4 de febrero de 2020

La vida secreta de Omar


La primera vez que lo vi me llamó la atención el color de su piel, era moreno, muy moreno, quizá no era de esta parte del país, aunque la gente originaria del Estado es morena, no alcanza esa tonalidad de piel, tenía una camisa de cuadros clara con los botones del pecho abiertos que contrastaba con su piel haciéndola ver más oscura aún, a primera vista parecía tener un cuerpo trabajado, con hombros anchos y podía verse claramente la línea que divide los pectorales, algo que no todos los hombres pueden lograr aún con ejercicio. Sabía que era observado por quienes pasaban caminando por la plaza cívica del centro de la ciudad, quizá esperaba algo, quizá esperaba a alguien, como muchos de los que caminaban sin prisa en esa tarde de verano a donde yo también había llegado tratando de huir de mi realidad.

En ese tiempo yo aún era joven, pero para alguien de provincia ya no lo era tanto, todos mis compañeros de mi edad ya estaban casados y comenzaban a tener hijos, lo que al inicio era una ligera presión para que yo también tuviera una novia y me casara había pasado a ser una presión bastante fuerte, sobre todo por parte de mi padre, siendo yo el hijo mayor y aún soltero. Aunque siempre traté de ser buen hijo, nunca estuve a la altura de las expectativas de mi padre, quien trabajó duro toda su vida para sacarnos adelante y esperaba mucho de todos, sobre todo de mí. Demasiado temprano se había dado cuenta que yo no iba a ser como él hubiera querido, pero aún así yo trataba de esforzarme por complacerlo aunque sin éxito. Después de mi trabajo hacía algunas cosas en la casa, me gustaba la carpintería y poco a poco me había ido comprando alguna herramienta y maquinaria básica con la cual comenzaba a hacer algunos muebles, pero eso no era lo que mi padre quería de mí, él esperaba que un día cualquiera llegara a la casa con una mujer y la presentara como mi novia, poco después me casara y le diera nietos, pero eso no iba a pasar, por lo menos no tan pronto.

La tensión entre mi padre y yo crecía cada momento, cuando estaba en casa era insoportable estar cerca de él, sabía lo que mi padre quería para mí, no sé qué esperaba yo que pasara, pero tampoco sabía qué hacer, ése sábado estaba en casa haciendo algo de carpintería, en el patio había improvisado una mesa de trabajo y estaba cortando madera cuando vi a mi padre que me observaba en silencio, lo conocía, sabía que quería decirme algo pero no lo hacía, sólo daba vueltas a la idea en su cabeza una y otra vez y cuando lo dijera iba a ser muy fuerte, yo seguía con la madera tratando de dar forma a las piezas que iba a necesitar cuando mi padre se me quedó viendo y me gritó: “-¿y qué estás haciendo aquí haciéndote pendejo? Te largas de aquí y no regresas hasta que vengas con una mujer, lárgate ya y ve a ver a dónde la buscas, pero no te quiero más aquí así como estás, te largas pero ya!”. Me quedé frío, pocas veces lo había visto así de furioso, sentí que estaba a punto de darme un golpe, dejé tirado todo, la herramienta, la madera y me metí a mi cuarto. No era bueno quedarme ahí, así que me cambié y me salí de la casa para irme a no sabía dónde, sólo comencé a caminar mientras sus palabras retumbaban en mi cabeza.

Esa fue la última vez que hice algo para la casa de mi padre, la herramienta se fue oxidando o se perdió y la madera quedó almacenada mucho tiempo y se fue ocupando como pedacería para cualquier cosa, no volví a meter mano para nada y a partir de entonces hice todo lo posible para independizarme. Habrían de pasar muchas cosas aún pero a partir de ese día ya no volví a tomar parte de nada de lo que se hiciera en la casa, en su casa, en la casa de mi padre que entonces dejé de sentir como parte de mi vida, y mientras seguí viviendo ahí era como una casa de huéspedes para mi donde yo era el invitado incómodo. Así, caminando llegué hasta la plaza cívica del centro de la ciudad, tantas veces había estado ahí, y sin embargo no la conocía realmente, a través de su gente. Sin nada que hacer me senté en una banca a observar a la gente que estaba ahí, familias paseando a sus hijos, vendedores de globos y dulces, boleros de zapatos, pero me llamó la atención la diversidad de personas que había, muchas mujeres jóvenes que parecían ser trabajadoras domésticas de casas ricas en su tarde libre, muchas con rasgos foráneos, jóvenes y tímidas esperando a su novio que seguramente también trabajaba en cosas de jardinería en las mismas casas, ahí llegaban los hombres jóvenes buscando a su novia, se veían y se sonreían, quizá después irían al cine, quizá después tendrían sexo, quizá tendrían después un embarazo no deseado, qué ironía, mientras mi padre me había corrido de la casa por no poder ser como ellos, siendo yo una decepción tras otra en su vida. Pero también vi a mujeres solas, a hombres solos, y también pude reconocer por la mirada a uno que otro hombre que iba a buscar a otro hombre con el cual tener sexo, hombres que no se reconocen como homosexuales pero que tienen sexo con otros iguales.

Sentía la mirada curiosa de algunos hombres sobre de mí, ahí sentado en una banca de la plaza un sábado por la tarde, solo, con mil pensamientos dando vueltas en mi cabeza, me levanté de la banca y comencé a caminar. Ahí fue cuándo lo vi, un hombre joven, muy moreno, algo más joven que yo, estaba sentado en una de las bancas con actitud indiferente, no era de por aquí, como muchos de los trabajadores que acudían a la plaza, su color de piel era muy llamativo, quizá era de la costa pero su pelo era lacio y tenía un ligero bigote fuera del cual no tenía más vello corporal, su ropa era vieja pero limpia, mientras lo observaba me volteó a ver y me sostuvo la mirada mientras me observaba. Me senté en una banca cercana desde donde lo podía ver, otros hombres pasaban y lo miraban, no a todos les gustaba su aspecto, su color de piel, pero algunos se sentían atraídos por él. Alguien pasó y se le quedó viendo, le dijo algo, se sentó en su misma banca y comenzaron a platicar, desde donde estaba no podía oír nada, después de un rato ambos se levantaron y se fueron caminando, al pasar a mi lado el hombre moreno me volteó a ver haciendo un leve movimiento con la cabeza que le correspondí, luego se perdieron entre la gente.

Anochecía cuando llegué a la casa de mi padre, en ese tiempo no había celulares, así que no tenía forma de comunicarse conmigo, al entrar le fui indiferente, yo traté de hacer como que nada había pasado, pero a partir de entonces comencé a ausentarme cada vez más de mi casa, los fines de semana que no tenía nada que hacer me salía a vagar, no tenía amigos así que solo me salía sin ningún objetivo, sólo era pasar el tiempo y esperar que anocheciera para regresar a casa, en un desperdicio total de tiempo. A la semana siguiente volví a ver al moreno, estaba sentado en alguna otra de las bancas de la plaza cívica, iba vestido de forma parecida, pantalones de mezclilla deslavados y botas, cuando pasé junto a él me reconoció y me hizo señas de que me sentara a su lado, lo hice, me dio la mano, me dijo su nombre, Omar, le dije el mío, su mano era gruesa y firme, parecía que hacía algún trabajo físico porque la forma de sus dedos era la de alguien que trabaja, como si sus manos hubieran tenido la necesidad de crecer aprisa. Me preguntó qué andaba haciendo ahí, que no me había visto antes,  yo no sabía qué tanto debía decirle de mí y sólo le dije que tenía problemas con mi padre y que prefería no estar en casa.

Él me miró con una sonrisa que parecía más a burla, me daba a entender que no me creía, entonces me comenzó a hablar de él, me dijo que seguramente yo ya sabía a qué se dedicaba él, que se había dado cuenta cómo lo observaba la semana anterior, yo pretendí no saber, él hizo una mueca de fastidio y me dijo: “yo cobro, ¿ya te cayó el veinte?” lo miré sorprendido y entonces me quedó claro a qué se dedicaba, me lo contó de forma natural, como si fuera cualquier trabajo, por eso quería saber qué hacía yo ahí, entonces tuve más confianza para contarle algo más de los problemas que tenía con mi padre, él sólo me dijo “por eso me fui de mi casa”, sin dar más detalles pero también más tranquilo, sabía que yo no era competencia pero también que no era un posible cliente, de repente el interés en mí se diluyó y sólo me dijo que tenía que ir a dar una vuelta a ver qué encontraba. Nos despedimos de mano y se fue, al poco tiempo pude verlo a lo lejos platicando con un señor, luego se fueron juntos.

Así pasaron algunas semanas, siempre que lo encontraba solo platicaba un rato conmigo, parecía tenerme más confianza pero no daba ningún detalle de su vida personal, lo que me contaba era de cómo le iba con los hombres con los cuales se iba y de cómo se los cogía, él estaba consciente de que su color de piel podía jugar en su contra o bien en su favor, había aprendido a ver para quienes era alguien feo y para quienes era como si se tratara de una comida exótica, de ingredientes fuertes que sólo puedes comer de vez en cuando antes de volver a tu dieta aburrida, y a eso le sacaba ventaja, y les daba lo que esperaban de él, sexo rudo, fuerte, una buena revolcada con la que no pudieran olvidarlo. Me contaba de algunas cosas de las que sacaba ventaja como su cuerpo y la forma de resaltar su miembro en los pantalones de mezclilla donde usaba cloro para aclarar el contorno de la verga. A veces lo veía tarde y entonces íbamos a comer a una cocina económica de las que había cerca, llena de gente que tenía la tarde libre en sus trabajos, poco a poco me iba teniendo confianza y para mí era una compañía en mis solitarios fines de semana y me olvidaba por un rato de mis propios problemas.

Me fui acostumbrando a verlo, a distinguir el contorno de su cuerpo, a ver detalles del color de su piel en su cuerpo, sus dientes blancos resaltaban siempre, y debo decir que era el tipo de hombre que me gustaba, pero sabía que no podíamos estar juntos ya que para él esto era un trabajo y por otro lado siempre se había presentado como activo, y yo era activo, así que aunque me gustara sabía que no podíamos hacer nada, sólo nos contábamos nuestras anécdotas con otros hombres y bromeábamos. Cierto día fui algo tarde, había tenido algo que hacer y pasé por costumbre por la plaza cívica lo encontré sentado en alguna de las bancas, me vio y me hizo señas para que me sentara, me dijo que el día había estado muy flojo y que no había caído nadie, le dije que ya era tarde y me pidió que lo acompañara un rato, me miraba de una forma extraña, como poniéndome más atención pero no me decía nada, hasta que por fin me dijo que quería estar conmigo, eso me sorprendió ya que ambos éramos activos, le dije que eso estaba difícil ya que yo era también activo y que además yo no pagaba por sexo, me dijo que eso lo sabía y que no había problema, que si bien era activo, a veces, muy de vez en cuando, se le antojaba hacer otra cosa.

Omar no se consideraba a sí mismo como homosexual, de hecho tenía una forma bastante despectiva de referirse a “las jotas” que lo buscaban, siempre se dirigía a ellos en femenino pero a sí mismo siempre se miraba como un hombre que, por un billete, se los cogía, y que esto era algo temporal y que alguna vez lo dejaría para casarse y tener una familia. Por eso me sorprendió cuando me propuso estar juntos, opté por no cuestionarlo, sentía que si comenzaba a preguntar cosas se iba a arrepentir, así que le dije que fuéramos a algún hotel cercano, me dijo que sabía de algunos que quedaban cerca, comenzamos a caminar, reconocí para dónde íbamos, era una calle que en ese tiempo era como la zona roja del centro, una pequeña calle donde había poco tráfico y había hoteles viejos a los lados, en las puertas había mujeres que miraban inquisitivamente a quienes caminaban por ahí, se podía ver que eran prostitutas. Antes de llegar pasamos a una tiendita a comprar una botella de ron y unos refrescos, no quiso cerveza, me dijo que necesitaría algo más fuerte. Luego entramos a uno de los hoteles donde supongo que lo conocían, iba con un actitud despectiva, como supongo era cuando iba con algún cliente, en la recepción lo conocían pero no dijeron nada, sólo me dijeron la tarifa y pagué, me dieron una llave atada a un pedazo de madera gastado con el número de la habitación.

Entramos a la habitación, olía a humedad y a viejo, los muebles, las sábanas, era uno de esos hoteles en los que vas a lo que vas, el baño de losetas cuadriculadas de color azul, el piso de cemento y una cama vieja, detrás de la puerta un espejo de cuerpo completo. Comenzamos a tomar, Omar parecía tener prisa en tomar, su vaso lo servía cargado de ron, los cuerpos se comenzaron a calentar por el alcohol, Omar estaba sentado a la orilla de la cama sin hacer nada, sólo me miraba, era tarde y oscurecía, quise prender la luz pero me dijo que no lo hiciera, que quería que fuera a oscuras. Su respiración se hacía más rápida, me acerqué a él y le comencé a desabrochar la camisa, él sólo se dejaba desnudarse sin decir nada, miraba su torso oscuro, las líneas de los músculos brillaban por la luz que se colaba de una ventana, no tenía nada de vello, era un cuerpo macizo. Entonces me empujó a un lado y me hizo sentarme en la cama a su lado, luego empujó mi torso para acostarme y comenzó a quitarme el cinturón del pantalón y a abrir mi bragueta, sentí su boca cálida cuando comenzó a mamar mi verga, al tiempo que yo me quitaba la camisa y él se quitaba el pantalón, quedando con una truza blanca que resaltaba más el color de su piel oscura.

Traté de acostarlo en la cama pero él me levantó y me llevó hacia la puerta y se puso de espaldas frente al espejo de la puerta de la entrada, entendí que lo que quería era que pudiera verse a sí mismo mientras era penetrado, no es mi posición favorita pero accedí, ahí estaba de espaldas con su truza blanca, me entretuve en su espalda ancha bajando hasta su cintura, entonces le quité la truza y pude apreciar un par de nalgas aún más oscuras, la piel era suave, parecía aterciopelada, eso aumentó más mi excitación y me puse a mordisquear y a lamer entre sus glúteos. Omar arqueó la espalda y me miraba por encima del hombro de vez en cuando, entonces lo comencé a penetrar, el espejo nos reflejaba, el color de nuestros cuerpos contrastaba, lo oscuro de su piel con lo más claro de la mía, él se veía a sí mismo siendo penetrado frente al espejo mientras se masturbaba, aunque arqueaba la espalda yo lo presionaba para bajar más su espalda, él se resistía hasta que se dobló totalmente hacia adelante, la penetración se hizo más profunda y terminé en un gran orgasmo. Él se incorporó, había eyaculado en el piso, nos sentamos en la cama agotados mientras tomábamos más ron, luego cada quien se fue a bañar. Yo tenía que regresar a la casa de mi padre, pensé que él también se iba a ir pero me dijo que no, que esa noche se iba a quedar en el hotel, me hablaba como si nada hubiera pasado, no hizo referencia a lo que habíamos hecho, no hubo ningún comentario, me despedí y me fui.

Días después lo encontré como siempre en la plaza cívica, me saludó de forma diferente, como si fuera indiferente, me senté a su lado y platicamos cosas triviales, entonces le pregunté qué tal la había pasado en el hotel, él se echó para atrás y me miró seriamente, palabras más o menos me dijo que tenía yo que entender una cosa, que nada había pasado, que él era sólo activo y que yo no podía decir nada porque todos los que lo conocían sabían que él era activo. Me sorprendió, me quedé viéndolo y solo le dije que estaba bien, que de mi parte tampoco había pasado nada, luego me levanté y me fui. A partir de ese momento comenzó a evitarme, entendí que lo que había pasado no volvería a repetirse, yo ya no me sentía bien yendo a la plaza cívica y fui espaciando las veces que iba, recuerdo que la última vez que lo vi, Omar estaba sentado en una de las bancas con los brazos extendidos a ambos lados de la banca mientras dos hombres estaban sentados con él, uno a cada lado, platicando con él, los reconocí de otro lugar, era una pareja que en alguna ocasión me había propuesto irme con ellos, cuando Omar me vio los abrazó mientras me miraba de forma retadora, yo sólo pasé de largo. Y no volví más a aquella plaza, hube de conocer otros cuerpos, otros cuartos de hotel, al final sólo era sexo, cuerpos deseosos que, como Omar, fueron quedando en el olvido…

Por: Martín Soloman

1 comentario:

Anónimo dijo...

Wow, amigo, de verdad eres muy bueno escribiendo. No sé si es algo que te pasó peor independientemente de eso es una muy buena historia, me conmovió. Es la combinación perfecta entre romance y erotismo con algo de drama y simplemente es perfecta.