1 de octubre de 2015

Yo infiel



Hablar sobre la infidelidad es un tema complejo, para empezar cada quien tiene un concepto distinto de lo que es la fidelidad y de las formas en las cuales se puede ser infiel, o de cuándo es el momento en el cual “el otro” ha cometido un acto de infidelidad. Pero como todos los temas difíciles, eso es algo de lo cual no hablamos. En el tema de la infidelidad siempre es “el otro” el que ha sido infiel, y sin embargo nunca tenemos la honestidad de reconocer cuando uno es el que ha sido infiel. Basta ver las publicaciones en las redes sociales hablando con decepción y despecho de la infidelidad “del otro”, frases y canciones de desengaño, de amor traicionado, pero jamás se tiene el reconocimiento de lo que uno mismo ha fallado. Lo más cercano es decir que “yo también cometí algunos errores” sin dar más detalles, y con esa expresión de que “errar es de humanos”, todos merecemos una segunda oportunidad. Así descargamos nuestra conciencia, nos excusamos ante todos y trasladamos la culpa del fracaso al otro, nunca a uno mismo.

Cuando era un estudiante de secundaria y prepa tuve algunas novias, había un período de cortejo y en algún momento cuando alguna me gustaba y me sentía afín a su forma de ser elegía un lugar, un momento, un detalle y entonces les peguntaba: “¿quieres ser mi novia?”. Con el “sí” venía un acuerdo implícito de compromisos que nos comprometíamos a seguir, el más importante era que en adelante solo éramos el uno para el otro. Pero las mujeres no eran lo mío. Y me di cuenta que cuando se trata de otro hombre las cosas funcionan diferente. Por lo menos en mi caso jamás hubo una petición de noviazgo de mí hacia otro ó bien que me lo propusieran a mí. Las cosas solo se dieron y en algún momento comenzamos a llevar una relación de pareja, donde van implícitos ciertos acuerdos no escritos, entre ellos el de la fidelidad… y también el de la exclusividad sexual, conceptos diferentes.

“Estoy casado, pero no capado” es un dicho que suelen decir los hombres heterosexuales, pero en una relación homosexual ambos son hombres y tan capaces de hacer algo con otros el uno como el otro, más en este ambiente donde las posibilidades para ello son más fáciles que en una relación heterosexual.  Hace años, cuando vivía en provincia y comenzaba mis andanzas en este medio descubrí un cine porno, tenía poco que lo frecuentaba y en una de esas veces conocí a un hombre que me gustó mucho, tenía el tipo norteño, con el pelo medio quebrado muy corto, alto, bigotón, mirada alegre y una sonrisa varonil que encantaba a cualquiera. Ahí en el cine hicimos lo que podíamos hacer, a los dos nos gustó, salimos juntos y cambiamos teléfonos del trabajo. Lo que vivimos juntos está escrito en este blog, sin darnos cuenta comenzábamos a tener una incipiente relación de pareja que parecía complicada por su situación de casado, esa relación terminó porque yo fui infiel.

Teníamos unos tres meses de andar juntos, durante ese tiempo éramos exclusivos sexualmente hablando, yo no había tenido sexo con alguna otra persona, en él encontraba la satisfacción sexual que buscaba. Él era exclusivo sexualmente conmigo como hombre, porque él era casado y tenía una relación con su esposa la cual era primero que la que tenía conmigo. Por ello no siempre nos podíamos ver, siendo casado no siempre podía salir para vernos. Así que cierto día que salí temprano del trabajo se me ocurrió ir al cine porno donde nos conocimos. Según yo solo iba a ver la película y me quedé recargado cruzando los brazos sobre una barda que separaba el pasillo de las filas de asientos al centro del cine. Ahí alguien se me acercó, y me comenzó a tocar la bragueta, tuve una erección instintiva, el tipo me pidió que nos sentáramos, no se veía mal, y yo lo seguí, nos sentamos en la primera fila, quedando la barda justo a nuestras espaldas.

¿Qué pensaba cuando acepté seguirlo? Nada en especial, aunque no se veía mal realmente no pretendía cambiar la relación que estaba iniciando con el casado, solo iba a ser un encuentro ocasional más parecido a un desahogo fisiológico por la excitación del momento, de lo que pasara no le iba a decir nada al casado y tampoco pretendía buscar alguien más, solo quería tener un orgasmo en ese momento; dentro de mí pensé que no estaba haciendo nada malo. Ahí me sacaron la verga del pantalón, me estuvo masturbando y después se puso a mamarmela. En esto estaba cuando sentí la presencia de alguien que nos miraba fijamente a mis espaldas, voltee a ver y era él, la persona casada con la que estaba saliendo. Un sudor frío me recorrió al verme descubierto, él tenía una expresión de coraje en su cara, no dijo nada y salió del cine.

Yo me levanté del asiento, dejé al otro sin explicación, me acomodé la ropa y salí tras él que ya estaba fuera del cine, llamándolo para que me esperara, sin importar que la gente en la calle nos volteara a ver. Se detuvo y me dijo: “pasaba por aquí y te vi cuando entraste, así que te seguí para ver lo que hacías, y ya sé lo que haces cuando entras aquí, te metes con todos…”. Yo no sabía que decirle, me había descubierto in fraganti, ¿Qué podía decirle?. Entonces él dio por terminada la relación y me dijo: “qué bueno que paso esto, porque ya me estaba clavando contigo y yo amo a mi esposa, estaba comenzando a tener problemas con ella por causa de esto”. Se dio media vuelta y se fue.

Me sentí el ser más despreciable, los días siguientes le llamé por teléfono a su trabajo, lo negaban hasta que un día me contestó y me pidió que no volviera a llamarlo nunca más. Durante mucho tiempo cargue con la culpa del rompimiento, todo iba tan bien y yo era quien le había sido infiel y él me había descubierto…pero eso nunca se lo dije a nadie, nunca tuve el valor de decir que yo le fui infiel, es algo que callé a quienes conocí después cuando me preguntaban por mis relaciones anteriores, siempre les contaba del casado pero decía que habíamos terminado porque él era casado y no quería tener problemas con su familia, nunca les dije que terminamos porque me encontró con otro tipo en un cine cuando fui a que me la mamaran, aunque para mí eso no haya sido nada serio, quizá solo estaba jugando.

Hay dos cosas que con el tiempo aprendí, una es que la fidelidad se valora por un conjunto de compromisos que se establecen de común acuerdo con la otra parte los cuales son mucho más amplios que simplemente la parte sexual, tienen mucho más de amistad, de empatía, compromiso, apoyo, entendimiento, responsabilidad, y que esto puede o no implicar la parte sexual. Hay parejas que son abiertas y muchas de ellas muestran estabilidad de años que puede ser incomprensible para muchos ya que cada quien tiene encuentros sexuales con otras personas a las cuales de entrada les dicen lo mismo que a mí me dijo el casado en otros términos: “tengo pareja, solo quiero pasar un rato agradable contigo, no me puedo comprometer a más”. Cuando la persona acepta sabe de antemano que no puede esperar a más que solo la parte sexual.

Con ello se tiene que, como dice la video del inicio, “podemos concebir una relación fiel en la que se den relaciones extraconyugales y una relación infiel en la que estas no existan”, es decir, se puede ser infiel sin tener sexo con otras personas, cuando los acuerdos de apoyo, entendimiento, empatía, proyectos comunes, confianza, honestidad y otros se rompan, llevando a cada uno a emprender una camino distinto, cada quien por su lado sin hacer partícipe a la pareja de los proyectos que van siendo cada vez más personales y menos de pareja, cuando a una de las partes le interesa vivir de una forma y a la otra parte le interese vivir de otra. La pregunta es: ¿a qué somos fieles cuando somos fieles?.


No hay inocentes ni culpables en un rompimiento, hay responsabilidades compartidas. Durante mucho tiempo cargué con la culpa de haber terminado la relación con el casado por mi infidelidad, pero cuando pasó el tiempo me hice una pregunta: ¿qué hacía él pasando fuera del cine porno?. Él no tenía auto, vivía en una colonia alejada del cine y su trabajo quedaba aún más retirado del cine, de tal forma que para ir de su trabajo a su casa no tenía que pasar por donde estaba el cine porno. Él no podía haber pasado ahí por casualidad… a menos que también hubiera ido al cine a lo mismo que yo había ido. La única diferencia es que yo había entrado minutos antes, y sin embargo, ambos íbamos a lo mismo...

Por: Martín Soloman






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