Todo empezó con la entrada al cine para ver la película que estaba de
moda en aquel entonces, “Titanic”, quería admirar la belleza que tenía el actor
Leonardo Di Caprio, muy joven en esa película, me gustaba mucho verlo. Como de
costumbre, siempre me iba a sentar en la parte trasera del cine, lugar ideal
para ligar, no era un cine porno pero quienes íbamos a sentarnos hasta atrás
íbamos a ligar. Estaba viendo la película cuando de pronto vi a un tipo alto
que pasó junto a mí para dirigirse al baño, con el reflejo de la luz de la
pantalla alcance a ver que se le notaba la barba tupida, lo seguí y entre al
sanitario a orinar cerca de él y entonces fue cuando nuestras miradas se cruzaron. Sin decir nada
ambos regresamos a la sala, me senté junto a él, pasó un rato cuando de pronto
empecé a sentir como su mano rozaba mi pierna, él estaba nervioso, su mano
temblaba, en ese momento se me empezó a
poner dura la verga, poco a poco subió su mano y me la tocó, me fui
bajando el cierre y deje mi miembro al aire libre, él no me veía, solo me la
acariciaba, no me di cuenta que estaba por terminar la película, de pronto se
encendieron las luces, rápidamente me subí el cierre, él se levantó para salir
y lo seguí.
Al pasar por el zócalo, se dio cuenta que lo seguía, se quedó parado a
esperarme y me abordo diciendo “hola”. Para iniciar una plática le
pregunte hacia donde iba, me respondió
“a mi casa…”, él vivía cerca del centro, por lo que no hubo tiempo de platicar
más, antes de despedirme me dijo: “si gustas mañana nos vemos…”, le
respondí “ok, a las cinco de la tarde”. Al siguiente día
era sábado, yo tenía la tarde libre, salía de la Universidad sabatina a las dos
de la tarde, ese día fui a casa a comer con mi esposa e hijos y lo hice rápido
pues tenía una cita con alguien que me interesaba, no sabía su nombre, no sabía si iba a ir. Mi
mujer sabía que yo me salía por las tardes para hacer trabajos que nos dejaban
en la Universidad, así que ese día no le extrañó que yo saliera.
La hora de la cita había llegado, me dirigí al zócalo, a la distancia
pude ver que ya estaba ahí esperándome, me acerqué y entonces él me dijo: “soy
Miguel”. Yo me presenté, nos saludamos como si fuéramos grandes amigos y nos
fuimos a tomar una cerveza para poder platicar tranquilamente, hablamos sobre
varios temas, entre ellos conversamos sobre la universidad a la que yo iba, él
no estudiaba por razones económicas, supe que también era casado y tenía una
hija, al saber que yo estudiaba los sábados me preguntó si él podía entrar a
esa universidad, tenía terminado el bachillerato y si era candidato, solo tenía
que conseguir una constancia de que estaba prestando un servicio como
alfabetizador, en ese entonces él ayudaba a sus padres a atender un negocio
familiar, yo también me dedicaba a la fabricación de muebles como negocio familiar,
eso le pareció interesante y me dijo que justo necesitaba unos muebles y me
invito a su casa, yo acepté, él me agradaba, era más alto que yo, corpulento,
de piel blanca y me gustaba mucho su barba muy tupida, quizá porque en aquel
tiempo yo no usaba barba, solo bigote.
Cuando llegamos a su hogar me presento a su esposa y empezamos a ver que
muebles necesitaban, la señora muy amable me ofreció un refresco, yo estaba muy
nervioso ante esa situación, Miguel le
dijo que mejor una cerveza y le pidió a su mujer fuera a comprar unas cervezas
ya que no tenían en casa, la mujer se llevó consigo a su hija de cuatro años,
en cuanto ella salió, él me abrazo y me beso de rápido, yo me quedé
sorprendido, no esperaba eso tan rápido.
Después de haber hecho un presupuesto y tomar la cerveza, me dio un
anticipo para la elaboración de los muebles. En tanto llegaba el tiempo para la
entrega, nos frecuentábamos y nos íbamos a la casa de sus papas que casi
siempre estaban fuera atendiendo su negocio, para tener sexo, él era totalmente pasivo conmigo, me gustaba que
fuera velludo, muy alto y fornido, en ocasiones nos íbamos a un hotel. A fin de
tener una comunicación más directa Miguel me regalo mi primer celular. Nos
comunicábamos todos los días, a escondidas de mi esposa respondía sus llamadas,
por las noches chateábamos, estaba por terminar un ciclo escolar, él ya tenía
preparados sus documentos para ingresar a la universidad, yo entraría al último
semestre. Con el tiempo yo también lo llevé a mi casa y le presenté a mi esposa
y a mis hijos, él tenía una gran simpatía y a mi mujer le cayó muy bien.
Ante nuestras esposas éramos solamente buenos “amigos”, seguimos
frecuentándonos por más tiempo, a la primer entrega de muebles siguió otro
pedido más, ahora para otra parte de su casa, y así otro pedido más hasta
terminar de amueblar toda su casa: sala, cocina, comedor y recamara. Siempre me
pedía opinión del tipo de muebles que iban con el estilo de su casa, de los
acabados, color, etc., y siempre tomaba en cuenta las opiniones que yo le daba,
siempre me decía que confiaba en mí y en lo que yo hacía, mientras me guiñaba
un ojo. Algunas cosas tenían que hacerse en su casa. Por ejemplo para los
closets y cocina, el ruido molestaba a su esposa y ella optaba por salir a ver
a sus padres, esos momentos los aprovechábamos para entregarnos al sexo y lo
hacíamos en su propia cama matrimonial. Durante las tardes chateábamos, en
cierta ocasión me dijo que un día su esposa le pregunto: “¿con quién platicas
tanto?”. Él borró la conversación y me dijo “te llamare Andrea…”, ella era una
compañera de clases de él, le dije que sí, lo entendía porque yo también era
casado y así conversábamos como si yo fuera ella, platicando de los trabajos de
la escuela, ella se acercaba a veces a ver su conversación, después de algún
tiempo dejó de darle importancia, se salía y nosotros seguíamos con la plática
cachonda entre dos hombres.
Ellos me invitaban a fiestas familiares, todo iba bien hasta que un día
al estar chateando me dijo: “ya no tengo relaciones con mi esposa, solo te
quiero a ti…”. Yo no supe que decirle, me quedé viendo a la webcam y me
preguntó: “¿Cómo le vamos a hacer…?”. No sabía que decirle, le dije lo primero
que se me ocurrió y sin pensar en las consecuencias, le respondí, “nunca dije
que te quería, solo dije que me gustabas…”. Él cambió, lo noté a través de la
cámara, su expresión antes agradable y cariñosa cambio a otra expresión de
coraje y rabia, pidió verme de manera personal, accedí para platicar con él,
fue muy duro… Con lágrimas en los ojos me miró con resentimiento y desprecio,
diciéndome: “¡arreglé mi casa a tu gusto y con esto me pagas!”. Le respondí
“ambos estamos casados y con hijos, no podemos destrozar el matrimonio de cada
quien y mejor ahí le paramos, nunca pensé que pasara esto…”. Él se dio media
vuelta y se fue alejándose con la mirada agachada, sin voltear a verme. Fue la
última vez que lo ví.
Por estar ambos casados, nunca pensé que él se fuera a enamorar de mí y
a tomar lo que pasó como algo serio, nunca quise romperle el corazón. Después
de unos años supe que Miguel había terminado sus estudios y se fue a trabajar
fuera de la ciudad, dejando a su familia, jamás supe de él, no sé si se
divorció, perdimos todo contacto, a lo que ahora cuando recuerdo esa parte de
mi vida, solo repito esa frase de la canción tan común, “Lo siento mi amor,
pero ya me canse de fingir, hace mucho que no siento nada el hacerlo contigo…”
Él nunca lo supo, pero solo era mi amante en turno, al mismo tiempo yo me veía
con otros dos chavos, a Miguel lo veía en la universidad, con el otro quedaba
de verme a las cinco de la tarde y posteriormente en la noche me citaba con
otro…
“Y nos dieron las diez y las
once…”, en esos tiempos mi ajetreo sexual terminaba a las cuatro de la mañana,
cuando ya tenía que llegar a mi casa, a dormir con mi esposa...


No hay comentarios:
Publicar un comentario