Blog de historias y anécdotas con las cuales más de uno nos hemos sentido identificados, buscamos siempre resaltar el aspecto humano de las relaciones entre Hombres, más allá de solo un momento fugaz, expresando todas aquellas vivencias que ha dejado huella en nuestra vida y que nos ha llevado a ser lo que somos, personas reales, con las cuales la gente convive a diario
18 de enero de 2025
En los baños de la Merced
A mis 20 y tantos era un aventurero. Me gustaba frecuentar y explorar sitios de sex clandestino, una rara mezcla de morbo y peligro. Una vez que andaba en el mercado de La Merced tenía que ir a orinar. En otras ocasiones había usado los servicios del mercado y eran bastante sucios, así que busqué otros. Halle un aviso de "Sanitarios Limpios" y una flecha para subir por una escalera. En la parte alta se abría un pasillo y un tipo adormilado me cobró 2 pesos. Y me dió un boleto y papel del baño. Al entrar ví que había dos secciones. En la primera había unos lavamanos y una tarja de acero bastante grande donde uno podía orinar. Al fondo había 4 privados para tazas. En la segunda sección, pasando un pasillo y una pared, había una serie de privados eran como 6 u 8 tazas. Las puertas eran de lámina algo oxidado y pintadas de negro. En las puertas había espacio por los que podías ver si el privado estaba ocupado. Recorrí con paso muy lento los privados. Uno abrió ligeramente su puerta y me hizo señas de que me acercara. Era un tipo a fines de sus 20s o primeros 30s, de marcados rasgos indígenas y cuando pude verlo mejor ví que era llenito casi gordo, pero fortachón por la chamba. Una cara no guapo, pero si muy varonil. Al acercarme, abrió por completo la puerta del sanitario y me hizo gestos de que me metiera. Ya dentro cerró la puerta y me abrió los pantalones, me los bajó a las rodillas y en vez de bajarme los calzones (esa vez llevaba unos clásicos calzones blancos de algodón marca Trueno), se puso a olerme el paquete, a sobarlo y morderlo por encima del calzon. Cuando sintió mi verga bien erecta, me la saco por la abertura del calzon. Me acariciaba con algo de fuerza y empezó a hacerme oral, primero muy suave, recorría mi grande y el tronco con la lengua, haciéndome brincar cuando tocaba mis zonas más sensibles.
Después tomo cierto ritmo y recorría con sus labios todo mi tronco hasta casi tragarme entero; tenía un bigote cortito y rasposo el cual pasaba en mi tronco y huevos lo cual era excitante. Lo estábamos pasando bien, cuando se oyen pasos que se acercaban. El tipo me hace gestos de hacerme más atrás hacia la pared, y abrió ligeramente la puerta para ver quién llegaba. Lo ví que se levantó, arreglo su ropa y tomó un delantal grande sucio de tierra (después ví ese mismo tipo de delantal en los comerciantes de frutas y verduras) y se salió sin más. Yo me quedé ahí con la verga parada al aire. Me subí los pantalones y me asome por la puerta entreabierta. No ví a nadie en el pasillo.
Salí y en el pasillo ví un par de metros delante de mi, un tipo que se acercaba. Era alto para mí, como de 1.77 mts. Grueso de cuerpo, es decir no era gordo, sino ancho parejo. Espalda amplia, brazos llenitos y con vello en los antebrazos, cintura también ancha, mínimo era talla 36, sino es que más; las piernas casi llenaban su pantalón, y no era de esos vaqueros ajustados. Y sin embargo, no tenía panza excesiva, por eso digo que no era gordo, sino grueso. Tampoco era demasiado musculoso pero aún así impactaba verlo: alto y ancho. Al acercarse identifiqué sus pasos con los que ya había escuchado momentos antes. Vestía un delantal blanco, con manchas de sangre y sebo. Seguramente era un carnicero. Nos miramos solo un segundo y me seguí de frente a la primera sección, me lavé las manos y por el reflejo del espejo frente a mi, podía ver qué desde la tarja de acero, un tipo que fingía orinar me enseñaba su verga erecta; era un tipo flaquito y sin chiste para mis gustos. Puse mi cara de más cabrón que me salía y dije en voz baja "Ora puto, a la chingada" y el tipo se guardó aquellito y salió con prisa. Lo pensé un segundo y regresé a la sección de sanitarios. Sólo había dos cubículos usados. Los demás estaban con la puerta abierta. Cómo llevaba tenis pude caminar sin hacer ruido. Me asomé por la rendija de la puerta en la primera taza y parte de la cara de un tipo fumando y leyendo una de esas revistas de "Sensacional de..."; caminé un poco más y debajo de la puerta pude ver la sombra de alguien grande. Me asomé por la rendija y ví el rostro del carnicero que también se asomaba hacia afuera. Traté de disimular y seguí un par de pasos delante. La puerta del tipo se abrió un poco. Regresé y lo veo sin el delantal, con su playera que le quedaba muy justa, levantada arriba del estómago, los pantalones en las rodillas y se masturbaba para que yo lo viera. Volteé hacia el pasillo, nadie venía ni se oían pasos. Me animé a sacarme mi propia verga y masturbarme para que él me viera también. Abrió más su puerta y estira uno de sus brazos, con su mano enorme hacia mí. Me acerqué aún más, pensando en que me iba a hacer entrar en su cubículo como el tipo anterior. Pero no, se quedó ahí y me tomó de mi verga, se puso a masturbarme. Ya que lo ví de cerca, noté que su estómago estaba peludo, imaginé que también estaría peludo del pecho. Quise levantarle más la playera para poder ver sus pechos de cabrón. Los toque y se sentían muy firmes; los brazos ni se diga.
Sin soltar mi verga ni dejar de masturbarme, el tipo me dijo: "no", cuando quise subirle la playera. Le dije en voz muy bajito "chupamelo" al tiempo que le puse mi mano en su nuca y lo jale hacia mi verga, y me respondió igual: "no". Yo tenía aquello a reventar, se me había puesto muy dura y ya se veía como si hubiera crecido un poco más, me faltaba poco para estallar. El "carnicero" dejo de masturbarse él y con su segunda mano me empezó a masajear y acariciar los huevos. En aquellos años tenía eyaculaciones abundantes y potentes, podía lanzar mecos a más de un metro de distancia. Normalmente cuando me masturbaba así, la gente se hace a un lado para no mojarse con mis chorros, pero este tipo siguió ahí frente a mí, apretando y acelerando el ritmo en mi miembro. Le dije que ya estaba a punto, y con una mano cubrió mi glande, me seguía jalando aquello y no pude más. Aventé buena cantidad de mecos, y el tipo los recibía en su mano, sin dejar de masturbarme, recibió todo lo que eyaculé. Aún estaba respirando muy acelerado cuando checó que ya había lanzado todo lo que tenía que arrojar y con una sola mano se arregló la ropa; bajo su playera, subió sus pantalones y cerró su bragueta, jaló el delantal y salio del cubículo y se fue. Yo me quedé aún recuperándome de lo intenso del orgasmo. Cuando pude arreglarme , que no fue más que unos segundos después, el tipo ya no estaba en ninguna parte. Incluso me asomé en los primeros cubículos de la primera sección, pero no estaba. Con el tiempo volví a encontrármelo unas cuantas veces y siempre era lo mismo. Parece que lo único que quería era hacerme eyacular y se iba con mi leche en las manos. Nunca supe que hacía con eso; ¿Se los comía? ¿Se los embarraba en el estómago y pecho? ¿Se masturbaba él mismo usando mi leche como lubricante? ¿Los tiraba al lavarse las manos? No sé, pero además siempre se negó a dejarse tocar o que él me tocara a mí. Pienso que es uno de esos casos de gente que es "hetero" pero de alguna forma tiene esa fijación con la verga y semen de otros hombres. Claro, es solo una suposición.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentario:
Los famosos baños del pasillo 14, la nopalera
Publicar un comentario