Hace unos días leyendo el periódico encontré entre una nota olvidada entre
sus páginas que decía: “Muere en Jalisco la mujer más longeva del país; tenía
127 años”. Lo que me llamó la atención es la descripción de lo que eran sus
pertenencias al final de su vida: “Las pertenencias de doña Leandra cabían en
una cajita: una cuchara de plata que tiene grabado al reverso como fecha de
producción 1847, fotos, billetes antigüos y un par de aretes de oro.”. Al final
de la vida quedan pocas cosas que se necesitan. Quizá la vida quepa en una
cajita, con pocas cosas por atesorar, como mudos testigos de nuestro paso por
la vida. Quizá la vida quepa en una caja de cenizas…y recordé a una pareja que
conocí hace años.
Era una pareja gay, uno de ellos de origen español, el otro
norteamericano, ambos veteranos de la segunda guerra mundial, su posición
económica era muy estable, percibían una pensión en dólares, lo que les
permitió adquirir una casa en el barrio donde vivo en Cuernavaca con todas las
comodidades y servidumbre. El señor Alberto había sido casado y tenía una hija
que radicaba en Estados Unidos, allá tenía hecha su vida y sólo lo visitaba dos
veces al año. Vivía con el señor Pedro, aunque nunca lo dijeron abiertamente,
todos supimos que eran pareja gay, eran dos hombres solos, maduros, que habían
comprado una casa y solo ellos vivían ahí.
Ambos se habían conocido durante la guerra, no conozco bien la historia
de cómo se conocieron y cómo fue que llegaron a México, solo sé que decidieron
unir sus vidas y decidieron hacerlo en México, a la manera de Malcom Lowry lo
describe en su novela “Bajo el Volcán”. En esos tiempos no era común que dos
hombres vivieran juntos, por lo que la propiedad que adquirieron tenía dos
casas separadas de un hermoso jardín, así lograban cubrir las apariencias con
la servidumbre, su ama de llaves y los jardineros. Sin embargo todos conocían bien sus
preferencias sexuales. Al parecer los dos eran inter, en ciertas ocasiones el
ama de llaves los había visto teniendo relaciones sexuales con algunos de los
jardineros que tenían como empleados. En ocasiones deambulaban por la casa con
poca o ninguna ropa, por lo que se sabía que ambos estaban bien dotados. En una
ocasión el señor Pedro se estaba cogiendo al jardinero, que según era hetero,
pues era casado y tenía familia. Eso lo supe cuando el ama de llaves me contó
todo esto, incluso me dijo que en cierta ocasión que el jardinero la andaba
acosando a ella, se defendió diciéndole “cómo crees que te voy a hacer caso, si
ya te vi cómo te tenía el patrón y cómo le chupabas su verga..”. Después de
esto la dejó en paz.
Su ama de llaves era muy discreta, y aunque en ocasiones veía lo que
ellos hacían no les decía nada ni se escandalizaba, solo evitaba estar ahí en
esos momentos y hacía alguna otra cosa o salía dejándolos solos. Esta historia
la supe por lo que ella me contó, con la confianza que le daba ser prima mía en
un grado muy lejano. Me lo contó cuando en cierta ocasión me encargaron trabajo
de carpintería y estuve trabajando en esa casa, ahí los conocí personalmente,
eran muy amables aunque no habían perdido el acento de su país de origen. Mi
prima y ama de llaves me advirtió sobre ellos diciéndome que no me convenía
estar ahí mucho tiempo, que solo hiciera mi trabajo sin permitir mayor contacto
con ellos y al preguntarle el motivo fue que me contó su historia.
Mi prima me había advertido: “no vayan a pedirte que te quedes más
tiempo, salimos a las cuatro de la tarde”, así que tenía que apurarme. Esto
porque la salida de los empleados era a las cuatro de la tarde, tenían que
salir puntuales porque ellos solían invitar a jóvenes para que les hicieran el
favor a cambio de unos pesos que estos les pagaban. Además les invitaban de
beber, era un desfile de chavos que frecuentemente visitaban la casa de los
vitrales, todos los días tenían invitados, armaban sus orgias y todos los que
entraban a trabajar de jardineros pasaban por sus armas, ellos seguían siendo
pareja, envejecieron juntos. El ama de llaves trabajo con ellos 25 años, así
que sabía muy bien lo que pasaba en esa casa,
a pesar de que cada quien tenía sexo con otros, ellos seguían igual de
enamorados, un tercero, cuarto o qué se yo, nunca logro que ellos terminaran su
relación, hasta donde sé nunca le dieron alojamiento a otra persona, creo ese
fue el secreto para seguir juntos por mucho tiempo.
Ambos habían decidido que la casa estuviera a nombre del señor Alberto
puesto que tenía una hija a quien se le quedaría la propiedad cuando
fallecieran. El primero en fallecer fue el
señor Alberto a los ochenta años, como ambos ya eran muy viejos y ocupaban una
sola habitación para cuidarse de noche, cada quien dormía en una cama individual. Es curioso cómo al envejecer el
espacio que se necesita es cada vez menor, y la cantidad de cosas alrededor
parecen ir disminuyendo, el mundo comienza a hacerse más y más pequeño.
La noche que el señor Alberto falleció le dijo a Pedro: “hoy quiero
dormir junto a ti, déjame recargarme sobre tu pecho…”. Cada noche tomaban un litro vodka, el Señor Alberto se fue quedando
dormido para ya no despertar nunca más, ya habían hablado de lo que tenían que hacer al
respecto, ambos serian cremados. A las doce de la noche el ama de llaves
recibió una llamada del señor Pedro diciéndole que Alberto había fallecido.
Ella fue a su casa para los preparativos de su velorio, solo estuvieron
velándolo los dos jardineros, el ama de llaves y el señor Pedro. Para mala
suerte esa noche cayó una lluvia tan fuerte que se fue la luz, y así estuvieron
con la luz de las velas hasta que amaneció, fue cuando llegaron los de la
funeraria, con el médico de cabecera de ellos,
se llevaron el cuerpo. El ama de llaves habló a Estados Unidos con la
hija de don Alberto, ella llegó por la tarde de los Estados Unidos solo a
recibir la urna de las cenizas que inmediatamente las deposito en la recamara
que ambos habían ocupado en vida.
La hija de don Alberto sabía de la relación de su padre con el señor
Pedro desde hacía muchos años, al morir su padre habló con el señor Pedro y le
dijo que podría seguir estando en esa casa hasta el final de sus días, ella no
necesitaba la casa puesto que tenía hecha su vida en Estados Unidos y además
esa había sido la voluntad de su padre y ella la respetaría. Las cenizas de don
Alberto estuvieron ahí durante diez años, mismos que le sobrevivió el señor
Pedro quien quedó solo bajo el cuidado y la asistencia del ama de llaves.
Conforme el señor Pedro iba envejeciendo iba perdiendo la capacidad de valerse
por sí mismo. Solo el ama de llaves fue quien vio por él hasta sus últimos
días, nunca dejó el vodka. Una noche el señor Pedro murió, al parecer fue un
infarto ya que al amanecer cuando llegó el ama de llaves lo encontró tirado en
el piso. No tenía ningún familiar, nunca le conoció ningún sobrino ni pariente
lejano, así que habló a Estados Unidos con la hija de don Alberto para recibir
indicaciones precisas. También fue cremado.
Ambos fueron cremados a su muerte, así lo habían dispuesto ellos dos en
vida, su amor había sido tan grande que tenían que seguir juntos aun después de
muertos. Nuevamente llego la señora a recoger las cenizas y dar indicaciones de
sepultar las cenizas de ambos al pie de una palmera que ocupaba el centro del
jardín. Los empleados solo estuvieron ahí en esa casa un mes más ya que
pusieron en venta la casa. Yo conocí el lugar donde quedaron sepultadas sus
cenizas, fui poco tiempo después con mi prima y aún recuerdo que junto a la
palmera fueron plantados unos rosales y ahí es donde ellos juntos descansan
eternamente.
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