran pocas. A un costado de la Alameda Central, en medio de una pequeña calle mal iluminada estaba la entrada, disimulada en medio de la noche. Nos acercamos y el vigilante nos miró un momento y luego nos advirtió: “Este es un antro gay”; nosotros asentimos, nos lo dijo una segunda vez y luego nos dejó pasar. Dentro todo era nuevo y diferente para nosotros, la decoración parecía de la película Fiebre de Sábado, con la pista iluminada y alrededor las mesas. Estaba lleno, así que como pudimos nos sentamos en una mesa. Era algo increíble para mí ver de un golpe todo ese mundo.  Muchos bailaban y era la primera vez que yo veía bailando a hombres juntos, tomándose de las manos, besándose. Y ahí estaba con él. Tenía un magnetismo tal que llamaba mucho la atención, su estatura lo hacía lucir su vestimenta y su pelo en pecho era una invitación a acariciarlo.

Un chavo que estaba al lado me comenzó a hacer plática, y de pronto me preguntó si él era mi pareja. No tenía idea de lo que realmente significaba eso, así que solo pude decir que no. Entonces sin perder más tiempo se dirigió a él y lo sacó a bailar entre mi desconcierto. Quede ahí, sentado, sin poder decir que es lo que pensaba, en mi cabeza solo daba vueltas su pregunta: “¿Es tu pareja?”. Cuando terminó de bailar se sentó a un lado y me dijo: “discúlpame, pero tú me dijiste que no era tu pareja, veo que si lo es”. Y se fue. A partir de ese momento no me separé más de él. Tomamos, bailamos, nos abrazamos por fin libremente frente a otros, nos besamos. Salimos de ahí para ir al hotel. La noche se hizo corta.

Dormimos abrazados, acariciando nuestros cuerpos desnudos, exhaustos, creo que fue en ese momento cuando entendí el significado de lo que era una pareja. Así, en los hechos y a pesar de todo y sin expresarlo, ya éramos una pareja, se lo dije, me dijo que sí, que ya éramos una pareja, nos abrazamos, y entre beso y beso comenzamos a hablarnos de amor, nos amábamos, parecía como si su esposa y sus hijos no existieran en ese momento, sólo éramos él y yo y comenzamos a imaginar planes, de estar juntos, de amarnos, de afrontar todas las dificultades que se nos presentaran, de que nadie podría evitar que nos separáramos ya más. Y así, entre besos y promesas nos fuimos quedando dormidos.

Nos despertó un brusco movimiento, adormilados nos despertamos de golpe, estaba temblando, era un 14 de Septiembre y aún estaba fresco el recuerdo del 19 de Septiembre de diez años atrás, nos asustamos pero no alcanzamos a hacer nada, poco a poco fue pasando. En ese momento y de repente nos golpeó la realidad. La familia, su esposa, sus hijos, mis padres. Rápidamente nos vestimos y nos dirigimos al estacionamiento, para mala suerte el coche no arrancaba, él se comenzaba a desesperar, le dije que si quería se fuera en el metro para tomar el camión a Cuernavaca pero me dijo que me iba a esperar, en ese tiempo no había celulares, buscamos un mecánico cerca que nos pasara corriente, el mío era un coche viejo, nos costó trabajo encontrar alguien en domingo pero finalmente pude echar a andar el auto y salimos.

Aún con la resaca y la desvelada a cuestas emprendimos el regreso a provincia. Todo el trayecto no dijimos nada, pero ambos íbamos pensando en lo que nos esperaría al regresar, las reacciones de la familia, las explicaciones. Al llegar a la ciudad lo dejé donde siempre cada quien fue a su casa. No había pasado nada, y sin embargo mucho había pasado. Los noticiarios en radio y televisión comenzaban a transmitir lo que había pasado, era un sismo de 7.3 y hasta ese entonces era considerado como el más fuerte desde 1985, causó gran alarma ya que faltaban pocos días para el aniversario del terremoto de 1985. Y había dejado grietas que no alcancé a ver en ese momento, el temblor nos despertó en más de un sentido, nos despertó al día y nos despertó a la realidad, a una realidad más fría que la noche de alcohol y pasión que habíamos vivido apenas unas horas antes, cuando estábamos construyendo nuestra propia historia como pareja, algo que estaba a punto de terminar.

Pocos días después de esto nos citamos para vernos, lo vi con su sonrisa habitual, pero algo había cambiado. Fuimos a uno de los bares que frecuentábamos y entonces habló conmigo. Me contó que le había ido muy mal en su casa, su esposa estaba con una crisis nerviosa y le había llamado a todos los familiares cercanos porque no había sabido nada de él, le dijo llorando que su hijo se había asustado mucho y que ella no había sabido qué decirle que justo en el momento en que más lo necesitaba él no había estado y que habían pasado horas sin saber de él. Luego me dijo que se estaba clavando mucho conmigo y que eso no era posible ya que era una persona casada y que por nada del mundo podía ofrecer más, que tenía claras sus prioridades y que eso era su esposa y sus hijos. Entendí que no había vuelta atrás, que quizá si no hubiera temblado hubiésemos seguido juntos algún tiempo más, pero sólo hasta el momento en que su mundo de casado no fuera a verse amenazado. Brindé una última vez con él y nos despedimos.

Así, me di cuenta que el temblor había derrumbado lo que comenzaba a sentir como una relación de pareja. Lentamente recogí los pedazos que quedaban y regresé a mi mundo de siempre, a esa cotidianidad extrañamente reconocida, a volver a las rutinas, a reconocer la ausencia en las cosas diarias. Pasaría mucho tiempo para que volviera a sentir algo por alguien, pero algo había cambiado. Yo, ya no era el mismo, ahora buscaba una pareja, alguien con quien revivir y alargar esos breves momentos de felicidad que tuve aquella noche al lado de Nacho, ya no buscaba solo momentos de sexo pasajero sino algo más, algo que ahora aparecía ante mí como algo que era posible, la expectativa hacia que sintiera una especie de optimismo…

Por: Martín Soloman









14 de septiembre de 2017

Chris

Dicen que la vida es un misterio, que nos tiene preparadas sorpresas que cambian mucho nuestros planes. Siempre pensé que podría tener la vida ideal con simplemente quererlo, pero finalmente  las cosas se dieron de otro modo. Durante mucho tiempo me sentí perdido, confundido y aunque me consideraba afortunado porque disfrutaba de lo necesario para vivir tranquilamente, no era así en mi vida sexual y amorosa, no entendía porque, hasta hace poco. Estaba consciente de que era un hombre con ideas muy tradicionales, pues me gustaba la familia compuesta por un hombre, una mujer y varios hijos.  Y aunque tengo un buen nivel educativo y buena parte de mi vida adulta la he vivido en la ciudad, mis metas en la vida siempre fueron trabajar duro y ya siendo maduro, regresar a mi pueblo y pasar mi vejez ahí con una esposa e hijos y nietos. Quizá esto suene idílico e ingenuo, pero es lo que siempre había creído, deseado y estaba a gusto con eso.

Parte de mi confusión residía en el hecho de que sexualmente siempre había sentido cierta atracción hacia los hombres, pero también por mujeres y por ello, desde hacía muchos años tuve sexo con hombres y con mujeres, más con mujeres que con hombres. Y era ahí donde comenzaban mis problemas, me costó mucho tiempo reconocer que prefería los cuerpos de hombre, siempre me atrajeron los hombres bien formados de cuerpos musculosos y de rasgos varoniles, pero siempre tuve novias y disfrutaba del sexo con ellas, pero mientras tenia sexo con ellas siempre trataba de pensar que estaba tocando un cuerpo varonil para poder mantener la erección, sin embargo la parte genital de una mujer si me daba mucho placer. Por esas razones me sentía asustado porque no acababa de entender que era lo que me gustaba, si no era heterosexual y tampoco homosexual, entonces ¿era bisexual? eran las únicas opciones que se me ocurrían.

Hace unos meses aproximadamente, en una fiesta, mi novia me presento a un amigo suyo llamado Chris, cuando lo vi la primera vez me pareció de esos chavos que se han vuelto un estereotipo por ser musculoso y tatuado. Aunque si me pareció atractivo, lo disimule y comencé  a platicar amigablemente con él, fue así como descubrí que era muy inteligente y no estúpido, como había pensado al principio, me di cuenta que era alguien de mundo, que había viajado mucho y eso lo hacía muy distinto al estereotipo que tenía en mente. A pesar de que tenía un aspecto de modelo, me impresiono su sencillez y que me diera atención, generalmente notaba que las amistades de mi novia me evitaban, creo que les parecía desagradable por mi origen y por mi aspecto. Soy moreno y sabían que provengo de una clase social más baja que la de ellos, no soy egresado de una universidad privada y mi franqueza a veces les molesta, por ello me sorprendió que Chris prefiriera platicar conmigo, que con los falsos amigos de mi novia. Ese día termino y nos despedimos, pero me invito a ir a correr a un parque cercano a mi casa y acepte.

Cuando salí a correr con Chris, me di cuenta que era una excelente persona, hablar con él me hizo preguntarme cosas importantes que antes no había pensado, me di cuenta que era de las pocas personas que siempre tienen algo de valor que aportar y por eso me disculpe con él porque cuando nos conocimos, al principio lo trate como los demás que estaban en dicha fiesta. Me respondió que entendía porque lo había hecho, pero que ahora que sabía que podía ser distinto esperaba que fuéramos buenos amigos y que pudiéramos convivir como tales. Le respondí que con mucho gusto, que ya lo éramos desde ese momento. No habíamos tocado aun el tema de la sexualidad, pero si me sorprendió que no tuviera una novia, siendo tan buen partido. Así que pensé que cuando él quisiera me hablaría sobre el tema, me decidí a tener cuidado con él, no quería tener problemas por no controlarme y evidenciar que me gustaba, definitivamente como amigo valía mucho la pena.

Seguimos conociéndonos y nos hicimos muy buenos amigos, incluso varias veces nos acompañó a mi novia y a mí en algunas ocasiones especiales. Al principio todo estuvo bien, pero mi novia comenzó a mostrar ciertas actitudes desagradables, yo la conocía bien y era obvio que ya no estaba a gusto con que Chris nos visitara, pero no entendía por qué, él siempre había sido muy respetuoso de nosotros, y yo nunca había intentado nada con él. Aun así, para entonces yo ya sabía que la relación con mi novia no era para siempre, había muchas actitudes en ella que no me gustaban, pero algo que me desagradaba mucho, es que era muy presuntuosa, tal como sus amigos y creía que finalmente nunca se casaría conmigo por ser así. Sin embargo seguía con ella porque hasta ese momento siempre me había tratado bien, tenía cosas buenas que me gustaban, era muy bonita, disfrutaba el sexo con ella y tenía una mentalidad muy abierta, muchas veces hable con franqueza con ella sobre ciertos temas, como el de mi sexualidad y nunca se escandalizo, yo mismo le dije que antes había tenido encuentros homosexuales, pero que ahora estaba con ella y ya no lo hacía, me dio a entender que no había problema mientras no lo hiciera más.

Cierto día, Chris me invito al cine, la película que vimos fue de temática homosexual y cuando la comentamos, le expresé mi opinión en la que no tenía problema con la diversidad sexual, pues “es cuestión de cada quien”, dije, “no me interesa la vida sexual de los demás, solo la mía”. Note que me miro con aprobación, y a continuación le dije que no tendría problema si me presentaba a su novio, ante lo cual sonrió y me dijo que por el momento no tenía, pero cuando lo tuviera me lo presentaría sin problema. Eso me indico que tal vez podría ser bisexual, a menos que estuviese bromeando, igual que yo. A partir de entonces, comenzamos a ir juntos al gym, era innegable que tenía muy buen cuerpo, con una cintura muy estrecha y un cuerpo muy bien trabajado, pero evite verlo mucho para que no me evidenciara. Nuestra amistad fue creciendo, de manera que se convirtió en mi amigo más cercano y cuando termine con mi novia, él estuvo conmigo, apoyándome cuando ella me dijo que ya no podía seguir conmigo porque no parecía estar funcionando lo nuestro. Ella también me dijo que no la necesitaba que de todos modos yo ya tenía un amigo muy cercano, como insinuando que tenía algo romántico con Chris, y a continuación hablo en tono femenino de él, refiriéndose a él como ella. En ese momento no le di atención a esas palabras, supuse que estaba alterada diciendo tonterías, pero más tarde me pregunte si ella sabía algo que yo no, aun así, no le di más importancia. Después de que termino nuestra relación, me sentía triste porque estaba muy acostumbrado a ella.

Chris me dio mi espacio, pero se mantuvo comunicado conmigo, llego el fin de semana y le pedí me acompañara a tomar unas chelas. Yo tomaba poco, pero creo que la situación lo ameritaba, así que fuimos a beber unas cervezas, tome muchas, pero él solo se tomó una y me dijo que estaba tomando unos medicamentos, que después me explicaba para que eran. Supuse que estaba enfermo y no lo presione. Más tarde cuando yo ya estaba muy ebrio, nos fuimos a mi casa y me llevo hasta mi habitación, lo abrace y no lo dejaba ir, le di un beso en la boca y me lo recibió bien, le dije que lo estimaba mucho y que también me gustaba bastante, que aunque estaba borracho sabía bien lo que hacía, el me respondió que prefería habláramos en juicio, que también yo le gustaba, que después cuando nos viéramos de nuevo podíamos hablarlo. Solo recuerdo que le di un beso más. Al día siguiente me llamo para saber cómo estaba y respondí que ya estaba bien. Le pregunte si todo estaba bien entre nosotros y me respondió que muy bien.

Transcurrió otra semana antes de vernos de nuevo, y el viernes siguiente me invito a comer hamburguesas, teníamos la costumbre de ir a comerlas a un pequeño negocio donde las hacían muy bien y tenían una receta muy original. Hablamos como si nada, me pregunto de mi trabajo, como había sido mi día y eso me agrado, recordé que muchas veces yo le reclamaba a mi ex novia que nunca me preguntaba cómo había sido mi día y Chris sin saberlo, estaba cumpliendo esa función, era una persona muy atenta, le conté todo lo que nunca había podido expresar a alguien de lo que hacía en mi trabajo y me prestó atención, demostró interés y se lo agradecí mucho, ya sabía algunos detalles de mí, pero ahora conocía más de lo que hacía en mi trabajo, me sentí muy bien. Me dijo que tenía un compromiso familiar, pero que quizá al día siguiente podíamos ir a tomar otra cerveza y seguir platicando. Acepte de buen agrado, pero me quede pensando que querría hablar. Recordé que una semana antes le había dicho que me gustaba y eso me puso nervioso, él era el mejor amigo que había tenido y no sabía si eso podía cambiar por haberle dicho que me gustaba, pero me intrigaba mucho que me hubiese dicho que yo también le gustaba, ahora entendía que él era muy diferente a los amigos que había tenido antes, quizá yo estaba teniendo sentimientos románticos hacia su persona, mientras que quizá él, solo me estimaba.

Al día siguiente nos vimos en mi casa, era un sábado por la tarde, nunca olvidare ese día, le dije que en vez de salir mejor nos quedáramos en casa y tomáramos algo, estuvo de acuerdo. Saque dos cervezas y las puse en la mesa. Me pregunto si recordaba que teníamos pendiente hablar sobre algo, respondí que si lo recordaba, entonces me dijo que le había costado mucho decidirse a hablar conmigo, porque no sabía cómo lo iba a tomar, pero que debía decirme las cosas que sentía y que desde hace tiempo me quería decir como el amigo que me consideraba. Le dije que me pusiera a prueba y vaya que lo hizo. Comenzó preguntando si yo me asumía como bisexual, respondí que eso creía ser, porque ya había tenido sexo con hombres y mujeres anteriormente. Menciono que ya sospechaba eso, pero que la situación con él era un poco más compleja. Le exprese que no entendía que pasaba con él, porque me parecía un chavo muy atractivo y seguramente tenía muchas oportunidades tanto con mujeres como con hombres. Me pregunto si no veía nada raro en él, a lo cual respondí que no. “has observado muchas veces mi cuerpo en el gimnasio, pero no has visto bien” me dijo y comenzó a desnudarse.

Me quede serio, esperando a ver que quería mostrarme, por un momento pude notar su musculoso cuerpo masculino, se quedó solo en bóxer y de pronto metió su mano al frente y saco un relleno de trapo, a continuación bajo su bóxer y pude ver que tenía una vagina, es lo que aparentemente se veía. Me dejo mudo, no supe que decir. Le pregunte porque tenía vagina, solo eso se me ocurrió decir. Al ver mi cara de asombro se volvió a vestir y me pregunto si aún quería seguir siendo su amigo. Me quede pensativo, no sabía que decir, me explico que era un hombre trans, lo cual significaba que antes había sido mujer, pero que ahora era un hombre, solo que había decidido conservar su vagina, primero porque le había parecido riesgosa la operación de reasignación del sexo y en segundo lugar porque le atraían los hombres. Estábamos frente a frente y hubo un momento en que se desmorono y note la tristeza en su cara, al parecer pensó que yo lo iba a rechazar. Cuando reaccione y me di cuenta de eso, lo abrace y le dije que sin importar lo que pasara entre nosotros, siempre seria mi amigo, mientras pensaba en lo difícil que debió haber sido su vida, estuvimos abrazados horas mientras me contaba su vida. Ese día aprendí varias cosas, entre ellas que la identidad sexual, es decir cómo nos identificamos (hombre o mujer) y la orientación sexual (atracción sexual) son dos cosas muy distintas, Chris se identificaba como hombre, aunque había nacido con un cuerpo de mujer, hizo la transición transformando su cuerpo al de hombre desde muy joven con el apoyo de sus padres, y supe por qué se llamaba Chris. Ese día todo cambio entre nosotros.

Junto con Chris, ahora somos una pareja y me siento muy feliz a su lado, tengo lo que siempre había deseado, pero que no había hecho consciente, tengo lo más deseable de un hombre y una mujer, claro, es mi gusto, quizá para otras gentes les parezca absurdo y hasta bizarro lo que yo deseo, pero me considero afortunado de haberlo encontrado. Mi vida está muy lejos de ser tradicional como mucho tiempo pensé que sería, pero ahora ya no me siento perdido ni confundido y junto a mi pareja, vemos con más confianza un futuro que poco a poco se va modelando frente a nuestros ojos, no me defino como homosexual o bisexual, creo que las etiquetas no son para nosotros.

Por: Tigrillo Serch


30 de agosto de 2017

Carta el hermano

A pesar de que me considero afortunado en el amor, porque tengo una gran pareja, siempre me he sentido con mucho coraje con la vida, pues a la menor contrariedad sacaba toda la ira que tenía acumulada y a veces hacia cosas muy violentas, perdía la razón y aunque no le pegaba físicamente a nadie, decía cosas muy hirientes. Últimamente he modificado eso en mi persona, como ya lo mencione antes por mi pareja, que ha sido muy paciente conmigo. Me doy cuenta que muy pocos en el medio homosexual logran tener una pareja estable y no pretendo saber la razón, cada pareja es distinta, pero sé muy bien que en nuestro caso, los años que llevamos juntos son producto del esfuerzo que ambos hemos hecho para mantenernos unidos y poder sortear las dificultades que podrían habernos separado. Pero esa gran ira que aún tengo acumulada y que tanto trabajo me ha costado eliminar, se debe a mis condiciones de vida. A continuación les compartiré una carta que pienso enviar a un familiar, creo que entenderán a qué me refiero después de leerla...

“¿Quién se hará cargo de los viejos? Siempre me acostumbré a verlos tan fuertes y firmes ante cualquier adversidad que no me di cuenta de que el paso del tiempo los iba envejeciendo, ahora están vencidos y necesitan de nosotros hermano, sé que tu hiciste tu vida lejos de ellos, lejos de mi, no tanto por ti, sino por estar lejos de mí, de ellos… no es necesario que me digas nada, yo lo sé, desde muy jóvenes y como mi hermano mayor lo supiste, te diste cuenta de muchas cosas que no pasaban conmigo, no tuve novias en la edad en la que tú ya te habías comprometido, siempre me cuestionabas por qué no tenía novias y qué pensaba hacer de mi vida, muchas veces me sentí tentado a decirte lo que yo era, pero ver tus reacciones hacia los “pinches putos” me hacían callar. Luego te casaste y cuando tu esposa estaba próxima al nacimiento de tu hijo te fuiste de la casa, te independizaste, eras el orgullo de los viejos, recuerdo su emoción cuando nació su primer nieto, con cuanto gusto lo cargaban cuando lo trajiste a la casa para que lo conocieran, pero no dejaste que yo lo cargara… Es curioso, ¿sabes que entre la gente como nosotros los tíos somos muy queridos? Si, los tíos solemos volcarnos en cariño hacia los sobrinos como si fueran los hijos que nunca podremos tener, pero algunos no confían en nosotros como tú, siempre evitaste que tu hijo y los que vinieron después convivieran conmigo, siempre los alejaste, siempre me vieron como un extraño…

No tienes que mentirme, sé por qué lo hiciste, por tus ideas acerca de la gente como yo, unos pervertidos que podían dar un mal ejemplo a tu primogénito, un varón al que criaste con más firmeza que cariño, querías evitar a toda costa que pudiera tener mi mala influencia y lo lograste, así que yo también me retiré de ti y de ellos… Me quedé aquí con los viejos, de alguna manera me sentía seguro, después que les diste su primer nieto me dejaron en paz, o quizá sería porque tú ya no estabas cuestionándome que también ellos dejaron de hacerlo y sólo se acostumbraron a verme sin preguntarme ya nada, creo que llegaron a saber lo que yo era sin decirlo con todas las letras que tu me dijiste una noche que llegaste borracho después de ver a tu novia, ¿ya lo olvidaste? Me dijiste que yo no tenía novia porque era un pinche puto, me lo gritaste, yo no te dije nada, pero tenía la cara roja de vergüenza, eras mi hermano mayor y no podía cuestionarte, siempre te respete a pesar de que tu jamás me respetaste a mi, estoy seguro que los viejos te escucharon pero nunca me dijeron nada, y el tiempo fue pasando, todos nos fuimos haciendo viejos, ellos más.

Con la distancia y el tiempo de por medio entre nosotros de alguna forma aprendiste a tolerarme, a verme como un mal necesario y a ver que después de todo podía servir para algo en la vida, por lo menos para acompañar a los viejos, y ahora que te busqué para hablar contigo quiero decirte que no se trata de mí ni de ti, ahora es por los viejos, desde que el viejo se cayó de las escaleras ha estado en cama, los médicos dicen que no tiene nada, pero a él le da miedo levantarse de la cama y cuando lo he levantado para caminar las piernas le tiemblan, y sus manos se aferran a mi brazo, ya no puede caminar solo, y la viejita no puede hacer mucho, sólo le hace compañía pero ya no puede hacer más, es un trabajo duro para mí solo y también tengo que trabajar, es necesario que nos ayudes, no por mí sino por ellos, por los viejos, ¿quién se hará cargo de los viejos?

Para ti que hace años dejaste de convivir con ellos te es más fácil pensar que para eso estoy yo, sé que cuando te enteraste que el viejo había agarrado cama por primera vez agradeciste que yo no me hubiera casado nunca, porque ahora podría cuidarlos yo sin que tu distrajeras tu tiempo, pero ahora te lo digo, ya es necesario que también te hagas cargo, porque aunque yo viva aquí tú has recibido más de ellos que yo, recuerda que ellos fueron quienes te ayudaron a comprar tu casa y que cuando tus hijos estaban chicos muchas veces ellos te ayudaron con sus gastos, sobre todo del mayor que fue muy enfermizo de niño, así que de una u otra manera es necesario que también veas por ellos en estos momentos, la responsabilidad de cuidarlos es de ambos como hijos, no sé cuánto tiempo pueda durar esta situación, lo que sí te digo es que sólo puede empeorar, y que solo hay un desenlace posible, pero no sabemos cuánto tiempo pueda llevar…

¿Qué cómo estoy? pues bien, es curioso, a pesar de que somos hermanos hace muchos años que no platicamos entre nosotros, y no es porque no haya querido, sino porque desde que te casaste e hiciste tu vida aparte yo también decidí hacer la mía por mi lado, hay mucho de mí que no conoces, y lo que sabes es por lo que los viejos te contaron de mí, creo que si bien al inicio aceptaron que no pudiéramos llevarnos como hermanos, al final eso les ha causado tristeza, no me lo dicen a mí pero los he llegado a escuchar, ¿sabes? hablan mucho de las cosas que pasaron hace muchos años, de cosas que yo ya había olvidado, hablan de cosas que nos pasaron a ti y a mi de niños, cosas que sé que tú también ya olvidaste, quizá yo sepa más de ti que tú de mi, creo que simplemente te dejé de importar como hermano por lo que yo era, sí, no me pongas a tu familia de excusa, ambos ya también estamos viejos y no creo que tenga caso que nos digamos mentiras disfrazadas de frases amables, ya no tiene caso,

¿Ves a los viejos? En poco tiempo nosotros mismos seremos ellos, la vida pasa muy rápido y cuando nos damos cuenta se ha ido, el tiempo que queda para corregir los errores siempre es insuficiente, y ahora ya es muy tarde para entendernos… como te dije, no es por mí, es por los viejos, a ellos les gustaría verte en el tiempo que aún les quede, el viejo aunque está en cama está lúcido, pero ella la veo cada vez más extraviada, por eso es que también tú debes hacerte de cargo de ellos, y no me digas que tienes más responsabilidades que yo porque tienes hijos, sé que tus hijos están haciendo su vida y que ya no están contigo, sé que ellos no te quieren por la forma como los educaste, les inculcaste miedo y tan pronto pudieron irse de tu lado lo hicieron, y sé que tu esposa hace mucho que ya no hace vida conyugal contigo, pero todo eso lo has ocultado para mostrar a los viejos que eres mejor que yo, que tú si fuiste capaz de formar una familia, que no fuiste alguien “seco”, estéril, y que tu paso por el mundo valió la pena… pero déjame decirte algo, no voy a estar aquí cuando los viejos se hayan ido, no creas que me pienso quedar con la casa, yo también hice mi vida, una que no conoces, no porque la haya ocultado, sino porque nunca quisiste saber más de mí, por ello te digo que no voy a estar aquí después de ellos, ¿qué haré? Irme de aquí, dejar atrás los recuerdos, y afrontar el tiempo que me quede de la mejor manera, porque, hermano, el tiempo ha pasado también por nosotros, a pesar que te pintes el pelo y que te veas fuerte y tengas relaciones extramaritales, sé que tomas por lo menos unas tres pastillas al día para los padecimientos que ya tienes… y no me digas que no puedes ceder parte de tu tiempo para cuidar a los viejos, y si sólo te alejas como creo que finalmente lo harás, te pregunto, ¿quién se hará cargo de los viejos? y esta vez no me refiero a ellos, esta vez me refiero a ti, a mí. ¿Se harán cargo tus hijos de ti, cuando estés más viejo y ya no puedas valerte por ti mismo? o ¿harán lo mismo que tú le estás haciendo a tus propios padres? ”

Por: Tigrillo Serch


17 de agosto de 2017

¿Quieres ser mi cu...?

Un chacal, el sueño sexual por excelencia de una gran mayoría de homosexuales, ese gusto inconfesable para muchos, carente de estilo, de elegancia, de glamour, con un bajo nivel educativo y carente de buen gusto, de gestos toscos, brusco en su trato, desapegado, desprovisto de sentimientos de denoten una flaqueza, pero provisto de una alta carga sexual, convertido en un objeto de deseo, como si se tratara de un platillo exótico de condimentos autóctonos y fuertes que desde el primer bocado son un golpe a los sentidos, como si fuera un trago de aguardiente que de inmediato calienta el cuerpo, una experiencia que no se tiene a menudo, pero que cuando sucede provoca una embriaguez sexual casi inmediata.


“¿No quieres ser mi culito?”, eso fue lo que me dijo cuándo lo conocí, sin más rodeos, sin más pretensiones, frente a mi tenía a un hombre que me parecía muy sensual, era como el tipo de chacal que yo había imaginado en mis fantasías... de pronto, no supe que decir.

Fue uno de esos días extraños en que algo cambia en la rutina diaria de trabajo, una tarde en que el hastío de la cotidianidad hace que desees cambiar de rumbo en la vida, y que por lo menos lo haces cambiando de calle al regresar a casa, esa tarde caminé hasta encontrarme con el viejo cine porno que aún subsiste entre tiendas que se modernizan, ahí, al final del pasillo viejo y olvidado compré mi boleto. Me quedé en la entrada pasando las cortinas rojas y derruidas del acceso para acostumbrar mis ojos a la oscuridad. A mi lado de vez en cuando alguien pasaba mirándome de arriba abajo y haciendo el cálculo mental del potencial de sexo que pudiera representar, cuando de repente apareció ante mí, un chacal, moreno, una mochila de trabajo al hombro, un pantalón de mezclilla gastado y una camisa con las mangas arremangadas y tres botones abiertos, bigote y zapatos tipo industriales, estaba recargado en una pared frente a mí, pero mis ojos aún no se acostumbraban a la oscuridad y al poco tiempo lo perdí de vista.

Cuando mis ojos por fin me permitieron ver en la oscuridad, traté de buscarlo pero no pude ubicarlo, así que comencé a dar vueltas por todo el cine, al pasar por los asientos del frente lo encontré, estaba sentado mientras otro estaba de rodillas frente a él haciéndole sexo oral, él me miró con una mezcla de diversión y egolatría, casi podía adivinar diciéndome con la mirada “ni modo, ya te ganaron”. No me gusta hacer mal tercio así que me alejé y me quedé a mitad del cine en un pasillo que separaba la parte superior del cine, algunos se me acercaban pero al ver que no les hacía juego se iban a buscar alguien más dispuesto. Al cabo de un rato el chacal se había levantado del asiento y estaba al otro extremo del pasillo donde yo estaba, lo miré y dudé un poco en acercarme, finalmente lo hice hasta quedar a unos pasos de él. Me volteo a ver, se tocó el miembro en clara invitación, lo toqué, tenía la verga dura, le bajé el cierre del pantalón, lo que vi y toque entre penumbras, era algo que pocas veces había presenciado, el chacal la tenía grande, gruesa, y muy estética. Sin que me importara que los demás me vieran, me puse de rodillas frente a él y me dejé llevar en una explosión de placer.

Cuando todo pasó me levanté y quise platicar con él, no me dijo gran cosa, me pareció que quería abrazarme pero pronto sus manos fueron a mis nalgas apretándolas con fuerza mientras me decía “que buen culo tienes”.  En ese punto de mi vida siempre me había considerado inter, cuando me dijo eso mi instinto me habría hecho rechazarlo y alejarme, pero hubo algo en él que me hizo detenerme, lo miré con una sonrisa nerviosa mientras él me hacia la pregunta con la que inicie este relato. Cuando no supe que decir, agarro mi mano y la puso de nuevo en su enorme verga y pregunto “¿no te gustaría disfrutar diario de algo así?” No respondí de nuevo y entonces le pedí un beso, pero como buen chacal, dijo que él no besaba, mientras me esquivaba al tiempo que apretaba con más fuerza mis nalgas. Era hora de irme pero intercambiamos números de teléfono. Por esos días tenía un viaje, estaría fuera de la ciudad, a mi regreso no sabía si verlo o no, pensé que quizá nos viéramos una vez más, quizá una vez en otro lugar que no fuera el cine, un lugar donde tuviera la privacidad suficiente para tener sexo sin prisa, así que a mi regreso le llamé, quedamos de vernos cierto día, acordamos el lugar, la hora.

Ese día llegó con una gorra gastada, pantalones rotos y una expresión seria, indiferente, casi molesto, me miró por un momento sólo para estar seguro que fuera yo la misma persona de la oscuridad del cine y luego no me miró más, dijo muy poco de sí mismo, que solo podía estar conmigo un rato, que era albañil, mientras caminaba mirando al frente. En ese momento pensé por primera vez que no había sido buena idea haberlo citado, que quizá podría ser peligroso, pero la calentura de la vez anterior fue más fuerte y llegamos al cuarto de hotel. Él sólo se quitó la camisa mientras me miraba de frente, su cuerpo no era musculoso pero si firme, a ambos lados de su cintura, bajo su abdomen se dibujaban unas líneas y al centro se asomaba el vello púbico, todo eso me había excitado mucho, pero su presencia también me ponía nervioso le desabroché el pantalón y entonces el objeto de mi deseo saltó a mi vista, ahora podía ver su miembro con la luz del atardecer que se filtraba por la ventana, tiempo después supe que su verga era su orgullo, y si, de verdad pocas veces había visto alguien que tuviera una verga que me gustara mucho estéticamente. Me desnudé por completo y me hinqué para hacerle sexo oral, él no decía nada, sólo me miraba mientras sus manos buscaban mis nalgas. Creo que siempre he sido malo para hacer sexo oral y esta vez no era la excepción pues pronto me quitó para voltearme y empujarme boca abajo en la cama, se quitó el pantalón, buscó un condón y me penetró sin decir más, sólo gemía de placer, parecía tener un vocabulario muy limitado pues solo repetía “eso me gusta” y “que rico culito me estoy chingando”.

A mí, me gusta que cuando me penetran tenga yo libertad de masturbarme, porque aun cuando llego a hacer el rol de pasivo mi centro de placer sigue estando en mi miembro, y así es como eyaculo, pero él no me dejaba incorporarme, cada que lo hacía imponía su cuerpo sobre el mío para que estuviera totalmente acostado boca abajo sin poder tocarme el miembro, mientras me penetraba en una sensación que iba más al dolor que al placer al no poder masturbarme. Luego lanzó un gemido y eyaculó. Sin decir nada se levantó y se fue a bañar. Después me bañe yo, cuando salí él ya estaba vestido, le dije que me esperara para salir juntos, lo hizo mientras veía la televisión. Yo no había tenido orgasmo y eso me pareció frustrante. Pero al despedirnos en la calle, me dijo: “el día que nos conocimos, antes de que entraras al cine yo ya te había visto y entre después de ti, tenía que hacerte mío, ese culito que tienes es mío, ya lo era antes de que me conocieras, porque lo que yo veo y deseo siempre llega a ser mío, nos vemos pronto, cuídamelo”, me quedé estupefacto y no supe que decir, mi mente estaba shokeada, ¿quién era este pendejo que se creía dueño de mí? Me molesto mucho, sin embargo, muy en el fondo, temiendo siquiera reconocer ese sentimiento, me gustaba la idea de que alguien así de varonil se fijara en mí, me sentí estúpido y me fui a casa resuelto a ya no verlo más, ante todo tenía mi orgullo.

Pasaron varios días y yo seguía pensando en él, la verdad es que si me había gustado mucho, pero también alcanzaba a percibir el tipo de hombre que era, muy machista y posesivo, lo que también no me gustaba es que la mayoría de esos hombres ni siquiera se perciben como homosexuales y eso ya de por si es todo un problema, no tenía ni las ganas ni el tiempo como para tratar con alguien así y eso que aún no lo conocía. A los 5 días de haberlo visto, me contactó, me envió un mensaje donde me decía que me esperaba a las 6 de la tarde para entrar al hotel de la vez pasada. Me empute de nuevo porque ¿quién se creía este wey, como para disponer de mi tiempo, cuando se le antojara?, ni siquiera me pregunto si podía, le dije que no podía y respondió que ya estaba planeado que me esperaba a esa hora. Como ustedes se imaginaran, ahí estuve puntual, cuando me vio llegar se dibujó una sonrisa que ilumino su cara, me pareció tan atractivo y supe en ese momento que ya había caído en sus redes. Este wey me había conquistado, quise darle el culo de inmediato.

Entramos al hotel y me puso una pinche cogida bien rica, después de hacerme beso negro, comenzó cogiéndome patitas al hombro, pero luego me tomo de una forma increíble, nadie me había cogido de esa forma, me agarro ambos pies a la altura de los tobillos y comenzó como a esquiar con mis piernas, mientras pegaba y restregaba su pelvis contra mi culo en movimientos circulares, se había recortado el vello púbico y cuando me tenía bien penetrado sus bellos rozaban mi ano de forma que me estimulaban y de esa forma también me pude masturbar, de manera que casi nos venimos al mismo tiempo. Me gustó mucho la forma en la que me miraba mientras me cogía, tenía una mirada que variaba a veces era fuerte, dominante y por momentos tierna, pero siempre con placer. Esta vez se mostró más expresivo y me veía al rostro, me dio a entender que yo le gustaba y quería seguirme viendo y efectivamente nos vimos muchas veces y comenzamos a conversar por mensajes, de manera que al mes de habernos conocido, yo solo estaba esperando el momento para vernos de nuevo, nunca me ofreció ser mi pareja o algo así, solo me decía que no me molestara si llegaba el momento en que ya no sintiera interés en mí, pues casi siempre dejaba de interesarse en la gente a los seis meses, yo no le decía nada, pero cada vez que lo veía, rogaba que no cumpliéramos los seis meses.

Cierto día, cuando nos vimos, me reclamó que un amigo suyo que supuestamente me conocía le dijo que me había visto muchas veces en el cine porno, y que iba a que me cogieran. En ese punto no había un compromiso entre ambos, no puedo decir que éramos pareja, porque sólo era sexo ocasional, pero a sus ojos,  yo le pertenecía, mi culo le pertenecía, y era como una propiedad de él. Y aunque yo era inter, nunca me habían cogido en el cine, pero no tenía credibilidad para él. Le pedí que llevara a su amigo a una plaza comercial que adoptamos como el punto de encuentro, y que frente a mí me dijera esas cosas, después de unas llamadas me dijo que sí y acordamos el día. Lo esperé un tiempo, sólo llegó él, a su amigo según le había surgido algo familiar y no había ido. Eso me molestó mucho. Ese día cada uno emprendió el camino de regreso por senderos opuestos, solos, ese día no hubo hotel a donde ir. Ya no quise verlo más, estaba decidido a sacarlo de mi vida de una vez para siempre.

Pasó el tiempo, bloquee su número, deje ese asunto por la paz, en el fondo sabía que estaba inconcluso, pero preferí evadirlo y no tratarlo más, ya pasaría y lo olvidaría por completo. Pero cierto día al entrar a un oxxo me encontré con él, estaba pagando en caja un par de six de cervezas, lo vi y recordé las veces en que ese cuerpo y esos brazos me tocaban y me daban placer, el placer que nadie me había proporcionado, él me reconoció y me dirigió una mirada de superioridad, cínica, burlona, de inmediato recordé la forma en la que me había tratado, solo como un objeto de su propiedad y volví a experimentar la terrible furia que antes ya había sentido. Me di vuelta y me dirigí a mi auto, él salió después de mí y entonces pude ver una expresión de tristeza, agachó su rostro y caminó hacia mí, se detuvo y me dio su número de teléfono en un pequeño papel, me dijo que seguramente lo había borrado y que quería verme en otro lugar más discreto para disculparse conmigo, de la forma adecuada, me dijo que sólo había podido ver una parte de lo que él era y que sería mejor que nos viéramos otro día para hablar bien, me dijo que estaba muy apenado conmigo y que aunque no lo creyera, pensaba mucho en mí. Vi sus ojos y me parecía muy creíble. Acepte el papel y le dije que después le llamaría. No sé qué hacer, aunque siento deseo por él creo que siento algo más por él, pero mi raciocinio dice que no es lo mejor para mí. ¿Ustedes que me sugieren?


Anónimo
Editado por: Martín Soloman