En sí, la homosexualidad esta tan
limitada como la heterosexualidad. Lo ideal sería ser capaz de amar a una mujer
o a un hombre, a cualquier ser humano, sin sentir miedo, inhibición u
obligación. Simone de Beauvior (Escritora/Filosofa).
“Yo te conozco, tú eres el chino,
¿me recuerdas?” Ante mi estaba un hombre joven, de rasgos muy masculinos,
grandes ojos negros y cabello corto estilo militar, se veía además que bajo su
ropa tenía un cuerpo en forma, su arreglo era muy varonil, nada que ver con el
aspecto de esos jóvenes modernos de cejas depiladas. Por supuesto que sabía dónde
me decían chino, fue cuando estuve en un horrible trabajo hacía mucho tiempo,
varios años atrás, pero ¿quién era este joven tan atractivo?, por más que
trataba de recordarlo, no lo lograba, supongo que mi cara reflejaba mi
confusión. Entonces me dijo, “que mala onda eres, no me recuerdas. Soy Raúl,
fuimos amigos un tiempo”. No lo recordé, pero le dije: “¡ha sí! Ya te recuerdo,
¿cómo estás? ¿Qué has hecho?” Contesto que le había ido muy bien y que en ese
momento estaba con su novia a quien me presento a continuación. Parece que
ellos me habían descubierto desde hacía rato mientras yo veía la cartelera en
el cine. Así que cuando se me acerco ya debía haberle explicado a su novia quien
era yo. Se mostraron muy amables y hasta me invitaron a entrar con ellos, pero
les dije que ya esperaba a un amigo para entrar al cine. Así que ellos entraron
primero y después lo hicimos nosotros. Creí que ya nos los vería más.
Pero cuando salimos de la función, Raúl ya me estaba observando, con una
hermosa sonrisa que me cautivo. Yo también le sonreí, pues era muy atractivo,
pero casi al instante me sentí apenado porque recordé que no estaba solo, sino
que iba con su novia. No me dio tiempo de contarle a mi amigo Fer de ellos, así
que cuando se acercaron, Raúl me pidió mi número de teléfono y antes de que
pudiese reaccionar, Fernando mi amigo ya se los estaba diciendo muy emocionado.
Aunque ellos fueron muy agradables conmigo, me quede con la idea de que tal vez
ya no me buscarían más. Su novia me dio un beso de despedida y se fueron. En
ese momento recordé quien era Raúl, era un chavo muy joven cuando lo conocí o
al menos eso me parecía y ahora entendía por qué no lo recordaba, antes no me
había llamado la atención porque nunca me han gustado los hombres muy jóvenes,
pero ahora era un hombre muy atractivo y varonil de unos 30 años. La verdad es
que los años hicieron un buen trabajo con él. Pero en ese momento no entendí
porque quería mantener comunicación conmigo, pues no recordaba haber tenido una
amistad muy cercana con él y aun así me sorprendió que ambos fueron muy
amigables y amables.
Los días pasaron y yo regrese a mi vida habitual, y de pronto un día
viernes recibí la llamada de Raúl para invitarme a tomar un café, dudé un poco
pero acepté salir con él. La verdad es que me gustaba y tenía curiosidad por su
persona. Cuando nos vimos se mostró muy simpático y gracioso, de una forma muy
masculina, eso me atrajo mucho de él, pero como sabía que tenía una pareja
mujer, pensé decirle que yo era homosexual, pues no quería que después me
rechazara al enterarse, hay hombres heterosexuales que no saben distinguir a
los homosexuales y ya no me gusta tratar gente así, aunque sé que algunos no me
creen cuando les digo que soy homosexual, pues no me ven afeminado, aun no
entienden que puedo serlo sin verme así. También me daba curiosidad porque
Raúl, había decidido continuar una amistad de hacía muchos años conmigo, yo no
recordaba que nuestra amistad hubiese sido muy importante. Por fin le pregunte
eso y me respondió que recordaba que yo era muy buena onda y que por eso. Le
dije que no parecía ser buena razón para mí, yo estaba decidido a no perder el
tiempo con una amistad sin sentido y por eso insistí en que me diera una
respuesta. Solo me observo, y a continuación, me dijo coquetamente: “¿Estas
tratando de decirme que no soy alguien agradable con el cual platicar y pasar
el rato?”. Yo sonreí, quise adivinar cuál era el verdadero interés que tenía en
mi persona y por eso le dije abiertamente que yo era homosexual.
Cuando le dije eso, no mostró sorpresa, más bien su rostro dibujo una
expresión de gusto y me dijo que lo intuía desde hacía mucho tiempo. Le
pregunte si no tenía problema con eso. Contesto que había aprendido a respetar
eso de los demás y que al contrario, él sentía una especie de atracción por mí,
desde siempre, algo que no sabía explicar ya que él tenía su novia a la que
amaba y no se consideraba gay, pero que de alguna forma durante años siempre me
había recordado con gusto, y que ese era el verdadero motivo por el que quería
seguir teniendo mi amistad. Yo no entendí muy bien lo que me quiso decir. Me
dijo que le gustaría continuar nuestra amistad, me preguntó si alguna vez yo
había tenido novias. Me pareció muy sincero y entonces le conté que siendo
adolescente si tuve algunas novias pero que la fuerte atracción que tenía hacia
otros hombres me hizo pensar que las mujeres no eran lo mío, así que me asumí
como lo que era, un hombre homosexual. Nos despedimos ese día y quedamos como
amigos, aunque sentí que quedaron muchas cosas sin explicar, pero no quise
decir mucho de mí, tal vez ya no nos veríamos más. Pasó más de una semana y un
buen día me llamó, el fin de semana estaba cerca y me preguntó qué planes
tenía. La verdad es que no tenía nada pensado, quería más bien estar solo y
para quitármelo de encima le dije que iba a ir al antro, por supuesto que era
un antro gay. Entonces me dijo que casualmente su novia le había pedido desde
hacía tiempo que la llevara a conocer un antro gay, y entonces me pidió que yo
los llevara, ya que él no conocía ninguno y que conmigo se sentirían en
confianza. Eso me sorprendió, no pude evadirlo y acordamos salir el siguiente
sábado.
Llegó el sábado y pasaron por mí. Los llevé a un bar donde se presentaba
un show bastante entretenido, había show travesti y show stripper, era un bar
que yo conocía desde hacía mucho tiempo y donde a veces iban parejas hetero. Su
novia se llamaba Lucy, hasta ese momento pude verla bien, lucía muy atractiva,
un vestido negro ceñido dejaba ver que tenía un cuerpo atractivo sin ser
espectacular, quizá lo más llamativo era su busto, maquillaje discreto y se
veía contenta, aunque sentí que me veía con curiosidad. Nos fuimos en su auto,
durante el trayecto Raúl me dijo que entre Lucy y él no había secretos y que
ella sabía de mí y que no tenía problema con ello, que yo le había caído bien,
mientras Lucy me miraba de reojo esbozando una sonrisa. Dejamos el auto en un
estacionamiento cercano, nos dirigimos al antro, me sentí raro, Lucy iba en
medio de los dos tomándonos del brazo y así entramos, yo muy nervioso sintiendo
las miradas en nosotros y esperando la reacción de alguno de mis amigos que
iban a ese bar. Pedimos una mesa y ahí transcurrió la noche. Lucy no tomó
alcohol, dijo que ella iba a manejar, Raúl pidió una botella sin preguntarme
nada y entre los dos estuvimos tomando. Lucy movía los pies al ritmo de la
música, Raúl me dijo que bailara con ella, que él sabía que los gay saben
bailar muy bien y que él tenía dos pies izquierdos, yo miré a Lucy nervioso,
aunque ella todo el tiempo se mostraba divertida, yo procuraba mantener la
distancia con Raúl, no quería que ella pensara que Raúl me gustaba de otra
forma. Ella me tomó de la mano y me dijo que bailáramos. Al principio estuve
torpe, estaba acostumbrado a bailar con otro hombre pero el cuerpo de la mujer
es diferente, más suave. Me iba acostumbrando poco a poco y procuré relajarme.
El alcohol iba haciendo efecto en mí, de alguna forma me había
desinhibido, mi carácter estaba cambiando, me sentí eufórico, Raúl era muy
platicador, contaba anécdotas mías que yo mismo no recordaba hasta entonces
provocando la risa de Lucy. Entonces Lucy le dijo a Raúl: “baila con él”. Yo me
quedé con la risa a la mitad, miré a Raúl y el solo dijo: “¿por qué no?”. Y se
levantó de la mesa, yo miré a Lucy y ella hizo gesto de que fuera con Raúl. Lo
seguí y entonces vino lo primero, ¿Quién llevaba a quién? Yo siempre llevaba al
momento de bailar, nunca me habían llevado, era torpe para eso, Raúl me dijo
cómo era la posición de la mujer y me dijo que me dejara llevar. Sentí la
fuerza de sus manos en mi espalda, su cercanía con su cuerpo me hizo
estremecer, no era bueno para bailar y yo era pésimo dejándome llevar, pero eso
no importaba, él me veía a los ojos y me hacía sentir su cuerpo, quizá era mi
imaginación pero la forma como me tocaba era diferente a la de un amigo, al
darme vuelta me rozaba con otra intención mientras Lucy nos veía desde su mesa
con una gran sonrisa.
Regresamos a la mesa y seguimos platicando. Después de haber bailado con
los dos y darme cuenta que ninguno se había molestado, yo me sentí aún más
desinhibido y comencé a confiar más en ellos, la verdad es que eran muy
agradables y parecían comprenderme muy bien. Decidí tomar un poco más, y ya no
supe en qué momento ellos decidieron que era hora de irnos. Les pedí me
llevaran a mi casa, pero Raúl dijo que estaba yo muy mal y que lo mejor era que
pasara a descansar a su departamento que estaba más cercano. Fuimos al
estacionamiento, Lucy se puso al volante y le dijo a Raúl que se quedara
conmigo atrás por si algo se me ofrecía, yo les dije que estaba bien, pero Raúl
se quedó conmigo. Arrancó el auto y Raúl me iba abrazando, sentía su cuerpo muy
caliente pegado al mío, les pedí abrir la ventanilla pero me dijeron que el
aire frío me haría mal, yo solo veía las luces de la ciudad pasar a un lado y
de alguna manera el que Raúl me estuviera abrazando me hacía sentir bien. Lucy
nos veía por el espejo retrovisor pero no decía nada. Finalmente llegamos a su
departamento y entramos, fue ahí donde me perdí momentáneamente.
Desperté cuando sentí unos labios en los míos, el cuarto estaba casi a
oscuras y sentí un cuerpo masculino desnudo sobre el mío, debía ser Raúl,
recorrí su espalda con mis manos, él me había quitado la ropa. Se metió entre
mis piernas y sentí una erección, eso me calentó. Él era muy atractivo y
parecía tener una gran herramienta. Pero la noche me tenía otra sorpresa,
porque de pronto me tocaron unas manos suaves y pequeñas, tenía que ser Lucy,
la sensación era muy agradable ambos me hacían sentir mucho placer, nunca había
estado con una pareja de ese tipo y ambos me besaban y tocaban mi cuerpo de una
forma que hacían que me sintiera como en un torbellino de placer. Esa noche
ocurrió de todo entre nosotros, jamás lo hubiese pensado, pero yo había
penetrado a una mujer y no había sido algo desagradable, sino muy placentero.
Las sensaciones y emociones que experimente me dejaron exhausto y finalmente me
dormí.
Al siguiente día, desperté y no estaban en cama. Me di cuenta que
platicaban muy animadamente en la sala. Me vestí y salí a ver qué ocurría,
tenía hambre y me sentía un tanto curioso de ver como reaccionaban al verme de
nuevo. Cuando me presente ante ellos y los salude, inmediatamente me incluyeron
en su plática y no tocaron para nada el tema del sexo. Discutían el modo en que
Raúl vestía, Lucy hacía referencia a que necesitaba mejorar su estilo, y de
inmediato me dijo que definitivamente necesitaba mi ayuda. Pues a simple vista
se veía que yo tenía muy buen gusto. Esa mañana la pase con ellos, me entere
que ambos eran psicólogos. Eso explicaba el que ambos eran tan sensibles y
amigables y que para nada me transmitieran desconfianza. La verdad es que era
un placer estar con ellos. Lucy dijo que cuando lo deseara, sería bienvenido en
su departamento, que habían disfrutado mucho mi compañía y ella tenía un buen
concepto de mí, que lo poco que me había conocido le dejaba ver que era alguien
agradable digno de ser un buen amigo de ambos. Al final cuando nos despedimos
ambos me abrazaron y me dijeron que volviera pronto, cuando lo deseara. Ese día
salí de su casa con un buen sabor de boca, había conocido una pareja como
pocas, yo anteriormente me sentía incomprendido muchas veces por los que
consideraba mis amigos y ahora en un solo fin de semana esta pareja “hetero” me
había cambiado por completo la forma de ver el mundo y me habían hecho sentir
tan especial y reconocido que estaba decidido a seguir visitándolos.
Esa fue la primera vez que tuve sexo con un hombre y una mujer, las siguientes
veces lo he disfrutado aún más, me gusta en especial ser penetrado por Raúl,
mientras yo estoy dentro de Lucy, ella es una mujer muy atractiva. Y no sé si
sea normal o yo este mal, pero estoy muy enamorado de los dos, siempre que
pienso en sexo, ellos están en mi mente y mientras esto dure, yo seguiré feliz.
Esta mañana, en el trabajo alguien me pregunto asombrado si yo era homosexual y
durante mucho tiempo dije que lo era, pero hoy dude al responder, creo que esa
palabra ya no me define.

1 comentario:
Neta increíble anécdota, experiencia etc, te entiendo perfectamente, porque clasificar todo, y tu sin querer expandiste esa idea de por que quererlo encasillar todo, uno debe sentir plena libertad de probar, experimentar, y todo esto con finalidad de ampliar tu criterio no se si me entienda pero la verdad este relato me agrado mucho saludos desde san luis potosí mexico
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