Veo tu rostro inmóvil, lo conozco tan bien, desde el inicio, ¿sabes? fue
lo que más me llamó la atención de ti, sé que a los ojos de los demás no eres
guapo, no encajas dentro de los parámetros de la belleza masculina, nunca podrías
estar en la foto de algún evento social si es que fueras, y sin embargo para mí fue tu rostro
lo que me cautivó desde que te vi. Ahora te veo ahí, inmóvil, durmiendo, con
una expresión sin sentido en tu rostro, los ojos cerrados, la respiración
lenta, inmóvil, tu piel oscura contrasta con el blanco de las sábanas de la
cama, y yo aquí a tu lado, esperando que despiertes, como tantas veces que te
perdías de borracho, pero esta vez no hay alcohol en tu cuerpo, y sin embargo
duermes.
Aún recuerdo la primera vez que te vi, en la penumbra de un cine porno, yo
soy más alto de estatura, te vi caminando lentamente, pasaste cerca de mí y me
ignoraste, no me volteaste a ver, así que no fue relación a primera vista, pero
algo en ti me cautivó, vi tu rostro diferente, llevabas una gorra de mezclilla
acomodada de lado, la mirada fuerte al frente, y aunque a mí me gusta la gente
con bigote tu no lo usabas, pero no te hacía falta, tus labios gruesos eran
masculinos y un par de líneas de expresión le daban fuerza a tu cara, las mandíbulas
marcadas, la frente amplia, usabas el pelo corto, a lo militar, pero no eras
militar, llevabas una mochila al hombro, probablemente salías de tu trabajo, y
tu tono de piel moreno me gustó, era un tono aterciopelado. Tu cuerpo era
normal, no gordo, no musculoso, pero tenías la actitud al caminar, esa actitud
retadora pero al mismo tiempo discreta. Te seguí con la mirada, yo parecía no
existir a tus ojos, a pesar que me consideraba con mucho pegue tú me ignoraste.
Te vi más veces. La siguiente me senté junto a ti, fue cuando me
volteaste a ver con cara de “¿y quién es este wey?”. Estuvimos un rato sin
decir ni hacer nada y luego te levantaste y te fuiste de ahí. Mantuve mi
distancia y vi que yo no era tu tipo de gente con quien te gustaba estar,
buscabas a alguien joven, de piel blanca, supuse que era porque tú eras muy
moreno y buscabas alguien diferente a ti, así que en adelante solo te veía de
lejos y guardaba mi distancia, nunca me ha gustado insistir cuando no soy del
gusto de alguien, yo también he rechazado a algunos y sé aceptar cuando alguien
me dice que no y sé alejarme. Hasta que una vez pasaste junto a mí, me sonreíste
y tocaste mi costado, como quien pide permiso para pasar. Yo me hice a un
lado y solo pasaste, fue la primera vez que te vi sonreír, y me gustó, se te
hacían dos hoyuelos en las mejillas, tu dentadura era blanca y perfecta, fue la
primera vez que me tocaste. Te seguí con la mirada, buscabas siempre alguien
con quien pasar el rato, alguien a tu gusto, que tú lo hicieras a tu modo,
siempre te gustó llevar el ritmo, no dejabas que el otro hiciera algo que tú no
quisieras en el momento que lo desearas, lo mismo eras activo que pasivo,
aunque me chocaba verte como pasivo con alguien que parecía ser afeminado, pero
era tu gusto, y sé que yo no te gustaba para sexo.
En alguna otra vez que te vi te acercaste a un lado de donde yo estaba
parado. Cerca había un chavillo como los que te gustaban, pero resulta que tú tampoco les
gustabas a todos y él te vio de arriba abajo y se fue con un mohín de
desagrado. Y ahí estabas tú, a mi lado, excitado, sin más gente alrededor.
Entonces me atreví a dar un paso hacia donde estabas, esa vez no te quitaste,
pero tampoco me volteaste a ver, solo estabas ahí tocándote el miembro, lo tomé
como una señal de aprobación y entonces puse la mano sobre tu bragueta, tú te
dejaste hacer, sentí tu verga dura debajo del pantalón. Como pude te abrí la
bragueta, no soy bueno para hacerlo y menos porque llevabas un pantalón de
botones en vez de cierre, me costó trabajo, creo que eso te dio risa, y esa
risa me ganó más, entonces hice lo que hace tanto tiempo deseaba, tener tu
verga en mis labios. No es de gran tamaño, quizá sea del tamaño promedio, pero
a mí me gustó porque eras tú, quiero decir, antes que tu verga me gustabas tú todo, aunque he conocido vergas mejores que la tuya, lo que te vi me agradó
porque eras tú. Mi propia verga estaba erecta y me salía líquido preseminal, yo
estaba más excitado de lo que tú estabas, pero esa oportunidad de mamarte la
verga no la iba yo a desperdiciar, hice lo mejor que pude, aún con mi torpeza y
el temor de que en cualquier momento me rechazaras. Pero no lo hiciste, hasta
que te saliste de mi boca para eyacular. Terminaste y al mismo tiempo me
masturbé para venirme también mientras te veía limpiarte con una servilleta de
las que siempre acostumbras tener en la bolsa de tu pantalón. Me dirigiste una
sonrisa y te fuiste.
Te vi una siguiente vez, me acerqué a ti pero me dijiste que ya te
habías venido, pero te quedaste ahí, y entonces te invité una cerveza, lo pensaste
mucho pero aceptaste, siempre y cuando fuera Victoria. Supe que tenías una
tienda de abarrotes junto con tu hermano, un changarro, no habías terminado de
estudiar y tu conversación era muy ligera, no tenía profundidad, pero todo eso
no parecía importarme, bastaba que me vieras a los ojos y me dedicaras una
sonrisa para hacerme feliz. Pasó tiempo para que aceptaras volver a vernos,
creo que siempre me aceptaste porque no tenías algo mejor en ese momento, yo lo
sabía pero te buscaba, me gustaba el timbre de tu voz, alguna vez te dije que
tenías voz de locutor, tú solo reías mientras tomabas tu cerveza. Terminamos en
un hotel, ahí fue donde me cogiste por primera vez, llevamos dos six de
cervezas que nos fuimos tomando durante la noche, siempre que tomabas te ponías
muy guarro, nunca hubo romanticismo, esa primer vez me dijiste: “¿vas a ser mí
nalguita?”, me molestó pero aun así acepté. Yo casi no dormí, pensé que esa era
la única vez que íbamos a estar juntos en una cama, “durmiendo”, aunque solo tu
dormiste a pierna suelta, yo te veía y te acariciaba el cuerpo con suavidad
para no despertarte, podía apreciar cada detalle, un cuerpo normal, un hombre
normal, pero para mí eras único, eras diferente a todos, eras especial.
No sé lo que es el amor, no sé si te amé, no sé si solo me enculé contigo,
aunque sé que tú eras también pasivo conmigo solo fuiste activo, nunca quisiste
ni siquiera agarrarme la verga para ayudarme a masturbarme, tú eras quien
eyaculaba primero, yo procuraba tu placer, no el mío. Lo que sí sé es que tú no
me amaste, quizá llegaste a sentir algo de cariño por mí, pero no era amor,
siempre fui tu segunda opción, a quien buscabas cuando no tenías otra cosa que hacer.
Tu hermano me conoció, alguna vez fui a buscarte a tu tienda y no estabas pero
ya él sabía de nosotros, era yo el amigo más frecuente que tenías y alguna vez
él contestaba el teléfono. Físicamente eran diferentes, él había terminado la
carrera de contador y entablamos una amistad, cuando te iba yo a buscar y no
estabas tu hermano solo me decía que de seguro andabas de cabrón, yo me ponía
triste y él me invitaba una cerveza a modo de consuelo y me hacía plática,
siempre hablábamos de otras cosas menos de ti y de mí, de cine, de política, de
fut bol, de lo que fuera, y así se me iba el tiempo hasta que llegabas, como si
nada. Por mi lado también tuve sexo con otros, era mi parte de activo tu no me
dabas, pero siempre regresaba a buscarte a ti.
Nunca te reclamé nada, nunca fuimos pareja, solo eras un cabrón caliente
que hacía lo que quería y yo era otro caliente que estaba enculado contigo,
nunca vi tus defectos, tu sonrisa cubría todo, y sabías cómo hacerme caer,
encontraste puntos en mi cuerpo que ni yo mismo sabía que existían. Algunas veces
cuando me enojaba contigo me tomabas de la cintura y entonces me acariciabas
con tus dedos la parte baja de mi espalda, eso me encendía y olvidaba el motivo
del enojo para hacer lo que tú quisieras, siempre terminaba cediendo contigo.
Tomabas más que yo, muchas veces te cuidé mientras tú te ahogabas de borracho,
entonces te ponías pesado, me hacías que te mamara la verga estando
alcoholizado, pero no importaba, yo quería estar contigo.
Algunas veces iba a dejarte a casa de tu hermano con quien vivías, era
un segundo piso arriba de la tienda de abarrotes, cuando era muy tarde tu
hermano me decía que podía quedarme a dormir ahí hasta el día siguiente, tenían
un catre en la parte de atrás de la tienda, yo te subía a tu cuarto perdido de
borracho y luego bajaba las escaleras para quedarme en el catre. Tu hermano
sabía bien de ti y de mí pero nunca dijo nada, solo me veía de reojo. Una sola
vez mientras tu dormías borracho en tu cuarto él me llevó una cobija y me
preguntó que te había yo visto para seguirte tanto tiempo siendo que tú no me
corresponderías nunca, le dije que yo mismo no sabía, solo que te habías vuelto
parte de mi vida, que no podía concebir mi vida sin ti. Él me dijo que nunca me iba a entender y se fue a dormir, dejándome solo con esa pregunta que hasta hoy
no me sé responder mientras te miro dormir, no sonríes dormido, no sé si sueñas
algo, aunque si lo haces es seguro que no es conmigo.
Esa noche tomaste más de lo normal, fui a dejarte a la casa de tu
hermano, estuviste haciendo escándalo, él bajó a la tienda y entre los dos te
subimos a tu cuarto a dormir, luego bajó a donde yo me quedaba y me invitó una
cerveza, él abrió otra y platicó conmigo, me dijo que al día siguiente debía
trabajar y que iba a estar muy desvelado, eran como las cuatro de la mañana, yo
me sentía mal, sabía que nunca me ibas a querer de la misma forma como yo te
quería, y sin embargo no podía dejarte. No sé lo que pasó, no hacías ruido en
tu cuarto, no sé si escuchaste algo, tu hermano se acercó a mí a darme un
abrazo sin más intención que compadecerme, cuando de pronto te vimos bajar la
escalera a toda prisa con una expresión de furia en tu cara. Algo pasó,
perdiste el escalón, intentaste agarrarte del pasamanos pero no lo alcanzaste,
tu cuerpo se deslizó primero a un lado y luego fue cayendo ladeándose mientras con la
otra mano arrastrabas los adornos de cerámica que había en la pared de la
escalera rompiéndose junto a tu cuerpo en un golpe seco, tu espalda golpeó
primero el piso y luego lo hizo tu cabeza con un sonido seco, después, el silencio. Corrimos hasta donde
estabas, un fino hilo de sangre salía de uno de tus oídos y de las heridas de
la cerámica rota en tu cuerpo.
De eso hace una semana, desde entonces permaneces dormido, no hay
reacción en tu cuerpo a ningún estímulo, de todos los que han venido a verte solo
han sido tus familiares, nadie más a excepción mía, todos los que alguna vez te
buscaron para tener sexo no han venido. Te veo dormido y te cuento todo esto
que voy recordando, sé que no me escuchas, pero es mi forma de comunicarme
contigo, de decirte lo que fuiste para mí. Los doctores no creen que
despiertes, yo vengo aquí, por tiempos, velando por ratos tu sueño, no sé cuánto tiempo
más, aunque sé que no estoy dentro de tus sueños, pero eso ya no importa…
Septiembre 2004


4 comentarios:
historia controversial sin duda, con un final bastante triste pero suele suceder que nos enamoramos de la persona de quien nunca correspondera al nuestros sentimientos pero se podria catalogar como tomentosa sin enbargo tiene su grado de ternura al nos parte de uno de los actores de esta
En algunas historias todos los personajes tienen la razón...
Una muy buena historia, a veces pasan situaciones que uno no puede controlar, si bien, conoces a personas que no sienten lo mismo por ti, y uno lo sabe, pero sin embargo, seguimos ahí con ellos; y hay a veces que se aprovechan de eso. Me gusta mucho la forma en como se describe a la persona, en lo particular, es lo que mas llama la atención en un hombre, sus gestos, su cara, ojos, tono de piel... Una buena historia, aunque con un final triste. Saludos! PD me gusto la foto que aparece al principio... Se me antojó una Corona, jejeje!
Puta Madre! Lloré... Tengo el pecho abierto y el corazón de fuera. :(
Publicar un comentario