9 de septiembre de 2015

Fonseca

Acababa de recibir un par de riatazos en la espalda, sentía un ardor terrible y una rabia incontrolable, como pude corrí hacia unos árboles mientras mi agresor me seguía en su caballo, agarre la primera piedra que encontré y se la lance con todas mis fuerzas. Solo vi cuando cayó del caballo y entre la mezcla de emociones que sentía, solo pude atinar a correr y no parar hasta llegar a mi casa. Estaba muy asustado y a mis catorce años parecía que había cometido un crimen. No salí en varios días de mi casa, ni a la escuela fui, pensaba que cuando mi familia se enterara de lo que había pasado, no me la iba a acabar. Lo más probable es que sus padres fuesen a mi casa a reclamar que había descalabrado a su hijo. Sin embargo nadie fue a reclamar nada a casa nunca.

No sabía que había ocurrido con Fonseca, quizá había sobrevivido y no le había pasado nada y yo me había asustado tontamente, pero nuestra guerra comenzó unos días atrás mientras yo estaba bromeando con mis amigos y él iba pasando, uno de mis amigos me empujo y yo me caí sobre él, empujándolo sobre un charco quedando él todo enlodado. Cuando se levanto estaba muy molesto, y ya iba a golpearme cuando uno de nuestros profesores, se dio cuenta y fue a separarnos, impidiendo que él se desquitara. Fue al día siguiente cuando me encontró cerca del rio, y se fue con su caballo sobre mí. Cuando nadie reclamo nada en casa decidí ir a la escuela, él y yo no íbamos en el mismo grupo, pero cuando lo vi, solo pude notar que tenía una venda en su cabeza, el solo me miro, pero no se me acerco. Supuse que buscaría el momento para vengarse, así que desde ese día me prepare.

Antes de ese incidente nunca había prestado atención a su persona. Me parecía un chico serio, pero tenía fama de ser violento, aun así reconozco que yo era un joven muy engreído y me creía superior a él, yo era popular en la pequeña escuela secundaria del pueblo y tenía varios amigos de los más simpáticos y de las familias más influyentes en el pueblo. Fonseca en cambio era un chico de rasgos feos, pero curtido por el trabajo, de brazos muy fuertes, creo que estaba cascorvo o algo parecido porque caminaba con los pies arqueados. Solo tenía amistad con otro chavo que era su vecino, se veía serio, de rasgos más finos, pero que al parecer ocultaba una homosexualidad latente, pues tenía una voz que a veces lo delataba, se llamaba Rosendo.

Mis amigos murmuraban en voz baja que probablemente ellos dos tenían algo entre sí, pero nadie lo decía abiertamente, todos le temían a Fonseca y además Rosendo siempre mostró interés por otro tipo de chicos, más refinados. Solo pensar que hubiera algo entre ellos no me cabía en la cabeza, Fonseca era como un animal, casi no mostraba emociones, siempre tenía la misma cara para todo, y creo que siempre estaba en el campo trabajando, yo sabía que su familia era muy violenta y creo que su abuela hasta practicaba la brujería, era algo muy conocido en el pueblo. Fue Rosendo quien más tarde me dijo que Fonseca me iba a golpear cuando menos lo esperara. Así que, si quería evitarlo, sería mejor no me acercara a sus dominios en el campo. Que mejor ya ni fuera. Fue él quien me dijo que en casa de Fonseca nunca se decía lo que les pasaba, que ni siquiera sus padres se preocupaban porque le ocurría, ni por él ni por ninguno de sus hermanos. Cada quien resolvía sus problemas sin decir nada y ahora entendía porque nadie fue a reclamar a mi casa que yo lo hubiera descalabrado. Eso me estremeció más, ya de por si veía que él era muy bestia y luego tenerlo de enemigo con esos antecedentes, era peor.

Pues bien, la vida en el pueblo tiene sus propias vicisitudes, y aunque los citadinos piensan que la vida en provincia es muy tranquila, la verdad es que no es así, el que la gente sepa casi todo de cada uno de los que viven en el pueblo a veces puede ser una desventaja. Eso lo aprendí cuando llegue a vivir al pueblo, al principio me gustó mucho, todo me parecía agradable, podía salir a caminar por los caminos sin pavimentar y disfrutar de la arena de las calles, sentirla en mis pies descalzos, si llovía era aún mejor, podía oler el agradable aroma de la tierra recién mojada. O quizá podía pasear por la orilla de un hermoso rio donde también podía bañarme, como se acostumbra en esos lugares y tantos otros placeres como la comida deliciosa con los productos propios de la región. Pero pronto descubrí que quienes son homosexuales en un pueblo cargan con un estigma, por el cual a veces, en casos extremos, hasta pueden perder la vida. Eso me preocupo porque yo, dentro de mí, bien sabía que me gustaban otros chicos y no las chicas como se esperaría de mí. Básicamente en el pueblo existen dos tipos de homosexuales, los que son afeminados y son muy evidentes y los que tienen relación con los primeros, que disimulan que no lo son, que tienen modales masculinos, pero que en la práctica sexual buscan a los primeros o entre ellos mismos.

Pues bien, si yo quería ir al rio a pasar el rato, disponía de dos caminos para llegar, uno por donde era seguro que me podía encontrar a Fonseca, mi enemigo,  y otro camino más alejado y menos agradable, porque por ese otro camino vivía un homosexual afeminado muy conocido, que hasta el pelo rosa usaba. Para mí era grotesco, ahora supongo que en esa época debía tener unos 30 años y le llamaban la Sasha. Cuando pase por su casa la primera vez no se dio cuenta, pero cuando venía de regreso salió a su puerta y me hablo, diciendo que si no quería pasar a tomar una tacita de café, pero lo mande a la chingada y me fui corriendo, yo era solo un mocoso. Más adelante me encontré a un compañero de la escuela que me comenzó a hacer burla porque la Sasha me había invitado a su casa. Fue este compañero quien me comenzó a hacer burla con eso de que la Sasha quería conmigo. Y por supuesto no era agradable para mí. Cualquiera que era relacionado con un homosexual de ese tipo levantaría sospechas en la gente. Pero lo que a mí me salvo fue que la Sasha consiguiera pronto marido, y era un hombre muy atractivo, alto, fuerte, varonil, guapo, de aspecto ranchero y también era montador, llamado Gaspar, que por supuesto era un mantenido y que solo por eso, a él no le importaba ser relacionado con ella. A partir de eso, varias veces cuando regresaba por la tarde del rio, me asomaba por la ventana de la casa de la Sasha y vi varias veces como Gaspar la tenía bien abrochada.

El tiempo paso, yo crecí y me fui del pueblo y fue hasta hace poco que regrese a cuidar a mis abuelos envejecidos que volví a conectarme con esa parte de mi vida que ya casi había olvidado, me parece que fue en otra vida todo lo que me ocurrió en ese pueblo, era solo un adolescente y ahora todo ha cambiado, ya soy un cuarentón, el rio antes cristalino ahora está sucio y todas las calles antes sin pavimentar y cubiertas de una suave arena, ahora se encuentran mal pavimentadas; todo me parece desagradable ahora, me encuentro gente que ya no conozco, de quienes fueron mis compañeros en la escuela no supe y no he querido preguntar para que tampoco me cuestionen por qué a mi edad no me he casado.

Uno de esos días que tome el transporte de regreso para salir del pueblo, iba pensando en todas estas cosas, cuando de pronto se sube la Sasha, aunque ahora luce envejecida la reconocí, vestida sencillamente con un pantalón de mezclilla y con lo que parecía ser una blusa de color lila. Me quede observándola, mientras ella elegía un asiento en el microbús, y se quedaba parada como esperando a alguien. Detrás de ella iba un hombre muy sencillo de barba crecida como de vagabundo, con un sombrero viejo y al cinto un machete de gancho. Cuando él llega hasta ella le dice que se siente y ella obedece, él se sienta junto a ella y le echa el brazo por su hombro. El tipo se me hace familiar, pero no recuerdo quien es, no puedo ubicarlo. Más adelante, en el siguiente pueblo se levantan de su asiento y se dirigen a la puerta, ella solo me lanza una mirada de reojo, de forma coqueta y cuando él me voltea a ver, descubro que es Fonseca, mi enemigo de la juventud, quien al reconocerme, solo bajó su mirada y salió del transporte siguiendo a la Sasha.

Yo seguí mi camino y desde arriba del camión los veo alejarse por la calle, ella lo abraza por la cintura y él le pasa la mano por el hombro, nadie parece darles importancia, quizá muchos que los conocen critican su relación, incluso yo mismo que los conocí cuando solo era un adolescente podría criticar el hecho que siendo tan distintos ahora estén juntos, pero hay algo que nadie ve y es que, a pesar de que son viejos y lucen descuidados, se ven felices, cuidando uno del otro, algo que pocas parejas transmiten. Quizá al final encontraron el uno en el otro algo que nadie más les pudo dar, y finalmente, ¿quién soy yo para juzgar su relación cuándo yo mismo estoy solo?...


Escrito por: Serch Leather



3 comentarios:

moy moyete dijo...

Al final fue domésticado fonseca como el principito al zorro...

Anónimo dijo...

Así pareciera ser Moy Moyete, el caso de Fonseca me hace pensar en aquellas personas que les ha ido tan mal en la vida, que han sido tan maltratados, que la única manera que encuentran de sobrevivir en un mundo hostil, es devolviendo el golpe y por eso, pueden ser etiquetados de salvajes o de violentos, como yo pensaba. Pero cuando se topan con alguien que les demuestra afecto, llegan a mostrarse apacibles y quizá hasta amorosos. Hay personas que nos cambian de formas que no imaginábamos y para que alguien pudiera lograr un cambio en una identidad como la de Fonseca, tenía que ser una persona amorosa, fuerte, aventurera y libre de las convenciones sociales. La Sasha debe llenar bien esos requisitos. Serch Leather

Anónimo dijo...

Así pareciera ser Moy Moyete, el caso de Fonseca me hace pensar en aquellas personas que les ha ido tan mal en la vida, que han sido tan maltratados, que la única manera que encuentran de sobrevivir en un mundo hostil, es devolviendo el golpe y por eso, pueden ser etiquetados de salvajes o de violentos, como yo pensaba. Pero cuando se topan con alguien que les demuestra afecto, llegan a mostrarse apacibles y quizá hasta amorosos. Hay personas que nos cambian de formas que no imaginábamos y para que alguien pudiera lograr un cambio en una identidad como la de Fonseca, tenía que ser una persona amorosa, fuerte, aventurera y libre de las convenciones sociales. La Sasha debe llenar bien esos requisitos. Serch Leather