4 de mayo de 2017

El Entrenador y el Chacal

Cada tarde cuando regresaba del trabajo pasaba por ese lugar, no podía evitar mirar hacia allá, generalmente había hombres muy atractivos platicando en la entrada, algunos con cuerpos espectaculares. Al llegar a casa me daba un baño y me masturbaba pensando en alguno de ellos. El que más me gustaba era un tipo blanquito con un cuerpo supermusculoso, con unas nalgas enormes y unos brazotes. Sin embargo dejé de voltear a verlo un buen tiempo porque creí que se dio cuenta que lo observaba y siempre que yo pasaba por ahí también me volteaba a mirar, no quería problemas con esa gente y decidí dejar de pasar por esa calle del Gym durante un buen rato para despistar. De alguna forma me atraían esos cuerpos, yo sólo había hecho ejercicio en la escuela, pero luego lo había dejado, no me gustaba correr, y me dediqué a trabajar en lo que podía. Paso el tiempo y un día se me metió la idea de ir a un gimnasio y decidí ir a ese lugar. El gimnasio no era la gran cosa pero era económico y me quedaba de regreso del trabajo. Cuando me presente en la recepción me recibió una chica, me dio informes y me dijo que me presentaría al encargado, resulto que era el tipo que me gustaba. Me dio un tour por el lugar y fue muy amable, al principio me pregunto “¿ya habías venido antes? Me pareces conocido”, le dije que era la primera vez que iba.

La siguiente vez que volví al gimnasio, el entrenador me dio instrucciones de qué hacer, me explico cuidadosamente cada rutina y estuvo cerca de mi casi todo el tiempo, me hizo sentir nervioso porque me veía mucho y me corregía si hacia mal los ejercicios. Me di cuenta que había mucha jotita en el gym, pero ninguna me atraía, me sentía a gusto con el entrenador con la atención que me daba, además de que me hacía muchas recomendaciones, por eso concluí que era muy buen entrenador. Con el tiempo comenzó a preguntarme cosas más personales, como a que me dedicaba, le dije que estaba estudiando psicología y que trabajaba por las tardes en un taller  de imprenta, pero ni era cierto que estudiaba eso, solo me hice el interesante. La verdad es que siempre me había gustado  leer y sabia envolver fácilmente a la gente, uno de mis amigos si estudiaba psicología y sabia explicar muy bien lo que aprendía, así que cuando lo veía aprovechaba para hacerle las preguntas que me hacia el entrenador del gym que al parecer no era muy brillante, realmente no entendía que era tan interesante de mi persona para él, supuse que solo era amable por su trabajo.

David era el nombre del entrenador y sí que tenía un cuerpo espectacular, creo que sus brazos eran tan gruesos como mis piernas y sus piernas y sus nalgas eran algo increíble, yo le calculaba unos 35 años de edad, mientras que yo apenas tenía 24. Cuando ya llevaba 3 meses en el gym, yo no veía gran cambio en mi cuerpo, pero él me dijo que si me veía mejor y bromeo diciendo que ahora podría conquistar a cualquiera. De pronto comenzó a tratarme de una forma distinta, más amigable pensé yo, comenzó a tener más contacto físico conmigo, me abrazaba cuando me veía llegar y simulaba que luchaba conmigo, yo solo le seguía el juego o cuando pasaba por donde estaba, me tocaba del hombro. Todo eso me gustaba, pero me confundía, a veces pensaba que yo si le atraía, pero aunque lo había visto platicando con las otras jotillas que iban al gym nunca me pareció que fuera gay, si note que a veces me observaba largo rato, pero supuse que era porque yo le caía bien como compas. Fue en esa época, cuando tenía como 4 meses en el gym, que deje de ir una semana, sin avisar. Cuando regresé me regaño y me dijo que ya no volviera a hacer lo mismo, me extraño que se tomara tan en serio su papel de entrenador. Pero al mismo tiempo me gusto ese interés, que a mí me parecía un tanto excesivo.

Entre las jotillas que asistían al gym, había una en especial que se acababa con el entrenador, era la más arrastrada y yo no le agradaba. Varias veces escuche que hablaba de alguien y al parecer se refería a mí como “el mugroso”, pero cuando volteaba a verla, su cara ponía una expresión de terror y se ponía detrás de las otras. Supongo que mi aspecto al salir de la imprenta era sucio, mi ropa casi siempre iba manchada y también sabía que tenía una expresión en el rostro de pocos amigos. Siempre me ignoraba cuando pasaba a mi lado y yo tampoco le hablaba. Las otras sí me saludaban y hasta me veían con interés. Un día llegue al gym y David el entrenador estaba con todo ese grupito al fondo, aun así escuche cuando él dijo “orita regreso, voy con mi chacalito” fue la primera vez que escuche esa palabra en otro contexto, no me di cuenta que se refería a mí. Pero supuse que era una palabra ofensiva que no podía haberla dicho por mí, porque era mi amigo y olvide ese incidente.

Aunque yo me asumía como homosexual, nunca me había relacionado con personas con intereses similares, todos los hombres con los que me relacionaba decían ser heterosexuales y no sabían de mi preferencia, en ocasiones tenia novia pero nunca formalizaba nada, tenía fama de cogelón y por eso las mujeres sabían a qué le tiraban conmigo, de vez en cuando y por cuestiones sociales me cogí varias viejas, pero no eran mi preferencia, prefería tener sexo con otros hombres, no de manera evidente, pero si lo hacía, yo me cogía a mis amigos cuando estaban pedos, no con todos se podía, pero si lo hice muchas veces con algunos y nunca tuve problema. Yo si aplicaba el dicho ese de “culo dormido, culo perdido”, cuando nos reuníamos en casa de alguien de mis compas e iban otros invitados me daba vuelo, porque cuando ya estaban todos pedos y dormidos les llegaba yo, a veces me cogía hasta tres distintos en una noche, los pocos que se dieron cuenta, nunca dijeron nada y hasta les gustaba, pero nunca hablaban en su juicio de ese tema. Sin embargo yo quería experimentar algo distinto.

El trato del entrenador hacía mi era de amistad, a veces lo encontraba en los vestidores y veía que tenía en el locker varios productos que mezclaba con agua, él observaba mi curiosidad y a veces me compartía de lo que él usaba, así conocí la creatina y el óxido nítrico, poco a poco comenzaba a ver algún cambio en mi cuerpo. Además de que él me gustaba lo consideraba mi amigo y el trato que teníamos en el gimnasio era ya de amistad. Cierto día me dijo que tenía un frasco de óxido nítrico que uno de sus asesorados no le había pagado y que si lo quería me lo podía obsequiar, me entusiasmé, era algo que estaba fuera de mi presupuesto, por supuesto que acepté, él abrió su locker y buscó sin éxito, entonces como recordando me dijo que lo había dejado en su casa, que si no tenía yo problema lo acompañara a su casa después del gimnasio, yo accedí.

Lo esperé en la entrada a que terminara su turno y lo acompañé a su casa, ya era tarde pero él tenía coche. Cuando llegamos a su casa me dijo que vivía solo, que no me preocupara por nada, no entendí porque lo decía, pero si me dio más confianza, su casa estaba adornada con fotos de hombres musculosos y mientras observaba, se acercó y me dio un frasco de óxido nítrico nuevo, le agradecí y me comencé a despedir, pero me dijo que me esperara, que me iba a dar algunos tips de entrenamiento y que al final me podía llevar a mi casa. Tenía una plática muy agradable y yo lo veía de cerca, con la libertad que no tenía en el gimnasio. Entonces fue a su refrigerador y saco una cerveza y me la ofreció, me dijo que la tomara porque en ese momento él no podía tomar. Cuando se levantaba por algo veía sus nalgas dentro de las lycras que usaba, él parecía darse cuenta de ello y lo hacía frecuentemente, casi me rozaba con ellas al pasar. Hasta que sin mediar palabra, en uno de esos momentos que pasaba cerca de mí, lo tome de la cintura y lo acerque hacia mi cuerpo, después toque su pecho y lo amase, mientras el restregaba su culo a mi entrepierna, yo estaba cerrando mis ojos, eso que estaba pasando era como un sueño del que no quería despertar, pero entonces abrí los ojos y le baje sus leggins, tenía un culo espectacular, se me paro como un poste y lo tire en el sillón, lo agarre de la cabeza y le metí la verga en la boca, aunque era más fuerte que yo se dejó llevar, después de un rato de metérsela por la boca, le di vuelta y le arranque la ropa, no sé si lo hice con violencia, pero el parecía muy excitado y no decía nada, solo gemía de placer, entonces metí mi lengua entre sus nalgas y le hice beso negro, todo él me prendía, tenía un olor muy agradable y comenzó a pedirme a suplicarme que lo penetrara, finalmente lo hice mío, lo penetre varias veces durante la noche, hasta que quedamos dormidos.

Esa noche, me quede con él, a diferencia de los encuentros anteriores donde todo lo hacía a escondidas y sin volver a hablar de ello, esta vez parecía que estaba con alguien con quien podía tener otro tipo de relación, dar continuidad, quizá lo que siempre había estado buscando ahora lo podía tener con el entrenador del gimnasio. Durante algún tiempo nos vimos de esa forma, en el gimnasio el trato era igual, sin embargo el coro de jotitas supuse sabía algo porque algunas me veían con burla y otras con admiración, algunas trataban de hacerme plática e incluso me llegaron a invitar algo fuera del gimnasio pero nunca acepté, porque al salir del gimnasio esperaba al entrenador para irnos a su casa, su apetito sexual era casi tan grande como mis impulsos a los 24 años, casi siempre repetíamos dos o tres veces en una noche, y me obsequiaba cosas, algún perfume, unos tenis, playeras, etc. No lo decía pero yo sentía que podía quedarme siempre a su lado.

Cierta vez al llegar al gimnasio había alguien nuevo, era un hombre joven, quizá de unos 28 años, moreno, llevaba una playera sin mangas y pude ver que sus brazos estaban quemados por el sol, se veía serio, y el entrenador estaba con él enseñándole el uso de los aparatos. Me vio de lejos pero no me hizo caso. A partir de ese día, David cambio conmigo, se comenzó a distanciar de mí y cuando quería ir con él a su casa a veces me decía que tenía visitas o que tenía que ir a visitar a algún familiar, dejó de obsequiarme cosas, mientras veía como las atenciones que antes tenía conmigo ahora las tenía con su nuevo entrenado. Sentí un desasosiego en mi corazón, poco a poco fui comprendiendo que su entusiasmo por mí había terminado y que ahora tenía alguien nuevo con quien podía repetir lo que hizo conmigo, así que deje de buscarlo. El coro de jotillas me veía y reía, hasta que las escuché decir del entrenador que “ya había cambiado de chacal”.

Nuevamente esa palabra. El punto es que no sabía mucho del ambiente del mundo homosexual, pero aprendía rápido. Así que le pregunte a mi amigo psicólogo que sabía acerca de los chacalitos y él, que sabía mucho más que yo, porque era muy inteligente me dijo que ese término lo usaban los homosexuales para referirse a… ustedes ya lo saben. Entonces caí en cuenta de todo, lo que yo había buscado era algo diferente a lo que él en realidad me había ofrecido, sólo había comprado con cosas los encuentros sexuales que teníamos, en realidad nunca sintió nada por mí. Durante un par de semanas dejé de ir al gimnasio, me sentía traicionado, decepcionado de haber conocido el ambiente homosexual de esa forma y darme cuenta que no había relaciones afectivas sino solamente comerciales donde quienes más tenían podían comprar a alguien con pocos recursos como yo. Durante esos días platiqué mucho con mi amigo que estudiaba sicología y también leí sobre el tema, poco a poco parecía que iba entendiendo cómo eran las cosas.

Y así, un día decidí regresar al gimnasio. Iba sin rasurarme, la barba me había comenzado a salir, iba sucio, nada había cambiado en el gimnasio, estaba el entrenador que me miró con curiosidad junto a su nuevo entrenado, el coro de jotitas de siempre al cual le dirigí una mirada despectiva. Algunas de ellas habían intentado acercarse a mí y yo siempre las había rechazado, esta vez me hizo plática una de ellas y como siempre me invitó a salir, era una de las que siempre me veía el paquete en el pants, la miré con curiosidad y le dije que no podía, que de hecho ya no iba a poder ir al gimnasio porque no tenía lana para pagar el siguiente mes, al tiempo que me tocaba la verga por encima del pants, entonces note como sus ojos brillaron y me dijo que no me preocupara, que si quería me prestaba, yo accedí. Al salir ya me esperaba, mi mensualidad había sido pagada, la miré bien, no tenía feas nalgas, creo que me habían enseñado bien qué hacer en adelante, después de todo, yo era un chacal…

  
Por: Tigrillo Serch


1 comentario:

Unknown dijo...

Woooowww me gusto el relato, me exito un poco, y luego senti un bajon por lo que sucedio pero entiendo que es algo que se da mucho y mas en los gimnasios